Disclamer: Todos los personajes y parte de la trama pertenecen a Thomas Astruc y Jeremy Zag, yo solo escribo para divertirme y sin ánimo de lucro.
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Nota: He decidido participar en el reto #MarichatMay porque el marichat es uno de mis shipps favoritos y como el año pasado me quedé sin tiempo, pues espero resarcirme este. Trataré de llegar lo más lejos posible y no retrasarme demasiado a la hora de subir los relatos. ¡Espero que os gusten!
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Maullidos a la Luz de la Luna
(Reto Marichat para el mes de Mayo)
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Día 16: Ronroneos
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Capítulo 4
En el que Marinette escucha la verdadera historia de Chat Noir
Transcurridos unos días desde la apertura oficial de la primera (y única) tienda de modas en la ciudad de Market Chipping su orgullosa propietaria, Marinette Dupain-Cheng, podía decir que los habitantes del lugar la habían aceptado bastante bien, aunque no con excesivo entusiasmo.
Si bien acudían dos o tres personas al día a encargar alguna que otra prenda, no es que fuera un ir y venir de clientes. Pero era normal y esperable que la tienda se diera a conocer poco a poco, además para dos personas era una buena carga de trabajo.
Tikki y ella se organizaban bien.
La joven pelirroja no había mentido; sus dotes para tratar con los clientes eran maravillosas. Nunca perdía su animada sonrisa por desagradable o indecisa que fuera la persona en cuestión. Los atendía con cordialidad, tomaba sus medidas, les hacía sugerencias, siendo especialmente hábil en quitarles de la cabeza las ideas más absurdas sobre la prenda sin hacerles sentir mal.
Gracias a ella, Marinette podía dedicarse a lo que más le gustaba. Y se sentía feliz convirtiendo los deseos de sus vecinos en bonitos vestidos y trajes, y más aún cuando encontraba ratos libres para seguir trabajando en sus diseños. Si las cosas seguían así, pronto tendría piezas completas para exponer en su tienda.
Además Tikki, recién llegada de la capital y sin más lugar al que ir, aceptó mudarse con ella a la casita adosada a la tienda y descubrieron que, aparte de cómo compañeras de trabajo, también se llevaban bien como amigas. Tikki era una joven alegre por naturaleza, divertida pero también con un pensamiento responsable cuando era necesario.
Tras cerrar la tienda, volvían a la casa a través del patio interior y se relajaban sentadas ante la gran chimenea; ella cosía sus vestidos y Tikki devoraba las galletas de chocolate, receta de sus padres.
Adoraba las galletas. Parecía que pudiera alimentarse solo de ellas.
Disfrutaba en especial de las animadas charlas que compartían al caer la noche; aunque en los últimos tiempos estas empezaban a girar, sobre todo, en torno a un tema por el cual su amiga sentía casi la misma predilección que por las galletas.
—Y… dime, ¿has recibido noticias de Kingsbury hoy? —Esa era siempre la primera pregunta de Tikki. La tanteaba como si nada, pero su rostro blanco y pecoso la delataba al cubrirse de un rojo escarlata junto a esa sonrisa que adoptaba entre infantil y traviesa—. ¿Algo nuevo del Caballero?
Marinette, acurrucada en el centro del sofá frente al fuego, bajaba más aún el rostro sobre el trozo de tela que estaba arreglando y fingía desinterés.
—Esta mañana llegó un paquete con botones dorados de su parte —comentó como si fuera algo sin importancia.
—Cada día envía algo maravilloso…
—Sí —convino ella, apretando los labios. Sus ojos fijos en el movimiento de la guja que entraba y salía de la tela—. Está siendo muy amable.
—¡Ya! Amable…
Marinette siguió cosiendo, aunque un calor insoportable le atacó el cuello.
Desde que la tienda abrió, había recibido paquetes provenientes del Palacio real casi cada día. Le enviaba las mejores y más finas telas para sus diseños, los adornos más distinguidos, los utensilios de costura más novedosos que llegaban a la capital.
