Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.


Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.


"Todo nuestro sufrimiento, nuestra frustración y rabia, nuestras emociones,

son reacciones frente a lo inesperado, a los aspectos más insólitos de las situaciones a las que nos enfrentamos"

- Madona con abrigo de piel.

Capitulo 27.

Bella miró con recelo a Esme, quien se encontraba evidentemente en shock ante la noticia de la boda que le había llevado, Stefan le dijo que ella solo necesitaba otro par de minutos más para asimilarlo.

—Sra. Esme —le llamó Bella suavemente, contuvo su risa antes de volver a repetir su nombre.

—¡No puede ser! ¡No puedo creerlo! —jadeó volviendo a la vida—. ¡No pueden casarse! Lauren me estuvo hablando de romper con él hace muy poco.

—Emmett la ha convencido —le dijo Bella encogiéndose de hombros.

—¡Por supuesto que Emmett la persuadió! —gruñó sujetándose la cabeza con frustración—. ¡Me voy a volver loca!... ¡Belda! ¿No deberías haber puesto celosa a Lauren? —exigió.

—Lauren está muy celosa —afirmo Bella—. Es su hijo el problema.

—¡Ah, Dios mío! ¡Stefan, tráeme algo de beber! ¡Necesito una bebida muy fría!

—Su hijo es un robot, a tal grado, que tarda días solo en pedir una disculpa. —señaló Bella rodando los ojos—. Ama a Lauren, pero no es capaz de decirlo. Lauren lo ama, pero tampoco lo dice. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué más puedo hacer?

—Edward es un caso perdido —admitió Esme—, así que tendrás que hacerlo tú, es la última semana. Confunde a Lauren lo más que puedas.

—Pero no puedo hacer nada con Emmett, ya es demasiado tarde.

—Tu solo confúndela, ponla celosa. ¡Cambia de estilo! No sé, haz que se vuelva loca.

—¿Y cómo va a afectar mi estilo a sus sentimientos? —replicó Bella ofendida y confundida.

—Cariño, las mujeres se fijan en el cabello, en el maquillaje y en el comportamiento de otras mujeres. ¡Por eso tienes que ser mejor que ella!

Bella se quedó en silencio por un momento, analizando detenidamente sus palabras, antes suspirar y asentir suavemente.

—Está bien —aceptó, encogiéndose de hombros con desinterés—. De acuerdo, ¿qué puedo decir? Esta es la última semana… y se acabó.

Esme se estremeció después de darle un sorbo a la bebida que le acababa de traer Stefan, quien miraba con un puchero a Bella.

—¡He vuelto a ser yo! —canturreó Esme, colocando la copa frente a ella, Bella sonrió divertida—. Sí, es verdad, acabo de darme cuenta que esta es tu última semana, Belda.

—Tenga paciencia, ya falta poco —le tranquilizó, antes de mirarle dubitativa—. Quiero hacerle una pregunta.

Esme asintió, alentándola a continuar.

—Si yo no tuviera ninguna conexión con Edward… si me conociera de cualquier otra cosa… ¿Le caería bien?

Stefan contuvo la respiración, y Esme le sonrió con calidez, e incluso con algo de cariño.

—A pesar de tus malos hábitos, admito que eres una muy buena chica, Belda. —Bella sonrió alegre ante su respuesta—. Una vez me dijiste que me llevarías de la mano cuando yo quisiera.

—Sí —asintió, y Esme extendió la mano sobre la mesa.

—¿Tu promesa seguirá vigente cuando acabe el contrato?

Bella colocó suavemente su mano sobre la de ella, sus ojos brillantes de emoción.

—Vendré siempre que quiera que tome su mano. Aunque ya no me necesitará —añadió sonriendo—. Usted sola saldrá de esta casa.

—Dios lo quiera, Belda. Bien, ahora —suspiró, apretando la mano de Bella—, deja que yo te tome de la mano.

Así que Bella lo hizo, dejó que Esme le tomara la mano, y terminó rodeada de hilera tras hilera de diferentes blusas, vestidos, trajes elegantes y trajes casuales. Fue demasiado divertido, Stefan le halagaba en cada oportunidad y Esme le ayudaba a combinar las piezas que ella elegía, sin perder su estilo y esencia.

—¡Mira este saco! —le animó Stefan—. ¡Y esas zapatillas!

Bella extendió las manos emocionada, probándose el saco blanco. Dio tres vueltas, observándose en el espejo.

—¡Me encanta!

Después de eso, pasaron a la joyería, Esme realmente se había lucido. Bella evitó pensar en la cantidad excesiva de dinero que se estaba gastando aquí, y se recordó a sí misma que todo esto lo estaba haciendo por él… por Edward.

Un par de horas más tarde, se encontraba caminando hacia la entrada del Holding, sintiéndose tan empoderada con cada paso que daba, y era tan cierto lo que había dicho Esme, pero sobre todo para ella misma. Era increíble lo que un par de prendas le podían hacer a la autoestima.

Sonrió con satisfacción, mientras se acercaba a Edward, él le miró fijamente a través de sus gafas oscuras y Bella le sonrió, quitándose sus propias gafas, su cabello pulcramente ajustado en una coleta alta.

—Estás perfecta —exhaló Edward, recorriendo su cuerpo rápidamente.

—¿En qué sentido lo dices? —preguntó Bella, evitando sonrojarse, porque claro, eso arruinaría por completo su look empoderado.

—Ehh… en la puntualidad, perfecta puntualidad —explicó, humedeciéndose rápidamente los labios—. Llegaste justo a tiempo.

