Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.
Beta & Colaboradora: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.
Capitulo 32.
Bella entró sigilosamente a su casa. Escondida detrás de la pared del comedor principal, sonrió con diversión cuando, después de haberle hecho innumerables señas a Angela, ella simplemente parpadeo y le miró como si no fuese real.
—De verdad la extraño —bufó Ange recargando su barbilla sobre su mano con aburrimiento—. Incluso estoy teniendo alucinaciones, veo a Bella por todos lados.
—Ella ha perdido la cabeza, ¿verdad? —preguntó Rose riéndose, y Leah, recostada sobre su hombro, asintió.
Angela volvió a mirar hacia la entrada y Bella asintió con una enorme sonrisa.
—¿Ella está parada en la puerta? —inquirió, ahora con preocupación.
—¡He regresado! —anunció Bella con un chillido después de dos segundos de silencio incomodo.
Las chicas gritaron emocionadas y saltaron de sus sillas antes de correr hacia ella y abrazarla, murmurándole cuanto la extrañaron, todas estaban rebosantes de felicidad a excepción de su tía que le miraba estupefacta.
—¿Qué pasó? —exigió Ange después de alejarse.
—Ya se los diré, siéntense —indicó animada. Maggie le miró con atención y sin una pizca de felicidad—. Entonces... yo iba hacia el aeropuerto cuando… —empezó Bella emocionada.
—¡No te atrevas! —interrumpió Maggie rápidamente, borrando la sonrisa del rostro de Bella—. No te atrevas a decir Edward Cullen, ¿de acuerdo? No lo hagas.
—¿Por qué? —preguntó en voz baja, mirando a sus amigas de reojo—. ¿Por qué no lo puedo nombrar?
—¿Edward Cullen está involucrado en esto? —exigió Maggie con molestia—. Precisamente por él, todos tus sueños relacionados con Italia… ¿Renunciarás a tus sueños, Bella?
—No, tía, no abandonaré mi sueño —negó, frunciendo el ceño.
—No, mi querida Bella no es capaz de moverse por un hombre que no ama —aseguró Ange con una enorme sonrisa, mientras abrazaba a su amiga, antes de girarse hacia ella y bajar la voz—. ¿Estás enamorada?
—Callate, te lo contaré después —susurró Bella con discreción, antes de carraspear y girarse hacia las demás—. Recibí una llamada de la universidad, la beca se ha pospuesto por dos meses. Así que... volveré dentro de dos meses.
—¡Qué bien! —canturreó Rose con nerviosismo, sintiendo la fuerte tensión que se estaba creando—. Estarás aquí otros dos meses, Bella.
—¡Bien, que bien! —asintió Ange, siguiéndole el juego a Rosalie.
—¿De verdad eso es posible? —cuestionó Maggie mirándole fijamente—. ¿Cómo pueden avisarte unos minutos antes de abordar? Algo está mal aquí, esto no tiene sentido.
—Tía, no se ha cancelado. Iré en dos meses —prometió, retorciendo sus dedos debajo de la mesa—. Además, hay un proyecto en el que estoy trabajando, y lo voy a terminar. Así que... no, no está cancelado.
—Eh... bien... bueno, entonces traeré la cena —asintió Maggie, forzando una sonrisa.
Tan pronto como desapareció detrás de la puerta, las chicas se inclinaron hacia adelante mirando a Bella con gran interés.
—Se los diré —las tranquilizó con preocupación—, pero ahora mi tía está aquí, será luego.
Después de un rato de estar sentada, y de que su tía se hubo tranquilizado mágicamente, se levantó de su asiento.
—Voy a tomar agua —murmuró.
—Siéntate, yo te la traigo —insistió Ange deteniéndola.
—No, no, yo voy —negó caminado hacia la cocina ignorando sus voces.
Bella sonrió con complicidad tan pronto entró a la cocina, marcó rápidamente el número de Edward, y cuando escuchó su voz al otro lado sintió que era capaz de hacer un baile de felicidad.
—¿Hola? —murmuró en voz baja y melosa—. ¿Qué estás haciendo?
—Pensando en ti. ¿Y tú?
—Yo también estaba pensando en ti —admitió con un pequeño sonrojo.
—Qué maravilloso —afirmó él con una sonrisa que traspasaba la bocina.
—No pude decirle a mi tía —comentó mordiéndose el interior de la mejilla—. Bueno, en realidad quería decirle, pero... no pude hacerlo. Y tampoco pude decírselo a las chicas, porque todas estamos en casa de mi tía. Cuando se enteraron de Italia se enojaron mucho... pero aún no he podido hablarles de ti.
—¿Sí? Bueno, ya encontrarás la oportunidad —le tranquilizó, antes de gemir en voz baja—. Y mi mamá viene directamente hacia mí ahora. Probablemente se lo diré.
—¿Qué? ¿Acerca de qué? —exigió preocupada, mirando que nadie la estuviese escuchando—. ¿Qué le vas a contar? ¡No le digas!
—Que estamos juntos, por supuesto.
—Detente, Edward. Por favor, ahora no —suplicó—. No le digas.
—Bella, de verdad estoy cansado de seguirlo escondiendo.
—Ahora no, Edward, no le digas. —suspiró con fuerza—. Si le cuentas ahora a tu mamá, ella le dirá a mi tía. Y mi tía me lo va a decir, y empezará a regañarme. Será un desastre. Y después tendré que enfrentar a tu mamá, sabes que ella me va a destruir —gimoteo—. Por favor, no se lo digas.
Edward sonrió con diversión, antes de asentir lentamente.
—Está bien, está bien —aceptó, calmándola—, hasta que tú se lo digas, entonces.
Bella tragó con fuerza cuando escucho la voz chillona de Esme al otro lado de la bocina.
—Oh, no, ya me asusté con tan solo escucharla —murmuro estremeciéndose—. Voy a colgar, te mando un beso. —añadió con una pequeña sonrisa.
—Bien, hablaremos más tarde —asintió Edward mordiéndose la lengua intentando controlar la suavidad de su voz para que su madre no sospechara.
—¡Oh, mi querido Edward! —chilló Esme acercándose a él con emoción—. ¿Con quién hablabas tan dulcemente? ¿Con Lauren?
—No —negó rápidamente, frunciendo el ceño.
