Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.


Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.


"Vuelve tu rostro hacia el cielo

Mira la estrella del amor, pero…

Se iluminará y luego se irá, lo sé."

— Jenerik.

Capitulo 20.

Bella iba sonriendo con el aire agitándole los suaves rizos color chocolate; Edward, a un lado de ella, le sonrió genuinamente.

—¿Sabes en qué estoy pensando? —inquirió Bella.

—Es imposible adivinar lo que estás pensando.

—Dijiste que no iba a poder terminar la casa del Sr. Miller en un día…

—Mmhm —asintió vagamente.

—¡Ojalá hubiéramos apostado algo, hubiera ganado! —se lamentó, sin embargo, le sonrió.

—Apostemos ahora, entonces —sugirió Edward con una pequeña sonrisa torcida.

—¿Ahora? —preguntó emocionada.

—Has ganado. ¿Qué es lo que quieres?

—Harás lo que yo te diga —dijo rápidamente, sorprendida de lo dócil que se estaba mostrando.

—Trato hecho —suspiró mirando hacia la carretera.

—Eres una persona muy extraña. —Edward apartó la mirada de la carretera y la miró fijamente por lo que se sintió para ella un largo momento, sus ojos brillando con diversión.

—No me mires así —suspiró Edward mirando hacia enfrente—. Miro la carretera, pero pienso en ti.

El corazón de Bella tartamudeo en su pecho y la sonrisa que adornaban sus labios vaciló. ¿De verdad le había dicho eso a ella? ¿Había escuchado bien? Su corazón se aceleró de manera súbita cuando él la volvió a mirar y le sonrió, guiñándole un ojo.

—Lo pone en el camión —añadió Edward—. Te gustan las inscripciones, ¿no?

Bella sintió que un balde de agua fría le caía encima, por un momento, por un absurdo y tonto momento de verdad creyó que de alguna manera él quizás… No, no se permitió pensar en esa posibilidad, Edward estaba con ella solo porque quería recuperar a Lauren, y ella no podía permitirse jugar así con sus propios sentimientos.

—Muy bonito —murmuró Bella, recuperando sus sentidos. Sacó su celular y le tomó una foto a la frase escrita en la parte trasera del camión.

Para cuando llegaron al lugar de la fiesta, ya había entrado la noche y parte del equipo los estaba esperando afuera, sonrió emocionada cuando vio a Ange y Leah, vestidas para la ocasión.

—¡Qué guapas están! —chilló Bella abrazándolas.

—Están muy hermosas —asintió Edward, deteniéndose a un lado de Bella.

—Muchas gracias —respondió Ange con los ojos brillosos, sin duda para ella lo mejor del mundo era su cuñado, por supuesto, después del hombre que estos últimos días se había robado su corazón y que la seguía conquistando cada segundo que pasaba.

—Por cierto, se suponía que íbamos a reunirnos para hablar —añadió Edward sonriéndoles—, estoy disponible en cualquier momento que ustedes quieran.

—¡Mira qué lindo es mi querido cuñado! —suspiró Ange mirando a Leah, quien lo observó con una ceja levantada y una sonrisa satisfecha.

—Un detalle inesperado, me ha impresionado —asintió Leah.

—No exageren —Bella rodó los ojos—. Edward no dice más de dos palabras seguidas.

Las chicas sonrieron incomodas, al igual que él. Para su suerte, Jasper se acercó y Edward fue a su encuentro.

—¡Bienvenidos! —saludó el Sr. Miller con una sonrisa enorme.

—Gracias, Sr. Miller. Ha sido muy amable de su parte invitarnos —asintió Alice con una enorme sonrisa

—Han hecho muy feliz a mi esposa, especialmente la Srta. Bella —replicó el Sr. Miller señalándola brevemente con una enorme sonrisa—. Es como un ángel que no pierde nunca la esperanza, ni se rinde, y consigue convertir en un milagro todo lo que toca.

Edward lo escuchó, frunciendo ligeramente el ceño ante sus palabras.

—Sr. Edward, tiene mucha suerte —añadió el Sr. Miller.

Bella se giró rápidamente y lo observó, esperando su reacción. Edward sonrió de par en par, sus ojos como dos pequeñas rendijas.

—Sí, lo sé, gracias —asintió. Bella lo miró intentando ocultar su sonrisa.

—Pero, ¿qué hacen aquí? Vamos dentro, hay mucha gente, quizá no nos veamos así que espero que todos se diviertan.

—Gracias —canturrearon todos mientras iban entrando al salón.

Nadie comentó nada, cuando Bella y Edward se quedaron solos afuera, ella apretó los labios y él suspiró acercándose más.

Bella asintió con una sonrisa y lo miró.

—No quieres entrar porque hay mucha gente —afirmó.

—Sí. —Asintió alzando una ceja—. Pero no importa, porque ya hemos hablado con el Sr. Miller. Pero parece que tú sí quieres entrar…

A Bella se le borró la sonrisa.

—¿Por qué?

—Porque ese es tu estilo, ¿no? Botánica, música, arte… —Edward no pudo evitar poner los ojos en blanco ante cada palabra que decía.

Bella suspiró y decidió ignorar su comentario.

—Entonces… tenemos una apuesta pendiente…

—Así es.

—Tienes que hacer lo que yo quiera.

—Sí.

Bella le sonrió, y se acercó lentamente a él, susurrándole en voz baja lo que debía cumplir. Edward no pudo evitar reír con incredulidad cuando ella se alejó y lo miró suplicante, el negó suavemente.

—No.

—Por favor.

