Disclamer: Todos los personajes y parte de la trama pertenecen a Thomas Astruc y Jeremy Zag, yo solo escribo para divertirme y sin ánimo de lucro.
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Nota: He decidido participar en el reto #MarichatMay porque el marichat es uno de mis shipps favoritos y como el año pasado me quedé sin tiempo, pues espero resarcirme este. Trataré de llegar lo más lejos posible y no retrasarme demasiado a la hora de subir los relatos. ¡Espero que os gusten!
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Maullidos a la Luz de la Luna
(Reto Marichat para el mes de Mayo)
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Día 12: Mimos
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—Ya es tarde —murmuró, sin querer decirlo en realidad—. Deberíamos volver a casa.
Él asintió y ambos se pusieron en pie.
Marinette caminó despacio, con las manos hormigueándole de pura emoción. Tuvo que frotarse los brazos para calmarlo y él lo vio, colocándose a su lado.
—¿Tienes frío?
—¿Eh? No… —La piel de sus mejillas estaba tan encendida que, en contraste, la brisa que soplaba parecía más fresca.
Más limpia y a la vez, más perfumada.
Chat Noir deslizó la mano hasta rozar la de ella… tocó sus dedos un instante y después los agarró con suavidad. Avanzaron hasta el borde de la superficie dejando atrás el juego de té recogido en su cajita y las velas apagadas dibujaron estelas de humo gris que se dispersó en el viento.
Todo ordenado, como hacían cada noche antes de dejar el café secreto. Aunque esa noche… no había sido como las otras.
El corazón de Marinette le golpeaba el pecho de un modo distinto a todas esas veces anteriores en compañía de su amigo; parecía retumbar como un tambor y crear una vibración que se extendía por ella, como un temblor de tierra que crea réplicas más leves pero imposibles de ignorar.
Cuando estuvieron en el borde, se pararon frente a frente y Chat Noir se llevó la mano a la nuca en un gesto tierno por el nerviosismo que delataba.
—Esto… ¿puedo llevarte a casa esta noche?
Ella frunció los labios.
—Es que… —Habían decidido que era peligroso que Chat Noir rondara la panadería demasiado a menudo, por lo que ella solía volver sola caminando. En verdad sabía que el héroe la seguía desde lejos para asegurarse de que llegaba sana y salva pero a una distancia tan prudente que nadie más los relacionaría si los vieran—; no sé si es…
—Por favor —insistió él. Torció la cabeza, uniendo sus manos a la altura de su nariz—. Solo esta noche.
Marinette deslizó su mano sobre el bolsito que llevaba en su cadera. Tikki y ella habían acordado una señal para los momentos de dudas en que necesitaba el consejo de su Kwami. Un apretón, y si Tikki estaba de acuerdo, le daba dos toquecitos en la mano.
Sintió uno… y esperó con la mano pegada a la tela, deseando recibir otro. Tardó un par de segundos pero lo sintió.
Tikki decía que estaba bien.
—Bueno, vale —respondió ella, contenta—. Solo hoy.
El chico asintió y dirigiendo el bastón hacia la calle, extendió su otra mano hacia la chica. Ella se acercó, al principio con algo de timidez, para después casi saltar sobre él. Se aferró a su espalda cerrando los ojos y experimentó el vértigo, como un cosquilleo, cuando ambos saltaron rumbo al cielo.
Tardaron un poco más en llegar, puesto que Chat Noir dio algún que otro rodeo. ¿Era para despistar a algún posible espía de Lepidóctero que los hubiese visto… o solo pretendía alarga el viaje?
Marinette disfrutó del aire puro dándole en la cara, llenando sus pulmones y de la absoluta falta de culpa o preocupación. Sabía que todo eso vendría después (casi seguro) pero por ahora no lo sentía.
Aterrizaron sobre su balcón y Chat Noir permaneció muy quieto, mirándola con intensidad hasta que se atrevió a coger sus manos. También las observó, primero como si fueran algo mucho más valioso, y después las levantó para besarlas.
El corazón de la chica se encogió tanto que le dolió e hizo una mueca. Sentía un tipo de nerviosismo al que no estaba acostumbrada, se le hincaba en el estómago como el habitual, pero la llenaba de una energía desbordante, de una ilusión desquiciante. No obstante, se replegó cuando Chat Noir acercó su rostro al de ella, rozándole la nariz.
