Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.


Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.


"Te miraré de reojo y tú no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos"

~ El principito.

Capitulo 23.

Un nuevo día, y un nuevo comienzo para Bella, se había despertado temprano, más decidida que nunca, alimentada principalmente por el dolor que le había ocasionado… él.

—¿Ange? ¡Ange! —exclamó en voz alta haciendo que su amiga saltase en la silla donde se encontraba dormitando, con el plato de cereal sin tocar frente a ella.

—¿Bells? —Bostezó mirándola con una suave sonrisa—. ¿Por qué te despertaste tan temprano?

—¿Qué es esto? —replicó Bella furibunda, poniendo la mano frente a la cara de Ange—. ¿Qué es?

—Un anillo, un anillo enorme… más grande que mi cabeza.

—Estuve toda la noche odiando a Edward Cullen, mientras este anillo seguía en mi dedo. Rompí con él… ¿Acaso no dije que no quería verlo nunca más? —gruñó con molestia.

—Sí, lo dijiste…

—Entonces, ¿por qué no me habías dicho que el anillo seguía en mi dedo? ¿Por qué no se lo devolví?

—¡Aaaaah! ¡Ahora entiendo! —exclamó Ange en reconocimiento, la miró sorprendida—. ¿A dónde vas ahora?

—A devolverle el anillo.

—¡¿Vas a devolverle el anillo a Edward?! —la miró boquiabierta.

—Ange, cállate —susurró mirando a su alrededor—. Vas a despertar a mi tía.

—Yo creo que no debes ir, ¿qué se te ha perdido ahí?

—Voy ir, pero no iré a la empresa… iré a su casa, le daré el anillo y volveré.

—No vayas —suplicó—. Tengo una idea… ¡Enviémoslo por mensajería!

—¿Un anillo? ¿Por mensajería? ¡Qué gran idea, Ange! ¡Eres muy original! —replicó Bella con incredulidad, antes de poner frente a su rostro su dedo amenazador—. No te atrevas a decirle nada a mí tía… no te atrevas. ¿Entendido?

Ange asintió lentamente, y Bella se alejó dándole una última mirada de advertencia, con su saco blanco ondeando detrás de ella

X – X – X

Edward se había despertado a primera hora, un dolor sordo palpitando dentro de su cabeza. Se sentía agotado, pero no podía descansar, así que optó por dibujar, pero tampoco estaba resultando. Arrugó con fuerza la hoja blanca y la tiró al piso, donde se reunió con sus otras compañeras de batalla.

Fingió que las dos fotografías frente a él no le estaban taladrando el alma.

Sintió que lo observaban, y bufó por lo bajo cuando vio a Stefan y su madre observándolo a lo lejos, frunció el ceño y se acercó.

—Veníamos a verte —canturreó Esme con nerviosismo.

—Muy bien —suspiró con desinterés—. Stefan, recoge todas las cosas de Bella, por favor.

—Tengo el día libre —replicó con hostilidad, haciendo una mueca de disgusto. Esme lo miró boquiabierta—. Ya que usted fue quién lo estropeó todo, le toca a usted recogerlo —añadió dándose la vuelta.

Esme apretó los labios y lo observó alejarse, suspiró y colocó sus manos sobre sus caderas, enfrentando a Edward.

—¿Qué ocurre?

—Le di el día libre —mintió, y Edward levantó una ceja—. ¿Estás bien?

—Sí, mamá. —rodó los ojos y se dio la vuelta—. Hablaremos más tarde.

Edward continuó intentando dibujar, era lo único que apenas conseguía distraerlo. Iba en el segundo trazo, cuando sintió los vellos de su cuerpo erizarse y levantó la mirada rápidamente, se quedó estoico por un momento, antes de tomar las fotos frente a él y ocultarlas entre los libros.

Bella lo miró a lo lejos, se formó un nudo en su garganta, pero se ordenó a sí misma recomponerse lo antes posible, caminó decidida hacia él y se encontraron a mitad del camino.

—Hola —saludó Edward.

—Hola. —la tensión entre ambos era palpable—. He venido a devolverte el anillo.

El dolor que atravesó por los ojos de Edward era evidente, pero Bella no lo notó, estaba entretenida intentando sacarse el anillo, quien de pronto, había decidido no querer salir.

—¿Qué haces? —inquirió Edward.

—¿Tu qué crees? —replicó con molestia, tironeando.

—Me refiero… si querías darme el anillo, ¿por qué has venido tú? Alguien más podría haberlo traído.

Bella suspiró y se obligó a mirarlo.

—Quería traerte en persona un anillo tan caro, ¿de acuerdo? —chasqueó con molestia mientras continuaba forcejeando.

—Bella, quédate con el anillo. —ella lo ignoró—. No se devuelven los regalos que se reciben.

Levantó la mirada de golpe, sus ojos cafés ardiendo.

—Y no usamos un anillo del hombre que odiamos. —apretó los labios con fuerza—. Va a salir con jabón…

Edward la tomó de la muñeca antes incluso que ella pudiera dar un paso y la jaló ligeramente hacia él, Bella se reprendió a sí misma ante la facilidad que mostró su cuerpo en cuanto sintió su toque.

—Bella, no lo hagas —susurró mirándola fijamente—. No te lo quites.

—¿Por qué? —replicó, y por un momento sintió que podía leerlo.

Edward bajó la mirada hacia sus manos, el calor de la piel de Bella quemándole con intensidad, deslizó el anillo en su lugar y sus ojos se atraparon otra vez entre los de ella.

—Porque… la gente empezará a hablar. Saldrá en la prensa… esto es innecesario.

