Disclamer: Todos los personajes y parte de la trama pertenecen a Thomas Astruc y Jeremy Zag, yo solo escribo para divertirme y sin ánimo de lucro.

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Nota: He decidido participar en el reto #MarichatMay porque el marichat es uno de mis shipps favoritos y como el año pasado me quedé sin tiempo, pues espero resarcirme este. Trataré de llegar lo más lejos posible y no retrasarme demasiado a la hora de subir los relatos. ¡Espero que os gusten!

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Maullidos a la Luz de la Luna

(Reto Marichat para el mes de Mayo)

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Día 13: Floristería

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Capítulo 3

En el que Marinette recibe ánimos y flores

El número 17 de la avenida principal de Market Chipping era, nada más y nada menos, que la vieja floristería cerrada tras los bombardeos que sufrió durante los días más oscuros de la guerra. Ese establecimiento había sido, antes que floristería, la famosa sombrerería de la familia Hatter.

Cuando Marinette acudió a conocer la que sería su nueva propiedad, permaneció unos instantes frente a la fachada, parpadeando perpleja y con las llaves en su mano sin atreverse a entrar.

Ella había acudido en distintas ocasiones a encargar sombreros allí y había admirado el detallista trabajo que Sophie, la hija mayor de la familia, realizaba al crearlos. La recordaba sentada a su mesa de trabajo, probando adornos mientras parecía susurrarles a los sombreros secretos de la vida que llevarían al abandonar la tienda.

Era un recuerdo conmovedor.

Haber conocido a la antigua propietaria hizo que le costara asumir que ahora la tienda le pertenecía. Aunque fue más sencillo cuando se mudó a la casa adosada a la tienda. Según los documentos que la enviaron desde el Palacio real, la propiedad completa abarcaba la tienda que daba a la avenida, y la pequeña casa conectada a ella. Con todo el trabajo que tenía por delante, le pareció lo más lógico mudarse a la casa para estar más cerca.

Y como con todo lo demás, sus padres estuvieron de acuerdo.

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Habían pasado cinco días desde la llegada de la carta del sobrino del rey y durante ese tiempo, Marinette se había dedicado a dos tareas exclusivamente.

La primera, limpiar y adecuar la vieja floristería para transformarla en una tienda de modas al uso. Al menos, como ella se imaginaba que debía ser una tienda de ese estilo. Estaba ansiosa por abrir y como la antigua decoración, refinada pero alegre, no la disgustaba del todo, apenas hizo cambios en la parte abierta al público. Más adelante, cuando tuviera tiempo, reformaría la trastienda y la zona del taller.

Se limitó a limpiar y a llenar las estanterías con adornos para los vestidos y los muestrarios de las telas que le habían ido llegando desde Kingsbury.

La idea que tenía era abrir la tienda para encargos de moda. Así, las gentes de Market Chipping podrían acudir y ordenar la prenda que quisieran a medida. Mientras tanto, iría diseñando y confeccionando sus propios vestidos para después venderlos.

Iba a ser mucho trabajo, pero esa le pareció la mejor forma de empezar su negocio. ¡Y debía dar resultado! Pues Marinette se negaba a defraudar al sobrino del rey que, sin conocerla, había confiado en ella.

Y he ahí la segunda cosa a la que se había estado dedicando esos días; a pensar en la misteriosa generosidad del Caballero para con ella y en las razones que podían haberla motivado. No se le ocurrió ninguna, por desgracia. El Caballero seguía siendo un enigma para todos en Ingary, pues aunque se hablaba mucho de él, apenas se sabía nada concreto.

Aun así, Marinette le tenía en sus pensamientos con frecuencia.

Casi con la misma frecuencia con que otro joven igual de misterioso se empeñaba en inmiscuirse en sus reflexiones.

Chat Noir.

No había vuelto a verle desde la noche del puente, pero su recuerdo persistía en ella de un modo muy molesto. A veces, Marinette se repetía que el muy malvado la había hechizado por medio de ese atrevido beso que le robó y que por eso, seguía penando en él y preguntándose dónde estaría.

