Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.


Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.


"Todo pasa, todo termina.

Una estrella se desliza en el cielo y desaparece.

Todo pasa, todo acaba.

La soledad siempre permanece en los espejos."

—Jenerik.

Capitulo 21.

—¡Me has vuelto a salvar! —Bella le sonrió a Leah abiertamente—. ¡Pídeme lo que quieras!

Leah le guiñó un ojo con diversión mientras caminaban por las calles de Estambul, antes de que respondiera una llamada y tuviera una acalorada discusión.

—Bella, tengo que irme. —Abrió la carpeta y empezó a revisar los documentos—. Originales… copias certificadas… y el protocolo —asintió satisfecha y le extendió los archivos—. Está bien, todo en orden.

—¿Cómo puedo agradecerte? —le preguntó Bella emocionada—. ¿Qué puedo hacer por ti?

—Ya se nos ocurrirá algo — le respondió sonriendo.

Se despidieron y Bella asintió satisfecha. Todo había salido bien y no había tenido que pasar todo el día dando vueltas lloriqueando, ahora solo faltaba hacer el arreglo de flores para su querida socia, es decir, Lauren.

Sentada en una mesa, en el patio de su casa, Bella observó el ramo que le había hecho a Lauren, al eterno, gran y secreto amor de Edward Cullen, le había hecho el ramo más bonito que había podido, con todo el dolor y entumecimiento que sentía. Apretó el lapicero en sus manos, antes de escribir la nota y firmarla bajo el nombre de Edward.

—¡Vine a ver a la amiga más hermosa de todas!

Rosalie se acercó canturreando, su espeso cabello rubio revoloteando detrás de ella. Le dio un beso en el cabello a Bella, antes de sentarse y dejar su bolso a un lado.

—¿Cómo estás?

—Bienvenida —respondió Bella sin levantar la vista de la nota en sus manos.

—Qué bonitas flores —añadió Rose, sonriendo—. ¿Para quién las hiciste?

—Para Lauren.

—¿Lauren? —inquirió confundida, antes de abrir la boca sorprendida—. ¿Esa Lauren? ¿La Lauren que conocemos? —Bella asintió con los labios apretados—. ¿Y eso por qué?

—Ella hizo un buen trabajo, es por eso —explicó, colocando la nota rápidamente en un intento fallido para que Rose no lo viera, ella se la quitó de las manos, y la miró boquiabierta.

—"Haces mi vida más hermosa con tu presencia – Edward Cullen." —leyó, Bella asintió sin mirarle a la cara—. ¿Estas flores y nota son para ella porque hizo un buen trabajo?

—Sí, ¿cuál es el problema?

—¿Cuál es el problema? —repitió con incredulidad, Rosalie no podía creerlo. Le acercó el papel a la cara—. Porque esta nota es una declaración de amor, Bella.

Se encogió de hombros, no sabía cómo explicar, como decirle, lo que realmente estaba sintiendo. Tenía miedo de hablar y que acabara sollozando sobre su hombro.

—¿Quién escribió esto? —exigió Rose.

—Yo lo escribí.

—¿En nombre de quién?

—De Edward Cullen. —Bella observó el ramo con la mirada perdida.

—Edward Cullen —repitió asintiendo, antes de enderezar la columna y mirarla fijamente—. ¿Qué está pasando, Bella? ¿Qué está pasando? No entiendo nada. Hay muchas preguntas en mi cabeza. ¿Puedes darme una explicación?

—Mira, ésta es una orquídea de abeja —exclamó Bella tocando con delicadeza la flor frente a ella, Rosalie la observó con los labios apretados—. ¿Sabes por qué?

—¿Por qué? —preguntó con paciencia.

—Porque no tienen néctar para que las abejas succionen… —explicó, tragando el nudo en su garganta— y no pueden posarse sobre ellas, por eso sus hojas tienen la forma de una abeja.

—Sí, eso es verdad.

—Las abejas, para reproducirse, se sientan sobre ellas pensando que es otra abeja.

—Pero solo es una trampa.

—Mmhm —asintió Bella, sus ojos picando por derramar lágrimas—. Estas flores logran sobrevivir engañadas.

Rosalie se preocupó en cuanto vio cambiar la expresión de su rostro, vio a su amiga sufrir delante de ella, su rostro contrayéndose de dolor y agachando la mirada rápidamente.

—Pero yo no puedo —suplicó Bella.

—¿Qué está pasando? No entiendo nada.

—Rosalie, estoy cayendo por el abismo y no puedo salir. Si no le cuento a alguien, me volveré loca. —exclamó alterada—. Es lo único que pienso después de que mi tía dijo que me enamoré de Edward.

—¿Cuál es el problema, Bella? ¿No estás enamorada?

—No lo sé —susurró negando suavemente, la angustia luchando por apoderarse de ella—, probablemente no.

Rose la observó por un momento antes de suspirar con frustración.

—No entiendo nada.

Bella no podía más, necesitaba que alguien la escuchara, necesitaba un consejo sensato, no podía lidiar más con su propia mente abrumada, así que suspiró y asintió.

—Bueno, está bien, te lo diré. Pero prométeme que cuando te lo cuente, no harás preguntas y no le dirás a nadie.

Rosalie asintió con solemnidad y Bella la miró fijamente, esperando su respuesta

—No lo diré a nadie, solo cuéntame y cálmate.

Bella escondió la mirada avergonzada, antes de tomar fuerzas.

—Edward y yo no estamos realmente comprometidos. —Rosalie abrió de par en par sus enormes ojos azules, Bella asintió ante la pregunta no formulada—. Todo es un juego. Firmamos un contrato entre nosotros. De hecho, quiere estar con Lauren. —añadió con un nudo en la garganta.

—¿Qué? —exclamó Rose sin poder contenerse.

—Y yo quiero volver a la universidad. —finalizó con un suspiro, sintiendo que algo dentro de ella se liberó. Cerró los ojos con alivio—. Me tranquilicé. De verdad, si no te lo hubiera dicho, me habría vuelto loca.