—Imposible.

—Por favor —repitió mirándolo desde abajo, con los ojos inclinados hacia arriba y sus largas pestañas aleteando suavemente.

—Bella —advirtió.

—Por favor.

—No me mires así…

—Sí…

Finalmente, y como ya era una costumbre, Edward terminó cediendo antes sus caprichos. Y se encontró haciendo algo que por años, se había dedicado a hacer en silencio, algo que solo una persona había visto con anterioridad.

Sus dedos largos y hábiles, se movieron sobre las cuerdas de la guitarra, mientras Bella estaba recargada en uno de aquellos altos taburetes propios de lo que había sido un bar, hasta que Edward lo compró tiempo después.

Bella sonrió, con la cabeza apoyada en una de sus manos, sus ojos siguiendo cada uno de sus movimientos casi hipnotizada. La música filtrándose en sus oídos y en cada poro de su ser. Edward levantó la cabeza y la miró mientras seguía tocando, ella le sonrió animándolo silenciosamente, él se avergonzó un poco antes de sonreírle.

Hay ocasiones en los que las palabras sobran, y ese fue uno de esos momentos. Después de que Edward terminó de tocar, ambos salieron sin decir una palabra, el aire fresco de la noche los abrazó suavemente, Bella llevaba una falda y una blusa con los brazos descubiertos, se estremeció ligeramente cuando Edward se giró y se acercó a ella, mirándola fijamente.

Un leve sonrojo se instaló en sus mejillas antes de que abriera sus brazos y rodeara el cuerpo de Edward en un cálido abrazo, y él hizo los mismo, sus fuertes brazos rodearon el delicado cuerpo de Bella, la cara enterrada en su espeso y suave cabello. Ni siquiera el aire era capaz de pasar entre ellos.

X – X – X

Lauren se negaba a creer aquello, no quería aceptarlo.

Pero no podía negar lo que sus ojos estaban viendo a lo lejos, no podía engañarse a sí misma y pensar que esa punzada que estaba sintiendo en el pecho era producto de su imaginación.

Durante años ella había sido la única persona con la suficiente confianza de Edward para saber donde se encontraba él en esta fecha, pero jamás, nunca… la había llevado voluntariamente, mucho menos este día. Lauren había pensando… ella había creído que era alguien especial para Edward, o al menos eso había querido hacerse creer.

Sobre todo, después de ver a Bella humillarse a sí misma ayer. Cuando le pidió que le dijera información sobre Edward, información que hizo pensar a Lauren que realmente era especial para él… incluso se atrevió a decirle a Alice que la relación de Edward y Bella le parecía sospechosa, qué equivocada estaba al pensar eso.

Lauren los vio separarse lentamente y perderse por un momento en la mirada del otro, antes de que ambos se subieran al coche y arrancaran a toda velocidad, sin notarla ni escuchar su propio corazón, o lo poco que quedaba de él, al menos, cayéndose en pedazos.

X – X – X

Bella no sabía cómo actuar a continuación, cuando el coche de Edward se detuvo frente a su casa ella simplemente se quedó inmóvil en su asiento… aún podía sentir la calidez de su cuerpo en ella, el escalofrío que sintió al separarse, su corazón acelerado y su mente desenfrenada. Tenía miedo de mirarlo, miedo de perderse en sus orbes verdes, en como la esquina de su labio se curvaba ligeramente hacia arriba.

Le dio una mirada de soslayo, confirmando sus pensamientos, y se bajó rápidamente del auto. Edward la siguió, girando inconscientemente el anillo de compromiso en su mano.

—Gracias por esta noche —susurró Bella, deteniéndose frente a él. Le sonrió con honestidad—, por lo que hemos compartido esta noche.

—Sí, cuando dejes mi vida en un par de semanas… —se detuvo abruptamente por un instante, su pecho doliéndole antes de forzar una suave sonrisa—, te recordaré con cariño.

Fingió ignorar el dolor sordo que sintió dentro de ella, y apretó los labios asintiendo.

—Nos quedan exactamente cuarenta y seis días, para que acabe el contrato, quiero decir —aclaró Bella.

—Veo que cuentas los días. —Edward alzó las cejas en reconocimiento, el brillo en sus ojos opacos—. Lo entiendo. Cuando nos comprometimos, dijiste cuanto lo lamentabas —carraspeo ligeramente, antes de suspirar—. Entonces, ¿significa que aún te arrepientes?

Bella abrió la boca y la cerró dos veces antes de suspirar.

—En mi opinión, la situación entre nosotros ahora es un poco diferente. —respondió, mordiéndose el interior del labio.

La comisura del labio de Edward se levantó involuntariamente, y asintió, satisfecho con su respuesta.

—Entonces, en honor a esta noche… —extendió la mano hacia ella—, guarda esto para ti.

—¿De verdad? —exclamó Bella, sus ojos brillando como dos luceros. Tomó la púa que Edward le estaba entregando entre sus dedos, la agarró con delicadeza, como si fuese la cosa más frágil que sus dedos hayan tocado jamás—. Es un regalo muy lindo.

Edward tragó el nudo en su garganta con fuerza; su belleza y su felicidad genuina por detalles tan pequeños le hacían sentir cosas que jamás había sentido. Recorrió su rostro lentamente, sellando en su memoria este momento.

—¡De verdad, es muy lindo, gracias! —repitió Bella emocionada—. Estoy muy feliz, como si la hubiera recibido de una estrella de rock.

