Disclamer: Todos los personajes y parte de la trama pertenecen a Thomas Astruc y Jeremy Zag, yo solo escribo para divertirme y sin ánimo de lucro.

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Nota: He decidido participar en el reto #MarichatMay porque el marichat es uno de mis shipps favoritos y como el año pasado me quedé sin tiempo, pues espero resarcirme este. Trataré de llegar lo más lejos posible y no retrasarme demasiado a la hora de subir los relatos. ¡Espero que os gusten!

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Maullidos a la Luz de la Luna

(Reto Marichat para el mes de Mayo)

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Día 18: ¡Ups!

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-Prefacio-

Cuando Marinette vio la sonrisa, traviesa y audaz de Chat Noir aquella noche, presintió que el chico tenía algo en su cabeza a lo que ella debía decir "no".

Solo una pequeña vuelta… ¡Nadie nos verá!

Al empezar a conocer a Chat de un modo más íntimo, Marinette había desarrollado una habilidad especial para adivinar lo que pensaba a través de sus gestos, sus miradas, su forma de moverse… No solo desde que empezaron a reunirse por las noches, sino que ya como Ladybug era capaz de prever cuando su compañero haría algo inadecuado o cuando tenía una gran idea.

Como ella misma, sin embargo, había afinado esa capacidad y por el modo en que la miraba, supo que estaba a punto de proponerle algo importante. Por como fruncía las cejas; que era algo que no sabía si a ella le gustaría, pero la sonrió con seguridad, así que debía estar convencido de que lograría persuadirla.

Y a pesar de que ella lo notó y pudo anticiparse… no cambió el hecho inevitable de que todo pasara como pasó.

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-1-

El tiempo en Paris estaba un poco loco esos días.

Tras la tormenta de la noche anterior, amaneció un día soleado y con temperaturas altas, casi veraniegas. Los charquitos que decoraban el empedrado de las calles estuvieron secos para el mediodía y ya por la tarde se instaló en el ambiente un desagradable bochorno que duró hasta la puesta del sol.

Cuando Marinette salió de su casa aquella noche para acudir al café secreto, ese calor ya no era tan molesto. Las temperaturas se habían suavizado, y una ligera brisa templada recorría la ciudad. No se molestó en coger una chaqueta y caminó, tranquila, fijándose en la cantidad de gente que también había salido a pasear a esas horas, aprovechando el buen tiempo. La ciudad parecía más despierta y alegre, había familias enteras recorriendo las calles, divirtiéndose en los parques y en las áreas cercanas a los monumentos.

La iluminación de la Torre Eiffel que vio a lo lejos le resultó más bonita esa noche y fue entonces que Marinette notó lo mucho que había mejorado su ánimo desde aquellos oscuros días en los que el estrés y la confusión por sus responsabilidades la atormentaban. Todo seguía ahí pero, ya no sentía la necesidad de pensar en ello cada instante de su día; había aprendido a tomarlo con más calma, hacer pausas para no agobiarse.

Incluso sentía que al pensar en Luka la culpa ya no la estrangulaba del mismo modo.

¿Cuánto había pasado? ¿Quince días? ¿Veinte?

No estaba segura, pero en lugar de pensar en ello, Marinette se detuvo en un cruce y sonrió, balanceándose ligera sobre las puntas de sus pies, pensando en el futuro… En que pronto haría más calor, llegaría el verano y con él las vacaciones; liberaba del instituto tendría menos tareas, podría levantarse más tarde y eso significaba que podría trasnochar más.

Más tiempo en el Café secreto. Más tiempo con su gatito…

Su corazón estaba alegre y no reprimió esa emoción, la acunó en su pecho hasta llegar al callejón que había tras el café. Se aseguró de que Tikki estaba bien en su bolso y tenía galletas de sobra antes de llamar al chico.

Este acudió, raudo, a la llamada y la atrapó en sus brazos con amor. Pero en lugar de saltar de nuevo hacia la azotea, la guio hasta la salida del callejón, donde la luz de las farolas rociaba las paredes y pudieron verse las caras.

