Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.
Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.
"Un corazón roto es todo lo que queda.
Todavía estoy arreglando todas las grietas,
Perdí un par de piezas cuando lo llevé a casa.
Tengo miedo de todo lo que soy.
Mi mente se siente como una tierra extranjera,
Silencio sonando dentro de mi cabeza.
Por favor, llévame a casa."
~Arcade.
Capitulo 22.
Bella suspiró satisfecha y se recargó en el respaldo de la silla, frotándose su abdomen con una sonrisa burlona.
—¿Y bien? ¿Quedaste satisfecho?
—Mucho —afirmó Edward devolviéndole la sonrisa.
Después de diez minutos discutiendo quien debía pagar la cuenta, finalmente se levantaron. Edward era terco, pero Bella lo era el doble y terminó pagando en honor a su cumpleaños. Él quiso preguntarle sobre su regalo, pero se mordió la lengua y la acompañó a su camioneta.
Edward descubrió, entonces, que debería trabajar más en su autocontrol.
—¿Me compraste un regalo? —Bella lo miró sorprendida—. Angela me lo dijo —aclaró rápidamente.
—Me sorprendería si Angela no hubiera dicho nada… Es algo pequeño —explicó Bella nerviosamente, no quería darle expectativas y ver la decepción en su rostro, eso le dolería mucho—. Se verá un poco divertido al lado de los regalos que te dan, así que olvídalo.
—Estoy pidiendo mi regalo —insistió Edward—, ¿puedes dármelo?
—Siéntate —ordenó Bella señalando las escaleras—. Está en el carro, lo traeré.
Edward observó el piso con conflicto, mientras un listado enorme de gérmenes y bacterias pasaban a toda velocidad por su cabeza, decidió ignorar esa voz y se sentó, estaba demasiado emocionado como para darle mucha importancia.
La observó con curiosidad mientras ella se acercaba con una caja de un generoso tamaño y un cupcake en la otra mano.
—Toma, es tuyo —Bella le sonrió y Edward tomó la caja con una sonrisa, mientras Bella se sentaba a su lado.
—¿Y eso? ¿Es un pastelito? —preguntó tratando de sonar casual.
—Sí. —asintió emocionada—. Sé que no comes dulces, pero este es el mejor pastelito de mundo.
—Te creo —sus ojos brillaban mientras la veía encender la pequeña vela del pastel.
—Feliz cumpleaños —le susurró con la mano extendida entre ambos, acercándole la vela al rostro—. Pide un deseo, algo que realmente quieres, eso que no puedes tener. O algo que te preocupe...
—Bella… Shh… —la interrumpió, mirandola y colocando los dedos sobre sus labios en señal de silencio.
Bella lo miró expectante y entonces él sopló con delicadeza la pequeña flama saltante, el corazón de ella tartamudeo. Se miraron por un momento fugaz.
—El regalo —comentó Edward agarrando la caja y quitándole el elaborado listón junto con el pequeño ramito de flores.
Se sentía como niño en navidad, se sentía como cuando abría los regalos junto a su hermano… hace tantos años que no se sentía tan feliz y emocionado. Finalmente abrió el regalo y no pudo hacer otra cosa más que sonreír cuando lo vio.
—Bueno, estuve pensando… ¿Qué se le puede comprar a una persona que lo tiene todo?
Edward sacó la esfera y la admiró.
—Así que me compraste el mundo entero, ¿verdad? —le sonrió mientras sopesaba en su mano la pequeña esfera.
Bella asintió, se sentía demasiado nerviosa, aún le costaba muchísimo descifrar las verdaderas emociones de Edward.
—¿Te gustó?
Él continuó apreciando su regalo, lentamente lo regresó a la caja junto con las demás piezas. Se había quedado sin palabras, era la primera vez en años que realmente se sentía feliz en esta fecha.
Se inclinó lentamente hacia ella, su aroma a adormeciendo sus sentidos, y sus labios acariciaron con suavidad y ternura su delicada mejilla, Bella cerró los ojos por un momento, embriagándose de su cercanía.
—Gracias —le dijo Edward honestamente.
Ella asintió y lo miró sin decir nada, él podía sentir la calidez de su piel rozándole su pierna y aún sentía el cosquilleo del pequeño e inocente beso en sus labios, su ritmo cardiaco en definitiva estaba por los cielos.
—Tu auto… es… ¿Cómo? Eso… —Edward tartamudeo, en su cabeza, las palabras habían fluido perfectamente.
—¿Qué? —preguntó Bella riendo.
—¿Funciona? ¿Lo arreglaste?
—No —negó divertida—. No quiero arreglarlo. En mi opinión, cada parte funciona bien, me da pena cambiar algo.
—Entiendo. —asintió—. Haremos esto, mañana por la mañana pasaré a tu casa a buscarte, y juntos iremos a Sile, a un asunto de trabajo —explicó.
—Bueno, por supuesto.
—Bien.
Se quedaron un momento en silencio, antes de que Edward frunciera el ceño y carraspeara suavemente.
—Te preguntaré algo —le dijo.
—Pregunta.
—Tú… —la miró con curiosidad—. ¿Por qué sigues trabajando en la floristería?
—Es mi pulsera de oro —Edward la miró sin comprender—. Me recuerda quién soy. Además, cuando termine el contrato, regresaré ahí. ¿Por qué no seguir trabajando?
—Lo estás haciendo bien, tienes razón —asintió mirando el piso, antes de mirarla y negar suavemente—. Gracias por todo.
—Feliz cumpleaños nuevamente. —Bella le sonrió radiante.
