Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.


Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.


Capitulo 26.

Se dice que la noche se hizo para los amantes, se hizo para que las personas se entreguen a sus sueños, la noche siempre tiene algo que decir. Y ellos tenían mucho que decirse, sus cuerpos así lo interpretaron: el brazo de Edward descansaba suavemente sobre la cintura de Bella y una mano rodeaba casi posesivamente su muñeca.

En su defensa, ella también había buscado el calor de su cuerpo de manera inconsciente, sus narices y frentes rozándose y sus respiraciones mezclándose con suavidad.

Bella fue la primera en abrir los ojos, su mirada risueña se posó en Edward, sonriendo tontamente mientras lo veía abrir sus brillosos ojos verdes. Él, al contrario de ella, la soltó abruptamente, un poco abrumado ante la cercanía de su cuerpo, pero ella solo volvió a sonreír y cerró los ojos, adormilada.

Edward, abrumado ante su belleza, recostó otra vez la cabeza sobre la almohada y la admiró detenidamente, tal fue aquella tranquilidad que sintió que sus ojos se volvieron a cerrar, arrullado por su cálida respiración.

—¿Dónde encuentro a Riley? —Bella aún adormilada, miró la pantalla de su celular, ni siquiera sabía cómo había respondido la video-llamada de Leah.

—¿Qué pasó? —preguntó con la voz ronca y los ojos entrecerrados.

—¡Ange parece un fantasma! ¡No come, no bebe, se la pasa llorando! Iré y romperé la cabeza de ese hombre —prometió con un gruñido—. Dime donde lo encuentro.

Ella simplemente le miró, pero su cerebro seguía durmiendo.

—¡Bella! —gritó Leah.

—Tengo sueño —gimoteó—. Déjame dormir cinco minutos más.

El rostro de Maggie apareció en la pantalla y la miró con diversión.

—Ella aún sigue dormida, así no vas a conseguir nada —explicó riendo, risa que murió lentamente cuando la mano de Bella desvió, enfocando a un Edward soñoliento—. ¡Espera un minuto! ¿Bella? ¿No estabas sola?

Edward abrió los ojos y se levantó de golpe, girando la cámara hacia otro lado.

—¿Qué estás haciendo? —exclamó asustado.

—¿Estás en una cama doble, Bella? —exigió su tía, pero Bella seguía vagando en el mundo de los sueños—. ¿Bella? ¡Despierta!

—Quiero dormir —murmuró entregándole el celular a Edward, mientras ella enterraba el rostro en la almohada.

—¡Nunca me había alegrado tanto de verte, Edward Cullen! —exclamó Leah acercando la cámara a su rostro—. ¿Dónde puedo encontrar a Riley?

—¡Sí, porque tenemos que romperle la cabeza!

—Diego… ¿Qué haces ahí? —preguntó Edward confundido.

—¡Dame eso! —exigió Maggie arrebatándole el celular a Leah—. ¡Ah! Sr. Edward…

—Volveremos pronto, se lo prometo —le interrumpió—. Cuando Bella se despierte.

—Le voy a pedir algo, cuando vengan, traiga dulces… ya que parece que la cosa allá se ha endulzado —comentó Maggie con acidez, sonriendo falsamente—. Los compartiremos con los vecinos, ¿qué le parece?

Edward asintió lentamente, con los labios apretados con firmeza, antes de colgar interrumpiendo lo que sea que fuese a seguir diciendo Maggie. Tiró el celular sobre la cama y se frotó los ojos con frustración, antes de girarse y mirar el cuerpo inerte a su lado.

—¿Bella? —le llamó—. ¿De verdad sigues dormida? ¡Bella!

—¿Qué? —gimió, desperezándose con lentitud.

Quince minutos después y un pequeño ataque de pánico de Bella, ambos salieron de la casa, con el sol brillando con fuerza sobre ellos.

—Entonces, te llevaré a casa.

—No, no es necesario —negó, provocando que Edward rodara los ojos con exasperación—. Voy a tomar un taxi, solo llévame a la carretera principal, con eso es suficiente.

—¿De verdad no quieres volver a verme? ¿Ni siquiera puedo llevarte a casa?

Bella sonrió burlonamente, su vestido agitándose suavemente por el aire.

—¿Cuándo empezó Edward Cullen a servirle de chofer a los demás? —le miró expectante, antes de encogerse de hombros—. Puedo irme sola.

—¿Qué es lo que quieres? De verdad, no lo entiendo. —preguntó confundido—. Mira, por ti dejé mi trabajo y recorrí todos los jardines de Estambul, estuvimos todo el día juntos… ¿Qué más puedo hacer?

Bella entornó los ojos, aburrida, antes de fruncir el ceño.

—Me pediste ayuda con lo del hotel ecológico, ¿verdad?

—Mmhm.

—Te voy a ayudar —aceptó—, pero solo por un día, y no lo hago por ti, lo hago por Angela.

—Está bien, un día.

—Realmente no sé cómo te puedo ayudar, pero bueno…

—Ya verás.

—Estaremos juntos veinticuatro horas, nuestras últimas veinticuatro horas.

—De acuerdo —aceptó a regañadientes, mientras se subían al coche.

—Después, cada uno por su lado.

Edward le ignoró a propósito, cerrando la puerta de golpe.

X – X – X

Bella entró a su casa, casi corriendo mientras daba pequeños saltitos, su rostro se rompió en sorpresa al ver a Diego atado a un árbol.

—No te preocupes, solo es una fantasía de Leah, estamos jugando.

—No te muevas de aquí —replicó Bella con una ceja levantada. A veces, le daba miedo lo obsesionado que estaba Diego con su amiga, pero era Diego… cualquiera era más inteligente que él.

Se acercó a su tía, que se encontraba sentada en el jardín con las chicas, y le abrazó.

—¡Hola!

—¿Dónde está tu prometido? —gritó riendo, y Bella suspiró, ocultando una sonrisa.

—Tía, ayer hablé con Edward, pero no nos reconciliamos, todo sigue igual —le tranquilizó—. Me ha pedido ayuda para vengarnos de Riley.

—No se reconciliaron, pero han dormido juntos en una casa en la montaña —canturreó su tía con falsa emoción—. ¡Muy romántico!

—En realidad, Edward se fue… pero llovía mucho y la carretera estaba bloqueada, así que tuvo que regresar, y la casa estaba llena de goteras.

