Capítulo 3
Las puertas frente a ella se abrieron cediéndole el paso.
En su sueño bajó la vista y aquel vestido gris oscuro apareció en su visión. Vio sus manos cerrarse en puños nerviosamente por un instante, hasta que se extendieron nuevamente. Alzó los ojos y comenzó a caminar hacía dentro de aquel enorme salón.
Su pecho se estrujo con nervios, con terror. Mientras cruzaba, podía ver muchas mesas redondas, como si se fuera a llevar a cabo un banquete.
Alzó la vista. Sobre ella, en el centro del salón, un suntuoso candelabro lo iluminaba todo. La luz tenue propiciaba una atmósfera íntima. Cada mesa se encontraba iluminada a su vez con velas y al centro de cada una podía ver flores.
Su vista se enfocó hacia lo que la esperaba delante: una mesa larga al frente de todo, en donde se encontraba su padre portando un traje tradicional antiguo, los bordados dorados enmarcando su vestuario. Sobre su cabeza una corona dorada. Su semblante un tanto sombrío.
Resultaba extraño que soñara a su padre con esas expresiones cuando nunca en toda su vida lo había visto sino sonriente. Varios hombres de edad, con cabellos canosos y arrugas en sus caras flanqueaban a su padre.
Sus ojos se enfocaron en el extremo más cercano del salón donde se vislumbraba un balcón.
Se concentró nuevamente en los hombres frente a ella y cuando estuvo más cerca dejó de caminar. Inclinó su torso en señal de reverencia hacia ellos antes de erguirse nuevamente.
Vio como su padre se ponía de pie y comenzaba a hablar. Se esforzó nuevamente por leer sus labios. Sólo pudo entender palabras aleatorias las cuales no le decían nada "… agradecer … esperanza … importante … futuro … compromiso … princesa Sakura" su corazón dio un respingo cuando su padre mencionó su nombre. Eso hizo que perdiera la concentración, así que las demás palabras se perdieron. Por alguna razón sentía tristeza emanando de su padre.
Un hombre joven, de tez más oscura, apareció a su lado ofreciéndole su mano. Justo cuando la iba a tomar, vio de reojo la puerta del salón abrirse. Al voltear, vio como un guardia entraba precipitadamente, haciendo muecas como si estuviera gritando.
De pronto todo se tornó confuso. Vio como el hombre que unos segundos antes le ofrecía su mano se abalanzaba hacia la puerta, mientras que todos los que se encontraban en el salón se ponían de pie y comenzaban a correr.
Su cuerpo intentó dirigirse fuera del tumulto, hasta que vio a dos mujeres que le parecieron familiares. Una de ojos color caramelo y aquella de color amatista que no había olvidado. Movían sus labios con urgencia. Se imaginó que le decían algo como que tenían que salir de ahí.
El palpitar de su corazón frenético hizo que se olvidara completamente de que no escuchaba nada y de que era un sueño.
Las tres se dirigieron al balcón, donde se veían unas escaleras que descendían. Algo hizo que pararan las tres de golpe y su visión se topó con un hombre parado frente a ellas. Era mucho más alto que cualquiera de las tres y su rostro estaba oculto en las sombras de una capucha. Sintió el terror apoderarse de su cuerpo y de pronto lo único que veía eran las piernas del hombre corriendo. En una fracción de segundo la había alzado en su hombro mientras se la llevaba.
Vio su cuerpo intentar liberarse del agarré del hombre hasta que, por algún incomprehensible motivo, sintió una oleada de tranquilidad y dejó de luchar.
...
Sakura despertó de su sueño sobresaltada.
¿Qué había sido eso?
Se había sentido demasiado real.
Llevó su mano a su corazón intentando tranquilizarlo. Aun así, a pesar de tener los ojos abiertos podía ver la cara de su padre, los ojos amatistas de aquella mujer, la figura encapuchada. Podía sentir la tristeza y el miedo.
Una gota de agua cayó en su mano. Se llevó sus manos a la cara y se dio cuenta de que estaba llorando. ¿Qué le ocurría?
Syaoran alzó la vista admirando el edificio Daidouji en el distrito de Ginza en Tokio.
Observó la foto que tenía en la mano. Si bien era la representación más cercana de la imagen de Sakura, la foto se veía un tanto distorsionada. Eriol le había dicho que había algo en el campo mágico que evitaba darle más nitidez. Tal vez era porque era la foto de alguien que nunca habían visto en esta vida.
Aun así, Syaoran no se daría por vencido. Tenía que intentarlo.
Entró al edificio fácilmente, ya que había concertado una cita con Sonomi Daidouji, la dueña de la corporación Daidouji. Se encontraba esperando en una sala de conferencias distraído cuando escuchó los pasos de una mujer al entrar.
Se enderezó y viró su rostro esperando ver a la famosa Sonomi, sin embargo, otro rostro le dio la bienvenida.
"Disculpa por la espera" dijo la mujer, mientras se acercaba a él ofreciéndole su mano como saludo.
Syaoran abrió los ojos en un gesto sorprendido por una fracción de segundo, antes de controlarse y extender su mano por igual. "No hay problema, mi nombre es Syaoran Li."
"Mucho gusto joven Li. Mi nombre es Tomoyo Daidouji, por favor toma asiento" dijo ella señalando la silla que previamente ocupara él y tomando asiento a su vez frente a él.
Ella era Tomoyo, la amiga de Sakura. Recordaba a la perfección esos ojos amatista. Si ella también había reencarnado… ¿Acaso este era el destino poniendo las piezas en el tablero?
