Disclamer: Todos los personajes y parte de la trama pertenecen a Thomas Astruc y Jeremy Zag, yo solo escribo para divertirme y sin ánimo de lucro.
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Nota: He decidido participar en el reto #MarichatMay porque el marichat es uno de mis shipps favoritos y como el año pasado me quedé sin tiempo, pues espero resarcirme este. Trataré de llegar lo más lejos posible y no retrasarme demasiado a la hora de subir los relatos. ¡Espero que os gusten!
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Maullidos a la Luz de la Luna
(Reto Marichat para el mes de Mayo)
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Día 9: Manta
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—Puntos fuera —Susurró al caer en el centro del callejón.
La luz rosada la rodeó devolviéndole su aspecto y en cuanto el resplandor se consumió, la oscuridad se hizo casi absoluta. Tikki revoloteó cerca de su cabeza, apenas si podía ver la luz que manaba de sus enormes pupilas.
—¡Este callejón es fantástico! —Exclamó— Es tan oscuro que no puede verse nada desde las ventanas del edificio, por ese lado no hay salida y el otro queda cubierto por ese enorme contenedor de basura.
. ¡Perfecto para transformarse sin ser visto!
—Al parecer Chat Noir ha pensado en todo… —comentó la chica impresionada.
A unos pocos metros encontró unas escaleras de metal que subían por la pared rumbo a la azotea. Marinette no había contado los pisos la última vez que estuvo allí, y al estirar la cabeza para hacerse una idea, no vio nada a causa de la falta de luz.
Será una larga subida se dijo, tirando de las correas de su mochila.
Se cogió a uno de los asideros de la escalera, estaba frío y rasposo. Un melancólico chillido reverberó en el metal hacia arriba seguido de un temblor que no le gustó nada.
—¿Estás lista?
—No sé, Tikki —vaciló, mordiéndose el labio inferior—. ¿Y si Chat Noir no está ahí arriba?
—Pues le dejas el regalo y cuando él lo vea, sabrá que todo está bien.
No estaba segura de que las cosas pudieran resolverse así de fácil… Las otras veces que Chat Noir se había enfadado con ella (bueno, con Ladybug) el chico había estado un tiempo enfurruñado. No es que fuera rencoroso o algo parecido, pero sí había aprendido que necesitaba un tiempo para volver a tratarla con normalidad. Que un akuma apareciera de improviso para atacarles, solía ayudar a que el proceso se acelerara… Pero ahora todo estaba tranquilo.
Además, una cosa era que Chat no pudiera estar demasiado tiempo molesto con su adorada lady, y otra cosa era ella. Marinette sabía que el afecto no era el mismo y… Esa idea la inquietó un poco, pero se recompuso.
Ya había llegado hasta allí y al menos debía intentarlo.
Cogió aire y se agarró con la otra mano al asidero, pegó un salto hacia el primer peldaño y toda la estructura de la escalera se balanceó ligeramente. Marinette chilló y Tikki se agitó a su lado.
—¡Cuidado, Marinette! —La urgió—. No tan fuerte.
¡¿No tan fuerte?!
¿No decían que los edificios antiguos eran los más sólidos? Apretó los párpados un momento y, con algo más de delicadeza, empezó a subir.
Los escalones crujían cuando, debido a su peso, el metal se retorcía en leves sacudidas. Se arañaba contra la pared, temblaba; pero ella continuó sin mirar abajo, sin quejarse si quiera en su mente para no desfallecer.
Lo hacía por Chat Noir.
Tardó cerca de media hora hasta que atisbó un tenue resplandor. Achicó los ojos y se topó con la línea del borde de la azotea. Al parecer había alcanzado la cima aunque llegó casi sin resuello y tuvo que detenerse, aferrada a la piedra, para respirar antes de hacer fuerza con los brazos y deslizarse al otro lado.