Los ojos se le cerraron ante el calor irresistible de su cercanía, balanceó su cabeza y como si fuera por casualidad, los labios se rozaron suavemente. Un estremecimiento la atrapó y ahora, con más seguridad, los acercó a los de él. Sopló un viento mágico, arrullador sobre ellos. El chico palpó su espalda, atrayéndola y susurró su nombre.
—¿Secreto? —preguntó él, esperanzado.
Secreto… pensó ella. Uno más… ¿por qué no?
—Secreto —respondió.
Chat Noir sonrió feliz y la besó de nuevo, estrechándola con algo menos de suavidad debido a la emoción.
Se despidieron y él se marchó.
Marinette se deslizó a través de la trampilla y se tumbó en la cama sin molestarse en ponerse el pijama. Se tapó los ojos con las manos, aún con esa energía nerviosa recorriendo su cuerpo; no sabía si tenía ganas de reír o de chillar…
Cuando apartó las manos se encontró con su Kwami flotando sobre su cara. No parecía molesta, pero sí le lanzó una larga mirada que le puso la piel de gallina.
—¿Qué? —preguntó la chica.
—Nada —respondió la otra. Se agitó y estiró su cabecita, muy erguida—. Yo no digo nada —Revoloteó hasta el plato con galletas que Marinette había dejado para ella, antes de salir, en la mesilla y añadió—. Pero nada, de nada.
Frunció el ceño, aturdida.
¡¿Qué quería decir eso?!
¿Estaba disgustada por lo que ella había hecho? Apretó los párpados, molesta, y se giró sobre el colchón, aferrándose a la almohada, todavía demasiado despejada como para si quiera pensar en quedarse dormida.
Por un momento pensó que esa desagradable sensación de dudas y culpa la estrangularía pero entonces, el rostro de Chat Noir apareció en su mente y algo más fuerte se apoderó de ella. Felicidad y emoción… Sonrió embelesada y tiró de la sabana para evitar que Tikki la viera.
Mimos pensó, reprimiendo un suspiro dentro de su pecho.
¿Qué daño podían hacer unos pocos mimos?
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Unas horas antes…
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Cuando Chat Noir apareció en la azotea aquella noche se alegró de haber ido antes pues todo seguía empapado por la tormenta de la noche anterior. Nada se había estropeado porque tuvieron la buena idea de guardarlo convenientemente tras la puerta de metal. Sin embargo, el suelo estaba mojado y había una cierta atmosfera de frialdad allá arriba.
Marinette le había pedido varias veces ya que la esperara para preparar el café, pero él no podía resistirse a ir antes y colocar las cosas de manera que pudiera sorprenderla. Le encantaba ver el modo en que sus ojos brillantes se abrían cuando miraba a su alrededor y lo veía todo, aunque después le echara una bronca por no esperarla.
Lo que se le ocurrió para alejar ese ambiente frío fue encender más velas de las habituales. No solo las de la estantería, sino que sacó más del enorme montón que había llevado hasta allí y las esparció. Las colocó en fila siguiendo los límites de la azotea y observó, complacido, como la calidez del fuego se hacía más y más palpable, ganándole terreno a las bajas temperaturas y a la oscuridad. Aspiró el olor de la lluvia, el del fuego y el regusto de leña ardiendo que, tal vez, provenía de alguna casa cercana.
¿Todavía hay quien enciende la chimenea?
Ya casi estaban a mediados de mayo…
Cuando Marinette llegó y le llamó desde el suelo para que bajara a buscarla (pues no pensaba dejar que volviera a usar era herrumbrosa y poco fiable escalera), quedó impresionada con la estampa que se encontró.
Arqueando una ceja y con una sonrisilla de guasa le dijo:
—¿Solo estás? ¿No tenías más?
Chat se rio y aceptó, extasiado, el nuevo paquete de galletas horneadas que ella trajo consigo. Solían encontrarse varias horas después de que ambos cenaran en sus respectivas casas por lo que lo primero que hacían era comer el dulce que ella traía y beber el té que preparan con un termo de agua caliente.
Se sentaron en la pequeña mesa redonda que olía a mil historias y encuentros del pasado, y bromearon, meneando las tacitas en el aire. Esa noche Chat Noir imitó un acento que, según él, era típico de la aristocracia inglesa.
—No estirrrrrrres tanto el dedo meñique, querrrrrrida —Le indicó meneando la nariz arrugada—. O se te parrrrrtirrrrrrrá.
—¡¿Qué acento es ese?! ¡Así hablan los gatos!
—Solo los gatos que sirrrrrrrven el té.