—Buenas noches, Bella Swan.
—Buenas noches, Edward Cullen.
Edward recogió su regalo y Bella le extendió el pequeño pastelito.
—Creo que deberías quedártelo —le dijo él, guiñándole un ojo.
—Chocolate —respondió Bella, emocionada.
—Para ti.
Edward la acompañó a su camioneta y se despidieron en silencio. Él esperó hasta que ella hubo avanzado para irse también, con una cálida sensación recorriendo su cuerpo.
Más tarde esa noche, Bella envuelta en una colcha y sentada en la terraza de su casa, degustaba con los ojos cerrados los chocolates que él le había regalado y mientras ella suspiraba con felicidad, Edward miraba con una sonrisa en los labios el regalo que ella le había hecho, una especie de lámpara ovalada, en la cual en el centro se situaba el pequeño mundo flotando debido al mecanismo del aparato, suspiró profundamente y lo observó.
—Conoce los nombres de todas las estrellas —Bella suspiró cerrando los ojos antes de mirar a Rosalie, quién había llegado a visitarla—. Sabe de mitología… huele muy bien.
—¿Te has enamorado de Edward?
Un escalofrío le recorrió el cuerpo, y negó suavemente, contradiciendo a la verdad que gritaban sus ojos.
—No puedo. No puedo, Rosalie. —negó nuevamente—. No estoy enamorada de Edward. No puedo, porque no debería. Solo son dos meses y ya ha pasado uno. Tengo que ser fuerte, y aguantar.
—¿Y podrás hacerlo? —replicó su amiga.
Bella bufó y de mordió el labio.
—Cada día me lo recuerdo a mí misma… además, a Edward no le gusta que esté cerca de él.
—Pues no te acerques, ¿qué más da? —Rose suspiró mientras jugaba con un mechón de cabello—Es un hombre inteligente, atractivo, exitoso, un buen arquitecto… —se encogió de hombros—, pero es una persona normal, como el resto de los hombros
—Sí, una persona normal —Bella rodó los ojos—. Me mantendré alejada de él.
—Puedes hacerlo —le alentó.
—Lo haré.
Rosalie no pudo evitar verla con ternura, notaba lo difícil que era para ella decir aquellas palabras decisivas, Bella tenía que recorrer un camino con demasiadas turbulencias, y Rose lo sabía.
X – X – X
—Tengo que apurarme —comentó Bella desayunando rápidamente—: voy a ir a Sile… y si llego tarde, me estará molestando todo el día.
—¿Por qué no te lleva mi cuñado? —replicó Ange confundida.
—No, porque tardaría mucho ir y venir, tiene mucho trabajo y puedo ir yo sola.
—Tiene razón —asintió Rose—, no hace falta que estén juntos todo el día.
—Estoy de acuerdo —Maggie le sonrió.
—Ojalá yo tuviera a alguien que me viniera a buscar en su coche —suspiró Ange apoyando la mejilla en su mano—, que me llevara… y me trajera… y me llevara…
—Yo te llevaré al trabajo —replicó Bella mirándola con incredulidad. Todas empezaron a reír.
—Mi querida Bella —le lanzó un pequeño beso—, te quiero mucho, pero no me estaba refiriendo a eso.
El celular de Bella y Ange empezaron a sonar al mismo tiempo, Bella miró sorprendida una videollamada entrante de Edward y se alejó rápidamente de la mesa, al igual que Ange.
—Estoy en camino, prepárate —saludó Edward.
—No vengas.
—¿A qué te refieres con eso?
—Iré en mi camioneta —explicó con aburrimiento—, llevaré a Angela al trabajo.
—No la lleves —replicó Edward.
—Es imposible.
—Es una tontería ir por separado.
—Lo sé —se encogió de hombros—. Nos vemos más tarde.
Bella colgó sin esperar una respuesta y se volvió a sentar en la mesa, miró a su amiga con curiosidad.
—¿Con quién hablaste? —le preguntó.
—Con un amigo del trabajo —replicó rápidamente, con el corazón acelerado y un pequeño hipido la delató.
—¿Y quién es él? —inquirió Leah entrecerrando los ojos.
—Nos conocimos recientemente —hipido—, únicamente hablamos.
—Quiere guardar el secreto, pero nos lo acabará contando —comentó Leah rodando los ojos.
—¿Es el que conociste por internet? —preguntó Maggie.
Todas miraron a Angela confundidas, mientras ella empezó reír sonoramente.
—¿Qué cosas dices? Yo no hago esas cosas —negó y se levantó con rapidez tomando su bolso—. ¡Bueno, me voy! ¡Buen provecho!
—¿No se suponía que debía llevarte? —le gritó Bella confundida y divertida, pero Ange ya iba saliendo de la casa.
—¿Se dan cuenta que está evitando esta conversación? —inquirió Rose.
Bella se rió divertida ante la situación mientras se colgaba su pequeño bolso.
—Yo también me voy —se despidió.
—Pero no has desayunado —señaló su tía con molestia.
—Pero tengo que ver si arranca el coche —respondió.
—Arréglalo ya. —suplicó Maggie, y Bella la miró con una ceja levantada.
—Arréglalo tu, tía.
—¿Yo?
Bella asintió, y su tía alzó las manos en símbolo de rendición, por un momento se había olvidado lo protectora que era su sobrina con aquel pedazo de chatarra.
—¡Te he echado mucho de menos, pequeñín! —canturreó Bella mientras iba en camino, el aire entrando por la ventana—. No hay otro coche como tú.