Bella intentó ocultar su sonrisa, mirando hacia otro lado.

—Te cambiaste. —señaló Edward, admirando lo bien que le quedaba aquel traje negro de dos piezas, y, sobre todo, admirando la franja que quedaba descubierta, exponiendo su abdomen definido.

—Tú también te cambiaste de ropa —replicó Bella.

Por supuesto, usase lo que usase, Edward siempre se veía hermoso a sus ojos, y aquel traje azul cálido y bajo aquél sol, lo hacía ver incluso aun mas irresistible.

—¿Entramos? —preguntó Edward, señalando hacia el interior del edificio—. Primero iré con mi papá.

—Yo iré con Ange.

Edward dejó escapar el aire que había estado conteniendo tan pronto Bella se alejó de él. Era increíble lo que su presencia provocaba en él, le mareaba aquella belleza y esa mirada desafiante. Y la ropa solo era un plus más.

Finalmente llegó a la oficina de su padre, a quien le seguía costando demasiado reconocer. No solo había cambiado de ropa, sino de secretaria, con la que llevaba trabajando demasiado tiempo.

—Se ha mudado a Antalya —explicó Anthony sonriendo, ajustándose la chaqueta de cuero negro.

—Bien —aceptó Edward, queriendo pasar al tema más importante.

—Mira, no entiendo nada —le dijo, señalando los papeles frente a él—. Las parejas prometidas, se acaban casando. ¿Cuál es el problema?

—Realmente no lo entiendes, ¿verdad? Esto es una maniobra de Emmett. —puntualizó enfadado—. Lo hace a toda prisa para asegurar un lugar en la empresa.

—¿Y qué quieres que haga? No puedo decirle a Lauren con quien debería casarse, ni siquiera puedo decírselo a mi hijo —le señaló—. ¿O acaso miento?

Edward rodó los ojos, antes de suspirar.

—Podemos comprarle las acciones a Lauren, de ese modo podrá seguir trabajando como la gerente de relaciones públicas, pero no formará parte de la junta.

—Edward —sentenció Anthony ofendido—, ¿quieres que le compre las acciones a mi socio, con quien trabajo desde hace cuarenta años, y que además expulse a su hija de la junta directiva?

—Sí, y te recuerdo que Riley es socio de Emmett, sabes muy bien lo que Riley nos ha estado haciendo últimamente. Esa es la razón por la cual quiero evitar que tus cuarenta años de trabajo se vean destruidos, te ofrezco una solución.

—Por lo que recuerdo, has solucionado todos los problemas que Riley te creó, e incluso te deshiciste de él. ¿En serio crees que el principal problema es que ellos están trabajando juntos?

—¿Qué más podría ser?

—No te gusta perder, Edward. Y es un buen rasgo en el mundo de los negocios, pero en tu vida personal, eso te hará daño a ti mismo y a los demás. Será mejor que intentes alegrarte por Lauren.

—No tiene nada que ver con eso —replicó, exasperado—. Para ser honesto, ese tema se acabó para mí hace mucho tiempo. Lo único que no quiero, es que la empresa y Lauren salgan lastimados. Pero bueno, ya lo verás, y cuando lo hagas será demasiado tarde.

—Esperemos y veremos —suspiró Anthony regresándole la carpeta a Edward.

—Sí —espetó, levantándose, antes de mirar a su padre con el ceño fruncido—. ¿Siempre vas a llevar esa chaqueta?

—Me gusta. ¿Y a ti? —añadió con curiosidad su padre.

—Te lo diré cuando valores mi opinión —suspiró Edward.

—¿Te compro una? —le preguntó Anthony con diversión, mientras Edward salía de la oficina negando suavemente.

Bella suspiró con fuerza mientras daba vuelta en el pasillo donde Edward le había indicado que le esperara, había estado con Angela, quien se encontraba alterada seleccionando cosas para la boda de su jefa… es decir, Lauren.

Su celular vibró y sonrió.

—Hola, ¿Rose?

—Bella... hice lo que no debería haber hecho. —gimoteó su amiga, claramente nerviosa—. Le he dicho a Jasper del compromiso falso entre Edward y tu.

—¡¿Qué?! —exclamó—. ¿Por qué?

—Porque Edward Cullen me tiene muy enojada. Y mientras estaba discutiendo con Jasper, se me ha escapado sin darme cuenta.

—Jasper tampoco lo sabía, ¿verdad? —inquirió Bella entrecerrando los ojos—. ¿Ni siquiera se lo dijo? Se va a volver loco cuando sepa que te lo dije.

—Te he metido en problemas… pensé que como el juego había terminado, no habría problemas. Pero lo será, ¿verdad?

—No importa ya, da igual. La semana que viene, todo se habrá acabado —suspiró, antes de detenerse abruptamente, al ver a Edward acercarse con el ceño fruncido—. Tengo que colgar, cariño. Te mando un beso.

Edward se detuvo frente a ella, y la miró fijamente, sin parpadear.

—Dime, me has llamado —asintió Bella, guardando el celular.

—Quiero que estés conmigo todo el tiempo —exigió sin titubear, provocando que Bella levantara la mirada, sorprendida—. Quiero decir… hasta que termine esta semana. Hasta que se acabe el problema.

—Bueno —agachó la mirada, jugueteando con su bolso—. ¿Qué debería decirle a Lauren?

—No le digas nada, que estés a mi lado ya la pone muy incómoda.