—Por favor, Bella, no me vengas con cuentos chinos, que ya me los sé —bufó Maggie enfadada, mientras las chicas reían discretamente.

—Pero no nos reconciliamos —insistió—, de verdad, solo me pidió ayuda.

—Te está manipulando, y no te das cuenta.

—Tonterías… —murmuró Bella abrazando a su tía con fuerza.

Edward suspiró aburrido, sentando en el sillón de la sala de estar, mientras Esme lo miraba fijamente.

—Ayer vinieron las amigas de Bella, y Lauren estaba aquí… ¡Qué vergüenza!

—¿Y qué hacía Lauren aquí? —preguntó con molestia.

—¡Espera un momento! —le detuvo, con los ojos entrecerrados—. ¿Estás con ella para recuperar a Lauren, cierto? ¿O de verdad estás saliendo con Bella?

—Teníamos cosas de las que hablar, mamá —explicó con paciencia.

—Te dejé un mensaje de voz. ¿No lo escuchaste?

—No.

—Lauren y Emmett se van a separar —susurró con complicidad—. Habla con ella, es el momento.

—Tengo algunas cosas que hacer antes de hablar con ella sobre ese asunto —carraspeó incomodo, levantándose—. Me tengo que ir, nos vemos.

Edward caminó hacia el jardín de la casa de su madre, apretó la mandíbula cuando vio al hombre que iba saliendo de su casa.

—¿Qué estaba haciendo Emmett aquí? —preguntó, sentándose frente a su padre.

—Solo quería contarme algunas ideas que ha tenido para la empresa.

—Ah, ¿y qué te parece?

—Son bastante buenas, si se trabaja a conciencia, podría salir bien.

—Maravilloso. Todavía juegas el billar, ¿verdad?

Su padre se rió con diversión.

—Debes echar mucho de menos perder. —Edward sonrió—. Podemos invitar a nuestro nuevo asesor, ¿qué dices? ¿O acaso no quieres competencia?

—Llámalo, por supuesto. ¿Cuándo me has visto huir de una competición?

—Bien, entonces llamaré a Emmett —acordó Anthony.

—Bien.

Esa noche, las chicas disfrutaban de una noche estrellada pescando en uno de los tantos malecones que tenía Estambul.

Armaron sus cañas antes de lanzarlas al mar y tener una amena y divertida platica.

—Todos los hombres son iguales, no hay ninguno diferente —comentó Bella sujetando firmemente la caña—: Te rompen el corazón, y no se disculpan por ello.

—No sé nada de hombres —suspiró Rose con tristeza—, y en cambio, le estoy enseñando a Jasper cómo comunicarse con las mujeres… como si yo misma entendiera algo.

—Pues yo soy como un pez, esperando a que lo pesquen. ¡De verdad! —insistió Ange cuando las chicas se rieron de su comentario—. Me agarro a cada caña que me lanzan.

Leah soltó el anzuelo al mar, y miró a las chicas con una sonrisa torcida

—El hombre que quiera estar conmigo me tiene que obedecer, esto funciona así —les dijo.

—Entonces, Diego es la mejor opción para ti —murmuró Rose entre risitas, provocando la de las demás—, seria tu primer amor…

—Él te mirará a los ojos, y te dirá que no te vayas —Bella sonrió con un suspiro, y los ojos soñadores.

—Los hombres son criaturas demasiado simples —bufó Leah.

X – X – X

Al mismo tiempo, en la sala de juegos de Art Life, Edward, Jasper, Anthony y Emmett se disputaban un juego de billar.

—¡Vaya! Entonces sabes jugar, Emmett. —elogió Edward con una sonrisa burlona.

—Hago todo lo que puedo para impresionar a Lauren. Quiero decirle que le he ganado a Edward Cullen.

—Ah. Nunca me has ganado, ¿y crees que vas a empezar con una partida de billar?

—Así es —asintió con una enorme sonrisa.

—Ya veremos.

—Aprovechen ustedes que pueden, yo ya no estoy para impresionar a nadie —murmuró Anthony después de golpear una bola—, Esme y yo hemos estado casados durante muchos años…

Edward lo miró estoico. Jasper empezó a reír.

—¿Qué dices, tío Anthony? Soy como tu hijo, no hables de eso delante de mí.

—De acuerdo, de acuerdo.

—Además, en este asunto, yo soy el perdedor —admitió Jasper—, porque nunca he podido entender a las mujeres.

—Jasper, te voy a decir una cosa—anunció Anthony, acercándose a él, mientras Edward analizaba a cuál bola golpear para acabar pronto con Emmett—: Las mujeres siempre serán más fuertes que tú. Te van a controlar. Puedes mostrar tu liderazgo en el trabajo, pero en casa, no serás más que un lindo corderito.

—¿Un cordero?

Anthony empezó a reír con diversión al ver el rostro asustado y sorprendido de Jasper.

—A mí me gusta—admitió Emmett.

—Sí, bueno, yo estoy fuera de eso —comentó Edward con una sonrisa torcida.

—No creo que nadie espere que tú lo seas, Edward —se burló Jasper, rodando los ojos—. Con que muestres un poco de sentimientos será suficiente.

—Eso no ha ido nunca conmigo, Jasper.

—Si no puedes vivir sin ella, entonces es amor —añadió Emmett, haciendo que Edward golpeara la bola con fuerza.

—Y sabrás que es ella en el momento que la veas —asintió el Anthony.

—Ella te mirará a los ojos, y te dirá que no se irá —comentó Edward.

—Todos queremos algo diferente —suspiró Jasper.

—Las mujeres son complicadas —afirmó Emmett.

—Y ya que no las entendemos, por lo menos disfrutemos un poco—anunció Jasper sonriendo.

La noche estaba a punto de finalizar para Edward, mientras daba vueltas por la cocina de su casa, preparándose una ligera cena y un café, cuando vio a Stefan entrar sonriendo.

—Qué casualidad, ha caído una estrella —señalo el cielo despejado.

—Realmente no, eso sucede muy a menudo por aquí.

—En realidad, me estaba refiriendo a la estrella que se ha fugado de su vida… Bella Swan. —Edward rio quedamente—. Además, cumplió uno de tus sueños.

—¿Cuál? —preguntó mientras se servía café.