Su sonrisa se borró lentamente cuando recordó el éxtasis de adrenalina que sintió cuando manejó por primera vez el convertible de Edward.
—¿Para qué quiero un descapotable? —bufó rodando los ojos—. ¡Son ridículos!
Pero por supuesto, su camioneta sin duda no había olvidado semejante traición, y a los pocos segundos empezó a sacudirse erráticamente.
—Oye… vamos —suplicó—. Te amo de muchas maneras distintas, lo sabes. Siempre regreso a ti, venga.
Bella bufó con frustración cuando sintió que solo le quedaban segundos antes de que su traicionera amiga se fuera a dormir una larga siesta, aparcó rápidamente en el primer espacio que vio y miró con pesar la carretera.
Se bajó y cerró los ojos cuando vio la llamada entrante en su celular.
—Bella, ¿dónde estás? —inquirió Edward—. Tendrías que haberme alcanzado ya, llegaremos tarde.
Bella aporreo la puerta de su coche con recriminación.
—No podré alcanzarte, se me ha averiado el coche… pero lo arreglaré —añadió rápidamente—. Tu sigue, ya llegaré… ¿Hola? ¡¿Hola?!
Edward le había colgado, por supuesto, estaría enfadadísimo con ella, que no querría ni escucharla. Suspiró y decidió llamarle a la grúa, definitivamente había perdido la batalla con su fiel compañera… los minutos pasaban, y su desesperación crecía.
Bella escuchó el familiar y suave ronroneo del coche de Edward y cerró los ojos con fuerza, antes de abrirlos y verlo estacionado a un costado de su camioneta.
—¿Por qué viniste? Llamé a una grúa.
—¿Qué estás haciendo? —replicó Edward mirándola a través de sus gafas oscuras—. Por no querer ir en mi coche, mira lo que ha pasado.
—Quería conducir yo —se defendió—, ¿qué más da?
—Quieres conducir un coche que sigue averiado —repitió Edward asintiendo lentamente—. ¿Es en serio? Es verdad que estás loca.
—¡Pues discúlpame si te he hecho perder tu valioso tiempo! —exclamó Bella con su voz cargada de sarcasmo—. Vas a llegar tarde al trabajo por mi culpa.
—Me da igual perder el tiempo. Estás poniendo en riesgo tu vida.
Bella se sintió apreciada, y por un momento estuvo a punto de olvidarse que, en realidad, debía alejarse de él, por suerte para ella, recobró sus sentidos y lo miró enfadada.
—¿Por qué siempre interfieres en todo? —le preguntó.
—Ah, ¿estoy interfiriendo en tu vida?
—Quieres controlar todo, y no te gusta nada de lo que hago. ¡Estás tratando de controlarme! —insistió Bella.
—Porque no tienes control, ¿de acuerdo? ¡Donde sopla el viento, ahí estás!
—¡Interfieres en mi salud, controlas hasta cuando duermo, y ahora incluso con el coche!
—Y lo seguiré haciendo —afirmó Edward obstinadamente.
—¡No puedes intervenir!
—Voy a intervenir.
—No lo harás.
—Lo haré. —Bella lo miró enojada—. Mientras estés conmigo, no permitiré que te pase nada, ni que seas tú misma quien ponga en riesgo tu propia salud, ¿entendido?
Bella asintió y se cruzó de brazos, mirándolo retadoramente.
—¡Además, hemos firmado un contrato! —le recordó Edward—. Una vez que expire el contrato, haz lo que quieras.
—¡No sabes cuánto deseo que se acabe ya el contrato! —chilló Bella enfadada, después de escucharlo hablar por teléfono y ordenar que recogieran su coche y le hicieran una reparación completa.
—¡Bravo! —halagó Edward sarcásticamente—. Al menos he conseguido que tengas algo claro en la vida, ya falta poco para que termine.
Bella lo miró con desprecio mientras cerraba la puerta de su camioneta después de haber recogido sus objetos personales.
—¿Qué hago con las llaves de coche? —preguntó con amargura.
—Dámelas.
Se subió al coche de Edward enfadada, sin voltear a ver qué haría con ellas y cerró la puerta de golpe.
—Diles que cuiden bien mi coche —exigió.
Edward la ignoró.
X – X – X
Después de un viaje en silencio, finalmente habían llegado a la locación… y Bella miró maravillada la hermosa vista frente a ella, con la brisa marina acariciándole el rostro. Al mirar a Edward, encontrándolo devolviéndole la mirada con una pequeña sonrisa, todo su enfado desapareció.
—¿Qué te pasa? —le preguntó Edward cuando ella alejo la mirada.
—Dijiste que me iba a encargar del diseño del paisaje —le recordó, y él asintió—. Dijiste que confiabas en mí… ¿Cómo lo voy a hacer? No he acabado la carrera, otro no me dejaría ni diseñar un simple balcón, y tendría razón.
Edward suspiró y asintió quedamente.
—Pero tú, dijiste que confiabas en mí —continuó—. ¿Por qué dijiste eso?
—Por supuesto, no lo harás tu sola. He contratado a la mejor paisajista de Turquía para que puedas consultarle lo que quieras, será tu asesora. ¿Eso te tranquiliza?
—Yo tenía razón —susurró Bella, mirando hacia el mar—. No confías en mí.
Edward bufó y una risa de incredulidad se quedó atascada en su garganta, no podía creerlo.
—¿Qué te pasa? —le preguntó sin entender—. Llevas toda la mañana intentando crear un problema, huyes de mí todo el tiempo. ¿Qué está pasando?
