UNA PUERTA HACIA EL PASADO
CAPITULO 8: UN ADIOS DEFINITIVO
-¡Sra. Waltkins! -gritaba Harry furioso en su despacho, un día antes de la boda de Hermione- ¡Sra. Waltkins!
La pobre mujer entró rápida al despacho ante los gritos histéricos de Harry.
-Hoy tiene el peor humor que haya tenido en toda su vida -dijo la Sra. Waltkins-. ¿Qué se le ofrece?
-¿Ya envió el presupuesto para el Hospital San Mungo? -preguntó Harry
-Ya.
-¿No ha llegado Hagrid?
-Aún no.
-Eso es todo, puede retirarse.
-¿Quiere que le traiga un té mágico? Quizás le ayude para la depresión y el mal humor
-¡No quiero nada! -gritó Harry.
-Sr. Potter, si me lo permite, tiene que resignarse. Mañana a estas horas la Srita. Granger ya será la Sra. Finch-Fletchley, y no hay nada que usted pueda hacer al respecto.
-¡Salga de mi despacho! -le ordenó Harry a gritos.
-Señor Potter, en verdad creo que un té le hará bien.
-¡Salga de aquí o la despido en este momento!
Ante esa amenaza la Sra. Waltkins salió del despacho, dejando a Harry de un pésimo humor.
Minutos más tarde:
-Sr. Potter, el Sr. Rubeus Hagrid ha llegado -le anunció la Sra. Waltkins a través de la chimenea.
-Hágalo pasar.
Enseguida se oyó que llamaron a la puerta.
-Adelante.
La puerta se abrió y ante Harry apareció Hagrid.
-¡Hagrid! -dijo Harry al tiempo que salía a su encuentro y le daba un fuerte abrazo.
-¡Harry! ¡Que gusto verte! -dijo Hagrid correspondiendo al abrazo
-Lo mismo digo.
-A pesar de que nos vimos en la boda de Ron, no tuvimos tiempo de platicar.
-Vamos, siéntate -dijo Harry al tiempo que señalaba un sillón.
-Gracias.
-¿Quieres tomar algo?
-No, gracias -contestó Hagrid-. Bonito despacho.
-Gracias.
-¡Te lo mereces! No ha habido mejor ministro que tú, a pesar de que eres el ministro más joven en toda la historia del Ministerio de Magia -dijo Hagrid sintiéndose orgulloso de él.
-Hago lo mejor que puedo
-No seas modesto, eres muy bueno.
-Gracias
-¿Puedo saber por qué me llamaste? -preguntó Hagrid.
-Hermione renunció.
-¿Y eso? -preguntó Hagrid sorprendido.
-Eso es un misterio que todavía no comprendo, aunque tratándose Hermione tengo muchos misterios sin comprender… El caso es que después de ella, no encuentro mejor persona que tú para ocupar su lugar ¿No te gustaría hacerte cargo del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas?
-¿Es en serio? -preguntó Hagrid al tiempo que una sonrisa se dibujaba en su rostro.
-Claro que sí -dijo Harry-. ¿Qué dices? ¿Aceptas?
-Con mucho gusto -contestó Hagrid.
-Sabía que aceptarías -dijo Harry tendiéndole la mano, Hagrid no tardó en estrechársela.
-Ya quería tener un trabajo -dijo Hagrid-. Desde que deje de dar clases en Hogwarts realmente no tengo mucho quehacer.
-Pues te aseguro que si querías trabajo, vas a tener bastante, Hermione nunca tenía tiempo de nada.
-¿Quién se hubiera imaginado que iba a terminar casada con Justin?
Harry sonrió con tristeza.
-Lo siento, no debí decir eso -se disculpó Hagrid
-No es tu culpa -contestó Harry, llevándose las manos a la cara en señal de frustración, Hagrid puso su mano en el hombro del chico en señal de apoyo.
-Estoy desesperado, Hagrid -dijo Harry incorporándose-. Hermione está empeñada en casarse con Justin, cerebro de pulga, y yo no me resignó a perderla... Aún la amo tanto.
-¿Has hablado con ella acerca de lo que sientes? -preguntó Hagrid
-El sábado, en la boda de Ron, le pedí que no se casará con Justin y que me diera otra oportunidad. Me dijo que su vida estaba al lado de él. Me juré no volver a buscarla, pero no pude evitarlo, no contestó la lechuza que le envié, en su casa el teléfono suena descolgado y su celular lo trae apagado.
