UNA PUERTA HACIA EL PASADO
CAPITULO 7: LA SORPRESA DE DUDLEY
-Ya llegó -dijo la Sra. Granger a su esposo, en cuanto los faros del auto de Hermione iluminaron el jardín.
-Ya era hora -contestó el Sr. Granger.
Los señores Granger también habían ido a la boda de Ron y Lavender, pero ellos volvieron a su casa apenas los novios se fueron.
Hermione entró a la sala de su casa, sus padres la aguardaban allí.
-Herm ¿estás bien? -preguntó su madre preocupada al verla.
Hermione asintió, pero aquello no tranquilizó en nada a sus padres. Era terrible el estado en el que la estaban viendo: los ojos rojos y hundidos, sus rizos se habían desvanecido, su rostro lleno de vida estaba demacrado, y toda ella, reflejaba una profunda tristeza.
-Estoy bien -dijo Hermione.
-Nadie lo diría -dijo su madre acercándose a ella, poniéndole la mano en la frente-. Tienes fiebre.
-Se me pasará, estaré bien -dijo Hermione, tratando de convencerlos- Sólo necesito ir a dormir y en unas horas estaré bien.
-Está bien, pero si no mejoras, llamaremos al médico -dijo su padre.
-Voy a estar bien -le aseguró Hermione, comenzando a subir las escaleras para ir a su habitación.
-Herm -dijo su madre deteniéndola y sosteniendo un paquete en sus manos-. Te llegó esto, es de Justin, a la mejor te levanta el ánimo.
-Gracias -contestó Hermione, aceptando el paquete
En cuanto Hermione entró a su habitación, echo a llorar desconsoladamente, arrodillándose en la alfombra. ¿Por qué no podía darle otra oportunidad a Harry? ¿Por qué si lo amaba tanto?
A la mañana siguiente, Hermione despertó cuando el sol le dio en la cara, seguramente era más de medio día. ¿Cuántas horas de la madrugada había pasado llorando?
El paquete que Justin le había mandado estaba tirado en el piso. Hermione lo recogió y lo abrió. Era una rosa
Justin le regalaba una rosa exactamente igual cada mes.
Con esa tendencia natural que tienen las mujeres al ver las rosas, Hermione la acercó a su nariz, aspirando su aroma, siempre tenían el mismo aroma, parecía que al aspirar el olor de aquella única rosa, Hermione estaba aspirando el olor de todo un jardín. No solo le llegaba el olor a rosa, sino a hortensias, margaritas, lilis, geranios, etc.
"Que olor tan extraño" -pensó Hermione, recordando el primer día en que Justin le había regalado una rosa. Aquel primer día, fue precisamente el día que Harry terminó con ella, imposible no recordarlo.
-Buenos días -saludó Hermione alegremente a su secretaria, en cuanto llegó a su despacho.
-Por lo visto son muy buenos -dijo la secretaria al ver la sonrisa que Hermione traía.
-Los mejores. Han aprobado los derechos de los hombres lobo, y eso quiere decir que yo ya no tengo nada que hacer aquí, ya puedo regresar a Londres.
-Con razón está tan contenta -contestó la secretaria-. Va a regresar a Londres para casarse con el Sr. Potter ¿no es verdad?
-Así es -dijo Hermione feliz-. Por fin después de un año puedo regresar a Londres. Muero por decírselo a Harry.
-¿Aún no lo sabe?
-No, hoy mismo se lo diré. Por cierto ¿no ha enviado carta?
-No, ni tampoco ha llegado su arreglo floral
Harry le enviaba un arreglo de flores diariamente
-Que raro -pensó Hermione
-Me parece que el Sr. Potter ya sabe que usted regresa a Londres y planea venir él mismo por usted, y así traer las flores.
Hermione sonrió, le agradaba la idea de ver a Harry, pero aquello no era seguro.
-Por favor -dijo Hermione-. Si llega alguna carta de Harry, me la haces llegar inmediatamente.
-Sí, señorita
"Vaya que me tiene mal acostumbrada", pensó Hermione al ver que eran las doce y ninguna carta había llegado.
-La carta que esperaba -dijo la secretaria, entrado en su despacho con una carta en las manos.
