Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.
Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.
"He desperdiciado todo el amor que guardé
Siempre hemos sido un juego perdido
Soy un chico de pueblo en un gran Árcade
Y me volví adicto a un juego perdido
Todo lo que sé, es que amarte es un juego perdido."
~ Arcade
Capitulo 24.
Bella estaba tan sumergida elaborando el reporte que había que entregarle a Edward, que miró sorprendida a su rubia y hermosa amiga, cuando le colocó una taza de café a un lado.
—Muchas gracias.
—¿Estás mejor, cariño?
—Sí. —Rose la miró expectante—. He hecho un maravilloso informe del traspaso del terreno, Edward se va a arrepentir de no trabajar conmigo.
—Por favor, él no es digno de ti y tu no trabajas para él.
—Cierto, y cuando aclare todo, no quiero saber nada más de él.
—Cuando Leah tenga las pruebas, todo se habrá acabado, si tan solo yo hubiera podido conseguir que la periodista hablara. —añadió Rose con molestia—. Pero al final no fue posible.
—Ella dijo que rebusco en la basura, ¿cierto? —inquirió Bella, estremeciéndose—. De verdad hay gente extraña.
—De hecho, ¿sabes que fue realmente extraño? Mi encuentro con esa mujer.
Bella le miró sin comprender, sea lo que sea que haya sucedido, había molestado mucho a Rose.
—Ella quería revelar la fuente, pero al final cambió de opinión en el último momento. La cosa es que su comportamiento cambió abruptamente después de la llegada de Lauren.
—¿Lauren también estaba ahí? —entrecerró los ojos con sospecha.
—Mmhm. Me ha dicho que era asunto de relaciones públicas, Alice le avisó del encuentro, supongo.
—Un poco más y en Antalya me hubiera echado a los periodistas por el bien de sus relaciones públicas —bufó Bella, recordando el viaje.
—Te diré algo —susurró Rose con suspenso—: Después de que llegó Lauren a nuestra mesa, le dio el celular a la Srta. Fatma…y le dijo algo como dame tu numero, no escuché bien, pero después de eso… el comportamiento de Fatma cambió… incluso se veía incomoda.
—Rosalie… ¿Crees Lauren puede estar relacionada con la filtración del contrato a la prensa?
—Yo estoy casi segura, pero no puedo probarlo.
—¿Pudo haberlo hecho ella? —sabía que esa mujer no era de fiar… pero jamás se le pasó por la mente que fuese capaz de hacer tal bajeza.
Rose asintió.
—¿Tú crees que le haría eso a su socio, ex novio y amigo de la infancia? —Rosalie bufó y apoyó el mentón en su mano, levantando una ceja—. Muy bien, apuntemos a Lauren como sospechosa.
—¡Muy bien!
—Olvidemos a Lauren —suspiró Bella—. Será mejor que le lleve este informe a Edward esta noche, no esperaré hasta mañana.
—¿Por qué? —replicó Rosalie, intentando ocultar su sonrisa.
—Bueno, para que vea que trabajo rápido, y para que sepa que no me he pasado la noche trabajando —añadió dubitativa.
—No tienes que demostrarle nada a Edward —negó con rapidez, antes de entrecerrar los ojos con sospecha—. ¿O estas buscando excusas para ir a verlo?
—¿Qué tiene eso que ver? —preguntó a la defensiva—. No quiero verlo, no seas tonta. Esto no tiene nada que ver con eso… ¡Está bien! ¡No voy a ir! No iré.
Rosalie asintió satisfecha, y mientras tomaba tranquilamente su café, Bella suspiró para sus adentros y la miró con un ligero puchero.
—¿Te falta mucho? —preguntó Rose después de un rato de estar esperando—. Levántate temprano mañana, quiero ir a dormir.
—Hay un par de puntos más… luego tengo que imprimirlo, no me falta mucho, ve a dormir, no tardaré —prometió.
—Entonces me voy, mañana desayunaremos juntas, no lo olvides. —antes de levantarse, se giró y la miró con sospecha—. Que no se te ocurra hacer algo impulsivo como ir a verle, ¿de acuerdo?
—Tranquila, no lo haré —mintió.
—Bien, buenas noches.
Tan pronto se alejó, Bella cerró lentamente su ordenador, la verdad es que solo se la había pasado ganando tiempo y aburriendo a Rose, la idea ya se había instalado en su cabeza y no había manera de sacarla de ahí, por supuesto que iría a buscar a Edward.
No se demoró mucho después de la partida de su amiga, tomó su chaqueta y las llaves de su coche, y se dirigió hacia la mansión Cullen.
Se estaría engañando a sí misma si dijera que no estaba nerviosa, el agarre fuerte sobre la carpeta era una prueba de ello, iba cruzando por las caballerizas, cuando sus pasos vacilaron al escuchar aquella voz chirriante penetrar por sus oídos.
—No puedo creer que Estrella esté tan saludable, se ha recuperado completamente —la voz de Lauren la hizo detenerse abruptamente.
