Notas: La primera opción era enviarlos a Tython y que la historia siguiera tal y como pasa en la serie... Pero mis emociones necesitaban que esta pequeña familia se tomara un tiempo para disfrutarse. ¡Así que rumbo a Tatooine!

Aviso: pasan cosas. Pasan MUCHAS cosas en solo un par de capítulos XD

Cap. 12

Cuando el motor del propulsor derecho del Razor comenzó a toser tizne de combustible, Mando no se molestó demasiado. Tatooine quedaba a la distancia perfecta para alcanzar a llegar sin muchos inconvenientes antes de que el daño fuera irreparable. Además, hacía mucho tenía que cambiar esa parte… Y en cualquier caso, ¿qué eran un par de días más de viaje?

Peli Motto estaba sonriendo de oreja en oreja cuando el Razor se posó en el patio de su taller.

- Píntenme azul y llámenme chagriana – dijo limpiándose aceite de las manos, mientras sus tres pequeños droides corrían hacia la nave diligentemente, herramientas en mano. – Si no es nada menos que el Mandaloriano del momento.

- Peli – saludó Mando descendiendo.

- Qué bueno que sigues con vida, habría perdido un par de apuestas si no fuera así. Ahora, ¿dónde está? ¿Dónde anda la pequeña ratita del desierto? Oh – miró al hombre súbitamente horrorizada. - ¿Terminaste por perderlo, al fin?

- Está…

- Oooh – la mecánica se lanzó con los brazos abiertos hacia la escotilla, por donde descendía el pequeño mirando a su alrededor serenamente. – Ven acá, ven, mi tesoro. Oh, cómo te extrañé. Qué lindo estás, como siempre, Ojos Brillantes. Sí, extrañas a la tía Peli, claro que sí. ¿Cuándo vas a sacarle cría? – reclamó al mandaloriano, cargando al pequeño con adoración.

- Bueno, es oficial – Larr descendió también, sacudiéndose las manos de tizne. – La bobina del compresor del transformador térmico está desgastada. Vamos a tener que conseguir un nuevo empaque si queremos desacelerar con BCT.

- Vaya, ese es el idioma Galáctico más claro que he escuchado en un Kubaz – comentó sorprendida la mujer. – Y también, el Kubaz más alto que he visto. ¿Qué tal?

- Humano, me temo – Larr se quitó la máscara de gas. – Parece que estamos en todos lados.

Estrechó la mano de la mujer, que le dio un gesto apreciativo y luego al mandaloriano.

- Siempre andando con compañía interesante, Mando – dijo. – ¿Qué pasó con lo de "no ser servicio de taxi"?

- Necesitaba un piloto auxiliar – explicó Din.

- Pues dime dónde los consigues – la mujer le dio otra mirada a Larr. – Primero Ojos Brillantes y ahora Ojos Azules; parece que tienes tu preferencia clara.

Larr rió con fuerza.

En el interior de la casa/taller, la mujer los invitó a sentarse.

- Lo que sea que estés necesitando, espero que no involucre soldaduras de cromio – indicó, poniendo unos vasos sobre la mesa. - Está más escaso que nunca en esta época.

- Esas son malas noticias – le dijo el mandaloriano. – Precisamente necesito un reajuste en uno de mis propulsores. Apenas pudimos atravesar la atmósfera sin reventarlo.

- Vas a tener que hacer un viaje a una de las villas, entonces – Peli ladeó la cabeza. – Quizá, con mucha suerte, alguna tenga una reserva que pueda alcanzar para el arreglo que necesitas.

Larr se cruzó de brazos.

- ¿Los deshuesaderos de la aduana de Mádix no están cerca de aquí?

La mujer parpadeó.

- Tendré que preguntar a un colega. Pero creo que he escuchado de un negocio así en uno de los parajes.

- Algunos contactos me hablaron del decomiso de unos contrabandistas mon calamari en su órbita hace tres días – explicó el hombre. – Quizá aún haya algo que se pueda salvar entre los sobrados que hayan dejado los oficiales de la aduana.

- Y eso es lo que yo llamo un hombre informado – lo señaló la mecánica. – Déjame adivinar, ¿aranceles?

- Médico – sonrió él, estrechando su mano de nuevo. – Larr Mósdov.

Mando dudó por tan solo un segundo, decidiendo que Peli era alguien en quien podía confiar.