-Gracias -contestó Hermione feliz
-Aquí tiene -dijo la secretaria-. La dejo sola para que disfrute cada palabra
-De nuevo gracias
La secretaria salió. Hermione sostuvo la carta en sus manos dándole vueltas. Siempre que recibía una carta hacía lo mismo, mientras trataba de imaginar qué era lo que Harry había escrito. Finalmente, abrió la carta:
Querida Hermione:
Esta es la última carta que te escribo, con esta carta quiero dar por terminada nuestra relación.
Quizás te preguntes cuál es la razón y tienes todo el derecho de saberlo. La verdad he conocido a alguien más de quien estoy realmente enamorado. Por favor, no llores. Sé que puedes pensar que soy el peor patán del mundo, pero esta nueva chica me hace sentir diferente, con ella siento cosas nuevas, cosas que jamás sentiría contigo. La verdad, quiero darme una oportunidad con ella.
Hermione, yo a ti te quiero, pero tienes que entender que lo nuestro solo fue una confusión. Confundimos nuestra amistad por un amor que en realidad no sentimos. Lo que siento por esta nueva chica es un amor de verdad, un amor que tú no eres capaz de inspirarme.
Y si quieres otra razón, estoy cansado de esta relación a base de cartas, para ti, yo soy lo menos importante. Para ti, primero están los elfos domésticos, los hombres lobo, los gigantes y semigigantes, etcétera. Está nueva chica me hace sentir que soy lo más importante, como ahora ella es lo más importante en mi vida.
Lamento que las cosas sean así, pero ya no puedo hacer nada para cambiar mis sentimientos hacia ella.
Sólo me queda decirte que disfrute cada momento a tú lado. Lo único que te pido es que siempre me consideres tu amigo y que vuelvas a confiar en mí, como hasta ahora lo has hecho.
Sinceramente.
Harry Potter.
Hermione dejo correr las lágrimas por sus mejillas libremente, deseando encontrarse en una pesadilla. Se sentía culpable de que la relación con Harry hubiese terminado. Él le había dicho algo muy cierto: antepuso a las criaturas mágicas antes que él. Lo había dejado solo en Londres por más de un año. No era raro que ahora hubiese encontrado el cariño que necesitaba en alguien más. Era imposible pensar en la idea de reconquistarlo, ni aunque regresase esa misma tarde a Londres, además sentía que las fuerzas la habían abandonado y el dolor era tan grande que sentía que la iba a matar.
-¿Qué ocurre? -preguntó Justin al verla un par de horas después, su rostro reflejaba el más profundo dolor.
Hermione lo abrazó llorando, necesitaba un amigo en quien confiar, como le hubiera gustado que Ron estuviera allí, pero no lo estaba. Únicamente podía confiar en Justin.
-¿Qué pasa, Hermione? -preguntó Justin
-¡Harry! -dijo Hermione entre sollozos hundiendo la cabeza en el hombro del chico-. Harry ha terminado conmigo.
-¿Cómo? -preguntó Justin sorprendido
-Está enamorado de otra
-Eso no puede ser cierto. Él te adora, tú lo sabes
-No, no me quiere -sollozó Hermione-. Si me quisiera jamás hubiera terminado conmigo
-Tienes que hablar con él -dijo Justin-. Harry te ama y jamás terminaría contigo
-Lo hizo, esta mañana no hubo más flores, ni más cartas diciéndome que me quiere...
-Bueno, las flores se habrán perdido en el camino -interrumpió Justin
-No lo defiendas. Harry es un patán... ¡Un cobarde! -y cayó en una crisis de llanto.
Justin no sabía que hacer para calmar a Hermione, su dolor era algo tan grande que a él también le dolía. Tomó una de las rosas que el personal de intendencia colocaba todos los días en el florero de su escritorio, y se la obsequió a Hermione.
-Ojalá que esta rosa pueda calmar tu dolor -dijo Justin, entregándosela.
Hermione hizo un esfuerzo por dejar de llorar y aceptó la rosa, aspiró su aroma, una sola rosa oliendo a todo un jardín. Cerró los ojos, volviendo a aspirar aquel olor, únicamente queriendo olvidar su dolor.
-Huele muy extraño, pero delicioso -comentó Hermione-. Gracias.
Justin sonrió
-Tienes que hablar con Harry, mañana regresas a Londres, como lo tenías planeado y empiezas el plan "Reconquistando a Harry Potter"
-No regresaré a Londres -dijo Hermione. Me quedaré aquí, en Escocia.