Bella levantó las cejas, y se contuvo de rodar los ojos.

—Bien.

—Vamos —asintió Edward, señalando el camino.

—¡Bella, bienvenida! —exclamó Lauren sorprendida, viéndolos entrar a su oficina—. Esta es la primera vez que te veo por aquí.

—Gracias —murmuró, acercándose.

—Por favor, siéntate —indicó Lauren sonriendo ampliamente.

—Yo también vengo por trabajo —explicó Bella, sentándose con la espalda recta y la mirada filosa—. Estoy como asistente de Edward, además de su novia.

Lauren apretó los labios en una sonrisa forzada, mientras Edward miró a Bella de reojo, antes de extender una carpeta hacia la rubia.

—¿Qué es esto? —preguntó con curiosidad.

—Este es un acuerdo prenupcial —anunció Edward, provocando que Bella le mirase fijamente—. Quiero que Emmett lo firme. Para que después de que te cases, él no tenga derecho a hablar en esta empresa. Seguirá siendo solo un consultor.

Lauren cerró con fuerza la carpeta, sus ojos azules helados se posaron sobre él.

—Edward, Emmett tiene hoteles, y desde luego que le encanta su trabajo. Te aseguro que no está interesado en tus negocios.

—Maravilloso —asintió—. Entonces, no te será difícil convencerlo de que firme.

—No puedo y no lo haré —exclamó con molestia—. Esto será un insulto para él.

—Puedes hacerlo, Lauren.

—¡Edward!

Lauren… El hombre que resulta ser socio de Riley no puede tener voto en la empresa solamente porque se convierta en tu marido, si no firma… lo sabes, les haré a los dos la vida imposible.

Bella suspiró, y extendió la mano, tomando suavemente la de él entre la suyas, acariciándola. Edward le miró de soslayo.

—Espera un momento, Bella. Estamos hablando…

—Cariño —murmuró.

—Te escucho —espetó, aún enfadado por la plática con Lauren.

—Tampoco es que sea gran cosa, Lauren —explicó Bella, mirándola fijamente—. Nosotros firmamos un acuerdo, ya lo sabes.

—Estás hablando del contrato del chocolate, Bella —respondió Lauren con una ceja levantada—. Y ahora estamos discutiendo cosas más importantes.

Bella cerró con fuerza los labios, ladeando el rostro con suavidad con sus ojos casi encendiéndose en dos brazas, mientras Lauren centró su atención en Edward.

—Mira, Lauren —empezó Edward nuevamente.

—No —interrumpió Bella.

—¿Qué? Dime —Edward ya estaba visiblemente molesto.

—No —repitió Bella, sin romper el contacto visual con Lauren—. Nosotros también firmamos un contrato prenupcial. Yo tampoco tengo un voto en la empresa, y no lo tendré.

—No lo entiendo, ¿por qué firmaron un contrato prenupcial? —inquirió Lauren confundida, mirando a Edward, pero este se encontraba casi tan sorprendido como ella.

—Sí, ¿por qué, Bella? —murmuró entre dientes, mirándole mientras ella sonreía y posaba su mirada retadora y dominante sobre él.

—Hemos tomado una decisión —anunció Bella—. También nos vamos a casar.

Edward carraspeó discretamente, intentando por todos los medios no arruinar la mentira que Bella acababa de decir.

—¿No lo sabías, Lauren? —preguntó Bella sorprendida—. Oh, Edward… ¡Qué reservado eres!

Edward se puso colorado, y empezó a reír, una risa casi ahogada mientras Lauren le miraba con un dolor sordo golpeteando en su pecho.

—Iba a ser una sorpresa, ¿no es así? —espetó Edward, y Bella levantó la mirada chocando con la de él, ambos lazándose aquella molestia que no podían decir con palabras en este momento.

Lauren se encontró incapaz de decir algo, simplemente forzó una sonrisa en sus labios mientras miraba sus manos unidas.

—No se me ocurrió nada más —explicó Bella mientras caminaban por los pasillos de la empresa—. Tu tomaste la decisión de nuestro compromiso, y yo he tomado la decisión de la boda. Ya estamos iguales.

Edward apretó la mandíbula, y asintió, riendo quedamente.

—¿Ya se van? —exclamó Emmett acercándose a ellos con una sonrisa enorme.

—Sí. —asintió Edward.

—Emmett —se acercó Lauren—, Edward y Bella también se van a casar.

—¿De verdad? ¡Entonces tendremos una boda doble!

—No, no tenemos tanta prisa —interrumpió Edward, tornándose de un color espantosamente rojo.

—¡A lo mejor sí! —añadió Bella con alegría—. ¿Y si mañana decidimos casarnos? ¡Es que soy tan impulsiva!

—Sí, demasiado impulsiva —afirmó Edward, controlando el ataque de histeria que ella estaba provocando en él.

—Los acompañamos a la salida —murmuró Lauren.

Bella le miró de soslayo, antes de rodar los ojos y tomar posesivamente a Edward del brazo, casi fundiéndose en su costado.

Los cuatro se detuvieron fuera del edificio, seguidos de una sonriente Angela.

—¡Ustedes parecen sacados de una revista de moda! —canturreó alegremente—. ¡Oh, hablando de revistas! Te van a hacer una entrevista, cuñado.

—Fue cancelada, Angela. —espetó Lauren.

—¿Qué entrevista? —preguntó Edward.

—Era sobre los herederos de las empresas y sus futuras esposas —explicó la rubia—. Habría estado bien hacerla, pero la hemos cancelado porque a ti no te gusta.