Todo lo que ella pudiera necesitar y que jamás se habría atrevido a pedir. Solía escribirle tímidas cartas para agradecerle tanta amabilidad, pero ni una sola vez el Caballero la respondió.
—Sus atenciones —dijo Tikki, paladeando esa palabra con el mismo gusto con que saboreaba las galletas—. Son muy especiales para contigo.
—Yo no lo creo… —negó ella sin poder estar segura—; está interesado en que la tienda funcione porque como fue él quien me cedió la propiedad…
—Está interesado en ti, Marinette.
—¡Tonterías! —exclamó, nerviosa—. ¡Si no me conoce!
Entonces Tikki, que solía sentarse sobre la alfombra para estar más cerca del fuego, se balanceó sobre sus piernas con una sonrisa sibilina, entornando sus ojos de ese tono violáceo imposible.
—¿Seguro? —preguntó. Y esa era la otra pregunta que solía hacerle todas las noches, aunque ella no la respondiera—. ¿No quieres admitir que el Caballero es ese chico que te visita por las noches?
No, por supuesto que no era el Caballero.
Tikki dormía en el cuarto de la planta baja, cuyas ventanas daban a la calle de atrás de la avenida. Estaba apartado del patio que conectaba la casa con la tienda, pero de todos modos se había dado cuenta.
Por suerte, la joven había aprendido a ser discreta después de sus años de vida en el Palacio y esas juguetonas insinuaciones que le hacía en privado eran todo lo que su amiga hablaba del tema. En realidad, sabía que Marinette no le revelaría la identidad del intruso y tampoco le preguntaba por él o por lo que hacían. Pero sí le dejaba claro que estaba al tanto de todo y que estaba ahí para ella, cuando quisiera hablar de él.
Por desgracia, lo más seguro era que Tikki no supiera que se trataba de Chat Noir cumpliendo con la promesa que le hizo aquella primera noche.
—Chat Noir… —Solo se permitía murmurar su nombre cuando sabía que estaba sola en su pequeño taller, sobre la tienda y nadie podría oírla.
A Marinette no solo le preocupaba que Tikki descubriera la presencia del chico en su casa, sino que temía con mucha más intensidad que saliera a la luz para toda la ciudad.
Los rumores de ese estilo podían acabar con la reputación de una persona más rápido que la más letal de las pociones de una bruja malvada.
Chat Noir seguía siendo un criminal en la ciudad de Market Chipping; las gentes hablaban poco de él, pero cuando lo hacían eran muy crueles en sus juicios. Y aunque Marinette sabía que tenía buen corazón, no podía permitirse hacer el más escueto comentario defendiéndole o se arriesgaba a que también hablaran de ella.
Por supuesto, que se le escapara alguna palabra amable a su favor no era, ni de lejos, el mayor riesgo que estaba cometiendo.
Había una pequeña parte de ella que aún se estremecía de temor al recordar lo que pasó el Día de las Flores, cuando vio a Chat usar esa magia oscura que habitaba en su mano derecha y el mundo tembló como si fuera a venirse abajo.
Recordaba el terrible crujido cuando el suelo se abrió, la tierra separándose como las fauces de una bestia que engulló a esos guardias tan pesados. Procuraba no pensar en ello, mucho menos cuando Chat estaba con ella pero alguna vez no había podido evitar apartarse si él acercaba esa mano.
Intentó disimular, pero el chico siempre tenía sus ojos clavados en ella, así que se dio cuenta.
—¿Te da miedo, princesa? —le preguntó en una ocasión, levantando la mano. Ella la miró con aprensión aunque en ese momento tenía el mismo aspecto que la otra—. No te hará nada, de verdad.
. Jamás te haría daño.
—Te vi abrir el suelo con ella —le recordó, vacilante—. Como si fuera un temible terremoto.
—¿Temible?