—¿Verdad que sí? —respondió Edward, su voz se alzó amistosamente, y el aire casi escapa de los pulmones de Bella—. Estoy sorprendido por su paciencia, es una inspiración.
—Edward, has cambiado mucho —elogió Lauren—. Antes era imposible imaginar que algún día dirías unas palabras tan sensibles. Es como si hubiera dos Edward, uno antes y uno después de Bella.
Edward bufó.
—Curiosamente, Jasper dijo algo similar a eso. Pero yo no veo la diferencia.
—¿De verdad terminaste con ella? —se instaló un breve silencio—. Alice me comentó un poco.
Bella se puso alerta, y esperó ansiosamente su respuesta, aunque ya sabía cuál sería.
—No lo sé, eso parece… —respondió dubitativo, casi podía verlo fruncir el ceño.
—Fue difícil para mí separarme de ti. Te amaba mucho. —murmuró Lauren.
Bella rodó los ojos antes de girarse asustada cuando sintió a alguien detrás, el rostro de Emmett apareció frente a ella y se colocó los dedos sobre los labios, indicándole que no quería que ellos se dieran cuenta de su presencia.
Entrecerró los ojos, estaba confundida.
—Creo que debemos escucharlo juntos —explicó Emmett en voz baja. Sin embargo, Bella no estaba convencida… al final, quienes de verdad estaban comprometidos eran ellos.
—Pero fue una buena lección para mí —continuó Lauren—. Quizás romper con Bella sea una buena lección para ti. No lo sé, tal vez sea bueno.
—¿Y por qué? —suspiró Edward.
—No lo sé, Edward… Emmett es un hombre comprensivo, estoy tratando de construir una vida con él, mi razonamiento lógico me dice que debería estar con él, es la persona adecuada para mí…
Bella miró de reojo a Emmett con empatía, se encontró ante un hombre abatido… y supo que él no se merecía esto.
—¿Pero…? —replicó Edward escuchando la duda en la voz de Lauren.
—Pero… no sé qué hombre es el correcto.
—Tu "razonamiento lógico", ¿ese es el que escuchas? —inquirió Edward, riendo quedamente.
—¿Por qué te ríes? —susurró Lauren ligeramente avergonzada.
—Si hago caso a mi lógica… —Bella cerró los ojos con fuerza—. Eres la elección obvia para mí. Y si tú haces caso al tuyo, el hombre adecuado para ti es Emmett. ¿Qué hacemos? —suspiró—. ¿Escucharemos a nuestra lógica?
—Entre Bella y tu… ¿Harías caso a tu razonamiento lógico con ella? —preguntó Lauren tentativamente.
En esta ocasión, fue el turno de Emmett para mirar a Bella con empatía, podía notar la tensión que la rodeaba, al igual que a él.
—Entre nosotros no hay lógica —respondió, volviéndose a ocupar cepillando al caballo, evitando mirar a Lauren.
—¿Y qué hay? —la curiosidad la estaba devorando.
Bella lo escuchó suspirar con brusquedad, carraspeo levemente y ella se puso alerta.
—¿Podemos trabajar ya? —replicó Edward, cambiando súbitamente de tema.
Emmett y ella compartieron una breve mirada, antes de asentir en un acuerdo silencioso, se alejaron rápidamente sin hacer ruido.
—¿Estás bien? —le preguntó en cuanto se retiraron lo suficiente.
—Sí —asintió Bella encogiéndose de hombros—. ¿Y tú?
—Ya sabía que Lauren se iba a casar conmigo por ser lo más lógico. Pero realmente la amo, estoy muy enamorado, incluso si ella no me quiere… yo la amo. Eso tampoco es muy lógico, pero…
—En mi opinión, el amor siempre es mejor que la razón.
—Por cierto, escuché que han terminado, lo siento mucho —añadió Emmett.
—Después de que Edward me acusara de robar el diseño… eso ya no me preocupa —negó lentamente.
—A mí me parece que es muy estúpido que Edward no haya confiado en ti.
Bella estaba a punto de restarle importancia, cuando se tensó recordando la plática que había tenido con Rose hace unas horas.
—Emmett, ¿puedo preguntarte una cosa? —susurró, mirándolo fijamente—. Es muy importante.
—Sí, claro.
—En la cena… esa noche, solo había tres personas que podrían haber filtrado el contrato —empezó lentamente—. Lauren, tú y yo. Así que tengo que preguntarte esto… ¿Crees que Lauren, por celos, podría haberle dado el contrato a la prensa?
Emmett empezó a reír con suavidad.
—Bella, ¿qué estás diciendo? Es socia de Edward, lleva las relaciones publicas, además —añadió—, la mujer lo encontró en la basura, nadie le dio nada.
—Mira, a Edward no le interesan estas cosas, así que no se lo he dicho. Pero no pudo encontrarlo en la basura, los contenedores están dentro de la finca —murmuró con determinación—. Por eso, si Lauren lo hizo, si fue ella quien me vendió a la prensa y traicionó a Edward… tarde o temprano lo voy a descubrir.
—Ella no lo hizo, Bella —suspiró Emmett.