Pero en cuanto asomó la cabeza las pocas fuerzas que le quedaban la abandonaron y un profundo aturdimiento la atrapó
—Tikki… —Llamó al Kwami y esta acudió, asomándose desde los pliegues de su chaqueta—; ¿qué… es esto?
—Vaya…
Aquella no era la misma azotea a la que el héroe la había llevado hacía cinco días. Era el mismo lugar, pero todo se veía diferente.
Marinette tardó unos segundos en terminar de trepar y a punto estuvo de tropezar y caerse al pasar las piernas por el borde puesto que no podía apartar los ojos, si quiera parpadear.
Todo estaba cambiado.
—¿Cómo ha podido hacer todo esto en tan poco tiempo? —murmuró sobrecogida, apretando la tira del bolsito y frunciendo levemente las cejas—. ¿Por qué…?
Pero volvió a enmudecer, debido a la impresión.
Allí ya no había nada que pudiera calificarse como basura, para empezar. Todos los trastos inútiles habían desaparecido o estaban dispuestos en otro lugar de modo que parecía parte de esa nueva decoración que resultaba algo ilógica, pero a la vez creaba una atmósfera intrigante, divertida… y cálida.
Sobre todo cálida.
Frente a ella estaba el único muro de piedra con la puerta de metal que daba paso al edificio. La roca ya no era gris, ni tenía desconchones sino que había sido pintada de blanco y sobre el dintel, brillaba el viejo cartel desgarrado del antiguo café.
En él podía leerse ahora:
El café secreto
De algún modo, Chat Noir había unido la tela rota a otro pedazo de una tonalidad parecida y copiando la caligrafía impresa, le había dado un nuevo nombre.
Sobre el resto del muro había macetas de colores con geranios rosas, rojos… algunos abiertos ya, pero la mayoría por florecer. A los lados del cartel, estaban los escudos de bronce que ofrecían reflejos ocre y en el suelo, a ambos lados, los anticuados marcos de madera contenían un par de focos de luz led que iluminaban todo de blanco.
De la parte alta del muro partían varias cuerdas de las que pendían bombillas de luz amarilla y graciosos farolillos iluminados, atravesaban la azotea como estelas resplandecientes y se enroscaban en los bordes de las paredes de enrejado negro que cercaban el espacio.
Marinette giró, extasiada, y fue observando una a una las esquinas, quedando cada vez más impresionada y conmovida por el nivel de detalle y cuidado que mostraban.
En la pared que quedaba frente a la puerta estaban las viejas sombrillas. Abiertas, ahora, daban cuenta de vivos colores resaltados por unas lucecitas parpadeantes que iban de una a otra como una constelación de tímidas estrellas recién nacidas. Junto a ellas se apilaban el resto de mesas y sillas, Chat Noir no se había atrevido a deshacerse de ellas.
En la pared de la derecha, bajo el enrejado, había una parcela de césped artificial. Sobre él había cojines y alfombras que aún no tenían un lugar específico. Y en la última parte había aparecido una estantería de metal blanco cuyos estantes estaban repletos de velas que titilaban en el interior de graciosos botecitos de cristal, protegidas así sus llamas del viento. Observó también un viejo aparato de música, algunos discos, libros, juegos de mesa…
—No puedo creerlo, Tikki… —murmuró, perpleja—. Esto es… es tan…
. Es demasiado.
—¿Demasiado? —replicó la pequeña criatura, mucho más entusiasmada—. ¡Mira eso!
Marinette volvió a girar y su mirada viajó hacia el gran espacio central. El punto mágico sobre el cual las luces convergían y las energías dispares de los espacios diferenciados de la azotea parecían encontrarse.
Ya no había suciedad, ni polvo, ni hojas secas… el suelo de cemento había sido barrido a conciencia. La solitaria mesita redonda seguía en su lugar y las dos sillas rojas también, pero los ojos de la chica se abrieron de par en par cuando descubrió sobre ella un auténtico juego de té.