Bella asintió, desviando la mirada, sus lágrimas traicioneras picando por salir, nuevamente, se había engañado a sí misma… por un momento creyó que…

… No, basta.

—Déjame encontrar una solución —continuó—. Y te lo haré saber.

—No me avises tú, que lo haga Bree —susurró alejando de golpe su mano, la piel de Edward resintió la ausencia de su calidez—. No quiero volver a verte, Edward Cullen.

Bella se giró, y sin esperar una réplica, salió rápidamente. Él la vio por segunda vez alejarse dejándolo con una gran batalla consigo mismo.

Se sentía sofocada en este lugar, cruzó rápidamente el jardín buscando salir lo antes posible, antes de que una voz chirriante la hiciera detenerse abruptamente.

—¡Belda! —Cerró los ojos suplicando paciencia, y se giró hacia donde provenía la voz de Esme, quien la miró sonriendo—. ¿Puedes venir, por favor?

—Solo faltaba usted —masculló para sus adentros, quitándose de un tirón las gafas oscuras—. No se preocupe, no volverá a ver a Belda —anunció en voz alta, acercándose. Esme la miró confundida—. ¡Porque nunca más en mi vida quiero ver a su hijo! Vine a regresarle el anillo, pero no me lo ha querido recibir. Lo devolveré lo antes posible

—No sé de donde es esta tradición… pero, no aceptamos que nos devuelvan los obsequios —explicó Esme, quitándose los guantes de jardinería—. Ven, siéntate, vamos a hablar… tomemos un café.

—No hay mucho de qué hablar. —replicó sentándose de golpe.

—Primero el café —canturreó.

Después de que Bella salió hecha una furia, Edward se obligó a seguir trabajando, era lo único que lo podía hacer olvidar, estaba tecleando, casi golpeando, en el teclado de su ordenador, cuando la voz de Maggie retumbó con fuerza en sus oídos.

—¿Sra. Maggie? ¿Qué ocurre? —preguntó levantándose.

—Esa misma pregunta quería hacerle: ¿Qué pasa? —inquirió enfadada.

—¿Le pasa algo a Bella? —la miró con confusión.

—Sí, algo malo —asintió—. ¡Algo malo le pasó a Bella desde el primer momento que le conoció! Y lo que pasó ayer fue el colmo.

—¿Puede sentarse? —señaló el sillón.

—No quiero sentarme, solo quiero decirle que-

—Se lo ruego —interrumpió Edward, señalando el asiento—. Tomemos un café, por favor.

Lo más importante en una relación —empezó Esme— aunque sea de negocios es el…

—…respeto —exclamó Maggie mirando fijamente a Edward—. Usted no puede gritarle a Bella. Además, ¡no puede acusarla de robar! El culpable es…

Edward, porque ningún hombre tiene derecho a gritarle a una mujer, hay un vinculo especial entre ustedes. —razonó Esme, Bella le miró sin inmutarse

—O eso creía, pero veo que no es así. ¡Me prometió que no le haría daño a Bella, Sr. Edward! ¿Dónde ha quedado aquella promesa?

—Yo he cumplido con todas mis promesas.

Yo he cumplido con todas mis promesas.

—El único culpable en esta situación es Bella.

Edward —masculló Bella.

—Para ser honestos, Bella nunca sabe dónde está ni cómo comportarse —argumentó Edward con seriedad.

Edward nunca acepta sus errores.

—Bella nunca acepta sus errores.

Se ha equivocado, y tiene que venir a disculparse conmigo —sentenció Bella

—Ella debe venir, y pedirme perdón.

Si es así, entonces manténganse alejados uno del otro —ordenó Esme.

—Este compromiso se ha terminado —concluyó Maggie.

El contrato se ha terminado.

—Yo ya le he puesto fin.

Yo ya le he puesto fin.

—Perfecto —asintió Maggie, levantándose—. ¿Dónde está tu madre? Me gustaría hablar con ella.

—Por supuesto, ella está por allá —señaló—. La acompaño.

Bella miró boquiabierta hacía su tía, quién se acercaba con paso decidido y enfurecido hacia ellas.

—¡Ah, mira, tu tía debe haber venido a atacar la casa! —canturreó Esme poniéndose de pie seguida de Bella, quién se acercó a su tía.

—¿Por qué habría de hacer eso? No estamos atacando, Sra. Esme —contradijo Maggie—. Y si llegásemos a hacerlo, tenga por seguro que nos escucharía desde lejos.

Bella sonrió con burla hacia Esme y se giraron dejándolos boquiabiertos.

—Muy bien dicho tía —susurró Bella—. ¿Estás enojada conmigo por no decirte?

—¡Nadie juega con el orgullo de mi preciosa niña! —replicó abrazándola con cariño mientras salían.

Tan pronto llegaron a su casa, Bella se reunió con Leah y empezaron a enumerar todos los lugares a donde había ido con los documentos, incluido personas, horarios de entradas y salidas.

—¿Y si vamos a poder atrapar a ladrón? —inquirió Bella mordiéndose el labio.

—Por supuesto, me tomo todo lo que hago muy en serio, además, así atraparé a quien le hizo daño a mi amiga.

Bella le miró con agradecimiento y chocaron las palmas.

—¡Bravo! —chilló Rose acercándose y mirando con aprobación el pizarrón tapizado de información.

—¿No fuiste a trabajar? —Bella le miró con sorpresa.

—Tengo que ver a un cliente, pero he querido verte a ti antes. ¿Pensaste que te iba a dejar en paz, chica? —respondió la rubia.

—¡Bien! ¡Entonces hay que empezar! —anunció Leah.

