Renuncia: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.


Beta & Colaboradora: Annie Cullen Swan-Tudor Bolena.


Capítulo 31.

El sol entraba cálidamente por los enormes ventanales, era difícil saber dónde empezaba el cuerpo Edward y donde terminaba Bella, enrollados en aquel cómodo y amplio sillón, sus piernas estaban entrelazadas y sus cabezas descansaban juntas.

Edward abrió los ojos abrumado, el olor de Bella se sentía tan real en sus sueños que necesitó comprobarlo, y lo que vio en definitiva lo impresionó.

—¿Bella?

Por supuesto, ella solo le sonrió, bastante adormilada antes de volver a enterrar el rostro entre su cuello.

—¿Bella? —repitió, carraspeando suavemente—. Te quedaste aquí.

—Mmhm tu me lo pediste —le sonrió con calidez, mirándolo directamente a los ojos—, me dijiste que no me fuera... ¿No te acuerdas?

—¿Eso te dije? No me acuerdo —admitió pensativo.

Bella se despertó por completo, poniendo una breve distancia entre ambos, sentándose sin apartar los ojos de su rostro.

—Espera un momento, entonces... ¿No te acuerdas de nada?

—Pues... no, no lo recuerdo. —negó, tratando de hacer memoria—. Lo más probable es que haya sido por lo medicamentos, he tenido pesadillas.

El color huyó del rostro de Bella, y se sintió la persona más estúpida del mundo.

—No dije nada estúpido, ¿verdad? —preguntó Edward.

—No, nada. —salió rápidamente de debajo de la cobija, y se alejó de él mientras se ponía su saco y sus zapatos.

—Bella, ¿estás bien?

Edward notó un pequeño temblor en sus delicadas manos, y aquella sonrisa carismática de hace un par de minutos atrás había desaparecido completamente al igual que el sonrojo en sus mejillas.

—Sí.

—Me daré una ducha, y luego desayunamos, ¿está bien?

Lo miró con pesar, retorciendo sus dedos con cierto nerviosismo.

—¿De verdad no recuerdas nada? —susurró. Esto era todo, era su última oportunidad.

—No, no lo recuerdo —negó.

Había derramado demasiadas lagrimas ya, así que apretó los labios y fingió ser fuerte frente a él, se volvió a engañar a sí misma y se tragó aquel amargo momento.

—Bueno, ahora vuelvo...

Lo vio alejarse y apretó sus manos con fuerza, obligándose a dejar de temblar y aceptar que aquello había sido demasiado hermoso para ser verdad. Nuevamente Edward se había encargado de ennegrecer otro bello recuerdo juntos.

Pero había terminado con esto, se negó a derramar otra lágrima por un amor claramente no correspondido, y no estaba dispuesta a quedarse a recoger las migajas de algo que no tenía futuro. Así que se levantó con toda la dignidad que encontró tirada a su alrededor, y se alejó sin mirar atrás.

—¿Sra. Esme? —saludó Bella, acercándose lentamente a donde ella se encontraba sentada, cerca del lago—. ¿Me permite un momento?

—Por supuesto, cariño —aceptó, con un pequeño suspiro—, siéntate aquí.

—El contrato que firmé con Edward ya ha terminado —anunció con una pequeña sonrisa que no le llegaba a los ojos—, Edward y Lauren van a volver a estar juntos.

—¿Estás segura? —inquirió Esme con sorpresa, anoche por un momento se permitió dudar abiertamente ante esa posibilidad, sobre todo después de haber visto aquel intimo momento entre Bella y su hijo.

—Esta misma noche me voy a Italia. Solo quería despedirme de usted —admitió, sonriendo levemente.

—¿Qué vas a hacer en Italia?

—Bueno, ya sabe que me cancelaron la beca que tenía con su empresa para terminar el último año —susurró confundida con su pregunta.

—Ah, sí, ya lo recuerdo. Entonces, ¿Edward te devolvió la beca después de finalizar el contrato?

—No, no fue él, ha sido alguien más. Como sea, eso no importa —descartó, encogiéndose de hombros—, solo venía a despedirme de usted.

—Si no era por la beca, ¿por qué has seguido con todo esto? —insistió.

—Por Edward.

Esme suspiró, antes de acercarse más a ella y tomar sus manos.

—Bella, eres una chica muy, muy especial. Nunca olvidaré lo que has hecho por todos nosotros. Nos has hecho volver a ver que somos una familia... le recordaste a Edward que está vivo.

Bella le miró con dolor reflejado en sus ojos, pero Esme apretó los labios y le soltó la mano lentamente.

—Pero ahora... tiene que volver con Lauren para corregir sus errores del pasado. Necesita a alguien que lo conozca, alguien que le complemente y sobre todo, alguien en quien siempre pueda confiar. —su voz salió con tal suavidad, buscando la manera de no destrozar a la pequeña niña de las flores.

—Y esa es Lauren —susurró Bella.

—Lo es —asintió—. Y creo que Edward se ha puesto enfermo porque Lauren se iba a casar. Aunque, sé que nunca va a admitirlo.

Bella se tensó, y se contuvo de rodar los ojos.

—Yo me encargaré de eso, no se preocupe.

—Además... mira, Edward tiene que tener las ideas claras, creo que cruzaste un poco la línea en este juego, y te dejaste llevar por las emociones. Lo entiendo cariño... pero esto tiene que terminar ya —añadió con pesar.

—Es usted muy buena —asintió Bella, apretando los labios en una sonrisa cargada de dolor—. He recibido el mensaje. Y no se preocupe, me voy de verdad.