—Has estado con Lauren, ¿cierto? —preguntó borrando la sonrisa de su rostro.
—Eh, no —negó lentamente, mirando de reojo a Stefan—. No estuve con ella, cambié de opinión y no fui.
—¡Cambio de opinión! —repitió Stefan entre sonoras carcajadas, ganándose una mirada de recriminación por parte de Esme.
—No pienso hablar contigo, Stefan —bufó, rodando los ojos.
—¿Debería irme? —preguntó mirando a Edward.
—No, Stefan, puedes quedarte —murmuró con amabilidad, haciendo que Stefan sonriera.
—Edward, querido —interrumpió Esme controlando sus nervios—. ¿Qué quieres decir con que cambiaste de opinión? ¿Cómo es que has cambiado de opinión? Lauren-se-va-a-casar. ¿Debería casarse y marcharse? ¿Lauren se va?
Edward frunció los labios con desinterés y se encogió de hombros.
—Lauren puede hacer lo que quiera, mamá.
—Edward... Edward, ella dijo que renunciaría a todo por ti —le recordó—. Dijo que sacrificaría todo. ¿Puedes dejar tu orgullo y dar un paso hacia ella, Edward?
—Ahora es un poco tarde —negó suspirando—. Necesito tomar una ducha. Por lo tanto, hablaremos de esto más tarde.
A Stefan le brillaron los ojos de pura emoción, sabiendo plenamente que Edward estaba rebosando de felicidad, y no era precisamente por haber dejado ir al amor de su vida, y dentro de poco sabrían la respuesta, estaba muy seguro.
—Es bueno que esa florista se haya ido a Italia —bufo Esme con molestia, después de que Edward entró a su casa.
—Pero Italia ya no está tan lejos —se burló Stefan—. El mundo se ha encogido. Y con un avión privado, el mundo se encogerá aún más.
—¡Y yo te encogeré a ti, Stefan! —gruñó Esme enfadada.
X – X – X
Bella finalmente se sentó a cenar junto a sus amigas y su tía, conversaron y rieron por un rato, hasta que su celular vibró con un mensaje y su corazón aleteó con entusiasmo.
"Bueno, Bella... ¿Cómo nos vamos a ver? -E"
Se mordió el labio inferior meditando por un segundo, antes de escribir rápidamente
"Voy a encontrar una manera, lo arreglaré -B"
Su tía la miró de reojo, tensándose mientras la veía absorta mirando el pequeño aparato entre sus manos.
—Bella, ¿podrías dejar el celular a un lado?
Levantó la mirada boquiabierta, bloqueando su celular sin pensarlo.
—Lo siento, estaba mirando algo —se disculpó.
—Si es importante, por supuesto que puedes mirarlo —asintió Maggie con una pequeña sonrisa.
—¿De que hablábamos? —preguntó Bella con una sonrisa nerviosa, dejando el celular a un lado.
—¿Con quien hablabas? —exigió Leah con una ceja levantada.
Bella se sintió como un pequeño ciervo siendo alumbrado por varios faros, tragó con dificultad, antes de soltar lo primero que se le vino a la mente.
—Jake.
Las risas en la mesa no se hicieron esperar, Rosalie escupió un poco de jugo sin querer, limpiándose rápidamente mientras que la carcajada escandalosa de Angela era capaz de escucharse a cinco kilómetros a la redonda.
—¡Oh, señor, dame paciencia! —exclamó Maggie con los ojos abiertos con horror.
—¿Qué significa esto? ¿De dónde ha salido este Jake sin cerebro? —inquirió Ange al darse cuenta que Bella no se reía—. Cariño, ¿este no es el tipo que te ha dejado y se ha ido por ahí con una italiana?
—Se separaron —espetó Bella con toda la seriedad que pudo reunir—. ¡Y no es porque me interese! —añadió rápidamente—. ¿Por qué debería interesarme, además? Es solo que voy a ir a Italia, y quería que me hiciera compañía y me mostrara algunos lugares —mintió con facilidad.
—¡Oh, dios mío! —negó Maggie con una risa de incredulidad—. Bella, mi amor, ¿estás loca? Si quieres conocer Italia... no sé, contrata un guía turístico. ¿Por qué Jake? ¿Para qué?
—¿Podemos cenar ya? —interrumpió Rosalie.
—¡Oh, no puede ser! —gimió Ange mirando enfadada su plato de comida—. ¡Por estar al pendiente de tu vida he olvidado cuando he comido! ¿Cuántos bocados llevo?
—¿Cómo debería saberlo? —bufó Leah, frunciendo el ceño.
El celular de Maggie empezó a sonar y suspiró con pesar, mientras atendía la llamada. Bella le miró con curiosidad por un momento.
—Oh, no puede ser —bufó Maggie, dejando su celular a un lado—. Alguien tiene el corazón roto y necesitan un ramo de flores con urgencia. ¿Qué puedo hacer? Lo enviaré por mensajería.
Bella levantó el rostro rápidamente, mirándola con los ojos abiertos de par en par.
—Yo lo llevaré —sugirió sin dudarlo.
—¿En serio?
—No dejemos que nadie más tenga el corazón roto. Se lo llevaré. —asintió riendo quedamente, antes de empezar a levantarse de la silla con una sonrisa brillante—. Entonces... me voy a dar una ducha, iré a preparar el ramo y me lo llevaré.
—Bueno, gracias —asintió Maggie mirándole detenidamente.
—No me miren así —susurró Bella a sus amigas, antes de darse la vuelta y correr a su habitación con una enorme sonrisa, ahora tenía el plan perfecto para poder verlo.
Edward suspiró por tercera vez, recargado contra su coche, y volvió a observar el reloj en su muñeca.
—Vamos, Bella —murmuró, cruzándose de brazos.
Habían acordado verse en un punto fijo, y hacia más de 30 minutos que le estaba esperando.
—Vamos, Bella —repitió volviendo a mirar la hora con impaciencia.
Y como si ella hubiese escuchado su impaciencia, la vio bajar las largas escaleras con una sonrisa de oreja a oreja, su pequeña falda brincando con cada escalón que saltaba.
—Vamos —le animó Edward igualando su sonrisa, mientras tomaba su mano con cariño, acercándola para darle un pequeño beso en su sonrojada mejilla.
—¡He salvado la vida de un hombre! —anunció Bella con orgullo.
