Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.


Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.


Capítulo 28.

Bella ya no quería estar más tiempo del necesario cerca de Edward, o al menos eso quería obligarse a creer, por eso, cuando él insistió en llevarla a su casa ella lo rechazó, argumentando que el equipo de trabajo estaba ahí presente y que no debía de dejarles solos.

Entró sonriendo a su casa, buscando la tranquilidad de sus amigas y su tía.

Algo que no encontró, porque en su lugar, vio a su tía sentada en una silla, con el rostro pálido y sus amigas preocupadas rodeándole.

—¿Qué está pasando? —preguntó apresurándose a ellas.

—Se ha enterado de que te vas a casar y se ha desmayado —explicó Rose con los ojos abiertos de par en par.

—¿Estás bien, tía? —preguntó Bella tomando su mano.

—Felicidades, felicidades. ¿Te casas con Edward, verdad? —inquirió Maggie atropellándose con las palabras.

—¿De qué boda están hablando? —preguntó Bella observando a sus amigas, en especial a Ange—. ¿Quién te ha contado eso?

Rose le dio un golpe con el codo a Angela.

—¡Díselo! —susurró.

Bella entrecerró los ojos con recriminación hacia una Ange boquiabierta y muda del miedo.

—Tía, no es verdad, no nos vamos a casar.

—No, es una gran decisión, pero ya no la compartas conmigo. —sollozó Maggie—. ¿Quién soy yo? No me cuentas nada, lo decides todo tu sola, has decidido casarte con Edward y eso es todo, disfruten de su boda.

—Tía, te estoy diciendo la verdad —insistió Bella, lanzándole otra mirada acusadora a Angela—. ¡No nos vamos a casar!

—No, si quieres que te acompañe un familiar a la boda, llama a tu abuela. O puedes contratar a una actriz que haga el papel —sugirió Maggie entre lágrimas—, pero yo no iré.

—No digas eso —murmuró Ange, viéndole levantarse de su asiento, alejándose de ellas.

—Tu tía tiene razón —añadió Diego, mirando con resentimiento hacia Bella antes de seguir a Maggie al interior de la casa.

Bella, quien no lo había notado hasta ese momento, rodó los ojos con molestia. Diego seguramente se encontraba ahí acosando a Leah, era lo único que sabía hacer y por supuesto, ella solo le ignoraba.

—¡Bella! ¿Qué está pasando contigo? —exigió Leah, con sus ojos negros llenos de acusación—. ¿Por qué nos enteramos de todo por los demás? ¿Cuándo fue la última vez que le pasó algo así a la tía Maggie?

—¿Qué quieres que haga? —resopló Bella, quitándose el cabello de la cara—. Ni siquiera ha querido escucharme.

—Y tiene razón, ni siquiera yo puedo seguirte el ritmo —comentó Leah con amargura.

—Leah, déjalo ya —interrumpió Rosalie—. Mira, Bella también está triste, no la presionemos más, ¿de acuerdo?

—Gracias, Angela gracias —aplaudió Bella con sarcasmo, bastante enfadada.

—Voy a ver cómo está la tía Maggie —murmuró Ange, mirando con arrepentimiento hacia Bella.

—Yo también voy. —asintió Leah, dándole una última mirada a Bella, antes de girarse enfadada.

—Ven, siéntate —sugirió Rose, mirándole con empatía una vez se hubieron ido sus amigas.

—¿Por qué estoy constantemente provocando más problemas? —se preguntó Bella, suspirando con cansancio.

—La tía Maggie te va a entender, no te preocupes —le tranquilizó Rose—. ¡Pero te diré una cosa! Todo esto, tiene un lado divertido.

Bella levantó las cejas cuando vio sonreír a su amiga.

—¿Cuál es? —preguntó.

—Si tu tía se pone así por un matrimonio falso, imagina como será cuando te cases de verdad. —murmuró entre risas.

—No me casaré nunca. ¡Jamás! —deletreó con solemnidad—. Edward y yo hemos cerrado el tema.

—¿Qué? —jadeó Rose abriendo la boca con sorpresa—. ¿Te he escuchado bien? ¿Has tomado la decisión de casarte con Edward?

—No seas tonta, no —negó Bella entre risas.

—¿En serio? ¿Nunca te has puesto a pensar como sería si te casaras con Edward? —preguntó Rose con los ojos brillando de la emoción.

—No, nunca lo he hecho —mintió, desviando la mirada, con una sonrisa tirando de sus labios,

—¡Bella!

—Está bien, pero no creo que haya dicho exactamente eso —asintió Bella con los ojos brillantes.

—¡¿Qué?! ¿Él te lo ha dicho? ¿Y qué le dijiste? ¡Dímelo! —suplicó.

—Que un día se despertaría, estaríamos casados y con dos hijos —murmuró Bella, sonrojándose.

—Ah, así que él también tiene esto metido en la cabeza —Rosalie chilló mientras sonreía de oreja a oreja.

—Ni siquiera me lo imagino —le dijo Bella entre risas, con la mirada soñadora—. Criará a los niños como si fueran pequeños robots, y no sabrán lo que es un mercado hasta los 30 años. Los enseñará a hacer los deberes sin saber leer.

—Eres un poco injusta —susurró Rosalie con una pequeña sonrisa después de haberse reído abiertamente de lo que ella dijo.

—Sí, por supuesto, él se preocuparía por ellos —suspiró Bella, visualizando sus próximas palabras—: les cantará una canción de cuna con su guitarra, él los cuidará mucho… les enseñará a ser honestos y aplicados.

Rosalie le miró con el mentón apoyado en la barbilla y una sonrisa boba.

—¡Uff! —exclamó Bella sacudiendo la cabeza—. ¿Qué me importa a mí como será de padre? Dejemos que Lauren piense en esto.