X – X – X

Edward, hastiado de estar en su casa, decidió ir a la oficina. Una furia oscura y pesada lo estaban consumiendo lentamente, simplemente necesitaba canalizar todo el cumulo de sentimientos absurdos que lo estaban rodeando.

Todos en el estudio le miraron con sorpresa y aprehensión, hacía varios días que la tensión había estado ausente… sin embargo, todo lo que sube tiene que bajar, y esta vez chocó con demasiada fuerza sobre ellos.

—Matt, ¿dónde están tus dibujos? —exigió acercándose al siguiente escritorio, éste tragó con dificultad mientras veía a Edward analizar la hoja—. ¿Tú lo has dibujado?

—Sí.

—Matt, en mi estudio… en este estudio, en el que tu trabajas, no se puede aceptar este plano, ¿entiendes? O dibujas mejor los planos, o te vas. —rompió el plano lentamente mirando a todo el personal—. ¡A ver, todo el mundo, escúcheme! ¡Mírenme! Han estado muy relajados últimamente, ¿de acuerdo? ¡En este estudio, no se relaja nadie! ¡Sí veo que alguien se relaja, se irá enseguida! ¡¿Está claro?! ¡No quiero más tonterías! —gritó aventando los pedazos de hoja al piso mientras se retiraba a la sala de juntas.

—¿Qué está pasando? —inquirió Jasper estupefacto.

—No se le ha pasado el enfado, y está que arde —respondió Alice con los brazos cruzados, mirando hacia la sala.

—El viejo Edward Cullen regresó —chilló Bree, sorbiendo por la nariz—. ¡Mi pesadilla ha vuelto! Bella se fue… y mi principal verdugo ha vuelto.

—¡Bree!

—¡Me llama! —gimió Bree, saltando en su lugar.

—¡BREE! —gritó Edward otra vez.

—¡Ya voy! ¡Ya voy! —chilló, corriendo hacia la oficina.

Alice y Jasper compartieron una breve mirada antes de acercarse a la sala de juntas, Bree iba saliendo rebotando como una bola nerviosa.

—Jasper, estamos trabajando para cerrar la fábrica, ¿verdad? —inquirió Edward.

—Sí —susurró mirándolo con recelo.

—Perfecto. ¡Quiero que reciban tal multa que no puedan ni acercarse a la puerta de la fábrica!

—Muy bien… Oye… ¿Puedes calmarte un poco? —inquirió con una pequeña sonrisa.

—No, no puedo calmarme, Jasper. Sin ofender.

—Bueno, está bien… ya he resuelto eso, los abogados están en eso, no te preocupes.

—Bien, quiero estar al tanto de todo —masculló—. Ah, Alice, por cierto… los expedientes. Quiero todos los dossiers relacionados con este proyecto, ¿entendido? ¡Necesitamos resolver esto ahora mismo!

—Edward, con gusto te los traería, pero… —titubeó brevemente, antes de suspirar y cerrar la boca de golpe.

—En cuanto eso, tenemos malas noticias para ti —continuó Jasper—. No es posible acceder a la mayoría de los documentos.

—¿Por qué? —inquirió apretando con fuerza los labios.

—Porque recuerda que le dimos a Bella un poder notarial para que se hiciera cargo de la patente, y sin su firma… —negó lentamente.

—¿Es una broma? ¿Están bromeando? —exigió Edward con incredulidad—. Disculpa, pero ¿cómo pudiste hacer una cosa así?

Alice escondió el rostro con rapidez, una sonrisa burlona instalándose en su rostro.

¿Nosotros? Hombre… tú lo hiciste —explicó Jasper—. Tú le diste a Bella la tarea de ir al notario para resolver lo de la patente. Y bueno, hemos pensado que como Bella es tu novia, podrías llamarla, tener una conversación normal y resolver el problema.

Edward se talló la ceja con brusquedad, mientras suspiraba profundamente con los ojos cerrados.

—Hagamos esto… ve y llama tu a Bella, resuelve lo de la firma, el notario… lo que haga falta. Habla con ella y resuelve, para acabar con esto de una vez.

¿Yo? —replicó Jasper sorprendido mirando a Alice con incredulidad—. ¿Qué pasa? ¿Tú no puedes llamarla, Edward?

—Está bien, Jazz —le tranquilizó Alice—. Aparentemente no. Tenemos mucho trabajo, vámonos… ahora lo resolvemos.

Edward intentó despejar su mente, Bella seguía aleteando con fuerza dentro de él y no hacía más que distraerlo. Sacudió la cabeza y empezó a escribir en su computadora, eso hasta un minuto después, cuando notó la pequeña cúpula de cristal, con la flor de ella dentro. Aunque la escondió detrás, supo que ya era demasiado tarde, se sentía asfixiado.

—Los abogados han cerrado la fábrica —anunció Jasper—. ¿Quieres que los llame?

—No, si ya la han cerrado no es necesario… ¿Llamaste a Bella? —soltó la pregunta casualmente, solo que de eso, no tenía nada.

—Ya la llamé, te lo dije, hermano… Ella no responde.

Edward lo miró fijamente, antes de entrecerrar ligeramente los ojos.

—¿Puedes llamarla otra vez?

—¿Y no puedes llamarla tu? Bien, como sea —bufó sacando el celular, antes denegar suavemente—. No contesta.

—Supongo que están hablando del robo del diseño —comentó Lauren, entrando a la oficina casi rebotando sobre sus talones.

—Bueno, sí, en general, sí —asintió Edward descansando su cabeza sobre una mano.

—¿Cómo estamos, Lauren? —inquirió Jasper girándose a mirarla.

—Hablé como los norteamericanos, pero, por supuesto… esta es una situación inaceptable para ellos.