Otras veces, intentaba ser más sensata y se repetía que era un alivio no haberle vuelto a ver. Era un personaje atrevido y revoltoso que solo hacía que distraerla, y ella ahora debía enfocarse en su negocio. En sacar adelante su tienda de modas para no decepcionar a las personas que creían en ella.

Y fue fácil huir de esos pensamientos entregándose al trabajo durante un tiempo.

Hasta que llegó el día antes de la apertura de la tienda.

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Esa noche se fue a la cama temprano. Debía descansar para el día que la esperaba pero el sueño la rehuía. Pasó cerca de una hora dando vueltas en su cama sintiendo el picor de las sabanas sobre su piel, sin encontrar la postura adecuada que le permitiera ignorar los nervios que, como molestos insectos, se revolcaban en su estómago.

Tuvo que levantarse y bajar a la cocina a prepararse una infusión que la ayudara a dormir. A través del cristal de la puerta, vislumbró la potente luz de la luna coloreando de azul y plata el patio, así que tomó su taza caliente y salió a que le diera el aire.

Había descubierto que la tienda y la casa estaban unidas por un pasillo de piedra cubierto por un tejado de madera y una barandilla que rodeaba un patio interior de poca extensión y forma cuadrada. El suelo de este estaba parcialmente empedrado, pero algo había levantado varias de las baldosas y entre las grietas, había crecido la hierba y algunas flores.

Marinette dejó su taza mientras contemplaba la luz incidiendo sobre los tímidos brotes que asomaban entre los trozos de piedra. El dibujo de los adoquines estaba roto, desgastado y había guijarros sueltos que producían un rumor al moverse por acción del viento.

En cuanto tuviera tiempo, arreglaría ese lugar también.

Quizás quitaría el resto de la piedra y plantaría un auténtico jardín. Así tendría flores frescas cada día en la tienda.

Ese pensamiento fugaz le provocó un escalofrío. Los nervios por la apertura la tenían aturdida. Bebió un sorbo de la infusión y suspiró.

¿Y si nadie aparece por la tienda? Pensó, sin poder evitarlo. ¿Y si todo esto es un enorme fracaso?

Mientras trabajaba en la restauración había logrado reprimir esas ideas de inseguridad y miedo dentro de ella. Las había ignorado a base de agotarse hasta altas horas de la madrugada, pero no habían desaparecido. Seguía asustada. Su sueño era coser pero eso no significaba que pudiera hacerlo bien… Sentía sobre sus hombros la presión de obtener éxito a toda costa.

Lanzó un gemido ahogado y apoyó la frente en la madera.

Cada vez estaba más segura de que iba a fracasar sin remedio.

—Voy a decepcionar a todo el mundo…

—Eso es del todo imposible —afirmó una voz salida de la nada. La chica alzó la vista y se topó con una figura recortada en la luz azul, justo en el centro del patio. Los ropajes negros del chico resplandecían, aunque no tanto como su sonrisa entusiasta. De un salto, se acercó a la barandilla y tomó la mano de la chica—. Al menos a mí no.

Marinette frunció el ceño y apartó la mano antes de que esta fuera besada.

—¡Chat Noir!

—Princesa… —Se estiró sin inmutarse y le mostró una bonita dalia de color lila que parecía absorber el resplandor del patio en sus pétalos, pero ella la rechazó de un manotazo—. ¿Qué ocurre? —inquirió él, confuso. Dejó la flor sobre la barandilla y se rozó la barbilla—. ¿Es por mi ausencia de estos días? ¡Estas triste porque no me has visto, ¿verdad?!

—¡Claro que no!

—Yo también te he echado de menos —afirmó él y, de algún modo, logró sonar sincero—. No puedo decirte dónde he estado pero te prometo que he pensado en ti todos los días.