—Te voy a preguntar algo —asintió Rose, poniéndose seria de repente—. ¿Le dijiste a Edward sobre la mentira de Lauren para que yo no hablara con la periodista que filtró tu contrato?

—No —negó rápidamente—, no le dije, y no le diré. Edward estará muy decepcionado. Además, es su relación. No debo interferir en eso, deja que ellos lo piensen.

Rosalie le sonrió con calidez, y tomó la mano de Bella entre la suyas.

—Eres un ángel, lo sabes, ¿verdad?

—¡Ve y dile eso a los Cullen! —le dijo Bella riendo—. Ahora, todo lo que tengo que hacer es unirlos.

—Muy bien.

—Estoy muy preocupada —suspiró mirando hacia el interior de su casa—. Iré a ver cómo está mi tía.

X – X – X

Ya había entrado la noche, y Edward seguía trabajando. Jasper se había ido hace varias horas, pero había regresado otra vez, y ahora se encontraba sentado junto a él suspirando con fuerza cada dos segundos.

—¿Qué pasa, Jasper? —preguntó después de un momento, aun absorto en la computadora.

—Nada bueno, hermano. Desde en la mañana he estado dándole vuelta a una cosa, pero no consigo darle sentido alguno… así que quiero que seas sincero conmigo y me lo cuentes —declaró mirándole fijamente.

—¿Qué? —replicó prestándole atención, sin entender a qué se refería.

—¿Qué hay entre tú y Bella? ¿Su relación es solo un juego? —inquirió con seriedad.

Edward suspiró con fuerza, antes de carraspear y fruncir el ceño hacia su amigo.

—Lo siento, pero ¿Quién…?

—Rosalie —le interrumpió Jasper—. Ella me lo dijo, así que no te andes por las ramas y dime la verdad. ¿Qué está pasando?

Era increíble, de verdad no podía creerlo. Era bien sabido que Bella siempre hacía lo que quería, pero pensó que al menos el contrato, y esa clausula en especial, sería capaz de respetarla.

Apretó la mandíbula con fuerza, y asintió para sus adentros.

—Bueno, sí —afirmó, tornándose de un leve color rojo, sin mirarlo a los ojos—. Bella y yo no estamos realmente comprometidos. —admitió.

Los ojos de Jasper no se apartaron ningún momento de su rostro. Y parpadeó dos veces seguidas, sin saber qué decir.

—Lo estamos fingiendo para que se separen Lauren y Emmett —explicó.

—Bien, de acuerdo —asintió Jasper, abrumado con la información—. Pero todas las cosas que les han pasado, las experiencias, las peleas, las disculpas… ¿Todo forma parte del juego?

—La verdad es que yo ya no puedo distinguir qué es real y que es un juego —suspiró Edward con cansancio, cerrando con un golpe suave su computadora.

—Bueno, ¿y por qué no me lo dijiste?

—Porque no podía contarlo. No podíamos contárselo a nadie. Se suponía que Bella tampoco debería habérselo dicho a nadie, pero… pero mira, aquí estamos.

Jasper se quedó atrapado en sus pensamientos por unos segundos, antes de comenzar a negar.

—No, yo… Te he visto con Bella. Vi la forma en la que la miras, hermano —insistió con decepción.

—Eh, bueno, ¿qué quieres que te diga? Actúo muy bien. —se explicó, tartamudeando—. Pero lo que sí es seguro, es que Bella quiere que este juego termine pronto. Quiere deshacerse de mí lo antes posible.

—Bueno, ¿y tú que quieres? —Edward levantó las cejas confundido—. ¿A Lauren? ¿Esto es una broma?

—¿Por qué? —replicó Edward—. Si lo piensas con lógica, entonces la persona más adecuada para mí es Lauren.

—¿De qué lógica hablas? —exigió Jasper sorprendido—. Mira, por una vez en tu vida, escucha a tu corazón.

—Oye, Jasper, mira tengo mucho trabajo —murmuró frotándose las sienes—. Así que, si no te importa, voy a continuar con esto, así que olvídalo. Ya lo hablaremos después.

—Por supuesto, ya lo hablaremos más tarde —afirmó Jasper—. Tenlo por seguro que será así.

—Bien —espetó Edward, apretando los labios.

—Me voy a casa —suspiró el rubio, alejándose hacia la salida.

—¿Qué hiciste, Bella? —masculló Edward entre dientes.

X – X – X

—Me he enterado por otros —repitió Angela por quinta vez.

Bella le devolvió la mirada con el ceño fruncido y los brazos cruzados bajo el pecho.

—Ange —insistió con frustración—, no nos vamos a casar, y, además, ¿qué te dije? ¡Te dije que te lo diría en la noche! ¿Por qué se lo has dicho a mi tía?

—No puedo guardar ningún secreto desde que tengo siete años, lo sabes.

—Ni siquiera has podido callarte algo como esto —murmuró Bella—. ¿Has visto como se encontraba mi pobre tía?

—Perdóname —suspiró Ange finalmente.

—No quiero. —replicó Bella.

Su celular empezó a sonar, y lo tomó rápidamente.

—¿Quién es? —susurró Ange.

—Es Edward.

—¿Edward te está llamando? —chilló, animándose—. ¡Contesta!

Bella le lanzó una mirada de advertencia, antes de ponerse el celular contra su oído.

—¿Hola?

¿Puedes bajar ahora? —preguntó Edward, o más bien exigió.

—Está bien, ya voy—aceptó Bella antes de colgar, mirando los ojos de Angela iluminarse, al mismo tiempo que salía corriendo hacía el balcón.

—Mira, tu príncipe azul —suspiró Ange, mirando hacia abajo.

—De verdad ha llegado —murmuró Bella, ajustándose el suéter que tenía atado alrededor de su cintura.