—Tienen toda la razón —Edward apretó la mandíbula enfadado y se dejó caer hacia atrás en el asiento.

—Bella nos ha creado un problema muy grande a todos, por supuesto —suspiró Lauren, cruzándose de brazos. Si la observaban detenidamente, se podía apreciar el brillo de satisfacción en sus ojos azules.

—Sin embargo, sin pruebas irrefutables en contra de ella, no podemos culparla, ¿de acuerdo? —la defendió Jasper rápidamente, notando las segundas intenciones de Lauren, quién asintió vagamente.

—Como sea, no importa —suspiró Edward enderezándose—. ¿Qué hicieron? ¿Han cancelado el pedido?

—Querían hacerlo, pero he ganado algo de tiempo. Llegaran a Estambul mañana, quieren que solucionemos lo de la patente y quieren la primera muestra en veinticuatro horas.

Edward apretó los labios, y asintió, por supuesto… el destino no dejaba de ponerla una y otra vez en su camino, y en el fondo, estaba muy agradecido pero era demasiado orgulloso incluso para admitírselo a sí mismo.

—Bella tiene que venir aquí y firmar los documentos, esto se pone cada vez más difícil. —comentó Jasper mirando a ambos.

Sí, por eso te he estado insistiendo para que le llames —recalcó Edward.

Jasper asintió levantándose y colocándose el celular en la oreja caminó hacia la salida.

—¿A dónde vas? ¡Puedes llamarla desde aquí! —exclamó Edward rápidamente, Jasper lo ignoró.

Lauren inspiró profundamente y se sentó en el lugar vació que había dejado Jasper, a un lado de Edward.

—Nadie podría haberlo sabido… ¿Cómo te sientes después de lo que pasó ayer?

Edward había escuchado su pregunta en segundo plano, su mente había regresado con fuerza hacia Bella, suspiró y miró hacia el que era… el que había sido su escritorio, que ahora se encontraba vacío y sin vida.

—Eh… no podemos hablar de esto, Lauren —murmuró ligeramente ausente—. Podemos hablar de otra cosa relacionada al trabajo, pero… necesito relajarme un poco.

—Tienes razón, si quieres, podemos trabajar al aire libre —sugirió—, si te sirve para relajarte.

Edward titubeo un momento, antes de fruncir los labios y aceptar, cerró su computadora, y miró hacia la oficina de Jasper.

—Tengo que hacer una cosa antes, ¿te importa si me esperas un momento?

—Está bien.

«Es por el trabajo», se repitió constantemente mientras se dirigía hacia Jasper. Entró y carraspeó un poco, llamando la atención de su amigo.

—¿Qué pasó? —le preguntó mirándolo fijamente.

—¿Qué pasó de qué, hermano?

—¿Llamaste a Bella? —inquirió entre dientes.

—¿Bella? Ah, Bella… sí, sí… la llamé pero no pude comunicarme, te lo dije. —Edward apretó la mandíbula con frustración y miró el techo tratando de no perder la paciencia—. Estoy ocupado, vete, hermano… ¿No tienes cosas que hacer?

Edward se mantuvo inmóvil a un costado de Jasper.

—¿Puedes llamarla? —repitió, señalando el celular—. Delante de mí.

—Mírame —murmuró Jasper en voz baja, una sonrisa de complicidad bordeando sus labios—. La extrañas, ¿verdad? Dime… ¿Tengo razón?

Edward apretó los labios e inclinó ligeramente la cabeza.

—Vamos, Jasper.

—Hermano, si cometiste un error, díselo directamente… «me equivoqué».¿Para qué sirve todo esto?

Edward comenzó a reírse suavemente, de esas risas en las que uno no sabe si se está divirtiendo, o quizás están a punto de lanzarte un golpe en el rostro.

—De acuerdo, ya le llamo, ya le llamo… no te enfades.

Sin embargo, Edward suspiró con frustración y lo miró fijamente.

—¿Puedes ponerlo en altavoz?

Jasper levantó las manos en son de paz y colocó el celular sobre la mesa.

—¿Estás feliz?

—Sí —replicó Edward sentándose ligeramente en el escritorio, mirando el celular con ansiedad.

¿Dime?

Edward juró sentir que su piel se erizaba.

—Hola, Bella, ¿cómo estás? —preguntó Jasper con cierta vacilación.

Bien.

—Siento mucho todo lo que ocurrió ayer… —su voz se fue desvaneciendo en cuanto Edward se puso a aletear con las manos, negando rápidamente.

No hace falta decirlo, Jasper —espetó Bella con brusquedad—. ¿Por qué llamaste?

—Verás, querida Bella, necesitamos tu firma para certificar ciertos documentos. Recordarás que para que pudieras firmar ante el notario te di un poder. Y la empresa nos ha dado algo de tiempo para resolver este problema. Pero… sin tu firma no podemos hacer nada —agregó, mientras Edward rodaba los ojos—. Si estás libre, te pido que vengas a la oficina.

No puedo ir, lo siento.

—Bella, estoy en un apuro —suplicó Jasper—. Hazlo por mí, por favor… hazlo por mí.

¿Edward está ahí?

Ambos compartieron una breve mirada, y Jasper se encontró frente a un dilema descomunal.

—En efecto —asintió y Edward chaqueo los dientes en desaprobación.

En ese caso, no puedo ir —negó con rapidez—, así que lo siento, de verdad.

—Bella, no lo hagas, te he dicho que estamos en una situación delicada —insistió—. De todos modos, Edward va a salir a una reunión, no regresará dentro de unas tres o cuatro horas.

¿Me lo aseguras? ¿Definitivamente no va a volver antes?

