Capítulo 2

Se encontraba acostada cuando observó la luz que entraba por la ranura entre las cortinas. Su cuerpo se movió, removiendo la cobija de su figura y bajó de la cama dirigiéndose a las ventanas, abriendo las cortinas.

Los rayos de luz iluminaron al instante la habitación, que tan sólo algunos segundos antes había estado cubierta por la oscuridad. Tapices finamente bordados cubrían la habitación mientras que, a través de las ventanas, podía ver un extenso jardín sumamente bien cuidado. Los arbustos cortados perfectamente en formas cilíndricas, flores de varios colores en el medio de los arreglos, pequeñas fuentes con estatuas diversas. Una sensación melancólica invadió su pecho.

Su perspectiva cambió mientras su cuerpo volteaba para centrarse en la puerta. Una joven, con un toque blanco encima del cabello, atravesó la puerta inclinando la cabeza hacia ella. Así como en el sueño anterior no podía escuchar nada.

La figura de la joven desapareció, mientras que su mirada se dirigía nuevamente a la ventana.

Como en un cambio de escena, se encontró sentada en una mesa larga, un plato con comida se encontraba frente a ella. Aunque su cuerpo comía lentamente, sus papilas gustativas no percibían nada. Su campo de visión se movió hasta ver de frente a la persona sentada en el lugar opuesto a ella. No pudo evitar que su corazón diera un respingo.

Su padre.

Estaba soñando con su padre.

En un lugar extraño, con ropas extrañas, pero ese rostro era el de su padre.

Sus ojos castaños tenían aquel gesto tierno que recordaba, aunque su semblante era más serio que al que ella estaba acostumbrada. Sus labios se movían y aunque no escuchaba sus palabras se concentró en leer sus labios. Deseaba tanto escuchar la voz de su padre nuevamente. Decepcionada al no entender sus palabras vio como la escena cambiaba nuevamente.

Ahora se encontraba caminando por aquellos jardines.

Su sueño fue como un paseo, pronto se vio rodeada por árboles gigantes. Pisando las hojas caídas que tapizaban la tierra húmeda de colores amarillos y marrones, se encontraba en un bosque.

Sentía tanta calma en su interior aun a pesar de que esa sensación de melancolía no se había ido. Cuando los árboles se tornaron más densos, se encontró frente a una pared rocosa cubierta por arbustos y enredaderas que daban la ilusión de fundirse con la piedra.

Avanzó de frente y fue entonces que notó la entrada oscura a una cueva. Se sintió nerviosa y emocionada a la vez, por alguna razón que no comprendía. En su visión todo se había tornado de un color negro azabache y aun así se sentía expectante.

Finalmente, un halo de luz se hizo presente mostrando la salida. Su corazón palpitó emocionado cuando la luz la envolvió y poco a poco el lugar frente a ella comenzó a tomar forma.

Los árboles floreados pintaban el entorno de un color rosa pálido, el cual contrastaba con el verde azulado más bonito de la cascada detrás. El agua que de lejos poseía tantas combinaciones de tonalidades verdes, azules y blancas se fundían en un color totalmente cristalino y transparente una vez que observaba de cerca.

Los árboles de cerezo habían sido los favoritos de su madre, por lo mismo la elección del nombre de Sakura. Y ella, ella tampoco había podido resistir a las hermosas flores de cerezo.

En su sueño, se sentó a la orilla del río y observó fascinada a su alrededor por minutos u horas. De alguna forma su corazón se sentía liviano y en paz.

...

"¡Sakura!" escuchó una voz familiar llamándola. Se había quedado pensando en el sueño de la noche anterior. Había sido el más bonito que recordaba hasta ahora. Volteó buscando al dueño de la voz que la había llamado hasta toparse con unos ojos castaños y cabello grisáceo. "Hola Yukito."

El hombre exhaló profundamente agachándose para sostenerse con las manos en sus muslos. "Pensé que no te alcanzaría, te estaba llamando, pensé que no me escucharías nunca."

"Lo siento Yukito" se disculpó apenada. "Estaba pensando en otra cosa, ¿necesitabas algo?"

Yukito regresó a una posición recta, era mucho más alto que ella. "Quería saludarte, Touya me contó que piensas mudarte de Japón."

"Ya veo. Sí, discúlpame que no te había dicho. No estaba segura hasta recientemente, así que no quería comentarlo aún."

"¿Continuarás tus estudios?"

Sakura asintió. "Ayer recibí la carta de aceptación de la universidad de Hong Kong. Es una de las mejores en varias ramas, incluida el periodismo. Me ofrecieron una beca completa, así que no habrá ningún inconveniente." Una sonrisa escapó de sus labios. "Las clases son tanto en inglés como en mandarín, así que espero mejorar en ambos idiomas."

"Estoy seguro de que serás la mejor, pequeña Sakura."

Sakura sintió en sonrojo que cubrió sus mejillas. A pesar del paso de los años Yukito nunca dejaría de verla como la pequeña hermana de Touya. Afortunadamente había superado su enamoramiento hacia él… en general. "Gracias Yukito, obviamente te avisaré antes de partir, podrías venir a cenar a la casa como despedida."

"¡Me encantaría! Gracias Sakura, no desaparezcas." Dijo a modo de despedida.