Ahí fue cuando Marinette notó que Chat tramaba algo.

—¿Qué tal si, solo por ahí, vamos a dar una vuelta en lugar de quedarnos aquí? —le propuso.

—¿Una vuelta?

—¡Sí! —exclamó él, tan emocionado y entusiasmado como si ya le hubiera dicho que sí—. Por los tejados, claro; nadie nos verá. ¡Pero será muy divertido!

. Te llevaré a unos cuantos sitios geniales.

La verdad es que Marinette adoraba su café, pero un cambio de escenario también resultaba tentador. Sin embargo sabía que sería muy arriesgado e irresponsable por su parte permitir algo así.

La chica se encogió los hombros, haciendo solo a medias una mueca de contrariedad.

—No sé, Chat…

—Oh, vamos princesa —Le dijo, torciendo la cabeza hacia ella—. Anoche pasamos horas encerrados allí arriba, en nuestros fuerte —Le recordó—. ¡Fue genial!

. Pero hoy toca estirar un poco las piernas…

—¿Y si alguien nos ve?

—Solo una pequeña vuelta… ¡Nadie nos verá!

Nada más decir esas palabras, oyeron un grito.

Al otro lado de la carretera había un grupo de chicos y chicas con los rostros muy alegres y muy rojos. Vestían de manera casual aunque con un toque elegante; seguramente iban buscando algún lugar en el que seguir su fiesta cuando uno de ellos había reconocido al héroe, a pesar de la distancia y de que las angostas paredes del callejón le ocultaban de manera parcial.

El tipo era el más alto del grupo, y a pesar de vestir unos vaqueros y una camisa elegante, llevaba una gorra bien calada a la cabeza.

—¡Mirad, es Chat Noir! —chilló con alegría y señalándole con un dedo. El resto de sus amigos, sorprendidos, giraron las cabezas y buscaron por la orilla de la otra acera hasta dar con él. Al chico, atrapado, no le quedó más remedio que saludarles con la mano—. ¡Eh, Chat Noir! ¡Ven a hacerte una foto con nosotros!

Los otros aplaudieron la propuesta con vítores y silbidos.

—No… ¡Gracias! Pero no puedo…

—¡Preséntanos a tu amiga, Chat Noir!

—¡Eso, que venga también!

Marinette pegó un bote, con el corazón en la garganta y trató de ocultar su cara tras la espalda del chico. Este, nervioso, agitó las manos con fuerza.

—¡No, no, no es una amiga! —replicó—. ¡Es una chica que ha perdido a su mascota y me está pidiendo ayuda para encontrarla! —Les dedicó un nuevo saludo y una sonrisa afable—. ¡Estoy trabajando! ¡El mal nunca descansa!

. ¡Seguir circulando!

El grupo entero estalló en carcajadas, como si tales palabras fuesen el chiste más gracioso que nunca hubieran oído. Por suerte, comenzaron a alejarse calle abajo envueltos en esa nube de risas y gritos incomprensibles.

Marinette suspiró aliviada, pero se cruzó de brazos cuando Chat se volvió hacia ella. Le dedicó una sonrisa torcida, entre nerviosa y avergonzada.

—¡Ups! —murmuró, estirando las manos para dar toquecitos en sus piernas—. Parece que ellos sí me han visto…

—No me digas.

—Vale… —Resopló, y sus orejitas temblaron sobre su cabeza—. Quizás no haya sido la mejor idea pero… esto es lo único que se me ocurrió para que pudiéramos hacer algo…

Vaciló y ella frunció el ceño.

—¿Algo?

—Algo… parecido a lo que hacen las parejas normales —contestó con una pequeña sonrisa increíblemente tierna—. Dar una vuelta por ahí… juntos.

Sus ojos, enormes, la atraparon en una mirada suplicante y los brazos de la chica, firmes cruzando su pecho, se descolgaron como las ramas de un árbol indefensas contra el paso del tiempo.