—Entonces tomaste una decisión por mí sin mi consentimiento, ¿cierto?

—Hasta yo sé que no te gusta hacer entrevistas —le defendió Emmett.

—Se trata de trabajo, Emmett. —espetó secamente.

—Entonces, si quieres, puedo volver a organizarla —comentó Angela, sintiendo el ambiente tenso, sin embargo, se ganó una mirada asesina por parte de Lauren—. Hacen una entrevista una vez al mes, ¿hablo con ellos y lo retomamos, cuñado?

Edward carraspeó, y Ange finalmente fue consciente de la mirada fulminante de Lauren.

—Bueno, tengo que irme, hay muchas cosas que hacer —anunció Angela, alejándose rápidamente.

—Lo siento —murmuró Bella, mirando sus pies—. Después de todos los chismes sobre nosotros dos, sería bueno que nos entrevistaran.

Edward le miró, antes de mirar a Lauren, y entonces sus neuronas finalmente hicieron sinapsis.

—Sí… sí —acordó mirándole a Bella—. Primero las noticias del compromiso, y ahora las fechas de las bodas. Estamos en una situación algo turbia. Así que, sería bueno hacer la entrevista como una demostración de fuerza por parte de nuestras parejas.

—Pero será al mismo tiempo que estemos de viaje en Italia —murmuró Emmett.

—¡Pues viajen a Italia para su luna de miel! —sugirió Bella sonriendo—. ¿No sería eso más romántico? Y las compras las pueden hacer también aquí.

—Sí —los animó Edward.

—Bueno, si les parece que es mejor hacer la entrevista… ¿Qué te parece, Emmett? —preguntó Lauren.

—Querías elegir un vestido de novia especial —murmuró él, dubitativo.

—¿Un vestido? —interrumpió Bella—. La Sra. Esme me está ayudando con mi vestido de novia, creo que confías en su gusto. Si quieres, el mismo diseñador podría hacer el tuyo.

—Claro que sí, es buena idea —asintió Lauren, su mirada triste difícil de ocultar ante la mención de la que la mayor parte de su vida había considerado como su suegra, o más bien una segunda madre.

Se despidieron brevemente, antes de adentrarse nuevamente a la empresa, dejándoles solos.

—¿Cómo has podido hacer algo así? —preguntó Edward, Bella suspiró y puso los ojos en blanco—. ¿Cómo pudiste decirles que nos vamos a casar?

—No sé, se me ha ocurrido nada más.

—Ah, ¿en serio? —inquirió acercándose más a ella—. Sabes que, si seguimos así, un día de estos me despertaré y realmente estaremos casados y tendremos dos hijos.

—¡Ni Dios lo quiera! —exclamó Bella con seriedad—. ¿Casada contigo? ¡Y encima con dos hijos! Que Dios no lo permita… Y, además, ¿por qué estás tan enfadado?

—Es que haces muy pocas cosas para evitar que me enoje.

—Lo principal es que Lauren se sienta que está atrapada de nuevo, y creo que estoy ayudando con eso, ahora estará pensando en nuestro matrimonio.

—No lo creo —negó.

—¿Qué sabes tú de las mujeres? —replicó, y Edward le miró de reojo por un momento, mordiéndose el interior de la mejilla.

—¿Yo? —murmuró, ella miró de regreso—. Creo que las entiendo bastante.

Bella intentó no sonreír con diversión, pero fracasó estrepitosamente.

—Ahora mismo le traen el coche, Sr. Edward —anunció el vigilante.

—Por favor, estamos esperando en la calle.

—Me voy a parar aquí —anunció Bella, alejándose un par de metros—. Lo más lejos posible de ti.

—En unos segundos subiremos juntos al coche —espetó Edward con incredulidad.

—Incluso dos segundos sin ti valen la pena.

Edward negó con suavidad, una sonrisa divertida tirando de sus labios, antes de suspirar y mirar hacia otro lado.

—Ya viene el coche —suspiró Bella, cuando él se acercó a ella lentamente.

—¿De verdad crees que la noticia de la boda no saldrá publicada?

—Por supuesto que no, ¿quién más lo sabe? Solo Emmett y Lauren lo saben. Esto seguirá siendo un secretó —declaró con seguridad, aunque en realidad, la duda ya se había instalado fuertemente en su cerebro.

—¡Bella! ¡Bells! —chilló Angela golpeando el cristal de la puerta antes incluso de dar un paso fuera—. ¡Cuñado! ¡Sí! ¡Felicidades!

Ambos voltearon sorprendidos cuando el cuerpo de Ange golpeó con fuerza contra ellos, uniéndolos en un abrazo inesperado.

—¡Así que al final te vas a convertir realmente en mi cuñado! ¡Yo sabía que el verdadero amor triunfaría! ¡No saben lo contenta que estoy! —Ange los miró sonriendo antes de volver a juntar sus cuerpos en un abrazo.

Bella tragó con pesadez, sus ojos abiertos como platos, mientras una sonrisa de suficiencia adornaba los labios de Edward.

—No es así, Ange. Aún no hemos tomado la decisión —aclaró Bella, le pidió ayuda con la mirada a Edward, pero este solo asintió frunciendo los labios con burla.

—Primero se casaba una pareja, y luego la otra… ¡Ahora les toca a ustedes! —canturreó con ilusión.

—Te lo explicaré en casa esta noche —murmuró Bella apresuradamente—. Pero no, las cosas no van por ahí.