—Parece un peligro…
—Sí, es posible —murmuró él, mostrándose apenado por un momento. Cerró el puño al tiempo que resoplaba—. Puede hacer mucho daño…
. Todo tiene un precio en esta vida.
Fue la primera vez en que usó ese tono melancólico ante ella. Y Marinette se preguntó de dónde sacaba el chico esa magia que usaba… En una ocasión le había dicho que también era humano.
¿Habría realizado algún tipo de trato con un ente mágico? Fuera lo que fuera, no logró que él le contara más al respecto, pero desde aquel día, si Chat Noir le ofrecía una mano o la rozaba por alguna razón, se aseguraba de usar la izquierda.
A pesar de eso, Marinette era consciente de que su relación con el extraño chico se estaba haciendo más estrecha a medida que pasaba el tiempo. Dejando a un lado el cansino asunto de la boda, Chat podía ser una buena compañía. Era divertido, cariñoso y tenía algo… un carácter tan distendido y despreocupado que ella se sentía libre para compartirle cualquier idea o pensamiento que se le cruzaba por la cabeza.
Si se frustraba por algo de la tienda, con sus padres y Tikki debía hacerse la fuerte y mostrar optimismo, pero con Chat Noir no importaba si se quejaba o si hacía una rabieta. Él siempre se reía y le decía que tenía derecho a ello, además era bueno encontrándole el humor hasta a las situaciones más complicadas.
Marinette no recordaba haberse reído tanto en compañía de nadie.
Quizás era por esto que, aun sabiendo que lo más inteligente para ella y su futuro era pedirle seriamente que no volviera a rondar por su tienda, aún no había sido capaz. Temía que alguien acabara descubriendo al chico colándose por el patio interior a su casa y el secreto saltara por los aires pero… Se sentía incapaz de echarle.
Estaba muy confusa. Todo lo que tenía que ver con respecto a Chat Noir y lo que significaba para ella estaba rodeado por una nebulosa que, aunque tenía huecos por los que mirar, estos se cerraban atrapándola. Se quedaba ciega y confusa. Cuando creía estar a punto de desvelar algo, esa imagen se desvanecía. Lo que creía saber se volvía humo y se encontraba ante la tarea de empezar de nuevo.
Chat Noir era un misterio. Apenas si podía nombrar con acierto los sentimientos que él inspiraba de verdad en su corazón. Y era probable que tal apreciación cambiara de un momento a otro.
Como las figuras de las volutas de humo cuando ascienden en una corriente de aire.
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Marinette estiró sus brazos hasta que los hombros les crujieron e hizo una mueca.
—Hora de irse a dormir —anunció, dejando a un lado la prenda que estaba remendando. Tikki asintió con el plato de galletas vacío en sus manos.
Ambas se encaminaban al pasillo, fuera del salón, tras apagar el fuego de la chimenea cuando escucharon un ruido. Un golpe y un aullido provenientes del patio.
Las dos se miraron, asustadas.
—¿Qué ha sido eso?
—No sé, Tikki…
—¡Vamos a ver! —La pequeña pelirroja agarró la escoba que había apoyada en la pared y se lanzó, rauda, a la puerta de la cocina que daba al patio.
Marinette trató de detenerla pero la otra llegó mucho antes, abrió la puerta y soltó un grito. Cuando ella llegó también y se asomó fuera, se encontró con Chat Noir tirado sobre el empedrado del patio, visiblemente agotado y con una herida en su frente.
—¡Chat Noir! —exclamó Marinette yendo hacia él. Esta vez fue Tikki quien trató de detenerla, pero ella se soltó y se agachó junto al chico, examinando su rostro—. Chat Noir… ¿me oyes?
—¿Princesa? —Parpadeó con pesadez—. ¿He logrado llegar?
—Sí, estás en mi casa.
—¿Marinette? —Tikki la miró sin comprender nada, con la escoba apoyada en el suelo—. ¿Qué estás…? —Entonces, revisó de nuevo la escena y sus grandes ojos se abrieron con sorpresa—. ¡Chat Noir! ¿Él es el chico que…? —Se llevó las manos a la boca ahogando una exclamación—. ¡Marinette, es un criminal!