—Ah —espetó, levantando las cejas con curiosidad.
—Hoy era su aniversario de bodas y el hombre lo había olvidado —explicó, mientras Edward asentía en reconocimiento, mirándola fijamente sin pestañear, ella sonrió con incredulidad—. ¡Olvidó comprarle flores! ¿Puedes creerlo? ¡Y la mujer rompió todo lo que había en la casa!
—¡Ja! —espetó Edward riéndose quedamente, recordando perfectamente a alguien a quien le fascinaba romper cosas.
—Tampoco le ha escrito una nota —bufó Bella frunciendo el ceño—. ¿De verdad hay hombres que no saben escribirle notas de amor a su amada mujer?
Edward frunció los labios, negando lentamente.
—Ciertamente, actuó muy mal.
Bella entrecerró ligeramente los labios, intentando no sonreír demasiado, pero entonces él empezó a reír y ella lo miró con curiosidad y fascinación.
—¿Qué?
—Dijiste que ella rompió todo... ella me recordó a alguien —explicó Edward, conteniendo una sonrisa.
—Oh, ¿en serio? —espetó Bella fingiendo estar ofendida, acercando su rostro con los ojos entrecerrados y las manos en la cadera—. ¿Te estás quejando de mí?
Edward le miró por un segundo, antes de soltar una carcajada y mirar al cielo, mordiéndose el labio inferior con diversión.
—¿Crees siquiera que tengo esa posibilidad, Bella? —ella sonrió, acentuando los hoyuelos en sus mejillas y sus ojos brillantes, mientras negaba en respuesta—. ¿En serio?
Edward hizo ademan de subirse al coche, pero ella lo detuvo.
—Olvídalo, vamos a dar un paseo —sugirió bastante animada, mientras deslizaba su mano por su brazo, acariciándole sutilmente—. El clima está muy bueno.
Edward suspiró, y se encogió de hombros, colocándole seguro a su coche.
—Bien, entonces demos un paseo —aceptó, entrelazando sus dedos.
Caminaron cuadras arriba, la noche era tranquila, así como las calles, y su piel se sentía cálida entrelazada con la de ella.
—Es la primera vez que tú y yo caminamos por la calle así —señaló Bella con una sonrisa, y Edward estuvo de acuerdo, una de las tantas primeras veces que estaba teniendo con ella, porque por supuesto, Edward Cullen nunca había hecho algo tan común con alguna otra chica. Y ahora sabía lo bien que se sentía, porque era ella.
—Oh, es tan hermoso aquí —suspiró Bella, deteniéndose y mirando hacia una enorme mansión.
—Palacio Adile Sultán —asintió Edward—. Es muy hermoso, fue construido en el siglo XIX, por el arquitecto del palacio Dolmabahce.
Ella se giró sorprendida, mirándole con los ojos entrecerrados y una sonrisa tirando de sus labios.
—¿Así que sabes de todo eso, Edward Cullen?
—Sí, bueno, me encanta conocer los detalles de todo lo que creo que es importante —se encogió de hombros, mirándola fijamente.
—Yo no conozco lo detalles, ¿me lo podrías contar? —pidió.
Edward le regaló una pequeña sonrisa torcida, antes de suspirar y asentir.
—Por supuesto que sí. La madre de Abdülmecit construyó aquí un hermoso jardín botánico —empezó, señalando hacia el palacio—. Trajo plantas de diferentes partes del mundo.
—¿De verdad? —preguntó absorta en la historia. Y en el narrador.
—Mmhm, luego, este palacio fue presentado a Adile por el sultán. Y ella era una mujer muy original —señaló—. Perdió a sus padres cuando era niña, así que toda su vida se dedicó a la educación de niños huérfanos. Y al mismo tiempo, fue una testigo muy importante en las reuniones.
Los labios de Bella se estiraron en una pequeña sonrisa, mientras bajaba la mirada.
—Esta es una mujer de admirar —murmuró.
—Sí, y mira esta impresionante arquitectura —indicó Edward, extendiendo su mano—, mira esos detalles.
Bella se encontró distrayéndose rápidamente, mirando su mano extendida con curiosidad, sin apartar la vista del anillo colocado en su dedo anular, extendió su mano rápidamente hacia él, acariciando sus dedos con suavidad.
—No te quitaste el anillo —susurró.
Edward apretó los dientes, mirándola por un segundo, antes de volver a fijarse en el palacio.
—No, no lo hice —negó—. ¿Me estás escuchando?
—Sí —asintió Bella, sintiendo su timidez, sin embargo, no pudo soltar su mano ni mucho menos dejar de observarla.
—Bueno, ¿has visto la película Hababam Sinifi, Clase Escandalosa? —preguntó, cambiando de tema.
—¿Hay alguien que no la haya visto? —replicó Bella.
—Tienes razón —asintió sonriendo, antes de que siguieran caminando.
—¿Has venido a este café antes? —preguntó Bella, señalando hacia el local por donde iban pasando, ahora acercándose a una zona más comercial y transitada por coches y personas.
—No.
—Es un lugar muy lindo —suspiró, mirando hacia el interior.
—¿En serio? —susurró Edward, antes de escucharla jadear con emoción—. ¿Qué?
—¡Mira, hay una mesa libre! —chilló.
—¿Y?
—¡Edward, aquí nunca hay mesas disponibles! —explicó conmocionada.
—¿Nunca?
—Nunca, y también hacen un excelente café —añadió, sonriendo ampliamente, antes de hacer un pequeño puchero y mirarlo con sus largas pestañas aleteando—. Edward, por favor, ¿podemos entrar?
Él la miró por menos de un segundo, antes de saber que aceptaría cualquier cosa que ella le propusiese.
—Ya que dices que es tan bueno, entonces sentémonos —aceptó.
Bella tiró de su brazo con una enorme sonrisa, antes de detenerse abruptamente.
—No, mejor no. He cambiado de opinión —negó, frunciendo los labios, y Edward la miró sin entender su cambio abrupto—. Alguien nos puede ver, nos tomará una foto y entonces lo verá mi tía... así que mejor no.
—Bella, eso no va a suceder —bufó, frunciendo el ceño—. Nadie me verá, nadie me va a sacar una foto... así que vamos. Bebamos algo sabroso.