—No, no va a venir. Tiene una larga reunión. Mira, hagamos esto —sugirió—: ven aquí, terminaremos todo en una hora, y te irás sin ver a nadie. Te doy mi palabra.

Muy bien, tengo un poco de trabajo, me prepararé e iré dentro de un rato.

—¡Eres maravillosa! ¡Te espero aquí, Bella!

Bella colgó la llamada y Edward asintió para sí mismo, observando a Jasper pero perdido en sus pensamientos.

—¿No ibas a salir con Lauren? Ve y resuelve tus asuntos… por Dios —exclamó mientras se giraba en su asiento.

Edward asintió, y se fue, sumido en sus pensamientos.

—El clima es muy agradable hoy, ¿cierto? —preguntó Lauren mientras iban de camino a un restaurante, se encontraba más que feliz de toda la situación que había ocurrido, para ella… todo se estaba alineando.

—Sí —asintió Edward estaba genuinamente feliz, y presionó un botón en el coche, despejando el techo.

Por primera vez en el día, sintió un rayo de esperanza iluminarlo, sabía que Lauren lo quería… además, según la lógica, ella era la mujer ideal para él. Y si una pequeña similitud como esta, lo hacía feliz… quizá tendría esperanza en su relación con ella. Se giró para sonreírle.

—Han pasado muchas cosas entre nosotros, pero parece que hoy estamos bien, ¿verdad? —murmuró Lauren mientras fruncía el ceño, acomodándose el cabello—. Podrías… ¿Podrías cerrar la capota?

Edward apretó la mandíbula, era demasiado bueno para ser verdad, por supuesto ¿en qué estaba pensando?

—Es que el viento me arruina el cabello, por eso —explicó Lauren notando su evidente tensión.

Ah.

—Como sea, no arruinemos nuestro buen humor.

—Claro, no lo arruinemos…

Y la recordó, la recordó con fuerza, la recordó sentada a su lado, cantando y bailando… con el cabello hecho girones por el aire, y sin embargo, una sonrisa enorme siempre adornaban sus labios, durante mucho tiempo él había sido como Lauren… pero gracias a Bella, gracias a ella, había empezado a apreciar las pequeñas cosas de la vida.

X – X – X

—Rose, gracias por no dejarme sola.

—Que no controle la ira es culpa de Edward, no tuya —susurró Rose, consolándola brevemente.

Estaban paradas fuera de las oficinas de Art Life, y lo que antes le había parecido maravilloso, ahora mismo la intimidaba.

—Sí, tienes razón. Voy a encontrar al responsable de esto, voy a limpiar mi nombre… y hasta que lo logre, seguiré caminando con la cabeza en alto.

—Y yo siempre te voy a proteger.

No habían dado ni tres pasos dentro, cuando Diego saltó frente a ellas, asustando a Bella.

—¿Dónde está Leah?

—¿Cómo voy a saberlo? Probablemente en su casa, o en otro lugar —respondió Bella confundida.

—¿Por qué no está contigo?

Rose empezó a reírse con diversión.

—¿Dónde está Edward? —preguntó Bella tentativamente, mirando a su alrededor con precaución.

—Salió con la Srta. Lauren.

Bella intentó sonreír en respuesta, pero resultó siendo una mueca casi de molestia, Rose se dio cuenta de su incomodidad casi al momento.

—¿Dónde está Jasper? —inquirió Rose, desviando el tema.

—En su oficina.

Bella asintió y dejó atrás a Rose, que se disculpó para atender una llamada entrante. Su corazón latía con fuerza en su pecho, cuando cruzó la puerta hacia la entrada del estudio.

—¿Bella? —chilló Bree.

—¡Bienvenida, Bella!

—¡Bella!

—Hola —respondió ella con una pequeña sonrisa.

—Bienvenida, querida Bella —exclamó Jasper, acercándose con una enorme sonrisa.

—Gracias, Jasper. —susurró, antes de suspirar profundamente y mirarlo a los ojos—. No le di a nadie el diseño a propósito, ¿lo sabes, verdad?

—Aquí nadie lo duda —dijo con solemnidad—, puedes estar tranquila. De todos modos, olvídalo, el culpable aparecerá muy pronto.

—Mmhm.

—¿Quieres tomar un café? Vamos, ve a la sala de juntas, iré por los documentos.

—¡Oh! —jadeó Bella señalando su pie—. ¡Te has quitado el yeso!

—Sí, y también me deshice de las muletas. Pronto volveré a la normalidad.

Y mientras ellos estaban inmersos en papeleos, Edward se encontraba entrando a la oficina, le había dicho a Bree que le llamase tan pronto Bella pusiera un pie dentro de Art Life.

—Llegaste temprano —saludó Alice cruzándose de brazos.

—Nadie parece querer que vuelva a la oficina —comentó Edward con molestia, intentando limpiar una mancha que le había caído sobre su camisa.

—Así es, Edward —suspiró rodando los ojos—. ¿Vas a tu despacho?

—No —negó—, iré a recoger unos documentos.

—Muy bien.

Bella se encontraba esperando a Jasper en la sala de archivos, estaba inmersa en sus pensamientos, cuando Bree entró corriendo.

—¡El Sr. Edward ha vuelto! —gritó en voz baja.

—¿Qué? —exclamó, entrando en pánico.

—¡Llegó temprano!

—Bree, no quiero verlo. ¿Qué hacemos? —murmuró rápidamente, mirando a su alrededor.

—Escóndete en la parte de atrás, lo distraeré de alguna manera. ¡Vamos, corre!

Justo en el momento que ella se escondió detrás de la pared, Edward entró a la habitación.

—¡Sr. Edward… ha vuelto! —canturreó Bree con nerviosismo—. ¿Necesita algo?