Rosalie alternó la mirada entre las flores y ella.

—¿Por qué te haces esto a ti misma, Bella? ¿Por qué te estás torturando ahora?

Bella trató de recuperarse rápidamente, poniendo una sonrisa en su rostro.

—Mi tía —susurró.

—¿Rosalie? ¡Bienvenida! —saludó Maggie, sonriendo.

—Gracias, tía Maggie, ¿cómo estás? —Rose le sonrió en respuesta.

—Bien, querida —Maggie miró con curiosidad el ramo—. ¿Para dónde son?

—Dáselas a Steve, él ya sabe dónde enviarlas —explicó Bella.

—Está bien —asintió con una sonrisa tomando el arreglo—. ¡Nos vemos!

—¡Adiós! —se despidió Rose, antes de suspirar y mirar a Bella, quien tenía los ojos cerrados—. ¿No lo ves, Bella? Esto está mal.

Bella abrió los ojos y se encogió de hombros, la tristeza y resignación apoderándose de ella.

—No puede ser —suspiró Rose—. ¿Cómo has podido hacer tal cosa?

—No se lo puedes contar nadie —suplicó Bella—. Solo tú lo sabrás, confío en ti. Pero necesitas ayudarme.

—Cuenta conmigo para lo que necesites. —aceptó solemnemente—. Pero, ¿cómo puedo ayudarte con esto?

—Necesitamos conseguir que Lauren se separe de Emmett lo antes posible y que vuelva con Edward. Y yo mientras tanto, haré todo lo posible por mantenerme alejada de él. Pero necesitas recordármelo, no debo olvidarlo. —añadió Bella, mirándola fijamente.

—¿Qué debo recordarte? —preguntó Rose sin entender.

—Que el hombre, por quien me estoy sintiendo atraída, es quien me arruinó la vida. ¡Y que lo odio y que es un robot grosero e insensible!

—Sí, lo es —asintió Rose con obviedad—. Por eso, debes mantenerte aleja de él.

—Y lo voy a hacer, me alejaré. —afirmó Bella, intentando convencerse a sí misma una y otra vez—. Necesito volver al trabajo, me daré una ducha y me iré.

—Muy bien —Rose la miró con preocupación—. Yo necesito ir a la oficina, tengo asuntos urgentes.

—Me alegro de tenerte —le dijo Bella, tomando su mano y apretándola con delicadeza.

—Y yo también, sabes que te quiero muchísimo. —Bella le sonrió—. No te tortures mucho, ¿de acuerdo?

Bella asintió levantándose de la mesa.

—Y cuéntame todo, ¿está bien? —añadió Rose, antes de abrazarla e irse.

Bella suspiró, se sentía bien finalmente tener a alguien con quien hablar, alguien en quien apoyarse en estos momentos tormentosos en el que su mente era un mar de confusiones y su corazón aún más.

Antes de subir a ducharse dejó las carpetas sobre el mueble que estaba en el recibidor de la entrada. Se sentía sudorosa y cansada mentalmente, esperaba que un poco de agua le ayudara a calmarse.

Bella salió de la ducha, sintiéndose nueva y fresca como una lechuga. Peino sus suaves y sedosas ondas color café, después de vestirse con una pequeña blusa sin mangas y una falda negra que se adhería a sus caderas y terminaba a la mitad del muslo, con una discreta pero marcada abertura a un costado.

—¿Ange? —gritó Bella cuando escuchó un ruido abajo. —¿Eres tú?

Frunció el ceño al escuchar la puerta principal cerrarse, se acercó a las escaleras y vio a Ange recargada sobre la puerta, con la respiración agitada.

—¿Bells?

—¿Qué haces en casa? —le preguntó mientras se colocaba sus aretes—. ¿No estabas en el trabajo?

—Bells… tu… yo… en casa —tartamudeo, Bella la miró confundida, una sonrisa tirando en sus labios—. ¿Por qué estás en casa? Tú… ¿No tienes nada que hacer? ¿No tienes trabajo?

—Yo pregunté primero —replicó Bella recargándose sobre el barandal de la escalera.

—¿Aún existe esa regla? —Bella levantó una ceja—. ¿Desde cuándo importa el orden?

—Ange, ¿estás bien?

—Bien, claro, gracias a Dios. —murmuró rápidamente—. ¿Tu cómo estás?

—Bien, bien —asintió—. Lo que sea, tengo que ir a trabajar, ya hablaremos más tarde.

X – X – X

—Lo más importante es aprovechar la luz que entrará por las ventanas para la iluminación —explicó Edward.

—Cuando Bella regrese, repasaremos cuales son los detalles de la patente. —asintió Alice.

Edward levantó las cejas y apretó la mandíbula.

—¿Dónde se habrá metido ahora? —inquirió en voz baja. Jasper lo observó de soslayo.

—Por cierto, Bree —añadió Alice girándose en su asiento para observar a la pequeña mujer que la miraba expectante—. te vas a encargar de la logística de las piezas, presta atención.

—No estoy del todo segura de poder asumir esa responsabilidad —comentó Bree con los ojos abiertos de sorpresa.

—Es una gran idea —intervino Edward—. Sigamos.

—¿Están seguros de que aprovechar la luz exterior impresionará al cliente? —preguntó Diego.

Edward, hasta el momento, no le encontraba utilidad alguna a la presencia de Diego, no hacía más que irritarlo y hacer comentarios estúpidos, como los de ahora, que hizo que apretara los dientes con furia.

—Diego, me parece que nadie te ha invitado a esta reunión, ¿verdad? —preguntó Alice mirándolo fijamente.

—Bueno, solo he hecho un comentario que me parecía muy curioso —explicó—. Yo solo quería dar mi opinión para que todo salga bien, pero no lo pueden apreciar.

—Jasper… —murmuró Edward entre dientes.

—Diego —replicó Jasper haciéndole señas para que cerrara la boca, al fin y al cabo, era su asistente.