—Le mostró el móvil a la periodista… y después de eso, su actitud ha cambiado —señaló Bella con fuerza—, cambió de opinión para entregar el nombre de la persona.
—Bella, Lauren no lo hizo —repitió Emmett, visiblemente nervioso.
—¿Entonces quién fue? —exigió con molestia.
—Fui yo —suspiró derrotado.
—¡¿Qué?!
—Se lo envié a Riley, solo para divertirnos —bajó la mirada avergonzado—, y luego él hizo algo estúpido.
—Emmett, ¿de verdad? —susurró Bella impresionada, no podía creerlo… no esperaba eso de él. Y le costó creerlo.
—Lauren realmente no hizo nada. —Bella bufó y desvió los ojos—. Solo ha hecho todo lo posible por protegerme de Edward, de verdad —insistió.
—¿Qué estás diciendo, Emmett? —esto lo cambiaba todo… sería fácil echar de cabeza a una persona tan vil como Lauren, pero ahora ya no estaba tan segura… y sobre todo sabiendo que Edward no se iba a detener.
—Bella, por favor, no le digas nada a Edward —suplicó—. Porque Lauren no hizo nada. No me importa en absoluto lo que me haga Edward, de verdad. Pero si se entera, va a despedir a Lauren y le quitará su parte de la empresa. Este fue mi error, que quede entre nosotros —insistió.
Ella no estaba convencida, realmente no sabía que decirle… lo miró fijamente, la decepción apoderándose de cada parte de ella, y asintió lentamente.
—Buenas noches, Emmett.
Antes de irse, se acercó al coche de Edward con la carpeta azul apretada fuertemente en sus manos, la colocó en el parabrisas y mientras se giraba… se le formo un nudo en el estomago. Esto sería lo ultimo… lo ultimo antes del final definitivo.
Edward, mientras tanto, continúo trabajando con Lauren, él le había llamado… y ella había aceptado, necesitaba olvidarse de Bella por un momento, y la única forma era sumergirse en el trabajo.
—Eso ha sido todo, hemos avanzado mucho —comentó Lauren mientras guardaba y ordenaba lentamente documentos en su bolso, no quería llegar a su casa, antes le había tenido que mentir a Emmett diciéndole que estaba con Alice, cosa que no era así, pero habían tenido una discusión fuerte precisamente por celos hacia Edward, y no tenía ánimos de lidiar con ello.
—Sí, muchas gracias por tu trabajo.
—¿Qué dices? No es nada. Estás cansado, ¿cierto? —señaló—. Haz tenido un día duro.
—Sí —suspiró Edward mientras miraba una mancha invisible en el techo—, fue un día duro.
—¡Vaya! Soy testigo de las confesiones inesperadas de Edward Cullen.
Edward elevó ligeramente el labio en una pequeña sonrisa, y asintió.
—¿Qué dices? ¿Tomamos algo? —Sugirió animada—. Creo que nos lo merecemos.
—Eh… yo… —negó lentamente—. Como has dicho, fue un día difícil. Para ser honestos, tengo que sacar a pasear a Sirius, y a mí también me hará bien. Quizás en otro momento —añadió.
—Muy bien, en otro momento será.
Se despidieron de manera breve. Edward suspiró tan pronto se encontró solo con su fiel compañero.
—Muy bien, Sirius. ¿A dónde vamos esta noche? —murmuró en voz alta mirándolo con nostalgia cuando aulló con suavidad—. En mi opinión, también deberíamos dar un paseo. Vamos.
Había descubierto que su nuevo parque favorito… es decir, de Sirius, era aquel donde había ido con Bella… aun recordaba haberla envuelto en su chaqueta, el recuerdo de la sensación de tocarla ligeramente aun le picaba en las manos.
Sirius se soltó y empezó a correr, como si fuese detrás de alguien, por suerte lo alcanzó y le colocó la correa nuevamente.
—Ven, vamos a sentarnos.
Por supuesto que recordaba perfectamente el banco en el que se habían sentado juntos, y decidió recordarla bajo la luz de la luna, estaba a punto de perderse en las estrellas y ella, pero notó que Sirius seguía inquieto mirando hacia un enorme arbusto a un par de metros de ahí.
—¿Sirius? —inquirió con curiosidad, dejando que el perro liderara el camino hacia aquello que le estaba llamando la atención—. ¿Qué hay ahí, Sirius? ¿Sirius…?
Se detuvo abruptamente. Edward miró casi con asombro a Bella escondida entre las ramas. Su bello y delicado rostro iluminado con su suave y sedoso cabello enmarcando sus facciones.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Edward sorprendido, sus ojos bajaron rápidamente la piel expuesta de su abdomen debajo de su chaqueta y aquel diminuto top que estaba usando.
—Salí a dar un paso —apretó sus labios en una sonrisa incomoda, la verdad es que había salido a torturarse con los recuerdos que albergaba de él… los buenos y los malos.
—Ah.
—¿Y qué estás haciendo tú aquí? ¿No estás muy lejos de casa? —replicó metiendo las manos dentro de sus pantalones cortos.
—Así es, pero… a Sirius le encanta pasear aquí.
