Disclamer: Todos los personajes y parte de la trama pertenecen a Thomas Astruc y Jeremy Zag, yo solo escribo para divertirme y sin ánimo de lucro.

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Nota: He decidido participar en el reto #MarichatMay porque el marichat es uno de mis shipps favoritos y como el año pasado me quedé sin tiempo, pues espero resarcirme este. Trataré de llegar lo más lejos posible y no retrasarme demasiado a la hora de subir los relatos. ¡Espero que os gusten!

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Maullidos a la Luz de la Luna

(Reto Marichat para el mes de Mayo)

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Día 19: Amigas

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Las clases habían terminado hacía ya unas cuantas horas, pero Marinette permanecía sentada en una de las bancas de madera frente a las taquillas, en el vestuario de su instituto. Tenía los ojos clavados en la puerta y se agitaba cada vez que oía pasos acercándose.

Apretaba las manos contra sus muslos, ignoraba los movimientos nerviosos de Tikki contra su cadera y esperaba.

Había quedado allí con Alya al finalizar las clases, pero ya se estaba retrasando. Cuantos más minutos pasaba en esa sala silenciosa, sus nervios empeoraban. Sacó su móvil dispuesta a llamarla una vez más, cuando por fin apareció.

Marinette se puso en pie de un salto, sorprendiendo tanto a la recién llegada que esta pegó un bote y chilló.

—¡Marinette! —Después suspiró, llevándose una mano al pecho y la miró con las cejas fruncidas—. ¡¿Se puede saber por qué estás así?! —Tomó asiento a su lado y volvió a resoplar—. Me he pasado toda la noche buscando y no hay ninguna foto tuya con Chat Noir en internet.

—¡¿Segura?!

—Sí, puedes estar tranquila —Se cruzó de brazos—. ¿Era necesario que me despertaras ayer de madrugada para buscar esa foto?

—Pues… sí, lo era.

¡Y tanto que lo era!

Después de que Chat la dejara en su casa, no había podido quitarse de la cabeza la aterradora posibilidad de que ese astuto niño se la hubiera jugado compartiendo la foto antes de que la borraran.

¡La foto en la que besaba a Chat Noir!

Si se hacía pública sería el final. No solo tendría que alejarse del chico, sino que además viviría con el miedo constante de que Lepidóctero intentara hacer daño a su familia o a ella misma para llegar hasta los héroes.

Por eso era muy importante saber cuánto antes si la foto estaba en internet y amiga era la mejor rastreando las redes en busca de información nueva.

Si ella no la había encontrado, podía estar tranquila.

Aunque claro… ahora tenía otro pequeño problema.

—¿Qué tenía de grave esa foto? —Quiso saber Alya—. Mucha gente se hace fotos con los héroes y las comparten.

—Sí, t-tienes razón… —Soltó una risotada e hizo el intento de levantarse—. ¡Soy una exagerada! ¡En fin, gracias por todo! Voy a…

—¡Ah, no! ¡Quieta! —La enganchó del brazo y de un tirón, volvió a sentarla en el banco. Ante la inquisitiva mirada de la periodista, Marinette se encogió con un mal presentimiento—. ¿Qué pasa con esa fotografía?

No tengo escapatoria, asumió al instante.

Al fin y al cabo le había pedido ayuda sin preocuparse por inventar una excusa o disimular su excesivo miedo. Desde que Alya conocía su gran secreto se había relajado un poco con ella. ¡Era genial tener a alguien con quien poder ser del todo sincera! Así que cuando la llamó, la noche anterior, lo hizo sin más.

Alya la miraba fijamente, con los brazos flexionados en torno a sus caderas, casi sin pestañear y con los ojos entrecerrados mostrando una actitud firme. No pensaba irse sin respuestas.

Y tal vez, solo tal vez, no fuera tan malo compartir con ella algo de lo que estaba ocurriendo y así, desahogarse un poco. De modo que, bajando la mirada, exhaló una gran bocanada de aire y aguzó el oído antes de empezar a hablar; no había ruidos ni pasos acercándose al otro lado de la puerta.