—¡Estoy muy feliz por ti! Italia te hará bien. Y si necesitas cualquier cosa, no dudes en llamarme, ¿de acuerdo?

Bella tragó suavemente, antes de empezar a quitarse lentamente el anillo de compromiso.

—¡Ah, no! —negó Esme, deteniendo su acción—. Deja que este anillo se quede contigo, por favor.

—¿Por qué? ¿No quiere que le devuelva los regalos que me hizo?

—No, para que Edward no te recuerde cuando lo vea.

Su labio inferior tembló con fuerza y decidió que ya había sido suficiente, había soportado suficiente de esta familia como para seguir torturándose aún más, apretó con fuerza la mano sobre el anillo y se levantó. Murmurando unas palabras de despedida se alejó sin esperar nada más. Tan solo quería correr y desaparecer hasta olvidar que alguna vez hubo un amor no correspondido que la hundió en una miseria de la que no sabía si iba a lograr salir.

X – X – X

Bella se había ido.

Así de simple, cuando salió ya duchado y bien vestido, buscó a su alrededor pero únicamente su ausencia le había saludado, eso y una pequeña nota sobre la mesa de estar, la tomó con curiosidad y leyéndola con sorpresa, tragó saliva con fuerza y la guardó dentro de su pantalón de vestir.

—Edward —saludó su madre acercándose a él con una enorme sonrisa. Apretó los dientes, y suspiró, levantando la vista de la computadora. —¿Cómo estás, cariño?

—Bien. —le miró de reojo—. Mejor.

—Qué bueno. —sonrió.

—¿Ha visto una Bella? —preguntó con curiosidad.

—Pues sí... ha estado aquí, pero ya se ha ido —señaló con incomodidad, antes de suspirar—. Anoche he venido a verte, pero creo que los medicamentos hicieron mucho efecto.

—Sí... yo... no me acuerdo de nada.

—La verdad no entiendo nada, hijo. He hablado con Bella un rato, me ha dicho que el contrato ha terminado y se ha despedido. —Edward frunció los labios, y asintió, intentando fingir una sonrisa—. Por cierto, sabes ya que... Lauren quiere regresar contigo.

—Sí, lo sé.

Esme sonrió con complicidad.

—¿Vas a ir a hablar con ella?

—Mmhm. Lo haré. —dijo entre dientes.

—Perfecto. Lauren lo dejaría todo por ti, lo sabes.

—Lo sé —espetó, importándole poco lo que ella era capaz de hacer por él—. Ella... Bella... ¿Ha dicho algo de mí cuando se despidió de ti?

—Eh... no, ella no dijo nada. —negó rápidamente—. Solo que ya ha cumplido su parte del trato.

Un silencio incomodo reinó entre ambos, Edward asintió lentamente, el dolor punzándole con fuerza en el pecho. Esme le miró con curiosidad.

—Esta noche se va a Italia —soltó con rapidez, haciendo que Edward volteara a verla en menos de un segundo.

—¿Esta noche?

—Así es, ¿no te lo había dicho? Pero bueno, es lo que ella quería desde el principio. Retomar sus estudios es lo mejor para Bella.

—Sí... —suspiró con pesar.

X – X – X

Bella se sentó en el sillón de la sala de su casa, con los hombros caídos y unos ojos de cordero a medio morir.

—No me miren así —suplicó—. Les he pedido perdón. Sí, cometí un error, pero deberían estar acostumbradas, cometer errores es mi especialidad.

—Abracé a este hombre con todo mi cariño pensando que era mi cuñado —señaló Angela con tristeza y enfado—, de verdad, se les veía tan felices.

—Lo siento, Ange.

Leah se cruzó de brazos y continúo mirándole en un silencio mortal, con aquella mirada felina tan característica de ella.

—Chicas, Bella ya ha pasado por demasiadas cosas difíciles —murmuró Rose, apretando su mano por un instante—, dejemos ya de presionarla.

—Tú también lo sabías, ¿no? —reclamó Ange—. ¡Por supuesto que sí! Todo el tiempo hablaban en secreto y cuchicheaban en la terraza. ¡Mira cuantas cosas sucedieron a nuestro alrededor y no lo sabíamos, Leah!

—Espera un segundo, ¿1ué cosas dices? —exclamó rompiendo su silencio, mirándola con incredulidad—. ¿Cuántas veces le mentiste a Bella sobre Riley? No eres quién para hablar de esto.

—¡Ya le he pedido perdón muchas veces! ¡Pero lo vuelvo a hacer si quieres! ¡Lo siento, lo siento, lo siento! ¿Ya estás contenta, Leah?

—¿Y qué estoy haciendo ahora? —inquirió Bella con desesperación—. ¡Te he pedido perdón demasiadas veces! ¿Por qué no tratas de entenderme tú a mí? Por primera vez en mi vida he ocultado algo. ¡Ya me siento lo suficientemente mal! Es un sentimiento horrible, y me quedé atrapada, cuanto más me quería salir, más me hundía.

—¡Pero no entiendo porqué solo se lo dijiste a Rose! —gritó, señalándola—. ¿Por qué a nosotras no?

—Te ha dicho que se estaba hundiendo —exclamó Rose con sorpresa—. No pensaba con claridad, no sabía qué hacer. ¿Entiendes por lo que pasó?

—¿De verdad crees que no te lo quería decir? ¡Lo intenté muchas veces! Pero no pude... fueron días muy difíciles, ¿qué podía hacer? ¡Fue difícil!

—¿Qué tiene eso que ver con esto? ¡También te podíamos ayudar! ¿Por qué no me lo dijiste?