—¡Eh! —se quejó el chico a duras penas.
—Ahora no, Tikki —Le hizo un gesto para que se acercara—. Ayúdame a meterlo en la casa.
—¿En casa? ¡Si alguien le ve aquí…!
—¡Nadie va a verle! —replicó la otra—. Ayúdame, por favor.
A regañadientes Tikki obedeció como siempre.
Entre las dos lograron llevarle al comedor. Antes de cerrar la puerta, Marinette se fijó pero no oyó ningún sonido en el exterior, con un poco de suerte aquel estropicio no habría despertado a nadie más.
Instalaron al chico en el sofá y mientras Tikki iba en busca de vendas y medicinas, Marinette volvió a encender el fuego. Después, le pidió a su amiga que se fuera a dormir. Le indicó que usara su dormitorio en el piso de arriba y que no se preocupara por nada, pero la pelirroja frunció el ceño.
—¿Estás segura de que sabes lo que haces? —Le preguntó entre susurros antes de subir las escaleras.
—Sí, tranquila.
—Bueno… ¡Grita si intenta hacerte algo!
—¡No voy a hacerle nada! —intervino Chat Noir desde el sofá—. ¡Es mi prometida!
Tikki dio un respingo.
—¡¿Qué acaba de decir?!
—¡Nada, nada, no le hagas caso! —terció Marinette agitando las manos—. Buenas noches, Tikki.
La pequeña, al fin, se marchó rumbo al piso de arriba.
Al llegar junto al chico, resopló sonoramente. Él la sonrió a pesar de las magulladuras de su rostro, pero no la embaucaría tan fácil. En silencio y con expresión huraña, se dispuso a limpiar y curar el corte de su frente.
Mientras usaba los dedos para apartar los mechones rubios de la herida, sintió que él temblaba y de pronto, un sonido muy particular escapó de su pecho.
Purr… purrrr…. Purrrrrrrrr
Marinette apartó la mano de improviso.
—¡¿Qué ha sido eso?!
—Un ronroneo —respondió él encogiéndose de hombros—. ¿No sabías que los gatos ronroneamos?
—No sabía que este gato lo hacía…
—Pues claro que sí —afirmó como si nada. Cogió la mano de la chica y la llevó a su frente—. En especial cuando tú me acaricias…
—¡No te estaba…! —Bufó, avergonzada, pero siguió con la cura. Se mantuvo en silencio aunque con el rostro colorado, soportando los incesantes ronroneos del chico que además, había cerrado los ojos y sonreía como si disfrutara.
Cuando por fin terminó, él volvió a enganchar su mano y la besó con dulzura.
—Gracias, princesa —le dijo—. Eres una extraordinaria doctora.
—Sí, claro… —murmuró. Dejó a un lado los restos de vendas y se sentó, con el cuerpo vuelto hacia él y las manos apoyadas en su regazo—. Bueno, adelante…
—¿Adelante? —repitió él. Entonces sonrió—. ¡Oh, claro! —Acercó su rostro al de ella hasta que sus narices se rozaron—. ¿Quieres otro tipo de beso de agradecimiento?
—¡No! —Le empujó hacia atrás poniéndole un dedo en la nariz—. Lo que quiero es que me expliques qué te ha pasado.
—¡Oh, eso! —Se frotó con el puño—. Nada… solo un pequeño tropiezo con la aburrida guardia real…
—¡Oh, cielos!
—¡Pero estoy bien! —afirmó y se acercó de nuevo, ahora rozándole la barbilla con sus dedos—. No sufras por mí…
—¡Pero, ¿quién sufre?! —Guardó silencio tras apartarse y se cruzó de brazos. Apretó los labios un instante y torció la cabeza—. Aunque… puede que esté un poco preocupada por ti.