—Pero, Sr. Jasper…

—Diego, será mejor que te calles ya —ordenó Bree.

Más tarde, mientras Edward y Jasper esperaban que se imprimieran unos documentos, vieron a Diego luchando en las caballerizas, intentando mover a uno de los caballos.

—De verdad Jasper, tengo muchas ganas de que llegue el día en que despidas a tu asistente.

—Hermano, lamentablemente ese día nunca va a llegar —respondió con pesar.

—Pero, míralo —replicó Edward casi con lastima—. ¿Cuál es su función en la empresa? ¿Qué hace con nosotros?

—Hace tiempo, su padre me hizo un gran favor —explicó Jasper—. Por eso, a no ser que él quiera irse, va a seguir aquí el tiempo que él quiera.

—Pues debió haber sido un gran favor. —Jasper asintió—. Bueno, asegúrate que no se meta en mis asuntos ¿de acuerdo?

Edward suspiró y se acercó a la mesa donde estaba trabajando, junto a Alice.

—¡Sr. Edward! —canturreó Bree acercándose como varias cajas—. ¡Este año, como todos los demás ha recibido muchos regalos por parte de nuestros clientes! Lo que más hay, como siempre son relojes.

Edward suspiró y se acercó a la sala de estar, donde había sobre la mesa más cajas de regalos.

—¿Qué vamos a hacer con ellos? —preguntó Bree.

—No es necesario que me hagas la misma pregunta cada año —replicó aburrido—. No sé, puedes hacer lo que quieras con ellos, puedes elegir lo que quieras.

—¿Puedo tomar esto? —alzó una pequeña caja amarilla. Edward asintió, antes de que una caja alargada y azul, le llamara la atención, la tomó de entre las manos de Bree—. Es chocolate —le dijo.

Se alejó sopesando la caja azul en sus manos, Alice lo observó con curiosidad, cuando se acercó al lugar donde Bella había estado sentada en la mañana trabajando, dejó con cuidado la caja azul frente a su silla y le quitó la nota de cumpleaños, se imaginó lo feliz que le haría esa cantidad de azúcar que tanto parecía encantarle.

—Te diría que hiciéramos algo juntos esta noche, pero lo más probable es que estés con tu prometida —comentó Alice cuando Edward se sentó junto a ella, mirando la nota entre sus manos.

—No creo que recuerde mi cumpleaños —murmuró con una sonrisa tensa. Alice miró a Jasper confundida, este solo se encogió de hombros mientras se sentaba.

Después de la breve platica que Bella tuvo con Ange, no tardó en llegar a la casa de Edward, donde lo encontró sentado solo en la sala de estar, trabajando en su portatil. Bella suspiró recordándose a sí misma una y otra vez, por qué no debería mirarlo fijamente.

Edward la observó de reojo.

—Aquí tienes todos los documentos que me pediste —anunció Bella extendiéndole las carpetas—. Está hecho.

Edward la observó fijamente mientras tomaba los documentos, ella evitó su mirada.

—¿Dónde has estado?

—No he tardado —respondió en su lugar.

Edward apretó la mandíbula, antes de recorrer su cuerpo brevemente con la mirada, tratando de no entretenerse en sus largas y suaves piernas.

—Tuviste tiempo de cambiarte —señaló.

—Sí. —espetó.

—¿Por qué?

—¿Me lo estás preguntando como mi prometido o como el jefe? —replicó Bella confundida.

—¿Hay alguna diferencia? —inquirió Edward cansado de su actitud evasiva. Ella lo observó sin decir nada—. ¿Vas a responder a mi pregunta?

Bella suspiró y asintió, ajustándose las gafas sobre su cabello.

—He ido a la notaría a registrar la patente, después he ido a preparar el ramo para Lauren—añadió entre dientes, Edward se quedó inmóvil—. Luego, he ido a casa ducharme. ¿Puedo irme ya?

—No. —replicó con rapidez, señaló el espacio a su lado—. ¿Puedes sentarte?

Bella no entendía lo que él estaba tratando de hacer, sobre todo cuando lo vio tomar tranquilamente de su taza de café sin decirle nada. ¿Acaso Edward no sabía lo mucho que le costaba a ella estar tan cerca de él? No, por supuesto que no lo sabía.

—¿Y qué haré? ¿Me voy a quedar aquí todo el rato?

—Exacto.

Bella le miró de soslayo, mientras él tecleaba sobre su portátil. Su corazón de apretujo dentro de su pecho al observarlo tan de cerca.

—En la tarde... —Edward detuvo abruptamente lo que estaba haciendo, y esperó a que Bella continuara.

—¡Hola! —saludó Lauren, interrumpiendo a Bella, quien se quedó con las palabras en la punta de la lengua.

Bella se contuvo de rodar los ojos, se giró y se levantó con rapidez, observando la gran sonrisa que adornaba sus labios y el brillo en sus ojos al ver a Edward, supo rápidamente que las flores ya habían sido entregadas.

—Hola—murmuró Bella, alejándose de ellos.

—Ni siquiera sé cómo agradecerte, de verdad—murmuró Lauren ignorándola y se acercó a Edward, dándole un abrazo.

Bella se obligó a mirarlo, se quedó parada cerca de ellos, y se obligó a ver como Edward envolvía sus abrazos alrededor de la mujer que él amaba, de alguna manera, ella estúpidamente esperaba que él la rechazara, por supuesto no lo hizo.

—Las flores y la nota me han encantado, muchas gracias —continuó Lauren.

Edward tardó un momento en entender a qué se refería, porque estaba atrapado en la mirada de Bella.

—De nada —respondió, devolviéndole el abrazo. Bella se obligó a sonreír, antes de girarse y alejarse de ellos.

Al llegar a su escritorio, vio confundida la caja azul frente a su silla, se sentó y miró a Bree.

—¿Qué es? —preguntó.