Ella se supo también indefensa ante él, perdida sin remedio.

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-2-

Chat Noir se sentía esa noche más feliz que nunca.

La felicidad que lo embargaba siempre que se encontraba con Marinette, más la emoción de hacer algo nuevo, eran tan grandes que le desbordaban. Su corazón saltaba sin parar en su pecho a medida que aumentaba la velocidad a la que recorría los tejados y sentía que los brazos de ella se aferraban a él con más fuerza.

¿Podía ser mejor?

Gracias a sus poderes, el peso de Marinette era tan liviano como el de una pluma, pero al mismo tiempo la presión de sus brazos en torno a su cuello y su pecho, era de lo más real. Como la calidez que manaba de su cuerpo y también, un roce muy particular sobre su espalda cuando cierta parte de la anatomía de la chica chocaba contra él en cada salto y en cada aterrizaje.

La primera vez que lo notó e identificó lo que era, los nervios casi le hacen perder el equilibrio. El rostro se le puso rojo, pero siguió corriendo sin darle importancia, atento a los picos de los tejados, a los salientes traicioneros de las casas y las corrientes de aire. El roce siguió dejándose notar y al final, logró apreciar lo placentero que resultaba que así fuera.

Chat Noir no tenía un itinerario escogido para ella, pero sí muchas ideas distintas que creyó que la gustarían.

Primero, la llevó a pasear por lo alto de los puentes que recorrían el Sena, observando los barcos de turistas que lo cruzaban a la luz de luna, balanceados por el arrullo de las aguas. Hubo una parada obligada cuando descubrieron el carrito de André en uno de ellos, por supuesto.

Chat Noir dejó a la chica en lo alto de una cornisa y se hizo con un helado que se tomaron mientras contemplaban el ir y venir de personas desde un lado y otro del río. Estaba tan eufórico que ni siquiera se fijó en los sabores que el heladero de los enamorados había escogido para ellos, aunque en lo más hondo seguía creyendo (y deseando) que tal leyenda fuera real.

Después recorrieron los larguísimos Campos Elíseos, divertidos e impresionados por el jolgorio y el bullicio que aún dominaba la avenida, las gentes de Paris no tenía horarios; siempre era un buen momento para ir de compras.

Descansaron un momento sobre el Arco de Triunfo y continuaron.

En el Barrio Latino escucharon la música y las risas que salían de las puertas entreabiertas de los distintos locales de fiesta, pero huyeron enseguida a los Jardines de Luxemburgo. Allí había menos gente así que pudieron bajar y pasear entre los árboles, bordeando la orilla del estanque que reflejaba la luz pálida y brillante de las lámparas.

Chat Noir observó a multitud de parejas paseando por allí y por una vez, se sintió parte de ese mundo. No separado, ni aislado como era habitual. Marinette y él pasearon como el resto y disfrutaron de la libertad y del amor sin que nada pudiera malograr tal felicidad.

Más tarde saltaron por los tejados del Barrio Montmartre, cegados por los focos y los carteles de Neón del Moulin Rouge, dieron media vuelta y Chat la llevó hasta lo más alto del Sagrado Corazón. El templo, con sus torres y cúpulas, se situaba en lo alto de una colina y ofrecía una vista increíble del resto de la ciudad.

Un festival de luces y vida, con una energía poderosa y deliciosa que se extendía por sus habitantes y los hacía vibrar a un ritmo acelerado y excitante. Eso era Paris. Chat Noir no lo había comprendido hasta ese momento porque siempre había acudido a esos lugares solo, o en compañía de su guardaespaldas para cumplir con un encargo de su padre.

Era distinto recorrer esos lugares en soledad y sin apenas fijarte en nada, que hacerlo en compañía de otra persona. De alguien importante que hacía latir su corazón con regocijo.

Entre risas y bromas, aterrizaron en el Trocadero para terminar así su excursión. Desde allí la vista de la Torre Eiffel era la más impresionante y hermosa de cuantas habían visto.