—No era una foto normal —comentó en voz baja, por si acaso. Sintió el calor subiendo por su cuello y coronar sus mejillas, sus dedos empezaron a juguetear unos con otros sobre su regazo—. Es que… Chat Noir y yo… nos estábamos… besando un poquito.

—¡¿Qué?!

—¡Shhh! —Agitó las manos frente al rostro de su amiga, indicándole silencio—. ¡No chilles o vendrá más gente!

—¡¿Qué Chat Noir y tú…?! —Alya se tapó la boca y se obligó a bajar el tono—. ¿Qué Chat Noir y tú os estabais besando? —Marinette asintió, avergonzada—. Pero… pero… no me digas que le has contado que tú eres Ladybug.

—¡No, no! —Negó con rotundidad—. Él no sabe nada de eso…

—Entonces… no entiendo. ¡¿Qué está pasando?!

Marinette resopló, palpándose la piel de su cara, le ardía con intensidad. Trató de pensar en la forma más sencilla de responder a esa pregunta.

—Se podría decir que Chat Noir y yo estamos saliendo juntos, más o menos… ¡Pero es un secreto! —La otra asintió a toda prisa—. Él no sabe que yo soy Ladybug y yo tampoco sé quién es él bajo la máscara.

—O sea que no le conoces…

—¡Sí que le conozco! —replicó ella—. Que no sepa su nombre no significa que no sepa quién es de verdad…

—Me dijiste que después de lo que pasó con Luka no querías salir con ningún chico —le recordó Alya, confusa—. Decías que sería muy complicado por todos los secretos y las mentiras.

—Chat Noir entiende que no puedo contarle todos mis secretos y no le importa —Sonrió al mencionarlo—. Lo mismo que a mí no me importa que él tenga los suyos.

—Pero todo esto es muy enrevesado —insistió Alya. Parpadeaba deprisa y no dejaba de mover las cejas por encima y por debajo de la montura de sus gafas—. Habría sido más fácil que Ladybug saliera con él, o que tú salieras con el chico tras la máscara.

. Pero así… ¡Es un lío! Es decir, ¿cuándo os veis? ¿A dónde vais? ¿Y qué es lo que hacéis?

Oh, cielos…

Tanta pregunta hizo que la cabeza de Marinette empezara a darle vueltas. No estaba preparada para responder a tantas cuestiones sobre algo que, hasta hacia unos minutos, había sido íntimo y secreto. Solo con mencionarlo el cuerpo se le ponía del revés, empezó a sudar y sentía la necesidad de seguir mirando a todos lados por si alguien aparecía tan repentinamente como lo había hecho el niño la noche pasada para descubrirles.

Estaba siendo más paranoica que nunca.

Se obligó a pensar con calma y entonces, su cerebro repasó todas las preguntas que le habían hecho y razonó, con sencillez, que no podía dar las respuestas que le exigían. Así que meneó la cabeza.

—No puedo responder a todo esto, Alya.

—¿Por qué no? —replicó —. Sabes que puedes contarme cualquier cosa.

—¡Lo sé! —Respondió a toda prisa, para después hacer una mueca—. Pero los dos prometimos que no se lo contaríamos a nadie.

. Es nuestro secreto. Solo de los dos.

Los ojos grisáceos y enormes de Alya la miraron tan fijamente como si pretendieran traspasar su cráneo y colarse directamente entre sus pensamientos; y según los estrechaba más y más, Marinette percibió una invasión real y nerviosa, se llevó la mano a la frente como escudo.

Por desgracia, escogió la mano que aún sostenía el móvil

El movimiento fue tan brusco y fuera de control, que se golpeó con el canto del teléfono y soltó un chillido. A causa del dolor, se le resbaló el aparato que danzó en el aire y cayó al suelo, a pesar de que ella trató de apresarlo por medio de un par de manotazos descontrolados.