—Este —Stefan colocó un iPad frente a él, Edward alzó una ceja, confundido—. Míralo, por favor.

Stefan se alejó, mirándolo una última vez, antes de darse la vuelta y dejarlo solo, sabía que venía un golpe muy fuerte para él. Y le otorgaba la privacidad que el momento merecía.

Edward presionó play y un video se reprodujo… Tan pronto vio a su madre, agarrada de la mano de Bella, su corazón tartamudeo, y cuando vio a su madre atravesar aquellas puertas que, por años, largos años, no había sido capaz de cruzar, unas lagrimas calientes rodaron por sus ojos.

Y sonrió, al mismo tiempo que su labio temblaba de la emoción. Su madre, haciendo algo que jamás creyó volver a ver, sobre todo por el dolor físico que sabía que ella había sufrido antes con tan solo pensar en salir.

Bella, su estrella brillante, le había ayudado. Bella, aquél ser de luz que tanto había lastimado.

Edward volvió a reproducir el video, mientras sus lágrimas seguían fluyendo. Suspiró profundamente, se recompuso a sí mismo, y salió de su casa, acercándose a la casa de su madre.

—Cariño —saludó Esme con una sonrisa, sentada en la orilla de la piscina, jugueteando con el agua, mientras sumergía sus pies.

—Mamá.

Esme se rió emocionada, cuando lo vio quitarse los zapatos y los calcetines, antes de sentarse a su lado y sumergir los pies

—Hoy me duelen bastante las piernas, las estoy dejando descansar. —Edward le miró fijamente, con adoración pintada en su rostro, y sonrió desde el corazón. —¿Qué pasa? —preguntó su madre confundida, pero aun feliz de tenerlo cerca, le acarició con suavidad la espalda.

—Saliste a la calle —afirmó, provocando un suspiro hondo de Esme.

—Sí —su voz tembló ligeramente—. ¿Stefan te lo mostró?

Edward asintió, antes de atraparla entre sus brazos, dándole un suave beso en su cabeza. Sujetó una de sus manos con firmeza.

—¿Lo has intentado de nuevo?

—Lo intenté. Pero no pude. —admitió, su voz se quebró—. Es como si estuviera cargando mucho peso sobre mi espalda. No lo consigo.

—¿Quieres intentarlo conmigo? —sugirió, provocando que Esme lo mirara boquiabierta.

—Por supuesto, realmente me encantaría.

—Ven, vamos.

Caminaron hacia la salida, las manos de Esme sudaban demasiado, y Edward fingió no notarlo, así como también intentó fingir que no sentía como la presión de las manos de su madre incrementaba ante cada paso que daban hacia el portón y cómo Esme jadeó cuando lo abrió, animándola a salir.

Edward le miró, y pudo ver el miedo reflejado sus ojos, intentó con todas sus fuerzas dar un paso más allá del portón, pero negó lentamente.

—No puedo. —lloró, soltando sus manos—. Por favor, cierra la puerta.

Él vio el agotamiento mental y físico que le había provocado este pequeño momento, se acercó a su madre y la tranquilizó.

—Lo intentaremos otro día. ¿Estás bien?

—Cuando lo intenté con Bella… pude hacerlo… tiene algo que me da tranquilidad… —explicó, su voz aún temblando—. Es buena chica, pero al mismo tiempo, me altera los nervios. No puedo explicarlo. —añadió entre risas.

—No, te entiendo. Te entiendo perfectamente. —admitió Edward, mirando el cielo—. ¿Papá sabe sobre esto?

—No, no… y no se lo digas, será una sorpresa.

—Mamá, siempre voy a estar a tu lado, cuando me necesites… debes seguir intentándolo.

— Sí, lo intentaré. —murmuró Esme con los ojos llenos de lagrimas no derramadas.

—Mi hermano estaría muy orgulloso de ti.

Edward lo sabía, sabía que eran temas que nunca había podido tocar con sus padres. Demasiado dolorosos y turbulentos, sin embargo, él había tenido que cargar con todo ello. Pensó que quizá ella ya estaba lista, hasta que la vio empezar a hablar de las flores del jardín, tropezando con cada palabra que decía.

—Mamá —Esme se detuvo ante el tono firme de su voz—, de ahora en adelante, debemos hablar de él. No actuemos como si no existiera. Ese también es un paso para nosotros.

—De acuerdo —susurró, sus manos temblando.

—Todo lo que nos rodea está cambiando, y te guste o no, tenemos que adaptarnos.

Edward la atrajo en un abrazo, transmitiéndole todo el apoyo que ella necesitaba.

Bella, por otro lado, estaba soñando despierta mientras bebía un café y descansaba en la terraza de su casa, la luna y las estrellas brillaban con fuerza sobre ella, mientras el aire frío le alborotaba el cabello, ajustó más la manta a su alrededor.

Su estomago se estrujó cuando su celular vibró, y observó el nombre de Edward en la pantalla, antes de dudar un segundo y presionar el botón verde.

—¿Puedo ir a buscarte mañana a tu casa?

—Está bien —asintió, un silencio atravesó la línea, antes de que apretara los labios con fuerza—. Al menos el ultimo día, seguiremos todas nuestras reglas, ¿de acuerdo?

Edward se estaba ahogando, el nudo en su garganta lo estaba asfixiando y no hacía nada más que respirar y asentir, aunque sabía que ella no lo podía ver, y agradeció que no fuese capaz de ver lo rojizos que estaban sus ojos a causa de las lagrimas contenidas.

—Ya queda poco —continuó Bella—, hagamos que todo termine bien. Así que ven.

La respiración de Edward se volvió más errática, y fue lo último que escuchó Bella antes de que la línea se cortara. Él tuvo que terminar abruptamente la llamada, porque el jadeo que soltó después lo hizo estremecer. Estaba asustado, asustado de lo que sería su vida sin ella.

X – X – X

Bella despertó temprano al día siguiente, se maquilló sutilmente y se arregló el cabello, provocándolo en ondas suaves y sedosas a su alrededor. Su ánimo estaba más que decaído, así que decidió ponerse una pequeña blusa negra sin mangas, acorde a sus emociones.

—¿Qué es lo que no puedo saber? —preguntó, después de escuchar a su tía y a Leah cuchichear, se acercó a ellas. Miró la mesa llena de papeles—. ¿Qué es eso?