—Bueno, hablemos esta noche entonces —acordó Ange, su ánimo claramente decaído—. Bueno, me voy. ¡Nos vemos!

Edward fue incapaz de contenerse, y tan pronto Angela se alejó, empezó a reír con diversión.

—Tu ex es tan buena guardando secretos —le dijo Bella con acidez.

—Mmhm.

—¿De qué te ríes?

—Ah, Bella. Es culpa tuya, y encima te excusas. —Bella frunció los labios y fingió no escucharle—. Mira, no han pasado ni cinco minutos y ya nos están felicitando. Es encantador.

Se encogió de hombros y eligió que el silencio siempre era una buena respuesta. Al fin y al cabo, nuevamente Edward había tenido razón.

—Ah, por cierto —añadió Edward, conteniendo la risa—. Será mejor que se lo digas a mi madre.

—¿Por qué? —replicó rápidamente, la sangre drenándose de su rostro.

¿Por qué? Bueno, quizás porque le has dicho a Lauren que mi madre te estaba ayudando con el vestido novia, ¿no es así?

—¿Se lo digo? —murmuró preocupada.

—Sí —asintió, marcando rápidamente el numero—. ¡Ah, madre!

Hola, cariño—saludó Esme.

—Bella está aquí, justo a mi lado. Y te va a dar una muy buena noticia.

Bella rodó los ojos y extendió la mano hacia Edward.

—Sra. Esme, hola —saludó con una sonrisa tensa—. Sí, por supuesto, es una buena noticia… Son buenas noticias para usted. He conseguido que Lauren cancele el viaje a Italia. Le he dicho que usted iba a ayudarla a conseguir el vestido de novia.

Ah, ¡qué bien! ¡Bravo, Belda! —canturreó Esme con felicidad—. Así la podré convencer de que no se case. La invitaré para venga después del almuerzo. Bien hecho.

—Va a ir, va a ir… seguro que sí —aseguró, mientras se mordía el labio con fuerza—. Y le estaría muy agradecida si me pudiera reservar otro vestido de novia para mí.

La risa de Esme inundó el oído de Bella

Me parece que se han cruzado las líneas, Edward. He escuchado algo que no puede ser posible. ¿Belda me ha pedido un vestido de novia?

Bella apretó los dientes y separó el teléfono de su oreja.

—Pregunta que si lo he dicho en serio —explicó Bella a Edward.

—¡Ah! Sí, madre, esto es verdad. —asintió con una sonrisa.

—He dicho una cosa, puede que haya sido impulsiva —añadió Bella animada—, pero le he dicho que adelantamos la boda.

¿Qué? —gritó Esme alterada—. ¡¿Qué le has dicho?!

—Felicidades por su nueva novia falsa. ¡Nos vemos en la prueba del vestido! ¡Adiosito! —canturreó, y colgó la llamada sin esperar una respuesta.

Cuando Edward creía que ella no le podía sorprender más, Bella simplemente iba y lo hacía de nuevo. Sonrió para sus adentros mientras la observaba mirarlo de manera obstinada, su coleta agitándose con el suave aire.

—Mira, ha llegado el coche, vamos Sra. Bella —le indicó Edward, mientras le agradecía al aparcacoches—. Que pasen buen día.

Tan pronto Bella se subió, abrió la capota del coche y sonrió satisfecha cuando el sol les bañó el rostro. Edward se giró y la miró con geniuda curiosidad.

—Te vas a despeinar —señaló, ajustándose el cinturón de seguridad.

—¿Y qué tiene? Da igual —se burló Bella, poniéndose sus gafas oscuras.

Edward sonrió satisfecho con su respuesta, y asintió para sí mismo antes de arrancar. Ella era única en su tipo, era autentica y le hacía sentir cosas que jamás había sentido antes. ¿Por qué se rehusaba a admitirlo? No podría saberlo con certeza, lo único que sabía con seguridad es que ella merecía a alguien mejor.

—Tengo que enviarle un archivo a la Sra. Cope —comentó Bella, mientras entraban a la casa de Edward—, y después iré a la casa de tu madre para probarme un vestido.

—Mmhm —asintió—. De acuerdo, iré a trabajar. Los he citado aquí, mira, ya ha llegado Jasper.

—Escucha. No seas tímido, no dudes en hacer todo lo posible para evitar que Lauren se case —le susurró Bella con complicidad.

Edward se mordió el interior del labio, antes de mirarle sin responder.

—Jasper —saludó, colocando su saco en una de las sillas.

—Edward —asintió su amigo, dándole una doble mirada, antes de apretar los labios y bajar la mirada a los papeles frente a él.

Pronto se pusieron a trabajar en un silencio sepulcral. Jasper no dejaba de mirarlos de vez en cuando, mientras Edward fingía no notarlo.

—La Sra. Cope me pidió algunos pequeños cambios en el ultimo dibujo que hice. ¿Te gustaría echarles un vistazo? —preguntó Bella.

—No, puedes enviarlo.

Bella le miró boquiabierta ante la respuesta que jamás había creído escuchar de él.

—¿Y eso es todo? —replicó, aun dudando.

—Sí —afirmó Edward mirándole confundido.

—¿No vas a decir nada? ¿Qué quieres que haga? ¿Qué hablemos por correo electrónico?

Edward bufó y rodó los ojos.

—¿Por correo electrónico? ¿De verdad, Sr. Edward? —inquirió Bree acercándose a ellos, sus ojos entrecerrados con recriminación.

Ambos le miraron, sorprendidos por su respuesta.