Se acercó a toda prisa, captando que el dulce aroma de incienso de lavanda que adornaba el aire se hacía más intenso. Contempló, con un nudo en la garganta, la tetera de color amarillo con ribetes y flores de color rosa palo, y las tacitas dispuestas, la diminuta jarra de leche, el bote del azúcar…
—¿Por qué ha hecho esto? —Se preguntó. Tomó una de las tacitas y, por alguna razón, se la llevó a la nariz. Tenía un olor dulce, indeterminado, pero muy agradable—. Después de las cosas que le dije…
. ¿Ha seguido haciendo todo esto… por mí?
Era tan incomprensible para ella esa posibilidad que, de forma automática, su mente le dijo que no.
No puede ser por ti le razonó, sin más explicación. Después de que le echaras de tu casa, seguro que ha seguido preparando esto para…
—¿Compartirlo con alguien más? —finalizó ella, experimentando una descarga de desasosiego en lo más hondo de su alma.
—¿Alguien más? —inquirió Tikki desde su bolso—. ¿Con quién más podría compartirlo?
Solo había una respuesta posible a esa pregunta.
Ladybug.
Eso tenía mucho más sentido, ¿verdad? Cuando Chat organizaba sorpresas de ese tipo, siempre eran para la heroína. Marinette estuvo segura de que todos esos bonitos detalles, tanta dedicación y esfuerzo estaban dirigidos solo a impresionarla a ella.
No para mí decidió y soltó la tacita en su lugar. Un malestar repentino la invadió y tuvo que frotarse los brazos. No tenía sentido, en primer lugar, que se tomara tantas molestias conmigo.
No obstante, se sintió fastidiada al pensar en la heroína. Porque Ladybug ya tenía el afecto y amor incondicional del héroe todo el tiempo. ¿También era necesario agasajarla con aquel lugar secreto que debía ser suyo?
Avariciosa pensó sin querer. Fue un pensamiento fugaz y al hacerse real, Marinette se llevó una mano a la cabeza, incrédula. ¿Qué demonios…?
¡Yo soy Ladybug!
Y por un momento, fue como si se disociara para sentir celos de sí misma.
Bueno, celos no, se dijo. ¡Por supuesto que no! Esa no era la palabra, ni la emoción correcta. Porque ni a Ladybug, ni a Marinette les interesaba Chat Noir de ninguna manera de las que podían inspirar ese tipo de celos…
—¿Marinette?
La chica se tensó.
Justo cuando estaba meditando si en verdad había sido una buena idea ir hasta allí, fue atrapada.
Se aseguró de que su bolsito estaba cerrado y muy despacio, se giró hacia él.
Chat Noir estaba ante ella, con una gran caja en sus manos, mirándola con una expresión tan ambigua que no supo interpretar de primeras.
—Hola, Chat —Saludó, cohibida. ¿Estaría muy enfadado? Más le valía empezar a disculparse por lo mala que había sido con él pero, al tenerle de nuevo delante, se desinfló y prefirió retrasar el incómodo momento—. Vaya… esto es…
—¡Has venido! —exclamó él. Y ella le observó mejor. Escrutó su rostro buscando señales de molestia pero no halló ninguna. Sus ojos despiertos brillaban y su semblante parecía estar cambiando—. No sabía si lo harías después de…
—¡Yo…! —Descolocada, cogió mucho aire, sintiendo que el trabajado discurso de disculpas que había preparado se le atascaba en la garganta—. ¡Verás, yo…!
—Pero estás aquí —continuó él, como si no la hubiera oído. Soltó la enorme caja que traía y se acercó a ella. Sus labios se fueron curvando, despacio, en una trémula sonrisa y su mirada se desvió un instante antes de añadir—. Me alegra que hayas venido.
—¿Ah, sí?
—¡Pues claro! —declaró sin dudar. Alargó una mano hacia ella que se tambaleó, y acabó alzándose para señalar el sitio—. Nuestro café secreto está casi listo…
—¿Nuestro?
