Capitulo 7
Escuchó un ruido semejante a tambores a lo lejos.
Abrió los ojos para notar que se encontraba en una habitación extraña. Las paredes de mármol estaban decoradas con pinturas de figuras de personas realizando diversas actividades. Tal vez podría decirse que era bella, pero le transmitía una sensación que la incomodaba. Sentía como si estuviera siendo espiada constantemente. Se movió inconscientemente debajo de aquellas suaves sábanas de seda blanca.
¿Dónde estaba? No era su casa en Tomoeda. ¿Estaba dormida? Por alguna razón esto se sentía diferente. No sentía que fuera un sueño. Podía sentir a la perfección todo lo que tocaba, podía escuchar cada sonido.
Tambores.
Volvió su mirada a la puerta negra cerrada de la habitación. Después hacia la ventana.
Tambores.
Saltó de la cama y corrió hacia la ventana. Tal vez sí era un sueño. Su corazón trepidante sabía lo que ocurría mientras ella no tenía idea. No podía ver nada por la ventana, pero con la mano sobre el borde, podía sentir un extraño temblor, mientras aquellos tambores seguían retumbando.
La escena cambió y ahora se encontraba corriendo por unas escaleras, sentía su vestido arrastrando tras ella, pero era lo que menos le importaba. Tenía una sensación de que debía apresurarse, de lo contrario algo terrible ocurriría.
Sintió a alguien siguiéndole los pasos, pero no tenía tiempo para voltear a ver quién era.
Al pie de las escaleras, un hombre la esperaba. Aquel hombre de ojos azules que había visto alguna vez en sus sueños.
"Syaoran me dijo que las esperara aquí, él se ha adelantado con su padre."
Las palabras la tomaron por sorpresa. No entendía su significado, aunque aun más sorprendida estaba de haberlas escuchado. 'Syaoran'
"Por donde fueron?" se escuchó a sí misma preguntar, un tono de preocupación impregnado en sus palabras.
"Vengan conmigo"
Se apresuraron hasta llegar a la entrada del castillo, cuando vio el cuerpo de Syaoran inconsciente en el piso. Un extraño hombre a su lado.
"¿Quién le hizo esto? Responde" Tanto su voz como la de su sueño se entrelazaron.
"Yo lo hice, fueron las órdenes del rey impedir a toda costa que saliera de aquí."
Sakura lo miró incrédula. '¿Rey?'
Unos ligeros movimientos llamaron su atención, Syaoran estaba despertando. Justo en ese momento las puertas del muro se abrieron, dando paso a un soldado.
"Princesa, la requieren afuera" dijo el soldado haciendo una pequeña reverencia. '¿Princesa?'
"¿Quién?" escuchó su voz.
"El rey Ikari, está hablando con su padre"
'¿Mi padre?' Volvió su cabeza hacia Syaoran quien aún no estaba consciente.
"Tomoyo, Eriol, asegúrense de que se encuentre bien" los nombres, las palabras salieron de su boca antes de voltear para seguir al soldado.
'¿Tomoyo, Eriol?'
"Pero Sakura…" escuchó la voz de la mujer tras ella, pero no se detuvo.
No entendía nada de lo que ocurría, en un instante se encontraba de frente a dos hombres mayores. Uno de los cuales era su padre. Y en otro instante sentía una punzada en su espalda donde la punta de la espada del otro hombre se encontraba amenazante.
"Sakura" escuchó la voz de su padre mientras su corazón se estrujaba con angustia. Hacía tantos años que no escuchaba la voz de su padre.
"¡Padre, suelta el arma!" escuchó, sabía que era la voz de Syaoran aun antes de ver que era él quien se acercaba. Por primera vez pudo escuchar la voz de Syaoran. De alguna forma era como había imaginado que sería.
"No, no lo haré." Repuso el extraño hombre que la amenazaba con fría tranquilidad. "Fujitaka, tú tienes la última palabra."
"Yo, no te puedo dar el control sobre mi reino. Hitaro, no puedo hacer lo que me pides, pero te entrego mi vida a cambio de la de mi hija."
"Papá … no" sintió el sollozo escapar de sus labios.
"No es una mala oferta" escuchó aquella fría voz a su espalda mientras la presión en su espalda desaparecía.
En un instante vio como el extraño hombre se abalanzaba sobre su padre, su espada bajando para encontrarse con el pecho de Fujitaka.
Un golpe al chocar metal con metal retumbó en sus oídos.
Tenía miedo, sentía el terror cubriendo sus venas.
Syaoran se había interpuesto con su espada. Nadie se movió por unos segundos, atónitos.
Su padre se acercó a ella mientras Syaoran luchaba con aquel hombre en un duelo de espadas. "Sakura vamos" dijo tomándola del brazo.