—¡Ange, ya está hecho! ¡No lo puedo cambiar! —levantó la voz, mientras se pasaba las manos por el cabello con estrés.

—¡Chicas! —gritó Leah finalmente, captando su atención—. ¿No pueden ver que los secretos no hacen más que dividirnos?

—De acuerdo —suspiró Ange, tranquilizándose—. Entonces, ¡no más secretos entre nosotras! Y si alguien tiene alguno, entonces es momento de contarlo.

Bella negó, y Rose apretó los labios, jugueteando con sus manos con nerviosismo.

—Bueno... yo... resulta que le mentí a Jasper, le dije que trabajaba como abogado en práctica en la empresa de mi padre. —las chicas miraron boquiabiertas—. Es que habló tan bien de las mujeres que con su propio esfuerzo construyen una carrera, y quería que me viera como una de esas personas.

Bella hizo un pequeño puchero y le tomó la mano, mientras que Leah le miraba sin expresión alguna y Ange seguía con la boca abierta.

—No quería que supiera que mi familia es rica y que mi trabajo como abogada es asegurado, además el es mi primer cliente importante. Si supiera que se iba a enfadar tanto no le habría mentido.

—Bueno, es verdad que si alguien te ve pensaría que eres una chica rica y malcriada —asintió Ange.

—Y tu como alguien pobre pero orgullosa —se rio Rose.

—Pues no pienso disculparme.

Las cuatro empezaron a reír, rompiendo la enorme tensión que se había creado entre ellas.

—Pero hay algo que no entiendo, ¿por qué decidiste mentir? —preguntó Leah—. No tienes nada de qué avergonzarte, te has esforzado muchísimo para llegar a donde estas ahora.

—Y tener un padre como el tuyo no es fácil —añadió Ange—. ¿Por qué hiciste eso?

—¡Ni yo lo entiendo! De verdad, no lo sé, todo empezó con una mentira pequeña, y después otra y otra, hasta que lo descubrió todo y fue como una avalancha —se lamentó.

—Está bien —suspiró Bella—. Ya no queda ningún secreto más, ¿cierto?

—Yo ya no tengo más secretos —negó Ange.

—Yo ya se los he contado —asintió Rose.

Bella levantó las manos, y las tres se giraron a mirar a Leah quien les devolvió la mirada sin intimidarse un solo segundo.

—Bueno, entonces se acabaron los secretos —anunció Bella con una sonrisa—. ¿Lo prometen?

—Prometido —corearon Ange y Rose, mientras que Leah fingía mirar con atención el techo de la casa.

—Déjala, ya sabes cómo es —susurró Ange.

—¡Entonces, es hora de un abrazo! —chilló Rose sonriendo.

Las cuatro se fundieron en un rápido abrazo, entre risas y tirones juguetones de cabello.

—Ahora ya solo me queda hacer una cosa, algo muy importante —suspiró Bella, separándose de ellas.

—¡Ay, no, por favor! ¡Ya no te metas en más problemas! —suplicó Ange con estrés—. No te vayas, vamos a tomarnos el día libre para despedirnos de ti como es debido. ¡Además, la tía Maggie está preparando demasiada comida!

—Volveré antes de que la comida esté lista, no te preocupes —prometió con una pequeña sonrisa—. Es muy importante.

—De acuerdo, vete —le empujó Leah juguetonamente.

—No tardes mucho —canturreó Rose.

—¡Las amo! —se despidió Bella, corriendo hacia la puerta.

Mientras entraba al café donde habían quedado de verse, se replanteó nuevamente si estaba haciendo lo correcto, pero el amor era ciego y desinteresado, así que continuó armándose de valor y observó su anillo fijamente, por él era capaz de muchas cosas y lo sabía perfectamente, le asustaba esta versión de ella... pero no había marcha atrás, ya no.

—Bella —saludó Lauren acercándose y tomando asiento en el sillón junto a ella, le miró con honesta preocupación—. ¿Estás bien?

Apretó los labios con fuerza y le miró, su amabilidad haciéndole más difícil la situación.

—Sí, estoy bien —asintió con suavidad—. Te he llamado porque...

—¿Le ha pasado algo a Edward? —interrumpió asustada.

Bella sonrió.

—Sí le pasara algo a Edward lo sabrías antes que yo, Lauren.

Lauren sonrió genuinamente con incomodidad, sus ojos azules mirándole con curiosidad.

—Será mejor que vaya directamente al tema —murmuró Bella con voz apagada y tensa, tragó con fuerza y presionó sus uñas contra la palma de su mano—. Lauren... Edward te ama. Pero es incapaz de decírtelo, y no lo admitirá.

—Bella... me siento un poco incomoda —admitió, apretando su bolso contra su regazo—. Eres su prometida, no sé cómo...

—No soy su prometida.

—¿Qué? —susurró con confusión.

—No. —inhaló, y le miró fijamente—. Hemos estado fingiendo.

—Bella, ¿qué estás diciendo?

—Nosotros... —bajó la mirada apenada—. Edward y yo nos conocimos el día que Emmett y tu se comprometieron. Me pidió que fingiéramos que estábamos juntos para que tú te separaras de Emmett. Y funcionó. Todo lo que tienes que hacer es hablar con él, porque es tan orgulloso que no podrá decírtelo. —añadió con una sonrisa genuina y cargada de dolor—. Lo sabes muy bien.

Lauren parpadeo dos veces seguidas, y soltó un pequeño bufido.

—Es una broma, ¿verdad? —susurró, y cuando Bella negó, sintió que despertaba de un sueño profundo—. Entonces, ¿ese contrato que descubrimos mientras cenábamos era real?