-Herm, linda ¿Cómo sigues? -preguntó su mamá llamando a la puerta de su habitación.
Aquello hizo salir a Hermione de sus recuerdos. Limpió rápidamente las lágrimas que caían de su rostro y abrió la puerta de su recámara
-Mírate nada más, parece que lloraste toda la noche -dijo la Sra. Granger observándola
Hermione la abrazó, llorando.
-¿Qué ocurre? -preguntó su mamá, abrazando a su hija
-Anoche Harry me pidió que no me casará con Justin -dijo Hermione entre sollozos-. Me pidió que le diera otra oportunidad.
-No es la primera vez que lo hace ¿Por qué no lo intentan de nuevo?
-No puedo -lloró Hermione
-¿Por qué?
-Es como una balanza -explicó Hermione-. De un lado están todos los bellos momentos que he vivido con él, todos los sueños que aún podemos lograr juntos, todo el amor que le tengo.
-¿Y qué hay del otro lado de la balanza? -preguntó la Sra. Granger.
-Lo que más pesa -sollozó Hermione-. Del otro lado está el dolor tan grande que él me causó cuando terminó conmigo, están todas las lágrimas que he derramado por él, está todo mi sufrimiento.
-Me preocupas -dijo la Sra. Granger-. Cuando se ama realmente siempre ganan los bellos momentos, aquellos momentos que dejan huella, aquellas cosas que con sólo recordarlas te hacen tener fe en el amor. Y tú no tienes esa fe, tú tienes demasiada tristeza, demasiado dolor.
-¿Por qué, mamá? -preguntó Hermione-. Se supone que debería poder perdonar todo, tomar su mano y juntos luchar por realizar nuestros sueños, pero inmediatamente viene a mi todo el dolor pasado, y todo mi ser pide a gritos que me aleje de él, a pesar del amor que le tengo.
-No debería de ser así -contestó la Sra. Granger-. Debería ser el amor el que te pide que te quedes junto a él y que olvides el dolor pasado.
-¡Harry! -dijo Susan el domingo por la tarde-. Te hablan por teléfono.
-¿Quién es? -preguntó Harry sin ánimos de nada
-Tu tía Petunia -contestó Susan
-Ah, no -dijo Harry, aquello era lo último que necesitaba en esos momentos-. ¿Podrías decirle que he muerto? Seguramente eso la haría feliz, también dile que todo el dinero ira a la beneficencia pública, que no deje testamento, eso la hará sentirse frustrada.
-¡Harry! -lo regañó Susan.
-Ay, está bien -dijo Harry tomando la bocina del teléfono.
-Bueno -dijo Harry
-Hola mi querido sobrino -dijo tía Petunia
-Hola tía -dijo Harry monótonamente
-¿Quieres venir a cenar con nosotros?
Harry iba a decir no, pero su tía se adelanto:
-Hoy regresa mi pequeño Dudley de su viaje de bodas, vamos a darle una cena de bienvenida. A tu tío y a mí nos agradaría que estuvieras presente.
-No puedo, tengo varicela -dijo Harry
-¿Cómo? -preguntó tía Petunia incrédula-. La varicela te dio cuando tenías cuatro años. ¿Ya se te olvido que contagiaste a mi pobre Dudley?
-Cierto -dijo Harry, sin importarle que Petunia hubiese descubierto su mentira.
-Te estaremos esperando -dijo Petunia antes de que Harry le dijera algún otro pretexto-. A las siete, no faltes.
Harry colgó, no deseaba saber nada de los Dursley, y no se sentía obligado en lo absoluto a asistir a aquella cena.
-Deberías ir -le sugirió Sirius en cuanto dieron las seis y Harry seguía empeñado en no asistir
-No -se negó Harry rotundamente.
-Sirve que te distraes un poco -insistió Sirius-. Tener tu mente ocupada en otras cosas es lo que más te ayudará para olvidar a Hermione
-No vuelvas a mencionarla -dijo Harry-. No quiero volver a oír esa nombre
-Está bien, no volverás a oír de ella -dijo Sirius-. Ahora, ve a cenar con tus tíos.
-¿Hazlo por mi? -pidió Erynn
Harry se inclinó hacia ella y le dio un beso en la mejilla
-Está bien -dijo Harry-. Total, es solo una mala noche.
-¡Harry! ¡Que bueno que llegas! -dijo tío Vernon en cuanto lo vio entrar al número cuatro de Privet Drive.