—Pues yo no he pensado en ti —mintió ella. A pesar de tu malvado hechizo, añadió mentalmente. Su comentario pareció pasar tan desapercibido para el chico como su tono de voz molesto o sus gestos airados—. ¡¿Te atreves a aparecer así como así, después de lo que hiciste?!

Chat Noir se incorporó, mirándola ahora con una cauta sonrisa.

—¿Lo que hice…?

—¡Besarme sin mi permiso!

—Ah… sí, es cierto. Me dejé llevar por mis sentimientos, pero no fue apropiado —No sonó arrepentido, pero al menos ya no parecía burlarse de ella. De la espalda se sacó otra flor más, esta vez una bella margarita blanca que también le ofreció—. Te pido disculpas, princesa mía.

—¡Pues yo no las acepto!

Y se giró para alejarse por el pasillo en penumbras, meneando la cabeza, muy molesta. Giró en una esquina y echó un vistazo sobre su hombro, la margarita estaba sobre la madera junto a la dalia, pero el chico no.

¿Se había ido sin más?

Cobarde pensó.

Tomó aire y retomó su camino, pero entonces Chat Noir reapareció, graciosamente sentado sobre la barandilla y jugueteando en sus manos con un enorme girasol.

—Por cierto, princesa, ¿qué estás haciendo en esta vieja floristería?

La chica bufó, con disgusto. Pasó de largo pero se detuvo poco después y a regañadientes, se dignó a mirarle.

—Resulta que ahora es mía —explicó—. El sobrino del rey me ha cedido su propiedad para que abra una tienda de modas.

Los ojos del chico se abrieron de par en par.

—Vaya… ¡Eso es magnífico! —musito, asombrado—. Pero, ¿cómo ha sabido él que te dedicas a la moda?

Marinette parpadeó, incrédula.

Cierto… ¿cómo lo había sabido? Había estado tan ocupada esos días que ni se lo había planteado.

—Es desconcertante —admitió para sí—. Solo las personas más allegadas a mí saben de mi pasión por la moda; mis padres, mis mejores amigos…

—Tu prometido —recalcó Chat Noir señalándose a sí mismo con un dedo. Ella sacudió la cabeza y se apartó cuando él le tendió el girasol.

—Habrá sido casualidad —opinó—. De todos modos, el Caballero Mayor debe ser alguien muy amable y generoso para hacer algo así…

Chat Noir chistó. Dejó la flor sobre la madera y de un salto, cayó al suelo a su lado. Sus cejas se fruncían ahora, también sus labios y eso la intrigó.

—Yo no usaría esas palabras para definirle…

—¿Acaso le conoces?

—Digamos que he coincidido con él alguna vez en Kingsbury… —respondió, encogiéndose de hombros como si no tuviera importancia alguna.

Ya, claro pensó Marinette. ¿Y qué se te ha perdido a ti en Kingsbury?

No se le ocurría nada más absurdo que Chat Noir, que era casi un delincuente declarado, hubiese podido verse las caras con el gran Caballero de la Guardia Real. ¡Y en la capital del reino nada menos!

Si no había querido revelarle dónde se había metido esos días, seguro que no era porque hubiese estado de visita en el Palacio. Lo más probable es que hubiese estado haciendo fechorías por ahí.

Cometiendo delitos… asustando a jovencitas o usando su poder destructivo para alguna travesura.

En cualquier caso, Marinette decidió seguirle el juego.

—¿Y cómo es él? —se interesó—. El Caballero, digo.

Chat Noir escrutó su rostro, como buscando algo y si lo halló, no debió gustarle pues adoptó un semblante de fastidio que la sorprendió. Desde que se habían conocido el chico solo había tenido sonrisas para ella… Apoyó los antebrazos en la barandilla y arqueó la espalda en actitud despegada, pero acabó respondiendo.

—¡Oh, es abominable! —dijo en primer lugar—. Tiene unos rasgos grotescos, en verdad; un rostro deforme, ojos saltones, barbilla picuda, papada y… está un poco calvo.