—Oh, nada —se rio Maggie—. Es que estamos pensando en montar una página web para ampliar el negocio. Hoy en día todos tienen una, y Leah me está ayudando.

—Estamos innovando —añadió su amiga.

Bella sonrió con suavidad y señaló hacia la salida.

—De acuerdo. Me tengo que ir.

—Tu cabello se ve muy hermoso —comentó Maggie sonriendo ampliamente.

—Gracias, nos vemos —se despidió, entrecerrando los ojos con sospecha por un momento, antes de suspirar y ajustarse el bolso.

Fingió que su estomago no revoloteaba con nerviosismo cuando atravesó el portón de su casa, y bajó las escaleras ante la atenta mirada de Edward, quien le observaba recargado en su coche.

—Buenos días —saludó sonriendo, su camisa blanca contrastaba de maravilla con su pálida piel, sus ojos verdes y su rebelde cabello cobrizo.

—Buenos días —replicó, alejando la mirada.

Edward frunció ligeramente el ceño, antes de tragarse una pequeña sonrisa.

—Bueno, ¿qué hacemos? —preguntó Bella cerrando la puerta.

—He revisado los documentos —le entregó una carpeta—. Riley no tiene dinero para el proyecto. Y si lo conozco, aunque sea un poco, estoy seguro que no usará materiales ecológicos, son demasiado caros.

—Hmm… si conseguimos comprobarlo, entonces el proyecto será tuyo, ¿cierto?

—Nuestro —corrigió, ignorando la mirada fulminante de Bella—. El proyecto será nuestro. Tuyo y mío… tus ideas y mis diseños… nuestro.

—No hay nada "nuestro" —espetó Bella.

—Si trabajamos juntos en el proyecto, entonces lo será —insistió.

—Si digo que no, entonces no.

—Si digo que sí, es que sí.

—Como sea —bufó Bella, guardando la carpeta—. Tenemos 24 horas, hay que apresurarnos.

—Primero iremos a la oficina.

—Lo que usted diga, Sr. Cullen, usted es el jefe —él le sonrió burlonamente—. ¿Te parece gracioso?

Edward chifló en silencio cuando observó su rostro desprovisto de diversión, y a pesar de todo, su belleza seguía siendo la misma. Apretó los labios, guardando su sonrisa para él mismo.

—¡Bella, bienvenida! —chilló Bree al verla entrar junto a Edward—. Es tan bueno verte por aquí.

—Esto no es lo mismo sin ti —añadió una de las compañeras.

—Bella, por favor, no nos dejes otra vez —imploró Bree con desesperación, antes de sentir la mirada fulminante de su jefe sobre ella, tragó pesadamente.

—Gracias, yo también las extraño, chicas.

—Muy bien, es hora de trabajar —interrumpió Edward exasperado—, pueden seguir hablando cuando tengan un descanso.

Bella rodó los ojos, notando la sonrisa empática de Alice y el rostro ausente de emociones de Lauren. Ella asintió, antes de seguir a Edward hacia la sala de juntas.

—Parece que les ha hecho bien irse a la casa en la montaña —comentó Lauren con acidez.

—¿Casa de la montaña? —replicó Alice boquiabierta—. ¡No me lo digas! No quiero saber nada sobre la maravillosa vida personal de mi amigo.

—Demasiado maravillosa —añadió la rubia, con los brazos cruzados—, y la mía solo empeora.

Dentro de la sala de juntas, Bella eligió sentarse al otro extremo de la mesa, lo más alejada posible de él.

—Terminaré pronto, ahora nos vamos —le murmuró Edward, después de escucharla suspirar con aburrimiento por tercera vez.

Bella asintió, rodando los ojos mientras daba vueltas en su asiento, mirando cualquier objeto a su alrededor.

—Edward, mira estos documentos… —Jasper entró rápidamente, absorto en la carpeta frente a él, antes de notar el movimiento al otro extremo, abrió grande los ojos—. ¡¿Bella?! Tenía miedo de que no hicieran las paces, ya que los dos son tan obstinados… pero me alegra mucho verlos juntos aquí.

Mientras Bella intentaba ocultar su sonrisa, Edward estaba taladrando a su amigo con la mirada.

—Aunque podrían acercarse un poco más —añadió Jasper, antes de extenderle la carpeta a Edward—. Tienes que firmar esto.

—De acuerdo.

—Bella, dime, ¿cómo se ha disculpado contigo? —preguntó Jasper animadamente, sentando junto a ella—. De verdad, estoy muy interesado. ¿Se puso de rodillas, quizás?

—¡Jasper! —advirtió Edward.

—¿Qué pasa, hermano? Tengo mucha curiosidad. No se lo diré a nadie, no te preocupes —prometió, mirando a Bella—. Vamos, dime.

—No nos reconciliamos, Jasper. Estamos hoy juntos, porque tenemos trabajo que hacer —replicó Edward, provocando que ella levantara las cejas.

—Jasper, ¿por qué te sorprende tanto? —inquirió Bella—. Ya sabes que con Edward no se puede hablar de otra cosa que no sea del trabajo.

—Bella, si estás lista, ya podemos irnos —interrumpió Edward, entornando los ojos con fastidio.

—Nos vemos, Jasper —se despidió Bella saliendo rápidamente.

—¿A dónde van?

—Vamos al terreno, ya te contaré después —explicó Edward saliendo detrás de ella—. No le digas a nadie.

Poco después de llegar a las afueras del terreno, descubrieron olor a aceite de linaza proveniente de unos barriles, Edward le explicó que era utilizado para la elaboración de hoteles ecológicos.

—Compremos algo de beber —sugirió Bella, señalando una tienda cercana.

—De acuerdo.

—Ve tú, ahora vuelvo —comentó, bajándose del coche y dirigiéndose al lugar donde estaban almacenados aquellos barriles.

Edward la esperó recargado en el coche, observándola a lo lejos hablar con un señor, después de unos breves minutos, se subieron nuevamente.

—Nuestras suposiciones resultaron ser ciertas —anunció Bella, tomando la botella de agua que le ofreció—. Es aceite de lino prensado. Alguien les hizo un pedido enorme… pero resulta que quien les hizo el pedido desapareció sin dejar rastro. ¿Y adivina quién fue?

—Riley.