Cuando soltó a Marinette en el suelo, la chica se quedó prendada de esa visión mágica, pero él la miró a ella. Con ese tono rosado y vivo en sus mejillas, el pelo alborotado por la velocidad, el gracioso movimiento de su nariz por lo rápida que iba su respiración.

Era, probablemente, la imagen más hermosa que nunca vería. Y se esforzó en memorizarla para siempre.

La chica tardó unos instantes en despegar sus ojos del monumento, pero cuando lo hizo, le dedicó la sonrisa más radiante del mundo.

¿Puedo tener más suerte? Se preguntó él. La dicha que sentía era tan grande que incluso le daba un poco de miedo.

—Tenías razón —admitió ella. Las carcajadas aún bailaban en sus labios entreabiertos—. Ha sido muy divertido.

—¿En serio? —Se relamió él, hinchando su pecho como un pavo—. Vaya, vaya, vaya… —Se acercó de un salto a ella y le colocó un pequeño mechón, huido del coletero rojo, detrás de su oreja—. Me alegro que te hayas divertido.

. Yo también lo he hecho.

—Igual… me preocupo demasiado algunas veces —comentó Marinette—. Debería confiar más en tus ideas…

—¡Oh… ¿tú crees?!

—Al fin y al cabo, eres el héroe de Paris —finalizó ella, fingiendo una enrevesada reverencia ante él—. ¿Quién mejor que tú sabe lo que es seguro y lo que no?

Divertido, el chico se rozó la barbilla.

—Entonces… ¿esta princesa está admitiendo que, en primer lugar yo tenía razón, y en segundo, que se ha divertido mucho? —La chica asintió—. En ese caso, lo más adecuado, sería agradecerlo con un beso…

. ¿No crees?

Marinette miró a su alrededor.

Estaban en la parte alta de la plaza, únicamente las estatuas que decoraban el paseo asomaban su curiosa mirada entre las columnas de piedra blanca para observarles. La gente se concentrada en torno a la gran fuente, sus voces llegaban hasta ellos empujadas por el viento. Puede que ni tan siquiera miraran en su dirección, la majestuosa Torre Eiffel acaparaba las miradas con su luz brillante y sus promesas de glamour y elegancia.

Estaban solos, un detalle que Chat Noir ya había notado.

La expresión divertida de la chica se suavizó, su piel enrojeció mientras caminaba hacia él con sus ojillos huidizos. Al levantarlos, conjuró un tipo de silencio que pareció detener el tiempo. Brillaban por sí mismos, sin que la luna o la luz de las calles intervinieran; una mirada dulce y confiada que hablaba de amor y ternura. Sus manos se abrieron y cruzaron el aire, Chat Noir estaba un tanto sobrecogido por la intensidad del momento pero atinó a atraparla entre sus brazos cuando el menudo cuerpo fue a su encuentro.

Marinette le besó como hacía siempre, acariciándole con tanta suavidad que, sin importar donde pusiera sus manos, lograba que un calor abrasador le recorriera entero. Acercó su cuerpo tanto al de él que Chat volvió a percibir ese roce único, esta vez en su torso y sus manos, movidas por un conocimiento que escapaba a su consciencia, acariciaron la cintura y más osadas de lo normal, se atrevieron a explorar por debajo de la camiseta de la chica.

Rozaron la piel de su estómago y aunque pudo sentir el cambio de textura, lamentó más que nunca llevar los condenados guantes que le impidieron apreciar la frescura de la piel.

No se planteó si había hecho bien hasta que sintió que Marinette dejaba escapar un suspiro. Le besó de nuevo, estrechando sus brazos en torno a su cuello y entonces, con deliciosa lentitud separó los labios y le acarició con la punta de su lengua. El chico tembló, confuso un instante y abrumado por sus emociones, pero se entregó sin dudar a las nuevas sensaciones y quedó fascinado por lo que recibió.