Edward sonrió, sonrió de verdad, apenas registrando las palabras de Bella, porque simplemente no podía dejar de capturar cada detalle de su rostro iluminando en su memoria, no quería olvidarlo jamás, el sentimiento, a ella… la forma en la que sus ojos se entrecerraban ligeramente cuando sus pómulos se alzaban ante su sonrisa, o como sus ojos cafés parecían mezclados con caramelo cuando estaba feliz, y como apartaba la mirada sonrojada.

—Eres una persona muy original —murmuró Edward cuando encontró su voz. Bella le sonrió sin entender—: valoras más una cosa tan sencilla, que un collar de diamantes. Por cierto —añadió mirándola con los ojos entrecerrados—, si escucho de alguien que sepa que estaba tocando la guitarra…

—Les diré a todos —susurró Bella, sus hombros se sacudieron levemente al ver la cara de póquer que le había puesto Edward—. No seas tonto. Por supuesto, es un secreto entre nosotros.

Edward negó suavemente, suspirando con una sonrisa.

—De verdad, esto es increíble. Cuantos secretos comencé a tener con una mujer que no conozco.

—¿Te arrepientes? —replicó Bella, frunciendo el ceño, su sonrisa y el brillo de sus ojos se habían ido.

Edward la observó por un segundo, antes de sonreírle.

—Buenas noches, Bella Swan.

—Buenas noches, Edward Cullen —susurró Bella, sintiendo un pesar tan grande dentro de ella, esperaba que sus ojos fuesen capaces de trasmitirle todo lo que quería decirle, y que ni ella misma encontraba las palabras.

Edward lo sintió, sintió lo que ella quiso decirle, no lo comprendía por supuesto, pero sintió el dolor dentro de él cuando la vio alejarse y subir los escalones hacia la entrada de su casa. «Ojalá pudiera quedarse, ojalá no se fuera nunca… pero es lo correcto, nunca seré bueno para una estrella tan brillante».

Aun cuando se hubo marchado, se quedó por un segundo más observando hacia su casa, antes de suspirar y alejarse en su coche.

Bella entró a su habitación, con las emociones vibrando incontrolablemente, suspiró y se acercó a la foto agujerada de Edward en su pared, le sonrió con cariño por primera vez antes de ajustar la púa en un broche a un lado de su foto.

—¿Quieres colgar una mejor foto de tu prometido?

Bella jadeó y se giró rápidamente, con el corazón acelerado vio a su tía Maggie parada en la entrada de la puerta, mirándola con complicidad.

—¡Tía, me asustaste mucho! —replicó Bella sonriendo, Maggie se acercó a ella—. No, esta foto es hermosa, tiene recuerdos.

—No sé —susurró Maggie intentando no reírse—, supongo que estás observando esta foto con corazones en los ojos…

A Bella se le borró la sonrisa, y rodó los ojos.

—¿Corazones en los ojos? Qué tontería.

—Bella, estás enamorada. —Su corazón tartamudeo en su pecho. No. No. No—. Ahora, ¿te das cuenta? Mira, cariño —Maggie suspiró al ver su rostro en pánico—, yo cerré este capítulo hace mucho tiempo, pero es algo que también he vivido. En los primeros días no eras así, ahora lentamente le estás entregando tu corazón.

Bella se sentía confundida, abrumada, molesta, sentía demasiado… miedo.

—Mi corazón no es tan fácil de entregar, tía. —espetó secamente. Maggie la miró confundida.

—Bella, ¿qué tiene de extraño estar enamorada de tu prometido? ¿Qué hay de malo con eso?

Se encogió de hombros suavemente. Había sobre reaccionado, al menos, frente a alguien que no conocía la verdad de todo.

—Por supuesto —susurró Bella.

—Bueno, me voy a dormir —Maggie le sonrió con cariño, antes de fruncir el ceño—. Por cierto, ¿Qué le pasa a Ange? —Bella la miró confundida—. Es que últimamente apenas y la veo, y cuando está aquí, está nerviosa. ¿Qué está pasando?

—No le pasa nada, habrá hecho un nuevo amigo y está contenta —razonó Bella.

La verdad es que ella no tenía ni idea de a qué se refería su tía, últimamente había descuidado mucho a sus amigas, el trabajo, Edward, el contrato… todo la estaba absorbiendo.

—No, Bella, no lo entiendes… definitivamente están en algo, y no nos dirá nada.

—Bueno, le preguntaré, no te preocupes.

En la soledad de su habitación, volvió a mirar el rostro de Edward en la pared, y frunció el ceño. ¿De verdad podría ser posible?

X – X – X

Desde joven la vida le enseñó a Edward a esconder sus emociones, a sofocarlas y ahogarlas en su interior. Pero ahora de repente le resultaba difícil, ni siquiera era capaz de describir aquello que sentía… porque jamás lo había sentido.

Se bajó de su coche y se extrañó al ver a Stefan parado en la entrada esperándole.

—¡Buenas noches, bienvenido!

—¿Stefan? —replico Edward acercándose.

—¡Feliz cumpleaños! —canturreó Stefan nervioso, mientras agitaba frente a su rostro un cañón lanzador de confeti. Edward le sonrió resignado.

—¿Han preparado algo? —preguntó sabiendo perfectamente la respuesta.

—He decidido salir y avisarle antes —se disculpó Stefan. Edward asintió—. Nos vemos en el jardín.

Edward miró su reloj antes de suspirar, nunca le había gustado celebrar sus cumpleaños… bueno, quizá hubo un tiempo breve en el que realmente lo había disfrutado, y después… simplemente, no tenía con quién celebrarlo… hasta que se convirtió en una fecha insípida para él.