Bella alejó la mirada de ella, queriendo decirle que muchas cosas eran reales, que ese contrato no significaba nada porque nada se iba a comparar con los momentos honestos y hermosos que habían pasado juntos, pero se contuvo, asintiendo en cambio.

—¿Pero por qué? No lo entiendo.

—Edward quiere volver contigo, ¿hay algo más que entender?

Lauren apretó los labios y tragó con fuerza, su cerebro aún procesando todo el engaño y las mentiras, pero sobre todo... incapaz de creer que todo lo que había visto era un simple engaño.

—No sé qué decir, Bella.

Ella sonrió y tomó su pequeño bolso mientras se levantaba.

—Cuídate, Lauren —se despidió.

Salió rápidamente, huyendo de aquella mujer que seguramente estaba dándose cuenta lo afortunada y amada que era, salió de la cafetería, recargándose contra la pared donde dejó salir el aire que la estaba asfixiando, cerró los ojos con fuerza al tiempo que un jadeo escapaba de sus labios.

Lo había hecho, le había dado el pase final a Edward que tanto anhelaba, y pronto estaría junto a la mujer que realmente amaba, aunque en el proceso... había vuelto a romper su corazón.

Bella sonrió cuando llegó a su casa y observó a sus amigas sentadas en la mesa esperándole, su tía realmente había hecho demasiada comida, incluso Diego estaba sentado ahí, pero eso no era sorpresa alguna.

—Bella, te haré una pregunta —exclamó Diego con interés, pasándole el plato a Maggie para que le sirviera—. Tú te vas a Italia, y el Sr. Edward se queda... ¿Cómo le van a hacer?

Bella se tensó, al igual que todas en la habitación.

—No hagas tantas preguntas, Diego —gruñó Leah amenazadoramente—. ¿Por qué no agarras tu plato y te vas arriba a comer?

—Vayas donde vayas, tu escríbenos y mandamos mensaje de todo —suplicó Rose, ignorando la pequeña discusión, Bella le sonrió y asintió solemnemente—. ¡Y por supuesto, no puedes sustituirnos por otras italianas!

—Ya veremos —bromeó Bella.

—Sinceramente, no podrá encontrar a alguien como yo —negó Ange con una sonrisa de suficiencia—, pero sí muchas personas como tú, Rose... solo tiene que buscar a alguien rubio y alto, definitivamente puede.

—¡Qué graciosa! —bufó Rose sonriendo.

—Bueno, buen provecho —anunció Maggie sentándose—. Es nuestra última comida juntas.

—Oh, no digas eso —murmuró Ange entristeciéndose.

—Igual no me dan la beca y regreso, ¿por qué están tan tristes? —preguntó Bella, ganándose una mirada de reproche de parte de su tía.

—¿Bella Swan no podrá obtener una beca? —replicó Maggie.

—¡Definitivamente lo conseguirá! —corearon las chicas con una sonrisa.

—¡Sí, por supuesto! —gritó su tía con emoción.

Bella apretó los labios en una sonrisa, y mientras todas empezaron a comer, el mismo sentimiento de pesadez se instaló dentro de ella, oscureciendo lo que había pensando que era un momento alegre... llevando a su mente hacia un robot en la oscuridad.

X – X – X

Edward suspiró por quincuagésima vez, y se acercó a su perro con curiosidad, agachándose a su altura tomó el objeto que tenía entre sus peludas patas.

—Sirius —saludó, poniendo frente a su rostro el antifaz—. ¿Qué es esto, Sirius? Mira, ya sé que no quieres que Bella se vaya. Pero no hay nada que podamos hacer.

Jugueteó un rato con él, antes de volver a suspirar y levantarse, tirando el antifaz rosa otra vez al piso.

—De acuerdo, es todo tuyo, quédatelo.

Entró a la cocina y se preparó un café, el reloj en su muñeca no hacía más que avanzar y lo sabía, pronto llegaría la hora en el que ya no habría marcha atrás.

—Hola —saludó Anthony acercándose y sentándose en él taburete.

—Hola —respondió con curiosidad, no era normal que su padre se acercara a él.

—¿El café está caliente?

Edward lo observó sin responder, mientras le servía una taza y la colocaba frente a él sin inmutarse.

—¿Qué pasa? —inquirió.

—Tengo que hablar contigo de algo importante, Edward.

—De acuerdo, hablemos.

—Emmett —empezó.

—No hace falta hablar de Emmett —negó, levantando las cejas—. En unas semanas, bueno, dejará de formar parte de nuestras vidas.

—Emmett es ahora uno de los accionistas del Holding. No es una parte muy significativa lo que tiene, pero...

—¿Hablas en serio?

—Lo anunciaré en la próxima reunión del consejo, pero quería que lo supieras antes que ellos.

—¿Por qué? Si ya lo has decidido, ¿Por qué me lo cuentas? ¿Qué sentido tiene? —espetó enfadado, apretando la mandíbula—. Te lo he advertido, papá, cometiste un error.

—Sí, puede que tengas razón, pero siempre quise lo mejor para ti y pensé que si te ponía las cosas más difíciles no cometerías errores.

—Papá, tan solo dos semanas después de la muerte de mi hermano... ¡Exactamente dos semanas después, me enviaste a un internado en el extranjero! A tan temprana edad, gracias ti, aprendí a no confiar en nadie más que en mí. ¡Por eso nunca he tenido el privilegio de cometer errores!

Anthony le miró fijamente, a la persona que había convertido, si es que era posible llamarle así.