Ahora sí el corazón le explotaría, moriría en ese instante, pero se dijo que no le importaría. Porque ese instante valía más que cualquier otro que hubiese vivido. Podía sentir su amor, pero también el de ella. Compenetrados, fundidos en un todo perfecto que existiría para siempre.

Al separarse, sus rostros quedaron muy juntos, sintiendo la presencia del otro. No sabía si abrir los ojos porque entonces ese momento mágico podía desvanecerse… pero entonces, escuchó un ruido a su derecha y un resplandor que captó a través de sus párpados.

Desorientado, giró el rostro y se encontró con un niño. Un niño pequeño que les miraba, agarrando con una mano el manillar de su patinete eléctrico y en la otra, un móvil.

No parecía tener más de ocho años, y sin embargo la sonrisa que les dirigió tenía la malicia propia de un adulto.

Chat Noir sintió que se le paraba el corazón.

Marinette se apartó de él de un salto y ante ese repentino movimiento, el niño se encaramó al patinete y se alejó a toda prisa.

—Nos… nos ha hecho una… foto… —murmuró ella, llevándose las manos a la cara. Se giró para mirarle con expresión de pánico—. ¡¿Lo ha hecho, Chat Noir?!

—Ah…

—¡Y se ha ido! —exclamó ella, meneando la cabeza de un lado para otro—. ¡Tenemos que encontrarle antes de que se la enseñe a alguien!

. ¡O peor… antes de que la suba a internet!

Chat Noir reaccionó por fin.

—¡Ups! —murmuró, sin saber por qué.

—¡¿Ups?! ¡¿Eso es todo?! —Marinette se contuvo antes de lanzar un grito al cielo—. ¡Sabía que no debía hacerte caso!

. ¡¿Qué vamos a hacer?!

—Tranquila, princesa —Chat adelantó un paso y sacó su bastón—. No es tan grave… ¡Solo es un niño!

. Le encontraremos y le pediremos que borre la foto.

—¿Y si no quiere?

—¿Crees que no puedo con un crío pequeño?

No les quedaba más esperanza que esa, de modo que la chica se subió a su espalda y, una vez más, levantaron el vuelo.

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-3-

Seguir al pequeño fotógrafo indiscreto no tuvo excesiva complicación. Al fin y al cabo, ellos iban saltando por el cielo y él en un patinete. El problema fue que el niño se movía por lugares demasiado concurridos de gente como para que pudieran abordarle.

Marinette, aferrada a los hombros de Chat Noir, no se atrevía a quitarle los ojos de encima al pequeño. Sabía que debían hablar con él antes de que este se reencontrara con sus padres para volver a casa o ya no habría oportunidad. Si le caían encima, cortándole el paso y le exigían que borrara la foto, el niño podría tomárselo a malas. Podía ponerse a gritar o a llorar, llamarían la atención y serían descubiertos.

No debían precipitarse.

Siguieron al susodicho, en la distancia, hasta el Parque Passy.

Marinette lo conocía y no le sorprendió ver el lugar repleto de niños jugando y corriendo por todas partes; cerca de allí había varios restaurantes y era habitual que los padres mandaran a sus hijos allí mientras comían tranquilos.

—Seguro que los padres del niño estarán aún cenando —le explicó a Chat Noir. Se habían subido a la viga de madera de uno de los arcos que decoraban el paseo de entrada al parque—. Debemos darnos prisa, antes de que vengan a buscarlo.

El chico, inclinado sobre sus piernas flexionadas, se rascó la cabeza mientras sus pupilas viajaban a través de los árboles, recorriendo la marabunta de niños que corrían, saltaban, chillaban y tiraban arena.

—¡Hay cientos! —exclamó, sorprendido—. ¿Recuerdas la cara del que nos fotografió?

—¡Ay, no! ¡No me acuerdo!

Marinette estaba de los nervios. Trató de serenarse para poder invocar la esencia de Ladybug en ella, y le suplicó por una idea genial.