Marinette se partió de risa y Chat Noir la observó con una tierna emoción en su interior.
Más tarde, se echaron sobre el césped artificial y jugaron a las cartas. Él se pensaba que era bastante bueno, pero Marinette le venció en una partida tras otra con gran facilidad.
Igual que en los videojuegos se dijo, frustrado. Por lo que pronto declaró que habían quedado empate y que era hora de hacer otra cosa. Marinette arqueó las cejas, pero no discutió.
Se subió a la hamaca y se acomodó, estirándose tanto que esta empezó a moverse como un columpio. Chat Noir, por su parte, fue detenido en cuanto intentó seguirla.
—Al otro lado, Chat.
Haciendo una mueca, el chico se subió en el lado contrario, dejando una pierna fuera. Con el pie apoyado en el suelo, ejerció algo de presión para calmar el movimiento haciéndolo más lento y agradable. La somnolencia acudió a él, rauda, después de los primeros minutos de silencio pero intentó resistirse a ella.
Tenía la firme determinación de hacer algo. De ir un paso más allá con Marinette… Lo malo era que, a pesar de haber pensado mucho en sus opciones, no se le había ocurrido nada. Su falta de experiencia en temas románticos era una losa para él.
Por un lado, no se sentía inclinado a usar la misma táctica directa que con Ladybug. Los resultados hablaban por si solos. Y si pensaba en su breve relación con Kagami tampoco podía extraer mucha información de ella. ¡Apenas había hecho nada! Él se había limitado a comportarse como un buen amigo con la chica y esta había llevado la iniciativa desde el principio.
Miró de reojo a Marinette que, a su vez, contemplaba el cielo.
Sin duda era con ella con quien había desarrollado una mayor intimidad, sentía más confianza para que se dieran ciertos gestos cariñosos con naturalidad y el hecho de que ella nunca hubiese rechazado ninguno era lo único que, a esas alturas, le hacía conservar la esperanza. Pero también era consciente de que de las tres chicas, Marinette era la más tímida…
Y la más dulce, tierna, cariñosa… Antes de perderse en su habitual retahíla de cursis pensamientos, sacudió la cabeza para volver en sí.
—¿Estás bien? —le preguntó ella, intrigada por el gesto.
—¡Oh, sí! Muy bien —respondió—. Solo pensaba… en el villano que atacó hoy.
—¿Os costó mucho vencerlo a Ladybug y a ti?
—Ah… un poco más, sí —reconoció él al pensar en ello de verdad. Chat Noir no se había quedado con la razón que motivó su akumatización, pero el chico había recorrido las calles de Paris lanzando una especie de gas tóxico que, al respirarlo, los ciudadanos quedaban imbuidos en un estado de ensoñación tan intenso que no hacían caso a nada. Afectaba más a los que iban en parejas por lo que dedujo que tenía algo que ver con el amor. Los viandantes se convertían en zombies descontrolados que se dedicaban a abrazar a su pareja con fuerza y a decir todo tipo de tonterías románticas—. Yo tuve suerte… ¡Por una vez no me alcanzaron!
. Pero a mi lady sí la dieron. Una de esas bombas de gas embriagador le cayó justo en la cara y respiró su humo.
—¿Ah, sí? —inquirió Marinette, frotándose la nariz de forma disimulada—. Pobrecilla…
—No le afectó tanto como al resto… porque ella es increíble —Los ojillos de Chat resplandecieron un momento—. Pero estaba más lenta de lo normal y actuaba raro.
—¿R-raro?
—Me miraba fijamente como… queriendo decirme algo —meditó él, después meneó la cabeza—. Por lo general puedo adivinar lo que quiere que haga solo con una mirada, pero esta vez no…
—¡Bueno! —exclamó Marinette. Tenía el rostro algo encendido y movía los ojos de un lado para el otro. Al chico se le saltó el corazón… ¿Acaso estaba celosa y no quería que siguieran hablando de Ladybug? Estuvo tentado a creerlo cuando ella cambió de tema, enfocándose de nuevo en el villano—. ¡Menudo poder más peculiar! —Soltó una risita forzada—. Aunque, no me sorprende…
. Puede que sea cosa de la primavera, pero todo el mundo anda igual con las cosas del amor.
—¿Por qué lo dices, princesa?
—Tengo dos amigos que salen juntos —Le confió y él intuyó que hablaba de Alya y Nino—; y no paran de darse mimos por todas partes del instituto estos días.
Chat Noir se irguió un poco, sorprendido.