—Vine a recoger el expediente.

Y mientras Bree lo distraía con un parloteo interminable, Bella aprovechó la oportunidad y salió por la parte de atrás, corrió hacia las escaleras que daban hacia la segunda planta y suspiró con alivio cuando se metió a una de las habitaciones.

¿Qué estaba haciendo aquí justo ahora? ¡No quería verlo!

Su corazón se detuvo cuando escuchó la voz de Edward en el segundo piso, por suerte, uno de los arquitectos le habló para revisar un diseño y Bella tomó la oportunidad para entrar a una de las oficinas más alejadas.

Se quedó estoica por un momento, dentro del despacho había otro pequeño cuarto, se quedó por unos minutos ahí antes de salir y darse cuenta que en realidad era el despacho donde había visto por primera vez a Edward, cuando vino por su bolso. Se asomó hacia la planta baja a través de la pared de cristal, y vio a Bree haciéndole señas como loca.

—¿Qué? —inquirió Bella sin entender—. ¿Me escondo allá? —señaló hacia el rincón del despacho.

Bella corrió y suspiró recargándose contra la pared, cerró los ojos con alivio antes de sentir que la pared colapsaba hacia atrás, abrió los ojos de par en par cuando sintió unos brazos rodearle la cintura con firmeza.

—¿Bella? —inquirió Edward con sorpresa.

Ella lo miró fijamente, su rostro a escasos centímetros y sus manos aún sosteniéndola.

—¿Qué hay ahí? —susurró mirando detrás, se alejo de su toque.

—Mi armario y la ducha. —Edward estaba sorprendido, sin duda había regresado a la oficina para verla, pero jamás esperó que cayera literalmente entre sus brazos—. ¿Has venido?

—Sí —asintió rascándose el cuello, restándole interés—. Vine porque no estabas aquí, así que me voy.

Edward se quedó estoico por un momento, seguía tan abrumado por su belleza… y su aroma, que tardó un momento en seguirla, escuchando el repiqueteo de sus zapatillas bajar por las escaleras.

—Bella. —Ella lo ignoró—. Bella —repitió—. Espera. ¿Podemos hablar cinco minutos?

Se detuvo detrás y ella se giró, rodando los ojos, lo miró fijamente sin decir nada, con los labios apretados y sus ojos fríos. Asintió con brusquedad y se dirigieron hacia la sala de juntas.

—Por favor, siéntate.

—Estoy bien —replicó mientras Edward cerraba las puertas—. No quiero estar más tiempo contigo en el mismo lugar.

—Bueno, mira… —suspiró, acercándose—, sé que ayer perdimos el control de nuestra conversación.

¿Perdimos el control? —inquirió con molestia—. Nunca me habían humillado así en toda mi vida.

Edward apretó la mandíbula y la miró, había subestimado su coraje, porque sin duda, si las miradas matasen, él ya estaría tres metros bajo tierra.

—¿Cómo puedes pensar que vendí tus diseños a una fábrica de quinta para dejarte en ridículo?

—Entonces explícamelo —exigió acercándose más a ella—. ¿Cómo terminaron estos diseños en manos de alguien más?

—¿Qué clase de persona eres? —preguntó enfadada—. ¿Me has hecho venir para hablarme de esto? Para que te diga como los robé y se los di a otros, ¿no?

Bella, estoy tratando de encontrar una explicación lógica.

—¡Desafortunadamente, no todo tiene lógica! —exclamó mirándolo fijamente—. A veces no hay lógica, porque si todo fuera lógico entonces mis sentimientos…

Bella se detuvo abruptamente, cerró los ojos con fuerza y suspiró, el calor de la discusión la habían hecho hablar de más, y ahora sentía su mirada quemarla.

—¿Tus sentimientos?

—Me voy, aun tengo cosas que hacer…

Se giró rápidamente. Edward la agarró con fuerza de la muñeca y la empujó hacia él, haciendo que ella rebotara contra su pecho, lo miró sorprendida, su respiración entrelazándose con la de él.

Edward, inevitablemente, bajó los ojos hacia sus labios llenos y rosados, tragó con fuerza antes de obligarse a mirarla a los ojos.

—Termina la frase —ordenó, haciendo que Bella pestañeara dos veces, saliendo de la bruma en la que él la había inducido.

—Déjame en paz. —murmuró en voz baja, Edward suspiró y la soltó.

—Bella, quiero confiar en ti. —ella sonrió burlonamente—. Pero, para confiar necesito…

—Necesitas pruebas —lo interrumpió, asintiendo—. Necesitas pruebas de que yo no lo hice. La encontraré, te la traeré… y nunca más volverás a verme, Edward.

Bella salió enfurecida, sin esperar una respuesta.

—¿Bella? —exclamó Jasper sorprendido, sin embargo, ella no se detuvo.

—Esto es lo que menos me gusta de todo, mira. —suspiró Alice

—Es una pena, ¿cierto?

—Es una pena, claro. Es una pena que la gente mezcle el amor y el trabajo. —Jasper la miró con incredulidad—. La oficina está fuera de control

—Alice, ¿tú tienes una vida personal?

—No, Jasper, solo tengo una vida profesional.

—Entonces, no puedes mezclar el trabajo y el amor, porque no sabes nada del amor.

—¿En serio? —replicó cruzándose de brazos—. ¿Y tú si lo sabes?

—Lo hago, por eso, a veces mezclo cosas, Alice… La gente que tiene sentimientos, a veces no sabe controlar su necio corazón.

Alice alzó una ceja, y lo miró sin parpadear.

—Al parecer alguien te rompió el corazón, pareces muy dolido.