—El problema eres tú —replicó mirándolo, Edward asintió y apretó la mandíbula, por supuesto era fácil para él creerse esa mentira—. Desde que te conocí, he estado haciendo cosas que me superan, y eso también incluye el fingir ser tu prometida.
—Creo que no te das cuenta de todo lo que eres capaz de hacer. Mira —suspiró—: el diseño del sitio, y las ideas… son todas tuyas. ¿De acuerdo?
Bella asintió.
—Aquella —señaló Edward discretamente, hacia una mujer pequeña, y de unos 50 años—, es la Sra. Cope, te ayudará. Harás lo que ella te diga, sobre la ejecución del proyecto, sobre el caso… no la vas a desobedecer, ¿entendido?
Bella asintió, un nudo formándose en su garganta y no quería levantar la mirada y encontrarse con sus ojos verdes, antes de hacer la siguiente pregunta.
—Esto llevará mucho tiempo —le dijo—. ¿Qué pasará cuando el contrato termine?
Edward negó suavemente, algo dentro de él empezaba a molestar.
—Estoy seguro que acabarás el diseño antes de que termine el contrato… La Sra. Cope hará el resto, no te preocupes.
—Pensaste en todo, como siempre —Bella asintió sonriéndole con falsedad.
—Escucha, Bella, no te llevé a la oficina como arquitecta paisajista… esto está fuera del trabajo. Por lo tanto, tendrás diferentes horarios de trabajo.
—Podré con ello —se encogió de hombros—, está bien.
Tuvo que morderse el labio inferior con fuerza para controlar las emociones que amenazaban con arrastrarla hacía una profunda tristeza.
—Y otra cosa —añadió Bella—. Gracias, por darme esta oportunidad, de verdad.
Se bajó del coche sin esperar una respuesta, se sentía sofocada, se pasó las manos por el rostro e inhaló con fuerza, no podía romperse… no aquí al menos, no frente a él.
—¿Estás emocionada? —le preguntó Edward mientras caminaban hacia el pequeño grupo de mujeres que les estaban esperando.
—¿Tú qué crees? —Bella le dedicó una pequeña sonrisa—. Voy a diseñar un complejo enorme… estoy muy nerviosa.
—Si crees que no puedes hacerlo, no podrás. Pero yo creo en ti.
—Entonces lo haré.
Edward les presentó a las tres mujeres con quien Bella estaría trabajando, y se alejó discretamente, dejándola a ella a cargo de la reunión, pronto ella extendió sus alas y empezó a desenvolverse sobre el extenso terreno, explicando y señalando sus ideas, Edward no hacía más que verla con una pequeña sonrisa pintada en sus labios.
Cuarenta y cinco minutos después, Edward les asintió y se despidieron.
—Bueno, ¿cómo crees que me vi? —le susurró Bella—. ¿Me veía como una profesional?
—Parecías una novata recién graduada.
—Oh, ¿en serio?
—Demasiado ansiosa, sin saber qué decir, muy emocionada.
—Vaya —replicó Bella con un puchero.
—Pero, por otro lado —añadió Edward intentando no sonreír demasiado—: Inteligente, apasionada… parecías una persona bastante segura.
—¿De verdad?
—Mmhm. No te preocupes, puedes manejar esto —la tranquilizó, mientras sacaba su celular y le marcaba a Bree.
—Hola, ¿Sr. Edward?
—Bree, ya hemos acabado. Dime, ¿qué más hay en mi agenda?
—Eh, el Sr. Jasper me dijo estaría ocupado todo el día y he cancelado todo el programa de hoy.
—Apenas son las tres de la tarde, Bree. No vuelvas a liberar mi día hasta que yo te lo diga.
—Está bien, Sr. Edward, lo siento.
—¿Quieres ver el puerto que vamos a construir? —le preguntó Edward a Bella, después de terminar la llamada, ella le sonrió y asintió.
—Quizás eso me inspire.
—Las hadas realmente no necesitan inspiración —susurró Edward mirando el paisaje.
—No te entendí, ¿qué dijiste? —preguntó Bella con curiosidad.
—No importa, ha sido una tontería —negó Edward.
Y pese a todo lo que ella se había prometido, se acercó a él y caminaron juntos por aquel extenso terreno, con la brisa del mar acariciándoles el cuerpo y liberándole de aquellas voces que no dejaban de atormentarla, dejó que él la tomara de la mano para ayudarla a no caer, dejó que su piel quemara contra la suya y se sintió bien.
—Es muy hermoso, ¿verdad?
—Demasiado —asintió Bella contemplando la vista.
—Mira, ahí vamos a construir el puerto —le indicó Edward.
—¿No te parece extraño? Tomas este terreno vacío… y piensas en algo con lo que llenarlo, como un artista que pinta sobre un lienzo.
—Esta es mi parte favorita, la parte del diseño —confesó antes de suspirar—. Cuando éramos jóvenes, siempre veníamos aquí a nadar… Jasper, Riley y yo.
—¿Ya no te consideras joven?
Edward la miró de soslayo y se rió suavemente.
—Cuando éramos niños —explicó
—Entiendo… —lo miró con extrema curiosidad—. ¿Riley? ¿Riley Biers?
—Sí, incluso solíamos organizar competiciones de carreras juntos, de hecho, hace poco quedamos en que haríamos otra —añadió.
—¿No compiten ya lo suficiente en el trabajo?
—No todo es trabajar.
Edward la miró y ella asintió lentamente, desviando los ojos hacia el mar.
