Disclamer: Todos los personajes y parte de la trama pertenecen a Thomas Astruc y Jeremy Zag, yo solo escribo para divertirme y sin ánimo de lucro.

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Nota: He decidido participar en el reto #MarichatMay porque el marichat es uno de mis shipps favoritos y como el año pasado me quedé sin tiempo, pues espero resarcirme este. Trataré de llegar lo más lejos posible y no retrasarme demasiado a la hora de subir los relatos. ¡Espero que os gusten!

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Maullidos a la Luz de la Luna

(Reto Marichat para el mes de Mayo)

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Día 17: Encerrados

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No había truenos ni relámpagos. Tampoco viento que empujara el agua en ráfagas furiosas contra ellos. La lluvia caía intempestiva, de manera continua y dibujando una pantalla borrosa que los envolvía y aislaba del resto del mundo.

Y que los mantenía atrapados.

¿Cuándo dejará de llover? Era el pensamiento que aparecía y desaparecía de su mente cada pocos minutos.

El olor a humedad era más intenso de lo que Marinette recordaba haber percibido nunca. Sobre la piel de su rostro, pegándose a su pelo… y sin embargo, la temperatura no era del todo desagradable. Las gotas que veía precipitándose desde el cielo oscuro hasta el suelo de la azotea eran gordas y pesadas, y quiso creer, que de una temperatura templada.

Asistió, como si de una película se tratase, al ennegrecimiento del cemento por acción de la lluvia, a la formación de charquitos y soportó el continuado repiqueteo contra la lona de plástico que cubría sus cabezas.

Parece como si no fuera a parar nunca.

Parpadeó, acurrucándose más aún contra el cuerpo que había tras ella. Unos brazos cálidos estrecharon el abrazo en torno a su estómago en silencio.

Más allá de la capa de agua no veía más que un paisaje negro y gris, con borrones difuminados y puntos de luz lejanos que parecían temblar por las embestidas de la tormenta. Era como estar fuera del mundo, mirándolo a través de un cristal opaco, con la angustia de no reconocer nada.

Si no para… Hizo una mueca que nadie vio y después la borró. ¡No, no! Aún es pronto, es pronto…

Había inquietud acechando dentro de ella, lista para activar su sentido de alarma y soltar la adrenalina por su cuerpo, pero no lo permitiría. No en ese momento, había cosas más importantes y una de ellas era mantener una atmosfera tranquila y relajante para su compañero. A pesar de todo, deslizó las manos a lo largo de los brazos que la rodeaban y estos, entendiendo el mensaje silencioso, la estrecharon un poco más.

Una respiración sosegada movió los cabellos de la parte de atrás de su cabeza antes de que la voz hablara.

—Seguro que pronto parará.

Una pegajosa somnolencia impregnó cada palabra, cada pausa en la entonación. Y Marinette, contenta por ello, procuró mostrarse más serena de lo que estaba en realidad.

—Lo sé —Torció el rostro sonriente hacia el del chico—. ¿Te has terminado la infusión? ¿Quieres un poquito más?

—No, está bien así.

—¿No te ha gustado?

—¡Claro que sí! Es la más rica que he probado, pero tengo el estómago lleno —Chat Noir soltó la tacita de té vacía en el suelo y asomó su cara por encima del hombro femenino—. ¿Qué hierbas has usado?

—Ah… —Marinette frunció los labios un momento y soltó una risita—. ¡Ah! Pues no estoy segura… es que he probado varias mezclas distintas, para ver cuál sabía mejor.

Él chico asintió, confiado y ella devolvió sus ojos al frente.

Ya no puede faltar mucho para que haga efecto…

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Aquel debería haber sido un inofensivo chaparrón primaveral. Uno de tantos que estallan con fuerza y descargan litros de agua, refrescando la ciudad sedienta, para retirarse después del mismo modo imprevisto y rápido en que aparecían.

Pero había transcurrido una hora y el agua caía con la misma fuerza, como si alguien hubiese abierto un enorme grifo en el cielo y se hubiera marchado olvidándose de cerrarlo.

Caía y caía.

¿Y si nunca paraba?