—¡Ahí viene, ahí viene! —chilló Esme en silencio tapándose los oídos, preparándose para que Stefan detonara el pequeño cañón y explotara el confeti alrededor de Edward, que es exactamente lo que sucedió—. ¡Sorpresa, cariño! ¡Feliz cumpleaños!

Edward sonrió avergonzado, la música sonando fuerte para la silenciosa noche.

—¡Felicidades cariño, estoy agradecida de que estés conmigo! —Esme se acercó y lo rodeó con ambos brazos. —¡Feliz cumpleaños, mi bebé!

—Gracias, mamá.

—Feliz cumpleaños, Sr. Edward. Su cumpleaños es mañana, pero la Sra. Esme sabía que usted iba a huir, así que decidió hacerlo antes.

—Gracias Stefan —asintió sonriendo—. Gracias mamá… pero todos los años les digo lo mismo, no vale la pena hacer todo esto.

—¡Ay, por supuesto que vale la pena! ¡Es tu cumpleaños! —exclamó Esme con paciencia.

—Stefan, por favor, apaga la música. —señaló la bocina—. Sabes que molestará a mi padre.

—Se ha ido a leer un libro y ahora ya debe estar en el quinto sueño —lo tranquilizó Esme rodando los ojos—. ¡Son las diez de la noche y Anthony ya está en la cama! ¡Así de triste es su vida!

—¿Y cómo está? Hace muchos días que no lo veo. ¿Papá está bien?

—Nada de qué preocuparse —bufó Esme sentándose en una de las sillas—. Cada mañana se levanta a la misma hora, desayuna y se va al despacho, vuelve siempre a la misma hora y a las 10 ya se ha dormido.

—Las rutinas son importantes —asintió Edward.

—¿Rutina? —inquirió Esme—. Se ha vuelto aburrido.

—Mamá —reprendió Edward quedamente, sonriendo con suavidad.

—¡Pero es verdad! —se defendió rápidamente—. Todo mundo necesita disfrutar un poco, emocionarse... ¡Vivir con alegría!... Ya es tiempo de que tu padre aprenda a divertirse un poco, no sé… algo así como tu chica la florista. —sugirió Esme.

Edward se rió abiertamente y levantó las cejas con sorpresa.

—¡Vaya! —exclamó—. ¿La Sra. Esme ha comenzado a querer a Bella?

—No, querido —negó rápidamente boquiabierta—. ¿Qué tiene esto que ver con eso? No… pero siento como si hubiera vivido toda mi vida con Anthony y lo hubiera memorizado.

—Desafortunadamente, no puedo ayudarte con eso —suspiró Edward

—Ya lo sé, cariño. Perdona si te he preocupado.

—No, pero tengo que irme a la cama —explicó mirando la hora en su reloj—. Mañana me levantaré muy temprano.

—Feliz cumpleaños, cariño —lo abrazó nuevamente.

Y mientras seguían compartiendo ese abrazo, Anthony repasaba una y otra vez las palabras de Esme en su cabeza, dando vueltas como torbellino. Los observó desde el balcón y suspiró para sus adentros, ni siquiera se había acordado del cumpleaños de su hijo. Lo vio alejarse y quiso poder decirle algo… pero tantos años en silencio, habían hecho que olvidara como debería hablar con él.

X – X – X

—¡Te extraño tanto! —chilló Bella abrazando con fuerza a Rosalie.

—¡Yo te extraño aún más! —replicó Rose imitando el suave puchero que estaba haciendo Bella ahora mismo—. Todos los casos que tenemos me tienen abrumada, trabajo día y noche… aunque por suerte, Jasper me está ayudando a organizarme un poco —añadió con una sonrisa picarona.

Bella abrió los ojos y la boca de par en par.

—¡Espera un momento! ¿Jasper y tú han estado hablando? —preguntó sorprendida, a Rosalie se le borró la sonrisa y Bella entrecerró los ojos y la miró con sospecha—. ¿Hay algo que quieras decirme?

—¿Algo sobre Jasper…? ¡No, cariño, solo somos amigos! —se burló y negó suavemente—. Pero, mejor cuéntame sobre Edward, dime todo lo que me he perdido.

Bella se tensó y apretó los labios con fuerza antes de suspirar y mirar a Rose.

—Mi tía dice que me he enamorado de él. —susurró.

—¿Lo ha dicho tu tía? —preguntó Rose sorprendida, Bella asintió—. ¿Y qué piensas?

—No lo sé —respondió honestamente, con la mirada perdida—. Solo sé que tengo que mantenerme alejada… o de lo contrario voy a salir lastimada.

—¿Por qué tienes que alejarte? —Rose estaba confundida—. ¿Por qué dices eso? ¿Ha pasado algo malo?

Bella se moría por contarle todo, quería desahogarse, quería un consejo sincero de lo que estaba pasando… porque en este momento no podía confiar en ella misma.

—No, no ha pasado nada —negó Bella rápidamente—, es solo que es un hombre difícil, pero nada más, olvídalo.

Rose estudió detalladamente su rostro, giró la cabeza con sospecha y entrecerró los ojos.

—Bella… ¿Tienes miedo de enamorarte de tu prometido o me equivoco?

—Olvídalo —repitió Bella con un suspiro, se acomodó en el sillón de la terraza y la miró con interés—. Mejor cuéntame del trabajo.

—¡Si me ves en el trabajo, definitivamente no me reconocerías! —comentó Rose aceptando la evasiva—. Soy arrogante, me enfado todo el tiempo, creo que soy un poco descarada —admitió.