—¡¿Por qué ya me amas?!
—Porque en estos días te he tomado algo de afecto —rectificó ella—. Y si sigues así, Chat Noir, acabarás muy mal.
. ¿Qué pasará si el Caballero Mayor o sus hombres lograran atraparte?
—¡Ja! —exclamó para después soltar una risotada. Se echó hacia atrás, acomodándose en el respaldo del sofá—. ¿Crees que un simplón como él podría atraparme?
—El Caballero no es ningún simplón, y sí creo que podría hacerlo —Marinette olvidó sus reservas por un instante y se acercó un poco más a él—. Chat Noir… sé que en el fondo de tu corazón no hay maldad, así que no entiendo porque actúas en contra de tu naturaleza.
. ¿No sería mejor que cambiaras de vida? Esta solo te da disgustos como el de esta noche.
Entonces el chico la atrapó en una larga mirada que no tenía nada de divertida. Giró hacia ella, frente a frente, y estrechó sus ojos luminosos.
—Tú aún crees esas cosas que dicen de mí… ¿verdad?
La chica sintió que su corazón se contraía, como si él lo agarrara con su mano y lo estrujara. Incluso se le secó un poco la garganta.
—¿No son ciertas?
—¡Pues claro que no!
—Nunca me dices a dónde vas cada día, ni nada de lo que haces…
—¡Eso no significa que yo…! —Cerró los ojos, abatido y meneó la cabeza—. Pensé que tú conocías mi corazón —Los abrió y la miró sin pizca de enfado o rechazo—. Es cierto… ¿cómo vas a conocerme si no te cuento nada sobre mí mismo?
Se puso en pie de manera imprevista y caminó por el espacio que había entre el sofá y la chimenea. Hasta que se detuvo ante ella con expresión resolutiva.
—Yo… no nací en Ingary —comenzó. Toda la seguridad que solía caracterizar sus rasgos y movimientos habían desaparecido de pronto, Marinette quedó perpleja ante la vulnerabilidad que titilaba en sus pupilas y que se reflejaba en el modo en que retorcía la cola de su traje—. Nací en un país lejano, en el seno de una familia amorosa y feliz, creo… apenas tengo recuerdos de esa época.
. Vivía en una gran casa blanca de piedra, en una ciudad bella y luminosa coronada por la torre de metal más hermosa que hayas podido ver, atravesada por un alegre río y donde abundaban los dulces.
. Mi madre era una bella mujer que recitaba obras para otras personas y nos quería mucho a mi padre y a mí, pero por desgracia enfermó cuando yo era aún muy pequeño y… acabó muriendo.
—¡Oh! —Marinette se sobresaltó—. Chat… ¿tu madre murió?
Él asintió, cabizbajo y los ojos hundidos.
—Mi padre nunca se recompuso de la pérdida. Cambió. Se volvió un hombre taciturno y frío, incapaz de dar más cariño a nadie. Ni siquiera a mí —continuó, después—. Se obsesionó con recuperar a mi madre, así que empezó a viajar por el mundo en busca de un milagro.
. Pronto, contactó con todo tipo de magos, brujas, ladrones de magia oscura y… finalmente, con demonios. Habría hecho un pacto con quien fuera con tal de recuperarla… pero nunca tuvo éxito.
—¿Y… tú? ¿Te llevaba consigo a esos lugares?
Chat Noir mostró una sonrisa amarga.
—No… a mí me dejaba encerrado en nuestra casa fría y vacía —respondió—. Pasé largos años allí, prisionero, sin ver apenas a unas cuantas personas que me alimentaban y vigilaban.
. Hasta que un día conocí a Plagg.
—¿Plagg?
—Un demonio de la destrucción —La chica se agitó ante esa palabra—. No te asustes, princesa, los demonios no son como los pintan.
—¿Había un demonio en tu casa?