¿Y si sigue lloviendo toda la noche?

¡Era necesario que aquella tormenta acabara para que pudieran volver a sus casas!

Aún queda tiempo… se repetía ella. Todavía es necesario que Chat…

De pronto, un peso nuevo cayó sobre su hombro y dio un ligero respingo. Chat Noir se agitó también, parpadeando confuso; acababa de dar una cabezada.

—¿Estás bien? —le preguntó y añadió con una sonrisa, divertida—. Te caes de sueño…

—¡No, no, estoy bien!

Apenas lograba mantener sus ojos abiertos y no paraba de bostezar. Marinette sentía cada uno de sus bostezos, porque su cuerpo se estiraba pegándose más aún al de ella y después se desinflaba, estrechándola.

—¿Por qué no te duermes un rato? —Le propuso ella, señalándole uno de los cojines que habían colocado en el suelo de aquel improvisado refugio contra la lluvia.

Era más parecido a un fuerte, al menos como Marinette lo recordaba de cuando su padre le construía uno en el salón de su casa y jugaban a los clubs secretos.

Cuando las primeras gotas de lluvia empezaron a caer, recogieron todo lo que pudiera estropearse de la azotea y lo guardaron en el interior del edificio. Creyendo que aquello sería solo un breve aguacero, a ella le pareció divertido construir un refugio usando las mesas, sillas y sombrillas del antiguo café que seguían abandonadas en un rincón. Le dio un par de órdenes precisas al chico y entre los dos levantaron una estructura lo bastante amplia para que ambos cupieran debajo y después extendieron una lona de plástico por encima que repelería el agua hacia fuera.

Marinette añadió al interior unas cuantas velas para que tuvieran luz, extendió una sábana por el suelo con los cojines, trajo la manta bordada, las tacitas de té y algunas cosas más. Chat Noir pareció más que encantado con el resultado, y le confesó que nunca había visto algo parecido.

—Todos los niños tienen un fuerte de pequeños —afirmó Marinette como si fuera una verdad incuestionable.

—Yo no —insistió él, fascinado con aquel escondite; porque la lluvia los envolvía quedándose fuera y los reflejos de las velas sobre las paredes de tela creaban una curiosa ilusión de movimiento—. ¡Es genial!

Marinette no añadió más al respecto.

Solía guardar silencio cuando el chico desvelaba, sin querer, algún detalle íntimo de su vida. Dejaba que esa información (fuera lo que fuera) pasara de largo para evitar que, de algún modo, diera lugar a más datos que pudiera poner al descubierto su identidad.

Pero no era como si esos detalles no fueran a ninguna parte. Ella los recogía con cuidado y los almacenaba en un lugar seguro de su memoria como si fueran (y de hecho, eran) algo muy preciado.

—Al menos aquí estamos a salvo de mojarnos —dijo él, frotándose los ojos con una mano, tratando de despejarse.

—Sí, pero estamos encerrados —apuntó ella. Estrechó contra sí el libro que sujetaba en sus brazos y un escalofrío agitó su cuerpo encogido—. ¿Cómo volveremos a casa si no para de llover?

—En algún momento parará…

Eso la inquietaba de verdad. ¡Sería un peligro caminar por las calles con semejante tiempo y mucho más permitir que él saltara por los tejados resbaladizos, cegado por la lluvia!

Chat Noir, que como siempre se mostraba más entusiasmado por el contratiempo que en verdad preocupado, volvió a bostezar y esta vez, todo el peso de su cuerpo reposó unos instantes sobre la chica que se sobresaltó al sentir una energía nerviosa invadiéndola.

Mantén la calma se dijo, respirando hondo. Has de conseguir que duerma un poco.

—¿Has tenido un día duro? —preguntó. La respuesta tardó tanto en llegar que casi pensó que se había quedado dormido.

—He tenido unos cuantos compromisos…

—Pues duérmete un rato —insistió ella. Se separó para colocar el cojín en la parte profunda del refugio y extendió la manta—. ¡Pareces agotado!

. Necesitas dormir y aquí dentro no podemos hacer nada.