—Lo sé —murmuró—. Todo es un juego para ti.
—Exacto… un juego. —suspiró, la tensión ondeando entre ambos—. Cómo sea, ¿nos vamos?
—Después de mucho tiempo, voy a regresar a casa temprano —anunció Bella con una sonrisa.
—Puedes venir conmigo si quieres —sugirió Edward, su corazón latiendo acelerado—. Quiero decir, mi casa está cerca… podemos tomar un café.
—Prefiero irme a mi casa —negó.
—Muy bien —si estaba decepcionado, no lo demostró—. En ese caso, te llevaré a tu casa lo antes posible.
Iban de regreso cuando Bella lo escuchó hablar por teléfono con Jasper, por supuesto, el obseso de trabajo no podía detenerse… y decidió reunir al equipo en su casa para terminar los últimos detalles, no quería dejar nada para mañana.
—Supongo que yo tampoco me voy a mi casa, sino a la tuya, ¿verdad? —preguntó, apretando los labios.
—Eres una de las empleadas, ¿cierto? —replicó Edward, por supuesto que él estaba disfrazando sus ganas de pasar más tiempo con ella, y había encontrado la excusa perfecta, pero jamás se lo diría.
Sin embargo, mientras él sonreía feliz y satisfecho mirándola de reojo, ella estaba agonizando. ¿No se supone que debería alejarse? Pero Edward no le estaba haciendo las cosas fáciles, cada que daba un paso hacia atrás, él daba dos hacia ella.
Habían llegado a su casa, el equipo ya se encontraba trabajando, Bella se excusó para ir al baño y él decidió preparar un poco de café. Frunció el ceño cuando la vio salir con la clara intención de ir hacia la cocina, pero cuando lo vio, se dio la vuelta rápidamente… ¿Por qué huía? Entendía que quizás él no fuese la mejor compañía… pero le lastimaba su actitud.
—Bella —le llamó—. ¿Puedes venir?
Ella lo miró expectante, su rostro era manta de frialdad.
—¿A dónde ibas? —le preguntó Edward.
—Quería un café, pero decidí tomarlo después.
—Estás distante conmigo, y no sé por qué —le dijo finalmente, sus ojos no se apartaron ni un segundo de ella, estudiando cada gesto—; me imagino que es por el contrato, y está bien. Pero ahora mismo estás huyendo de mí.
—No, no estoy huyendo —negó rápidamente, encogiéndose de hombros.
—¿Por qué estás huyendo? —repitió.
—Estoy confundida —confesó Bella sin poder ocultarlo más.
Edward asintió, un ruido sordo se había instalado dentro de él, le extendió la taza que había preparado para ella y Bella cerró los ojos, todo esto la estaba superando, tomó el café entre sus manos y se dio la vuelta, alejándose sin decir otra palabra.
—Ya lo tenemos todo —anunció Jasper—. Puedo encargarme de la producción, pero necesitamos a alguien que lo instale.
—Metin puede hacerlo —indicó Edward.
—También hay que buscar donde guardar las piezas hechas a mano —les recordó Alice—, porque son frágiles.
Debido a que solo eran ellos y Bree, quienes habían llegado, estaban sentados en un mismo escritorio trabajando arduamente.
—Riley me está llamando —gruñó Jasper molesto, Edward bufó sin darle importancia.
—Me pregunto qué quiere.
—No le respondas —intervino Alice—. Solo quiere molestar.
—Responde —indicó Edward encogiéndose de hombros, el celular no dejaba de sonar.
—¿Qué quieres? —preguntó Jasper con hostilidad, colocando la llamada en altavoz.
—Estoy cansado de que seas tan arrogante, siempre has sido un niño mimado.
—Estamos trabajando, Riley —replicó Jasper aburrido, Bella sentada a un lado de él escucho la plática con atención—. Di lo que quieras decir.
—Han hecho un muy buen diseño —halagó—. Y se lo han vendido a un hotel extranjero, lo he visto y los quería felicitar.
—Quizás deberías centrarte un poco más en tu empresa y dejarnos en paz. —gruñó Jasper enfadado—. Adiós Ri-
—Es una pena que ese diseño ya haya sido lanzado por una tienda en Turquía —lo interrumpió Riley, su voz cargada de placer. Edward dejó de hacer lo que estaba haciendo, prestando atención, al igual que Bella—. ¿Su hotel ya lo sabe?
—¿De qué tontería estás hablando? —replicó Jasper.
—Los están engañando, diciéndoles que es un diseño original.
—¡Escúchame, no me hagas ir a buscarte porque…!
—Te acabo de enviar las fotos, que tengan linda tarde. —se despidió—. Ah, y sean más listos.
La llamada terminó y todos miraron expectantes a Jasper, la tensión instalándose sobre ellos como una nube pesada y densa.
—Nos robó el diseño —afirmó Jasper mirando la pantalla de su celular en shock.
—¿Cómo es esto posible, Edward? —inquirió Alice.
Edward observó las fotos con la mandíbula apretada, la sangre hirviendo lentamente dentro de su cuerpo y respiró profundamente. Bella, a un lado suyo, lo observó con preocupación.
—Solo hicimos una copia del diseño. Y te lo dimos a ti, Bella —masculló Edward sin mirarla, no quería mirarla… no quería creerlo. Se levantó de su asiento.
—Si, ustedes me la dieron —asintió ella, sin entender hacia donde se dirigía. Jasper miró sorprendido a su amigo, entendiendo la dirección de sus palabras. Bella se sintió cohibida al sentir los ojos de todos puestos sobre ella—. Fui a registrar la patente.