¿Alya y Nino?
Él no había notado nada diferente. De hecho, le parecía muy entrañable que sus amigos estuvieran enamorados pero nunca habría dicho de ellos que eran una pareja cursi. Cuando estaban todos juntos en clase o iban a algún lugar, no les veía haciendo nada; quizás darse la mano o alguna ocasión en que Nino había rodeado a la chica con su brazo, pero nada más.
—Mimos… —murmuró él, perdido—. ¿Qué es lo que hacen?
—Lo típico —respondió Marinette con un suave encogimiento de hombros—. Se pasan notitas de amor en clase, van de la mano por los pasillos, se rozan cuando creen que los demás estamos distraídos, se lanzan miraditas, cuchichean… —La chica soltó una risita aguda, más musical que otras que él hubiera oído—. Creo que incluso tienen una señal secreta.
—¿Señal secreta?
Se incorporó un poco hacia él y el chico la imitó. Bajó el tono de voz, como si hubiera alguien más allí que pudiera oírles.
—A veces, cuando estamos todos juntos, uno de los dos le guiña el ojo al otro —Le explicó dedicándole el gesto—; entonces, cada uno pone una excusa distinta y se escabullen en direcciones opuestas para…
Por alguna razón, Chat notaba su corazón expectante, ansioso por conocer el secreto que se había estado dando ante sí y no había logrado intuir.
—¿Para…?
Marinette frunció las cejas, como si él debiera adivinarlo, pero como no lo hizo ella se lo reveló.
—Yo creo que se esconden en algún rincón de la escuela para… darse besitos —comentó, con las mejillas arreboladas. Chat Noir parpadeó y dibujó una o con sus labios, sorprendido. Se miraron, entonces, fijamente con los rostros tan cerca y la palabra besitos flotó entre ellos. Marinette dio un respingo y regresó a su lugar en la hamaca—. B-bueno… es lo que pienso por la cara de tontorrón que trae Nino después…
Pero… ¿cómo era posible que él no hubiera notado nada de todo eso?
Nino era su mejor amigo y pasaban juntos mucho tiempo… Puede que incluso demasiado. ¿Era posible que él, al no notar nada, se estuviera interponiendo en la vida romántica de su amigo?
Si así fuera, Nino se lo habría dicho, ¿verdad?
—¡Debe ser tan romántico! —suspiró Marinette, estirando los brazos hacia arriba para después dejarlos caer sobre su estómago. Su expresión amorosa de ese momento le resultó fascinante, pese a estar dirigida al cielo estrellado y no a él.
—¿El qué? ¿Darse mimos con alguien?
—Sí… —respondió dibujando una sonrisa—. Y estar en el mismo instituto que tu novio —Añadió y volvió a suspirar, apretándose las manos como una niña pequeña—. De ese modo, pueden estar juntos todo el tiempo, compartir más cosas —Entrecerró los ojos, emocionada—. Y darse todos los mimos que quieran.
—Ya… —convino él. Se imaginó como serían las cosas si Marinette y él salieran juntos. Bueno, Marinette y Adrien, claro. Y la fantasía le produjo una agradable sensación de júbilo. ¡Sí que sería genial! Podrían intercambiar asientos con sus amigos y sentarse juntos, pasear de la mano por los pasillos, escabullirse… Miró a la chica que tenía delante y se removió—. Ese chico con el que salías… ¿Luka?
. ¿Está en tu instituto?
—No —E hizo una mueca ante su mención, frunciendo el ceño—. La verdad es que estuvimos tan poco tiempo juntos que no… hubo muchos mimos.
—Oh… —Miró hacia otro lado antes de sonreír.
¡Sabía que estaba mal que eso le hiciera feliz! Pero no pudo evitarlo… No debería importarle lo que hubiera pasado entre ellos y, habría sido lo más lógico que ocurriera. Marinette era muy cariñosa y Luka parecía un chico atento y afectuoso también.
Pero no pasó…
—¿Y tú, Chat?
Le cogió tan distraído con sus propios pensamientos que por un momento no entendió la pregunta.
—¿Yo? —balbuceó, nervioso—. ¿Qué si yo…?
—Tú… y la chica perfecta —especificó Marinette, pestañeando deprisa. ¿Acaba de poner los ojos en blanco?—. ¿Os dabais muchos… mimos?
Hubo una entonación distinta en esa última palabra o al menos él quiso percibirla. Con algo de crueldad, mantuvo el silencio intrigante hasta que Marinette desvió sus ojos.