- Larr es mi Riduur – le dijo. – De acuerdo a la tradición mandaloriana, es mi esposo.

La mujer abrió los ojos de par en par y le dio una sonrisa taimada.

– Vaya, vaya, Mando. Cada seis meses sales con algo que sorprende. Felicidades, gruñón – le dio una palmada en el beskar en su hombro. Se volvió al pequeño sentado en la mesa y organizó un poco el cuello de su túnica. – Es bueno saber que este tesoro tiene dos papás que lo cuiden ahora. Espero que tú… – le dio una mirada recelosa a Larr - … tengas un poco más de sentido común en lo que tiene que ver con no dejar jóvenes sin supervisión

- ¿De qué…?

- Te diré luego - aseguró Din.

· • —– ٠ ✤ ٠ —– • ·

Después de comer, beber y conversar, decidieron pasar la noche en la habitación de huéspedes de Peli, que parecía más que feliz de poder ofrecerles su hospitalidad.

- Es lo menos que se merecen unos recién casados – dijo, poniendo unas cobijas adicionales en una de las mesas de la habitación. – No puedo imaginar que la caja de cerillos del Razor Crest a la que llamas "habitación" sea un lecho decente para una Luna de Miel.

- Los mandalorianos no tienen Lunas de Miel – informó Din. – Muchas veces realizamos el ritual de vínculo en el fuego de la batalla. Poder escuchar la voz del otro indicando su supervivencia luego de eso, es más que suficiente.

- Hmm – la mujer apretó los labios. – Mejor escucharla sobre una cama relativamente cómoda y sin el peligro de un ataque inminente. Tómalo como mi regalo de bodas – les guiñó un ojo a ambos. Luego de esto les deseó las buenas noches.

Se sentía realmente extraño, poder quitarse todo su beskar (incluyendo su casco) y acostarse en un lecho agradable mientras Larr se deslizaba a su lado y lo miraba al rostro con expresión enamorada.

El pequeño estaba dormido a unos metros, en una cuna de madera con biombos de un escandaloso color rosa que Peli había encontrado y mirado enternecidamente antes de limpiar y adecuar para ellos.

No hacía ni mucho frío, ni mucho calor. Tenía el estómago lleno y las cobijas que los cubrían eran sorprendentemente suaves.

Y lo que era más, se sentía muy a salvo.

Era muy extraño.

¿Qué diría su padre adoptivo si supiera que estaba en estas circunstancias tan… suaves?

"Estás con tu Riduur", es lo que le diría. Y seguramente agregaría algo sobre sus obligaciones maritales.

Mando no quería pensar en obligaciones, solo en lo que quería hacer.

Así que se permitió echarle una última mirada a la puerta asegurada y la cuna cubierta antes de volverse al otro hombre y observarlo tal y como éste lo observaba, admitiendo sin cautela la sensación de ese cuerpo cálido contra el suyo.

- Theo – pronunció suavemente.

Cuando podía mirarlo así, sin vergüenza y sin aprehensión, simplemente no podía dejar de hacerlo. Larr era fascinante. Din se sentía enloquecer un poco cuando se permitía observarlo solo por observarlo.

El hombre le sonrió con una expresión plácida.

- Din –. Tocó su rostro con cuidado. – Te extrañé, guapo.

- ¿Guapo? – el mandaloriano levantó las cejas.

- No actúes tan sorprendido –. Larr dio una pequeña risa y rosó con los dedos su vello facial. – Nunca pensé que me gustaría un tipo con bigote…

- Hay primeras veces para todo, ¿verdad? – dijo Din. El otro hombre rió y él lo imitó sin poder evitarlo, pero su risa desapareció en unos segundos. Suspiró. - En realidad, no pensé en nada parecido a una Luna de Miel – confesó.

Larr rozó su mentón con los nudillos, un gesto dulce desconcertantemente íntimo.

- ¿Parezco la clase de sujeto que se preocuparía por eso? – le dijo. - Además, no tener una sólo significa que tendremos que ponernos al día – le guiñó un ojo.

- ¿Ah, sí? – el mandaloriano se giró más hacia él, tocando su rostro con su pulgar. Muy a su pesar, porque se había prometido dejarlo que durmiera, como obviamente necesitaba… pero su cuerpo parecía moverse por sí solo.