—¿Tú? —replicó Bella, sonriendo—. ¡No me lo puedo creer!

—Me he vuelto insolente —añadió Rose riendo—, el trabajo es genial.

—Te extrañaba mucho—admitió Bella con un puchero, y se inclinó para volverla a abrazar.

—¡Yo aún más!

Esa misma noche, más tarde, mientras Bella envolvía minuciosamente el regalo de Edward, las palabras de su tía no dejaban de girar una y otra vez por su mente.

«Bella, estás enamorada».

Suspiró, mientras ajustaba el pequeño ramo de flores al frente de la caja, también recordó una de las duras palabras que Edward le dijo al principio de todo.

«No te debo nada, ¿entendiste? Eres alguien que va a desaparecer de mi vida en dos meses, así que no te consideres tan importante».

Pero también recordó las veces en las que la trató con calidez, cuando la intentó hacer sonreír después de que las personas la hubieran hecho sentir mal el día del compromiso y entonces le puso el collar haciéndole un pequeño truco de magia.

Bella estaba confundida.

Pero esa noche había descubierto algo importante… había confirmado que Edward era un mago, que atrae a las personas con su mente, su mirada, su sonrisa, sus gestos amables. Las atrae a su campo gravitacional, y después las arroja.

Edward es como un planeta frío al que le gusta estar solo. En la superficie solo hay hielo, y si intentas acercarte a su interior, el fuego de su corazón te acaba quemando. Es mejor no sucumbir a la atracción y mantenerse alejada de él, así como él quiere.

X – X – X

A la mañana siguiente, Bella se levantó temprano como de costumbre, su tía y sus amigas ya estaban sentadas tomando el desayuno.

—Quiero preguntarte algo… ¿Qué está pasando en tu vida últimamente? Cuéntame. Ya nunca estás por aquí, no sé qué escondes, pero algo te pasa.

Maggie miró expectante a Ange, esperando una respuesta mientras Bella tomaba asiento, colocando delicadamente el regalo de Edward en su regazo.

—No pasa nada —tartamudeo Ange—. Es por el trabajo. Tengo que estar siempre disponible. Tú me entiendes —miró a Rosalie, quien asintió sabiamente.

—Te adaptaste muy rápido, Ange —comentó Bella, sonriendo—. Es increíble, solo llevas una semana trabajando, pero ya entendiste todo.

Todas empezaron a reír y Maggie se levantó para traer más comida.

—Te voy a decir una cosa —susurró Ange en voz baja, dirigiéndose a Bella—. Que trabaje con Lauren es algo bueno para ti.

—¿Por qué? —preguntó sorprendida.

—No es que tenga ninguna sospecha de mi cuñado, pero… ella es un peligro. Menos mal ahora la puedo vigilar —añadió Ange con vehemencia, todas la miraron sorprendidas.

—Tiene la razón, toda la razón —asintió Leah levanto la mano para chocar su palma con Ange.

—Leah, no tienes que animarla —reprendió Bella con molestia—. Ya no hay nada entre ellos, Ange. Ha pasado mucho tiempo, ya no hay nada —sentenció, aunque no sabía si intentaba convencer a su amiga, o a sí misma.

—¿Estás segura? —Replicó levantando una ceja—. Porque estuve en una reunión con ellos y los vi y escuché personalmente.

Bella enderezó la columna y la miró con los ojos entrecerrados.

—¿Qué escuchaste, Ange? ¿Qué viste?

—Pues, tenían que discutir algo en Antalya, pero parece ser que no pudieron y después decidieron ir a cenar esa noche para estar solos y esas cosas. ¿Qué está pasando? —inquirió molesta. Bella apretó los labios y respiró por la nariz—. ¿De qué va a querer hablar esa con Edward?

—De trabajo, cariño. ¿De qué más podría ser? —respondió Leah con burla, mirando a Bella, antes de rodar los ojos.

Rosalie carraspeo intentando llamar la atención de ellas, cuando vio a Bella asentir lentamente, mientras bajaba la mirada con los ojos opacos y melancólicos.

—Bella, ¿qué llevas en la caja? —preguntó Rose intentando animarla.

—No es nada —suspiró mirándola—. Hoy es el cumpleaños de Edward. Este es un pequeño regalo para él.

—¿En serio? —preguntó Angela con los los ojos brillosos. Bella asintió ahora emocionada—. Qué difícil debe ser comprarle un regalo a Edward Cullen, ¿verdad? —Bella rio quedamente—. ¿Cómo sabías que era hoy? ¿Te lo ha dicho o le has preguntado?

—No ha hecho falta —respondió frunciendo el ceño—, lo vi en las redes sociales. Al parecer, Edward no celebra su cumpleaños, además, si lo conozco, aunque sea un poco... no creo que deje que nadie lo celebre.

—Claro, un hombre misterioso y genial como él, no celebra algo así —razonó Leah.

—Bueno, diga lo que diga, me da igual. —replicó Bella sonriendo—. Yo voy a darle mi regalo.

—Pues para ir a darle un regalo no te veo muy alegre —comentó Rosalie con preocupación—. ¿Estás bien? Algo te ha estado pasando últimamente.

Bella la miró de soslayo antes de suspirar.

—Pásame el té —le dijo a Ange.

—Creo que estás organizando una gran fiesta —murmuró Ange con los ojos entrecerrados—. Sí, lo harás… te conocemos.

Bella le sonrió burlonamente y se sirvió el té. Continuaron tomando el desayuno tranquilamente, hasta que vio la hora y corrió de prisa a cepillarse los dientes.