-¿No crees que con todo esto sólo te está pidiendo que no la busques más? Perdóname que te lo diga, pero lo suyo terminó hace mucho tiempo
-Ella aún me ama, tanto como yo a ella -exclamó Harry-. El sábado la besé y ella en un principio correspondió a mi beso con tanto amor.
-¿Por qué no intentas hacer tu vida con alguien más? Mañana ella se casa. ¿Y qué ganarías tú, amando a alguien que ya está casada?
-Yo no puedo permitir que ella se case, tengo que hablar con ella -dijo Harry al tiempo que levantaba la bocina del teléfono y marcaba a casa de los Granger.
"Por favor, que conteste alguien, por favor" -imploró Harry.
-Bueno -se oyó una voz del otro lado de la línea, era el Sr. Granger.
-Buenas tardes, señor -dijo el chico, tratando de ser lo más amable posible-. Habla Harry Potter
-Ah, muchacho ¿cómo has estado?
-Bien, gracias. ¿Y usted?
-Bien. ¿En qué puedo servirte? ¿Tienes problemas con tus dientes?
-No, nada eso.
-¿Entonces?
-¿Está Hermione?
-No, no está. Salió a arreglar los últimos preparativos para la boda ¿Quieres dejarle algún recado?
-¿A qué hora regresa?
-En unas dos horas.
-Gracias, la llamaré después -contestó Harry.
-Está bien, de cualquier forma, yo le digo que llamaste.
-De nuevo gracias.
-Hasta luego.
-Hermione regresa en un par de horas -dijo Harry a Hagrid
-Ella ya habló contigo y te dijo que va a casarse con Justin.
-Pues yo no pienso permitir que se casé con él.
-¿No? ¿Y qué piensas hacer?
-Lo que sea -dijo Harry resuelto-. Si tengo que llevármela por la fuerza al fin del mundo, lo haré
-¿Robártela? -exclamó Hagrid.
-¡Sí! -dijo Harry-. Y ahora, si no te importa, tengo que salir.
-Eres un necio -dijo Hagrid-, pero en fin, buena suerte
-Gracias, Hagrid
"Ya no debe de tardar" pensaba Harry, mientras vigilaba desde su auto la casa de los Granger.
Pasaron varios minutos más, finalmente Harry vio a Hermione, venía caminando, doblando la esquina de su casa. Harry bajó del auto y la detuvo.
-Tenemos que hablar -dijo Harry en tono firme, cerrándole el paso.
-No tenemos nada de qué hablar -dijo Hermione, tratando de seguir su camino.
-Pues yo opino todo lo contrario -dijo Harry, sujetándola por el brazo para evitar que siguiera.
-Suéltame, Harry. No quiero hablar contigo -dijo Hermione, tratando de zafarse.
-Pues tendrás que hacerlo. Vamos, sube al auto -dijo Harry al tiempo que la llevaba por la fuerza hasta su auto y abría la puerta de éste.
-Harry, no...
-Sube al auto -ordenó Harry
-No, no quiero.
Minutos más tarde, Harry conducía como un verdadero loco por las diferentes calles y avenidas de Londres. Hermione iba en contra de su voluntad, sentada en el asiento del copiloto.
Varios minutos después, Harry detuvo el auto, enseguida bajo de éste y fue a abrir la puerta de Hermione.
-Baja del auto -le ordenó.
-¿Adónde me has traído? -exclamó Hermione bajando.
-Ven y lo sabrás.
-Te acusaré de secuestro.
-No me importa.
Enfrente de ellos había una gran barda con un gran portón blanco, Harry golpeó el portón con su varita, y éste se abrió automáticamente.
-Ven conmigo -dijo Harry a Hermione, cambiando el tono de su voz, volviéndole a hablar con el mismo cariño de siempre y tomándola de la mano.
Ambos jóvenes entraron, Hermione se quedó con la boca abierta al ver el maravilloso espectáculo que tenía enfrente de ella: aquella era la casa más hermosa que jamás hubiese podido imaginar.
Lo primero que llamó su atención fue un hermoso jardín que estaba justo enfrente de ellos, un jardín con todo tipo de plantas de las más hermosas: rosales de todos los colores encorvados bajo el peso de las rosas, jazmines dorados, geranios, margaritas, azucenas, alcatraces, violetas y cuanta flor fuera posible imaginar, dando vida a aquel magnífico jardín. Había también varios pinos y diferentes árboles que proyectaban una sombra deliciosa sobre el verde césped perfectamente bien podado. En medio del jardín, había una fuente que lanzaba al aire varios chorros de agua cristalina. Al fondo, había un pequeño estanque animado por cantidad de peces de diferentes colores que corrían y brillaban como joyas. Olvidaba decir que había distintas aves: desde pajarillos en los árboles hasta patos en el estanque.