—Mi padre lo había atrapado en uno de sus viajes y aunque Plagg no tenía el poder para revivir a mi madre, decidió retenerlo atrapado. Igual que a mí… —Chat Noir guardó silencio, con sus ojos perdidos en un rincón, recordando—. Cuando lo encontré y me contó lo que había pasado, no dudé en liberarlo. No quería que otra criatura sufriera lo mismo que yo.
. Pero al hacerlo, sin querer, se creó una deuda entre Plagg y yo. Así que a cambio, él me concedió los poderes necesarios para poder escapar de esa casa.
—¿Los poderes…?
—¡Me convirtió en Chat Noir! —Soltó y para dar énfasis, se pasó las manos por el traje—. Huimos juntos de allí y después, Plagg se quedó conmigo y se convirtió en mi mejor amigo.
. Al parecer cuando un humano salva a un demonio, la deuda es de por vida…
—Entonces… fue cuando viniste aquí… —Marinette frunció el ceño—, ¿para huir de tu padre?
Chat Noir negó con la cabeza.
—En realidad, vine aquí esperando encontrar… una nueva familia, pero me equivoque… —Sacudió la cabeza y volvió a sonreír—. Pero gracias a Plagg, puedo seguir siendo libre y hacer lo que quiera.
Entonces, se acercó a ella, agachándose en el suelo y posó una de sus manos sobre las de ella que seguían en su regazo. Y la sonrió, de ese modo dulce y afectuoso que la hacía temblar.
—Marinette, te aseguro que desde que estoy aquí jamás he usado el poder de Plagg para hacer el mal —Le dijo con determinación—. Al contrario, quise usar estas habilidades para el bien, para ayudar a otros…
. Como a ti.
Sí… a ella. El Día de las Flores, al salvarla de esos horribles guardias que la molestaban.
—¡Oh! —exclamó dando un saltito—. Por eso ibas a los caminos de los Páramos… ¡No para robar el corazón de las chicas, sino para vigilar que no tenían problemas con los guardias que custodian la ciudad! —Entonces comprendió. Ninguna chica había esparcido los rumores sobre él, siempre eran otros los que lo hacían… Puede que los mismos guardias—. Pero, ¿por qué nunca dijiste nada al respecto?
—Porque quería pasar desapercibido —respondió—. Cuando eres muy conocido, la gente no te deja en paz.
—Pero…
Si él hubiese desmentido esos rumores, ella no habría pensado mal de él.
—No importa —dijo él, como si la hubiera leído la mente—. ¡Nada importa ya! —Acercó su rostro y Marinette esta vez no se apartó. Respiró hondo cuando sintió el dedo del chico rozando su mejilla—. Porque cuando tú y yo nos casemos, volveré a tener una familia…
. Y haber venido hasta aquí habrá valido la pena.
—Chat Noir, yo…
—Ya… no lo digas esta vez —le rogó él. Los dos sabían que siempre que salía ese tema, Marinette le dejaba claro que no se casaría con él.
—Ya somos familia —susurró ella—. Somos amigos.
Le sonrió y posó su mano sobre la de él, estrechando la palma de la que salía su oscuro poder destructor. Sintió un escalofrío al imaginar que esa mano podía hacerla desaparecer, pero lo resistió y entrelazó sus dedos con los de él.
El chico la miró, conmovido.
Marinette apreció la lucha interna de Chat Noir, y también cómo este se rendía a sus instintos cuando alzó el rostro hacia ella buscando sus labios. Sintió un acelerón en el pecho pero no se movió. Cerró sus ojos y recibió el beso, rindiéndose ella también a la suavidad del chico y a su amor incondicional.
Más lento que la última vez, saboreó el sutil movimiento de sus labios en su boca y la cálida humedad cuando él la acarició. La chica, sorprendida, separó sus labios y lo acogió, llevando sus manos a su nuca y rozándole los cabellos con la punta de sus dedos.
Sobrecogida, se echó hacia atrás. Las emociones la embargaron de un modo absoluto. El chico la sostuvo, atrayéndola hacia él. Y de nuevo, se puso a ronronear arrancándole así una sonrisa.