—Si tú supieras…

—No deberías contarme tus problemas, Jasper —susurró molesta, su sistema abrumado con los celos—, la que te rompió el corazón, ya te lo arreglará.

Él la vio alejarse, y pese a todos los consejos que le daba Rose, descubrió que era muy difícil comprender a Alice.

X – X – X

Edward estuvo dando vueltas por el estudio, no podía quedarse quieto en un solo lugar, y Bella simplemente se la pasaba huyendo, él por otro lado regañando a todo quien se le pusiera enfrente.

—Edward —lo llamó Lauren, entrando al estudio—, tengo buenas noticias para ti.

—Por favor, quiero escuchar algo bueno hoy.

—Hablamos con la periodista que filtró el contrato a la prensa, ella confesó que lo encontró mientras hurgaba en la basura. Rosalie la demandará —añadió sonriendo.

—Bueno, pero eso no es suficiente, quiero que reciba el castigo más severo.

—Bien… ¿Seguiremos trabajando con Rosalie? Ella es amiga de Bella —añadió casi de manera despectiva.

—Sí, por supuesto que sí —respondió Edward frunciendo el ceño, sin entender el rumbo de su pregunta.

—Bueno, y ya que vine aquí, creo que deberíamos ver la presentación del proyecto, no quiero que hayan problemas.

—Bien, solo tengo que hacer unas cosas, ahora lo vemos.

—De acuerdo, iré por un café.

Lauren se dirigió a la sala común, cuando vio a Bella parada a lo lejos, se acomodó su rubio cabello y caminó con determinación hacia ella.

—Buenas tardes, Bella. Todos están nerviosos otra vez —añadió.

—Tranquila, Lauren —respondió cruzándose de brazos y enfrentándola—. Nos las arreglamos.

—El estrés en esta empresa no va a beneficiar a nadie. Espero que entiendas en qué estado se encuentra Edward gracias a ti.

—¿Disculpa? —la interrumpió ladeando ligeramente la cabeza, su mirada ahora casi felina—. ¿Cómo te atreves a decir una cosa así, Lauren?

La rubia la miró burlonamente, desviando la mirada por un momento.

—Bella, Edward es socio de una de las empresas más importantes del país, además de ser el arquitecto más joven en recibir un premio. Todos los años escriben de él en las revistas como el soltero del año.

Bella levantó sus cejas, fingiendo interés.

—Edward es una marca y yo soy su gerente de relaciones públicas.

—Eres muy romántica —respondió Bella sin intentar ocultar su sonrisa—, está claro por qué rompieron.

—Cuida tus palabras. —Bella no dejó de reír—. Gracias a ti, tenemos un gran problema en este momento.

Ah, ahora lo entiendo. Solo tienes esto y decidiste usarlo. Pero no te preocupes, Lauren, yo no le he dado nada a nadie. Y pronto todos lo sabrán.

—Espero que sí —replicó con una sonrisa burlona y se dio la vuelta.

Bella la observó salir, con los ojos ardiendo en una furia silenciosa.

Lauren entró a la sala de juntas, donde Edward se encontraba con la cabeza entre las manos, lo observó con preocupación.

—¿Estás bien?

—Sí —asintió recomponiéndose rápidamente.

—¿Estás seguro?

Edward suspiró, levantándose de su asiento y acercándose a ella.

—Sí, Lauren. ¿Por qué haces la misma pregunta?

—Te conozco desde que éramos niños. Y supongo que lo que está pasando contigo y con Bella te afecta. —Edward desvió la mirada y apretó los labios con fuerza—. Y sé que no me dirás nada. Pero sabes que siempre estaré contigo, con una llamada basta.

Lauren extendió los brazos y le rodeo la espalda en un abrazo.

—Gracias —susurró Edward devolviéndole el abrazo incómodamente.

Se tensó tan pronto sintió la mirada de alguien puesta sobre ellos, alzó la vista y vio a Bella desviar rápidamente los ojos y entrar a la oficina de Jasper.

—Ahora vuelvo —le dijo saliendo rápidamente de la sala.

Bella habló brevemente con Jasper, antes de mirarlo con furia cargada en los ojos y dirigirse hacia la salida de la oficina.

—Bella —le llamó cuando iba saliendo.

Ella, sin embargo, caminó más rápido y salió de la empresa, sintiendo el aire de la calle despejar su mente abrumada por los celos.

—Bella, ¿puedes esperar? —repitió Edward siguiéndola—. ¿A dónde vas?

—Me voy a casa —respondió, volviéndose a él.

—Ah, ¿de verdad? —replicó colocando las manos sobre sus caderas—. ¿No puedes terminar tu trabajo antes de irte?

Bella rodó los ojos, y lo miró con furia.

—¿Qué clase de trabajo? ¿Para quién?

—Mira, sea lo que sea el trabajo, tienes que terminarlo antes de irte a casa ¿de acuerdo? —exigió con fuerza—. Asume tu responsabilidad.

—Firmaré los papeles cuando estén listos.

—Ah, qué bien —le dijo con sarcasmo—. ¿Y qué pasará con el proyecto? Te recuerdo que eres la arquitecta paisajista. ¿Qué va a pasar? ¿Vas a dejar tiradas a las personas que confiaron en ti?

—¿Personas que confiaron en mí? —repitió Bella—. No lo dirás por ti, ¿verdad? ¡No esperes que me siente ahí contigo a hablar de trabajo después de lo que ha pasado!

—Te lo repito, las personas responsables hacen el trabajo y se van cuando lo han terminado —exclamó levantando ligeramente la voz—. Pero claro, no entiendes nada esto.