—¿Entonces nos vamos a sentar? —inquirió emocionada.
—Por supuesto, vamos —asintió, tirando de ella suavemente.
—Entonces tenemos mucha suerte, porque la próxima vez que vengamos no habrá espacio disponible —susurró Bella sonriendo.
—¿Eso es lo que piensas?
—Sí.
—Ya veremos.
Entraron de la mano, antes de que la soltara, colocándola con suavidad en la espalda de baja de Bella para después ayudarla a sentarse.
—De nuevo, eres como un caballero —elogió Bella sonrojada.
Edward sonrió suavemente, sentándose frente a ella.
—Entonces, ¿qué vamos a tomar? —preguntó, inclinándose hacia adelante, como si no soportara la distancia entre ambos o como si ella fuese un imán y no hacía nada más que atraerlo.
—Te dije que este café es muy sabroso —le recordó con una sonrisa radiante.
—Bueno —asintió, llamando al joven mesero—. Por favor, nos podría traer dos tazas de café turco.
—El café se prepara sobre un fuego de leña —explicó Bella entusiasmada—. Salen muy calientes, así que bebe con cuidado, no vayas a quemar tus labios —añadió con suavidad.
—¿Qué tan calientes están? —replicó Edward con voz ronca y una ceja levantada.
—Mucho —susurró.
—Bueno, ¿qué tanto es mucho? —insistió acercándose más.
—Tanto que te quemas los labios —repitió, atrapada en la cercanía de sus hermosos ojos verdes.
—Entonces no dejes que se quemen los tuyos —murmuró extendiendo una mano para acariciar con delicadeza sus mejillas y rozar suavemente sus labios.
Bella se rió, agachando la mirada y provocando que su sonrojo se extendiera por todo su cuello.
—¿Qué pasó? —preguntó Edward fascinado.
—Me puedo quemar —susurró, recostando la mejilla sobre sus manos.
—¿Te puedes quemar? —repitió sonriendo, sin dejar de acariciarle el rostro—. Pero si te quemas, te van a arder los labios... y si te arden los labios, entonces no podremos besarnos.
Bella soltó una carcajada sin querer, antes de taparse el rostro por un momento.
—¿Qué pasa? —susurró Edward.
—¡Estoy avergonzada! —admitió, se sentía un poco tonta porque no era la primera vez que coqueteaba, y seguro que virgen no era, pero todo con Edward se sentía tan nuevo y sus experiencias con él siempre las sentía al máximo.
Edward sonrió, quitándole la mano del rostro, le encantaba observarla sonrojarse y nunca se cansaría de mirarla.
Mientras tanto, al otro lado de la calle, Emmett sonreía animado.
—Qué bueno que vine contigo, había olvidado comprar los gemelos —comentó Emmett sonriendo, Lauren forzó una sonrisa en respuesta y asintió—. Dame tus bolsas, camina con calma, yo las llevo.
Después de que Edward la dejase plantada, horas atrás, había terminado llorando en el interior de su coche, rechazando todas las llamadas de Emmett, estaba más que dispuesta a terminar todo con él, pero nuevamente... Edward se había acobardado, así que fue con Alice y le contó todo, sus esperanzas no habían muerto, no después de la confesión que Bella le había hecho.
Sin embargo, había entrado en razón nuevamente, Emmett siempre estaba ahí con ella... Emmett nunca la había dejado plantada, y era lo más seguro que tenía en la vida, así que después de una pequeña discusión, habían arreglado las cosas nuevamente, y los planes de boda simplemente seguían.
—¿Qué te pasa? —le preguntó cuándo la notó tensa.
Lauren suspiró, y negó con una sonrisa, sonrisa que murió en sus labios tan pronto observó a la pareja risueña y cariñosa que estaba sentada en la cafetería cruzando la calle, detrás de Emmett.
—¿Te sientes mal? —insistió, preocupado.
—No es nada —susurró, mirando hacia otro lado con rapidez—. Dicen que antes de la boda sufrimos una explosión de emociones, debe ser eso.
Emmett sonrió con cariño, y al atrajo hacia un abrazo, pero ella se quedó inmóvil en sus brazos, mientras observaba a un Edward que jamás creyó mirar alguna vez... mirando con adoración a la mujer frente a él, acariciándole con suavidad y haciendo demostraciones en público, incluso en la distancia era capaz de ver la sonrisa y el brillo en sus ojos.
Lauren tragó con fuerza, y apretó sus brazos alrededor de Emmett, incapaz de seguir observando, tiró de él, y se alejaron de aquella escena que simplemente se negaba a aceptar.
—Bueno, el café ha sido sin duda toda una revelación —asintió Edward satisfecho, apretó con suavidad la mano de Bella y continuaron caminando hacia el coche.
—Te lo dije.
—¿Pero sabes que fue lo mejor de todo?
—¿El pastelito que hemos comido al final?
—Ah, ¿hablas de ese que me obligaste a probar? —inquirió con una ceja levantada.
—Te encantó, admítelo —Bella le sacó la lengua, provocando que se riera jovialmente.
—No estaba mal, aunque eso ha sido la cantidad suficiente de glucosa para toda la semana —se estremeció.
—Entonces... Si no es eso, ¿qué fue lo mejor? —preguntó con curiosidad.
—Bueno... no te has quemado los labios —señaló con una sonrisa traviesa, mientras una de sus manos serpenteaba hacia su cintura y la otra se colocaba sobre la capota, atrapándola entre él y su coche.
Bella sonrió con burla, sin embargo, se estremeció ligeramente con emoción.
—No podría saberlo.
—Hay una manera —murmuró, acercando su rostro peligrosamente al de ella, sus respiraciones se mezclaban y Bella tragó con fuerza, cerró los ojos lentamente y Edward sonrió con triunfo—. Sin embargo... No me has dicho qué sientes por mí.
—Oh, no —gimió Bella, empujándolo con suavidad—. Ni siquiera ha pasado un día.
—Me estás volviendo loco —admitió.
—Y quedarás más loco si no me llevas ahora a casa, mi tía va a sospechar.
Edward apretó los dientes, y asintió, dándole un pequeño beso en su frente, inhalando su dulce aroma.
—Vamos, entonces, Dios no quiera que tengamos que sufrir la ira de tu tía —masculló, abriéndole la puerta.