—Entonces explícanos, ¿cómo ha llegado a manos de Riley? —exigió Edward.
—¿Cómo debería saberlo?
—Bella —advirtió antes de tragar saliva con fuerza y la miró con rudeza—, piensa bien tu respuesta, porque nadie más que tú pudo haber sido.
—¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? —inquirió ofendida. Se levantó rápidamente de su asiento, casi tirándolo hacia atrás y lo enfrentó.
—Sí. Tuviste el diseño todo el día, nadie más lo tocó. Te lo llevaste a tú casa. —cada palabra con más fuerza con la anterior.
—¿Estás diciendo que se lo di a Riley? —preguntó Bella, elevando la voz. Algo dentro de ella se estaba desequilibrando, a punto de caer.
—¡¿Quién más podría haber sido, Bella?! —ella abrió los ojos de par en par, su voz retumbando en sus oídos—. ¡De verdad, piensa! ¿Quién más podría haberle dado la carpeta a Riley? ¿Puedes explicar esto?
—¿Y por qué te haría esto? ¡Parece que no me conoces!
—¡Bella, envió fotos al teléfono! —gritó Edward estrellando el celular contra la mesa, Bree se encogió en su lugar, esto estaba fuera de control—. ¿Cómo las envió? ¡Eso me pregunto! ¿De dónde sacó esas fotos ese hombre?
—¡Sí, yo tenía la carpeta, la tuve todo el día! —asintió Bella sintiéndose desesperada—. Pero luego la traje cuando volví de la notaría.
Edward se sentía como un león enjaulado, se apretó el puente de la nariz con fuerza y posó su mirada oscura y despiadada sobre ella.
—¡Dime la verdad! —exigió levantando la voz—. No puedes ¿Y sabes por qué? Porque fuiste tú, porque te sientes culpable, por eso estuviste tan distante conmigo todo el día.
—Puedes estar seguro que no fue por eso —replicó Bella, su voz tembló por un momento.
—Entonces, ¿qué? ¡¿Por qué?! —preguntó, su voz cargada de furia—. ¡Responde! Te hice una pregunta muy simple. ¿Le diste la carpeta a Riley?
—Edward —intervino Jasper.
—¡Jasper, no interfieras! —ordenó Edward sin dejar de observar a Bella.
¿Es así como se siente cuando te rompen el corazón? ¿Es así como alguien te destroza con una simples palabas? Bella sentía que no era real, quería creer que esto no era real, que el dolor que estaba sintiendo era producto de su imaginación.
—Responde —repitió lentamente.
—Edward, si estás hablando en serio ahora… —advirtió Bella, su voz temblando antes de mirarlo con desprecio— … sí estás hablando en serio, ¡Me iré ahora y no volverás a verme!
Ella lo supo en ese mismo instante en el que sus palabras abandonaron sus labios, su corazón se rompió al ver la mirada vacía de Edward.
—Vete.
Bella sabía que, en ese momento, todas sus barreras se habían caído, sabía que era como un libro abierto ante Edward, pero él no podía leerla, porque estaba cegado con rabia y dolor, su rostro desprovisto de emociones. Los segundos pasaban como si fueran horas, ella agachó la mirada avergonzada y adolorida, sentía su cuerpo entumecido.
Tomó su celular de la mesa y se alejó, ante cada paso que daba, la tristeza se iba transformando en furia dentro de ella, ni siquiera se había dado cuenta de la presencia de Esme hasta que pasó a un lado de ella.
—Le dijo a la Srta. Bella que se fuera —susurró Stefan impactado, sosteniendo una bandeja de galletas.
—Ya veo —respondió Esme, miró a su hijo tirar con furia unos objetos de la mesa—. Vamos, vámonos.
Edward dio vueltas alrededor, se sentía asfixiado, no podía pensar bien. ¿Era correcto lo que acababa de hacer? No lo sabía, pero necesitaba respuestas… y ella no se lo pudo dar, y esa era una respuesta suficiente para él, o lo habría sido en otro momento.
—Bree, recoge las presentaciones —ordenó Jasper—. Se acabó por hoy… Diego, ayúdala…
—¡Jasper! Quiero que cierres esas fabricas lo antes posible —exigió Edward, su rostro rojo de la furia—. ¡Descubre quienes son esas personas! ¡Quienes son, qué quieren! ¡Y envía a todos nuestros abogados! —Jasper lo observó sin replicar—. Y necesitamos decírselo a Lauren lo antes posible.
Edward estaba fuera de control, y Alice también podía verlo, jamás lo habían visto de esa manera.
—Le informaremos a Lauren, lo haremos —asintió su amigo, sin embargo, lo miró con recriminación—. Pero, ¿te parece que has tratado bien a Bella?
—¿Estás bromeando? ¡Bella tenía este diseño! —gritó furioso—. ¡Y ahora lo tiene una fábrica de segunda mano…!
—¡Deja el trabajo ya, Edward! ¡Deja el trabajo! —le gritó Jasper levantándose de su asiento y sosteniéndose contra el escritorio—. ¡Y deja de buscar culpables! Si no confiabas en esa chica, entonces... ¿Por qué te comprometiste con ella? —Edward cerró los ojos con fuerza—. No es culpa de Bella, estoy seguro de eso. ¡Y en el fondo tú también lo sabes!
Edward negó suavemente, y apretó la mandíbula.
—Los ojos de Bella se iluminan cuando te miran —insistió Jasper con tranquilidad.