Gatito tonto pensó ella, acariciándole aún.
Se atrevió a mirarle y él la sonrió.
—El veintinueve —susurró.
—¿Qué?
—Es el día perfecto para casarnos, princesa —explicó—. Justo antes de que acabe el mes de mayo.
Marinette hizo una mueca sin poder evitarlo.
—¿Todavía sigues con eso?
El chico se rio y se puso en pie de un salto. Se sentó de nuevo a su lado y la rodeó con los brazos. Marinette le observó con el rostro encendido.
—Gracias por… contármelo todo —Le dijo—. Prometo que guardaré tus secretos, gatito.
—Estoy seguro de que… —Sus ojos se abrieron y sus orejas se estiraron—. ¿Cómo me has llamado?
—Ah…
—¡Me encanta! —exclamó, apretujándola más contra él. Parecía tan exultante de felicidad que el corazón de Marinette saltó de emoción—. Eres maravillosa, Marinette.
. Prometo que te haré feliz el resto de nuestras vidas.
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Chat Noir se quedó dormido, entre ronroneos, a su lado en el sofá y Marinette hizo lo propio mientras reflexionaba sobre la historia que el chico le había confiado, en lo que sabía ahora de él, en ese beso tan intenso que le había puesto la piel de gallina y la había dejado aturdida.
¿Serían así todos los besos?
Cuando se despertó a la mañana siguiente, el chico ya no estaba y eso la alivió.
Aunque la expresión de mal humor con la que apareció Tikki en la tienda un rato después hizo que volviera a preocuparse.
—¿Se ha ido? —preguntó y Marinette asintió—. Espero que nadie le haya visto…
. Si alguien más se entera de que ese criminal viene aquí, cada noche…
—¡No es un criminal! —replicó Marinette al instante—. En realidad, no…
Unos golpes en la puerta de la tienda las hizo dar un bote a ambas.
Al otro lado de la puerta había un mensajero que traía un nuevo paquete, probablemente desde Kingsbury. De parte del sobrino del rey.
—Si empiezan a correr rumores sobre ti y Chat Noir —le advirtió Tikki—; y estos rumores llegan a oídos del Caballero, será terrible.
. Es obvio que tiene un interés especial por ti, pero eso podría cambiar si llega a enterarse de esto. No solo dejará de ayudarte con los envíos de material… ¿Y si además te arrebatara la tienda?
Marinette se quedó perpleja.
—¿Crees que haría algo así?
—Si cree que tienes tratos con criminales…
Jamás se le habría ocurrido esa posibilidad, el Caballero había sido tan considerado con ella desde el principio, confiándole la propiedad para que cumpliera su sueño… ¿De verdad podría cambiar de parecer si descubría su relación con Chat Noir?
En el paquete encontró unos lazos de seda preciosos para adornar sus vestidos. Y al fondo de la caja encontró algo más.
Esta vez el paquete venía con una carta del Caballero.
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¡Hola a todos y a todas!
Con un poco retraso pero aquí está ya el siguiente capítulo ^^ Una nueva entrega de nuestro AU, jajaja. ¿Qué os ha parecido? Hoy ha sido un día de locos y por poco ni llego a actualizar, espero que mañana se me dé mejor T.T Perdonar que hoy pase como rayo por aquí, jeje, pero algunos días son… un caos.
Espero que os guste y todo este bien, no he podido revisarlo como siempre.
Gracias a todos los que respondisteis ayer a mi enorme nota, jeje, fue muy bonito leer vuestras respuestas. Gracias por seguir aquí Como siempre agradezco con el corazón vuestras palabras que me animan cada día más: génesis, Arianne Luna, Nhymc9,Lina Breen, Ialiceiamagodness, Daikra, Mizuki0709, LightGiogia, Karen Agreste, yhuandship y Gabriela Cordon.
Nos vemos en el siguiente
¡Besos para todos y todas!
-Erolady-