Por fin, Chat Noir cabeceó, rendido. Y gateó para tumbarse cuán largo era, en el momento en que su cabeza rozó el cojín su semblante adoptó una expresión de absoluto placer. Le cubrió con la manta y entonces él frunció el ceño.

—¿Tú no vas a dormir?

—¡Sí, claro! —le respondió—. Pero antes tengo que terminar este libro para la clase de literatura de mañana y aún me quedan varios capítulos…

—Ah, sí. Yo ya lo terminé…

—¿Tú también has leído este libro?

El chico se agitó, sorprendido, bajo la manta.

—¡Ah, sí! Creo que lo mandan leer en todos los institutos… —Se acurrucó bajo la manta—. ¿Me despertarás pronto?

—Sí…

—No quiero desperdiciar todo mi tiempo contigo durmiendo…

Ella sonrió y asintió. Esperó a que cerrara los ojos y después abrió su libro. El repiqueteo de la lluvia contra la lona era ensordecedor pero Chat Noir no tardó mucho en quedarse profundamente dormido.

Le miró por encima del borde del libro; esa expresión tan plácida y el movimiento ondulante de su pecho que subía y bajaba como el balanceo de las olas del mar. Sonrió al rescatar el termo que le había preparado con su mezcla especial. Aún quedaba un poco de la infusión caliente en su interior.

Aspiro el dulce aroma de la lavanda, la melisa y la miel. La receta mágica de su madre.

Para que tengas dulces sueños, gatito. Pensó mientras lo guardaba en su mochila.

En los últimos días, Marinette había estado pensando en todo lo que podía hacer por Chat Noir y había llegado a la triste conclusión de que no era mucho. El tiempo que pasaban juntos era reducido, no podía ser del todo sincera con él, ni podía permitir que él lo fuera con ella.

Lo que podía ofrecerle era muy pequeño si lo comparaba con todo lo que él había hecho por ella. Pero trataba de esforzarse en lo que podía.

Dejó el libro en el suelo y flexionó sus rodillas para apoyar la barbilla en ellas, se quedó mirando al chico con una boba sonrisa en su rostro, repasando sus rasgos tranquilos.

Últimamente había sentido crecer en ella el deseo insólito de saber más y más cosas de él, un deseo que aunque debía quedar insatisfecho, seguía manifestándose y por eso ella recolectaba esos pequeños detalles sobre él.

Está muy ocupado en su día a día pensó, apretando los labios. Y además bosteza con todo su cuerpo.

Había otro detalle que había descubierto sobre Chat Noir desde que se veían en el café secreto.

Marinette se había estado obligando a permanecer despierta todas las noches, aunque Chat creía que ella también dormía. Sin embargo, peleaba contra las ganas de acurrucarse entre sus brazos y abandonarse a sus sueños felices porque tenía una buena razón para ella.

Chat Noir era un chico alegre, bromista y poseedor de un buen humor casi inextinguible; un payaso, como él decía y ella no tenía dudas de que esa era su verdadera esencia. Más cuando dormía, aparecía algo más. Como si debajo de todas las capas que ella había ido descubriendo durante ese tiempo se ocultara una más.

La última, la más íntima, tanto así que no estaba segura de sí él mismo era consciente de su existencia.

Cuando Chat Noir dormía, lo hacía con una infantil sonrisa dibujada en sus labios, pero a medida que el sueño se hacía más profundo se operaba un cambio en él. La sonrisa se desdibujaba y aparecía entonces una expresión frágil, de lejana melancolía; como si un nuevo chico hiciera acto de presencia, uno más indefenso y desdichado que el héroe.

Y poco después… aparecían las pesadillas.

Tiene pesadillas. Ese era otro detalle que ella había recolectado. Todas las noches.

Y aquella, como durante todas las anteriores, Marinette aguardó paciente a que estas llegaran para perturbar su sueño. Había aprendido a adivinar su presencia en cuanto veía que Chat apretaba la mandíbula o fruncía el ceño. Después comenzaba a agitarse mientras murmuraba algo que ella no era capaz de desentrañar.

Gateó hasta él y le posó la mano en la mejilla, con cuidado, sintiendo la tensión en su piel.