Alya asistió en silencio a tal espectáculo y cuando acabó, su boca se descolgó con intensa incredulidad.

—Esa torpeza exagerada… —murmuró y alzó un dedo acusador que dirigió a ella—. ¡Estás enamorada de él! —Marinette se quedó paralizada ante tan rotunda afirmación. El corazón le dio un terrible vuelco, ni siquiera había pensado en ello todavía. Pero Alya boqueó, sorprendida y se puso a mirar en todas direcciones como si de repente no supiera dónde se encontraba—. ¿Y qué pasa con Ad…? —La irrupción en la sala por parte de una chica desconocida cortó sus palabras. La susodicha no pertenecía a su clase y se puso a buscar su taquilla sin apenas mirarlas—. ¿Qué pasa con Botón de oro?

Marinette agradeció que usara el mote que pusieron al chico durante aquel absurdo plan que inventaron para pedirle una cita, en lugar de decir su nombre en voz alta.

Como respuesta, se encogió de hombros en silencio. Adoptó un semblante entre confuso y culpable que hizo que Alya la sonriera con empatía.

—Fue tu primer amor y eso no se olvida fácilmente —Comentó—. No pasa nada si aún sientes algo por él.

Marinette apretó los labios.

Por fin la desconocida se marchó tras pulular un poco la sala y volvieron a quedarse solas. El sonido que hizo la puerta de madera al cerrarse retumbó a lo largo de las paredes y llegó hasta arriba; casi le pareció que lo oía sobre su cabeza.

—Adrien no me preocupa —dijo Marinette—. Supongo que siempre será especial para mí, pero ya no pienso en él de esa forma.

Al menos no todo el tiempo.

—¿Y por qué pareces preocupada, entonces?

La chica volvió a encogerse, balanceando sus piernas y todo su cuerpo sobre la madera. Ya había llegado muy lejos sincerándose con Alya, así que pensó que no tenía sentido detenerse ahí. Ya puestos, podía terminar de descargar su alma pesarosa y compartir el mayor de sus temores.

—¿Y si cuando Chat Noir se entere de que yo soy Ladybug se enfada conmigo?¿Y si cree que le he engañado o me he burlado de él? — Apretó los puños, con impotencia y miedo—. Ladybug le ha hecho daño… ¿y si cuando lo descubra me deja porque cree que no me merezco su amor ahora?

Había pensado en ello muchas veces, pero no lo había dicho en voz alta hasta ahora. Ni siquiera a Tikki… Los Kwamis no se podían enamorar, así que no quería seguir incomodándola con sus problemas amorosos. Pero tampoco conseguía liberarse de esas ideas, de tantas y tantas preguntas que la asaltaban a cualquier hora del día y de la noche.

¿Cómo reaccionaría el chico cuando descubriera la verdad?

¿Se alegraría de que ambas chicas fueran la misma?

¿O se horrorizaría al pensar que ambas le habían tomado el pelo?

Lo que más miedo le daba a Marinette era que ese secreto le hiciera poner en duda sus sentimientos hacia él. Y más que eso, ser demasiado torpe como para demostrarle que estos sí eran reales.

—No creo que nada de eso pase —opinó Alya tras meditarlo un momento—. Él mejor que nadie entenderá que tuviste que ocultárselo.

. Igual que él te oculta su identidad.

—Pero no es lo mismo —declaró ella, compungida—. Porque él conoce a mis dos identidades…

—¿Y eso qué más da? Imagínate que Chat Noir no fuera un desconocido, imagina que fuera alguien a quien ya conoces, incluso un amigo… ¿Esa sería una razón válida para que él te lo contara?

—¡Claro que no!

—¿Y por qué ha de serlo para ti? —Marinette calló. Sabía que su amiga llevaba razón pero eso no espantaba del todo su miedo. Alya se acercó y le pasó un brazo por los hombros, acunándola contra ella—. Tú sabes lo que es mejor, Marinette… ¡Eres Ladybug!

. Aunque sea complicado, estoy segura de que has tomado la mejor decisión al guardarle este secreto.