—Tu pequeño discurso, esta hermosa conversación... —señaló con desdén—. Llegas un poco tarde, ya no me interesa.

Edward se alejó sin mirar atrás, su mente seguía perdida a ella, solo en ella, y con ese pensamiento en mente, decidió sacar su celular y marcar su número.

Dime.

Su hermosa voz, su melodiosa y armoniosa voz se filtró por la bocina y su corazón se apretó con fuerza.

—¿Te vas esta noche?

Sí.

—¿Te gustaría salir a caminar con Sirius por ultima vez? —no sabía de dónde había salido eso, pero se encontró haciendo la pregunta y deseando que ella aceptara, pero sabía mejor.

Me encantaría mucho hacerlo, pero...

—De acuerdo —espetó rápidamente—. Lo entiendo, Bella. Olvídalo.

La línea se quedó en silencio por un momento, solo escuchaba su suave respiración.

Adiós, Edward Cullen.

—No me hagas despedirme de ti, Bella Swan.

Diez segundos después, la línea de cortó, solo un doloroso pitido retumbó contra su oído y bajó la mano derrotado.

Bella, mientras tanto, apretó el celular con fuerza contra su pecho, quizás si él hubiese insistido un poco más ella hubiese cedido, porque era su debilidad, Edward Cullen era su debilidad y sabía que lo sería siempre, suspiró con fuerza.

Una hora después, finalmente había llegado el momento, así que tomó la pequeña maleta junto a su cama antes de salir de su casa, donde un taxi la esperaba junto con las chicas y su tía.

—Te voy a extrañar, Bells —gimoteó Ange en su oído.

Abrazó a cada una de ellas con fuerza, antes de que todas se fundieran en un abrazo grupal, y aunque había muchas caras tristes presentes, nadie fue capaz de notar el rostro que se desmoronaba a la distancia, dentro de su coche negro, mirándola fijamente.

Edward deseaba ser lo suficientemente valiente como para salir del coche y acercarse a ella, abrazarla e implorarle que no lo dejara, pero no lo era.

Así que Bella se subió al taxi entre pequeñas lágrimas, y agitó su mano, despidiéndose de su pequeña pero hermosa familia, sollozó con fuerza y se cubrió el rostro con sus manos, sabía que la mayor parte de sus lágrimas no eran por despedirse de su tía o sus amigas, sino por el amor que dejaba atrás.

Edward vio el taxi alejarse, agitó con fuerza su cabeza, antes de tomar el celular sin pensarlo.

—Lauren, ¿dónde estás? —Espetó con la mandíbula apretada—. Espérame ahí, voy en camino.

¿Fue el aire de Estambul? ¿Fue la fuerza de las emociones?

Pero mientras iba manejando hacia el restaurante donde Lauren le esperaba ansiosamente, pequeños flashbacks de lo que había ocurrido la noche anterior fueron apareciendo en su mente, parpadeo rápidamente, como si de una película se tratase.

El beso que Bella le dio en la frente se quedó grabado detrás de sus ojos.

Decidió poner algo de música, dándose cuenta que la vida que siempre se empeñaba en hacerlo sentir miserable, decidió colocar aquella canción que tanto le recordaba a ella.*

Sacó la nota que había encontrado en su casa, y la miró de reojo, la desordenada letra de Bella lo saludó.

"No me mires con los ojos, mírame con el corazón"

Recordó entonces haberle suplicado que se quedara, recordó haber llorado en su pecho, recordó haberle dicho que se iría a Italia con ella.

¿Se había vuelto loco? ¿Había perdido la razón? Era muy probable, así que con justa razón presionó el acelerador, y dio un volantazo sin más, girando hacia la ruta que había tomado el taxi de Bella. Había leído las cartas frente a él, finalmente estaba escuchando a su corazón, y esperaba no equivocarse, aunque, si lo hacía, no importaba.

Vislumbró el taxi un coche más adelante, al cual rebasó sin mucho cuidado, antes de empezar a presionar como loco el claxon y encender y apagar las luces, intentando llamar la atención del chofer.

—¿Está loco? —inquirió el taxista, llamando la atención de Bella—. Vamos a tener un accidente.

Se giró con sorpresa hacia atrás, mirando boquiabierta el familiar convertible negro.

—Oh...

El claxon no dejaba de sonar. Bella parpadeó nuevamente, mirando al taxista, se limpió las pequeñas lagrimas y frunció el ceño viéndolo manejar como loco.

—¿Qué estás haciendo? —se preguntó con sorpresa.

Edward volvió a presionar el claxon con insistencia y maldijo entre dientes.

—¡Pare el coche! —gritó, esperando que el taxista pudiera oírlo.

—Continúe, por favor, no pare —pidió Bella.

—¡Por favor, hombre, pare el coche! —volvió a gritar Edward.

—Vamos a tener un accidente —murmuró el chofer.

Bella gimió, y se tapó el rostro con las manos.

—¿Y ahora por qué me sigues? —se preguntó en voz baja, quiso soltarse a llorar, pero el claxon la sacó de su bruma, y bufó con fuerza, mirando al taxista por el espejo retrovisor—. De acuerdo, paremos, déjeme bajar.

El taxista paró en la primera desviación que observó, en el paseo marítimo. Bella se bajó tan pronto el coche se detuvo, y se enfrentó a él.

—¿Qué estás haciendo? —exigió enfadada, pero Edward le ignoró, pasando de largo y acercándose al taxista.

—Hombre, lo siento mucho, ha sido un malentendido —le dijo, sacando su billetera—. La señorita es mi novia, yo la llevaré.

