Capitulo 5

Se encontraba sentada en un espacio pequeño, frente a ella la joven de ojos color amatista le decía algo con gesto preocupado. Volteó hacia un lado y vio una pequeña ventana mientras que afuera sólo veía sombras de árboles cubiertos en oscuridad.

Su mirada regresó para encontrarse con el rostro de la mujer, mientras tomaba su mano en un gesto reconfortante. Se sentía nerviosa, pero contrario a lo que mostraba el semblante de la amatista, no sentía temor.

Tras varios segundos vio como la puerta se abría mientras que aparecía una mano con guantes. Alguien le ofrecía ayuda para descender de lo que parecía era un antiguo carruaje.

Sin dudar tomó esa mano y bajó, viendo el rostro pálido del hombre que la ayudaba. Sus cabellos eran negros como la noche que los rodeaba mientras que sus ojos eran de un color azulado profundo. Su sonrisa de alguna forma le pareció amigable y reconfortante.

Su vista se desvió al hombre que la esperaba de frente. El mismo que recordaba de un sueño anterior, con la misma capucha en la cabeza. Dio un paso al frente soltando su mano de la del hombre de ojos azules al mismo tiempo que el hombre en el frente se removía la capucha. Su corazón aceleró su paso, no con temor sino con expectativa. A pesar de la noche podía reconocer sus facciones, eran las mismas que las de ese otro sueño en el bosque de cerezos. Casi podía ver o imaginar el destello ámbar de sus ojos.

Había un sentimiento extraño que no lograba reconocer, también sentía confusión. El hombre dijo algo, pero ella estaba demasiado distraída mirando su rostro por segunda vez en un sueño. Su campo de visión se movió hacia el hombre de ojos azules, al mismo tiempo que veía como este tomaba su mano para besarla en la parte posterior. Volteó para mirar hacia atrás donde se encontraba la mujer que previamente había estado en el carruaje con ella, la misma confusión que sentía, reflejándose en su blanco semblante. Se había acercado colocándose a su lado y tomando una de sus manos.

Ambas encararon a los dos hombres nuevamente, al tiempo que los labios del joven de ojos ámbar se movían una vez más, lo único que entendió en sus labios fue "Syaoran". Un nombre que nunca había escuchado y al mismo tiempo había esperado toda la vida por escuchar. Su sueño no tenía sonido, pero sentía como si casi pudiera escucharlo pronunciar esa palabra.

Su corazón dio un brinco mientras Syaoran se acercaba. La mujer a su lado se interpuso entre ambos, mientras la ola de confusión aumentaba en su pecho. La misma de pronto volteó, en un gesto sorprendido, para después asentir y dar un paso alejándose.

Vio como el joven acercó su mano como si fuera a tomar la suya, pero al percatarse, su cuerpo se alejó, manteniendo distancia. El hombre inclinó un poco la cabeza en señal de comprehensión y dando un paso a un lado le indicó el camino con su mano.

Comenzó a caminar hacia adelante al tiempo que, de reojo, veía como el hombre permanecía a su lado.

Entraron a una casa de madera, dentro había lámparas iluminando el espacio. La luz tenue y amarillenta se reflejaba en el rostro de aquel hombre, dándole a su tez un color casi dorado.

Una mesa se encontraba en uno de los extremos de ese cuarto que, a comparación de todos los salones de sus sueños anteriores, era un espacio muy reducido. Pudo observar que la mesa estaba llena de hojas y algo que se asemejaba a un mapa. La confusión que sentía comenzó a mezclarse con enojo, por alguna razón que no entendía.

Syaoran le indicaba un asiento frente a ellos, pero ella permaneció de pie. No podía escuchar nada, pero sabía que estaban discutiendo. Sentía como un remolino de emociones que no lograba identificar se hacía presente, hasta que vio como el hombre, con dos zancadas, había cerrado el espacio entre ellos y sus rostros.

El remolino dio paso a un extraño revoloteo de su corazón. Vio su mirada humedecerse, hasta que él se apartó para verla. Tomó su rostro con sus manos mientras guiaba sus ojos a ver los suyos directamente. Una extraña sensación cálida se hizo presente en su pecho. Podía ver de reojo como los labios de él se movían, pero por alguna razón no quería dejar de ver esos ojos castaños que se encontraban tan cerca, había algo de sus ojos que la atraía, casi hipnotizándola y no se atrevía a perderlos de vista.

Sentía que si su corazón seguía palpitando tan aprisa se saldría de su pecho con emoción, con algo más, con tristeza.

Vio sus propias manos apartar lágrimas de sus ojos mientras ponía distancia entre ellos.

Vio el rostro desconcertado de él. Vio como movía sus labios aprisa. Vio como esperaba por una respuesta a cualquiera que fuera su pregunta.

Se sentía tensa hasta que ella misma se acercó a él nuevamente, lágrimas seguían saliendo de sus ojos mientras que él cerraba otra vez esa distancia rodeándola con sus brazos.

Sakura se encontró a sí misma con los ojos abiertos, viendo el techo de su habitación. Aún era de noche, como en ese sueño. Podía sentir la humedad de sus lágrimas a los lados de sus ojos, podía sentir como resbalaban hacia su cabello por la gravedad y aun así se encontró a sí misma inmóvil.

Ambas manos sobre su corazón sintiendo su palpitar. Ya se había calmado, contrario a cuando había despertado del sueño. Nunca había sentido todo ese cúmulo de emociones de golpe o por lo menos hacía mucho, pero nunca por un sueño.