. Y si Chat Noir te quiere, lo seguirá haciendo cuando lo descubra. Igual que hice yo.

Marinette sonrió agradecida. Había hecho bien en contárselo, decidió mientras la abrazaba con fuerza.

—Gracias, Alya.

—Ya te lo dije una vez: seremos amigas siempre, pase lo que pase puedes contar conmigo.

Tenía razón.

Protegiendo su secreto, protegía a todo el mundo y antes que a nadie a Chat Noir. Por el momento, esta era la única manera en que podían estar juntos y estaba segura de que él lo entendería llegado el momento. Comprendería que no le había quedado más remedio, aunque odiara no poder contárselo todo.

Sí, él entendería. Tenía que hacerlo.

Entonces, Alya carraspeó.

—Así que… ¿no me vas a dar algún detallito más sobre este romance secreto?

—¡Alya!

—¿Qué pasa? ¡Solo es curiosidad! Ya sabes que ahora tengo mucho más cuidado con lo que saco en el Ladyblog…

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El día estaba llegando a su fin sin prisas.

La luz del sol lucía roja, más que otras veces, con un tono que recordaba a la sangre bañándolo todo. Los edificios parecían derretirse sobre el asfalto, el calor seguía siendo molesto.

A pesar de todo, Chat Noir seguía sentado en aquella cornisa, en lo alto de la Torre Montparnasse y no hacía ni un gesto aunque los rayos le quemaban la espalda, embutido en ese traje negro que los atraía incluso con más fuerza. Aquel lugar le llamaba de un modo extraño que no lograba explicarse, en especial cuando se sentía así.

Había perdido la cuenta del tiempo que llevaba allí sentado, con sus pies rozando el vacío. No podía pensar en mirar el reloj, ni tampoco en volver a su casa. En su mente había un único pensamiento que se repetía una y otra vez, como un disco rayado atorado bajo la puntiaguda aguja del tocadiscos.

Marinette es Ladybug.

Se repetía y repetía, pero no parecía más real. Era como una de esas canciones infantiles que repetía en la niñez, solo por el placer de cantar y escuchar su propia voz, sin pensar en su significado.

Marinette es Ladybug.

¿Era una broma? Al principio eso le había parecido…

Su clase de esgrima había acabado antes de tiempo por lo que quiso aprovechar ese tiempo extra de libertad para saltar y pasear por los tejados a solas. Disfrutando del viento, de la velocidad… solo eso.

Se transformó en el baño y de ahí saltó al tejado del instituto. Ya había sacado el bastón, estaba a punto de salir volando cuando oyó a Alya gritar el nombre de Marinette.

Y por supuesto, él se asustó.

¿Le había pasado algo a la chica?

Consiguió descolgarse por el edificio y echar un vistazo por la ventana del vestuario y las vio. Las dos sentadas en la banca, hablando como si nada y se sintió aliviado.

Nunca se habría quedado a escuchar una conversación ajena de no ser porqué oyó su nombre y la mención de la temible fotografía. Al parecer Marinette aún temía que esta se hubiera filtrado y le había pedido ayuda a su amiga para que la encontrara.

A él también le tranquilizó saber que la foto no estaba en internet.

De nuevo, pensó en marcharse y no escuchar más pero entonces Alya le preguntó por la foto y Marinette empezó a hablar. Hablar de ellos dos. Le confesó a la morena lo que estaba ocurriendo, aunque prometió que lo guardaría en secreto y después, llegó la revelación…

¡No me digas que le has contado que tú eres Ladybug!

No, no… Él se dijo que no podía ser. Era una broma de Alya, una broma extraña y que no comprendía, pero debía ser una broma. Porque simplemente era imposible que fuera verdad.

¡No, no, él no sabe nada de eso!

Pero, ¿por qué Marinette le seguía la broma?

No tenía sentido… pero menos sentido tenía que fuera verdad.