Después de acercar a Bella a su casa, y dejarla sonrojada y con un brillo juguetón en sus ojos, se alejó manejando pensativo. Si bien el contrato empezó con un propósito distinto al que Bella había entendido en un principio, jamás esperó que alguien resultara lastimado... le atormentaba un poco saber que Lauren tenía ideas equivocadas, pero al menos planeaba solucionarlo pronto.
Tomó su celular tan pronto estuvo en la seguridad de su propia casa, y marcó su número.
—¿Hola?
El tono frío de Lauren le dio un claro inicio de que esto no iba a tomar el rumbo esperado.
—¿Podemos discutir sobre lo que ha pasado?
—No hay nada de qué hablar, Edward. Me caso en dos días. He tomado una decisión. Y estoy muy cansada, de verdad no quiero hablar.
—Como quieras —asintió, terminando la llamada.
Suspiró, y sacudió ligeramente la cabeza, antes de sonreír con anhelo, recordando lo mal que había empezado su día y sorprendido de cómo estaba finalizando.
Tomó su guitarra y empezó a tocar, cerrando los ojos y disfrutando el momento, la inspiración llegó sola y con un nombre: Bella Swan.
X – X – X
Bella por sí sola era una persona bastante alegre y entusiasta, pero desde ayer lo era el triple, por decir lo menos.
Despertó tan pronto los primero rayos de sol alumbraron por la ventana, trastabilló hacia la ducha y cantó tantas melodías alegres como pudo, se vistió con una falda bonita, y un top que dejaba despejado todo su abdomen, pero decidió cubrirlo con una camisa verde menta, dejando los primeros 5 botones abiertos, mostrando el top.
Se colocó un poco de maquillaje, y le sonrió al espejo, antes de amarrarse el cabello en un moño alto y colocarse unas gafas sobre la cabeza como accesorio.
—¡Tía! —canturreó entrando a la cocina—. ¡Buenos días!
—¡Buenos días, cariño!
—¡Oh! ¿Estás haciendo buñuelos? —jadeó mirando hipnotizada la estufa.
—Sí.
—Pero no puedo quedarme a desayunar —se quejó con un puchero—. Tengo que salir.
—Oh, ¿vas a ir a la floristería?
—No —negó mirando con añoranza los buñuelos, hasta que sintió la mirada de sospecha de su tía y sacudió la cabeza rápidamente—. No, quiero decir, sí, iré a la floristería.
—¿Mmhm?
—Pero aún no estoy lista.
—Definitivamente te ves lista —susurró Maggie entre dientes, antes de sonreír—. Bueno, si no tienes prisa... ¿Puedes ayudarme a cocinar?
—Bueno, la verdad es que tengo prisa... —murmuró mirando hacia la puerta.
—Por favor, vamos. —suplicó—. Mira, lo único que tienes que hacer es batir lentamente la mezcla —le dijo con voz suave y lenta—. Eso es así, así... y ahora, bates con mucho cuidado. Lento... lento... muy lento.
—¿Lento? —replicó Bella, haciendo lo que le decía su tía.
—Sí, lento, justamente así... muy bien —susurró, Maggie sabía muy bien lo que estaba haciendo, le había funcionado muchas veces, lo único que hacía era atrapar a las chicas en la cocina y básicamente las hipnotizaba con los alimentos y su voz suave. Supo el momento exacto en el que Bella había caído—. Entonces dime... ¿Vas a ir a pasear en barco?
—No —negó Bella, con la mirada perdida en la mezcla.
—Entonces, ¿a dónde vas?
—Quisiera decirte, pero no puedo —susurró después de un momento, sin dejar de batir con suavidad.
—Puedes decírmelo, cariño. Puedes contarme cualquier cosa.
—Bueno, la verdad es que sí. Te lo puedo decir...
—Por supuesto
—¡¿Por qué tardan tanto?! —gritó Ange entrando a la cocina, haciendo que Bella saltara en su lugar, parpadeando desorientada—. ¡Estoy sentada en la mesa esperando!
—Te dije que tenía prisa, tía —reprochó Bella dándose cuenta de lo que había ocurrido—. ¡Gracias, Ange!
—Sí, bueno... —murmuró Maggie apretando los labios.
—¡Nos vemos luego! ¡Me voy! —gritó Bella, saliendo de la cocina sin mirarla.
La mañana de Edward, por otro lado, había comenzado igual de bien. Ahora se encontraba en la cocina tarareando una canción mientras cortaba vegetales, y preparaba distintos platillos. La noche anterior invitó a Bella a desayunar en su casa, y no podía esperar a que ella llegara.
—¡Buenos días! —gritó Stefan acercándose a él—. Justamente vengo a prepararle su desayuno, pero por lo visto ya no será necesario.
Edward interrumpió lo que estaba haciendo, y sonrió, apretando los labios con fuerza.
—Verás, Stefan... solía ser bueno, ¿sabes? Cuando tu y mi madre me avisaban primero y luego venían. —comentó mirándolo fijamente—. ¿Qué ha pasado ahora?
—Sí, solía ser genial. —asintió—. Le diré a la Sra. Esme que programe una cita con usted ahora.
—Eso sería increíble —sonrió, antes de continuar cortando el tomate.
—¿Todo este desayuno para una sola persona? —inquirió Stefan, levantando el rostro como tortuga intentando ver qué más había detrás de la encimera en la cocina—. Parece demasiado.
Edward apretó los dientes, cuando levantó la mirada.
—Qué bien, mi mamá también viene —masculló, fingiendo entusiasmo.
—¡Oh, Edward, buenos días, querido! ¿Qué estamos celebrando hoy? —preguntó sonriendo de oreja a oreja.
—Por el momento, nada —negó Stefan levantando una ceja—. Pero el Sr. Edward dijo que a partir de ahora tenemos que sacar cita para venir a visitarlo.
—Ah —espetó Esme borrando su sonrisa—. ¿En serio?
Edward tomó un sorbo de su café, y asintió.
—¡Bueno, él tiene razón! —aceptó Esme, mirando con recriminación a su asistente—. ¡Siempre estás aquí, Stefan! —Él le miró ofendido, antes que Esme lo ignorara, dirigiéndose a su hijo nuevamente—. Bueno, quería contarte lo que la tía de Belda me dijo la última vez que vino...