Bree abrió la boca, y la cerró rápidamente, dándole una mirada breve hacia donde se encontraba Edward, Bella entendió rápidamente. Se giró a observarlo y encontró su mirada verde, puesta sobre ella.

No lo entendía, ella no entendía lo que él estaba tratando de hacer, su mente se sentía confundida y su corazón estaba entrecruzando las señales. Apartó la mirada de él, y miró la caja.

—Ven conmigo —masculló Ange, tomando la mano de su amiga y jalándola hacia la cocina. Bella la miró con sorpresa, había estado tan atrapada en Edward, que ni siquiera se había dado cuenta que su amiga había llegado con Lauren.

—¿Qué ocurre? —preguntó Bella, aún mirando hacia la pareja, aún torturándose a sí misma.

—¿Qué es esto? —inquirió Ange, mostrándole una foto de la tarjeta y las flores que ella había hecho para Lauren.

—Una nota.

—¡Esto es una nota de amor! —exclamó Ange. Bella bufó.

—Ange, tú ves amor por todas partes, pero te equivocas. No es nada de eso.

—¿No lo ves? —preguntó mirando hacia ellos—. ¡Prácticamente coquetean frente a ti! Mira, por ejemplo, lo están haciendo ahora.

Bella trató de no desmoronarse al verlos sentados tan cerca uno del otro, y miró a Ange con determinación.

—¿Sabes qué es lo que tienes que hacer?

—¿Qué?

—¡Ve con ellos, y conviértete en mis ojos y mis oídos! ¡Vamos!

—Bueno —asintió Ange, satisfecha con su respuesta—. Y tú, sonríe y disimula. No lo demuestres.

—¿Mostrar qué? —preguntó confundida.

—Que tu corazón está sangrando —susurró Ange con tristeza.

—Pero no se derrama —replicó con seriedad.

—Hablaremos de esto más tarde —asintió su amiga con pesar, y empezó a carraspear casi de manera exagerada—. Se están acercando.

Antes de sentarse, Edward le dio una breve mirada a Bella y después de eso, todo el equipo presente se reunió en el escritorio principal.

—Muchas empresas del extranjero empiezan a interesarse por nosotros —anunció Lauren con orgullo.

—Por supuesto, les habrá interesado el diseño de la lámpara —asintió Alice.

—Cuando acabemos con este trabajo, empezaremos a pensar en otro diseño que podamos vender —acordó Edward.

—Perfecto, entonces trabajaremos un poco más —asintió Jasper mirando con complicidad a Bella, que estaba parada al lado de Edward—, y después saldremos a celebrar tu cumpleaños.

Lauren miró a Bella, ella miró a Edward, y él simplemente negó, fingiendo mirar el documento frente a él.

—Esta noche no —replicó.

—Todos los años te dice que no quiere celebrar, y todos los años insistes en lo mismo —murmuró Alice aburrida.

—Probablemente, Edward ya tenga planes para esta noche —comentó Lauren, dándole una breve mirada a Bella.

—Tal vez —asintió Edward, mirando de soslayo a Bella.

—Si dices eso, entonces es que no…

—¿Podemos volver al trabajo? —inquirió Edward mirando fijamente a Lauren. Ella asintió—. Por cierto, ¿qué ha pasado sobre la filtración del contrato? ¿Lo hemos denunciado?

Bella miró con interés a Lauren.

—En mi opinión, no vale la pena hacerlo, no encontraremos a quién lo hizo—respondió Lauren titubeando.

—¿Lo hemos denunciado? —repitió Edward nuevamente.

—No —susurró.

Él asintió, visiblemente enfadado, y la miró fijamente.

—No voy a permitir que nadie se meta en mi vida privada, ni en mi relación con Bella, ¿entendido? —sentenció, la vena de su frente resaltando, Lauren miró con fuego en los ojos a Bella, antes de mirar a Edward—. Si aparece quién lo hizo, entonces va a responder.

—Muy bien, se lo diré al abogado.

Bella le sonrió a Lauren con suficiencia, antes de darse la vuelta y caminar hacia la cocina.

—No, de hecho, no debería meterse en nuestra vida —comentó Edward pensativo—. Jasper, tienes una amiga abogada de la que últimamente hablas todo el tiempo…

—¿Rosalie? —sugirió Jasper, Alice se puso alerta y lo miró fijamente.

—Sí, Rosalie —asintió sonriendo—. Me gustaría que ella llevara este caso.

—Claro que sí, entonces la llamaré —acordó emocionado.

Alice apretó los dientes y lo miró enfadada.

—Por supuesto, llámale. Llámala ahora, vamos, corre, corre. —masculló con amargura. Edward sonrió entretenido. La verdad es que le encantaba ver el mundo arder, bueno, excepto el suyo.

Bella estaba entretenida ordenando unos archivos junto a Bree en la habitación continua a la sala de estar, cuando Lauren entró, Bella apretó los dientes y se cruzó de brazos.

—Bree, querida, Edward ha insistido durante mucho tiempo en hablar conmigo, y quiere organizar una cena. ¿Quién lleva la agenda? ¿Bella o tú?

—Por supuesto que yo, Sra. Lauren —asintió Bree.

Bella observó a Lauren con una mirada casi letal, levantando una ceja bien perfilada, la interrumpió.

—Yo me encargaré, Bree, no hay problema.

Bree asintió, sintiendo la tensión en la habitación, se alejó con rapidez, dejando a las dos mujeres solas, la mirada filosa de Lauren se posó sobre Bella y le sonrió con arrogancia.

—¿Cuándo estás libre? Haré la reserva del restaurante.

—Tengo dos noches libres esta semana, una es hoy pero como es su cumpleaños, lo más probable es que tengan planes.

Bella apretó los labios, y contra todo el dolor que sentía, negó rápidamente, desviando la mirada.

—No, no hay problema. Sabes que a Edward no le gusta celebrarlo.

—¿Y no será un problema para ti? —replicó la rubia, sin ocultar la satisfacción que claramente sentía.