Marinette es Ladybug volvió a repetir su mente, esta vez más claro y más fuerte. Chat Noir sintió que un picor insoportable empezaba a azuzar su cuerpo para que se moviera. Marinette es Ladybug. El calor era insoportable, ¿cómo podía ser así si solo estaban en mayo?

Marinette es Ladybug…

Marinette es…

—¡No, no es posible! —exclamó, poniéndose en pie de un salto. Paseó por la cornisa rascándose la cabeza, los brazos, el torso. ¡No podía ser cierto! ¡Él las había visto juntas una vez! A la una junto a la otra, tras derrotar a Cazakwamis. Las había visto… Aunque en esa batalla estuvieron presentes todos los Kwamis, incluido…—; el Kwami de la ilusión.

¡¿Fue capaz de engañarme de ese modo?!

Oh sí… Ladybug era capaz de cualquier cosa para proteger su identidad. Y ese era un plan inteligente, creativo y fantástico, como ella. Pero… ¿Acaso no era Marinette también inteligente, creativa y fantástica?

¡Por supuesto que sí! Pensó, histérico.

Estaba perdiendo el control de su cuerpo, no dejaba de moverse, de agitarse, de sentir que sus manos se abrían y cerraban. Y su respiración… no podía respirar bien.

También, si se esforzaba, podía recordar momentos en que Ladybug se había comportado tan insegura y dulce como era Marinette. ¡Sí, era verdad! Y aun así, su mente lo seguía negando, susurrándole que era una locura, que dejara de pensarlo y lo olvidara todo…

Pero, ¿cómo podría olvidar algo así?

Marinette es Ladybug.

—Esto no está pasando —se dijo, tozudo. Negó con la cabeza—. No… es otra de mis pesadillas.

. ¡Despiértate, Chat Noir…!

Apretó los párpados, se golpeó el pecho con el puño y después abrió los ojos; pero seguía en el mismo sitio y la angustia aún le devoraba.

Se le hundieron los hombros y se quedó sin fuerzas.

Marinette no puede ser Ladybug

No podía serlo.

Ladybug le había rechazado incontables veces, le había dicho que no podía enamorarse de él porque amaba a otro. Y si Marinette era Ladybug, ella tampoco podría amarle.

Y si Marinette no le amaba… era el fin de todo.

Un dolor terrible se abrió pasó en su pecho, haciendo que se doblara sobre sí mismo, haciéndole jadear por la impresión.

Eso hizo que otro detalle rodara hasta su mente:

¿Qué pasa con Botón de oro?

El chico arrugó la nariz.

¿Botón de oro? Repitió, confuso. ¡¿Quién es el tal Botón de oro?! Pero su mente lo sabía, lo había sabido al instante de oírlo y ahora también. El chico misterioso, el que le dio el paraguas… Apretó los labios, con dolor. El chico del que estaba enamorada Ladybug.

Solo había uno, el mismo todas las veces, siempre había sido un único chico el que le arrebataba el afecto de las chicas que él amaba. Y seguía sin saber quién era… Tal vez habría desvelado el misterio en esta ocasión si se hubiera quedado a escuchar, pero le resultó insoportable después de que Alya dijera:

Fue tu primer amor y eso no se olvida fácilmente.

No pasa nada si aún sientes algo por él.

No podía escuchar más.

Crack…

Y se alejó de allí, en shock. Pero el shock era mucho mejor que lo estaba sintiendo ahora, ese terrible dolor, la decepción, la pena… y la soledad, una vez más, acechándole, casi respirando en su nuca como si nunca se hubiera ido.

Se sentía tan mal, tan devastado que apenas le sorprendió escuchar el aleteo acercándose. Alzó los ojos y vio a la mariposa negra, iba directa hacia él y por un segundo casi cedió a la tentación de entregarse a la liberación de su dolor.

Pero si lo hacía, tendría que pelear contra su lady.

Tendría que pelear contra Marinette.

¡Cataclism! —El poder acudió a su mano justo cuando la mariposa descendía rumbo a su cascabel, pero de un manotazo la destruyó.