Entonces, se incorporó un poco más y fingió que se lo pensaba.
—Pues… es una chica bastante cariñosa y decidida —afirmó. Marinette se cruzó de brazos sobre la hamaca.
—¿De verdad? —preguntó, aún sin mirarle—. Eso sería genial para ti.
Sonó tensa y el corazón de él se aceleró. Se humedeció los labios, reprimiendo una sonrisa.
—¿Estás celosa… princesa?
—¡¿Por qué iba a estarlo?! —exclamó muy rápido y demasiado alto. Después se llevó las manos a las mejillas encendidas y torció el rostro en otra dirección—. No me sorprende nada, en realidad.
. Seguro que te pasabas el día detrás de ella, dándole mimos y llamándola por alguno de esos motes que te encanta poner a todo el mundo…
Chat Noir vaciló, indeciso. Hubo un cambio en la energía que los conectaba y él no supo cómo seguir. El tono de irritación de Marinette estaba volviéndose más claro, a pesar de que forzaba una sonrisa torcida de indiferencia.
¿Se estaba enfadando?
Creo que sí.
¡Eso no era lo que él quería!
Seré idiota se regañó. Solo quería ponerla un poquito celosa, no molestarla hasta ese punto. Y menos después de que ella hubiese admitido que con Luka no…
Chat Noir resopló, disgustado consigo mismo. Se movió pero ella alzó un dedo al notar sus intenciones.
—Chat, no —le dijo—. Quédate en tu lado.
—Pero si ayer fuiste tú la que se acurrucó en mi hombro mientras dormía…
—¡Entonces, no estabas dormido!
Marinette, muerta de vergüenza, se tapó la cara con las manos mientras la hamaca se balanceaba. El chico logró tenderse a su lado con cuidado y esperó que a ella le mirara, pero no lo hizo. Así que le hincó un dedo en la cadera y a ella se le escapó una risita que solo pareció molestarla más.
—¡Cosquillas no! —Le advirtió con el rostro rojo.
—No hubo mimos —reveló él—. Te tomaba el pelo para ver si te ponías celosa…
—¿Qué? ¿Por qué…?
—Esa chica era cariñosa, sí, solo que a veces trataba de demostrarme su afecto de un modo que yo no… —confesó él con pesar. Rememoró el incómodo momento en la sala de arte, la forma en que Kagami había rechazado la parte de sí mismo que él quiso mostrarle y como le empujó hacia la pared con intención de besarle justo después. Se sintió mal, vulnerable por lo que había pasado y aunque no quería besarla, tampoco sabía cómo negarse. Fue una suerte que sonara la alarma. Suspiró, agobiado—. Es difícil recibir los mimos de otra persona y sentir que no estás listo para devolverlos.
Dejó caer la cabeza sobre la tela y entornó los ojos, sintiendo las respiraciones profundas de su amiga. Había sido sincero pero no sabía qué pensaría ahora de él…
Tonto, se lamentó, seguro de haber dejado ir una nueva oportunidad esa noche.
Pasados unos minutos de silencio, Marinette se movió. Creyó que huiría de él hacia el otro extremo de la hamaca, pero solo retorció su cuerpo para girarlo hacia él. Quedaron frente a frente, con tan solo un pequeño espacio entre ellos, encogidos en el movimiento ondulante sobre el suelo y sus ojos se encontraron.
El semblante de ella aún era un poco serio cuando le soltó:
—Payaso —El chico hizo un mohín. Después ella respiró hondo y su cara se suavizó un poco, aunque el color ya no desapareció de su piel—. Me… he puesto un poco celosa —admitió con dificultad y él abrió más los ojos—. Es que… ¡no es justo!
. Todos necesitamos mimos a veces…
Chat Noir tragó saliva. Un nudo se le formó en la garganta cuando presintió que la oportunidad seguía ahí. Solo tenía que aprovecharla ahora. Nervioso, movió su mano hacia ella.
—Marinette… —murmuró. Llevó la mano con cuidado hasta el rostro de ella y rozó su mejilla despacio hasta que ella esbozó una sonrisa de lado. Se acercó un poco más—; yo… puedo darte mimos —calló un segundo y añadió—. Si tú los quieres.
¿Era ahora más intenso el silencio? ¿El aire había desaparecido?
Chat Noir se sintió como fuera del mundo mientras ella parecía pensarlo. No tardó tanto como a él le pareció, pero hizo un gesto mudo con su cabeza.