Ella le miró con una sonrisa torcida, solo que el brillo no llegó a sus ojos, negó para sus adentros antes suspirar.
—Me voy. —se giró rápidamente, alejándose unos cuantos pasos antes de que la voz de Edward se alzara sobre ella.
—Bella. —ella se detuvo—. Si quieres, siéntate con nosotros cinco minutos. Sirius te extraña mucho.
Se acercó a una de las bancas y se sentó, la llamó suavemente y ella aceptó, sentándose a un lado, una pierna rebotando ligeramente.
—¡Yo también te extraño, Sirius! —canturreó con felicidad mientras abrazaba al enorme perro, Edward le miró hipnotizado—. ¡Te extrañé muchísimo!
Ella podía sentir su mirada verde casi perforarla, se sentía sofocada, y mientras jugueteaba brevemente con Sirius, lo miró de reojo… Bella abrió la boca para decirle algo, pero la cerró rápidamente, si seguía aquí un segundo más… si no se iba pronto, se iba a derretir, porque por un momento juró y quizás se engañó a sí misma, pensando que la estaba mirando con nostalgia y amor.
—Tengo que irme —anunció levantándose, Edward pestañeó un par de veces en reconocimiento, y apretó la mandíbula—. Nos vemos, Sirius.
Quiso decirle que no se fuera, que se quedara otro momento más, que lo dejara beber de su belleza y de su brillo… pero no pudo.
—No le dijiste "No te vayas", Sirius —murmuró con suspiro.
X – X – X
Al día siguiente, mientras Bella desayunaba con sus chicas, les contó lo que Emmett le había dicho lo noche anterior.
—Así que Edward tenía razón sobre Riley desde el principio —concluyó con enojo—, incluso organizó la aparición del contrato en los medios.
Angela se había puesto pálida de pronto, mirando a Bella con los ojos abiertos de par en par.
—Entonces Riley está tan obsesionado con Edward que puede hacer todo lo que está en sus manos para obtener información sobre él… ¿verdad?
—Exactamente —asintió—. Nos conocimos en la carretera, cuando mi coche se averió y me ayudó a repararlo. Incluso me pregunté por qué Edward estaba tan obsesionado con ese incidente… pero resulta que no fue una coincidencia.
—Ese tal Riley entonces… es capaz de fingir conocer por accidente a alguien, hacer que te enamores de él, usarte y luego tirarte a la basura… —la voz de Ange tembló con cada palabra que decía y sus ojos se iban llenando de lagrimas.
—Ange, Ange —le frenó Rose con sorpresa ante sus palabras—, ¿qué te pasa? ¿estás bien?
Todas le miraron sorprendida, sin embargo, Ange se tragó el nudo en la garganta y miró fijamente a Bella. Se inclinó sobre la mesa y tomó sus manos.
—Bells… quiero pedirte perdón, de verdad… Los Edward y los Riley van y vienen, pero tú y yo siempre seremos amigas, ¿verdad? —imploró con suavidad, Bella la miró sin entender antes de compartir una mirada con Rose y Leah—. Si lo hubiera sabido, te lo habría dicho… jamás te lo hubiera ocultado.
—Ange, cálmate cariño—susurró Bella con tranquilidad—. ¿Qué estás diciendo? —Entrecerró los ojos con sospecha y una pequeña furia empezó a crecer en su interior—. ¿Qué te ha hecho Riley?
—La limonada—jadeó Leah de repente, mientras el rostro de Angela se desmoronaba en lágrimas—. Riley dijo que tu le invitaste limonada, Ange… eso significa, tras encajar todas las piezas, que Riley se acercó a Ange para sacarle información de Bella y Edward… fingió enamorarse de ella… hizo que disfrutara de su compañía.
A Bella se le estrujo el rostro tan pronto escuchó el suave llanto salir de lo más profundo del pecho de su amiga, se levantó rápidamente y la acogió entre sus brazos.
—Ange…
—Lo siento mucho, de verdad —sollozó Angela abrazándola con fuerza—. Te lo iba a decir, te juro que te lo iba a decir, estaba esperando el momento adecuado para decírtelo.
—Perdóname tu a mí, cariño —suplicó Bella con desesperación—. No me había dado cuenta de nada, no he hablado contigo y no sabía lo que estabas viviendo. Tenía que haber escuchado a Edward, haber tomado en serio sus palabras. Debería habértelo dicho.
—¡Y el robó los diseños de Edward, estoy segura! —gruñó Leah, quien se estaba convirtiendo en una furia oscura y tranquila.
—No tengo ninguna duda —asintió Rose.
—El-el día que estabas en la ducha —recordó Ange entre hipidos—, vinimos a casa, porque no puedo comer fuera por la dieta… vinimos a comer, pero poco después tuvimos que salir.
Bella miró a Leah rápidamente.
—La carpeta estaba a la vista. ¡Seguramente le tomó fotos!
—¡Riley Biers necesita una buena lección! —sentenció Rose—. Pero primero, debemos demostrar que él es el culpable, y para eso necesitamos pruebas.