—Exacto —asintió, sonriendo.

Ambos observaron el terreno casi vacío, por supuesto Riley no había avanzando con la construcción debido a la falta de dinero y el enorme gasto que suponía llevar a cabo el proyecto. Asumiendo que, en una de las bodegas, se encontraba material no biodegradable, y la prueba que necesitaban.

—Estamos otra vez juntos ante un paisaje vacío —murmuró Bella mirándole de reojo—, volviendo a soñar.

—La arquitectura de basa en los sueños. Primero lo sueñas, y después lo dibujas. Puede que funcione… o puede que no. Puede que se acabe… —le miró de soslayo—, o que no lo haga nunca.

—Bueno, si nosotros ya hemos terminado, entonces me voy —masculló Bella, sintiendo la intensidad del momento.

—Todavía nos quedan quince horas.

—No, tienes que contar las horas que pasamos ayer en la montaña —canturreó sin dejar de caminar.

—¿Cuál es tu problema? —preguntó Edward alzando la voz para que le escuchase, provocando que ella se girara y lo mirara fijamente.

—Me quiero ir a casa.

—No estoy preguntando sobre eso. —negó, colocando las manos sobre sus caderas—. ¿Qué quieres que haga?

—Eres un robot tan grande, que ni siquiera te das cuenta de lo que te estoy pidiendo.

—Si me lo dices, entonces lo sabré.

—Ya te dije que me quiero ir a casa —repitió apretando las manos—. Quiero-irme-a-casa.

—Muy bien, pues vámonos —masculló colocándose de las gafas y pasando de largo frente a ella.

—Genial.

Aunque intentó retrasar lo más posible la llegada a casa de Bella, al final lo inevitable tuvo que suceder. Todo lo bueno siempre llega a un final, y ahora lo sabía, o al menos, creía saberlo.

—Aquí termina todo para nosotros —suspiró Bella, quitándose el cinturón de seguridad. Le era casi imposible y doloroso verlo de frente.

—Para ti. No me incluyas.

Tragó el nudo en su garganta y lo observó, era difícil para ella leerlo, tenía demasiadas capas encima y no sabía si estaba entiendo lo que ella quería escuchar, o lo que él quería decir realmente.

—Espero que consigas tu hotel ecológico. —él bajó la mirada, con los dientes apretados—. Por favor, no vuelvas a llamarme.

Bella salió del coche sin esperar una respuesta, mordiendo su labio inferior con fuerza para evitar que este continuara temblando sin control alguno.

—¿De verdad no quieres estar conmigo? —preguntó él, saliendo detrás de ella, provocando que se detuviera abruptamente, se giró con los ojos abiertos de par en par—. Quiero decir, en el proyecto del hotel.

Ya no esperaba nada de él, y aun así conseguía decepcionarla. Suspiró con fuerza.

—Me ha respondido el Sr. Miller —le dijo Edward—. El proyecto es nuestro.

—Felicidades —forzó una sonrisa, antes de girarse y subir las escaleras hacia su casa.

—¿No estás feliz?

Bella cerró los ojos con fuerza, conteniendo las lágrimas que imploraban por salir.

—No se trata de eso.

—¿De qué se trata entonces? ¡Porque realmente no lo entiendo!

—¿Qué es lo que no entiendes? —exigió Bella regresando a enfrentarlo, mirándole fijamente mientras alzaba la voz, demasiado cansada para contenerse—. ¿Qué no entiendes? ¿De qué podría tratarse esto? Se trata de ti. Nunca fue sobre el trabajo, me da igual ese proyecto. Es tu crueldad y tu desconsideración. ¡El problema es que eres un insensible!

Edward le miró estoico, su cerebro tan inteligente apenas procesando aquellas palabras gritadas desde el fondo de su corazón.

—¿Qué podía esperar de ti? ¡Una disculpa! ¡Una pequeña disculpa! —escupió con los ojos ardiendo—: Esperaba que dijeras: "Bella, cometí un error, lo siento", pero no lo hiciste. ¡Porque no lo sientes, Edward! ¡Ni siquiera te importa!

Le esperó, le volvió a esperar un segundo a que se defendiera, que dijera algo, pero solo consiguió que ella confirmara lo que ya sabía.

—Por eso, por esto, no tenemos nada de qué hablar —finalizó, corriendo escaleras arriba y cerrando de golpe la reja de entrada.

Edward se quedó un momento ahí afuera, con la mirada perdida y sus demonios aleteando con fuerza a su alrededor. Deseaba poder ser el hombre que ella quería, el hombre que ella merecía, pero era demasiado orgulloso para intentarlo, solo sabía que Bella merecía algo mejor.

Por la noche llegó Jasper a su casa, al menos él no era el único con problema con mujeres, su amigo tenía problemas en el paraíso, al parecer, los consejos de Rosalie se habían vuelto en su contra.

—Hasta ayer no había ni una sola mujer en mi vida, y mira ahora, estoy demasiado confundido.

—Mmjm.

—Además, no sé ni lo que quiero —se quejó Jasper—. Si lo supiera, iría y lo hablaría… pero como no lo sé, me haré el loco. ¿Qué voy a hacer? No tengo ni idea.

—Exactamente.

—¿Estás bien? —se giró hacia Edward, quien no había alejado la mirada ni un segundo de su ordenador—. ¿Te has puesto en piloto automático? No haces más que darme la razón en todo.

Edward apretó la mandíbula, observando a Jasper mirar boquiabierto el documento abierto en su computadora.

—¿Qué haces? ¿Estás escribiendo una carta? —Edward asintió—. ¿Estás escribiendo un correo para disculparte?

—Estoy tratando de hacerlo, Jasper. Pero no sé cómo continuar —replicó frustrado.

—¿Cómo vas a pedir perdón con un email? Esto no funciona así.

—Si Rosalie tiene alguna otra idea, estoy dispuesto a escuchar.

—Edward, que feo… tampoco hace falta que te pongas así, esto no tiene nada que ver con Rosalie, yo soy tu mejor amigo —insistió, ofendido por el tono burlón de Edward—. Mira, tienes que aprender a disculparte, ¿de acuerdo? Y la persona en cuestión, tiene que estar frente a ti. Cara a cara.

—¿Cara a cara? —bufó, riendo con incredulidad—. Bella está furiosa, ¿y tú quieres que me ponga delante de ella? No lo creo.