Después de eso, recogió su bastón y salió corriendo.

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Llegó a su habitación cuando el último pitido de su anillo resonó en sus oídos. Cayó de rodillas al suelo y Plagg salió disparado, soltando un fuerte grito en el aire.

Adrien se levantó y caminó pesadamente hacia su cama. Se sentó y se sacó del bolsillo el amuleto, lo miró brevemente antes de soltarlo sobre la cama y apartar la mirada.

—Tú lo sabías todo, ¿no? —El Kwami flotó, acercándose de a poco y asintió con la cabeza—. ¿Y no me dices nada?

—¿Y qué podía decirte? ¡Iba contra las normas! —Adrien gruñó y se dejó caer contra el colchón, tapándose la cara con el brazo—. ¡Oye, tienes que calmarte!

. El akuma de antes ha estado a punto de poseerte.

No hubo respuesta y Plagg resopló. ¡¿Por qué tenía que cargar con esas cosas?! Rezongando, malhumorado, revoloteó hasta el armario de quesos y devoró un par de trozos.

—Se piensa mejor con el estómago lleno —se justificó. Después volvió hacia su portador y dejó un trocito cerca de su cabeza—. Vamos… ¡No hay para tanto!

. Has descubierto que por fin estás degustando el queso que tanto habías deseado… ¿No deberías estar contento?

—¿Por qué tendría que estarlo?

—¡Porque llevas meses babeando por Ladybug! ¡Y ahora ya la tienes!

—Yo quiero a Marinette.

—Bueno… ¡También la tienes! —apuntó Plagg—. ¡Son dos por el precio de una!

. No sé dónde ves el problema.

Por supuesto que no pensó el chico, enfurruñado. Porque las chicas son más complicadas que el queso.

¡¿No se daba cuenta de que ahora todo era distinto?!

Marinette ya no era solo ella, ahora también era Ladybug. ¿Y cómo podía confiar en que sentía algo real por él, si Ladybug no podía? Todo lo que había pasado entre ellos, lo que habían vivido… ¿Era de verdad? ¿O era solo algo a lo que la heroína se aferraba porque estaba pasando un momento horrible, llena de preocupaciones y estaba asustada?

¿Qué pasaría cuando recuperara su seguridad?

Adrien podía imaginarlo… Y el corazón se le hacía añicos. No sería capaz de resistirlo. Otra vez, no.

—Tengo que hablar con ella —decidió.

—¿Cómo hablar? ¡¿Hablar de qué?!

—Le diré que sé quién es. Debo confrontarla para saber lo que siente de verdad.

—¡Nooo! —Plagg se abalanzó sobre su cara, cogiéndole por las mejillas y apretando con fuerza—. ¡¿Te has vuelto loco?!

. Si comprometes su identidad, se acabó todo.

—Puede que no, al parecer no ha tenido reparos en contárselo a Alya…

Sí, debía admitir que eso también le pesaba. ¿Cómo podía ser que no hubiese recurrido a él antes que a cualquier otra persona?

¡Ellos eran compañeros! Habían peleado juntos desde el primer día…

—¡No es lo mismo! ¡Tú eres el portador del prodigio de la destrucción!

—¡¿Y qué, Plagg?!

El Kwami se apartó, alzando su patita para golpearle en la nariz.

—¿Quieres saber lo que pasará? —Le espetó y el chico le lanzó una mirada desafiante—. En cuanto le digas que lo sabes todo, la dulce Marinette se convertirá de verdad en Ladybug, la guardiana de la caja de los Prodigios.

—¿Y eso qué? No entiendo…

—Pues que hará lo mismo que cualquier guardián haría en esta situación —continuo Plagg, más serio de lo que solía estar nunca. Resultaba incluso un poco intimidante—. Te pedirá tu prodigio y dejarás de ser Chat Noir.

. Y cuando vuelvas a ser solo un chico normal, ella se alejará de ti para mantenerte a salvo. Igual que hizo con el músico. ¿Eso es lo que quieres? ¿Perderlas a las dos?