—¡Estoy enojada! ¡Muy furiosa! —gruñó Angela secándose las lagrimas—. Me voy a vengar. Me vengaré por todas nosotras. Donde quiera que estén las pruebas, las voy a encontrar y se las llevaré a Edward, ¿de acuerdo?
Bella le tomó rápidamente la mano en apoyo, y su amiga la miró con lágrimas en sus mejillas redondeadas y tristeza.
—Yo creía… yo pensé… que él me amaba —susurro bajito y Bella sintió que el corazón se le fracturaba—, yo confié en él —sollozó. Bella la abrazó nuevamente, intentando juntar sus pedazos.
Rose y Leah corrieron rápidamente hacia ella y juntas abrazaron a Ange, quien mas hundida en el dolor no podía estar, sobre todo siendo alguien tan sensible.
Después de tranquilizar un poco a Ange, todas tomaron el camino hacia el trabajo, Bella llegó pronto a la floristería, sonriendo al ver a su tía trabajando en un bello arreglo.
—¡Buenos días! —canturreó tomando asiento.
—Buenos días, cariño —asintió Maggie sentándose frente a ella—. ¿Cómo estás?
—Bien, gracias… ¿Y tú?
—Yo también, bien… y dime, ¿cuáles son tus planes para el futuro? —preguntó Maggie, sonriendo.
—Para ser honestas, mi plan es no planear nada —confesó y su tía empezó a reír con cierta preocupación.
—Bueno, al parecer no ha cambiado nada.
—Por supuesto que lo hay —exclamó, fingiendo estar ofendida—. ¡Ahora vuelvo a ser la misma de antes! Todo será como hace un mes, cuando Edward Cullen no existía en mi vida… ¡Todo será exactamente así!
Maggie arqueó una ceja, mirando a Bella de manera dudosa.
—¿Entonces vas a trabajar aquí y en la noche tendrás reunión de chicas?
—Bueno, tía, no te rías —un suave puchero se instaló en sus labios—. Eso no es verdad, voy a volver a la universidad… con las chicas y contigo, no necesito nada más.
—Muy bien, la verdad es que harás lo que tú quieras, no tengo la menor duda —asintió Maggie solemnemente antes de cambiar su expresión drásticamente—. Pero, quizá las cosas no sean tan fáciles. Quiero decir, que te olvides de que vaya a ser tan fácil.
Bella intentó mantenerse serena, pero en cuanto vio hacia donde se dirigía su tía con sus palabras, quiso huir corriendo de ahí.
—¿Bella? —inquirió tratando de llamar su atención, mientras ella fingía estar en cualquier lugar, menos frente a su tía—. Es la primera vez que has tenido una experiencia así.
—No, no estoy triste —bufó encogiéndose de hombros—, pronto lo voy a olvidar, todo ha sido un error desde el principio.
Maggie cerró los ojos, intentando encontrar las palabras adecuadas.
—Bella, puede que te resulte difícil olvidar a Edward Cullen, y quiero que lo sepas. Pero siempre estaré a tu lado —añadió rápidamente cuando vio el rostro de su sobrina contraerse ligeramente—. ¿De acuerdo? No lo olvides.
Bella asintió de manera casi imperceptible, antes de que su labio inferior temblara y miró a su tía con los ojos brillosos.
—¡Oh, no! ¡No! —suplicó Maggie—. Bella, mi vida… lo siento mucho.
Y cuando su tía la atrapó en un cálido abrazo, Bella sonrió limpiándose las pequeñas lagrimas.
—Tomemos un café o un té —sugirió separándose ella después de un momento, y cambiando de tema.
—Oh, bien —Maggie le sonrió con cariño—. Mira, casi me has hecho llorar…
X – X – X
Sentado frente al ordenador en la sala de juntas. Mientras trabajaba ágilmente, no podía evitar que una parte pequeña de su mente dejase de darle vueltas a la carpeta azul a un lado de él, carpeta que Bella había dejado en el parabrisas de su coche en algún momento de la noche anterior.
Edward supo por Stefan que ella no había ido hoy a su casa, antes de decirle por supuesto, que volvía a ser un ser melancólico y solitario, estaba claro que aun no lo perdonaba por lo de Bella.
¿Lo había traído anoche y se fue porque lo vio con Lauren?
¿Lo dejó ahí simplemente porque no quería verlo?
Necesitaba respuestas, y eso era lo único en lo que estaba seguro.
—Hola —saludó el Sr. Anthony entrando a su oficina con una enorme sonrisa, Edward levantó la mirada, sorprendiéndose. Prácticamente estaba viendo otra versión de su padre… una versión de una persona de la tercera edad con crisis de identidad.
—Eh… bueno, no te ofendas —carraspeo Edward aun perturbado por lo que veían sus ojos—, pero no estoy muy acostumbrado a tus visitas.
—He venido a tomar una taza de café —le comentó en tono jovial, Edward levantó las cejas en reconocimiento—, luego iré a mi oficina.
—¿Estás bromeando? —replicó negando lentamente—. Estoy seguro que te has enterado de todo lo que ha pasado, y por eso has venido, a restregármelo en la cara.