Sakura permaneció observando mientras se apartaba de ella y sonrió. Probablemente lo extrañaría, así como a su hermano. Pero una parte de ella se había sentido culpable todo este tiempo. Desde la muerte de sus padres, Touya se había hecho cargo de ella. Y aunque Touya la había sacado adelante y no había permitido que los separaran. Ella sabía todo el doble esfuerzo que tuvo que poner, todos los trabajos de medio tiempo que tuvo que tomar. Todo el desgaste psicológico al pelear por su custodia contra su abuelo materno. Touya se había esforzado por no aceptar la ayuda económica de sus parientes del lado materno y aun así proveer de lo básico cuando Sakura aun era muy pequeña para ayudarlo con los gastos. Por esa parte sentía que le debía espacio, libertad para que dejara de preocuparse tanto por ella y comenzara a preocuparse más por él mismo.

Ese mes se graduaría finalmente de la preparatoria y comenzaría a prepararse para mudarse a Hong Kong. Para empezar un nuevo capítulo en su vida.


Syaoran abrió la puerta de su departamento mientras aflojaba el nudo de su corbata.

"Bienvenido a casa." Escuchó el saludó burlón y entornó los ojos, aunque no pudo suprimir la media sonrisa que se formó en sus labios.

"¿Qué haces aquí, Eriol?" Preguntó fingiendo molestia. La realidad era que ya estaba acostumbrado a que su amigo pasara gran parte del tiempo en ese departamento con él. De cualquier forma, era un espacio demasiado grande para él solo.

"Acaso esa es la mejor forma de tratar a tu primo?" respondió el hombre de cabello negro azulado siguiéndole el juego.

"No lo sé, no eres mi primo."

"Tus palabras son como una daga directo al corazón" dijo risueño. "Tal vez no lo soy ahora, pero lo fui en algún momento."

Era verdad, en otra vida.

"Y bien… ¿cuál es el plan?" preguntó Eriol, sentándose en uno de los sillones de la sala.

Syaoran dejó su corbata y saco en una de las sillas del comedor y alcanzó a Eriol en la sala.

"Pedí días de vacaciones a mi madre, tengo dos semanas antes de tener que regresar tanto al corporativo como a la universidad. ¿Qué me dices de ti?"

"Tengo todo el tiempo del mundo."

Syaoran aun no sabía a ciencia cierta que tareas implicaban ser el líder del Clan Hiraguizawa, pero por la calma de su amigo y el tiempo que este dedicaba a ayudarlo con su búsqueda, a veces dudaba que fueran muchas.

"Bien, he estado pensando en ir a Tokio. Escuché que la familia Daidouji poseé uno de los buscadores electrónicos más robustos y eficientes del mundo. Si mediante ese buscador pudiéramos encontrar aunque sea una pista de los reinos Ikari o Miyojin, una localización o algo tal vez podríamos encontrar un hechizo que nos ayude a encontrar más pistas."

Eriol lo miró pensativo. "¿Has pensado en lo que te dije la última vez?"

Syaoran soltó algo semejante a un gruñido frustrado. "¿Qué, quieres que espere cruzado de brazos a ver si algún día el destino pone a Sakura en mi camino?"

Eriol se encogió de hombros. "Bien sabes lo que dicen. Las coincidencias no existen, sólo existe…"

"Lo inevitable." Interrumpió Syaoran. "Sí, sí, pero dime ¿qué pasaría si lo inevitable es que Sakura no se encuentre en esta vida? ¿Qué ocurriría si ella aun no nace o bien nunca reencarna? ¿Me quieres decir entonces, que lo ideal es que espere sentado por algo que tal vez nunca en mis años de vida encuentre?"

Eriol suspiró viendo hacia la ventana. "Cuando te encontré fue una sorpresa, nunca pensé que los recuerdos de mi vida pasada se traducirían en encontrar a alguno de mis compañeros en esta vida. Por muchos años he pensado que tal vez mi propósito es ayudarte a encontrar a esa persona tan especial para ti. Pese a ello, no hemos encontrado un camino claro que nos lleve hasta ella. No me malinterpretes Syaoran" dijo viéndolo esta vez directamente a los ojos. "Mi mayor deseo es ayudarte, si crees que podemos buscar indicios cuenta conmigo. Te ayudaré en lo que pueda, sólo digo que no pierdas las esperanzas. Tal vez en el momento en que menos lo pienses ella camine frente a ti."

Syaoran suspiró y se recargó en el sillón en una pose más cómoda, si no es que de un aspecto derrotado. "Sólo espero encontrarla, ha habido días en que desearía nunca haber recordado. No sé como podría vivir toda una vida con su recuerdo, pero sin poder conocerla. Siento que me estoy volviendo loco." Sacudió su cabello con sus manos frustrado.

Eriol asintió en señal de comprehensión. "A veces me pregunto si hay alguna razón coherente de que aun como reencarnaciones mantengamos los mismos rostros, los mismos nombres."

"¿Qué quieres decir?"

"Las coincidencias no existen"

Syaoran parpadeó sentándose recto una vez más. "Un momento, ¿hay algún hechizo como para plasmar su rostro en una foto actual? Tal vez podríamos usar datos gráficos en el buscador."

Eriol asintió pensativo. "Eso únicamente funcionaría si en alguna parte del mundo Sakura existiera en la misma edad en la que la recordamos, podríamos intentarlo."

"Si hacemos la cruza entre su rostro y su nombre tal vez los datos sean más útiles que cuando intentamos buscar únicamente por el nombre."

Eriol rio recordando, aquella vez había sido uno de sus intentos más ridículos e inocentes, millones de personas tienen el nombre de Sakura. "Bien, parece que tenemos un plan para las vacaciones."

Syaoran sonrió, esperando que el gesto le transmitiera a Eriol el agradecimiento que sentía. "Espero que tus amigas no se decepcionen de que no estarás cerca."

Eriol soltó una carcajada. "Son las ventajas de no tener compromisos."