—¡Cuñado! —gritó Ange, mientras agitaba con fuerza su mano.

Edward se giró sorprendido, antes de esbozar una media sonrisa.

—Angela —saludó, agitando su mano con suavidad hacia ella.

—Ahora bajo —anunció Bella, tragado saliva con fuerza, antes de girarse.

—Ya no puede vivir sin ti —le dijo Ange sin poder contener su felicidad—. Ni siquiera finge que está paseando al perro, viene aquí cuando le apetece.

—No le haré esperar —Bella sonrió emocionada, se acomodó el short y la blusa, y cogió una chaqueta antes de bajar las escaleras dando saltitos.

Edward suspiró, y notó que Angela no le dejaba de mirar.

—¡Nos hemos peleando! —gritó Ange en voz alta—. Reconcílianos, por favor.

—¿Reconciliarlas? —repitió confundido.

—¡Sí! —gritó—. ¡Buenas noches, cuñado! ¡Descansa!

—Igualmente, Angela. —se despidió, viéndola entrar al interior de la habitación.

Edward suspiró con fuerza, y observó el reloj en su muñeca. A los pocos segundos, escuchó el portón cerrarse con fuerza. Bella saltó frente a él, y le sonrió.

—¿Y bien? ¿Qué está pasando? —le preguntó—. ¿A qué has venido?

—¿Qué ha pasado? —repitió Edward, levantando las cejas—. Tenemos un contrato.

—Mmhm —asintió Bella.

—Y hay una clausula donde especifica que nadie debe saber que nuestro compromiso es falso. —Bella asintió, mirándole con ojos de cachorrito, fingiendo hasta el último momento que no sabía de lo que él estaba hablando—. ¿Cómo lo sabe Rosalie?

Esta vez, Edward estaba luchando y obligándose a no caer en aquella trampa que era su mirada.

—Por supuesto, existe esa cláusula en el contrato, pero tu mamá también lo sabe —replicó Bella, sin dar el brazo a torcer—. ¿Qué pasa con eso?

—¿Qué tiene esto que ver con eso? Bella, eso fue por tu bien, para que mi mamá no se metiera contigo. Y déjame recordarte, que tú misma le dijiste. —recalcó.

Bella rodó los ojos, mientras golpeteaba suavemente un pie contra el piso.

—Rosalie se dio cuenta, y ya está —espetó.

—Entiendo —bufó.

—Lo siento, resulta que no soy tan profesional como tú guardando secretos —exclamó con la voz llena de sarcasmo.

Edward suspiró, colocando las manos sobre su cadera.

—Gracias a ti, ahora Jasper también lo sabe. —le dijo.

—¿Por qué viniste a esta hora? —preguntó Bella retándolo con la mirada—. ¿Has venido a regañarme? Además, ¿qué pasa por que lo sepan? ¿Y qué si todos se enteran? ¿No es esta la última semana?

—De verdad, estoy harto de esto —bufó Edward apretándose el puente de la nariz—. Hablas de la última semana todo el tiempo. No lo digas, ¿está bien? ¡Estoy cansado!

—¡Está bien, no lo diré! —gruñó Bella acercando su rostro al suyo.

—Bien.

—Qué rápido te cansaste de mí.

—Tú… —Edward se detuvo, y la miró confundido—. ¿Qué quieres de mí? De verdad, no te entiendo. Si en una semana, te pido que te quedes, ¿te quedarás?

—¡No! —mintió, levantando el mentón con solemnidad.

—Entonces, haz tu trabajo, y no me des nuevos problemas.

—Bueno. —aceptó Bella.

—De acuerdo.

—Bien.

—Bueno.

—Vete.

—Me iré —asintió Edward apretando los labios, mirando hacia el escaso espacio que los separaba—. Si te apartas.

Bella levantó las cejas, y dio un paso hacia atrás.

—Listo. Ahora vete.

—Un poco más —replicó.

Bella infló las mejillas y apretó la mandíbula, dando otro paso hacia atrás, con las manos en la cadera.

—Gracias —espetó Edward, pasando junto a ella, mirándole de soslayo. Bella se cruzó de brazos, dándole la espalda a él y a su lujoso descapotable—. Entra a tu casa.

Bella quiso resoplar y patalear como una niña chiquita, pero se giró hacia él, fulminándole con la mirada mientras lo observaba colocarse el cinturón de seguridad, antes de rodar los ojos y subir las escaleras pisando con fuerza.

Más tarde, esa misma noche, Bella se sentó en sillón de la terraza de su habitación, con una taza de café caliente en una mano, y en la otra aquella pequeña púa que Edward le había regalado. Al final de esta semana, Lauren iba a elegir si quedarse con él o casarse, y ella solo se quedaría con aquel pequeño objeto, pensó con un suspiro.

Ese objeto, y muchos recuerdos inolvidables que había pasado junto a Edward Cullen. Acercó la púa a sus labios, y sonrió cerrando los ojos.

Una noche estrellada, una noche escuchándolo tocar la guitarra, una noche en la casa de la montaña, noches de sueños… docenas de noches con Edward.

Edward, por otro lado, mientras paseaba por su casa, sabía que toda su vida estaría rodeada de aquellos recuerdos arraigados en su interior, y, por supuesto con aquella soledad que lo azotaba, con aquel recuerdo de una pequeña hada que iluminó su vida, antes de volverlo a dejar en la oscuridad.

Aquella hada que lo había hecho volver a tocar la guitarra después de tantos años, ella, quién le había recordado lo que es volver a reír, que había llenado su vida de color y experiencias jamás sentidas antes.

X – X – X

Al día siguiente, Bella se levantó con el pie derecho. Intentó animar a su tía, y continuó tranquilizándola respecto a la supuesta boda.

—No puedo casarme, porque tengo muchas cosas que hacer.