—Te escucho —asintió Edward con resignación, era mejor apresurar todo para que su madre no estuviera presente cuando Bella llegara, no es que a él le importase, pero a ella sin duda sí.
—Se enteró del contrato —exclamó Esme rodando los ojos—. ¡Y ella vino a reclamarme a mí propia casa! ¡Es simplemente increíble!
Edward se quedó en blanco cuando vio a Bella acercándose a su casa, ella observó alterada a Esme y dio vueltas desesperada, buscando donde esconderse.
—Es bueno que esas chicas no hayan venido con ella. ¿Cuáles son sus nombres? —continuo Esme, ajena a la mirada perdida de Edward. Finalmente, Bella se paró detrás de un árbol, y miró hacia ellos con los ojos entrecerrados, encontrándose con la mirada de complicidad que tenía Stefan—. Ah, sí. Leah y Ange, ¿hay alguien normal en esa familia?
Bella entrecerró los ojos hacia Esme.
—¿Cómo pueden venir así sin avisar? —preguntó Esme enfadada, mientras Edward le suplicaba a Bella con la mirada—. Eso es muy feo, pero como sea... lo bueno es que esa niña de las flores ha desaparecido de nuestras vidas. Ahora podemos volver a la normalidad, mi querido Edward.
Bella levantó las cejas, y asintió, cruzando de brazos. Edward empezó a reír con nerviosismo, mirando a su madre con ganas de que su parloteo terminara lo antes posible.
—¡Mira, estás sonriendo! —jadeó Esme emocionada—. ¡Estoy tan feliz por ti! Pero mira... ¿Cuánta comida has preparado? ¡De verdad tienes hambre! Te lo juro que desde que ella apareció en nuestras vidas no había podido comer. Comamos un poco de esto...
Bella apretó con fuerza los labios, y le hizo señas a Edward anunciando que se iba, pero este le miró desesperado.
—¡Espera, espera, espera! —gritó Edward, asustando a Esme quien le miró expectante con el bocado cerca de su boca—. Espera... mamá, espera, es que ya has comido muchas almendras —explicó, carraspeando con una sonrisa nerviosa—. Creo que es mejor que comas aceitunas, no puedes comer demasiado de uno.
—Dieta balanceada —apoyó Stefan, mirando de reojo a Bella.
—Oh, bueno, es verdad —aceptó Esme, ajena a todo lo demás.
—Bueno, mamá... no puedes venir siempre que te apetezca —recordó Edward con paciencia—. Por ejemplo, la Sra. Maggie, ¿eso no te gustó cierto? Esta es mi casa, por eso me alegraría mucho que me avisaras antes de venir.
—Ah, ¿entonces así será ahora, Edward? Quiero decir, esta chica se fue... ¿Y ahora volvemos a la vieja rutina?
Bella sonrió divertida, escuchando y mirando el intercambio de palabras.
—Sabes que para mí es importante vivir más cerca de ti. Y eso es genial... que podamos… vernos más a menudo —divagó, intentando no herir sus sentimientos—. Pero este es mi espacio, mis limites. Así que bueno... mis límites. —repitió encogiéndose de hombros.
—Claro —asintió Esme, evidentemente ofendida—. He escuchado tantas veces esto antes, así que ya entendí, no te preocupes. Bueno, me voy.
—De acuerdo.
Stefan se colocó rápidamente, de manera que Esme no pudiese ver por accidente a la pequeña chica escondida a un par de metros de ella.
—¡Adiós! —se despidió, llevándose rápidamente a Esme.
Edward suspiró, y miró a Bella acercarse con una enorme sonrisa.
—¿Dónde has estado? —le preguntó.
—¿No es muy estúpido escondernos así? —replicó Bella parándose frente a él, únicamente con la encimera separándoles.
—No, creo que incluso es mejor —aceptó Edward.
—Bueno, pero creo que tu madre va a pesar toda su vida que soy tu novia falsa —se burló, entornando los ojos.
—Toda la vida, ¿eh? —repitió Edward con una sonrisa un poco arrogante.
—Estaba bromeando —susurró Bella, levantando una ceja—. ¿O es que quieres que sea en serio?
—Toda la vida —replicó con suficiencia.
—¡Qué bien has preparado todo! —halagó Bella mirando la comida frente a ella, tomando un plato—. Vamos, te ayudaré a llevar las cosas.
—Ven, vayamos adentro antes de que mi mamá cambie de opinión y decida aparecer otra vez —susurró tomando varios platos en una bandeja.
—¡El desayuno realmente se ve genial! —jadeó Bella cuando observó lo que Edward había preparado en el interior de la casa, sobre la mesa de la sala de estar había flores, jugos y más comida incluido postres—. ¡Gracias!
—Es un placer.
—Ni siquiera supe como escapé de casa —le dijo Bella riendo, colocando su pequeña bolsa a un lado—, mi tía trató de hipnotizarme mientras le ayudaba a hacer buñuelos, apenas y pude escapar.
—Para ser honestos me da miedo preguntar qué significa eso. —admitió Edward sentándose junto a ella.
—Creo que deberías tener miedo —asintió, sirviéndose un poco de jugo—. ¿Sabes lo que hace?
—¿Qué?
—Pone la mezcla frente a ti —explicó—, y cambia el tono de voz, entonces tu empiezas a batir la mezcla y ella comienza a hacerte preguntas... y tu simplemente respondes, ella puede averiguarlo todo.
Edward rio divertido, más precisamente por la emoción que ella le ponía a la anécdota que por la historia en sí.
—Oh, ¿en serio? —susurró, mirándola fijamente, y Bella asintió, sintiéndose tímida de pronto—. Vuelvo en seguida, se me olvidó una cosa.
Bella sonrió mientras lo veía salir y observó encantada todo lo que había sobre la mesa, le tomó una foto rápida con su celular antes de guardarlo y apretó las manos con emoción contra su regazo. A veces, le costaba creer que todo esto estaba realmente sucediendo.
Cuando él regresó se sentaron a desayunar, tuvieron pequeñas conversaciones y Edward descubrió que a Bella no le gustaban las orillas del pan y la observó con curiosidad mientras ella se las quitaba. Le encantaba y fascinaba reconocer esos pequeños detalles que la hacían ser única.