—¿Por qué debería serlo? —Bella le sonrió abiertamente—. Si estuviera celosa de cada mujer con la que cena Edward, él no se enamoraría de mí, ¿verdad?

Si eso había sido un golpe bajo para Lauren, no lo demostró y nunca bajó su sonrisa engreída.

—Hoy a las ocho de la noche, ¿te parece bien? —sugirió Bella.

—Está bien, querida.

—Bien.

—Gracias —canturreó Lauren, dándose la vuelta y alejándose.

—No hay de qué —replicó Bella con amargura.

Después de esa breve interacción, ella no se sentía con ganas ni fuerzas de estar cerca de Edward, así que decidió trabajar sola en la habitación, aunque de poco servía, pese a eso, no dejaba de observarlo a través de la pared de cristal. Cada vez que lo hacía, él atrapaba su mirada y ella simplemente le huía.

No podía soportar observarlo, sus rasgos duros y hermosos, y aquella mirada que parecía que solo le daba a ella… Bella sacudió la cabeza, sin duda estaba recibiendo mal las señales. Edward no podía sentirse así por ella, porque él simplemente amaba a otra mujer. Y ella solo era alguien que estaba soñando demasiado.

Por otro lado, Edward no podía soportar más esa situación, no entendía que estaba pasando con ella, cuando simplemente ayer le había compartido uno de los momentos más importante de su vida. Se acercó decidido. Tan pronto entró a la habitación, comprobó sus sospechas, ella estaba huyendo de él.

Bella se quedó a medio camino, y Edward la miró fijamente.

—¿Qué está pasando? —le preguntó, Bella le sonrió vagamente y se encogió de hombros—. ¿Cuál es tu problema?

—Ninguno.

Edward no se lo creía, por supuesto.

—¿Qué pasa contigo? ¿Por qué estás tan distante?

—Fuiste tú quién me gritó que me alejara de ti, ¿no? ¿No es eso lo que querías?

Él bufó, negando suavemente con la cabeza, su rostro lleno de incredulidad, sin embargo, no la juzgaba ni era difícil comprender su razonamiento. Él siempre alejaba a las personas, y Bella no iba a ser una excepción.

—Bien. —asintió—. ¿Qué escribiste en la nota de Lauren?

—«Haces mi vida más hermosa con tu presencia». —Edward frunció el ceño, sintiendo que, de pronto, había tragado plomo. Era exactamente como él se sentía, pero no por Lauren—. ¿Ha sido muy exagerado?

—No, para nada. Escribiste bien.

Por el amor, por el cariño que estaba naciendo dentro de su corazón hacia ese hombre, hacia ese robot sin sentimientos… Ella decidió tragarse el nudo en su garganta y se obligó a no derramar una lágrima.

—Lauren está enamorada de ti. —ella le sonrió—. Solo debes comenzar a darle confianza.

—¿Darle confianza?

—Todos esos falsos cumplidos que me das, los gestos románticos… las miradas profundas, todo tu falso romanticismo hacía mí, lo quiere para ella.

Edward se sentía herido. Sentía que de pronto lo habían tirado al abismo, no sabía cuánto podían doler las palabras hasta este momento.

—Puedes irte, Bella —espetó.

—Me voy, Sr. Edward. —asintió saliendo de la habitación, sin darle una segunda mirada.

Señor… —repitió Edward para sus adentros.

Él la vio alejarse, observando su delicada figurada parada a unos metros de él, y supo entonces que simplemente esto estaba destinado a ser de esta manera. Se había estado engañando a sí mismo, pensando que quizá esto iba a ser diferente, pero… no era así.

Mientras tanto, Bella se repetía una y otra vez que estaba haciendo lo correcto, él merecía estar con la persona que amaba, merecía aquel amor que lo consumiera, y lo quería lo suficiente como para seguir lastimándose a sí misma, ni siquiera le importaba la beca realmente. ¿No era eso el amor?

X – X – X

Más tarde, ese mismo día, Bella tomó sus cosas, incluida la caja azul que había encontrado en su lugar y se acercó a Edward, que estaba parado afuera en el patio haciendo algo en su celular.

—¿Tienes un momento? —preguntó tímidamente.

—Sí —asintió, bloqueando la pantalla de su celular, sin embargo, no levantó a mirada para verla, siguió observando al frente.

—Hice una reserva para ti y Lauren.

—Genial, ¿cuándo es? —inquirió.

—Esta noche… —susurró sonriendo— a las ocho.

—¿Está noche? —repitió Edward mirándola con incredulidad. Bella asintió, y se puso nerviosa ante su mirada.

—Si no necesitas nada más, ya me iré.

—Sabes que esta noche es mi cumpleaños, ¿verdad?

—Lo sé. —Edward bufó y apartó la mirada, enfadado—. Pero hablé con Bree, ella me dijo que no te gusta celebrar y ni siquiera te gusta que te feliciten.

«Pero lo esperaba de ti, Bella. Es lo único en lo que he podido pensar todo el día». Edward suspiró.

—Pero si quieres, lo puedo cancelar —sugirió. «Por favor di que sí, por favor di que sí»,pensó Bella. Edward se encogió de hombros y ella le sonrió de manera sugerente—. Tal vez quieres hacer planes con alguien más.

—No, creo que lo hiciste bien.

Bella se bajó rápido de la nube en la que se había montado y apretó los labios en una sonrisa falsa.

—Así Lauren se dará cuenta.

—¿De qué?

—Que la eliges a ella. —Edward la miró—. El mensaje correcto es que decidiste pasar tiempo con ella en tu cumpleaños.

—Entiendo —«No, no lo entiendo»—. Si no hay nada más que puedas hacer, puedes irte.

—Gracias —susurró Bella, dándole una última y dolida mirada, que él no vio porque ni siquiera era capaz de mirarle a la cara.

Todos se habían ido, el único que quedaba junto a Edward era Jasper, eso era simplemente porque no podía dejarlo solo en un día tan especial, pese a todo lo que decía Edward.