—¿Cómo qué?

—Bueno, ahora te estoy sirviendo una taza de té —señaló con una tierna sonrisa y ojos de cachorrito—. Y luego, voy a preparar café después de desayunar… tengo que ir a la floristería, y hacer que me perdones.

—Ah.

—¿Lo ves? Soy una mujer muy ocupada, y no tengo tiempo para casarme, además —añadió con extrema suavidad—, solo fue una conversación, no había que exagerar tanto.

—Dejando de lado lo linda que eres —dijo su tía señalándola—, también creo que no hay que exagerar. Digamos que luego decides casarte a la hora de la comida, pero te lo suplico… avísame, para no enterarme por alguien más.

Bella asintió sabiamente, estaba claro que su tía seguía resentida, y no estaba para contradecirla, por suerte para ella, el timbre de la puerta le libró de seguir en esa conversación.

—¿Está la Sra. Bella en casa?

Ambas salieron de la cocina, y se acercaron a Angela, frente a ella había dos mujeres con muchas cajas equilibrándose en sus manos.

—Hola, buenos días —se acercó Bella sonriendo.

—Buenos días, nos envía la Sra. Esme —explicó una de las mujeres, la sonrisa de Bella titubeó con nerviosismo—. Traemos la ropa y los accesorios para su nueva imagen.

La risa de Maggie explotó en la habitación, y Bella cerró los ojos por un momento.

—¡Regalos para la novia! —exclamó Maggie—. ¡Por favor, entren! Las chicas pueden acompañarlas arriba.

—Tía, estos no son regalos de novia —insistió Bella tan pronto las dos mujeres se alejaron—. No has entendido bien, pero no lo son.

—¿En serio? —replicó Maggie levantando las cejas.

—¿Y qué son, entonces? —preguntó Ange, maravillada.

—Bueno… son… Es porque soy la arquitecta paisajista de un proyecto. Aunque no he terminado mis estudios, Edward me ha dado ese proyecto. Y la Sra. Esme me ha ayudado a vestirme como toda una mujer profesional.

—Sí, claro. ¡Qué gran detalle! —asintió Maggie sin creerle en lo más mínimo—. Bueno, suban ya, no hagan esperar a esas personas.

Rosalie y Leah llegaron justo después de que recibieran las cajas, la rubia chilló de emoción al observar toda la ropa, porque si había alguien que sabría admirar aquellas marcas y modelos, sería Rosalie Hale.

Una hora más tarde, Bella suspiró profundamente detrás del portón de su casa, usando aquellas marcas elegantes que hacía que se sintiera cómo una persona completamente diferente, y sobre todo saber que solo a unos metros se encontraba Edward esperándola la ponía de nervios.

Todo aquello quedó en el olvido cuando se detuvo frente a él, y lo vio mirarla con admiración, y una sonrisa tirando con fuerza de sus labios.

—Este tipo de ropa te queda muy bien —murmuró Edward, sus ojos arrastrándose desde la cabeza a sus pies.

—Quiero parecer más profesional. —explicó sonriendo.

—De acuerdo —asintió.

—Hago lo que tengo que hacer, además, esta es nuestra última semana, ¿verdad?

—Esto es…muy profesional —carraspeó, frunciendo el ceño. Bella le miró un poco confundida—. Es genial.

—Te diré algo.

—Adelante.

—Ya hemos evitado que Lauren se vaya a Italia —Edward le sonrió—, pero, ¿cómo vamos a evitar que se casen? Porque no se me ocurre nada.

Edward apretó los labios con fuerza, pero no pudo evitar carcajearse un poco.

—¿Por qué te estás riendo? —preguntó Bella con curiosidad.

Edward le sonrió, y negó suavemente, aún riendo un poco.

—Eh, bueno… te vestiste como una profesional, pero todavía tienes a esa niña en ti. —explicó con los ojos brillando—. Curioso.

—¿Mmjm? Igual que tú, soy yo quién habla con Lauren, cuando deberías ser tú.

—¿De qué han hablado? —preguntó, frunciendo el ceño.

—Cosas de mujeres —replicó de manera obstinada, antes de girarse hacia el coche—. No importa. ¿A dónde vamos ahora?

—Al Holding.

—¿Y qué tengo que hacer allí?

—Tú no tienes que hacer nada. Solo estarás a mi lado como asistente, y… futura esposa.

Bella se detuvo abruptamente, y levantó el rostro hacia él con sorpresa.

—Yo me encargaré del resto. —finalizó, antes de subir al coche, Bella pestañeó tres veces—. Vamos, súbete.

Tragó con fuerza, y se subió casi en modo automático.

—Los cinturones —le recordó Edward, colocándose las gafas oscuras, se sentía satisfecho con la reacción que había provocado en ella.

—Espero que no lleguemos tarde, una disculpa —anunció Edward, entrando a la sala de juntas del Holding.

—No, no. Han llegado justo a tiempo —asintió el Sr. Anthony con una sonrisa—. Por favor, tomen asiento.

—Buenos días —saludó Bella, mirando a todos.

—Buenos días —asintió Lauren, quién parecía que había chupado un limón muy ácido.

—Maravilloso, ¿en que se quedaron? —preguntó Edward, mirando a Emmett.

—Recién hemos comenzado —explicó su padre.

—Entonces pueden continuar. ¿Ese es el contrato? ¿Puedo verlo? —inquirió Edward mirando de soslayo a Lauren—. Gracias. Muy bien, te escuchamos.

—Bien, si quieres, voy explicando el tema mientras vas leyendo el contrato —anunció Emmett, antes de carraspear—. Me he estado reuniendo durante bastante tiempo con Jared Owens. ¿Lo conocen? Es un gran arquitecto paisajista que ha trabajado mucho en el extranjero.