La imaginación del chico no había ido tal lejos, la verdad. No se había parado a pensar en lo que pasaría después de hablar con ella… ¿En serio Marinette haría algo así?

No, pero Plagg llevaba razón en una cosa. Sería la heroína la que tomaría la decisión y tal y como pensó antes, ella era capaz de cualquier cosa con tal de proteger su identidad.

—Pero… ¿y qué hago? ¿Hacer que no sé nada?

—¡Por todos los quesos olorosos de este mundo! ¡Sí!

—¡No puedo! —replicó Adrien—. ¡Todo ha cambiado! No podría…

—¡No ha cambiado nada! —insistió el espíritu—. Tú estás con Marinette, ella es la que siente algo por ti, ella es la que te está esperando en vuestro cursi café secreto… ¡Olvídate de Ladybug!

. No ha sido Ladybug ni una de las noches que habéis estado juntos.

—Pero ella…

—¿Qué? ¿Fingía? ¿Mentía? —Plagg se agitó, sacudiendo su cabecita—. La conoces… a ambas… ¿De verdad no has visto sinceridad en ella?

¡Pues claro que había visto sinceridad en ella!

Marinette no había actuado, al menos no de manera consciente.

Pero… Sus ojos se movieron hasta su armario. Casi se había olvidado de que el paraguas seguía ahí escondido, como si su maligna presencia se hubiese desvanecido. Pero no lo había hecho, aún se interponía entre su princesa y él.

Sabía que su Kwami llevaba razón y que si abría la boca, podía perderlo todo. Absolutamente todo lo bueno que había en su vida ahora.

Pero si seguía adelante y sus sentimientos por ella se hacían todavía más fuertes… ¿cómo resistiría un nuevo rechazo?

—No me harás ningún caso… ¿verdad?

Adrien apretó los labios, fue incapaz de mirar a Plagg a los ojos pero le oyó bufar.

—¡Diantres! —soltó, fastidiado—. Será mejor que me coma el resto del queso ahora por si no vuelvo por aquí…

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Chat Noir partió aquella noche llevando todos sus nervios y temores con él. Para cuando alcanzó el café secreto estos le habían hecho papilla el estómago y una gran parte de él quiso huir en cuanto sus pies se posaron en la piedra.

Las luces, la música, el olor del té… todo a lo que se había acostumbrado le recibió hablándole de cosas felices como el hogar, la familia, el amor; y sin embargo, no pudo apreciarlo como se merecía. Tenía un nudo en la garganta que le provocaba dolor, la mandíbula tan apretada que la rigidez se estaba extendiendo por todo su cuello.

Palpitaciones.

Dolor en el abdomen.

Era como si estuviera a punto de darle un infarto.

En las horas transcurridas había logrado relajarse un poco y su enfado casi había desaparecido. Entendía que Marinette no le había dicho quién era, del mismo modo que él tampoco lo había hecho.

¿Cómo reaccionaría ella cuando descubriera que era Adrien, su amigo?

No, no la culpaba por eso. Sabía que las cosas debían ser así.

Ahora entendía que todo lo que perturbaba a Marinette, lo que la hacía llorar, estar estresada, no dormir bien… era más grave de lo que había pensado. Ser Ladybug y la nueva guardiana no debía estar siendo nada fácil, su lady siempre se hacía la fuerte ante él, pero Marinette había colapsado. Puede que delante de Alya y por eso no le había quedado más remedio que compartir sus problemas con ella.

Tampoco eso le importaba ya.

Pero las dudas… No, de eso no podía liberarse. Necesitaba saber lo que ella sentía y sincerarse. Aunque ahora le daba más miedo que antes lo que pudiera pasar. Y es que una vida sin Plagg, sin la libertad de su prodigio, sin Marinette y el café, se le antojaba algo insoportable. No sabía si era capaz de volver a la vida de antes después de haber disfrutado de tanto.

Soledad, obligaciones, tareas…

Movió los hombros y tomó aire.