"¿Ocurre algo?" preguntó ella confundida ante el silencio del hombre.
Syaoran salió de su trance. "No, disculpa, me recordaste a alguien que conocí hace tiempo."
"Oh… Bueno, antes que nada, me gustaría ofrecerte una disculpa de parte de mi madre. Ella tenía la intención de recibirte desde que se enteró de tus deseos de conocer la empresa, sin embargo, se le presentó un inconveniente. Por lo mismo me pidió que fuera yo la que se reuniera contigo en su representación."
Syaoran asintió. Estaba acostumbrado a ese trato. Normalmente cuando las personas escuchaban el apellido Li automáticamente las puertas se abrían.
"No hay ningún problema, les agradezco de antemano su atención."
"Y bien, dime que puedo hacer por ti Li."
"Por favor llámame Syaoran, estoy seguro de que no hay mucha diferencia de edad entre ambos." De hecho Tomoyo se veía muy joven, probablemente por lo menos un par de años más joven que él.
Tomoyo sonrió. "Me imagino que no."
"Bien, seré directo. Estoy buscando a una persona y llegó a mis oídos el poderoso buscador del que son dueños. Pensé que podrían ayudarme con mi búsqueda."
Tomoyo asintió. "Ya veo, y está persona que buscas ¿Quién es?"
Syaoran analizó lo que le diría. ¿Habría alguna posibilidad de que Tomoyo la conociera?
"Tengo una foto, sé que no es muy clara, pero ¿tal vez pueda ayudar?" lo último salió más en forma de pregunta que afirmación. Sentía su pulso en la sien, más se concentró en observar la reacción de la mujer al ver la foto.
Tomoyo analizó la foto sin ninguna reacción aparente "No tiene mucha resolución, es verdad. ¿Tienes más información sobre ella? ¿Nombre, apellido, lugar de residencia o de nacimiento?"
"Su nombre es Sakura, no conozco su apellido ni ninguna otra cosa."
"Ya veo" repitió. "Syaoran no pretenderé ser experta en el buscador con el que contamos, sin embargo, te puedo decir que la eficacia del buscador depende en gran medida de la información con la que se cuente, entre sea algo más específico mayores probabilidades de éxito. Debo decir que una foto tan poco nítida y un nombre tan común seguramente arrojarán miles de resultados."
"Sí, lo imaginaba." Repuso un tanto decepcionado.
Tomoyo lo miró fijamente. "Sé que no es de mi incumbencia, pero, ¿puedo preguntar por qué buscas a alguien de quien no sabes prácticamente nada?"
Syaoran alzó la vista, viéndola directamente a los ojos. ¿Cómo responder a esa pregunta? La verdad no era, ni siquiera, una opción. Sin embargo, por alguna razón no le quería mentir. Si Tomoyo estaba aquí, si sus caminos se habían cruzado nuevamente debía ser por algo. 'Las coincidencias no existen.'
"Puedes elegir no responder a mi pregunta también, sé que suelo ser más curiosa de lo que debería." Dijo ella sonriéndole nuevamente en una expresión de comprehensión.
"La verdad es que la vi una vez, y no la he podido sacar de mi mente" murmuró él. "Es una razón totalmente personal y probablemente irracional… Pero ¿alguna vez has sentido como si una fuerza más grande te empujara a hacer algo?, ¿como si no pudieras escapar de eso?"
Tomoyo parpadeó confundida o sorprendida no estaba seguro. "No esperé una respuesta tan ambigua" confesó.
Syaoran suspiró derrotado ¿Qué esperaba?
"Pero sí, me considero una persona que cree en que todo pasa por algo, así que supongo que me relaciono con el concepto de 'la fuerza más grande' a la que te refieres." Siguió Tomoyo. "No prometo que funcione, pero personalmente encargaré que realicen esta búsqueda."
Los ojos de Syaoran se abrieron esperanzados. "Es más de lo que puedo pedir. Te lo agradezco mucho Tomoyo."
"Creo que debe ser algo lindo cuando alguien tiene la expresión que tú mostraste, por alguien más" dijo sonriente "Me da esperanzas de que ese tipo de amor pueda existir. De cualquier manera, debo decir que, aunque no me encontraré en Tokio para seguir de cerca el proceso, puedes confiar en que me mantendré informada para darte cualquier noticia… buena o mala."
"De acuerdo. ¿Puedo preguntar el motivo de tu viaje?... Si no es indiscreción, claro" añadió rápidamente.
"Tú respondiste mi pregunta así que no hay problema si yo respondo la tuya. Me mudaré a Hong Kong. Comenzaré con mis estudios universitarios en la universidad de la ciudad."
"¿La universidad de Hong Kong?" preguntó sorprendido, el mundo en verdad era pequeño.
"Así es, me imagino que la conoces. Según me dijo mi madre, la familia Li vive en Hong Kong."
"Sí, exactamente, de hecho, aun estudio ahí. Comenzaré mi último año de estudios en una semana."
"Sí que el mundo es pequeño" dijo ella.
"Si necesitas algo o te gustaría hacer un amigo, por favor no dudes en buscarme" dijo Syaoran, algo lo hacía sentir en confianza, algo lo jalaba a acercarse a ella. Ese tirón del destino sabía que no podía ignorarlo. Tan sólo en este día sentía como si hubiera logrado más que en todos los años pasados.
"Me encantaría. Muchas gracias Syaoran, ha sido un placer conocerte"
"El placer es mío" contestó regresándole la sonrisa.