—¿Jared Owens? —jadeó Bella, inclinándose sobre el escritorio con la boca abierta.

—Sí —asintió Emmett.

—¡No puedo creerlo! Es un hombre muy conocido en el paisajismo. ¡Me sé todos sus libros de memoria! —agregó bastante animada, y Emmett le sonrió con agradecimiento—. Trabajar con él es una muy buena idea.

Edward carraspeó, y Bella apretó los labios, regresando a su asiento.

—Lo siento —susurró, y Anthony le sonrió.

—Bien, como dice Bella, Jared es muy famoso en Europa. Y ahora quiere trabajar aquí, cooperando con nosotros, y de esta manera podemos trasladarnos al mercado Europeo, creo que será muy beneficioso para todos. —finalizó Emmett con una enorme sonrisa.

—El primer proyecto es un puerto a cuatro años —empezó el abogado, sentado a un lado de Emmett—. Las condiciones estipuladas por el Sr. Jared están frente a ustedes. Por supuesto, no es necesario que respondan de inmediato.

—La respuesta es no —espetó Edward, tan pronto el abogado dejó de hablar.

—Edward, ¿puedes calmarte un poco? —inquirió Emmett, bastante serio.

—No. Y por favor, dígale al Sr. Jared que estamos muy agradecidos por su oferta, pero no podemos aceptar estas condiciones —declaró Edward, digiriéndose al abogado, quién empezó a levantarse—. Lamento haberle hecho venir, pero gracias.

—Que pasen un buen día —asintió el abogado, antes de salir.

La tensión era palpable en el ambiente.

—Edward, ¿qué estás haciendo? —inquirió Emmett, su enfado era visible—. ¿Sabes el esfuerzo que hay detrás de esto?

—Abre el contrato y léelo —asintió Edward, bastante tranquilo, la calma de un hombre que sabe que está a punto de destruir a otro—. Veamos, pagina dos, articulo diez… Quieren recibir el dieciséis por ciento de todo el trabajo que haremos. Es imposible.

Bella le miró fijamente, apretando los labios con fuerza.

—Continúo… también quieren tener derecho a aprobar y cambiar los diseños de los proyectos que nosotros les demos a ellos, eso tampoco es posible. —Emmett apretó las manos, y Lauren le miró fijamente—. Si quieres, continuamos un poco más. ¡Ah! Mira, y esta, esta es un chiste… Seremos responsables legalmente de todos los problemas que surjan dentro del país, y ellos se limpian las manos. Mira, Emmett, no lo entiendo. ¿En verdad te has leído este contrato?

—Lo leí, por supuesto…

—Nuestra empresa saldría muy perjudicada —interrumpió Edward con voz grave—, así que no podemos aceptarlo. Si quieren trabajar con nosotros, tendrá que ser bajo nuestras condiciones.

Emmett bajó las manos con cansancio, y miró al Sr. Anthony, quién se encogió de hombros con un suspiro, antes de asentir.

—Edward tiene razón. Nunca podríamos firmar un acuerdo de estas características.

—Es muy fácil de entender, si tratas de traer un acuerdo a la empresa y ni siquiera conoces nuestros principios, por desgracia, este será el resultado, Emmett.

Emmett estaba más allá de estar enojado, él lo había humillado y pisoteado frente a todos… en especial, frente a su prometida.

—Edward, estás traspasando los límites. —espetó Lauren.

—¿En serio? Entonces déjame terminar —asintió Edward—. Administrar una compañía no es lo mismo que administrar los hoteles que heredaste de tu padre, Emmett. Bueno, pues hemos terminado —concluyó después de un breve silencio—. Gracias, ha sido una gran reunión. ¿Bella?

Bella tragó con fuerza, y se levantó lentamente, mirando de soslayo a Emmett, quién estaba pálido de la vergüenza.

—Los acompañamos a la salida —espetó Lauren, saliendo junto con su prometido.

—¿Qué está haciendo él aquí? —inquirió Edward entre dientes tan pronto vio a Riley fuera del edificio.

Lauren lo miró con sorpresa.

—Estaba esperando a Emmett —anunció Riley acercándose, y extendiéndole una carpeta—. Ya te lo he traspasado todo.

—¿Qué significa eso? —exigió Lauren.

—¿No lo sabes? —preguntó Riley—. Le he vendido toda mi empresa a Emmett. Pero no negaré que negoció muy bien. No me arrepiento en lo absoluto. Cuidado, Edward, pronto te superará.

—Me pregunto por qué no me sorprende en lo absoluto. Nunca te rindes, Riley —suspiró Edward, negando lentamente.

—Ya me he rendido, Edward. Has ganado. Desde ahora… seguiré mi propio camino, no te preocupes —afirmó.

—Nos vemos en el notario, Riley —asintió Emmett, antes de dirigirse a Lauren, mientras su amigo se alejaba—. Estás exagerando, Lauren. Solo he aprovechado una buena oportunidad. Nos vemos. —se despidió.

—Edward, de verdad que no sabía nada de lo que Riley —explicó Lauren rápidamente.

—Te lo advertí, por eso, tiene que firmar el contrato antes de la boda, de lo contrario vamos a salir todos perjudicados.

Ella le miró por un segundo antes de suspirar.

—Hasta luego —murmuró, entrando al edificio.

Bella se mantuvo callada, alejada lo más posible de Edward y su actitud pasivo agresiva, pero por supuesto no duró mucho, suspiró con fuerza y se giró hacia él.

—¿Por qué has sido tan duro con Emmett en la reunión?

—Eso no es asunto tuyo.

—¿Te das cuenta que lo has avergonzado ahí dentro? —inquirió mirándolo fijamente—. ¿Eres consciente de eso?

—Hubiese hecho bien su trabajo —espetó.