—¡¿Qué te parece?! ¡¿Te gusta?! —El chico se cruzó de brazos con aire satisfecho—. ¿Verdad que ahora tiene mucho mejor aspecto que antes? —En ese momento debió notar el silencio de la joven porque se inclinó un poco hacia ella buscando su rostro—. ¿Marinette?
Ella apretó las manos a su espalda, con mucha fuerza y respiró despacio para mantener a raya la emoción.
Entonces, ¿si era para ella? ¿Todavía quería que compartieran ese lugar? ¿Aún quería pasar tiempo a su lado después de todo?
Por el rabillo del ojo vio de nuevo la diminuta tacita y sintió una agitación en el pecho que la hizo temblar.
—Entonces… ¿te gusta? —volvió a preguntar, con cuidado. Ella asintió, con dificultad y él dibujo una sonrisa triste—. ¿Y qué… va mal?
Marinette respiró hondo para que la voz no le vacilara.
—La última vez que nos vimos fui muy mala contigo…
—¡No! No fuiste mala.
—Sí, lo fui. Te dije cosas muy horribles que no eran verdad —Tensó sus hombros y compungida, alzó su mirada a punto de romperse—. No quería hacerlo pero… yo… ¡Lo siento tanto!
—Pero si fui yo el que se presentó de improviso en tu casa cuando me pediste que no lo hiciera —replicó él, manteniendo un tono de voz suave y alzando sus manos—. Yo debo pedirte perdón…
—¡No! —Insistió ella, llevándose las suyas al pecho en un gesto de dolor—. No me merezco tus disculpas, ni tampoco nada de todo esto tan bonito… —Cogió más aire y lo expulsó, balanceándose sobre sus pies—. Es que últimamente todo es… ¡un horror! Estoy muy estresada, muy cansada y… ¡No sé por qué la tome contigo!
. Eres el único que logra hacerme sentir bien y yo…
—¡Oh! ¿En serio?
Una sonrisa felina afloró en el rostro masculino haciendo que el de ella se encendiera, avergonzada.
—Bueno… —titubeó. Volvió a mirar a su alrededor e ignoró sus pesadas precauciones—. ¡Sí, sí, es verdad! Tengo tantos secretos que cuando estoy con los demás me siento atrapada, pero contigo no es así.
. ¡Porque contigo me vuelvo a reír, a hacer tonterías y me siento tan relajada que me entran ganas de llorar de alegría!
Después, guardó silencio. Nada más dejar ir esas palabras, estas se desvanecieron de su mente y azuzada por los latidos de su corazón, intentó recordar que había dicho pero no fue capaz.
Algo muy vergonzoso a juzgar por el modo en que el chico la miraba. O no la miraba, mejor dicho, porque sus pupilas verdes se habían caído al suelo y parecía meditar.
Tras unos segundos de intenso silencio él se movió, un tanto errático, separó los labios y la voz que le salió no pareció la suya.
—Sé cómo es eso… tener que guardar secretos a la gente que te importa; no porque quieras hacerlo, sino porque no te queda más remedio —Le dijo y poco a poco fue recuperando su ritmo y tono habituales—. Yo tengo una buena razón para ello y estoy seguro de que tú también la tienes.
. Y, si algo he aprendido de mi relación con Ladybug, es que se puede confiar en otra persona aunque no puedas contarle toda la verdad y sepas que ella tampoco lo hará.
Se acercó aún más para ponerle una mano en el hombro, mirándola con seguridad.
—No creo que la confianza sea solo cuestión de saberlo todo de otra persona, sino de saber que siempre podrás contar con ella, Marinette —continuó—. Tú tienes toda mi confianza.
. ¿Yo… tengo la tuya?
La chica apretó los labios, con la respiración amontonándose en su pecho.
—Pues claro —respondió. Y añadió—. Siempre.
—No me interesa saber tus secretos, no fui a tu casa por eso —Le aseguró y apoyó también la otra mano en su otro hombro—. Pero sí… necesito saber que estás bien.