Piensa… piensa…

¡Ah, no se le ocurría nada!

—¡A ver! —exclamó, entonces, decidida a usar la lógica para solucionar aquel problema—. No es normal que un niño tan pequeño vaya por ahí con un móvil como ese, su propio patinete eléctrico y solo, a estas horas…

—Algunos padres creen que es suficiente con dar a sus hijos todo lo que quieren…

—Eso me recuerda un poco a Chloe…

—¿Chloe?

—Sí, ¿recuerdas? La antigua Reina Aguijón… —El chico asintió—. Si ese chico se parece a Chloe probablemente tenga un carácter parecido —Marinette se estiró un poco y volvió a mirar el parque. A todos esos niños formando corros y grupitos y entonces, tuvo la idea—. ¡Solo hay que buscar un niño que este solo!

—Bien, encontrémosle.

Recorrieron el parque saltando de farola en farola y deslizándose por el borde de los muros de piedra que lo rodeaban. No tardaron demasiado en llegar hasta una enorme fuente donde convergían varios caminos de tierra.

Encontraron a un niño sentado en la piedra, trasteando con su móvil y el patinete tirado en el suelo a unos cuantos metros.

¡Debía ser él!

—Ahora tenemos que ir con cuidado —susurró Marinette, prudente.

—Tranquila, princesa —Chat Noir se apoyó el bastón sobre los hombros y le mostró una sonrisa segura—. Yo me encargo.

La chica separó los labios para protestar, pero en realidad no encontró más motivo que un fuerte presentimiento, así que calló. Caminaron de manera tranquila para no alterar al pequeño y cuando estuvieron lo bastante cerca, fue Chat Noir el que habló:

—¡Hola, hombrecito! —saludó con alegría. El niño dio un respingo y alzó la mirada. Al contrario que la vez anterior se mantuvo tranquilo, aunque los vigiló con el ceño fruncido—. ¡Bonita noche!

—Hace calor —replicó el otro de forma seca.

—Ah… sí, un poco —murmuró Chat—. Verás, te hemos estado buscando porque hace un rato, en el Trocadero, nos has hecho una foto.

—¿Y qué?

—No sé si sabes que no está permitido hacer fotos a la gente sin su permiso…

—Me da igual —apuntó el niño y remató la frase con una pedorreta.

Marinette hizo una mueca, temiéndose lo peor. Percibió que los hombros de Chat se tensaban un poco pero su voz siguió sonando tranquila.

—Puede que te de igual… Pero como no está bien, tendrás que borrar esa fotografía.

—No quiero.

—Ya, pero es que…

—¡Cállate! ¡Eres un gato tonto! —Y alzando bien su pequeño rostro sucio, el niño declaró—. ¡Que sepas que yo voy con Lepidóctero!

Chat Noir y Marinette intercambiaron una mirada de incredulidad.

—¿Cómo? —El héroe parpadeó, perplejo—. ¿Con Lepidóctero?

. ¡Pero si él es el villano!

—¡Pero mola más que tú! ¡Y tiene más poderes! ¡Y su traje es más guay que el tuyo! —Le dedicó una nueva pedorreta, guardándose el móvil en el bolsillo en actitud desafiante—. Por lo menos Ladybug es guapa…

. ¡Pero tú eres muy feo!

A Chat Noir se le escapó un bufido.

—Oye tú, niño…

—¡Hola, pequeño! —Intervino Marinette. Se colocó de un salto delante del héroe y sonrió con toda su simpatía—. ¿Te acuerdas de mí?

—Eres la novia del gato feo…

—¡No, no soy su novia!

—Le estabas dando besitos…

—¡No, no! —Marinette se rio, agitando los brazos de manera exagerada. Al final resopló, resignada—. Bueno, sí… —admitió muerta de vergüenza—. Escucha, estoy segura de que eres un niño muy listo y por eso, en el fondo sabes, que lo que has hecho no está bien.