—Hermano, hoy es tu cumpleaños —le dijo mientras cerraba de golpe su portátil—. Al menos, por hoy… Está bien, no quieres celebrarlo, pero, ¿podrías dejar de trabajar? Relájate.

Edward carraspeo y asintió con lentitud.

—Bueno, está bien. Tienes razón.

Jasper se confundió.

—¿Tengo razón? —repitió sorprendido.

—Mhmm… esto no volverá a pasar, así que disfrútalo.

—¡Ven acá! ¡Relájate! —le dijo Jasper con una enorme sonrisa, poniéndose cómodo en el sillón—. Escucha…

—¿Qué?

—No sé qué está haciendo Bella contigo… no tengo ni idea. Pero lo está haciendo muy bien.

A Jasper se le borró la sonrisa tan pronto vio las facciones de Edward neutralizarse, él esperaría por lo menos una sonrisa, no esa expresión amarga.

—¿Qué pasa? Tú y Bella no están teniendo problemas, ¿verdad?

Edward abrió la boca, y la volvió a cerrar, nunca había sido precisamente bueno en comunicarse con los demás, pero su mente le pedía a gritos hablar.

—Hoy es mi cumpleaños. —dijo.

—Sí.

—Y yo… —carraspeo, las palabras luchando por salir— pensé ella estaba organizando algo para esta noche, para los dos —añadió encogiéndose de hombros—, pero no es así.

—Bueno, hermano… no sé, quizás ella no hizo nada porque sabe que no te gusta celebrarlo. —le tranquilizó.

—No, ella simplemente no ha querido —negó Edward, conocía a Bella, la conocía tan bien que, si ella de verdad hubiera tenido la intención, las objeciones que él le pusiera no hubieran importado, simplemente lo hubiera hecho y ya.

—¿Por qué no iba a querer? Además, si tú quieres celebrarlo, pues entonces díselo. ¿Te vas a morir por apartar tu orgullo por un día?

—Jasper, esta noche… esta noche —recalcó— es mi cumpleaños. Y me preparó una cena con Lauren. Sí, entiendo que tiene que hacerlo, lo sé, pero…

Se detuvo abruptamente al ver la cara de póquer de Jasper.

—¿Por qué dices que tiene que hacerlo?

Edward titubeo por un momento, su mente se había quedado completamente en blanco, y la mirada de Jasper no ayudaba.

—Porque… es mi asistente —le dijo finalmente—, ella se encarga de organizar mi trabajo.

—Bella es tu asistente —asintió—, pero también es tu prometida. Probablemente está celosa. ¿Qué más podría ser?

—Eso no tiene ningún sentido. ¿Por qué haría eso si está celosa? —inquirió, la sola idea le parecía absurda.

—Siempre dijiste que no entendías a las mujeres. —le recordó Jasper, ni siquiera él era capaz de entenderlas, para ser honestos—. Tienes que entender cómo piensan, porque ella estará convencida de que lo que hace tiene sentido.

Edward levantó la cabeza y lo miró con incredulidad.

—¿No es así? —preguntó Jasper.

Edward lo observó sin responder.

—¿Qué?

—Muchísimas gracias por esta conversación tan reveladora, Jasper. —su voz cargada de sarcasmo—. Ahora estoy más confundido que antes.

—Bueno, piensa en esto, incluso si las mujeres están muy celosas… a veces, pueden comportarse como si no lo estuvieran en lo absoluto.

Edward bufó y se preguntó de dónde sacaba él tales conclusiones.

—Mira, Rosalie me ha dado unos consejos al respecto —explicó Jasper y Edward levantó una ceja—. ¿Qué?

—¿Rosalie?

—Sí, hermano, ella es abogada y entiende sobre esto —se defendió.

Edward intentó no sonreír, sin embargo sus ojos brillaron y lo miró de manera sugerente.

—Rosalie, la rubia.

Jasper asintió.

—¿Y esos consejos te los da muy a menudo? —preguntó Edward con burla, mientras se levantaba del sillón.

—Eres muy injusto.

—Jasper, no pudiste explicarme nada.

—Bueno, pero estos son problemas muy comunes —señaló, mientras Edward negaba suavemente y se alejaba hacia el interior de su casa.

—Gracias, Jasper —se despidió.

—¡Volverás a pedirme consejos sobre mujeres!

X – X – X

—¿Sabes lo que ha hecho tu amiga? —preguntó Ange señalando con la cabeza a Bella. Se encontraban sentadas en el patio de su casa, tomando un poco de té junto a Leah—. Lauren y Edward van a cenar hoy. Y adivina quién organizó la reunión… Nuestra querida amiga Bella.

Bella asintió sonriendo con falsedad.

—¿Estás loca? —añadió Ange.

—Si estás utilizando la psicología inversa, debes saber que los hombres no se enteran de nada —le dijo Leah.

—Piensa en esto como una prueba de confianza —sugirió Bella—. Yo digo que ellos son solo amigos, si hay algo entre ellos hoy lo sabremos. Si pasa algo, entonces tendría que ser así.

—Bueno sí, quizás tengas razón —aceptó Ange, antes de fruncir el ceño—, pero tampoco tienes que entregarle a Edward como un regalo. ¿Entiendes eso?

Ahora Bella se sentía agobiada, porque Ange tenía razón, pero al final, lo único que quería era ver a Edward feliz.

—Si has creído eso de si vuelve es para mí, entonces estás muy equivocada —señaló Leah, Bella rodó los ojos—. Si dejas ir a los hombres, ellos se irán. Si están felices, no volverán.

—Me esforcé tanto —se quejó Bella—, pero no pude encontrar algún lugar donde Edward y yo pudiéramos ir. ¿Qué iba a hacer? ¿Querían que lo invitara a cenar aquí? —cuestionó.

Leah asintió rápidamente.

—¿Lo dices por esa obsesión que tiene por la salud? —preguntó Ange, Bella suspiró—. Oye, ¿y si lo llevas a comer sopa en nuestro lugar favorito?