Ella separó los labios con pesar.
—No… lo he estado —Se agitó un poco, pero lo rechazó con un parpadeo—. Pero, seguro que estaré mejor… —Sonrió un poco—; a partir de ahora.
—Purrrrrrr supuesto —bromeó él y ella soltó una risita nerviosa—. Venga, te mostraré todo este lugar… —Pero Marinette movió sus manos hacia él y le tomó del rostro para después elevarse sobre las puntas de sus pies y besarle.
Dejó sus labios un segundo de más sobre la mejilla descubierta del héroe y después le echó los brazos al cuello para estrecharle con fuerza. Captó la incredulidad del chico y lo que tardó en devolverle el apretón.
—Gracias, Chat Noir —murmuró—. Eres increíble.
—Ah…
—¡Oh! —La chica se apartó de él y se sacó la mochila de los hombros—. ¡He traído una cosa para el café!
—¿Ah, sí?
—Sí… aunque no es nada comparado con todo lo que tú has traído —Ella sonrió, un tanto nerviosa—. Por cierto, ¿de dónde lo has sacado?
—Ah, solo son cosas que había por casa… —Se encogió de hombros—. Acumulamos muchos trastos.
. No creo que nadie note su ausencia.
La chica extrajo un bulto envuelto en papel craft y anudado con una cinta verde. Antes de tendérselo, vaciló moviendo la punta de su pie sobre el suelo de cemento y haciendo un mohín con los labios.
—No es gran cosa —murmuró, pero el chico lo cogió y lo abrió con gran entusiasmo. En sus manos apareció una manta bordada con sus colores, el negro y el verde—. Quería hacer algo mejor pero es que ando muy ocupada y… —La chica hizo una mueca—. No ha sido buena idea, ¿verdad? ¡Si es que además a partir de ahora hará cada vez más calor y…! —Pateó el suelo con el mismo pie y resopló—. ¡Qué desastre! ¿En qué pensaba?
. ¿De qué nos sirve una manta tan gruesa?
—Es perfecta, princesa —respondió él.
—¿Cómo?
—¡Esto es justo lo que necesitaba! —Exclamó, contento—. Y se me había olvidado… ¡Sujétala! —Le pidió, poniéndosela en las manos de nuevo.
—¿Cómo que la necesitabas? ¿Para qué?
El héroe volvió a tomar la caja que traía consigo y la hizo un gesto para que le siguiera hasta la zona del césped artificial.
—¡Ya verás! —Soltó la caja y agachado a su lado, comenzó a sacar de ella todo tipo de piezas y largas barras de madera. Por allí había también una caja de herramientas.
Marinette le observó, confusa, mientras él empezaba a encajar tornillos y a montar una pequeña estructura sobre el suelo. Armar muebles era algo que se le daba bien, pero al no tener idea de que se trataba, prefirió dejarle a él.
—¿Qué es todo esto?
—Ya lo verás… —repitió él, misterioso.
Veinte minutos más tarde, Chat Noir resopló y pasándose el brazo por la frente, sonrió encantado con lo que tenía frente así. Se giró hacia la chica y le tendió los brazos para que le devolviera la manta.
Ella obedeció con las cejas arqueadas.
De la caja sacó unos soportes elásticos que enganchó a los extremos de la manta y después, la colocó entre las dos barras que partían de una base alargada, sólida en sus dos patas sobre el suelo. Una vez que la manta estuvo en su lugar, por fin la chica adivinó lo que era.
—¡Una hamaca! —exclamó, sorprendida. Chat Noir rescató una de las alfombras que había apiladas contra el enrejado y la colocó bajo esta, después puso los cojines encima.
—¡Y ya está! ¡Perfecta!
La empujó con el dedo y la hamaca se balanceó en silencio, con lentitud y sosiego.
—Es algo increíble… —comentó ella acercándose para tocarla.