Se acercó lentamente al portón de su casa y observó a través de el a Edward, se encontraba recargado en su coche mirando el su reloj en su muñeca, contuvo la respiración mientras lo admiraba, su perfil definido y marcado, la camisa azul cielo contrastando con la palidez de su piel… Y el conflicto en su interior parecía aumentar.

—Bella, ¿qué estás haciendo? —la voz de Edward retumbó en sus oídos, y saltó en su lugar, abriendo rápidamente el portón.

Bajó los escalones lentamente, con la barbilla en alto y los hombros ligeramente hacia atrás. Se detuvo frente a él, al igual que su tiempo se pausaba por un momento. ¿Lo debería felicitar? ¿Debería fingir que no pasaba nada?

—Buenos días—murmuró Bella, finalmente.

Edward la miró con sospecha.

—Buenos días… ¿Cómo estás? —Bella no respondió y rodeo rápidamente el coche, él la miró ahora bastante confundido por su actitud evasiva—. Yo también estoy bien, muchas gracias por preguntar, Bella.

Ella se miró las manos con nerviosismo, y suspiró.

—¿Tienes planes para esta noche?

—¿Por qué lo preguntas?

—Por sí los tenías. —respondió encogiéndose de hombros.

—No, ¿y tú tienes? —replicó Edward con curiosidad.

—No —dijo rápidamente, una pequeña sonrisa adornando sus labios rosados.

—¿Estás bien? —preguntó Edward, sin contenerse más tiempo—. Pareces un poco nerviosa.

Bella respingó ligeramente en su lugar, borrándose la sonrisa de su rostro.

—Para nada —negó subiéndose al coche, al tiempo que el celular de Edward sonaba en el bolsillo de su pantalón.

—Déjame adivinar, de nuevo tenemos un problema —suspiró Edward respondiendo la llamada en su celular—. ¿Cuál es el problema?... Bueno, está claro que con ese ruido no podemos trabajar, por favor reúne un equipo y que vengan a mi casa… Nos veremos ahí… De acuerdo, nos vemos Jasper.

Edward terminó la llamada y se giró a ver a Bella, quien estaba entretenida mirando sus manos en su regazo, sus largas pestañas acariciando sus pómulos, Edward le sonrió.

—Nos vamos a casa, Bella. —Ella levantó la mirada sorprendida ante su elección de palabras—. Nuestro equipo, después de todo, piensan que vivimos juntos —aclaró.

Bella se quedó atrapada por un momento en su mirada, antes de pestañear y asentir.

—Sí, ya lo sé, vamos —asintió.

—Bueno.

—Bien.

Bella giró su rostro hacia el lado opuesto, intentando ocultar su sonrisa, sin embargo, Edward ya la había visto y la miró de soslayo, sonriendo al igual que ella, antes de arrancar el coche.

—¿Qué está pasando? —preguntó Edward tan pronto ambos entraron a su casa, donde el equipo ya se encontraba distribuido esperándolo. Bella se detuvo a un lado de él, antes de caminar hacia la mesa al otro lado de la suya.

—El diseño en el cual se ha trabajado durante meses, por primera vez, un cliente decidió trabajar con diseñadores extranjeros. —anunció Jasper apenas conteniendo la emoción—. ¡Y esos hemos sido nosotros!

Todos aplaudieron emocionados, y Edward sonrió satisfecho.

—Parece que lo hemos conseguido. Genial, felicitaciones a todos. —Edward se sentó, seguido de Alice y Jasper—. Es increíble, una noticia que llevábamos meses esperando. Hemos conseguido vender una pieza, el primer diseño de nuestra empresa a un hotel famoso.

Y aunque Edward estaba hablando con todos, su mirada no dejaba de regresar al mismo punto: Bella.

—Este es un nuevo y gran paso para Art Life —continuó.

—Exactamente, incluso para nosotros —comentó Jasper—, esto es algo grande, es nuestra primera vez.

—Pero si lo hemos logrado, ha sido gracias al genio de Edward y a las maravillosas conexiones de Lauren —añadió Alice sonriendo.

Bella apretó los labios en una sonrisa forzada.

—Bueno, volvamos al trabajo —anunció Edward, encendiendo la computadora frente a él. —Tenemos mucho trabajo por hacer.

—¿Quieren tomar algo? —le preguntó Bella a Diego y Bree, que estaban sentados en la misma mesa que ella. Ambos asintieron y se dirigieron a la cocina junto con ella. Edward la miró de reojo.

—Diego, ¿me traes un café, por favor? —le pidió Jasper.

—Por supuesto.

Al llegar a la cocina, Bella miró a Bree con complicidad, parada detrás de la barra.

—¿De qué se trata esto? —inquirió sacando unas tazas—. Puedes decírmelo.

—Conoces al Sr. Edward —explicó Bree—. Decidió que la arquitectura no es suficiente, así que ahora diseñamos accesorios, de categoría, por supuesto. Trabajó en un diseño durante varios meses, y lo acaba de vender al extranjero.

—Y yo pensaba que habían venido a celebrar su cumpleaños —comentó Bella un poco decepcionada.

Diego empezó a reír.

—¿El Sr. Edward y su cumpleaños? —se burló y negó.

—El Sr. Edward no celebra su cumpleaños —respondió Bree con tristeza—. Pero recibe muchos regalos de clientes y empresas, pero los reparte al equipo, eso no le gusta en absoluto.

—¿Y entonces qué hace? —preguntó Bella confundida—. ¿Pasa el día solo?