. ¿No podrías dejarnos borrar la foto, por favor?

—¿Por qué?

—Porque si alguien más la ve, tendré problemas…

—¿Qué problemas?

—Pues… —Marinette pensó a toda velocidad—; ¡Por Ladybug! Si ella ve la foto, se enfadará mucho conmigo.

. No querrás que Ladybug se enfade conmigo, ¿verdad?

El niño la miró fijamente, parecía estar analizando la falsa historia y por un momento ella temió que no se la creyera. Al final, el pequeño movió un pie sobre el suelo, y después volvió a sacar el teléfono.

—No —respondió y le mostró una endeble sonrisa en la que faltaba algún diente—. Tú me caes bien —Y señalando a Chat, añadió—. Él, no.

—¡Gracias! —Exclamó Marinette tendiendo la mano para coger el móvil, pero el niño lo apartó en el último instante.

—Te dejo que borres la foto, pero a cambio me tienes que dar un beso a mí también.

Chat Noir dio un respingo y molesto, avanzó en rápidas zancadas hacia él.

—¡Eh, tú!

De nuevo Marinette se interpuso, sonriente.

—¡Claro que sí! —Se hizo con el móvil y se lo pasó a su compañero al tiempo que le advertía con la mirada que se calmara—. Pero el beso en la mejilla que aún eres muy pequeño.

Esperó a que el chico le confirmara que había borrado la fotografía y revisado bien el móvil para acercarse al pequeño, el cual se estiró sobre sus pies y cerró los ojos con fuerza. Marinette contuvo una risita y se inclinó para depositar el beso en la cálida mejilla.

Al final los niños no tienen maldad, pensó.

Pero se retractó al segundo siguiente, cuando las descaradas manos del niño se posaron sobre su trasero. Marinette soltó un chillido por la sorpresa y se apartó, el niño sonrió satisfecho, pero Chat le fulminó con la mirada.

—¡Serás…! —Alzó su mano y estuvo a punto de gritar—. ¡Catacl…!

—¡Chat, no! —Le detuvo Marinette, impresionada—. Venga, devuélvele el móvil y vámonos.

Héroe y niño se aguantaron la mirada durante unos instantes, caminando el uno hacia el otro. Soltó el teléfono en la pequeña mano pegajosa y, con la poca dignidad que le quedaba, Chat Noir se dio la vuelta en silencio, estirando bien el cuello y los hombros.

—¡Ja! ¡Le he tocado el culo a tu novia!

El niño enganchó su patinete y salió corriendo por uno de los recovecos del parque, mientras Marinette sujetaba a Chat de la cola de su traje para evitar que saliera corriendo tras él.

Por fin… pensó la chica, cuando estuvieron solos de nuevo. Se sintió tan agotada de repente a causa de los nervios que había pasado que le pidió a Chat que la llevara a su casa. No más emociones, por esa noche habían sido suficiente.

Unos minutos más tarde, aterrizaron suavemente en el balcón de la chica. Las luces de las casas cercanas estaban apagadas. El silencio fue un bálsamo para ella después de todo lo que habían pasado.

—¿Estás seguro de que has borrado todas las copias que pudiera haber de la foto en el teléfono? —le preguntó una última vez.

—Seguro.

—¿Y si ya la había subido a internet antes de que le encontráramos?

—Eso es poco probable… —Desde que dejaron el parque, esa posibilidad había estado revoloteando por su mente sin darle tregua. Era una posibilidad, ¿no? Si esa foto salía a la luz, si todos se enteraban de que Chat Noir y ella estaban…

Se tapó la cara con las manos y soltó un gemido lastimero.

—Lo siento, Marinette… —dijo Chat, de repente—. No quería que pasara nada de todo esto.

. Yo solo quería que hiciéramos algo distinto. No me gustaría que llegaras a aburrirte conmigo.

—¿Aburrirme? —Inquirió ella, asomando sus ojos entre los dedos—. ¿Contigo?