—Bueno, tu eres la causa de ese enfado, tienes que dar la cara. Es lo único que puedes hacer. Espera… ¿Y si le compras un regalo de compensación? Por ejemplo, una joya. —sugirió.

—No, a Bella no le gustan ese tipo de cosas —negó rápidamente—. Le encantan las cosas simples y naturales. Por ejemplo, unas flores…

¡Unas flores! ¡Por supuesto!

—¿Flores?

—Sí, flores —asintió, perdido en sus pensamientos, una pequeña sonrisa se empezaba a instalar en sus labios.

—Hermano, pero si ella trabaja en una floristería, debe estar harta de las flores.

—Es lo mejor, sí, unas flores —repitió emocionado—. Le daré unas flores.

—Bueno, es mejor que un correo…

Así que al día siguiente eso fue exactamente lo que hizo, se despertó a primera hora, como siempre y se dirigió a la floristería.

—Hola, Sra. Maggie —saludó acercándose con precaución.

—Buenos días. Bella no está. —espetó incomoda, mirando a todos lados, menos a él.

—¿No está o eso le ha dicho que me diga?

—Está muy triste, así que ha decidido dar un paseo por la ciudad en un yate. No la espere.

—En realidad, vengo a hablar con usted.

—¿Cómo puedo ayudarle? —preguntó con curiosidad.

—Quiero enviarle flores a Bella —le dijo, su rostro calentándose ligeramente, provocando que Maggie sonriera con ternura, olvidando la hostilidad.

—¿Quiere enviárselas? Muy bien —murmuró sonriendo—. ¿Y qué le gustaría?

—Eh, bueno… ¿qué le gusta a ella?

—Bella ama a todas las flores a su manera. Pero lo importante es que le gusta a usted.

Edward asintió, su mirada cayendo frente a él.

—Esto, por ejemplo, es muy bonito —señaló, observando detenidamente el recipiente de cristal—. No está mal… bueno, no sé, quizás es demasiado frío… será mejor que le busque otra cosa…

—Es un terrario —explicó Maggie—. A Bella le encantan.

—¿En serio? —inquirió emocionado—. Pues quiero uno.

—Sí, bueno… pero debo decirle que yo no preparo flores para miembros de la familia, por principios.

Edward le miró sorprendido, entendiendo la mirada que ella le estaba dando.

—¿Quiere decir que yo debo hacerlo…?

—Sí.

—Oh, no… yo no…

—Claro que sí —asintió, sonriendo—. Puede hacerlo, es fácil. Usted elije lo que le gusta, y lo pone dentro. Venga, vamos.

—Bueno —suspiró, un poco cohibido, acercándose del otro lado del mostrador—. ¿Y puedo elegir lo que quiera?

—Exactamente. Sabe, los terrarios significan que diferentes especies pueden convivir juntas. Se trata de no centrarse en las diferencias, sino en las cosas en común —explicó, observándolo remover con cuidado la tierra.

—¿Y cuáles serian las similitudes? —preguntó, mientras seguía las indicaciones de Maggie con mucha delicadeza, incluso el estaba sorprendido de sí mismo al hacer esto.

—No lo sé, por ejemplo… la capacidad de conformarse con poco, de respirar juntos, estar uno al lado del otro y tocarse. A veces, es complicado, pero lo hacen.

—Qué interesante… ¿Puedo añadir esto? —preguntó, señalando una pequeña escultura de una pareja.

—Sí, por supuesto —asintió, mirándolo con ternura—, además, este es su mundo, puede añadir lo que quiera.

Así que eso hizo, añadió flores, removió tierra, colocó pequeños objetos y tuvo mucha delicadeza. Jamás se imaginó hacer algo como esto, expresar sus sentimientos a través de un pequeño objeto no era algo que él alguna vez haría, pero por supuesto, había muchas cosas que antes de Bella, nunca había hecho.

—Felicidades, le quedó muy bonito.

—Gracias a usted, no habría podido hacerlo sin su ayuda.

—Yo no he hecho nada, lo ha hecho usted solo —lo elogió Maggie sonriendo—. ¿Le va a poner una nota?

—¿Una nota? —preguntó frunciendo el ceño.

—Claro, una nota.

Edward carraspeo, negando con suavidad.

—No, es que… no se me da bien escribir notas. Lo cierto es que, las flores que alguna vez he enviado, ha sido Bree, mi asistente, quien pone las notas.

—Bueno, hoy no va a ser así. Tiene que ser usted quien la escriba, así que piénselo.

X – X – X

—Hola tía —saludó Bella, entrando a la floristería.

—Cariño, bienvenida. ¿Cómo ha ido el paseo?

—¡Bien! Viaje por toda la ciudad —canturreo sentándose frente a ella—, he bajado y subido en todos los puertos.

—Que cansado —se rió su tía, antes de mirarle con precaución—. Te han enviado unas flores…

—¿Flores? —inquirió confundida—. ¿De quién?

—De Edward…

Abrió los ojos con sorpresa, antes de entrecerrarlos con molestia.

—¿Edward te ha pedido que me des unas flores?

—Oh, no, no —negó rápidamente—. Ha venido y ha hecho un terrario con sus propias manos.

—¿Con sus propias manos? —replicó boquiabierta.

—Y te confesaré una cosa, tiene mucho talento —añadió con complicidad, provocando que Bella riera—. Si la empresa quiebra, puede venir a trabajar aquí… Espera, ya te lo traigo.

Bella estaba viviendo un sueño, debía ser un sueño, porque jamás esperó algo así de él, un detalle tan hermoso y lleno de sentimientos. Tomó el terrario entre sus manos, mirándolo hipnotizada.

—¿Ha puesto una nota? —preguntó, al parecer, no la iba a dejar de sorprender.

—Oh, se me ha puesto la piel de gallina —murmuró su tía, levantándose—, mejor te dejaré sola.

Bella apenas y le escuchó, toda su atención estaba puesta en la nota y el terrario, tragó con pesadez, imaginándolo haciendo aquel delicado objeto con sus fuertes manos. Y no solo eso, sabía que él era alérgico, y, aun así, dedicó un tiempo para hacer esto.

«Mi pequeña Hada, ¿puedes perdonarme?»