—¡Adelante, pruébala! —la animó él. Marinette entrecerró los ojos.
—Pero… ¿seguro que está bien? No me caeré, ¿verdad?
—¡Pues claro que no! ¡No te fías de mí!
—¡Sí, claro! Pero… —Chat Noir la miró, malévolo, igual que la primera vez que la abordó en la calle para llevarla hasta allí. Con un rápido movimiento, la cogió en sus brazos y al tiempo que ella soltaba una exclamación por la sorpresa, la depositó con suavidad en el centro de la hamaca—. ¡Chat Noir! —Se quejó. El balanceo inicial fue algo brusco y la chica rodó hasta el centro, quedando boca arriba.
Oh… pensó.
La cúpula azul oscuro del cielo sembrado de estrellas que se veían más claras gracias a la altura superior del edificio. Los farolillos que pendían de la cuerda ahora bailaban al son del airecillo nocturno, haciendo un suave sonido al chocar entre sí. Un murmullo agradable y somnoliento.
El balanceo se hizo más quedo, más relajado y Marinette sonrió.
—Es precioso, Chat —musito, encantada. Dándole un toquecito al sitio vacío a su lado, le indicó que se acercara.
El chico se deslizó junto a ella del modo más delicado que pudo pero su mayor peso hizo que la manta se hundiera en el centro. Se vio arrastrado hacia ese lado por el impulso, y no fue el único. Marinette también rodó hacia allí y ambos chocaron.
—¡Lo siento!
—No, perdona tú… he subido muy deprisa.
Marinette intentó echarse hacia atrás, pero rebotó y cayó sobre él. Entonces, hubo un instante en que, de algún modo incomprensible, sus labios entraron en contacto.
No hubo intención, solo una sensación de rozamiento. Percibió el aliento del chico sobre ella, el calor que despendían sus labios, el cobijamiento de su cuerpo contra el suyo. Solo fue un segundo, puede que incluso menos, pero Marinette sintió que la cabeza entera le ardía.
—¡Oh, lo siento! —Retrocedió una vez más, al mismo tiempo que él también se movía. Perdió el control de su peso y esta vez, cayó absurdamente sobre el pecho de él.
Permanecieron quietos un instante, en silencio. La hamaca se balanceaba con quietud y los latidos acelerados de Chat traspasaban la superficie del traje.
Ella, paralizada, pensó a toda velocidad en qué hacer.
—M-marinette…
—Espera —soltó ella—. Quédate quieto —Haciendo fuerza con sus manos y sin atreverse a mirarle a la cara, logró incorporarse un poco y gatear hasta el otro extremo de la hamaca. Se apoyó en el lado contrario, de manera que quedaron frente a frente.
Los dos callados. Los dos mirando en dirección contraria. Con los rostros rojos y expresión aturdida.
¿Qué diantres ha pasado? Se preguntó, histérica.
Parpadeó y cuando parecía haber pasado una eternidad, levantó los ojos. Chat Noir la miraba fijamente. Dio un respingo y desvió sus ojos en un gesto que le resultó demasiado familiar. Y le entraron unas ganas terribles de reír.
Marinette soltó una risotada que se elevó hacia el cielo y a los pocos segundos, Chat se le unió. Rieron durante unos minutos mientras el balanceo continuaba y cuando las risas se extinguieron, siguieron sonriendo.
—Eso es lo que debe haber en este sitio —murmuró ella—. Risas.
—Estoy de acuerdo. Risas y bromas.
—No hablaremos de cosas tristes aquí —continuó, acurrucándose—. Los problemas, las preocupaciones y todo eso…
—Todo eso —retomó él—; se queda fuera.
—¿Y… los secretos?
—¡Los secretos también, fuera!
Siguieron charlando, despreocupados de lo que podría y no podría entrar en su café secreto hasta que la incomodidad del momento anterior se disipó del todo. Acordaron que no le hablarían a nadie más de ese lugar.
Ese sería el único secreto aceptable.