Una parte de ella no quería dedicarle mucho tiempo a pensar en las razones o las posibilidades de tener esos sueños tan recurrentes, donde los mismos personajes que nunca había visto en su vida aparecían una y otra vez. Era como si alguien le estuviera mostrando una historia, una película en la que por alguna razón ella era la protagonista. Donde por alguna razón parecía ser la única que no entendía lo que ocurría.

Estaba segura de que era algo que no quería que nadie supiera. Probablemente la llamarían loca o peor. Sabía que estos sueños, estos sentimientos no eran coherentes. Una parte de ella ya no quería soñar, ya no quería dormir por temor a que siguieran, por temor a lo que significaban.

Y aun así…

Una parte de ella no quería dejar de ver a ese extraño hombre de ojos ámbar.

'Syaoran'


"Syaoran" saludó Tomoyo al encontrarlo en la entrada del café.

"¡Hola Tomoyo!" dijo él entusiasta. "¿Cómo has estado?"

"¡Espectacular!" respondió ella sonriente. "He tenido mi primera clase, y ¡no puedo de la emoción!" rio "Gracias por acceder a verme."

"Al contrario, me dio gusto que me contactaras. Ven, en el fondo hay una mesa donde podremos platicar" dijo cediéndole el paso. "Espero que no te moleste, pero un amigo se nos unirá."

"Para nada, seguramente me dará gusto conocerlo"

Caminó con ella hasta la mesa donde había dejado a Eriol esperando. Su amigo hizo una señal con la mano para indicarles su posición. Por un momento sintió como la mujer frente a él daba un paso inseguro, antes de continuar hasta la mesa.

"Tomoyo, que sorpresa" dijo Eriol, tomando a Syaoran por sorpresa, por la familiaridad con la que se dirigió a ella, cuando en ningún momento le había dicho que ya la había visto.

"Hola Hiraguizawa" dijo ella.

"Un momento, ¿acaso ya se conocían?"

Tomoyo se sentó en una de las sillas mientras dejaba su bolsa a un lado y lo miraba. "Podría decirse, nos conocimos hace muy poco."

Syaoran miro a Eriol levantando una ceja en cuestionamiento.

Eriol se pasó una mano por el cabello, despreocupado, no dejando de sonreír. "Así es, tuve la suerte de encontrarme con Tomoyo por la mañana. Me la topé fuera del edificio de diseño por coincidencia."

Syaoran no pudo evitar verlo con suspicacia. Sólo Eriol podía usar la palabra coincidencia de manera tan casual y aun así implicar tanto más para el que supiera donde buscar.

"Es verdad" dijo ella. "Hiraguizawa iba caminando cuando me dirigía a mi primera clase, iba un poco distraída y chocamos." Syaoran notó un sutil rubor en sus mejillas.

"Pero vamos Tomoyo, habías estado de acuerdo en llamarme Eriol, Hiraguizawa suena demasiado formal para mi gusto"

Tomoyo lo miró y Syaoran pudo jurar que estuvo a punto de entornar los ojos, pero se contuvo. En cambio, sonrió con amabilidad y dijo "Es cierto, Eriol, disculpa si me cuesta trabajo, acostumbro a ser un poco más formal"

Extrañamente, Syaoran sabía que eso no era verdad, no le había tomado ningún segundo pensamiento el llamarlo a él por su primer nombre.

Eriol sonrió.

"Bien" dijo Syaoran un poco incómodo. "¿Quieres tomar café?"

"Sí" respondió Tomoyo mirándolo y por algún motivo, Syaoran sintió que era una forma de evitar mirar a Eriol. "Muero por un cappuccino."

Eriol se puso de pie. "Iré a pedirlos, Syaoran ¿lo mismo de siempre?"

"Sí, gracias."

Cuando los dejó solos, Syaoran no pudo evitar su impulso por aclarar. "Disculpa si te ha incomodado, es un buen amigo, aunque tiene sus defectos es inofensivo."

Tomoyo volvió a ruborizarse. "No, no tienes por qué disculparte, es verdad, ha sido muy atento conmigo. Es sólo que…"

"Es sólo qué… ¿?" la animó a continuar después de que se quedó callada pensativa.

"No me hagas caso, probablemente no sea nada"

"Supongo que es muy pronto para que confíes en mí" dijo él comprehensivo.

"No es eso… tal vez suene extraño, pero tengo una sensación como si hubiera algo que he olvidado cuando estoy con él, probablemente sea sólo mi imaginación. En fin, nada de qué preocuparse."

Syaoran asintió. 'Interesante'

"La otra razón por la que quería verte es para darte noticias sobre la búsqueda" dijo ella alcanzando su bolsa y sacando de ella un sobre.

"Estos son los resultados de la búsqueda. Como verás no son muy buenas noticias, con la imagen y el nombre, el buscador arrojó 34, 500 resultados de los cuales 28,000 se encuentran en Japón"

Syaoran sintió su corazón desplomarse por un instante. "Me lo imaginaba" dijo finalmente. "Aun así te lo agradezco."

Tomoyo asintió. "Si tuvieras algún otro dato por ejemplo una fecha de nacimiento o inclusive un rango de edad podría ayudar a limitar mucho la búsqueda."

Syaoran suspiró "Lo sé, seguiré buscando para encontrar alguna otra pista."

"Syaoran, ¿puedo hacerte una pregunta?"

"Claro, dime"

"Si la viste una vez, ¿cómo es que no tienes una idea de en qué rango de edad se encuentra?"

Syaoran la miro un poco sorprendido. "Siempre haces todas las preguntas correctas, Tomoyo."

"Un cappuccino para la bella dama y un café latte para el joven" interrumpió Eriol con las bebidas.

Syaoran agradeció aquella interrupción, no sabía aun como contestar aquella pregunta.

Tomoyo no volvió a comentar nada al respecto ese día.