—¿Me tomas el pelo?

—¡Para nada, princesa! —Entonces la miró—. ¿Por qué crees que lleva siempre el yelmo puesto?

Eso es verdad.

Desde su llegada a Ingary, el sobrino del rey se había mantenido oculto de miradas indiscretas en el Palacio y cuando comenzó a salir para cumplir con sus obligaciones, siempre lo hacía con su armadura negra completa. Que ella supiera, jamás había descubierto su rostro en público.

¡Pero no es posible que sea tan horrible! Negó ella, arrugando la nariz.

Chat Noir solo hablaba así por celos. Mientras que él se ocultaba en las sombras y en los caminos a los Páramos para hacer el mal, el Caballero era un hombre bien considerado y respetado por todos. Si bien ambos ocultaban su rostro, lo hacían por razones muy dispares.

—¿Y qué me dices de su carácter? —siguió indagando ella.

—¡Es todavía peor! —exclamó el otro sin esperar un momento—. Es aburrido, arrogante y un poco tonto.

. Acata todas las órdenes de su tío como si no tuviera voluntad alguna…

Marinette resopló. Era obvio que no sacaría nada en claro de aquella conversación. Fuera o no cierto que Chat Noir había estado en presencia del Caballero, tampoco le diría la verdad sobre él. Se negaba a creer que la persona que había querido ayudarla a cumplir su sueño pudiera ser tal y como lo estaba describiendo.

—¡No hablemos más de él! —Chat Noir se movió hacia ella, de nuevo sonriente y la chica sintió la tentación de retroceder. ¡No volvería a cogerla con la guardia baja!—. He venido a hablar de algo más importante.

—¿Ah, sí? ¿Cómo qué?

—¡Nuestra boda! —respondió, sacando de su espalda una nueva flor. Era una preciosa astromelia rosa con las hojas verdes enroscadas. Se la tendió con una suave inclinación pero sin dejar de mirarla—. He venido a decirte que los preparativos van maravillosamente bien.

. No te preocupes.

—No estoy preocupada —repuso ella, sin aceptar tampoco esta flor—. Porque no habrá tal boda.

. ¡Ya te lo he dicho varias veces!

Se dio la vuelta y retomó su camino. Los pasos apresurados de él la siguieron a través del pasillo, pero no se detuvo.

—No puedo casarme contigo, Chat Noir. Ahora menos que nunca… —le explicó, aunque no sentía que él se mereciera tal consideración—. ¡Mañana abriré la tienda y estoy muy nerviosa!

. ¡Quedan muchas cosas por hacer y no sé cómo llegaré a todo!

—¿Y no hay nadie que pueda ayudarte?

Marinette se detuvo en seco. El chico la contempló con seriedad, quizás el primer atisbo de una emoción real que percibía en él. Sus cejas, incluso, se inclinaban un poco como si también estuviera preocupado.

No supo si era verdad, pero se encontró revelándole sus temores antes de poder serenarse lo suficiente como para mantener la boca cerrada.

—¡No, no hay nadie! No he podido encontrar ni una sola persona en Market Chipping que tenga experiencia o conocimientos de costura más allá de coser un botón o remendar un calcetín —Soltó—. Así que tendré que encargarme sola de todos los pedidos de la gente, pero si hago eso no podré avanzar con mis diseños. Y si no avanzo con mis diseños, mi tienda de ropa no tendrá ropa. ¡Y fracasará!

. ¡Y si fracasa, mis padres estarán decepcionados porque les habré abandonado por un sueño estúpido! ¡Y perderé la tienda! ¡Y todo habrá acabado antes de…!

Chat Noir alargó los brazos y la atrapó, estrechándola contra su pecho, enmudeciéndola al instante. Marinette parpadeó, conmocionada y permaneció estática sin atreverse a mover un solo músculo.