—¡No soy tu novia! —gritó alterada.

Edward le miró de reojo, antes de suspirar.

—Por favor, puede irse —le pidió nuevamente al taxista.

—Solo me iré si la señorita me lo permite —negó.

—¡Espere! —le detuvo Bella rápidamente.

—¿Puedes pedirle que se vaya? —espetó Edward mirándola fijamente.

Bella le miró con fiereza, su cabello revoloteando con la brisa marina, apretó los labios con fuerza, antes de suspirar con resignación.

—Está bien, puede irse —asintió a regañadientes, girándose y caminando con enfado.

—Muchas gracias —asintió Edward entregándole un enorme billete al taxista sin esperar el cambio—. Falta tu maleta, Bella —señaló.

Pero ella bufó y pisoteo con fuerza, bajando hacia el paseo marítimo y miró hacia el mar, intentando calmarse.

—¿Qué hay aquí? —preguntó Edward sopesando su maleta, mientras la metía en su coche—. ¿Solo has empacado tus "flip-flops"?

—¡Me vas a volver loca! —gritó Bella—. ¡Te lo juro!

Edward ignoró sus palabras, y se acercó a ella, mirándole fijamente.

—¡Me estoy volviendo loca! ¡Voy a perder mi vuelo! —señaló alterada.

—Tranquila, si quieres te irás en un jet privado.

—¿Qué es lo que aún quieres de mí? —exigió.

—Quiero hablar contigo —insistió Edward.

—¡Me vas a volver loca! ¿De qué quieres hablar? ¿Por qué no me dejas en paz?

—No puedo dejarte ir, Bella —confesó, encogiéndose de hombros.

—¡Déjame ir!

Quiso sonreír, porque incluso enfadada y con el cabello revoloteando a su alrededor era hermosa, con el sol ocultándose a un lado, no hacía más que parecer la estrella que sabía que era, o quizás un ángel.

—No.

—¡Mira, ya es suficiente! ¡Se acabó! ¡Estoy cansada de esto! ¡Estoy harta! ¿Es que no me entiendes?

—¿Estás harta? ¿Tú estás harta? —replicó Edward con incredulidad—. ¡Ten por seguro que yo sí estoy harto! ¡No dejo de pensar en ti, estás constantemente en mi cabeza y dentro de cada uno de mis pensamientos! ¡Te has adueñado de mí, te has apoderado de mi vida! ¡Estoy harto, Bella!

Bella endureció sus facciones, y frunció el ceño aún más enfadada, con las mejillas sonrojadas y sus ojos brillosos.

—¡En ese caso, entonces vete! —gruñó, empujándole—. ¡Vete!

—No me iré.

—¡Vamos, vete!

—No puedo, no me iré —negó, encogiéndose de hombros.

—¡Vete! ¿No ibas a volver con Lauren de todos modos? ¡Pues vete!

—No quiero, no me voy a ir.

Bella se detuvo, y lo miró con incredulidad.

—¿Para qué te pregunto? ¡Siempre haces lo que quieras! ¡Ya me voy! —se dio la vuelta, y empezó a alejarse.

—¡Bella, no te vayas! —insistió, sin moverse de lugar.

—Me voy, Edward —se giró, mirándole con furia.

—No te vayas, Bella —suplicó, caminado hacia ella con determinación.

—Dame una razón para quedarme, Edward. ¡Una sola razón!

Sus miradas chocaron con fuerza, el verde de sus ojos estaba ardiendo y brillando como nunca antes en su vida. La miró colocando cada gramo de sentimiento en ella.

—Me he enamorado locamente de ti —declaró Edward con firmeza.

Bella no tuvo tiempo de procesar aquellas palabras, porque tan pronto salieron de su boca, la mano de Edward serpenteo hacia su cuello y, sin esperar una respuesta, juntó sus rostros sellando sus palabras con un beso, tomó su cintura con su otra mano y acercó su cuerpo, ni siquiera la brisa marina o los rayos del sol eran capaces de pasar entre ellos.

Sus labios capturaron por completo su carnoso labio inferior y Edward supo que no había mejor sabor en el mundo que ella, Bella jadeó en busca de aire después de un par de minutos, y a regañadientes se separó, mirándolo con los ojos brillosos y una suave sonrisa.

—Eh... no me has abofeteado —señaló Edward frunciendo los labios con satisfacción—. Entonces, no estás enojada.

Bella se sonrojó. Deslizó su mano suavemente por su pequeña barba incipiente, antes de apartarla, acomodándose el cabello con timidez.

—No me molesta —negó en voz baja.

—Entonces, ¿Tú también sientes por mi…?

—¿Qué siento por ti? —interrumpió alzando una ceja.

—Te hice una confesión. —murmuró con obviedad, sus ojos verdes llenos de confusión.

—Mmhm. Que estás locamente enamorado de mí.

Entrecerró los ojos hacia ella, sabiendo perfectamente las intenciones detrás de sus palabras.

—Sí, ¿y entonces? —espetó, deslizando sus manos por su cara, apartándole el cabello del rostro—. ¿Qué sientes? ¿No vas a decirme nada?

Bella sonrió con ternura, atrapada en su hermosa mirada, antes de suspirar.

—Todo a su debido tiempo, Edward. Tú dices lo que quieres cuando tienes una crisis... y esperas que te diga todo de inmediato.

—Bien, de acuerdo —aceptó mordiéndose el interior de su mejilla con una pequeña sonrisa—, está bien, te voy a esperar. No hay problema.

Bella abrió los ojos de par en par, mirando desesperada a su alrededor.