Los ojos Bella se llenaron de lágrimas, leyó la nota tantas veces que incluso podía escuchar la voz de Edward susurrándole aquellas palabras, esto era más de lo que estaba esperando. Y cayó fuertemente por él… ¿cómo no iba a hacerlo? Si ya estaba enredada en sus redes.

Observó cada detalle del terrario, antes de levantarse, esto era lo que ella estaba esperando, no había otra cosa más, necesitaba regresar a él y finalmente tenía un motivo.

Cuando llegó a Art Life, todo estaba en silencio. Las personas estaban trabajando y, por suerte, nadie le interrumpió en su camino a la oficina de Edward. Ante las puertas abiertas, decidió entrar sin llamar, observándolo levantar la vista sorprendido de su ordenador, mirándole fijamente.

—Has venido —murmuró, poniéndose de pie, acercándose a ella.

—He venido —asintió.

—¿Te quedarás?

—Me quedaré.

Bella no pudo evitar romper en una sonrisa, los ojos brillantes de Edward le producían mariposas en el estomago, y su cercanía el abrumaba los sentidos.

—¿Lo prometes? —insistió Edward.

—Lo prometo. —tragó salivada con pesadez, sin romper la mirada—. Esto significa que nuestro contrato continúa.

Edward bajó la mirada, sonrojado y emocionado de tenerla frente a él, aunque ella no hiciera nada más que recordarle aquel contrato que sonaba como reloj sobre sus cabezas.

—Pero esta vez realmente como profesionales —le recordó Bella—, cumpliendo cada artículo.

—Es justo lo que esperaba —asintió Edward, sin poder ocultar su sonrisa, y aunque pudiera haberlo hecho, el brillo en sus ojos seguramente le hubiera delatado.

—Tal y como querías —suspiró Bella—, cumpliendo exactamente el contrato, sin acercarnos el uno al otro… Nos quedan cuarenta y cuatro días.

—Cuarenta y cuatro días —repitió Edward, bajando de aquella nube en la que se había subido desde que la vio entrar—. Tal vez termine antes, por supuesto, si Lauren termina con Emmett.

El brillo en los ojos de Bella se apagó, y si Edward le mirara a la cara, se daría cuenta del dolor que atravesaba por ellos.

—O si ellos se casan —sugirió Bella, parpadeando y alejando aquella oscuridad que se cernía sobre ella—, entonces, se acabó.

El pequeño juego de miradas que atravesaron estaba siendo todo un malentendido, mientras ella creía que Edward estaba sufriendo por perder a Lauren, él creía que ella estaba sufriendo por seguir en el contrato y no poder librarse de él.

—Trabajarás aquí como arquitecta paisajista a partir de ahora —anunció Edward, ganando que aquellos ojos cafés le miraran con asombro—, así que te voy a pedir que trabajes duro y actúes un poco más profesional.

—De acuerdo —asintió, sonriendo de oreja a oreja.

—Por cierto, el anillo —añadió Edward, tomándole la mano con delicadeza, si Bella estaba sorprendida de saber que él cargaba con el anillo, no lo demostró.

Su piel se calentó con suavidad mientras Edward le colocaba el anillo lentamente, un centímetro apenas separando sus rostros, respirando el mismo aire y ella sintió podía ser capaz de volar, mientras se fundía en el verde de su mirada.

Un golpe en la puerta los despertó de aquel sueño.

Bella se giró sorprendida, e intentó retirar la mano, pero Edward se la sujetó con delicadeza, acariciando el anillo antes de volver la mirada hacia la entrada de la oficina.

—Lauren, Emmett… ¡Qué sorpresa! —les saludó sonriendo.

—Hemos venido a contarles una noticia —Emmett sonrió orgulloso.

—Hemos tomado una decisión —asintió Lauren sonriendo—: Nos vamos a casar en una semana.

Y mientras Emmett sonreía, Bella y Edward palidecían lentamente. Ella sintió el frío cuando él le soltó su mano, se giró a observarle, su rostro era una máscara de frialdad. Bella sintió la mirada de la pareja sobre ellos, y viendo que él seguía en shock, carraspeó con suavidad, antes de girarse y forzar una sonrisa.

—La noticia nos ha sorprendido —murmuró Bella finalmente, mirándolo de reojo—. ¿No es así, Edward?

—Sí, así es —carraspeó incomodo, aun sumergido en sus pensamientos—. Felicidades.

—¿Felicidades? —preguntó Jasper, acercándose junto con Alice—. ¿Qué estamos celebrando?

—Nos casaremos la semana que viene —les dijo Emmett.

—¿La próxima semana? —repitió Alice sorprendida—. ¿No es demasiado pronto?

Edward y Bella seguían petrificados en su lugar.

—Decidimos actuar como locos y fijar una fecha de una vez por todas —explicó Emmett, riendo—. Y como no nos gustan las ceremonias demasiado ostentosas….

Bella no dejaba de observar a Edward, sabía que debía de ser algo difícil de afrontar. Sin embargo, le dolía verlo sufrir por otra mujer, cuando su corazón lloraba por él.

—No se queden todos de pie —carraspeó Edward, recuperando la movilidad de su cuerpo—. Por favor, tomen asiento.

Tomó todo el esfuerzo de Bella, sentarse a su lado y fingir que todo estaba bien, apretó los dientes con fuerza y levantó la mirada.

—Llevamos mucho tiempo juntos, así que yo no diría que es pronto —comentó Emmett—, incluso diría que es algo tarde. ¿No es así, cariño?

—Por supuesto —asintió Lauren, apretando los labios en una sonrisa forzada, sintiéndose intimidada por la mirada de Edward.

—No hay por qué apresurarse tanto, se puede celebrar mejor con más tiempo —añadió Jasper.

—En mi opinión, en una semana se pueden hacer muchas cosas —intervino Edward, ganándose una mirada vacía de parte de Bella.

—Además, mañana mismo nos vamos a Italia —anunció Emmett, bastante animado.

—Oh, ¿en serio? —replicó Edward riendo con incredulidad.

—¿Y la boda? ¿Se van a casar allá? —preguntó Bella sorprendida, mirando a la pareja.

—No, compraremos el vestido de novia y el traje, también haremos turismo. —explicó Emmett.

—Hemos contratado a una empresa organizadora, ellos harán todo mientras nosotros estamos allá —aclaró Lauren, sus ojos azules carentes de emoción—. Volveremos un día antes.