—No pasa nada, Chat Noir —susurró cerca de su oído, pero los temblores aumentaron. Era normal, siempre ocurría al principio. Bajó la cabeza y le besó en la mejilla—. Está bien.

.Todo está bien…

No sabía que ocurría en las pesadillas, jamás le había preguntado… Eran lo bastante perturbadoras como para que Chat las recordara y sin embargo, jamás se las había mencionado por lo que ella entendió que no quería hablar del tema. Y ella no le obligaría a hacerlo.

—Vas a estar bien —repitió con paciencia. Acarició su pelo despacio y observó cómo los movimientos erráticos del chico se suavizaban un poco. Marinette buscó su mano y la tomó, los dedos de Chat se aferraron a ella de manera automática—. Todo va a estar bien…

Al final, las convulsiones pasaron y su amigo inició el camino de vuelta hacia un sueño relajante y placentero. Solo se agitó una última vez con las cejas fruncidas y dejó escapar una única palabra.

—Mamá…

Marinette parpadeó al oírla y sintió un pinchazo en la boca de su estómago al captar el desgarrador tono de dolor que la acompañó.

Le arropó más con la manta y sostuvo su mano.

Por lo menos ahora, ahuyentadas las pesadillas, sabía que el chico disfrutaría de un sueño tranquilo. Uno en el que podía descansar y retomar las fuerzas; aunque no sabía si estas volvían a molestarle cuando él llegaba a su casa.

Vigilar su sueño y espantar las pesadillas no era una gran hazaña. Solo una de las pequeñas cosas que Marinette podía hacer por él. Como prepararle sus dulces favoritos, construirle un fuerte o una infusión especial que relajara y calmara su mente antes de dormir…

Y los mimos… pensó, enrojeciendo un poco.

También le daba su cariño incondicional pero para ella seguía siendo muy poco. Y cuando le miraba mientras dormía, como en esos momentos, sentía una angustia invadiéndola, asfixiándola despacio.

Era tan escaso lo que sabía de él. ¿Cómo podía ayudarle si no sabía qué era lo que le atormentaba en su vida real?

Mamá… repitió para sí. ¿Qué le pasó a tu madre, Chat Noir? ¿Acaso no está contigo?

Se hizo las preguntas pero no se permitió aventurar hipótesis acerca de posibles respuestas. Seguía recogiendo esos pequeños retazos de información para añadirlos a la colección de lo que sabía del chico. Pero no las revisaba, ni intentaba unir los pedazos.

¿Y si llegaba un momento en que estos le mostraran una imagen demasiado completa, demasiado real?

Igual que ponía todos sus esfuerzos en ayudarle en lo que podía, se conformaba con las escuetas pistas que tenía. Y sí, sus sentimientos hacia él habían crecido tanto que los secretos y las mentirijillas empezaban a pesar, como odiosos intrusos entre ellos, pero todo formaba parte de la relación que ambos mantenían.

Rara, se dijo y después sonrió. Pero muy especial.

Estaban encerrados en esa relación, con sus secretos y sus rutinas, sus cosas buenas, sus cosas malas. Prisioneros sin remedio hasta que llegara el día en que esta pudiera cambiar.

Pasó un buen rato cavilando las mismas ideas, deslizando sus ojos cansados del pacífico rostro del chico, que otra vez sonreía dormido, hasta las gotas de lluvia que seguían cayendo sobre ellos.

Al final, Chat Noir se despertó por sí solo. El color había vuelto a su rostro, somnoliento y burlón. Bostezó de nuevo y se sentó, estirando los brazos hasta casi rozar con las puntas de sus garras el techo de la lona.

—¡No me has despertado! —la acusó, a pesar de ello, con buen humor. Marinette se encogió de hombros—. ¿Tú no te has dormido?

—Sí, me acabo de despertar.

—¿Todavía llueve? —Preguntó, aunque se asomó él mismo para comprobarlo y resopló—. Seguimos aquí encerrados.

Sí, Chat Noir… aún estamos encerrados pensó ella, algo apesadumbrada. En realidad, lo que latía en ella era un sentimiento agridulce que no sabía bien como digerir.