-¡Buenas noches! -saludó Harry
-¡Harry! -saludó tía Petunia-. Te estábamos esperando, no te quedes allí parado, estás en tu casa
-¿y Dudley? -preguntó Harry
-Aún no ha llegado -dijo Petunia-. Se habrá entrenido con esa mujer que tiene por esposa.
-Esa mujer se llama Sally -contestó Harry
-Para el caso es lo mismo -dijo la mujer con desdén.
-¿Quieres una copa? -preguntó Vernon
-Sí -dijo Harry, tomando asiento.
-¿Y tu coche? -preguntó Vernon, sirviendo una copa
-Lo deje, vine a pie -contestó Harry-. Hay veces que prefiero caminar.
¿Por qué no había llevado ese magnífico auto para que lo vieran los vecinos? -pensó Vernon con disgusto
En ese momento tocaron el timbre.
-Son ellos -dijo tía Petunia, corriendo a la puerta. Minutos más tarde todos los Dursley y Hary se encontraban cenando
-Harry, ¿otro pedazo de carne? -preguntaba tía Petunia, desviviéndose en atenciones hacia él, queriendo quedar bien, sabiendo que Harry era rico e importante.
-No, gracias -contestó Harry quien no tenía ni pizca de apetito.
-¿Más ensalada?
-Tampoco
-¿Más vino? - preguntó tío Vernon
-Sí -dijo Harry
Vernon llenó la copa de Hary
-Has estado bebiendo mucho -observó Sally
Harry no le hizo caso y de un solo trago dejo vacía su copa.
Una vez que todos terminaron de cenar, Dudley tomó la palabra.
-Sally y yo tenemos una noticia que darles
"¿Otra?" pensó Harry aburrido. Tía Petunia se había pasado la velada contando chismes acerca de los vecinos.
-¿Qué noticia? -preguntó Vernon
-Sally y yo vamos a tener un bebé -anunció Dudley con orgullo.
-Felicitaciones -dijo Harry
-Gracias, Harry -dijo Sally
Petunia tenía los ojos abiertos como platos, al igual que tío Vernon.
-¡Felicidades, tía Petunia! Vas a ser abuela -dijo Harry divertido.
Petunia estuvo apunto de desmayarse.
-¿Te casaste porque Sally estaba embarazada, verdad? -dijo Harry a su primo, apartándolo-. ¿Ese fue el motivo?
-Más te vale que no menciones esto en voz alta -dijo Dudley
-Entonces ¿no me equivoco? -preguntó Harry con sonrisa pícara.
-Sally lleva dos meses de embarazo -explicó Dudley-, pero para mis padres el niño tiene que ser prematuro ¿entendiste?
Harry negó con la cabeza divertido, deseoso de contarle eso a tía Petunia, pero seguramente no le creerían, los Dursley siempre creían todo lo que Dudley les decía.
Eran las siete de la noche, Hermione se encontraba recostada, leyendo en un cómodo sillón enfrente de la chimenea. Sus padres habían salido a comprar toda clase de medicamentos, insistiendo que ella seguía enferma, pero en ese momento, Hermione se recetaba su propia medicina: un litro de helado de chocolate.
Un fuerte golpe proveniente de la chimenea, la hizo dejar a un lado su lectura.
-¡Erynn! -exclamó Hermione sorprendida, viendo aparecer a la hija de Sirius en la chimenea.
-Hola -la saludó la niña.
-Hola -dijo Hermione-. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo llegaste? ¿Viniste sola utilizando los polvos flu? ¿Te escapaste, verdad?
La niña asintió, al tiempo que Hermione la ayudaba a salir de la chimenea.
-¿Por qué hiciste eso? -preguntó Hermione-. Tus padres deben de estar muy preocupados por ti.
-Vine por los cuentos que me dijiste ayer.
-No tenías porqué escaparte -la regañó Hermione
-¿Me los vas a prestar? -preguntó Erynn
-Claro que sí -dijo Hermione al tiempo que tomaba la bocina del teléfono
-¿Qué vas a hacer? -dijo la niña
-Avisar a tus padres que estás aquí
-Si les avisas, harás que me castiguen de nuevo
-¿Y por qué te castigaron?
-Porque el día de mi fiesta, cuando iba saliendo del salón la veela esa a la que Harry invitó, yo le aventé una luz de bengala que quemó su vestido.