—No es que podamos hacer tantas cosas en el café…

—Pero si allí me lo paso genial contigo —replicó ella. En el rostro de él se conjuraban la culpa y la pena y ella entendía sus intenciones, tan dulces como siempre. No quería hacerle sentir mal a causa de su miedo, así que se acercó a él, sonriéndole y le cogió las manos —. Y hoy también ha sido estupendo, hasta que ese crío apareció…

Chat Noir dibujó una media sonrisa.

—A lo mejor algún día podemos ir a todos esos sitios… sin tener que andar escondiéndonos —sugirió con un encantador tono esperanzador.

—A lo mejor…

Dentro de mucho, mucho tiempo pensó ella para sí. Y solo si logramos vencer a Lepidóctero… ¿Me esperarás tanto tiempo, gatito?

Chat Noir se marchó tras despedirse y Marinette permaneció en medio de su balcón, con un desasosiego interno demasiado fuerte como para soportarlo hasta el día siguiente.

Sacó su móvil y marcó el número sin pensar en lo tarde que era.

—¿Alya? ¡Hola…! Sí, sé que es muy tarde, perdona —respiró hondo y continuó—. Necesito pedirte un gran favor.

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-Epílogo-

Adrien contemplaba la pantalla de su teléfono móvil con la sonrisa más cursi y empalagosa de lo que cualquier Kwami podría soportar y mucho menos a esas horas de la madrugada.

Plagg quería decirle que apagara las luces y mandarle a la cama, pero como acababa de comer y eso le hacía estar de buen humor, revoloteó en torno a la cabeza del chico y, más diplomático, le preguntó.

—¿Crees que ha sido buena idea conservar esa foto?

—Sí —respondió el chico, sin dudar un instante—. No te preocupes, Plagg, me aseguré de borrar mi rastro cuando me la envíe desde el móvil de ese niño.

—No, si el que debería estar preocupado eres tú… —Se balanceó en el aire, frotándose el estómago—. Como Marinette se entere de lo que has hecho, te desparasitará con sus propias manos.

—¡No creo! —Adrien se rio—. Marinette no es así…

—Pues yo creo que esa chica oculta un carácter que todavía no has visto…

Pero el chico no quiso escuchar.

Sabía que lo más seguro era que esa fotografía no existiera, pero…

¡Ups! Pensó, con una sonrisa velada.

No tenía planeado hacerlo pero cuando la vio, se sintió incapaz de destruirla. Porque en esa fotografía estaba grabado el momento más feliz de su vida hasta el momento.

No había captado el beso en sí, sino el instante después; cuando sus rostros aún se rozaban y la felicidad brillaba en ellos. Felicidad y amor. Era demasiado bonita como para borrarla, jamás podría hacerlo.

Tendré cuidado se prometió. Nadie más la verá.

Esa foto era solo para él.

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¡Hola a todos y a todas!

¡Ups! Jajajaja.

Esta era una de las palabras que más miedo me daba del reto, porque cuando la leí no se me ocurrió nada, pero nada, para ella. ¡Ups! No es ni una palabra, es más bien como una exclamación, una interjección… Pero bueno, me he esforzado por sacar algo donde pudiera encajar y creo que, al menos, ha servido para darle humor a este capítulo.

¿Qué os ha parecido?

¡Un niño pequeño que casi vence a Ladybug y Chat Noir! Aunque después del numerito que vimos en el especial de NY con las puertas eléctricas… jeje.

¡Espero que lo hayáis disfrutado!

Muchas gracias por todos vuestros comentarios y opiniones geniales; Daikra, Ranma84, génesis, StaterfeLina Breen, Ialiceiamagodness, Mizuki0709, LightGiogia, Karen Agreste, y Gabriela Cordon. Gracias un día más por todo vuestro apoyo ^^ Espero que el capítulo de hoy os saque una sonrisa y os alegre el resto del día. ¡Muchas gracias!

Nos vemos en el siguiente

¡Besos para todos y todas!

-Erolady-