Pero el chico se movió para sentarse a su lado y le tomó la mano para sostenerla en un gesto tan natural, como encantador.

—¿Has terminado el libro?

—¡Oh, el libro! —exclamó ella, sacudiendo la cabeza—. Lo he olvidado…

. ¡Mañana suspenderé el examen!

—Tranquila, princesa —Le dijo, besándole el dorso de la mano. Sus ojos estaban brillantes y la alegría asomaba en sus rasgos, como si la pesadilla nunca hubiese existido. Marinette se preguntó entonces si las recordaba o si estas desaparecían de su memoria al despertar—. Yo te puedo contar el final.

—No me gusta hacer trampas.

—¡Pero si nadie se enterará nunca!

Marinette miró al frente. Al paisaje emborronado por el agua… Seguía preocupada por no poder regresar a su casa a tiempo, porque sus padres se enteraran de sus escapadas nocturnas, del castigo, de las explicaciones que no podría dar… De que algo de todo eso cambiara y ya no pudiera reunirse con Chat Noir cada noche.

Quizás era breve el tiempo que pasaban juntos, pero no quería que acabase.

Intentó centrarse en la particular calma que también habitaba en ella. Porque mirando a ese horizonte tras el cual no veía nada, parecía que el mundo hubiera desaparecido.

—Es como si ya no hubiera nada —murmuró, ensimismada en sus pensamientos—. Como si todo lo que había más allá de esta azotea se hubiera desvanecido detrás del agua.

. Como si estuviéramos encerrados en una burbuja separados del mundo.

Igual que su relación, tan distinta del resto. Con sus limitaciones y problemas a los que, sin embargo, ella se aferraba con todas sus fuerzas.

Chat Noir apretó su mano, como si comprendiera cada palabra de las que no decía en voz alta.

—¿Te refieres a que es como… si solo existiéramos nosotros dos en el mundo?

Marinette se rio brevemente, pero asintió con la cabeza. Sí, era justo así como se sentía. Solo ellos dos. Porque solo ellos comprendían lo que sucedía, y aunque eso se sintiera a veces un poco agobiante, asfixiante, opresivo…

—En realidad, a mí me encanta estar encerrado aquí contigo —confesó Chat Noir.

—Y a mí —convino ella sin necesidad de pensarlo. No importaba si a veces sentía que no era bastante para él, porque encontraría la manera de serlo. Aguantaría despierta lo que hiciera falta y espantaría sus pesadillas cada noche si eso era todo lo que podía hacer—. También me gusta estar encerrada contigo, gatito.

Porque estar encerrados no podía ser tan malo… si estaban juntos.

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¡Hola a todos y a todas!

Día 17: ¡Encerrados!

No sé por qué, la primera vez que leí esta palabra, lo que se me vino a la mente fue una imagen de estos dos encerrados en uno de esos ascensores de la Torre Eiffel, con Marinette echándole la bronca a Chat.

Una imagen graciosa, pero no pasé de ahí.

No sabía cómo justificar que hubieran llegado a eso, ni se me ocurrió más. Además, el tema de una pareja encerrada en un ascensor está un poco trillado, ¿no?

¿De qué más formas pueden quedarse dos personas encerradas?

Y… esto es lo que se me ocurrió, jajaja. ¿Qué os ha parecido? Sigo dándole vueltas a ver si se me ocurre una trama que una las palabras que quedan, pero por ahora solo se me ocurren momentos tiernos entre ellos, jejeje.

¡Me seguiré esforzando!

De nuevo, os doy las gracias por todo vuestro apoyo ^^ Me alegra ver que el AU os sigue gustando, jeje, si esto sale bien quizá me anime a escribir más dentro de un tiempo, ¿quién sabe? Muchas gracias por todos vuestros comentarios y opiniones geniales; Ranma84, génesis, Arianne Luna,Lina Breen, Ialiceiamagodness, Mizuki0709, LightGiogia, Karen Agreste, y Gabriela Cordon. Me seguís motivando y animando cada día, y yo me esforzaré lo más que pueda por ofreceros lo mejor.

Nos vemos en el siguiente

¡Besos para todos y todas!

-Erolady-