—Sus ojos siempre se iluminan, no tengo nada que ver con eso, puedes estar seguro —afirmó con fiereza.
—¡¿De verdad piensas eso?!
—¡Sí! —gritó, la vena de su frente saltando—. ¡Ella sería más feliz si yo no estuviera en su vida, puedes estar seguro de esto!
—¿Qué estás diciendo hermano? ¡No te entiendo!
—Edward, yo tampoco te entiendo —susurró Alice—. No entiendo por qué reaccionas así. Primero tenías que escucharla.
—¡Qué bien, muy bien! —aplaudió Edward con sarcasmo—. Mis dos amigos… compañeros… ¡Ahora están interesados en la vida privada de Edward Cullen!
—No se trata de eso, Edward —negó Alice con tranquilidad—. Ahora mismo se trata de trabajo.
—Escucha, tanto el trabajo como mi vida personal, me concierten únicamente a mí, ¿de acuerdo?
—¿En serio? —le retó Alice, levantando las cejas.
—En serio.
—Discúlpame, he cometido un error —asintió Alice levantándose y tomando su bolso—. Que tengan buen día.
—Hermano, ya controla tu comportamiento —exclamó Jasper—. ¡Mira lo que acabas de hacer! Lo que le acabas de hacer a Bella es algo horrible, tanto en el trabajo como en tu relación. ¡Recapacita!
Jasper tomó sus muletas y salió detrás de Alice, tan rápido como su incapacidad se lo permitía.
Edward se quedó solo, sus demonios aleteando con fuerza a su alrededor. Era fácil para el culpar a las personas, era fácil para el asumir lo peor de ellas, y aunque quería, contra todo pronóstico, creer en Bella, eran demasiadas sus propias inseguridades y rabia, que no podía pensar correctamente.
Por supuesto, el gusto de su soledad no duró mucho, porque, así como entró la noche también entró su madre, fingió sorpresa, aunque ya sabía que era cuestión de tiempo, después de lo que había presenciado.
—¿Cómo estás, Edward?
—Bien, mamá —espetó, mirándola fijamente, su armadura imperturbable ante la firme mirada de Esme.
—Espero que entiendas lo que hiciste mal hoy, Edward.
—Si proteges a Bella, entonces no hablemos en vano, porque mucha gente la ha defendido hoy.
—¿Crees que me parezco a alguien que defendería a la florista? —replicó Esme cruzándose de brazos. Edward asintió con los labios apretados, sabiendo que ahí no terminaba—. Pero, sea lo que haya sido, me duele que trates así a una mujer. Y que hayas ofendido a tu prometida delante de todos, tú no eres ese tipo de persona, Edward.
—Mamá —empezó con los dientes apretados—, trataría de esa manera a cualquier persona que arruine un proyecto tan importante por irresponsabilidad.
—No lo creo, no tratarías a nadie así. De acuerdo, metiste a esa chica en tu vida… pero estás mostrando sentimientos hacia ella que no te había visto antes. Y has desahogado tu ira con ella. Piénsalo —añadió.
—No hay nada en que pensar. —replicó rotundamente.
—¿En serio? —inquirió Esme con ironía.
—Exactamente.
Esme estaba sorprendida, sabía que su hijo era un poco difícil de manejar, pero al final siempre la escuchaba y aceptaba, por lo menos, darle vuelta al asunto… jamás lo había visto ser tan testarudo respecto a algo.
—Muy bien, entonces tú sabrás —se dio la vuelta y empezó a alejarse—. Buenas noches.
—Buenas noches —suspiró Edward abatido.
Intentó trabajar, lo intentó por un par de minutos. Se sentó en su escritorio y fingió que, en realidad, toda su atención no se encontraba puesta sobre aquellas dos fotografías polaroid… la primera era del día de su compromiso, a veces, le costaba creer que todo era falso… a veces.
Tomó la segunda foto entre sus manos, ambos se estaban abrazando, ella con una sonrisa radiante con la energía de mil soles y el simplemente sosteniéndola entre sus brazos… Bella había sugerido tomarla y que la colara en algún rincón de la casa, porque eso hacen las parejas normales, le había dicho riendo. Él sonrió al recordarla, antes de que el dolor le diera un sordo latigazo, dejó la foto a un lado.
Iba a tomar un sorbo de su café en la taza que le había dado Bella, la cual de alguna manera se había convertido en su favorita, una suave sonrisa se estaba formando en sus labios, cuando un recuerdo se impactó contra él con demasía fuerza.
«Es mi taza favorita. Cambia de color según tu estado de ánimo. Mira, si estás molesto… la taza se pone de color negro, si estás feliz… blanco, azul si estas eufórico, y rojo si estás enamorado.»
Observó a la taza descansando inocentemente sobre la mesa, ya la había usado un par de veces antes, y ahora mismo era de un color rojo intenso, quedándose en el color con el que la había usado la última vez. Negó aturdido, seguramente era una tontería que había inventado Bella.
Sus manos tocaron el asa de la taza, y esta pronto empezó a tornarse de color negro… Edward lo observó maravillado, soltó el objeto como si este le estuviera quemando, presiono la mano contra su sien y volvió a negar, era imposible.
X – X – X
Bella no dejaba de dar vueltas, se sentía como un animal salvaje y acorralado, Leah y Ange la miraron sin decir una sola palabra. Había pasado toda la tarde enfurecida y adolorida, y aún no podía encontrar una solución para aliviar aquella furia ciega que la estaba destruyendo.
—¡No me miren así! —exclamó—. ¡Me voy a volver loca! ¡De verdad, voy a perder la cabeza! ¡Soy capaz de ir ahora mismo a su casa y enfrentarlo!