- Sí – el hombre habló con un tono seductor que Din estaba más que feliz de descubrir y explorar. Parecía muy en sincronía con sus intenciones. – Quizá todos los días.

- Todos los días, ¿eh? – sin poder evitarlo, con la piel vibrando, Din puso un dedo bajo su barbilla e hizo la más suave presión para llevar su boca a la propia. Lo besó suavemente una y otra vez, y sintió a Larr derretirse en sus brazos. Se giró sobre él con cuidado, guiado por la calidez de su cuerpo fuerte que era dulce y electrizante.

Esa sensación aún novedosa de sus manos sobre su rostro se replicó en el resto de su cuerpo. Lo mismo pasó con sus labios probando y su piel cada vez más desnuda contra la propia.

Din lo observó con cuidado, permitiéndose perderse de nuevo en la sensación de todo lo que era él durante no supo cuánto tiempo, solo que era el mínimo para procesar cómo se movía contra él, cómo intentaba mantener un volumen bajo, cómo lo tocaba y miraba como si fuera algo invaluable, cómo el placer los traspasaba como un vendaval benéfico.

Cuando el adormecimiento llegó, apoyó la cabeza en su hombro sin pensarlo, y justo allí se dio cuenta de dos cosas: una, que estando allí, así, con él, no echaba de menos el beskar. Y dos: que mil años no serían suficientes para vivir junto a este hombre.

- Theo – murmuró.

- ¿Mmm?

Gruñendo, se incorporó en un codo para mirarlo a los ojos.

- Te amo también.

- Aah – el hombre haló un rizo de su cabello juguetonamente, incapaz de contener una sonrisa. – ¿En serio?

- Sí.

- Cásate conmigo, entonces.

Din sonrió brevemente, agotado. Lo besó de nuevo y volvió a acomodarse contra él.

· • —– ٠ ✤ ٠ —– • ·

El día siguiente lo despertó con el movimiento suave de la cama. Un gruñido bajo, un pequeño gorgoreo infantil y la abundante iluminación de la habitación que lograba colarse incluso por sus párpados cerrados, terminaron de traerlo a la realidad.

- Din.

Abrió los ojos a la voz suave que lo llamaba y vio a Larr sentado en el borde de la cama, sonriéndole antes de extenderle su casco. – El peque despertó.

Consiguieron dos motos jet y trazaron el itinerario hacia las villas donde podrían conocer más de los deshuesaderos de Másdix. Se abastecieron de provisiones y municiones con Peli y se lanzaron al desierto, cortando la arena con sus propulsores.

Mientras avanzaban, el mandaloriano le advirtió a Larr sobre las modalidades de hurto en los parajes rocosos que deberían atravesar en algunas ocasiones, sobre los dragones Krayt que aún se movían bajo las dunas, sobre los Tusken Raiders y los cazadores de fortunas esperando a poner sus manos sobre la primera oportunidad de dinero o fama que se presentara. Al parecer, en su última intervención allí todos estos peligros habían sido cosa del día a día.

Habiendo escuchado todo esto, Larr se sentía más en casa de lo que lo había hecho en el cuartel lanthariano.

Si pudiera agregarle a todo esto un consultorio médico rústico que necesitara ser utilizado, un nuevo tipo de patógeno nunca antes estudiado, o un complot que involucrara un laboratorio de investigaciones deshonesto, habría pensado que estaba soñando.

O quizá era la sensación de "Luna de Miel" con que Peli los había provocado durante toda la preparación de su viaje.

Quizá era eso. Su dopamina estaba por las nubes.

· • —– ٠ ✤ ٠ —– • ·

Cuando comenzaba a caer el sol, comenzó a acercarse a ellos y a toda velocidad un puñado de massiffs.

Las criaturas reptilianas chasqueaban sus colmillos amenazadoramente y gañían, rodeándolos y cerrándose a su alrededor.

- ¡Mierda! – juró Larr, empuñando su vibrohoja.

- ¡Tranquilo! – le gritó Mando sobre el ruido del viento. Para sorpresa del otro hombre, comenzó a disminuir la velocidad, farfullando algunos vocablos en tuskeno.

Cuando se detuvieron por completo, los massiffs los rodearon con ánimo juguetón y de la arena frente a ellos emergieron unos Tusken Raiders, bajando las armas que habían tenido preparadas.