—Se sabe de memoria los nombres de todos los restaurantes elegantes —respondió Bella con aburrimiento—. Aunque no podrá encontrar una sopa como la de Bilal. —asintió.

—Por eso eres tan hermosa. ¡Eres original! —la halagó Leah con una sonrisa—. Y a quién no le guste, entonces se puede ir.

Ange asintió con solemnidad.

—Tanto hablar de sopa, me ha dado hambre —se quejó Bella con un puchero—. ¿Podemos ir al restaurante de Bilal? ¿Alguien quiere ir? —suplicó.

—Me gustaría, pero tengo muchas cosas que hacer —declinó Leah con pesar.

Bella miró a Ange.

—Yo estoy a dieta, no puedo —negó, y Bella entrecerró los ojos con sospecha.

—¿Y quién se ha tomado toda la limonada? —preguntó Bella. Leah la miró de cerca esperando una respuesta.

—Ha… sido un accidente —explicó con nerviosismo—. Lo he olvidado. —hipo—. Me están presionando mucho —hipo—. ¡Me arrepiento! —hipo.

—¿Quieres un poco más? —sugirió Bella.

—Sí, claro —asintió Ange, antes de detenerse abruptamente y fruncir el ceño con reproche.

Bella y Leah empezaron a reírse.

X – X – X

Mientras Edward esperaba sentado a que llegara Lauren, se dio cuenta que Bella se había lucido con el restaurante que había elegido, y la ubicación de la mesa. La noche era cálida y la vista era espectacular.

Él suspiró, y sin poder evitarlo su mente le arrojó aquellas palabras que Bella había dicho el primer día de conocerse.

«Sí, para enamorarse de un lugar solo basta con ver el mar, me atrae cada vez que lo miro.»

Estaba tan atrapado en sus recuerdos, que ni siquiera se dio cuenta que Lauren se encontraba parada frente a él, con una sonrisa radiante.

—¿No te hice esperar, verdad? —preguntó Lauren sentándose.

—No —negó Edward despreocupado, sin despegar la mirada del horizonte—. Disfrutaba de la hermosa vista al mar.

Lauren se giró sin entender qué es lo que lo tenía tan hipnotizado.

—Tenemos mucha suerte de poder ver el mar con solo levantar la vista —continuó Edward con una pequeña sonrisa—, ¿no crees?

—Siempre vienes aquí —señaló Lauren confundida—. ¿Acaso no lo ves todo el tiempo?

Edward estaba presente físicamente, sin embargo, su mente no dejaba de girar en torno a Bella.

«No puedes memorizar un paisaje. Algo siempre está cambiando, no lo sé… las nubes, la luz, o un barco que pasa… no lo sé, mira, echa un vistazo. ¿Todo es igual que siempre?».

Lauren apretó los labios antes de suspirar y extender la mano hacia él, entregándole un pequeño libro.

—Feliz cumpleaños, es de tu padre —añadió con una suave sonrisa.

Edward lo tomó y alzó las cejas, no le sorprendía.

—Dale las gracias —asintió—. El Principito, primera edición… Y como siempre, no ha querido dármelo en persona. —dejó el libro a un lado—. Tiene miedo de que nos acerquemos demasiado.

—Eres muy injusto —comentó Lauren con tristeza, antes de sonreír y sacar otra caja—. Y este es mi regalo.

—Me pregunto qué es —inquirió Edward, su voz cargada de sarcasmo pasivo, abrió con lentitud la caja y se rio para sus adentros, por supuesto—. Un reloj.

Lauren le sonrió emocionada.

—Muchas gracias, es una hermosa elección —asintió Edward, antes de carraspear incomodo—. ¿Y qué más hablaste con mi padre?

—Tu padre dijo que era hora de entregarnos la empresa —Edward bufó mirando hacia otro lado—. Está un poco indeciso, de que podamos trabajar juntos.

—No sé que duda pueda tener, llevamos años trabajando juntos.

—Lo que más le preocupa son nuestras relaciones, con Bella y Emmett —señaló.

—Bella y Emmett no tienen nada que… disculpa, me corrijo… Bella no tiene nada que ver con la empresa.

—No, pero Emmett sí —puntualizó Lauren.

—Sabes, seré honesto contigo —recargó los codos sobre la mesa, y la miró fijamente—. A veces pienso que estás saliendo con Emmett solo para volverme loco.

—Pues yo creo que te estás volviendo loco porque rompí contigo y empecé a salir con él —contraatacó Lauren, sus ojos azules fríos como el hielo—. Porque a Edward Cullen no se le deja, es él quien te deja.

—Lauren, por favor —arrastró las palabras, y la miró sin parpadear, su mandíbula apretada—, ten mucho cuidado con lo que dices.

—Edward, tú has reconstruido tu vida. —él asintió—. Pero no quieres que yo haga lo mismo. ¿Qué clase de egoísmo es ese?

—Escucha, Lauren, si no vas a terminar tu compromiso con Emmett, entonces tendré que pedirte que me vendas tus acciones de la empresa.

—Debes estar bromeando —Lauren se rió entre dientes, su pequeña risa cargada de nervios.

—No. —Lauren palideció—. Así que, o me vendes tus acciones por las buenas, o te las compraré yo por las malas.

—¿Por qué eres tan cruel? —respondió Lauren en su lugar, no podía creer el rumbo que había tomado la conversación, había venido aquí con la esperanza de arreglar todo con Edward, y resultó lo contrario.

—Lauren —la miró sin titubear—, Emmett es amigo de Riley Biers. ¿Conoces a Riley Biers? Sabes el daño que es capaz de hacer, además, sinceramente… Emmett no te conviene.

—Primero que nada, confío en Emmett. —Edward se rio entre dientes—. Y, en segundo lugar, eres el menos indicado para decirme quién me conviene.

—¿Qué significa eso?

—¿De verdad crees que a ti Bella te conviene? —Edward tragó pesadamente—. Sé sincero.