—¿No has dicho que no mezclabas los sentimientos con el trabajo? —preguntó con un deje de burla en su voz—. Eres muy confuso.

—¿Quién ha hablado de sentimientos?

—¡Yo! —Edward levantó las cejas, haciendo que Bella sonriera venenosamente—. Lo entiendo, estás celoso de Emmett, pero al menos procura que no se te note.

—¿Yo? —exclamó Edward señalándose a sí mismo antes de reír con fuerza—. ¿Yo celoso de Emmett? ¿De verdad?

Bella asintió.

—Estás celoso porque se va a casar con Lauren, y la vas a perder.

—Realmente te has vuelto loca —bufó riendo.

—Dímelo entonces, dime que no quieres a Lauren —le retó, con una ceja levantada en desafío—. Di que no estás enamorado de ella.

Edward la miró con intensidad, antes de girar su rostro levemente y acercarse más.

—¿Qué intentas hacerme decir? —Bella tembló, porque por un momento pensó que quizás él había sido capaz de leerle la mente—. Te habrás ido de mi vida en tres días, así que te recuerdo…

—… No debo cruzar la línea, ¿cierto? —interrumpió rodando los ojos—. Y menos contigo, que ofendes a los que te rodean. Habrás desaparecido de mi vida en tres días, ¡qué maravilloso! ¡Gracias a Dios!

—Nuestros sentimientos son mutuos. —replicó Edward, viéndola alejarse para subir a su coche que acababan de aparcar frente a ellos.

Edward le dio una generosa propina al aparcacoches, antes de subir junto a ella, y Bella le miró sorprendida cuando sin necesidad de decirle nada, él solo bajó la capota.

Llegaron en silencio a la empresa, y se bajaron de una manera increíblemente coordinada, algo que ellos ni siquiera eran capaces de notar.

—Muy bien, tenemos poco tiempo —anunció Edward—, así que sigamos el plan sin ninguna distracción.

—Si dejas a un lado el trabajo y a Emmett, y le prestas atención a Lauren, no necesitarías de ningún plan. —Edward apretó la mandíbula, y suspiró—. Además, estás muy tenso, y también se te ve nervioso. Relájate un poco, deja que todo siga su curso y todo se resolverá por sí mismo, ya lo verás.

—¿Sí? Bueno, si me lo permites me concentraré un poco y me relajaré haciendo mi trabajo.

—¿Disculpa? —jadeó Bella, levantando ambas cejas—. ¿Estoy interfiriendo en tu concentración?

—No, eso no es lo que he querido decir —negó.

—Sí, claro que querías decirlo. Bien, ya que soy un estorbo para tu concentración me voy a tomar aire —espetó, girándose y sacudiendo su largo cabello castaño, mientras se alejaba sin mirar atrás.

—Realmente no te entiendo —susurró Edward, viéndola, antes de suspirar y entrar a la oficina.

Jasper entró a la sala de juntas cinco minutos después, cuando le vio pasar caminando con fuerza y sin saludar a nadie.

—¿Qué pasó? —le preguntó, mirándolo dar vueltas como gato enjaulado en la terraza.

—Nada —espetó Edward, apretando la mandíbula antes de tomar aire con fuerza—. No importa lo que yo diga, ella sigue insistiendo que es nuestra última semana. Realmente no puede soportarlo más, no entiendo cómo ha aguantado hasta el día de hoy.

Jasper tragó saliva, y se acomodó en una de las sillas, antes de levantar las cejas sin decir nada.

—Por un lado, Bella no quiere verme. Y Lauren se opone a que Emmett firme el acuerdo prenupcial. De verdad no entiendo a estas dos mujeres. —gruñó.

—Hagas lo que hagas, nada te sale bien… yo tampoco puedo entenderlo —asintió Jasper—. Tu antes tenías buena mano con Lauren, pero ya lo has intentado demasiadas veces, estás agotado. Si no funcionó, pues ya está.

—Jasper, lo único que quiero es mantener a salvo la empresa, ¿de acuerdo? —insistió frustrado—, pero ella insiste en que yo tengo celos de Emmett. ¡Dice que no hablo de mis sentimientos! —exclamó con sarcasmo.

—¡Y Rosalie dice que soy descuidado! —se quejó Jasper con molestia.

—¡Ya es suficiente! —bufaron los dos.

—Tengo que ir a trabajar —se despidió Edward, negando suavemente.

Bella, por otro lado, se encontraba sentada en el jardín de su casa, junto a Rosalie. Había desahogado con ella toda la frustración que Edward le hacía sentir, y por suerte logró tranquilizarse.

—Edward y Lauren necesitan quedarse solos, pero Emmett nunca la deja sola —suspiró.

—Pero si Edward solo le habla a Lauren de trabajo, entonces no deberías dejar que se queden solos —razonó Rose.

—¿Entonces qué hacemos? ¿No necesitan estar solos para hablar?

—¡Organicemos algo romántico! —sugirió Rose animada—. Y los dos deben estar presentes, para que Lauren pueda comparar.

Una sonrisa se extendió por el rostro de Bella lentamente.

—Ah, tal vez así se dé cuenta de que Edward y yo no somos compatibles —asintió.

—Tal vez Lauren sea como yo —murmuró Rosalie con una sonrisa burlona—, y no le interesen los hombres que la persiguen, sino los que la rechazan.

—Si los cuatro estamos en el mismo entorno, mantendré distraído a Emmett —meditó Bella.

—Edward se vuelve más atractivo para Lauren cuando no puede estar a solas con él, y la boda se acerca, entonces llegará el momento en el que la tensión explote por sí sola.

A Bella le invadió un sentimiento de culpa y su ánimo decayó, mirando a su amiga con pena.

—¡Míranos ahora! ¿Quiénes somos? ¿Somos malvadas o algo? —inquirió—. Mira de lo que estamos hablando.