—Bueno, no celebra ni con su familia o amigos… Cuando estaba con Lauren —Diego empezó a carraspear y Bree se detuvo abruptamente, viendo el rostro en blanco de Bella—. Bueno, con ella lo celebraba… pero a él no le gusta, ni siquiera las felicitaciones.

—Porque los robots no cumplen años —explicó Diego con seriedad—. Y como dijiste, es un robot, lo que significa que no nació.

Bella suspiró y entornó los ojos con decepción.

—Qué pena —susurró antes de sonreír un poco—. Le compré un regalo, de todos modos. Me hacía mucha ilusión dárselo.

—Ow, Bella, eres muy amable —murmuró Bree conmovida—. No pierdas la esperanza.

Mientras ella terminaba de preparar el café, Edward se encontraba trabajando junto a Alice y Jasper.

—Ahora tenemos que pasar a la producción lo antes posible—indicó Edward—, saben que cada detalle está hecho a mano, por lo tanto, debemos hablar con los fabricantes lo antes posible.

Edward se giró rápidamente cuando sintió la electricidad recorrer todo su cuerpo, y vio que Bella le dejó un café a un lado y se alejó con rapidez hacia su escritorio.

—Tienen los números de ellos, hay que hablarles cuanto antes —continuó Edward aún abrumado por la cercanía de Bella, que al mismo tiempo se sintió lejano. La miró y ella apartó la vista.

—Muy bien, resolveré ese detalle —asintió Alice.

—En la primera etapa realizaremos sesenta piezas. El cliente quiere ponerlas en la entrada de todos sus hoteles. Tenemos mucho trabajo por hacer —comentó Jasper.

—Sí, y deben tener mucho cuidado con ellos. Si hay algún error, todo nuestro trabajo será en vano. —agregó Edward.

—Otro tema muy importante —añadió Jasper—, se necesita ir a la notaría por la patente. Alguien tiene que ir por ti, si no quiere pasar todo el día allá. ¿A quién crees que enviaremos?

Bella levantó la vista rápidamente, interesada en la conversación, cualquier cosa que la alejara de esta tensión era demasiado bueno para ella.

—¡Yo voy a hacerlo! —anunció Bella sin pensarlo dos veces, Edward la miró intentando controlar sus facciones, se pasó una mano suavemente por la mandíbula, confundido por su entusiasmo—. Con mucho gusto iré, no me importa pasar todo el día… porque estoy un poco aburrida aquí, la verdad.

—Mmhm —asintió Edward alzando las cejas—. Pero, ¿sabes cómo presentar una patente? ¿Puedes hacerlo? Si quieres, puede ir alguien contigo.

—La patente es mi trabajo, lo tengo controlado, no te preocupes —comentó Bella de manera obstinada.

—Muy bien, si quieres, entonces estás a cargo de la patente —asintió Edward sin mirarla, intentando no mostrar la decepción que le estaba recorriendo todo el cuerpo.

—Sugiero llamar a Lauren —comentó Alice—, después de todo, hemos conseguido esto con su ayuda.

—Bien, la llamaré ahora —acordó Jasper—, por video llamada.

Bella inhaló con brusquedad y se cruzó de brazos, apretando con fuerza las manos.

—¡Lauren! —sonrió Jasper mirando el celular—. ¡Felicidades, nos han dado el proyecto!

—El mérito es solo de ustedes, yo solo fui un intermediario —les dijo Lauren sonriendo.

—¿Cuándo vendrás aquí? —preguntó Edward.

—Eh, no lo sé, intentaré hacer un espacio… Emmett ha llegado, tengo que colgar —se disculpó.

Emmett —masculló Edward con molestia por lo bajo.

—Olvídate de Emmett, hermano —susurró Jasper.

El interior de Bella se estremeció al verlo molesto, al saber la razón por la cual a él le molestaba la situación. Él quería a Lauren, y no era capaz de admitírselo a sí mismo, de la misma manera en la que ella trataba de negar el sentimiento que ardía en ella por él.

—Bree, ¿están listos los diseños? —preguntó Jasper en voz alta.

—¡Todo listo, Sr. Jasper!

—Muy bien, Edward, quiero mostrarte los nuevos planos —anunció Jasper sonriendo mientras se levantaban y se dirigían hacia la habitación de a un lado.

—El cliente solo quiere hacer un par de cambios —le comentó Jasper en cuanto le mostró los planos.

—No hay problema. —espetó Edward sin más, su rostro era una máscara sin emociones. Jasper rodó los ojos con frustración.

—Conseguiste que el Sr. Yilmaz firmara, ganaste un premio y eso estando de vacaciones —Edward le miró de soslayo sin inmutarse—. Vinimos aquí, has vendido un diseño en el que trabajaste mucho… pero sigues serio, ¿Cuál es el problema, Edward?

—Es el Holding —masculló con molestia.

—¿Tu padre o Emmett?

—Los dos, Jasper. No entiendo por qué mi padre contrató a Emmett.

—Lo hace solo para molestarte —replicó con obviedad.

—A mí ese riesgo me parece innecesario y estúpido

—Estamos hablando de Anthony, puede deshacerse de Emmett en cuanto le dé la gana.

Bella se detuvo abruptamente en la entrada de la habitación cuando escuchó el rumbo de la plática, miró la carpeta entre sus manos antes de fijarse en Edward, que le estaba dando la espalda.

—¿Sabes qué es lo peor? —Inquirió Edward—: Lauren. Ella sabe lo que siento por esto, y aun así tomó esa decisión.