—No, tienes razón —negó suavemente—. Más precisamente, yo no soy el indicado para ella. Lo más probable, es que ya haya comenzado a cansarse de mí… o ya se haya cansado —señaló.

Lauren se quedó callada sin replicar nada, nuevamente, no esperaba que la conversación fluyera así.

—Como sea —suspiró Edward—, pidamos algo de comer.

Una llamada entrante a su celular los interrumpió, Edward se disculpó y atendió la llamada.

—¿Diga? —preguntó.

—¡Hola cuñado! ¡Feliz cumpleaños! —saludó una voz cantarina.

—Angela —respondió Edward sonriendo abiertamente—. Gracias.

—Le dije a Bella que te hiciéramos la mejor fiesta del mundo, pero ella ha dicho que eso no te gusta en lo absoluto. Pero solo será esta vez —prometió—, porque el año que viene y el siguiente, no vas a huir de mí. Haré una fiesta para que no lo olvides jamás.

Edward estaba sonriendo tanto, que sus ojos se iluminaron y sus mejillas se enrojecieron. No se esperaba esa llamada, ni la enorme felicidad que sintió al recibirla.

X – X – X

No era así como Bella había planeado este día, ella había esperado que estaría a esta hora, sentada en algún lugar junto a Edward, quizá tomando algo, comiendo, riendo… entregándole el regalo que tanto le había costado elegir.

Sin embargo, no se podía quejar, ella había sido la mente maestra detrás de todo, y al final, la sopa que estaba comiendo estaba demasiado buena como para entristecerse por aquello que no era posible.

Pero la vida siempre da unos giros inesperados, nunca funciona de la manera en la que nosotros esperamos, así que por supuesto que su corazón se detuvo cuando la silla frente a ella fue arrastrada hacia atrás, y Edward Cullen se sentó con una suave sonrisa.

Bella se controló rápidamente, no dejó que aquella sonrisa torcida la desorientara más, así que lo miró expectante.

—¿Qué estás haciendo aquí? —entrecerró los ojos y miró a su alrededor—. ¿O también conoces este lugar?

Bella se rió divertida.

—¡El gran Edward Cullen está en un restaurante de barrio! —exclamó alzando las manos—. No es algo creíble.

—Angela me dijo —explicó, sin apartar la mirada ni un segundo, aquella vista, era de las más preciosas para él—. Las sopas aquí son muy deliciosas, y yo quería comer.

Bella recargó la mejilla sobre su mano y lo miró confundida.

—¿Por qué tienes hambre? —cuestionó con curiosidad—. ¿No cenaste con Lauren?

Edward sonrió divertido.

—Sí —suspiró y recargó los antebrazos sobre la mesa, inclinándose más hacia ella—. Pero como dijiste, esos restaurantes de la alta sociedad, solo alimentan tus ojos.

—Quién sabe cuánto pagaste allí, pero todavía tienes hambre —se burló Bella.

—Además estuve pensando que... debería estar con mi prometida en mi cumpleaños, sino los demás comenzarán a sospechar algo, ¿no?

«Excusas, Edward, simples excusas»,se dijo a sí mismo.

Bella sonrió con suavidad, estaba atrapada en la calidez de sus ojos verdes, en sus facciones relajadas y tranquilas, en esa pequeña sonrisa que parecía no abandonarlo nunca.

—¿Qué estás tomando? —preguntó señalando su plato.

—Sopa Terbiye* —le dijo enderezándose, aún le costaba creer que lo tenía frente a ella—. Está deliciosa, deberías probarla. No te envenenarás —añadió apresuradamente—, así que no tengas miedo, este lugar es muy limpio.

—Creo que con lo que hemos experimentado en el mercado —le recordó sonriendo— he fortalecido mi sistema inmunológico.

Bella sonrió feliz, y lo vio ordenar el mismo platillo que ella. Edward no dejaba de observarla, y ella se sintió cohibida por un momento, un silencio cómodo se estaba instalando, si lo dejaba continuar ella simplemente se iba a quedar atrapada en sus ojos verdes.

—¿Y? —preguntó—. ¿Cómo te fue con Lauren?

—Bien —asintió rápidamente, Bella se arrepintió de haber preguntado—. Muy bien. Y el restaurante que elegiste es cuatro de cuatro, así que gracias.

—¿Cuatro de cuatro? —replicó Bella alzando una ceja. Edward asintió—. ¿Por eso estás aquí?

Edward se rio ante la mirada de triunfo que adornaba el rostro de Bella.

—Su sopa, señor —le dijo el mesero, colocando el plato frente a él—. Disfrute su comida.

—Gracias. —murmuró Edward, Bella se sonrojó al ver que la seguía observando fijamente, quizá ella tenía una gran mancha en la cara y no se había dado cuenta, pensó.

Edward apartó la vista el tiempo suficiente para observar su comida.

—¿Empezamos por el limón, verdad? —le preguntó sonriendo, Bella asintió.

Edward exprimió el limón sobre su sopa, sus ojos aun puestos sobre ella, siempre sobre Bella. Ella sonrió divertida, y tomó su cuchara al igual que él, empezando a comer.

Y así es, como a veces la vida toma un giro completamente inesperado, en la dirección correcta, y este termina cambiando completamente tu vida, sin siquiera darse cuenta.


Sopa Terbiye* básicamente es una sopa de huevo y limón, y es considerado uno de los más ricos, para paladares acostumbrados a los sabores intensos, eso sí.


Merhaba!

Decidí dejar la escena más linda para el próximo capítulo, ya que se avecinan momentos difíciles y tormentosos para nuestra frágil pareja. ¡Preparen pañuelos, y no quiero que me crucifiquen a cierto personaje!

Espero puedan dejar un pequeño review hoy, motívenme, no sean crueles.

GRACIAS ESPECIALES E INFINITAS A ANNIE.

El martes les dejo un adelanto en el grupo. ¡Nos leemos!

Con cariño, Ame y Annie.