Larr escuchó el intercambio entre ellos y Mando, que obviamente conocía sus costumbres. El médico entendía su idioma, pero no era capaz de reproducirlo como el otro hombre.

Los Moradores de la Arena, naturalmente, estaban pidiendo recibir un peaje por el tránsito entre sus tierras. En especial buscaban agua, que les sería reconocida por un altísimo valor.

- Pregúntales por qué agua – dijo Larr al mandaloriano. Éste lo hizo, y terminaron por ofrecer a los tuskenos un trato mejor.

· • —– ٠ ✤ ٠ —– • ·

Una epidemia había caído sobre los tuskenos. Un virus inofensivo, indicó Larr tras diagnosticarlos, que no haría más estragos que un resfriado común, pero que por sus características era más duradero de lo normal. Por eso el grupo de Moradores llevaba casi completamente incapacitado durante varias semanas, algunos de ellos presas de un tremendo malestar y otros viéndose obligados a cazar peajes de la forma en que lo habían hecho con ellos.

Larr hizo un chequeo del grupo, les preparó sueros y analgésicos y les explicó cómo superar ese pequeño episodio de contagios sin mayores inconvenientes, todo a cambio de que les permitieran la libre circulación por Tatooine.

- Parece que les caímos bien – adicionó Mando mientras conversaban alrededor de una fogata en el exterior de un pequeño complejo de cuevas donde los Moradores habían montado sus tiendas de campaña. – Dicen que podemos quedarnos con ellos hoy.

- Hmmm… Bueno, es un virus frente al que los humanos somos inmunes. Y tú… – señaló a Grogu - has vivido al menos veinte años más que nosotros, así que tu sistema inmune está más que adaptado y es tan poderoso como tú mismo, pequeña y hermosa criatura extraordinaria.

Mando ladeó la cabeza.

- Nunca te pregunté cuántos años tienes – dijo con curiosidad, mientras Larr forzaba un trago del melón negro que le entregaba un tuskeno en actitud agradecida.

El otro hombre se estremeció luego de tragar y se tomó un par de segundos para recuperar el habla.

– Olvidamos tocar el tema, ¿verdad? – jadeó y le sonrió-. Bueno, tengo treinta y cuatro. ¿Qué tal tú, esposo?

- Cuarenta y uno.

- Nada apropiado para adoptarme, después de todo.

- Afortunadamente no.

Conversaron con los Moradores hasta entrada la noche, conociendo lo que había estado sucediendo en Tatooine, la minería, los asaltos a las poblaciones y los últimos movimientos de los Sarlacc en el Gran Pozo de Carkoon. Luego, los tuskenos les ofrecieron una cueva cuya entrada estaba casi a lo alto de la formación rocosa. Mando y Larr dejaron las motos jet ocultas en una abertura poco visible de la base y se instalaron para descansar unas horas.

Sobre una saliente amplia y polvorienta, Larr se echó de espaldas para observar las estrellas. Grogu, que estaba sentado a su lado, lo imitó dejando salir un pequeño suspiro.

Din solo los observó, el hombre hablándole al pequeño suavemente, señalando hacia el cielo y abarcando el infinito frente a él con los gestos de su mano, y el niño siguiendo sus palabras con sus balbuceos y miradas extraordinariamente expresivas.

No se atrevió a interrumpirlos.

- ¿Quién iba a pensar que un bebé de cincuenta iba a dormir tanto como uno de dos? – dijo el médico cuando entró a la cueva con el niño en brazos una media hora después, hablando suavemente para no despertarlo.

Se echó al lado de Din, que estaba acostado sobre su saco de dormir, y ubicó al pequeño entre ellos con cuidado. Luego lo miró al casco y el mandaloriano tocó su rostro. El otro hombre cerró los ojos y descansaron unas horas.

· • —– ٠ ✤ ٠ —– • ·

Llegaron a su primera parada, Mos Pelgo, al mediodía siguiente.

Al parecer Mando tenía un buen contacto allí que conocía de primera mano las idas y venidas de la minería, bandidos y mercancía y restos de segunda y tercera mano de esa parte del planeta. Así que ingresaron a la taberna de la villa ansiosos por ocultarse del sol canicular, y preguntaron por él.

- Que me lleve el diablo – rió Larr, al ver que la mano que estrechaba Mando era nada menos que la de Cobb Vanth. – ¡Por supuesto que ustedes dos se conocen!