-Es hermoso -dijo Hermione.
-Ven, tienes que ver la casa -dijo Harry, haciéndola salir de su sorpresa y conduciéndola a través del jardín hacia la entrada de una hermosa construcción.
Al entrar en ella, Hermione se quedó maravillada al ver los pisos de mármol, los grandes espejos, los cuadros, los ricos muebles y en una palabra la perfección que había en aquel lugar. No se atrevió a dar un paso más, temerosa de poner los pies en aquellos suelos marmóreos.
-¿Te gusta? -preguntó Harry.
-Es la casa más hermosa que he visto.
-Es nuestra -dijo Harry-. Compré esta casa pocos días antes de que termináramos. Tú decías que pronto ibas a volver a Londres, y que finalmente podríamos casarnos, entonces la compré, quería darte la sorpresa para cuando volvieras, pensé que podría ser nuestro hogar.
Hermione lo miró con gran ternura, sin saber qué decirle.
-¿Quieres recorrerla? -preguntó Harry.
Realmente Hermione tenía mucha curiosidad por terminar de conocer aquella casa tan maravillosa, sin embargo, negó con la cabeza.
-No -contestó en tono firme-. Quiero volver a mi casa.
-Esta podría ser tu casa, nuestra casa
Hermione no le respondió, en vez de eso, salió corriendo hacia el jardín. Harry salió detrás de ella. Hermione se detuvo a mitad del jardín, sin entender lo que estaba haciendo, sin entender porqué estaba huyendo.
Harry se acercó hasta ella, la volteó suavemente para encararla y la abrazó.
-Te amo -dijo Harry abrazándola y dándole un beso en los labios-. Te amo, no quiero perderte, no quiero.
Hermione se quedo inmóvil, los sentimientos de Harry eran totalmente correspondidos. Fue un abrazo largo. era una agradable sensación estar allí en aquel hermoso jardín, abrazados.
-Harry, por favor -dijo Hermione, separándose de él-, por el amor que me tienes, sal de mi vida. No me busques más, vive tu vida y déjame vivir la mía.
-¿Por qué me pides eso?
-Porque nuestro amor sólo nos hace daño, porque siempre salimos heridos
-Eso no es verdad -la interrumpió Harry-. Al menos para mí, los mejores y más maravillosos momentos de mi vida han sido a tu lado. ¿Por qué no intentarlo de nuevo?
Hermione negó con la cabeza.
-Ya una vez lo hice y fue más grande el dolor que la alegría.
-Está vez no será así -insistió Harry-. Te lo prometo.
-Por favor, no prometas nada. Lo nuestro se acabo.
-¡Lo nuestro no ha terminado! -exclamó Harry-. ¿Y sabes por qué? Porque te abrazo y todo tu cuerpo tiembla al estar entre mis brazos. Te besó y parece que tus labios quisieran fundirse con los míos… Lo nuestro no ha terminado porque aún me amas.
-De nada sirve hacerlo -dijo Hermione
-Sí sirve -dijo Harry-. Yo no puedo amar a nadie como te amo a ti. Con nadie siento este deseo por sus labios, por su piel, por su cuerpo… Con nadie, absolutamente nadie, puedo estar más de dos minutos sin pensar en ti.
-Harry, no sigamos con esto -dijo Hermione, sintiendo que iba a llorar-. Estoy convencida que es mejor decir adiós.
-Bien -dijo Harry, teniendo otra estrategia para convencerla-. Entonces, digámonos adiós
-Adiós -dijo Hermione
Harry se aclaró la garganta, era su última oportunidad para convencerla. Inició hablando con voz melancólica:
-Te digo adiós y siento una gran pena por todas las cosas que nunca podré darte… Nunca más podré invitarte a "Las tres escobas" a tomar una cerveza de mantequilla, y eso me mata… Nunca más volveré a hacerte sonreír. Nunca más llamaré a tu casa para invitarte a salir...
Harry se detuvo y tomó aire, era tan difícil despedirse de ella.
-Solo quería que envejeciéramos juntos, llegar a ser un par de viejos, cuidando el uno del otro. Juntos hasta el final, en esta casa.
-¡Harry! ¡Cállate! ¡No sigas! -lloró Hermione, las palabras de Harry le estaban haciendo mucho daño.
-No, déjame terminar -dijo Harry, sintiendo que sus palabras comenzaban a hacer efecto.