—¡Bree! ¿Dónde está el proyecto del aeropuerto? —preguntó Edward, llamando su atención.

—Ya se lo traigo, Sr. Edward —asintió Bree, alejándose repiqueteando con fuerza sus tacones, después de darle otra mirada de acusación.

Bella sintió la incomodidad esparcirse sobre ellos, Jasper miraba a Edward de la misma manera que lo había hecho desde que habían llegado y Edward, sin soportarlo más, le devolvió una mirada confundida.

—Mientras se tiran miradas tan persistentes el uno al otro… me marcho —anunció Bella, tomando su bolso y se levantó de su silla.

—De acuerdo —suspiró Edward, después de que ella se fuera—. ¿Cómo va todo en la obra, Jasper?

—Bien. ¿Cómo te va a ti? —replicó su amigo, sin añadir ninguno de sus comentarios ingeniosos de siempre.

—Bastante bien. ¿Dónde está Alice?

—Tiene una reunión. —Jasper no apartó la mirada de él ni un solo segundo—. Edward, ¿soy tu mejor amigo?

—¿Disculpa? —levantó la mirada de su iPad y le miró confundido.

—Después de todo tengo que serlo, ¿verdad? Digo, estamos juntos desde el internado, somos amigos y socios, hasta trabajamos juntos en el mismo lugar —añadió—. Por eso creo que soy tu mejor amigo. Por supuesto, tengo que serlo, si no tienes algún otro amigo aparte de mí.

Edward apretó los labios y levantó las cejas antes de reír suavemente.

—¿Vamos a hablar de esto ahora? —el rubio le miró sin decir nada—. Jasper, ¿cuántos años tenemos? ¿Me estás hablando en serio? Perdona que te lo diga, pero no lo voy a admitir.

Jasper entrecerró los ojos hacia él, y asintió.

—Entonces, admite otra cosa.

—¿Hmm? —Edward le miró sorprendido.

—Quizás hay alguna otra cosa que te gustaría confesarme, Edward.

Lo meditó por un segundo, antes de suspirar y asentir lentamente.

—Pues mira, de hecho, sí hay algo, y te lo diré —admitió, apretando el lapicero con fuerza—. ¿Por qué no hay una sola persona normal en mi vida?

Jasper rodó los ojos.

—El proyecto del aeropuerto, Sr. Edward —escupió Bree, dejando la carpeta junto a él, antes de lanzarle una mirada filosa y alejarse.

—Por ejemplo —señaló Edward, negando con incredulidad, antes de tallarse las cejas con fastidio.

Al otro lado de la casa, Esme aplaudía con ánimo mirando todo lo que habían organizado en un par de horas.

—¡Maravilloso! ¡Perfecto, chicas! —chilló mirando los bocadillos y la pasarela improvisada que estaba en su jardín—. Muy bien, tenemos dos aspirantes para vestirse de novia. Pero vamos a ocuparnos de la rubia, lo que use la morena es completamente irrelevante, no nos importa para nada, ¿de acuerdo?

Stefan le miró con recriminación, y las chicas asintieron ante la orden de Esme, antes de seguir a Stefan hacia el interior de la casa.

—¡Oh, Lauren! —canturreó Esme cuando le vio acercarse, tomó su mano y señaló la decoración. —. ¡Bienvenida, cariño!

—Qué bonito —le dijo sonriendo.

—Todo lo que ves aquí, lo he hecho por ti. ¡Traje Italia a tus pies!

—Te hice trabajar mucho, lo siento. Me pareció incomodo que asumieras esta responsabilidad siendo la madre de Edward, pero te lo agradezco mucho.

—No importa eso, mi bebé. Hay un vinculo muy fuerte entre nosotras —le recordó con cariño—. Ven, siéntate, en lo que preparan los vestidos hablemos un rato. ¿Te apetece un poco de limonada?

—No, gracias —desistió sonriendo—. Estoy a dieta.

—¡Estoy sorprendida, impactada! —señaló Esme tomando asiento frente a Lauren—. Recientemente me dijiste que te separarías de Emmett. ¿Qué ha pasado? El diablo siempre interviene cuando menos te lo esperas.

—Estaba muy indecisa —admitió Lauren—, y puse nuestra relación en peligro, pero él es el hombre adecuado.

—Edward es la persona adecuada para ti. Y para Edward, eres la más adecuada. Te lo digo sinceramente, piénsalo.

Lauren suspiró, y frunció los labios, antes de mirar de soslayo.

—¿Y qué tengo que pensar? Ahí viene tu nuera —murmuró entre dientes.

—No se llevan muy bien, no van a durar mucho tiempo —susurró Esme rápidamente.

—¡Qué ambiente tan maravilloso! —comentó Bella alegremente, mirando a su alrededor—. Qué precioso.

Esme y Lauren le miraron fijamente.

—¡Oh, Sra. Esme! ¿Puede apartar todo esto por mí? —preguntó Bella señalando los bocadillos—. Voy a comer al terminar todo.

—Por supuesto.

—Bella, querida, ten cuidado con lo que comes —le dijo Lauren sorprendida—. No vayas a subir de peso después de probarte el vestido.

—El peso se gana y se pierde, no importa, querida Lauren —replicó Bella con una ceja levantada—. ¿Y bien? ¿Qué hacemos? —preguntó animadamente.

—¡Andando! —anunció Esme, señalándole a Lauren el camino, antes de que Bella se fuera, le llamó—. Bien hecho, has impedido que se vaya a Italia. Ahora debes portarte como una impertinente, hazle entender que Edward no es para ti.