—¡Vamos, iré contigo! —afirmó rápidamente Leah.
—¡Shh! No la provoques más —murmuró Ange sorprendida—. Está bien, tranquila Bells. Ya has llorado, y creo que eso te ha hecho bien. Pero si vas, y haces alguna estupidez… entonces tú serás la culpable.
Sí, se la había pasado llorando gran parte de la tarde, sus ojos aún seguían inflamados y se había quedado dormida en algún momento, solo para recargar más lágrimas.
—Encontremos al culpable —sugirió Ange— y ya verás cómo se arreglará todo.
—Sí —acordó Leah mientras masticaba unos cacahuates—, nosotras teníamos el diseño, pero no lo vendimos… Entonces, ¿quién ha sido?
—No lo sé —negó Bella con rencor—. ¡Si tan solo supiera quién ha sido!
—Saliste de su casa, fuimos al notario, fuiste a la floristería… vamos a revisar cada paso —gruñó Leah—, cámaras de vigilancia, mensajes del celular… vamos a controlar todo. Encontraremos al culpable, y Edward Cullen se va a arrodillar ante ti.
—¡Que no venga, ni siquiera quiero verle la cara! —Bella pisó con fuerza, las lágrimas picando en sus ojos otra vez—. Después de todo lo que hemos pasado, ¿cómo puede culparme? ¿Cómo? ¿No me conoce, ya no confía en mí?
—Te dije que te rompería el corazón —le recordó Leah—, pero entonces decidiste comprometerte con el hombre que arruinó tu vida.
—No exageres —le susurró Ange, pateándola por debajo de la mesa.
El labio de Bella tembló, al igual que su voz.
—Se acabó. Se acabó mi relación con Edward Cullen. —afirmó Bella con determinación, aún si su corazón estaba sangrando—. Pero me voy a vengar primero. ¡Me vengaré por no haber confiado en mí! Pero no se lo digan a mí tía —añadió rápidamente mirando alrededor—, que no se entere todavía, ¿de acuerdo?
—¡Bella! —Rosalie se acercó corriendo y la abrazó—. ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? He leído el mensaje de Leah.
—¿Podemos ir a la cocina? —le susurró Bella, sus ojos brillando.
—Vamos —asintió.
Leah y Ange las observaron boquiabiertas mientras se alejaban.
—¡Muy bien, ha llegado la rubia, vete a un rincón con ella! —gritó Ange—. ¡Ahora resulta que es tu mejor amiga!
Bella saltó sentándose sobre la encimera de la cocina y le contó todo a Rosalie, cada detalle de lo que había pasado.
—No puedo creerlo, de verdad no puedo creerlo —negó enfadada—. Te trató como a un ladrón, ¿de verdad?
Bella tragó la pesadez en su garganta y asintió, balanceando suavemente los pies en el aire.
—Pero la culpa es nuestra, de las mujeres. Esperamos una actitud tierna y educada de esos groseros, y solo nos estamos engañando a nosotras mismas —murmuró con amargura—. Edward siempre ha sido así… Insensible, arrogante, descortés y desconsiderado. ¡¿Qué esperaba yo de él?!
—Sabes que él no era así contigo. —susurró con suavidad—. ¿Qué vas a hacer ahora?
—¿Qué voy hacer? Lo lógico —se encogió de hombros, estaba demasiado cansada mentalmente y solo el dolor que sentía la mantenía de pie—. De alguna manera, voy a comprobar mi inocencia… necesitamos encontrar al culpable.
Rosalie asintió.
—Mira, no me importa el contrato… si quiere, puede demandarme —añadió Bella con determinación.
—Tienes que tener valor, lo sabes muy bien —comentó Rose sorprendida—. Pero siempre estaré a tu lado, como tu amiga y tu abogada.
Bella sonrió honestamente por un segundo, antes de bajar la mirada con tristeza.
—Lo sé… pero no creo que el intente hacer nada —negó pensativa—. Todo esto fue un error desde el principio… desde el compromiso falso… todo estaba mal. —se talló las manos por el rostro y suspiró—. Mañana iré a la floristería y volveré a mi antigua vida, que esto se convierta en una lección de vida.
—Entonces, como en los viejos tiempos… Que se joda, Edward Cullen —se burló.
—Que se joda —asintió Bella con vehemencia.
—Iré a ver a Jasper mañana en la mañana —murmuró Rosalie vacilante— y trataré de sacarle información, si me dice algo, te lo diré de inmediato.
—De acuerdo, avísame.
Rose se acercó a ella y la abrazó con fuerza, sabiendo lo mucho que lo necesitaba en estos momentos, le apretó con suavidad los hombros antes de alejarse.
—No te pongas demasiado triste, ¿de acuerdo? —la observó fijamente—. Lo principal es no hacer nada de manera impulsiva.
Bella asintió solemnemente.
—Te lo prometo, no seré impulsiva. Esta vez no lo haré.
Merhaba!
Tengan piedad con Edward, es un robot, compréndanlo.
Por otro lado... pobre nuestra querida Bella... ¿Quiénhabrá sido el responsable?¡Déjenme su review motivador y teorías!
Quiero agradecer a cada personita que se molesta en dejar un comentario, de verdad me hacen mucha ilusión, los quierooooo.
Nos leemos el martes con el adelanto en el grupo. Cualquier duda no duden en comentar o preguntar.
"La Estrella del Robot"
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görüşürüz!
Con cariño, Ame y Annie.