-Voy a extrañar muchas cosas -continuó Harry-. Voy a extrañar nuestras fiestas cada aniversario, nuestros paseos a Hogsmeade, nuestras tardes a la orilla del lago, nuestros besos y peleas… Gracias por todo ello. Gracias por cada sonrisa tuya... Gracias por la primera vez que te vi en aquel tren. Gracias por cada momento que compartimos. Gracias porque siempre estabas allí cuando te necesite.
-Gracias por amarme tanto -concluyó Hermione, llorando.
-Hermione -dijo Harry acercándose a ella-. No quería hacerte llorar, simplemente quería hacerte entender que tenemos muchas cosas que nos unen, muchas cosas que nos sirven para intentarlo de nuevo…
-Y también tenemos muchas cosas que nos separan -dijo Hermione, sacando fuerzas de quien sabe donde y haciendo un esfuerzo por calmarse-. Vámonos, por favor, quiero irme a mi casa.
-¿A qué? ¿A seguir con los preparativos de esa boda estúpida?
-Harry, ya basta.
-¡Estoy harto! -gritó Harry-. Estoy harto de que seas necia. Estoy cansado de buscarte. ¡Haz lo que quieras! Cásate con Justin. Corre a sus brazos, pero no me pidas que apadrine esa boda
-No tienes que hacerlo
-¡Genial! -exclamó Harry sarcásticamente-. No tendré que ser padrino. No tendré que ir y ver a Hermione Granger cometer el peor error de su vida
-Vámonos de aquí -pidió Hermione.
-Sí, te llevaré a tu casa para que puedas seguir con los "preparativos"
Hermione le dio la espalda. Harry sin permitir que ella se fuera, la volvió hacia si, la sujetó por la cintura y la besó en la boca, de una manera que la dejó completamente inmóvil, insegura y temblorosa.
-Ojalá algún día, Justin te ame siquiera la mitad de lo que yo te amo -concluyó Harry, apartándola por completo.
Esa noche, Hermione se encontraba en su habitación llorando. No podía dejar de pensar en lo que había pasado esa tarde.
Las últimas palabras de Harry le retumbaban en los oídos:
"Ojalá algún día, Justin te ame siquiera la mitad de lo que yo te amo".
La chica hundió la cabeza entre las manos. El Sr. Granger llamó a su puerta:
-¡Herm! ¿Linda? ¿Estás allí? -le preguntó
-Sí, aquí estoy -contestó Hermione quien lloraba sentada sobre la alfombra, recargando su cabeza en la cama-. ¿Se te ofrece algo?
-¿Puedo pasar? -preguntó su papá
-Sí, claro -dijo Hermione, secándose rápidamente las lágrimas que rodaban por sus mejillas.
El padre de Hermione entró a la habitación, una sola mirada le bastó para saber que Hermione estaba llorando.
-Jamás me imagine que te vería llorar un día antes de tu boda -le dijo, al tiempo que se sentaba sobre la cama-. Al menos no otras lágrimas que no fueran de felicidad.
-Son de felicidad -mintió Hermione
-No parece -dijo el Sr. Granger mirando fijante a su hija-. Ven, siéntate aquí -le dijo mientras la hacía pararse de la alfombra y sentarse enfrente de él sobre la cama.
Hermione lo abrazó.
-Me preocupas -dijo el Sr. Granger-. Eres lo que tu madre y yo más queremos en la vida, y nos duele saber que no eres feliz.
Ella dejo escapar un sollozo, no solamente lastimaba a Harry, sino a sus padres.
-¿Puedo saber adónde fuiste esta tarde? -preguntó el papá
-Fui a dar un paseo
-¿Con Harry?
Hermione asintió
-¿Lo amas?
-Mucho
-¿Más que a Justin?
-No amo a Justin -admitió Hermione
-¿Por qué quieres casarte con Justin si no lo amas?
-Porque al menos con él, puedo darme la oportunidad de ser feliz
-¿Y Harry?
-Por mucho que lo ame, su amor me lastima. No puedo ser feliz al lado suyo.
El Sr. Granger dio un suspiro.
-Allá abajo está Justin, te está esperando.
-Bajaré enseguida -dijo Hermione, limpiando su rostro con sus manos.
-¿Ya no se nota que he llorado? -preguntó Hermione a su padre, al cabo de un par de minutos.
El señor Granger negó con la cabeza, Hermione dio media vuelta disponiéndose a abandonar la habitación.
-¡Hermione! -la detuvo su padre antes de que ella saliera.
-¿Si? -dijo Hermione, volviéndose
-La única razón por la que un hombre y una mujer deben estar juntos es por amor