—Tienes muchos prejuicios, y eso no es algo bueno.
Bree interrumpió rápidamente en la oficina para entregarle a Edward la carpeta del último diseño que había hecho de la araña*.
—¿Puedo verlo? —preguntó su padre estirando la mano, Edward se mostró un poco renuente por un momento antes de asentir—. ¡Vaya! Es un diseño muy precioso… excelente, también algo novedoso… incluso, tiene cierto matiz nostálgico —señaló moviendo la cabeza en aprobación.
—No creí que te interesaran las innovaciones —eligió ignorar el último comentario de su padre.
—Todos cambiamos —murmuró el Sr. Anthony sonriéndole con calidez.
«Sí, lo puedo ver»,pensó Edward mirando con escepticismo los pantalones rojos de su padre, y su camisa azul holgada y sin fajar.
—Ah.
—Tampoco sabía que a ti te interesara la nostalgia —comentó Anthony con curiosidad.
—¿Disculpa?
—Le has quitado el polvo a la guitarra —Edward frunció el ceño y apretó los labios con fuerza—. ¿Vas a volver a tocar?
—Perdona, pero, ¿cómo te has enterado?
—Iba paseando por el jardín y la he visto —mintió, la verdad era que después de una plática con Esme, había ido a husmear en la casa de su hijo—. Es maravilloso que estés haciendo ciertos cambios en tu vida. Sea lo que sea, o quien sea, que esté causando esto… creo que no deberías tomar decisiones precipitadas.
Edward rió quedamente, sin humor.
—Es sobre Bella, ¿verdad? —su padre se encogió de hombros—. Por supuesto, te has enterado de lo ocurrido. No te preocupes, se acabó.
—Es tu decisión, por supuesto, y esto a mí no me concierne, pero... haberla acusado de robar —negó, claramente decepcionado.
—¿Ahora estás intentando protegerla? —le miró con incredulidad, una rabia sorda retumbando en su cabeza—, ni siquiera la conoces, y te recuerdo que dijiste que no querías conocerla.
Anthony asintió lentamente en silencio, antes de suspirar.
—Mira, Edward, durante muchos años hemos vivido dentro de un círculo cerrado, irrompible… pero por primera vez en mi vida, he encontrado el valor suficiente para venir a tu oficina y decir algo. Estamos cambiando… tú, yo, tu mamá. Todos cambiamos… Bella nos está cambiando.
Edward escuchó a su padre, lo escuchó, pero no sabía realmente lo que estaba pasando, era la primera vez en toda su vida que hablaban tanto y tan abiertamente
—Escucha, hay personas así —continuó Anthony—, entran en ciertos lugares y ambientes, y empiezan a cambiar las cosas. Es algo muy importante.
—¿Y la confianza?
—¡Oh! Ese es otro circulo vicioso… pero eres un tipo de persona que puede ir más allá, en el trabajo tus puntos de vista son muy diversos, intenta usar esa intuición con Bella, y a ver a donde te llevan.
Edward chaqueó ligeramente la lengua, antes de levantar las cejas fingiendo despreocupación.
—Como ya te he dicho, esto se ha terminado… así que llegas tarde, pero gracias por tu consejo.
—Bueno —suspiró su padre decepcionado—. En fin, ¿tomamos café?
Edward separó ligeramente los labios con sorpresa.
—Ya lo pido…
—No, está bien, déjalo. Iré a tomar el café en mi oficina —sonrió su padre levantándose con agilidad.
—Espera —lo detuvo rápidamente—. ¿Vas a ir a la oficina vestido así?
Su padre se rió divertido y se encogió de hombros, dejando a un Edward boquiabierto. ¿Qué estaba pasando? Se estremeció ligeramente antes de mirar la carpeta azul y empezar a hojear el informe que Bella le había dejado.
Cada hoja que pasaba lo dejaba más impresionado y confundido, cerró abruptamente la carpeta y se puso de pie, anunciando a Bree su salida y que cancelara su próxima reunión.
Por supuesto, su determinación le duró poco, porque cuando se vio parado fuera de la floristería sintió que no era capaz, se armó de valor nuevamente y se acercó, vislumbrando su delicada figura detrás del mostrador, mientras estaba entretenida armando un arreglo.
Bella alzó el rostro y sintió que todo a su alrededor se detenía por un instante antes de empezar a girar con brusquedad otra vez.
—¿Qué estás haciendo aquí? —exigió duramente.
Edward suspiró y agitó suavemente la carpeta entre sus manos, acercándose más a ella.
—Has hecho un trabajo maravilloso, pero dejaste la carpeta en mi coche —comentó mirándole fijamente—. ¿Por qué no me la diste?
Bella sonrió con falsedad y se giró, acomodando el arreglo detrás de ella.
—No quería molestarlos, a Lauren y a ti. —se acomodó el cabello que se había salido de su coleta y lo enfrentó—. Seguramente el contrato ya no será necesario.
Edward permaneció en silencio, su mirada fija en la carpeta en sus manos.