—¿Tú quieres los míos? —preguntó a su vez—. ¿S-seguro?
Él sonrió y acercándose un poco más, besó la piel coloreada de pecas. Las pecas que habían sido lo primero en captar de verdad su atención. Movió los labios dejando pequeños besitos sobre sus pómulos y la nariz. Sin pensar, dejando que su instinto le indicara el camino.
No era un experto en mimos, pero se vio recompensado con una risa melodiosa y una mirada profunda de esos ojos azules tan hermosos. Su nariz rozó la de ella, pero esperó… Sabía lo que quería hacer pero estaba nervioso. Por una vez podía tomar la iniciativa, no tenía que contentar a nadie, ni complacer el deseo de otra persona más que el suyo propio.
Y el de ella.
Pero notó que Marinette estiraba la cabeza hacia él, yendo a su encuentro sin miedo, así que respondió sin más dudas.
Se besaron suavemente, con una ligera torpeza, pero Chat Noir experimentó algo que no se esperaba. Un tipo de felicidad y comodidad inusitadas, algo que no habría podido imaginar aunque lo hubiese intentado. Creyó que algo tan poderoso solo podría sentirlo con el amor de su vida y esa siempre había sido Ladybug, pero no.
¡Había estado equivocado!
El amor de su vida era…
—Marinette —susurró, aturdido. La miró al abrir sus ojos y encontró en ella un atisbo de pena en sus ojos—. ¿Qué… pasa? —Ella sacudió la cabeza—. ¿No… te ha gustado? —Pero ella asintió con la cabeza a toda prisa—. ¿Y qué va mal?
—Pues… —resopló, frustrada—. Yo no puedo tener novio, Chat.
—¿Qué? ¿Por qué no?
—Pues… es… porqu… ¡Por mis padres! —exclamó, encogiéndose en su lado de la hamaca—. Me vieron pasarlo muy mal con lo de Luka y me lo han prohibido.
—Oh… entiendo… —dijo él, armando una expresión también decepcionada—. ¿Acaso podría ser yo tu novio? —murmuró, abatido—. No puedo decirte mi nombre, ni verte si no es aquí…
—Lo siento…
—Pero quiero que sepas que eres muy importante para mí —dijo él con rapidez—. De las personas más importantes que hay en mi vida ahora… —La chica apretó los labios, enmudecida, con las pupilas brillantes—. Y ya sé que no está bien pero… solo pienso en que llegue la noche para venir aquí y estar contigo.
. Para bromear, reírnos y… darnos mimos.
A ella se le escapó una sonrisa.
—Si no lo habíamos hecho nunca hasta ahora…
—En mi cabeza, sí —confesó él, con menos vergüenza que antes—. No todas las relaciones tienen que ser iguales.
. Nuestro amor podría ser así… secreto.
—¿Un amor secreto? —repitió ella. Vacilaba, a pesar de que su mano había buscado la de él y jugaba a entrelazar sus dedos—. ¿Tienes idea de cuantos secretos tengo ya? —Él se encogió de hombros.
—Pero tú tenías razón —insistió, acercándose de nuevo—. Todos necesitamos mimos a veces…
Volvió a besarla y esta vez, ella alargó los brazos para rodear su cuello. Chat Noir la envolvió en los suyos por la cintura y se perdió en la sensación de sus labios acariciándole, en los toquecitos de sus dedos en su nuca, en el amor que le nublaba los sentidos y la dicha de poder entregarse a él sin temer ser rechazado o apartado.
Y fue tan feliz que no pensó en lo que podría venir después de esa noche.
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¡Hola a todos y a todas!
¡Mimos!
Desde que leí la lista por primera vez y me encontré con esta palabra, me dije que este debía ser el capítulo de inflexión en la historia. ¡Marinette y Chat Noir dándose mimos! ¿Puede haber una imagen más tierna y dulce que esa?
Me ha costado escribirlo porque le puse muchas expectativas y eso me ha hecho dudar muchas veces, pero espero que os guste el resultado final ^^
Muchas gracias a: DAIKRA, Ranma84, Karen Agreste, Ialiceiamgodness, Mizuki0709, génesis, y Gabriela Cordon. Ya ni sé cómo agradecer vuestro apoyo infinito a este fic No esperaba encontrar tanto, pero es verdad que fanfiction siempre me ha sorprendido por el amor y el buen rollo que hay entre los usuarios. ¡Mil gracias por estar ahí!
Nos vemos en el siguiente
¡Besos para todos y todas!
-Erolady-