—Tranquila, princesa —Le susurró. El viento silbó entre los agujeros de las rocas del suelo, entre las grietas de la casa. En algún lugar, escuchó el cantar de un grillo solitario y su corazón, dolorido, se apretó sujetando sus latidos. Entonces, la mano del chico se deslizó por su espalda, después por su pelo, acariciando y relajando la tensión de su cuello y su cabeza.

Solo es un abrazo le dijo su mente y por fin, su corazón aflojó. Marinette dejó salir el aire que había retenido y solo por un segundo, se dejó ir en lo reconfortante que era el movimiento de esa mano.

Chat Noir se separó para dedicarle una dulce sonrisa.

—¿No estás yendo muy lejos? ¡Ni siquiera has abierto aún!

Marinette pestañó, con un mohín en sus labios. La cercanía de ese chico ya no resultaba tan incómoda, al contrario, parecía algo familiar.

—Pero es probable que lo estropee todo…

—También es probable que no lo hagas —replicó él.

Sacudió la cabeza, más confundida que nunca. ¿Estaba loca o realmente había sincero afecto en los ojos de Chat al mirarla? Por más que pretendiera creer que él era malvado, captaba una innegable bondad en su voz, en sus gestos… pero no entendía qué hacía allí con ella.

—Chat Noir… ¿por qué te empeñas tanto en esa idea de casarte conmigo? —preguntó, curiosa—. Apenas me conoces…

. Y no soy nada especial.

—Al contrario, todo en ti es especial —respondió de inmediato. A ella le sonó a una afirmación vacía, pero entonces sus pupilas verde brillante se colorearon de fuerza y seriedad—. Marinette… —Le rozó la barbilla con delicadeza guiándola hacia él—. Te conozco; eres valiente, talentosa y compasiva —amplió su sonrisa—; un poquito torpe y tiendes al drama con gran facilidad, pero por encima de todo tú eres… mi Crush.

—¿Tu, qué? —preguntó ella—. Jamás oí esa palabra antes…

—Es una palabra del idioma de mi país —le explicó y su mano descendió para rozar los mechones sueltos de su cabello oscuro—. Significa mi persona amada.

. Incluso si esa persona aún no me ama a mí.

Marinette respiró hondo, ahogada por un sentimiento cautivador y asfixiante. Podía ver verdad en ese chico, apreciarla en sus palabras aunque fuera imposible… Se sintió conmovida, de algún modo.

—Estoy seguro de que puedes sacar esta tienda adelante —Le aseguró, colocándole ambas manos en los hombros. Había tanta firmeza, tanta seguridad en su voz que aquellas palabras parecían una verdad absoluta, incuestionable—. Puedes hacerlo, Marinette.

. Tendrás mucho éxito y tu sueño se hará realidad.

—¿Cómo puedes estar tan convencido?

—Lo estoy —insistió. Y esta vez le mostró una resplandeciente rosa que colocó ante su rostro. Ella vaciló, pero esta vez alzó la mano y la tomó.

—Gracias, Chat Noir.

El chico sonrió, complacido.

Esta vez sus movimientos lentos y acompasados pusieron sobre aviso a la chica cuando él se inclinó sobre su rostro. Estaba dispuesta a detenerle de inmediato, cuando los labios de él se posaron en su mejilla, descaradamente cerca de la comisura derecha de sus labios. Escuchó el sonido de ese beso en su oído y sus párpados se cerraron, ante la suavidad del gesto.

—A partir de ahora vendré a verte más a menudo…

Esas palabras rompieron el fugaz hechizo y Marinette dio un respingo.

—¡No! No hace falta, de hecho…

—¡Tengo que mantenerte al tanto de los preparativos!

Miró la rosa en sus manos con agotamiento y se encogió de hombros.

—Como quieras —respondió, aburrida. ¿De qué servía seguir repitiendo lo mismo? Él se negaba a escuchar.

Chat Noir se despidió. Saltó por encima de la barandilla y cayó en el centro del patio. De un chasquido de su vara mágica, ascendió al cielo, perdiéndose entre los rayos de luna.