- Un momento… ¿Larr Mósdov? – el Marshal de Mos Pelgo, se volvió, sorprendido.

- El mismo.

- Pensé que estabas muerto, demonio con suerte – el hombre le dio un corto abrazo. - ¿Y ahora andas con estos dos? – miró al pequeño que curioseaba por ahí y al mandaloriano que los observaba con los brazos cruzados. –…Buena suerte manteniéndote fuera de problemas.

- Nunca ha sido mi objetivo.

- Y gracias a Dios por eso. No me imaginé que los iba a tener a ustedes dos en mi oficina, a la misma vez. Y tengo que confesar que solo eso me preocupa. ¿Qué van a tomar?

- ¿Sirven leche achocolatada aquí? – bromeó Larr.

Se sentaron durante horas a conversar sobre el estado de Mos Pelgo, las novedades del Marshal que se encargaba de su seguridad, y la escasez de cromio en el planeta.

- Bueno, de cromio está hecho el trofeo de la Carrera de Pods de Mos Espa este año – les dijo Cobb llegada la noche. – Aunque lamento decir que está pintado de verde…

- Hmm… - Larr se cruzó de brazos. El mandaloriano supo lo que estaba pensando.

- No – dijo firmemente.

- Solo se me ocurrió que…

- Acabamos de casarnos, Larr. Hace menos de dos semanas. No vamos a tomar riesgos innecesarios hasta que terminemos nuestra misión principal –. Señaló con la cabeza al pequeño que jugaba con un Ojo de Mesra que le había llevado el tabernero.

- Esa es una postura razonable – lo señaló Cobb. – El matrimonio viene primero. Excepto cuando no viene primero, como cuando hay peligro de muerte inminente. Pero a mi modo de ver, podrían seguir con su plan. Un par de días más de viaje, ir a las periferias de Mos Hemla, donde está el deshuesadero de Mádix y negociar con los encargados.

- El deshuesadero privado de Mádix es Mos Hemla, por lo que he escuchado – dijo Larr. Luego se cruzó de brazos con una expresión de estupefacción. – Rayos, estoy casado.

- Tendríamos que marcar en el itinerario puntos donde pueda haber objetos valor – el mandaloriano señaló el mapa holográfico frente a ellos. - En caso de que se les ocurra ponerse exigentes al momento de la negociación

Cobb agregó información valiosa sobre qué rutas evitar y a cuáles aproximarse por seguridad. Luego, en su casa, conversaron sobre la operación con la que Mando y él habían acabado con el Dragón Krayt y otra donde Larr le había ayudado a liberar a una carga de granjeros de agua que iban a ser ofrecidos como esclavos a un Hutt.

- El agua es escasa en Tatooine como norma general, como para que pasara eso – dijo Cobb. – Muchas cosas hacen hervir la sangre acá, pero ésa de verdad me molestó. ¿Saben qué? Tengo mucha suerte como para que personajes como Larr Mósdov y el Mandaloriano con la armadura más brillante que nunca hubiera visto – levantó su vaso hacia él - decidan echarme una mano para darle un poco de paz a este lugar. Salud a los dos. Y larga vida a su pequeño heredero.

· • —– ٠ ✤ ٠ —– • ·

Dejaron Mos Pelgo al día siguiente ("¡sin un solo incidente!", celebro Cobb) y se dirigieron en compañía del Marshall hacia un cruce secundario que los llevaría hacia Mos Hemla en un uno o dos días de camino.

Cobb les dio algunos recomendaciones finales, estrechó sus manos y le dio a Grogu un pequeño juguete de madera antes de irse.

En cuanto el hombre se alejó en su moto jet, el pequeño lanzó la figura al piso.

- ¡No…! – Mando suspiró y la recogió. - ¿Estás obsesionado con el agarre de la palanca del hiperdrive, pero tiras los juguetes que te dan nuestros amigos?

- Puede que prefiera el metal – Larr se alzó de hombros. – El hombre sabe de calidad.

· • —– ٠ ✤ ٠ —– • ·

Más notas: ¿Transformadores térmicos? ¿bobinas de compresores? ¿Desacelerar con BCT? ¿Cromio? Es increíble lo divertido que es jugar con palabras que suenan complicadas cuando no tienes ni idea de lo que significan XD