Ella se deshizo de su agarre. Lo único que tenía en la mente era a Syaoran. El miedo que la embargaba ante el peligro. La noción de que se encontraba en un sueño había dejado su mente por completo.
A pesar de que Syaoran era increíblemente hábil con la espada, en dos movimientos fugaces el otro hombre lo hirió. "Es verdad que tienes mi sangre, pero me avergüenzo de tener un hijo como tú" una expresión cruel de desprecio deformaba su rostro. " Adiós, hijo."
'¡No!' Corrió hacia Syaoran por instinto y sintió una fuerte punzada en su espalda a la altura de su corazón. Una sensación helada la embargó, expandiéndose hacia el resto de su cuerpo. Su visión era ocupada únicamente por el rostro de Syaoran frente a ella. Sus hermosos ojos ámbar abiertos en incredulidad.
"¡Sakura!" Syaoran dijo su nombre o tal vez lo grito, todo se volvía más confuso.
Ya no sentía fuerza, se sintió caer.
Una calidez contrastante con la de su cuerpo la envolvió. Parpadeó para ver a Syaoran de rodillas en el suelo, mientras la sostenía con sus brazos. Su rostro sobre el de ella. "No… no te preocupes, todo va a estar bien… vas… vas a estar bien" sentía como temblaba su voz. Esa voz que había deseado escuchar por lo que parecía tanto tiempo.
Sintió sus labios sonreír.
De reojo vio al hombre y la mujer. 'Tomoyo y Eriol'
Vio como él intentaba ayudarla, pero sabía que nada de lo que hicieran ayudaría. Esa sensación helada se había expandido por casi todo su cuerpo, apenas podía sentir sus manos. Apenas podía percibir la calidez que emanaba del cuerpo que la sostenía.
Vio los ojos de Syaoran llenarse de lágrimas. Esos hermosos ojos castaños.
"Vamos a llevarla adentro, Eriol" dijo sin dejar de mirarla "Vas a estar bien, ya verás"
Quería decirle que sí, todo estaría bien. Quería decirle lo mucho que deseaba que no llorara. Lo mucho que deseaba que la viera como ese día, con esa sonrisa en sus labios, en su mirada. Quería ver el reflejo risueño de sus ojos.
"Sya-Syaoran te… amo " escuchó su voz pronunciando esas palabras. Extendió su mano hasta tocar su mejilla, sintiendo el último fantasma de calidez de la piel del hombre. Vio como su mano manchaba de carmín su mejilla con su sangre. Sintió la verdad en sus palabras. Lo amaba.
"No" dijo él agarrando con fuerza su mano "No te atrevas… no te atrevas a despedirte de mí Sakura.. no… puedes" Las gruesas lágrimas no dejaban de escapar de su rostro.
"Sya… Syao…ran si-siempre… me…enamoraría...de...ti." Escuchó su voz antes de que la oscuridad la invadiera.
…
Sus ojos se abrieron desmesuradamente, estaba temblando. Pasó una de sus frías manos por su frente. Estaba cubierta de sudor. Bañada en lágrimas. Su corazón palpitaba rápidamente y no podía controlar el ritmo de su respiración.
"¿Por qué?" susurró temerosa, casi sin aire.
Desde hacía varios meses que esos sueños habían comenzado, pero nunca habían sido de esa forma. Ese sueño se sintió demasiado real. Sintió la frialdad de la muerte en su pecho. Había escuchado cada una de las voces.
No podía parar de llorar. Se levantó de su cama y vio el reloj. Apenas eran las dos de la mañana. No quería volver a dormir. Tenía miedo de cerrar los ojos.
Sin pensarlo más, corrió la puerta de su clóset y sacó unos pantalones deportivos negros y una blusa de algodón para dirigirse al dojo.
En un pequeño cuarto con piso de madera y un espejo en la parte posterior, se dirigió hasta el costal para practicar.
No se molestó en prender la luz, ella conocía cada medida, cada espacio de aquel lugar de memoria. Practicar combate libre la relajaba, la hacía olvidar todo. Era lo que necesitaba en ese momento, olvidar todo.
Comenzó su rutina, puñetazos y patadas volaban, pero no estaba funcionando.
'No te atrevas… no te atrevas a despedirte de mí, Sakura... no puedes'
Se acercó al saco y le pegó con todas las fuerzas que tenía. Una y otra vez, quería olvidar esos malditos sueños que no querían salir de su mente. Quería olvidar esa voz, esas palabras.
'¿Por qué?'
"¡DEMONIOS!" gritó.
De pronto una voz varonil la sacó de sus pensamientos.
"Si sigues así vas a acabar con el saco"
Aun así, no podía parar. "No me importa" No se molestó por pensar en cómo había llegado su hermano hasta ahí. Pensar que probablemente hizo un escándalo al salir con frenesí, el cual lo había despertado.
