Deuda…

Adolorida y exhausta, pero con una feliz sonrisa en su rostro, Wanda Maximoff atrajo su bebe recién nacido hacia ella. Viendo como este gimoteaba y se aferraba a su pecho con sus manitas.

Dos manos callosas tomaron al bebe, arrebatándoselo y alejándolo sin que ella pudiera hacer nada más que mirar con lágrimas bajando de su rostro al hombre de cabello castaño.

—P-peter, por f-favor. Déjame conservarlo, déjame tenerlo conmigo.—suplico con desespero la mujer de magia caótica.

—Mejor concéntrate en saldar tu deuda. Este es el tercer bebe que me das y aún faltan dos más, y no conservarás a ninguno—hablo fríamente el vigilante arácnido.

Con eso dicho, Peter salió llevándose al bebe de aquel frío y húmedo calabozo dejando atrás a Wanda quien lloraba desgarradoramente, mientras estaba atada con cadenas a aquella cama.