—Qué bonito, qué romántico —exclamó Edward, claramente disgustado—. Si me preguntas, la sorpresa no es que se casen en una semana, sino el hecho de que una semana antes de la boda estarán en Italia, nunca había escuchado algo así.

Bella lo miró fijamente, él estaba demasiado nervioso y alterado, así que apretó los dientes, antes de mirar a Lauren con una sonrisa forzada.

—La manera de felicitar de Edward es muy particular —les explicó.

—Hagamos algo antes de que se vayan —comentó Alice, intentando romper con la evidente tensión.

—En realidad, debemos regresar urgentemente al Holding —murmuró Lauren, levantándose—. Nos vemos más tarde.

—Felicidades de nuevo —asintió Bella.

Tan pronto todos salieron de ahí, vio a Edward perder finalmente los nervios, cerró su computadora de golpe y se llevó las manos a la cabeza. Bella simplemente le observó sin inmutarse.

Mientras Edward le observaba fijamente, ella se ahogaba en el dolor de verlo sufrir porque la mujer que amaba se iba a casar, por supuesto, eso estaba muy que lejos de la verdad. En realidad, Edward no podía razonar ante la idea de perder a Bella cuando apenas la había recuperado.

Cuando ella levantó la mirada, él la alejó rápidamente. Bella tragó con fuerza.

—Se casan la próxima semana —murmuró.

—Sí —espetó Edward, levantándose de su asiento, caminando como un gato enjaulado.

—Tu… ¿estás bien? —murmuró Bella con preocupación.

—No —masculló, ella jamás lo había mirado tan afectado como ahora mismo—. No, no estoy bien Bella. Pero no importa, porque probablemente lo único que te importa es el contrato.

—¿Por qué dices eso? —preguntó sorprendida.

—Lo digo porque dentro de una semana, habrá terminado. Desde el principio, desde que empezamos todo, lo único que has dicho es "Espero que este contrato acabe pronto y salgas de mi vida" te lo recuerdo.

—¿Es que tú has dicho algo distinto? —replicó Bella con los ojos abiertos de par en par—. Sí, acordamos que esto terminaría tanto si rompían como si se casaban.

—Como sea, eso va a pasar pronto. Solo tendrás que aguantarme un poco más —añadió con amargura.

—¿Por qué de repente estás siendo tan grosero conmigo? —Bella le miró sorprendida—. ¿Por qué no dices lo que quieres?

—¿Y qué es lo que quiero? —le retó.

—Quieres que Lauren rompa con Emmett, pero no puedes decirlo. ¡Quieres que Lauren vuelva contigo, pero tampoco puedes decir eso! Porque si vuelve contigo, tendrás que casarte, es lo más lógico… y tu siempre haces lo más lógico, Edward.

—¡Vaya! ¡Vaya, Bella! —escupió furioso—. ¡Felicitaciones, bravo! Qué bien me has llegado a conocer.

La desesperación que ardía dentro de ella finalmente dio paso a la tristeza, y lo miró fijamente, cerró los ojos por un momento, sabiendo que lo que diría a continuación bien podría ser el acto más desinteresado que hubiera hecho jamás… Y de eso se trataba el amor, ¿no es así?

—No es tan difícil decirle a una mujer que la quieres, Edward Cullen.

Edward levantó la mirada rápidamente, encontrándose con su mirada oscura puesta sobre él. Tragó el nudo formado en su garganta y asintió, antes de desviar la vista abrumado.

—Bien, ¿qué quieres de mí esta última semana? —preguntó Bella, cambiando de tema rápidamente, antes de que las lagrimas que luchaba por detener se derramasen.

—Mira, no quiero ver a Emmett dentro de una semana en esta empresa como su marido, ¿de acuerdo? No me importa lo que Lauren piense.

—Oh, ¿En serio? —replico sarcásticamente.

—Así es, además —añadió furioso—, se la lleva a Italia antes de la boda, para que yo no pueda interferir.

—Ya, ¿y qué puedo hacer yo por ti?

—Mientras yo quito de en medio a Emmett, tú tienes que convencer a Lauren del modo que sea, de que no se vaya a Italia. ¿De acuerdo? —exigió, pasándose una mano por el cabello con brusquedad—. Y habla también con mi mamá.

—¿Con tu mamá?

—Sí, sí porque según ella, esos dos deberían haberse separado ya. Algo ha ocurrido para que decidieran casarse en una semana. Así que ve y habla con ella, y deja que se aconseje. —ordenó.

—De acuerdo, ya voy —asintió Bella, tomando su bolso.

—Bien, luego nos veremos en el Holding —le dijo mientras continuaba dando tumbos por la oficina.

—Bien.

—¡Vaya! Hoy resulta que eres tu la que me tiene sorprendido —exclamó Edward cuando ella pasó por su lado—. Ni siquiera cuestionas mis órdenes.

Ella se detuvo abruptamente, suspirando, se giró para mirarlo.

—Porque no quiero molestarte más.

Edward le devolvió la mirada, mientras se tranquilizaba un poco, antes de que ella pudiera salir de la oficina, le llamó suavemente.

—Gracias —murmuró con cansancio—, por tu ayuda.

—Es mi trabajo.

Bella se alejó caminando con prisa, antes de que se fuese a derrumbar sin remedio frente a él. Era demasiado este juego para ella, había entrado fingiendo estar enamorada y todo se había vuelto en su contra. Y ahora como resultado, le tocaba ayudar al hombre que amaba para que pudiese esta con la mujer él quería.

Para Edward, esto era una cuchilla de doble filo, de alguna u otra manera, esto debía acabar en algún momento, pero jamás se imaginó que sería tan pronto. Sí, su objetivo de un principio era que Lauren no se casara debido a la relación que tenía Emmett y Riley, pero ahora no era más que una excusa para justificarse a sí mismo la desesperación que sentía por retener a Bella más tiempo.

Porque si ellos se casaban, ella finalmente saldría de su vida, y no estaba preparado para eso, aunque para él era evidente que era justamente eso lo que ella quería.


Merhaba!

¡Ayyyy!

¿Cómo que se nos casan Emmett y Lauren? Se aproxima el final del contrato... ¿Será?

Nos vemos el martes con el adelanto.

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görüşürüz!

Con cariño, Ame y Annie.