"Sakura ¿qué te pasa?" preguntó Touya desconcertado.
En vez de contestar, continuó golpeando y pateando. Siguió y siguió. Si se permitía parar sería su fin.
Touya se acercó y con un veloz movimiento interceptó sus manos impidiendo que continuara.
"Suéltame hermano, déjame en paz ¡suéltame!" gritó desesperada. No podía parar, no quería que sus sueños la alcanzaran otra vez.
"De acuerdo, peleemos"
"¿Qué?" preguntó confundida por un momento. "¿De qué hablas?... Sólo déjame sola Touya."
Él lanzó un puñetazo al aire, muy cerca de donde ella estaba, aunque midiendo bien la distancia para no pegarle.
"Vamos" la alentó. "Vamos."
Sakura no necesitó que se lo repitiera. Adoptó una pose de combate y atacó. Lanzaba fuertes patadas y golpes. Golpes que él recibía sin si quiera hacer el menor esfuerzo por esquivarlos. Un torrente de lágrimas salía de sus ojos verdes mientras atacaba con toda la fuerza que tenía. Se sentía frustrada, se sentía horriblemente mal. ¡Cuánta impotencia tenía!
Después de un rato decidió que debía parar. Su hermano era fuerte, pero ella también. Si seguía así lo lastimaría. Se tiró al piso agotada y vencida.
Sintió como Touya se sentaba junto a ella y la abrazaba. Lo único que pudo hacer fue derramar todas las lágrimas que tenía, mojando la playera de su hermano.
"Perdóname hermano"
Él nunca dejó de abrazarla. "No te preocupes monstruo, todo va a estar bien."
"Así que, ¿cómo amaneciste monstruo?"
"Bien" dijo en voz baja. Touya se había quedado con ella mientras había llorado y llorado toda la madrugada sin preguntar nada. Ya que se había tranquilizado se sentía apenada de que su hermano la hubiera visto en ese estado tan deplorable.
"Mmm… ¿Cuándo empiezas tus clases?"
"Las clases oficialmente empezaron ayer, pero iré hasta la próxima semana y me pondré al corriente, ya pedí permiso al directivo así que no te preocupes."
"¿Que no me preocupe? ¿Por qué me preocuparía si al fin me voy a librar de ti?" dijo bromeando. Sakura sabía que cada vez que intentaba molestarla era para levantarle el ánimo.
"Sí claro" También sabía que para Touya había sido difícil permitir que tomara la decisión de estudiar en el extranjero. Permitir que se alejara de él. Y después de la escena de ayer, seguramente tendría más dudas. "Mis maletas ya están hechas, mañana cuando llegue allá me dedicaré a desempacar y a acomodarme."
"Bien, recuerda que lo primero que quiero que hagas al llegar allá es hablarme por teléfono ¿está claro? Tus visitas allá no pueden quedarse después de las diez de la noche y no puedes llevar hombres al departamento."
Sakura no pudo evitar esbozar una sonrisa mientras entornaba los ojos. "Sí, sí. Ya lo sé. Me hablarás para checar cómo estoy y si descubres que no te obedezco irás personalmente por mí." Repitió como si fuera un mantra, ya lo habían discutido varias veces. "Ya lo sé hermano. ¿Crees que algún día dejarás de tratarme como a una niña pequeña?"
El rostro de Touya se tornó serio. "Tal vez, si me dices qué fue lo que te ocurrió por la noche Sakura."
Intentó no encogerse con vergüenza. Sabía que no podría evitar esa pregunta. "No paso nada. No me sentía muy bien, es normal, no te preocupes." Lo único que se le ocurría era pretender no darle importancia.
"¿Normal? ¿Dices que es normal, Sakura Kinomoto?" Muy pocas veces empleaba ese tono de voz con ella, eso aunado a que la llamara por su nombre completo no era muy buena señal. "Me estás diciendo que es normal que me despierten los ruidos de las puertas azotándose en la madrugada, tus golpes frenéticos y que te soltaras llorando. Eso lo clasificas como ¿normal?"
Sintió sus palabras como un balde de agua fría. "Perdóname hermano, te juro que no sé qué me pasó" dijo apenada. "Pero te prometo que estoy bien" añadió de prisa.
"Sakura, sabes que puedes decirme lo que sea ¿verdad?"
'Claro excepto que me estoy volviendo loca por unos simples sueños.' "Sí, lo sé Touya. No te preocupes voy a estar bien, lo prometo."
N/A:
Hola!
Y bueno ese fue un sueño bastante distinto y mucho más explícito. Por otro lado Sakura está a punto de viajar a Hong Kong, ¿que pasará cuando sus sueños comiencen a mezclarse con la realidad?
¡Espero que les hayan gustado estos capítulos!
Nos vemos muy pronto :)
Mar.