—¿Quiere decir que sea yo misma?

—Mmhm.

—Será fácil. —asintió Bella, sonriendo

La primera en salir fue Lauren, y Esme chilló con alegría, sentada junto a Stefan.

—¡Maravilloso! —aplaudió, sus ojos brillando con emoción. —¡Estás preciosa, mi querida Lauren!

Lauren sonrió con suavidad, y se miró en el espejo enorme que había junto a ella.

—Pero un vestido de encaje te quedaría muy bien, resaltaría el azul de tus ojos —señaló Esme, Stefan rodó discretamente los ojos.

—¿De verdad?

—Sí Edward lo viera, se quedaría sin palabras —aseguró—. ¡Oops! ¡Lo siento! Se me ha escapado.

Bella salió, caminando con determinación, la falda del vestido ondeando con suavidad a su alrededor. Esme pestañeó tres veces seguidas, y una exclamación de asombro salió repentinamente de sus labios, antes de darse cuenta y apretarlos en una fina línea. Stefan sonrió orgulloso.

—¿Le gusta? —preguntó Bella, dando una pequeña vuelta.

—No, ¿qué es eso? —mintió, frunciendo el ceño con disgusto—. ¿Es un vestido de novia o una blusa?

Stefan le miró molesto, y se giró hacia Bella, quién borró la sonrisa de su rostro y se miró al espejo.

—Se parece al vestido que usaste en tu compromiso —comentó Lauren, después de mirarle de arriba a abajo.

—Este es mi estilo —declaró Bella con solemnidad.

—¡Vaya! —asintió, antes de girarse y alejarse.

—Vamos, Belda querida, ve a cambiarte. He comenzado a quedarme ciega —le apuró Esme.

—En ese caso, iré cambiarme. No permitamos que le pase nada a sus ojos —se burló, antes de irse, se giró y murmuró en voz baja—. Hemos empezado bien, ¿verdad?

Esme asintió rápidamente, alentándola a irse. La verdad es que se veía increíble en ese vestido, y era algo que jamás se permitiría admitir, mucho menos el hecho de que se veía mejor que Lauren.

—Ese vestido te queda precioso —murmuró Lauren, mientras ambas salían con el segundo cambio—. Todo lo que te pones te queda bien.

Bella se volteó a verla y le sonrió con honestidad.

—A ti ese te queda mejor.

Lauren había seguido el consejo de Esme al probarse un vestido de encaje y tul, mientras que Bella, manteniéndose fiel a su estilo, eligió uno de un solo hombro con una apertura para la pierna derecha.

—¡Estupendo! —aplaudió Esme—. ¡Lauren, querida, ese se adapta muy bien a tu cuerpo! —elogió, antes de fruncir el ceño hacia Bella—. El otro no me gusta tanto.

Las dos se giraron y se miraron en el espejo, Lauren, sin embargo, no dejaba de mirarle a Bella.

—¿Tienen ya una fecha? ¿Cuándo es la boda? —preguntó sin poder contenerse.

—No tenemos fecha. —Bella le miró de soslayo, antes de agachar la mirada—. Pero los sentimientos de Edward son confusos.

—¿Cómo?

Bella tragó el nudo en su garganta, y descubrió que la parte más difícil de este juego, es que todo lo que estaba diciendo y lo que diría, era realmente la verdad. Y nada le podía hacer más daño que eso.

—Algunas veces pienso que solo se comprometió conmigo para hacerte daño a ti. —el dolor que reflejaban sus propios ojos no podía ser actuado—. Y ahora te vas a casar…Olvídalo, son solo tonterías.

—No lo creo, Edward no hace nada si no está seguro —negó Lauren con seriedad.

Bella se miró en el espejo, intentando tomar fuerza y no romperse realmente, aunque no podía hacer nada ante el desgarre interno que estaba sintiendo.

—Me dijo que eras la mujer perfecta. —Lauren le miró fijamente sorprendida, y Bella apretó los labios, asegurando sus palabras—: "Inteligente, sensible, perfecta"

Lauren sonrió, una sonrisa ahogada y con los ojos brillantes, negó suavemente.

—Eso ni siquiera me lo dijo a mí.

—Ese es el problema. Edward Cullen y sus sentimientos… ¿Quién sabe cuáles son? —se encogió de hombros, antes de apretar los labios e inspirar hondo—. Mi mente me dice… "Él no te ama" … Pero yo estoy muy enamorada de él. ¿Y no es eso lo más importante?

Lauren le miró fijamente, y recordó las palabras que Edward le había dicho en la caballeriza.

«Si hago caso a mí lógica, eres la elección obvia para mí».

—Por supuesto —asintió la rubia.

Nada pudo evitar que una lagrima rodara por la mejilla de Bella, se la limpió rápidamente, alejando la vista del espejo.

—Estoy aburrida de este vestido, iré a buscar algo de mi estilo —anunció abruptamente, intentando recuperar la alegría.

—A Bella le quedaba muy bien el vestido —elogió Stefan cuando se fueron.

—Déjala a ella, mira a Lauren —replicó Esme.

Ante el tercer vestido, de organza y flores bordadas, Esme se levantó de la silla y se acercó a Lauren con las manos en el pecho ante tal emoción.

—¡Qué belleza! ¡Mis ojos están deslumbrados porque estás bellísima! —Lauren le sonrió—. Mira, otra vez me siento incomoda. ¡Ojalá fueras mi nuera!