—Oh, no —negó Rosalie con una sonrisa perversa—, solo hacemos nuestro trabajo con profesionalidad.

—Entonces llamaré a Edward y se lo diré —acordó Bella.

—Muy bien, yo necesito hacer una llamada —asintió Rose, levantándose—. Luego me cuentas.

Edward bufó y se aplastó el puente de la nariz con frustración por tercera vez. Simplemente no lograba concentrarse, no podía, y todo era gracias a Bella Swan. Sacudió la cabeza con fuerza, y siguió tecleando con rapidez.

—Bella está en algún lugar, no está claro en dónde —anunció Jasper, acercándose a su amigo con precaución, provocando que este levantara la mirada—, Lauren se está preparando para la boda… y tú, estás aquí trabajando. ¿Es en serio? —bufó.

—Sí, Jasper —espetó—, sabes muy bien que a mí el trabajo me relaja.

—Mira, si no te digo esto explotaré —exclamó Jasper, sentando rápidamente a un lado—. Tú y Bella.

Edward apretó los labios, y asintió, levantando las cejas.

—¿Sí?

—Creo que no están fingiendo —admitió sin titubear, manteniendo la mirada de Edward, pese a que sus ojos se tornaron casi asesinos.

—Ahora mismo lamento mucho estar hablando contigo —murmuró Edward entre dientes.

—Mira, no importa como ha pasado —le tranquilizó Jasper—, lo que pasó, pasó. Pero ¿de verdad no ves la forma en que te mira?

—Jasper, Bella mira a todo el mundo con ojos cariñosos —respondió con incredulidad.

—Bueno, bien, digamos que eso es verdad —asintió Jasper—. ¿Qué hay de tu mirada? ¿Eh? ¿También lo estoy malinterpretando?

Ambos compartieron una mirada, antes de que el celular de Edward empezara a sonar insistente y una sonrisa de suficiencia adornara sus labios.

—¿Quién es? —preguntó Jasper, inclinándose sobre el escritorio tratando de ver.

—Bella me está llamando —carraspeó, ajustándose de camisa.

—¡Genial! ¡Responde! —le animó.

—Uh-uh —negó Edward, frunciendo los labios.

—¿Cómo que no? —exigió.

—No.

—¡Responde, hermano!

—Que espere un poco —espetó.

—¿Por qué tiene que esperar? —preguntó Jasper estupefacto—. ¡Responde! Te va a colgar…

—Que espere —insistió Edward.

—¡Ya me he rendido contigo! —anunció Jasper agitando las manos con frustración mientras se levantaba—. ¡Me doy por vencido, Edward!

El celular siguió sonando insistente mientras Jasper salía de la sala de juntas prácticamente corriendo.

Edward carraspeó, y se levantó de su asiento, al mismo tiempo que aceptaba la llamada.

—Sí, Bree, deja todo eso para más tarde, tengo mucho trabajo —exclamó en voz alta, hablándole al aire—. Dime, Bella. —espetó.

Estaba a punto de colgarte, debes estar muy ocupado.

—Sabes que tengo mucho trabajo —asintió, sentándose nuevamente.

De acuerdo, entonces te llamó más tarde.

—No, no —negó rápidamente—. Puedo hablar ahora.

No, no. Te llamaré más tarde —acordó, y Edward juró que podía ver su sonrisa diabólica.

—Bella, te estoy diciendo que podemos hablar —insistió, y se reprendió a sí mismo, porque lo último que había jurado hacer sería rogarle, y aquí estaba otra vez.

Necesitamos hablar.

—Ya estamos hablando, Bella. —señaló.

Necesitamos hablar cara a cara, Edward.

—Sí, bueno, sabes que tengo mucho que hacer —respondió Edward, fingiendo considerarlo—. Pero está bien. Puedes venir a la oficina.

En la oficina no —negó Bella apresuradamente—. En la casa de la montaña.

Edward abrió los ojos de par en par con sorpresa.

Necesitamos un lugar más tranquilo, alejados de todos.

—¿En la casa de la montaña? —repitió Edward, sin poder contener aquella sonrisa triunfal formándose en sus labios, y sus cejas levantadas con sugerencia.

Mmjm —asintió Bella—. Si te parece bien, si tienes tiempo.

—Sí, si claro, puedo.

Entonces, ¿nos vemos ahí en la tarde? Tengo que hacer unas cosas antes de ir, pero llagaré pronto.

—¿Esta tarde? Bueno, está bien —carraspeó Edward, antes de escuchar un pitido—… Vaya, me colgó. —bufó levantando las cejas con incredulidad.

No podía creer la llamada, la intriga de saber lo que ella quería hablar lo estaba matando, y si era honesto consigo mismo, sus esperanzas casi rozaban el cielo.

Por eso, tan pronto llegó la hora acordada, se montó en su coche y salió disparado hacia la casa.

—Gracias por venir —susurró Bella con una sonrisa.

—De nada —suspiró Edward, admirando lo bien que le quedaba el color rosa, por supuesto, notó que se había cambiado de atuendo—. ¿Vamos adentro?

Bella asintió, y se dirigieron al interior de la casa.

—Tenemos tantos recuerdos aquí —susurró Bella sonriendo, mirando alrededor de la sala.

—Sí, es verdad —admitió, antes de mirarla fijamente—. ¿Y bien? ¿De qué quieres hablar?

—Te lo diré, solo si me prometes que no te vas a enojar.

—¿Por qué estaría enojado? —inquirió con una pequeña sonrisa—. Vine aquí para estar contigo.

Bella entrecerró los ojos, y lo miró con curiosidad.

—Porque eso no es del todo cierto…

Edward frunció ligeramente el ceño.

—No entiendo.

—Invité a Lauren y Emmett.