Bella se quedó inmóvil, su cuerpo parcialmente entumido.

—Cómo sea, ella tiene que tomar una decisión. Emmett o yo.

Bella cerró los ojos con fuerza.

—¿Quieres que elija entre los dos? —repitió Jasper con burla—. Edward, no seas tonto, estamos hablando de Lauren, por supuesto que ella te va a elegir.

—Ya veremos. —replicó Edward. Bella asintió para sí misma y se alejó sin hacer ruido—. Tengo que hablar con ella lo antes posible.

Jasper se salió de la habitación, y tan pronto él se fue, la voz de su madre lo reemplazo. Esme estaba tan feliz de que hubieran llegado a trabajar ahí, y lo felicitó por el proyecto.

—Gracias —levantó una ceja—. Ni siquiera voy a preguntar como sabes esto, por supuesto que Lauren te lo dijo.

—Bueno, ella también se ha esforzado mucho —razonó Esme— y quería compartir su felicidad conmigo.

—Es normal —asintió Edward—, casi todo el mérito es de ella.

Su madre asintió satisfecha con su respuesta antes de sonreírle casi excesivamente.

—¿La has felicitado ya? ¿Qué piensas regalarle?

—Sabes que Lauren es una chica muy clásica… le enviaré unas flores.

Ah —respondió Esme vagamente—. Pero es posible que Lauren esté esperando algo especial de ti, ¿no crees?

—No creo que sea necesario, mamá —negó Edward con el ceño fruncido.

—Claro, si tú lo dices —se resignó, antes de salir se dio la vuelta—. Edward, te preguntaré algo: ¿Cuándo fue la última vez que cambiaste tu estilo y por qué?

—Nunca he cambiado mamá… y discúlpame, pero tengo mucho trabajo.

—Lo siento, cariño. Que tengas buen trabajo.

Bella estaba esperando que Edward finalmente se quedara solo, y tan pronto salió Esme tomó su pequeño bolso y entró silenciosamente, parándose a su lado. Su rostro y su actitud como nunca antes la había visto Edward.

—Bella, ¿estás bien? —le preguntó, olvidándose del trabajo importante que tenía enfrente.

—Voy a salir, venía a informarte —respondió políticamente—, para una licencia y los asuntos notariales.

—¿Puedo pedirte algo? —Bella tragó con fuerza y lo miró expectante—. ¿Puedes comprarle unas flores a Lauren de mi parte? Para felicitarla.

Bella asintió y lo miró con incredulidad.

—¿Por qué debería comprarlas? —Edward la miró sin inmutarse—. Soy florista ¿Lo has olvidado? Las prepararé yo misma.

Ah, claro —asintió rápidamente.

—Para ella, voy a preparar el ramo más hermoso con mis propias manos. —comentó Bella, su tono rozando la línea del sarcasmo—. ¿Quieres que agregue alguna nota?

—Muy bien, alguna frase sobre lo importante que es para mí y lo que ella hace por mí.

Bella le dirigió una mirada casi felina, antes de apretar los labios con fuerza y asentir.

—De acuerdo, lo haré.

Estaban en un cruce de miradas, cuando Alice interrumpió en la habitación.

—Ya están listos los documentos para la patente —asintió Alice señalando su carpeta—. Son complicados, mi cabeza ya no da para más, que te vaya bien.

Bella intentó forzar una sonrisa, pero no pudo, de verdad no tenía absoluta idea de lo que debía hacer a continuación.

—¿Estás segura de que puedes manejarlo? —le preguntó Edward sin dejar de observarla

—Pues claro, si digo que puedo, lo haré —replicó levantando la barbilla.

—Bueno… Esta es la única copia del archivo —añadió señalando la carpeta—, está hecha especialmente para el cliente, así que ten cuidado.

—Puedes confiar mí —susurró Bella con fuerza. Edward asintió apretando los labios—. Por supuesto, será difícil para ti.

Bella salió de la habitación dándole una segunda mirada a través de la pared de vidrio mientras se alejaba, su celular empezó a sonar en su bolso.

«Leah».

Suspiró con alivio.

—No sé por qué hayas llamado, pero necesito tu ayuda, tengo un problema —murmuró Bella angustiada.

—¿Qué te pasa ahora?

—Necesito ir a la notaría a registrar una patente, tengo los documentos. Y se supone que no debe saberlo nadie, pero ¿qué se yo sobre notarios y patentes? ¡No he hecho algo así en mi vida! ¿Por qué siempre me meto en líos? —se preguntó abrumada.

—Tranquila, Bella —le dijo Leah con confianza—. Yo entiendo todo sobre registros de patente, voy para allá.

—Leah, ¿en qué trabajas? —preguntó Bella con curiosidad—. Ahora estoy muy interesada.

Edward la vio alejarse, su esbelta y suave figura caminando lejos de él. Y se quedó atrapado en sus pensamientos por un momento, luchando consigo mismo, quería confiar en ella, pero después de tantos años sin hacerlo… le resultaba difícil, sobre todo cuando las personas más cercanas a él, y que se supone que nunca debieron abandonarlo, lo hicieron.


Merhaba!

¡AAAAAYY!

¿Qué opinan del capitulo de hoy? ¡Bella no quiere aceptar sus sentimiento, ay!

Pequeño spoiler: Esa patente nos traerá malos momentos, pero no se preocupen... tanto.

Nos leemos el martes con el adelanto en el grupo. Cualquier duda no duden en comentar o preguntar.

"La Estrella del Robot"

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görüşürüz!

Con cariño, Ame y Annie.