El del lugar privado que nadie más que ellos dos podía conocer.
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Horas más tarde, Chat Noir entró por la ventana de su cuarto y cayó al suelo.
—Garras fuera —recitó.
La magia le abandonó y Plagg apareció. Como era habitual, el espíritu ansioso echó a volar en dirección al pequeño armario donde el chico guardaba sus reservas de queso para él. Por una vez, Adrien la abrió la puerta de este sin que tuviera que insistirle.
Y eso era algo extraño.
Plagg arrugó la nariz para no caer en el hechizo tentador del oloroso manjar que le aguardaba y fue hacia su portador, pero cuando le alcanzó Adrien levantó la mano y, sin mediar más palabra, le empujó con suavidad hacia el armario.
Está raro otra vez se dijo el Kwami. En fin. Se encogió de hombros, diciéndose que él no podía estar en todo, y volvió a su armario.
Adrien caminó, ensimismado, hasta el borde de su cama. Se sentó y permaneció estático unos minutos. Habían pasado muchas cosas esa noche, pero estaba feliz por cómo había resultado todo.
Feliz, aunque un tanto aturdido.
Se llevó los dedos a la mejilla y palpando con delicadeza encontró el lugar donde Marinette le había besado.
Eres increíble
Volvió a oír su voz en la cabeza. A sentir la presión de su beso activando las terminaciones nerviosas de su piel.
Siempre
Dibujó una pequeña sonrisa. Y entonces, movió los dedos hasta sus labios y le invadió un escalofrío. Revivió en su mente ese instante. Se recreó en el tacto fino de los labios de la chica cuando por casualidad habían rozado los suyos, esa templada caricia, la humedad de estos y su aliento. La fragancia que le había invadido cuando sintió su pelo resbalando sobre su nariz.
Había sido… menos de un segundo pero lo había cambiado todo para él. Porque había sentido algo que nunca había experimentado antes.
Cerró los ojos y recordó la expresión entre sorprendida y avergonzada de ella, con sus mejillas arreboladas y lo musical y natural que había sonado después su risa.
Sonrió más, antes de suspirar y se dejó caer sobre el colchón, estirando los brazos, respirando hondo y enfocando al techo mientras su cuerpo se llenaba de alegría, de euforia desmedida, de amor incontrolable. Volvió la cabeza hacia la mesilla y el amuleto encantado pareció guiñarle un ojo de complicidad.
Lo agarró y lo apretó contra su pecho.
—Oh, quesos… —murmuró Plagg al lanzarle una mirada desde lejos. Contempló esa expresión bobalicona, rendida a la más pura y cursi fantasía romántica y chasqueó la lengua—; ya estamos otra vez.
Y por la misma chica…Meneó la cabeza, aburrido. Este chico no aprende.
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¡Hola a todos y a todas!
¡Feliz domingo! Hoy es día nueve y toca volver al fic normal ^^
¿Qué os ha parecido el trabajo que se ha tomado Chat para convertir la azotea en un rincón secreto para Marinette? Estuve viendo fotos de azoteas bonitas por internet y buscando ideas, jejeje, puede que haya mezclado demasiadas aquí.
A partir de ahora, espero que los relatos sean más románticos, con menos drama.
¡Ah! Además, ya voy al día. Antes llevaba escrito un relato de adelanto, pero ahora voy escribiendo y publicando el mismo día, así que puede que haya algún retraso si me viene un día complicado, pero tener por seguro que acabaré el reto ^^
Espero que este capítulo os haya gustado ^^
Muchas gracias a: Fega, Ranma84, Karen Agreste, Ialiceiamgodness, Mizuki0709, génesis, Staterfe, y Gabriela Cordon. Muchas gracias por seguir apoyándome a través de vuestra bellas reviews. Vuestro apoyo da vida a este reto cada día ^^
Nos vemos en el siguiente capítulo.
¡Besos para todos y todas!
-Erolady-