Edward dejó salir el aire que tenía atrapado en el pecho, antes de reír con incredulidad.

—Ya entendí. Tienes mucho miedo de estar a solas conmigo.

—No te burles —murmuró, encogiéndose de hombros—. Mañana tendremos una entrevista, una sesión de fotos… y pensé que podíamos quedarnos juntos aquí, y por la mañana dar la entrevista.

—¿Juntos? ¿Todos juntos? —repitió.

—Entonces, puedes pasar tiempo a solas con Lauren por última vez antes de la boda. Voy a distraer a Emmett.

—¿Por qué estás haciendo esto?

—Por ti. —Edward le miró sin expresión alguna—. No estás enojado, ¿verdad?

Edward sonrió, una sonrisa carente de emociones y bajó la cabeza por un segundo, antes de mirarle a la cara.

—¿Cuándo vendrán?

—Pronto —explicó aliviada ante su reacción—. Me encargue de todo, pronto estará listo.

—Entonces tomemos un café antes de que lleguen —asintió.

—Seguro, ya lo hago. Además, ¿podemos sentarnos afuera? —preguntó mirando a través de la puerta de cristal—. Es un hermoso día.

—Por supuesto —espetó Edward.

Bella se alejó, dejándolo con aquella amarga sensación en la boca y un dolor sordo en el pecho.

Edward sonrió, mirándola juguetear con las flores que había sobre la mesa de picnic donde se encontraban sentados, uno a lado del otro.

—Realmente eres una persona autentica, Bella.

Ella sonrió, se giró para mirarlo.

—¿Por qué?

—¿Cómo explicarte? —suspiró, mirando a su alrededor—. Por ejemplo, dejé todo y ahora estoy aquí. De alguna manera me haces hacer cosas que yo nunca haría. ¿Cómo lo haces?

Bella sonrió, y sus ojos brillaron.

—Con palabras amables.

—¿Palabras amables? ¿En serio? —inquirió riendo.

Bella tragó suavemente, y recargó el mentón sobre su mano, sin dejar de mirarlo.

—¿Así es como sacaste a mi madre de la casa? —esperó un momento, mirándola, antes de asentir—. Eso fue muy importante para mí.

—Me alegro —suspiró Bella.

—Bueno… —murmuró cabizbajo, frunciendo los labios—. Ojalá tuviéramos un poco más de tiempo, te salvaría de la claustrofobia.

Bella se perdió por un momento, mirando al vacío.

—No es tan fácil —negó con tristeza.

—No tienes que responder —empezó Edward con cuidado—, pero, ¿puedo hacerte una pregunta personal?

La luz en los ojos de Bella se había apagado cuando lo miró.

—Pregunta.

—¿Recuerdas cómo empezó tu fobia?

Bella miró a la nada, recordando el día en el que su vida cambió por completo.

—Tenía seis años —tragó con dificultad, mirando las flores—. Mis padres alquilaron un lugar en Tuzla para celebrar su aniversario de bodas, así que fueron allá. Me dejaron con mi tía.

Edward sintió una opresión fuerte en el fecho al verla intentando contener las lagrimas, sus suaves facciones arrugándose levemente con dolor.

—Les preparé regalos para el día en que debían regresar —continuó después de una breve pausa—. Les hice dibujos. Entonces, en la sala había un gran armario, y me escondí ahí. —recordó con esfuerzo—. Estaba jugando mientras esperaba a mis padres, y luego… luego, sonó el teléfono de mi tía. Estaba gritando y empezó a llorar. Ambos…

Las lagrimas se agruparon en los ojos de Bella, y jadeó suavemente en busca de aire, antes de cerrar los ojos con fuerza, suspiró y se tragó el nudo en su garganta, levantando la vista hacia el cielo.

—¿Un accidente de auto? —sugirió Edward al verla batallar con las palabras.

—El muro de contención de la casa cayó sobre ellos —susurró, y Edward se congeló, mirándola sin parpadear—. Estaba adentro del armario, y estaba muy asustada cuando escuché a mí tía llorar. No pude salir del armario. Me quedé sin aliento ahí, cuando me encontraron estaba inconsciente. Desde aquel día… —negó suavemente, cerrando los ojos.

Edward le miró fijamente, y se acercó más a ella, sin pensarlo dos veces estiró su mano y la deslizó con suavidad por su mejilla, limpiando las lagrimas que se deslizaban hacia abajo, apartó con delicadeza su cabello, antes de tomar una de sus manos entre las suyas, mientras que su brazo se deslizó alrededor de su espalda, acercando su cabeza para que descansara en su pecho.

Solo entonces Bella fue capaz de abrir los ojos y tranquilizarse un poco, la caricia constante de Edward por su cabello y espalda le dio la oportunidad de respirar.

—Eres realmente muy fuerte. Y una mujer increíble, Bella Swan.

La esquina de su labio se levantó en una diminuta sonrisa, y asintió levemente, aún descansando contra su firme pero suave pecho, inhalando su olor que tanto amaba, el olor que le recordaba a casa.

Era muy difícil para ella hablar de este tema, pero sobre todo, controlarse después de eso, sin embargo no se sorprendió ante la facilidad con la que él la tranquilizó, Edward era capaz de hacer muchas cosas con ella… desde desestabilizarla, hasta ponerla en su órbita.

Esperaba que él nunca supiera que si le pedía que se quedara, ella lo haría, incluso sí tenía que verlo ser feliz con otra mujer.


Merhaba!

¿Los cuatro en un solo lugar? ¡Qué desastreeeee!

Dejen su bello review, gracias a todos l s lectores constantes, los aprecio mucho.

Nos vemos el martes con el adelanto.

www (punto) facebook (punto) com/groups/511389629898448/

görüşürüz!

Con cariño, Ame y Annie.