Marinette se quedó mirando al cielo y no pudo contener una sonrisa que afloró en sus labios, mientras olía la rosa y pensaba en las palabras de su amigo. Ahora se sentía un poco mejor.

Desde que comenzó su aventura con la tienda había estado trabajando sola y quizás, le habían faltado ánimos. Encerrada en la vieja floristería, nadie la había dedicado palabras de consuelo hasta ese momento y sus pensamientos a menudo la traicionaban, obligándola a transitar por caminos que no le traían nada bueno.

Ahora se sentía tranquila, confiada. Llevaba cosiendo desde niña y al fin y al cabo, ella estaba dispuesta a esforzarse todo lo que pudiera en lograr su objetivo. Si después fallaba… al menos lo habría dado todo.

Chat Noir tenía confianza en ella…

Debo esforzarme más todavía.

Se fijó en la larga barandilla de madera regada de flores y se le escapó una risita.

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Unos fuertes golpes en la madera que retumbaron por toda la casa, despertaron a Marinette con brusquedad. Le costó recordar dónde estaba, pero cuando lo hizo reconoció que ese sonido duro y metálico provenía de la aldaba de bronce que colgaba de la puerta de la tienda, no de la casa.

¿Qué?

Por un instante sintió pánico al creer que se había quedado dormida y los posibles clientes habían llegado antes que ella, pero el reloj de su mesilla le mostró que no era así.

Refunfuñando se puso la bata sobre el camisón y trastabilló por las escaleras hasta el piso inferior, cruzó el patio, y llegó a la tienda. Todo estaba en orden, listo para la apertura dentro de unas horas, salvo porque alguien seguía aporreando la puerta.

Al abrirla, se encontró con una joven al otro lado. Debía ser de su misma edad, pero su mirada cristalina y las adorables trenzas que sujetaban su cabello rojizo la hacían parecer más joven.

—Ah… ¿sí? —Preguntó, frotándose los ojos con el puño—. Aún no hemos abierto…

—¡Lo sé! ¡Qué alivio haber llegado antes!

—¿Puedo ayudarte en algo?

—¿Eres la señorita Marinette Dupain-Cheng? —La chica asintió—. ¿Y esta es la tienda de modas que abrirá en la ciudad? —Repitió el gesto—. ¿Puedo entrar?

—Ah… supongo… —Se hizo a un lado y la jovencita se coló dentro desbordando entusiasmo y energía. Marinette volvió a cerrar la puerta tras ella.

—¡Qué bonito es esto! ¡Me encanta!

—Gracias… ¿Quién eres tú?

—Mi nombre es Tikki —se presentó con una radiante sonrisa, tendiéndole una mano de dedos finos y largos—. Vengo de Kingsbury.

. El sobrino del rey me envía por si necesitas ayuda con la tienda.

—¡¿Qué?! —exclamó, descolocada. Se pasó las manos por la cara para terminar de despejarse y se rascó la cabeza, su cabello estaba enredado y aplastado—. ¿Cómo que…? A ver, no entiendo nada…

Tikki dejó ir una risa infantil, pura y clara.

—Yo era aprendiz del sastre real, en el Palacio del rey —Le contó—; aunque no era muy divertido. El sastre tenía muy mal humor y solo me encargaba los arreglos más engorrosos.

. Por eso, cuando el sobrino del rey me indicó que en esta tienda se necesitaba a una costurera, acepté enseguida venir. ¡Si me contratas, Marinette, no te arrepentirás!

La joven, aturdida, caminó hasta el mostrador y se apoyó en él. La cabeza le daba vueltas por lo deprisa que se había levantado y le costaba entender lo que oía.

—Entonces… ¿Vienes buscando trabajo?

—¡Sí!

—¿Por orden del sobrino del rey?

—Más bien fue una sugerencia… ¡Pero, sí!

—¿Y tienes experiencia cosiendo?