Era una excusa, todo esto que estaba haciendo era un simple excusa, porque tenía miedo de no volver a verla, y la única solución que encontraba era atarla al trabajo, pero no estaba listo para admitírselo a sí mismo.

—¡No te preocupes, no abandonaré mi trabajo! Prepararé un informe detallado, y se lo entregaré a la Sra. Cope ¿estás satisfecho?

—No. Ahora no te hablas conmigo, pero te recuerdo que me tienes que hablar.

—¡No tengo que hacer nada en lo absoluto! —gruñó.

—Tenemos un contrato, al menos tenemos que hablar de que lo vamos a hacer a continuación.

—¿Qué vamos a hacer? —inquirió Bella pensativamente—. Bien, te lo voy a simplificar todo: ¡Tenias que haberlo pensado antes de humillarme ayer y haberme echado de tu casa de esa manera! No hay vuelta atrás, Edward Cullen, no te quiero volver a ver.

Edward apretó la mandíbula, estaba furioso, sin embargo, no encontraba que mas decirle. Todo lo que salía de su boca solo alentaba mas su enfado.

—Pero está bien, voy a esperar. Terminaré todo, y luego me iré.

La observó entrar con furia a la empresa, casi dejando un rastro de fuego invisible detrás de ella. Edward suspiró para sus adentros.

—Bella, revisa estos documentos de momento, iré a traer el resto —le dijo Jasper.

Ella sonrió y asintió, le había esperado quince minutos y ya finalmente estaba a punto de terminar. Su celular empezó a sonar.

—Dime, Leah.

Bella, he conseguido los videos del día que fuimos a la notaria.

—¿En serio? ¿Cómo has conseguido el permiso, chica?

Yo también tengo contactos y una reputación, ¿sabes? —presumió Leah, Bella se rio—. Nadie se acercó a nosotras, ni se cayó nada de la carpeta.

—Eres increíble, te admiro mucho, de verdad.

Eso no es todo… ¿Empiezo por las buenas noticias o por las malas?

—Por las buenas, dime, hoy no he recibido ninguna buena noticia.

¡La fabrica esa ha cerrado!

—Me alegro de que la cueva de los ladrones haya sido cerrada, por supuesto, ¿Esa es la buena noticia?

Hablé con el conductor del taller, el director se encontró con un hombre en la calle, y él les entregó el diseño.

—¿Un hombre?

Al menos no es una mujer, ahora sabemos por lo menos el género. Por lo que dijo, era alto, moreno, guapo y de barba incipiente.

—¿Quién podría ser? Necesito una prueba solida, pruebas que pueda tirarle en la cara a Edward.

¡Y la encontraremos! Creo que es alguien de la oficina, iré a ver si hay alguien que encaje en la descripción.

—Bueno, cuando dices que es guapo… Edward está ahí —susurró mirándole a lo lejos, estaba hablando con la odiosa de Lauren en la sala de juntas—, pero no es moreno, y no hay más guapos. Nop.

¡Ay, no! —gimió Leah—. Ya hemos vuelto al tema de Edward. De acuerdo, voy a colgar, tengo cosas que hacer.

—Eres una persona maravillosa, Leah —repitió—. Te has dedicado a esto todo el día.

Se despidieron brevemente y Bella suspiró, sus ojos estaban renuentes a apartarse de Edward, pero se obligó a hacerlo cuando lo vio levantarse y caminar hacia la salida, cerca de donde estaba ella.

—Muy bien, estos son los últimos documentos que tienes que firmar —anunció Jasper colocando sobre el escritorio los papeles—: Una firma aquí… y aquí.

Bella firmó rápidamente donde le indicó, podía sentir la mirada de Edward sobre ella.

—¿Eso es todo? —inquirió.

—Mmhm.

—Gracias a Dios —suspiró Bella entregándole el lapicero—. Gracias Jasper.

Bella estaba a punto de salir de la oficina de Jasper, cuando Edward se le interpuso en el camino.

—¿Y el informe? —le preguntó.

—Si queda algo por hacer, lo terminaré en casa —respondió, mirando a Jasper—, porque no quiero quedarme en el estudio ni un segundo más.

Edward apretó los labios en una sonrisa tensa y se hizo a un lado, Bella pasó de largo caminando rápidamente sin mirarle una sola vez.

X – X – X

—¿Hola? ¿Cómo estás? —saludo Riley.

—Rosalie no renuncia al caso de la periodista que publicó la nota del contrato.

—¡Guau! —elogió—. Esa chica es muy ambiciosa. ¿Y la convenció para que hablara?

—Por favor, tomate este asunto en serio… ¿tú has filtrado el contrato?

—¿Cuántas veces te lo tengo que decir? ¿Me iba a meter en problemas por una simple broma?

—Escucha —masculló con molestia—, estas fotos solo las tenía yo y únicamente te las envié a ti. Piensa bien en ello.

—Entonces, mi sentido del humor es mejor que el tuyo—se burló Riley—. Ya te lo dije, quería que todos lo vieran, confieso que soy culpable.

—¿No te tomas nada en serio? ¡Dime! Escucha, hablé con la periodista… esto no puede afectarnos de ninguna manera, mucho menos a mí y a ella. ¿Entendido?

—Salúdala cuando la veas. —suspiró, sonriendo antes de terminar con la llamada abruptamente.


Merhaba!

¿Creyeron que me había olvidado del misterio del contrato? ¡No señor! ¿Teorías? ¿Quién estaba teniendo esa charla con Riley?

Por otro lado... Bella aún hará sufrir a Edward, no se preocupen :'(

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Gracia por esos hermosos +300

Nos leemos el martes con el adelanto en el grupo.

"La Estrella del Robot"

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görüşürüz!

Con cariño, Ame y Annie.