Stefan rodó los ojos y se cruzó de brazos con fastidio.

—Yo tampoco me decido entre tantos vestidos —admitió Lauren, viéndose al espejo.

—Todos son preciosos.

Bella salió en ese momento, en un espectacular diseño mullet hecho solo de tul azul cielo, con escote de corazón y una frondosa falda que se extendía varios centímetros detrás de ella.

Les dio una breve mirada y se giró, mirándose en el espejo con poca modestia, su sonrisa y su mirada obstinada no bajó en ningún momento, pese a los sonidos de disgusto que se encontraba haciendo Esme.

—¡Wow! —exclamó Stefan.

—Bien, piénsalo muy bien —murmuró Esme, digiriéndose a Lauren—. Es mejor pensarlo bien. Esta es la decisión más importante de tu vida.

Bella levantó una ceja y se giró para mirarle con una sonrisa enorme.

—Suegra, ¿me presta un poquito de atención? —inquirió, colocando las manos con ternura debajo de su mentón—. Al final, me quiera o no, me voy a casar con su hijo.

Lauren borró la sonrisa, y le miró sin decir comentar nada.

—Lo sé —murmuró entre dientes Esme, antes de murmurarle en voz baja a Lauren—. ¿Lo ves? Mi Edward no puede casarse con esta chica.

La rubia ocultó su sonrisa, y Bella, quien había estado entretenida admirándose en el espejo, pero prestando atención, se giró y ladeó el rostro hacia ellas.

—¿Qué ocurre? ¿Qué están cuchicheando y por qué se miran así? —preguntó con fingida inocencia.

—Le he dicho que te queda bien el vestido —explicó Esme con una sonrisa tensa.

—Muy bien, entonces lo pensaré esta noche. —murmuró Lauren agitando su vestido—. Iré a cambiarme.

—Está bien, cariño. —asintió Esme

Tan pronto se alejó, Bella dejó de fingir su sonrisa, y el brillo de sus ojos escapó tan pronto tuvo la oportunidad.

—¿De qué estaban hablando? —inquirió Esme, mirándole fijamente.

Bella, negó con lentitud, encogiéndose de hombros casi imperceptiblemente.

—Le dije abiertamente que Edward la amaba a ella, no a mí. Eso es todo. —Esme asintió con aprobación, y Bella sentía que se sofocaba cada vez más—. ¿Puedo irme ya?

—Muy bien, buen trabajo —asintió, tomando con suavidad su mano. Sin embargo, fue capaz de notar que, frente a ella, no estaba la chispeante chica de siempre—. Estás bien, ¿verdad?

Stefan le miró con preocupación cuando Bella cerró los ojos y bajó la cabeza.

—Estoy cansada. No estoy acostumbrada a este tipo de cosas —mintió.

—Claro, muchas gracias. Voy a ver cómo está Lauren y vuelvo.

—¡Estás muy hermosa! —añadió Stefan antes de seguir a Esme hacia el interior de la casa.

Edward sentía que caminaba sobre las nubes, quizás sobre un cielo oscuro y la única estrella que brillaba fuertemente era la que tenía justo ahora frente a sus ojos… Bella Swan, enfundada en aquel vestido esponjoso, y con aquella fuente de chocolate cayendo sobre sus hombros y espalda, le había robado el aliento.

Incluso verla a través de aquel espejo, su belleza era única y exótica. Cada ángulo en ella era perfecto, y estaba atraído como una polilla hacia la luz.

Bella sintió que la garganta se le cerraba cuando se dio cuenta de la presencia de Edward detrás de ella, sus latidos se aceleraron y la sangre empezó a bombear con más fuerza, su mirada la confundía, pero era casi incapaz de apartar los ojos de él.

¿De verdad estaba viendo a Edward recorrerla con la mirada casi con adoración, o era simplemente producto de aquello que ella anhelaba?

—Increíble —murmuró Edward hipnotizado, antes de sacudir con ligereza la cabeza—. El diseño…

Bella seguía inmóvil, no era capaz de mover un solo musculo, aunque el aliento de Edward acariciando su cuello no le estaba poniendo las cosas demasiado fáciles.

—Un día serás una novia…

El sueño se rompió, y Bella se giró rápidamente, sus respiraciones mezclándose entre ellas. Y si Edward no estuviera tan atormentado consigo mismo, se hubiese dado cuenta que Bella se encontraba gritándole en silencio todo aquello que no era capaz de decirle en voz alta.

Sus ojos verdes se fundieron con sus orbes color chocolate, y tragó un par de veces, porque sus labios picaban por sentir la suavidad de los suyos, y sus ojos no dejaban de saltar hacia sus labios regordetes y rosados.

—Voy a quitármelo —murmuró Bella, rompiendo abruptamente aquella conexión que estaba a punto de consumirlo.

Y cuando su olor adictivo se alejó de él, se dio cuenta que estaba cometiendo un error, pero era el error más bello que jamás había tenido. Mientras la veía alejarse, con aquel vestido tan propio de ella, supo que nada le dolería más en su vida, que verla ser la novia de alguien más, porque ella ya había consumido su mundo y ahora todo giraba a su alrededor.


Merhaba!

¡Los extrañé muchoooo!

Como sigan a este ritmo, el próximo capitulo se casan jajaja

Si quieren ver los vestidos de novia, ya saben, únanse al grupo y ahí lo tienen.

Nos vemos el martes con el adelanto.

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görüşürüz!

Con cariño, Ame y Annie.