Cuando terminaron, ella se sentó en el piso alfombrado y Edward se reclinó en el sillón sobre su codo, acercándose un poco más a ella sin dejar de verla.
—¿Qué pasa? —le preguntó, notándola cohibida.
Bella bajó la cabeza, y se encogió de hombros, jugueteando con el borde de su falda.
—Ni siquiera yo lo sé —admitió, antes de mirarlo y sonreír—, hemos estado juntos durante tanto tiempo y estamos juntos, pero... ahora no sé cómo comportarme o qué decir, me siento rara—añadió.
—Ah, Vaya... vaya —asintió Edward sonriendo, acercándose más a ella—. ¿O eres un poco timida conmigo? —sugirió en voz baja.
Bella se giró hacia él, quedando con su rostro a escasos centímetros.
—Puede ser —susurró.
—¿Puede ser? —repitió frunciendo los labios y asintiendo—. Entonces debemos encontrarle una solución urgente a esto.
—Oh, ¿en serio? —preguntó, alternando entre mirar sus ojos y su boca—. ¿Y cuál es la solución?
—Bueno... puedes compartir tus verdaderos sentimientos conmigo —sugirió, deslizando su nariz con suavidad por su mejilla.
—¿Mmhm? —Bella alejó su rostro de él y lo miró con sospecha—. ¿Estás tratando de hacerme hablar?
—No, solamente... —volvió a acercarse a ella, murmurando contra sus labios y avanzando hacia arriba—. No soy tu tipo, lo dijiste abiertamente. —dejó un pequeño beso sobre su sonrojada mejilla—. Y si hablamos de carácter, tampoco es tu estilo. Pero... no puedes vivir sin mí.
Bella se rio con suavidad, apenas un pequeño aleteo y movió su rostro rozando sus narices en un delicado beso esquimal.
—Vaya, vaya —susurró, mordiéndose el labio inferior—. ¿De dónde sacaste eso?
—Bueno, como te dije, dado que no hemos podido hablar mucho... creo que puedes resumir todo en una sola frase —murmuró dejando pequeños besos por su rostro.
—¿En cual frase? —preguntó Bella levantando una ceja.
Pero Edward se había distraído considerablemente, así que deslizó una mano con cuidado detrás de su cuello y unió sus labios, atrapando su regordete labio inferior y lo saboreó brevemente antes de que Bella despertara de su bruma y le devolviera el beso con entusiasmo, Edward bajó su otra mano hacia su cintura levantándola suavemente, acercando más sus cuerpos.
Bella respiró su aliento en sus labios, descubriendo un delicioso sabor a menta y jadeó con suavidad, acariciándole el cabello de su nuca, antes de que el beso pudiera intensificarse más Edward chasqueó con exasperación alejándose de ella.
Observó su reloj de muñeca mientras Bella lo miraba sonrojada con los labios hinchados y un brillo travieso en los ojos.
—¿Qué pasó? —susurró Bella. Edward suspiró y se disculpó, haciendo una pequeña mueca—. Ah, llegas tarde al trabajo —adivinó encogiéndose de hombros—. Anda, no te preocupes.
—Tú también vendrás —afirmó.
—No iré, no insistas —negó rápidamente.
—Mira, no importa lo que los demás piensen —bufó Edward, dándole un pequeño beso—Vas a ir y continuarás trabajando con la Sra. Cope.
—¿Ah sí?
—Sí.
Bella sonrió, negó lentamente.
—Supongo que debo ir a la oficina, entonces.
—Sí —asintió.
—Me pregunto quién no puede vivir sin quién —inquirió Bella con suavidad.
Edward se rio nuevamente, y rozó suavemente su nariz contra la de ella, antes de tomarla de la mano ayudándola a levantarse.
—Vamos —le animó.
Bella sonrió todo el camino a la oficina, aunque estaba nerviosa, la mano de Edward sobre su pierna le tranquilizaba.
—Por cierto —le dijo Edward con una sonrisa torcida—, sean cuales sean tus sentimientos por mí, tienes hasta esta noche para confesarlos.
—¡¿Mmhm?! ¿Y eso por qué? —preguntó Bella girándose hacia él.
—Bella, el juego que estás jugando... lo puedes jugar con otros, pero no con Edward Cullen.
Ella se rio divertida, y levantó una ceja.
—¿Y si no lo confieso?
—De alguna manera te haré confesar —advirtió, un brillo peligroso bailando en sus ojos—. Así que, por eso, creo que no debería entrar en juego que perderás.
—Oh, entonces te lo diré —asintió.
—Dímelo.
—¿Estás listo?
—Mucho —afirmó, apenas conteniendo su emoción.
—¿De verdad estás listo?
—¿Puedes decírmelo ya? —suspiró exasperado.
Bella miró a su alrededor con cautela, antes de inclinarse sobre el reposabrazos y acercar su rostro a el de él compartiendo sus respiraciones.
—Yo... —empezó juguetonamente, pasando un dedo con suavidad sobre su musculoso brazo subiendo por su cuello y acarició apenas como el roce de una pluma sus labios rosados, antes de alejar su mano abruptamente y dedicarle una sonrisa exageradamente dulce—. Te odio, Edward Cullen.
Edward empezó a reír con diversión e incredulidad, por supuesto que estaba esperando una respuesta parecida, negó suavemente mientras tomaba su saco y bajaban del coche.
—Eres una persona realmente encantadora —le dijo en voz baja, entregándole la llave de su coche al portero—, muy encantadora.
—¿Qué dices? —preguntó Bella con suavidad.
Edward sonrió, ajustándose el chaleco azul sobre su camisa blanca.
—Decía que nuestros sentimientos son mutuos.
Bella apretó los labios, conteniendo una sonrisa, y en su lugar, se acercó más a él y deslizó sus manos sobre su firme pecho mientras le ajustaba correctamente las solapas de su chaleco, suspirando para sus adentros ante lo bien que se veía, era una tentación andante con ese caro y ajustado traje azul.
Antes, en su casa, había, observando detenidamente como su pantalón se ajustaba deliciosamente a su redondeado trasero, por supuesto se sonrojó cuando él se giró, atrapándola en el acto totalmente descarado.
—¿Está todo listo? —preguntó Edward, cuando ella enderezó el cuello de su camisa blanca, antes de depositar un beso en su mejilla.