—Entonces, ¿puedes irte? —preguntó Bella sin rodeos—. No quiero verte.
—Vine por ti —explicó decidido.
—Debes estar loco —se burló.
—Ven, te lo explicaré en el coche, vamos —asintió señalando hacia fuera, mientras se daba la vuelta con confianza.
—Pero, ¿quién te crees que eres? —exigió Bella enfadada saliendo detrás del mostrador—. ¿Es que no te acuerdas de lo que me dijiste? ¿De lo que me acusaste?
No respondió nada, no hizo nada más que mirarle sin pestañear.
—¿Puedes irte? —insistió Bella señalando la salida.
—No me iré —negó con suavidad, pero con firmeza.
—Muy bien, entonces me voy yo.
Se colgó rápidamente el bolso sobre el hombro, y empezó a caminar, casi correr, lejos de él.
—Bella, ¿puedes esperar? —alzó la voz, en cuanto lo dijo, se detuvo abruptamente y ella se reprendió a sí misma… nuevamente, demostrando lo débil que era ante él—. Te he dicho que es un informe maravilloso. Quiero que continúes trabajando en el proyecto, te llevas bien con la Sra. Cope y no te preocupes, no tendrás que hablar conmigo —la tranquilizó con amargura.
—No trabajare contigo bajo ningún concepto —le retó Bella, levantando el rostro de manera obstinada.
—Ah, ¿a pesar de que he venido? ¿En serio?
—Así es.
—Bella, te pido que te encargues del proyecto en el que trabajaste —volvió a insistir, odiándose por un instante, pero no estaba dispuesto a perderla… no con tanta facilidad—. ¿En serio vas a rechazar mi oferta? ¿No vas a venir?
—No iré, Edward Cullen —afirmó cerrando el espacio que los separaba—, al menos, no por ahora.
—Si no es ahora, ¿entonces cuando? —apretó la mandíbula con fuerza.
—Pronto. Cuando te tire a la cara las pruebas de mi inocencia y de lo injusto que fuiste conmigo. —gruñó, los ojos ardiendo de enfado y dolor—. Te vas a arrepentir de haberme llamado ladrona.
Edward se estaba conteniendo, todo dentro de él se estaba tambaleando, y si se quedaba un momento más, no iba a soportarlo… todo ese coraje que veía en su rostro, le enfermaba.
—Bien —asintió, alejándose hacia la salida.
Y contrario a lo que ella pensaba, resulta que no se sintió bien después de haberle dicho esas palabras, porque lo amaba… y si le pedía perdón, ella era capaz de regresar, con pruebas o sin pruebas, pero él no confiaba en ella, y sin eso, no existía nada.
Bella jadeó y se tragó las lagrimas que rogaban por salir, sacudió la cabeza ligeramente, recomponiéndose a sí misma.
Edward, mientras tanto, pensó en regresar a ella, lo pensó tantas veces que se obligó a manejar como loco hacia Art Life, para así detener el impulso de volver a ella… no sabría qué cosa podría decirle, solo sabía que no la quería dejar ir.
Bella jadeó, y se tragó las lágrimas que rogaban por salir, sacudió la cabeza ligeramente y se recompuso a sí misma, por suerte llegó Rose al poco tiempo. Estaban platicando cuando una llamada las interrumpió.
—Bella, lo tenemos todo arreglado, te hemos enviado las fotos a tu correo —anunció Ange por video llamada—, el resto ya depende de ti, pero contrólate, ¿de acuerdo?
—¿Están bien las dos? —inquirió sonriendo al igual que Rose—. ¿Qué ha pasado?
—Bien, todo ha salido bien. Deberían haber visto lo que ha hecho Leah.
—¿Qué has hecho? —preguntó Rose riendo.
—Nada, pusimos al hombre a dormir —explicó Leah, encogiéndose de hombros casualmente.
—¡¿Qué?! —exclamaron Rose y Bella al mismo tiempo.
—De ahora en adelante, donde vaya Leah… voy yo —Ange le miró con cariño y Leah ablandó el rostro—. Tengo mucho que aprender de ella.
—Cómo sea, Bella, en las fotos que te hemos enviado, sobre todo en la segunda —indicó Leah con precisión—, se ve donde la hicieron, el día y la hora, en la parte inferior. ¿De acuerdo? Todo está ahí
—Así que toma todo y arrójaselo en la cara a Edward —añadió Ange, que, aunque seguía queriendo mucho a su cuñado… perdón, ex cuñado, no le iba a perdonar fácilmente lo que le había hecho a su amiga.
Se despidieron rápidamente, y Rose y Bella chillaron emocionadas sin poder dejar de sonreir mientras chocaban las palmas.
X – X – X
Alice y Jasper observaban a Edward orgullosos de la presentación que se encontraba dando delante del cliente en la reunión, estaba tan inmerso en ello de una manera casi apasionada, sin embargo, Jasper notó que sus ojos no brillaban.
—Por supuesto, si hay algo que modificar podemos hacerlo en cualquier momento —añadió Alice con una sonrisa.