—¡Pues claro! —Tikki sonrió aún más—. Sé interpretar y coser patrones, tomar medidas y manejar a los clientes más difíciles.

. Después de años tratando con esos groseros guardias de Palacio…

—¡Oh, Tikki! —Sin poder reprimirse se lanzó a los brazos de esa desconocida y la estrechó con nerviosismo y euforia. Por suerte, la otra se carcajeó y le devolvió el abrazo—. ¡Me salvas la vida! ¡Gracias por venir!

—¿Estoy contratada?

—¡Por supuesto! —Marinette la miró, entusiasmada—. Estaba desesperada por encontrar a alguien como tú, justo se lo decía ayer a… —Meneó la cabeza, interrumpiéndose—. ¡Muchas gracias!

—No es nada —dijo, lanzando una nueva mirada a la tienda. Sus ojos, de un tono azul violáceo recorrieron el espacio con devoción, llenándose de luz—. ¡Me va a encantar trabajar en un lugar tan hermoso! —Y dio un respingo señalando algo de una estantería cercana—. ¡Oh, que bonitas! —Trotó hasta el jarrón donde Marinette había colocado las flores que Chat Noir dejó tras de sí la noche anterior y aspiró su perfume—. ¿Te las regaló tu novio?

—¿Eh? ¡No! —Marinette rió, pero también sintió que sus mejillas se calentaban—. No tengo… no es un…

—Ya —Y Tikki le guiñó un ojo—. Será nuestro secreto.

Hablando de secretos… Carraspeó un poco y con gran disimulo, se acercó también a la estantería.

—Así que… aprendiz del sastre real, ¿eh? —Preguntó como si nada—. ¿Vivías en el Palacio?

—Así es.

—Entonces… ¿habrás coincidido alguna vez con el sobrino del rey?

—En realidad, no —le respondió—. Era el sastre quien se encargaba de las ropas de la familia real…

—Pero le viste cuando él te habló de mi tienda… ¿no?

—Me mandó una misiva con la información —Marinette hizo una mueca—. Yo tampoco sé cómo es su rostro —Añadió Tikki, adivinando sus intenciones—. Es de lo más misterioso incluso para los que vivimos en el Palacio.

. Dicen que nadie, salvo el rey, le ha visto la cara.

Nadie salvo el rey…

¿Acaso podían ser ciertas las cosas que Chat Noir le había contado sobre el Caballero? Porque si no lo eran… ¿qué razón tenía ese chico para guardar tan celosamente su aspecto en secreto?

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¡Hola a todos y a todas!

Día 13: Floristería.

Hemos vuelto al pequeño AU dentro del reto. Ya no hay más palabras en la lista que especifiquen un relato AU, así que iré cogiendo las que mejor me cuadren para seguir contando esta pequeña historia, dentro de la otra.

No me cuadraba que Marinette y Chat fueran a una floristería en la otra trama, pero es 100% cierto que en la película de "El Castillo Ambulante" Sophie y Howl abren una tienda de flores cuando regresan a Market Chipping para instalarse, huyendo del rey. Así que me venía genial, jajaja.

¿Qué os ha parecido? Espero que también os esté gustando este pequeño AU, jejeje. A mí me resulta más divertido escribirlo, la relación de estos dos aquí es más graciosa.

Mañana regresaremos a la trama original, así que no preocuparse ;-)

Muchas gracias a: DAIKRA, Ranma84, Karen Agreste, Ialiceiamgodness, Mizuki0709, génesis, Staterfe, Ranma84, Gabriela Cordon, Lina Breen y LightGiogia. Un día más recibo vuestros comentarios con mucha emoción y desde aquí os mando todo mi amor y agradecimiento por tomaros un ratito para enviarme vuestras impresiones. Estoy encantada de continuar adelante, capítulo a capítulo, con este reto acompañada de gente tan amable y buena. ¡Muchas gracias a todos y a todas!

Nos vemos en el siguiente

¡Besos para todos y todas!

-Erolady-