—Perfecto —asintió Bella, estaba a punto de hacer otro comentario, cuando su celular la interrumpió—. ¡Mi tía! —chilló con los ojos abiertos llenos de terror.
—Qué bien —comentó Edward sonriendo.
—¡Está haciendo una video llamada!
—Bueno —replicó sin entender su preocupación.
—Vete y quédate por allá, muy lejos —indicó desesperada—, y haz lo que sabes hacer, entra. Llamaré a mi tía cuando me calme. Vamos, entra.
—Puedo hablar yo si quieres —sugirió tranquilamente.
Bella se rio con ternura, y negó, empujándolo con suavidad.
—No, yo hablaré con ella. Vamos, entra.
—¿En serio? —preguntó, recorriéndola brevemente de arriba a abajo, la falda que ella había decidido usar el día de hoy lo tenía bastante risueño.
—Sí, no te preocupes, ahora voy yo.
—Está bien —aceptó finalmente.
Bella tomo tres respiraciones seguidas, antes de colocar una sonrisa tensa sobre sus labios y presionar el botón de llamada.
—¡Cariño! —saludó su tía con una enorme sonrisa.
—Hola —respondió.
—Vamos, dime, ¿en qué parte de Estambul estás? —preguntó animada.
—De hecho... tuve que venir a la oficina por un asunto —admitió con fingida tranquilidad.
—¿A la oficina de Edward Cullen? —espetó con seriedad.
—Sí —tragó con pesadez—, a Art Life.
—Bella —empezó Maggie con reproche—, no sé si lo sabes o no, pero hoy deberías haber despertado en Italia. ¿Por qué has ido allá? Ellos pueden arreglar las cosas sin ti, como antes.
—Tía, hablamos de esto ayer —le recordó con amabilidad—, te dije que hay un proyecto aquí que está a la mitad, será muy bueno para mí si lo termino, es una gran oportunidad. Por eso, por eso, estoy aquí.
—Entiendo —asintió su tía lentamente—. No tiene nada que ver con Edward Cullen, solo trabajo... solo profesionalmente.
—Solo profesionalismo —acordó con seguridad—. Créeme.
—Oh, Bella, de verdad te felicito cariño mío. La profesionalidad con la que trabajas, es un ejemplo a seguir —halagó con el rostro carente de expresiones.
—¿Tía? —titubeo Bella agitando su mano sobre la cámara—. Tía, no estás pestañeando, me estás asustando un poco.
Maggie la observó sin decir nada más, y Bella se despidió rápidamente antes de cortar la llamada sin más demora.
Otra historia completamente diferente sucedió dentro de Art Life, tan pronto los zapatos finos y caros de Edward tocaron con el interior de la oficina, sintió la mirada indiscreta de todos los empleados puestas en él.
Frunció el ceño, antes de caminar un poco incómodo hacia la oficina de Jasper, quien lo esperaba junto a una Alice bastante enfadada.
—¿Y? —preguntó Edward, intentando no mirar detrás de él hacia el equipo que fisgoneaba—. ¿Qué está pasando?
Un silencio incomodo fue su respuesta.
—¿Alice? ¿Qué pasa? —insistió con la mandíbula apretada.
—Edward, ¿no somos tus amigos? —replicó Alice cruzándose de brazos—. ¿No somos tus socios? ¿Por qué no nos habías hablado de esto?
—¿Acerca de qué? —espetó con voz plana.
—¿Cómo pudiste meter a tu novia ficticia a nuestra oficina? Estoy tratando de entender, de verdad —insistió con exasperación, Jasper se tensó ante sus salvajes palabras.
Edward la miró fijamente, antes de posar su mirada en el rubio, esperando una respuesta.
—¿Qué? —exclamó Jasper, ofendido—. Yo no dije nada... Fue Diego. Se enteró por las chicas, así que vino y le contó a toda la oficina.
Edward por poco sacaba humo por la nariz, giró su cabeza de golpe localizando a Diego en el escritorio fuera de la oficina, y este trató inútilmente de materializarse en la otra punta del país.
—Ahora todo el mundo lo sabe —concluyó Alice con furia.
—Lo siento, Edward, pero esto no es un secreto profesional —espetó Jasper.
—¿Diego? —espetó Edward en voz alta, caminando como un león enjaulado—. ¿Entonces Diego está hablando de mi vida personal? —le miró fijamente a través del cristal.
Diego giró lentamente su asiento, lo observó con miedo y forzó una sonrisa en sus labios, su interior tembló ante la mirada fría de Edward.
—Sabes muy bien que todo lo que esté conectado conmigo y con Bella, así como nuestra vida personal, debe seguir siendo personal —le recordó Edward a Jasper, girándose hacia ellos—. ¿No es así? —exclamó en voz alta para que lo escuchara Diego.
—Además —continuó Edward con severidad—, Bella seguirá trabajando en esta oficina.
—¿Qué? —exigió Alice boquiabierta.
—Al final, está haciendo bien su trabajo, ¿no es así? —preguntó, su voz no dejaba espacio para una respuesta—. Así que todo aquel que haga bien su trabajo, se puede quedar aquí.
—Por supuesto —aceptó Jasper rápidamente.
—¿Tienen alguna queja? —inquirió Edward con los dientes apretados.
—No, está bien, Edward —susurró Alice, sabiendo que no debía tirar más de los hilos tensos de su paciencia.
—Bien —asintió, saliendo de ahí y dirigiéndose a la sala de juntas, no sin antes lanzarle una mirada asesina a Diego, quien se encogió en su asiento nuevamente.
Por supuesto, no sería fácil los primeros días, y si había algo que detestaba Edward eran los cotilleos y más si eran acerca de su vida. Por suerte, la presencia de Bella lo arreglaba todo, estaba un poco molesto, por supuesto... pero era más la felicidad y dicha, que opacaba todo lo demás, incluso había sido bastante tolerante con Diego y su enorme bocaza.
Pero esto era apenas el comienzo.
Se abren las apuestas... ¿Se nos casa Lauren con Emmett o no?
Cha cha cha channnn!
Pero NEYSE, nuestra parejita que siga siendo feliz y tonteando jijiji
Nos vemos el martes con el adelanto.
www (punto) facebook (punto) com/groups/511389629898448/
görüşürüz!
Con cariño, Ame y Annie.