—¡Mi vuelo! —gritó asustada—. ¡Voy a perder mi vuelo! ¡Debo irme!

—Olvídalo, no te vayas —bufó Edward despreocupado.

—Debo irme.

—Entonces, iré contigo.

—¿Qué?

—Sí —asintió tomándola de la cintura y acercándola a él—, incluso, podemos hacer lo siguiente: si puedes esperar dos meses... iremos juntos a Italia —prometió.

—¿Qué harás en Italia? —preguntó con una sonrisa de incredulidad—. Tienes todo aquí, no puedes ir.

—¿Cuál es el problema? Estuve en Londres durante meses —le recordó—. Lo arreglaré de alguna manera, y si es necesario volveré. Pero me iré contigo a Italia.

Bella le miró con incertidumbre, de cero habían pasado a cien en un abrir y cerrar de ojos, y aunque estaba segura del sentimiento detrás de su mirada, se permitió meditarlo.

—Por favor, no te vayas ahora —suplicó Edward con suavidad.

Su silenció lo asustó, mientras pasaban los segundos volando, hasta que el inicio de una sonrisa en sus hermosos labios le tranquilizó el corazón.

—Está bien —susurró.

—Está bien.

Bella se rio avergonzada, escondiendo su rostro en su cuello e inhalando su aroma con profundidad, ni siquiera en sus mejores sueños imaginó estar de esta manera. Edward la envolvió en un tierno abrazo, antes de tomar su rostro entre sus manos y depositar un delicado beso en su frente.

—Ven aquí —le dijo, entrelazando sus dedos—, demos un paseo.

—Es increíble —admitió Bella mientras veía el mar azotar suavemente contra las rocas más abajo.

—¿Qué? —preguntó con curiosidad.

—Esto —señaló sus manos unidad—. Estar aquí contigo... así. No me lo esperaba.

—Para ser honestos, ni yo tampoco —asintió riendo quedamente con amargura—, por mucho tiempo me engañé, y me volví loco pensando que una hermosa estrella como tu jamás aceptaría en su vida a un robot tan anticuado.

Bella se rio con diversión, envolviendo un brazo alrededor de su estrecha y firme cintura.

—Eres el único robot que aceptaría. —le tranquilizó.

—¿Entonces estás lista para admitir ya tus sentimientos?

Edward —advirtió en broma—. No han pasado ni diez minutos.

—De acuerdo —gruñó a regañadientes, pasando su brazo sobre su hombro y acercándola más a él—. ¿Y ahora?

Bella soltó una enorme risa, que le llenó el estomago de mariposas. Y continuaron caminando abrazados, con el ruido del mar arrullándolos y el sol escondiéndose lentamente en el horizonte.

—No me mires así —susurró Edward con una sonrisa, mientras la miraba de reojo, hacia diez minutos que habían terminado su caminata y ahora se encontraban dentro del coche, recorriendo una de las tranquilas avenidas de Estambul.

Bella se mordió su labio inferior con fuerza, antes de reírse y mirar hacia la carretera.

—De acuerdo.

Edward sonrió con complicidad, antes de ser interrumpidos por el sonido insistente del que había reconocido como el celular de Bella.

—¡Mi tía! ¡Mi tía me está llamando! —jadeó asustada, observando el nombre en la pantalla—. ¡Cree que estoy a punto de volar a Italia! ¿Qué le digo? ¿Qué voy a hacer?

—Dile la verdad. Dile que estás conmigo. —sugirió encantando.

Bella frunció los labios con preocupación, y negó.

—No, no. Prefiero hablarlo en persona. Si se lo explicó bien, lo va a entender, ella siempre lo hace —susurró poco convencida—. O espero que ahora lo entienda...

—Ahora yo no quiero... bueno, no quiero parecer el hombre que arruinó tus sueños nuevamente. No te arrepientes, ¿verdad?

—No lo he cancelado, Edward —lo tranquilizó—. Solo lo he pospuesto. Ya sé que no vas a venir conmigo dentro de dos meses. —añadió, encogiéndose de hombros.

—Ah, ¿Entonces ya lo sabes? ¿Y cómo lo sabes? —preguntó con curiosidad.

—Porque eres un verdadero adicto al trabajo —señaló pinchándole una mejilla con su dedo.

—¡Ja! —bufó, apretando la mandíbula—. Ya veremos.

—Pase lo que pase, en dos meses me subiré a un avión y volaré a Italia —prometió—. Espero que lo sepas muy bien.

—De acuerdo, en dos meses entonces, nos iremos a Italia —asintió.

—Por cierto, antes de irme le conté todo a Lauren —confesó encogiéndose de hombros—: Sobre el contrato... me pareció que... bueno.

Edward apretó los labios en una fina línea, y la miró de reojo. Una pequeña parte de su mente estaba agitando una bandera en señal de que había olvidado algo, pero no le prestó atención.

—Creo que deberías hablar con ella —sugirió Bella.

«¡Hablar!».

Edward hizo una pequeña mueca, recordando que habían quedado de verse dos horas atrás, probablemente su celular estaba repleto de llamadas perdidas, pero lo tenía silenciado y decidió mantenerlo así.

—Lo sé —asintió—. Lo haré, pero será personalmente.

—Hmm —asintió Bella, intentando mantener a raya los celos burbujeantes—. Entonces, te voy a preguntar algo...

—¿Qué?

—¿Qué sientes por Lauren?

Bella decidió mirarlo fijamente, estudiando cada una de sus reacciones, y solo se encontró ante una mirada sin expresiones, antes de volviera el rostro hacia la carretera.