-¿Hiciste eso? -preguntó Hermione riendo.
La niña asintió orgullosa, sin pizca de arrepentimiento.
-Me acuerdas de regalarte algo muy grande y muy bonito en Navidad -dijo Hermione-. Aún así, tengo que avisar a tus padres.
-Está bien, pero si me castigan será tu culpa.
-Claro que no -dijo Hermione marcando el número de teléfono de Sirius.
-Mientras tanto ¿puedo tomar un poco de helado? -dijo la niña
-Sí, claro -contestó Hermione poniéndose roja, minutos antes ella estaba empeñada en acabarse sola aquel helado.
Hermione llevó a Erynn a la biblioteca de su casa. De las cuatro paredes que conformaban esa habitación, una tenía dos grandes ventanales que le daban una iluminación perfecta, dos paredes estaban cubiertas de pinturas y fotos familiares y en la última pared había un librero. Enfrente había un fino escritorio y a un costado de la habitación había unos cómodos sillones.
Con un movimiento de su varita, Hermione apuntó hacia el librero, y éste comenzó a girar y girar, mostrando una gran cantidad de libros. La niña se quedó boquiabierta al ver la enorme cantidad de libros que formaban parte de la colección de Hermione. Finalmente, el librero dejó de girar, Hermione hizo aparecer una caja, enseguida apunto a algunos libros que había en un rincón, haciendo todo un desfile de libros.
-Listo -dijo Hermione en cuanto el desfile terminó-. Son todos los cuentos que tengo.
-Te los devolveré en cuanto me los hayan leído.
-Está bien -dijo Hermione-. No hay ninguna prisa, puedes quedarte con ellos el tiempo que quieras.
-Gracias -dijo Erynn
-Lo mejor será que te lleve a tu casa, ya es tarde y no puedes andar por las chimeneas sola.
-Está bien -dijo la niña-. Que lastima que Harry no está en casa.
Hermione se estremeció al recordarlo.
-Fue a cenar con sus tíos -dijo Erynn
-Ya veo
-¿Puedo visitarte otro día?
-Claro que sí, puedes visitarme cuando quieras
-¡Harry! -dijo Erynn en cuanto lo vio volver de casa de los Dursley-. ¿Me lees un cuento?
Realmente Harry estaba sin ánimos de nada, pero no le molestaba leerle cuentos a Erynn
-Está bien -dijo el ojiverde
Erynn lo guió hasta su habitación y se recostó en la cama, Harry se sentó por un lado de ella.
-¿Y qué cuento quieres escuchar? -preguntó Harry
-No lo sé, Hermione me prestó tantos
-¿Hermione? -exclamó Harry
-Sí. Fui a visitarla y me prestó muchos cuentos
-¿Por qué la buscaste? -la regañó Harry
-Ella me dijo que podía buscarla, además no se molesto porque fui. Me trató muy bien, me dio helado de chocolate y me trajo de vuelta a casa.
-Te voy a pedir que no vuelvas a buscarla -dijo Harry muy serio.
-Pero ella me dijo que podía visitarla las veces que quisiera.
-Sí, pero yo no quiero que lo hagas.
Erynn se encogió de hombros y escogió un cuento de los que Hermione le prestó. Harry lo leyó con gran paciencia hasta que Erynn se quedó dormida, entonces Harry suspendió la lectura.
-Se ha dormido -dijo Harry a Susan.
-Gracias, Harry -dijo Susan-. Espero que mi hija no te haya importunado mucho.
-En lo absoluto, tú sabes que la quiero -dijo Harry-. Y ahora creo que yo también me iré a dormir.
-Buenas noches, que descanses
-Gracias, buenas noches
Harry entró a su habitación, fue directamente a su escritorio, abrió un cajón y sacó una fotografía. Era una foto que Harry y Hermione se habían tomado pocos días antes de que ella se fuera Escocia.
No puedo evitar sonreír al ver aquella foto: ambos estaban juntos y sonrientes, Hermione con su cabeza recargada en el hombro de Harry, y él abrazándola.
Harry contempló aquella fotografía por varios minutos, le parecía tan lejano aquel tiempo en que ambos habían sido tan felices juntos.
-¿Por qué, Hermione? -pensó Harry en voz alta-. ¿Por qué quieres casarte con Justin? ¿Por qué, mi amor?