—La verdad es que estoy encantada con todo —replicó la señorita con una enorme sonrisa—. Es un alivio que hayan podido resolver los problemas.
Edward estaba a punto de dar un breve discurso cuando captó un movimiento en la entrada, sus ojos se posaron sobre Bella, quien le miró fijamente sin parpadear, sus facciones endurecidas y determinantes.
Lo deslumbraba con aquel color azul con el que había decidido vestirse hoy. A pesar de lo molesta que estaba, no dejaba de verse hermosa.
—Muchas gracias —tartamudeo Edward distraído, viendo a Bella darse la vuelta y alejarse—, sí, nosotros también estamos muy emocionados por, eh, empezar a colaborar con sus hoteles… así que sí… eh…
Jasper lo miró boquiabierto y Alice apretó los dientes con fuerza. Este era el cliente más importante. Con más problemas que habían tenido, y ante la actitud recta que siempre tomaba Edward con sus clientes, se sorprendieron al verlo de aquella manera tan impropia de él.
—Lo siento —se disculpó, mirando hacia la salida—. ¿Me permiten un momento?... Alice, Jasper... pueden continuar.
Caminó rápidamente, cruzando la sala de juntas y siguiendo su suave aroma, la observó entrar a la oficina de Jasper.
—¿Bella? —le llamó acercándose—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Ella le miró sin inmutarse, sus labios apretados en una fina línea, extendió la mano entregándole un sobre amarillo.
—¿Qué es?
—La prueba de que no robé tus diseños —anunció con frialdad y orgullo, Edward desvió la mirada, apretando la mandíbula—. Aunque no estoy segura si esto sea suficiente para ti.
—No lo necesito —masculló Edward arrojándolo sobre la mesa, ella le miró sin entender lo que estaba pasando, mientras él luchaba por encontrar las palabras adecuadas y reunía el valor de mirarla a los ojos—. Te creo.
—Muchas gracias —el sarcasmo destilando en cada palabra—, pero es un poco tarde.
Esto que él estaba haciendo probablemente era lo más difícil que había hecho durante toda su vida, nunca había sentido la necesidad de comunicarse con alguien hasta este momento.
—Mira, Bella… esto no tiene nada que ver contigo, tiene que ver conmigo. No puedo confiar en nadie —explicó y ella frunció los labios ligeramente—. Necesito una prueba para confiar.
—Qué maravilloso —asintió señalando hacia el folder sobre la mesa y se cruzó de brazos.
—Tenías razón, es verdad lo que dijiste —admitió y ella abrió los ojos con sorpresa—: una persona no debería necesitar pruebas para confiar en alguien. Se debe confiar sin importar lo que pase. Y… y yo confío en ti.
Quizás si no se hubiera preparado tanto para este momento, hubiese resultado fácil perdonarlo, porque su corazón se lo suplicaba, pero su mente era una olla de presión que había estado sobre el fuego por demasiado tiempo.
—Desde el principio, deberías haber dicho que yo no era capaz de hacer esto, nada de esto. Heriste mi orgullo —señaló con furia—. Me humillaste y castigaste. Pero eso, eso me dolió mucho Edward.
Nuevamente se había quedado sin nada que decir, nada que pudiera decirle sin ahuyentarla. Así que solo suspiró y se colocó las manos sobre las caderas.
—Riley lo hizo. —soltó Bella sin más—. Fingió estar interesado en Ange, entró en nuestra casa y tomó las fotos. Ahí están los correos y las fotos que tomó en su teléfono.
El tiempo empezó a avanzar lento para Edward, entre la furia que creía en su interior y el miedo que le recorrió el cuerpo entero cuando vio a Bella quitarse el anillo sin titubear ni un segundo.
—Este juego ha terminado, Edward Cullen. —su piel quemó cuando tomó con brusquedad la mano de Edward y colocó el anillo en medio, antes de cerrarla en un puño—. No volveré nunca más.
Sentía que el aire se había atascado en sus pulmones, y el anillo no hacía más que arder en su mano, pesando como el plomo, mientras con los ojos feroces de Bella le taladraban el alma, al igual que sus palabras.
—Adiós —se despidió y su voz retumbó en sus oídos, como ecos interminables.
Bajó la mirada hacia el anillo, y observó. Lo observó tanto que pensó que ella se iba materializar nuevamente ahí, frente a él, pero en realidad Bella salió decidida de Art Life, decidida a dejar todo atrás… incluido su corazón, destrozado y pisoteado.
Pero no se giró, pese a todo el dolor que sentía, caminó y caminó, sin mirar atrás, aceptando las palabras de su tía, sabía que no sería fácil olvidarlo, porque lo amaba, pero también se amaba a ella misma, y no estaba dispuesta a ceder tan fácilmente.
Merhaba!
¿Seguimos haciendo sufrir a Edward, y en el proceso a Bella? ¿O le perdonamos ya?
¿Creen que Emmett es culpable de la filtración del contrato? Al final, el solo se confió de la persona equivocada :(
¡Espero su bello review!
Y nos vemos el martes con el adelanto.
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görüşürüz!
Con cariño, Ame y Annie.