—Mira, Bella, te lo he dicho antes... esto no tuvo nada que ver con Lauren, es por Emmett. Y para ser honestos, mientras tú estés... —suspiró negando con una sonrisa—. En fin.

—Termina la frase —insistió Bella con una sonrisa tonta, girándose casi por completo en el asiento para verlo mejor.

—Mientras tú estés conmigo, nadie más existe —prometió, acariciándole una mejilla con suavidad—. ¿Está claro?

—Claro —aceptó, bajando el rostro avergonzada, ocultándose detrás de su cabello.

Edward extendió la mano, metiendo su sedoso cabello detrás de su oreja.

—Es más hermoso así.

El corazón de Bella retumbó en cuanto entraron al callejón que la llevaba a su casa, se mordió el interior de su mejilla con nerviosismo.

—Déjame aquí, Edward —pidió.

—Bella, estamos a unos cien metros de tu casa —señaló con incredulidad, deteniendo el coche.

—Sí, pero... no quiero que mi tía te vea ahora.

—¿Qué puede pasar? —preguntó quitándose el cinturón de seguridad—. Deja que me vea, y así podemos platicar.

—No, no... No —negó rápidamente girándose hacia él—. No es necesario. No digas nada. Puede haber un problema adentro, así que por eso yo me encargaré, lo prometo. —Edward le miró poco convencido—. Por supuesto que puedes hablar cuando quieras, pero... entraré a la casa, explicaré la situación y lo solucionaré.

—¿A qué te refieres con "la situación"? —preguntó frunciendo el ceño.

—Eh...

—¿Qué "situación"?

—Tú... y yo... —explicó Bella confundida.

—¡Ah! Sí, la situación entre tú y yo. Por supuesto. Claro. —asintió, con una sonrisa satisfecha—. Tú y yo. Excelente.

Bella se rio, antes de tomar su bolso.

—Entonces, me voy —anunció, antes de señalarlo amenazadoramente—. No me sigas.

—Puedes irte con una condición —le detuvo, ella lo miró con interés—. Primero me dirás lo que sientes.

—Hace un rato me dijiste que esperarías —señaló con incredulidad.

—Eso fue hace treinta minutos, y treinta minutos es mucho tiempo.

—En mi opinión, no debes tentar a la suerte —replicó Bella.

—Muy bien, de acuerdo —suspiró, llevando su mano hacia la puerta para abrirla—. Entonces vamos y hablemos con tu tía.

—¡No puedes! Te dije que no —lo detuvo riendo, agarrando su brazo—. Yo hablaré con ella.

—Bueno, entonces... —sonrió juguetonamente.

—¿Qué?

—Estoy esperando. —explicó, conteniendo una enorme sonrisa.

—Edward... —advirtió con diversión.

—Bella...

Entornó sus ojos cafés, mirando a su alrededor con complicidad, antes de inclinar su cuerpo hacia él, y depositar un suave y sonoro beso contra su cálida mejilla, Edward sonrió satisfecho y la sintió acariciarlo brevemente con su nariz, para luego alejarse.

—¿Eso está bien? —susurró Bella.

—Excelente —asintió sonriendo, antes de carraspear y fruncir el ceño—. Otra vez... ¿Puedes decirlo otra vez?

—Creo que lo entendiste muy bien —replicó con los ojos entrecerrados, y brillando—. Y si no lo entiendes... significa que necesitas otros treinta minutos.

Edward se rio, y la vio salir del coche luciendo hermosamente irresistible.

—Buenas noches, Bella Swan —canturreó.

—Buenas noches, Edward Cullen —respondió, caminando con determinación hacia su casa.

Edward frunció el ceño hacia ella, mirándola caminar libremente.

—¿No traía una maleta? —se preguntó en voz baja, antes de llamar su atención encendiendo y apagando las luces del coche—. ¡Bella!

—¿Qué? —exclamó girando hacia él con una sonrisa, viéndolo bajarse del coche.

—¿No se ha olvidado algo?

—¿Qué olvidé? —susurró, las palabras muriendo en sus labios cuando lo observó dirigirse hacia la cajuela—. Mi maleta... por supuesto, la olvidé.

—¿Qué pensaste que era? —replicó con una sonrisa de complicidad, Bella se sonrojó, y negó con suavidad—. ¿Eh? ¿No me lo vas a decir?

—No, nada —negó.

—¿Segura? —se acercó, depositando la maleta a un lado de ella.

—Muchas gracias —murmuró, mirando a su alrededor, para después acercarse más él y dejarle un beso en la mejilla, pero Edward sonrió y giró su rostro justo a tiempo, apretando sus labios juntos.

Tomó todo su autocontrol no tomar su cintura y envolver su cuerpo en sus brazos.

—Vamos —insistió Bella, separándose de él y tomando su maleta—. Anda, vete.

—De acuerdo —la tranquilizó, pero en su lugar se recargó contra su coche con los brazos cruzados y la vio entrar a su casa con una enorme sonrisa, todo el rebosando de pura dicha y felicidad, como nunca antes en su vida.

Finalmente, era la estrella del robot. Su estrella, y ella lo había elegido a él, lo había aceptado. Y ahora era el hombre más feliz del universo.


FIN

NAAAA MENTIRA JAJAJAJAJJAAJAJ HEMOS LLEGADO. OMG OMG OMG

Este capitulo amerita review si o si ehhh salgan todas las lecturas ocultas o no actualizo hasta marzo jajajaja bromita.

Nos vemos el martes con el adelanto.

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görüşürüz!

Con cariño, Ame y Annie.