Caminó despacio sintiendo que los farolillos y las bombillas zumbaban sobre su cabeza aunque no corría viento, el crujido de sus botas en el cemento le recordaba la rigidez que se estaba apoderando de su cuerpo. El nudo le impedía tragar saliva… Estaba asustado. Más de lo que nunca había estado.

Encontró a Marinette sentada en una de las sillas rojas, junto a la mesa, con un libro en su mano pero dio un respingo al oírle. Volvió la cabeza y le sonrió.

Le sonrió como siempre lo hacía y a él se le encogió el corazón.

Siguió caminando hasta que llegó a su lado.

—Hola… —saludó y su propia voz le arañó la garganta—; Marinette, tengo que decirte una cosa…

—Espera —pidió ella poniéndose en pie—. Antes quiero enseñarte algo que he hecho para ti…

—Pero…

—¡Aquí está! —Levantó una servilleta de tela que cubría un bizcocho esponjoso y dorado. Estaba sobre la mesa, junto a las tacitas y la tetera; despedía un olor maravilloso—. Es un bizcocho de mantequilla, chocolate y… ¿sabes cuál es el ingrediente secreto? —El chico negó con la cabeza—. ¡Almendras garrapiñadas! —Ella le miró, ilusionada—. ¿Lo coges? Garrrrrapiñadas.

Chat Noir parpadeó, desorientado.

Garrapi…

Y sin poder evitarlo, se echó a reír.

Toda la tensión y los nervios salieron de su cuerpo en forma de carcajadas limpias que ascendieron al cielo y, que al acabar, le hicieron suspirar de gozo. Se limpió una lágrima del ojo derecho y sonrió como un tonto.

—Me encanta —murmuró. Y Marinette sonrió, orgullosa.

—Sabía que lo haría.

—¿Ah, sí?

—¡Pues claro! Te conozco.

Entonces la miró. La miró bien.

Los reflejos azulados en su cabello por acción de la llama de las velas, su piel suave y blanca salpicada de pecas casi invisibles, esos ojos tan brillantes, como mundos maravillosos y lejanos. Conocía cada centímetro de ese rostro; lo había acariciado, besado y observado en silencio… conocía el perfume que se ocultaba en su cuello, como sonaba su risa cuando la hacía cosquillas, el sabor perdido de sus labios.

Lo sabía todo, ¿verdad?

Sabía todo lo que hacía falta saber.

—Y yo te conozco a ti —respondió.

Conocía a la chica que tenía delante, la chica real. No a la heroína… Ladybug era un pedacito de ella, quizás uno que él podía ignorar por el momento.

Marinette le echó los brazos al cuello, feliz y le besó. Nada más rozarse sus labios, las defensas de Chat Noir se vinieron a pique. Sus brazos se cerraron en tono a ella y la estrechó con vehemencia.

—¿Qué? —preguntó ella, después.

—¿Qué… qué?

—Has dicho que tenías que decirme una cosa… ¿qué es?

—Es… que yo… —Vaciló solo un instante, muy breve. Pero con la chica en sus brazos solo pudo decir una cosa—… te quiero.

Chat Noir comprendió en ese instante que sus sentimientos no se harían más grandes pues ya eran infinitos. Estaba perdido. No había forma de protegerse ya de ese amor; solo podía aceptarlo, sentirlo, corresponderlo, disfrutarlo… y confiar en que no le destrozara demasiado cuando terminara.

Amaba a esa chica, y si era así, debía confiar en ella y en la fortaleza de sus sentimientos. Si le decía que conocía su secreto solo para quedarse tranquilo, entonces sí que todo cambiaría… ese pequeño universo especial, mágico y secreto donde eran felices se desvanecería.

No quería que eso pasara, ni darle más problemas a ella; sencillamente no quería…

—No quiero perderte por nada del mundo —susurró, dándose cuenta de que esa era la única verdad que importaba.

—¿Por qué ibas a perderme? —preguntó ella. Bajó sus manos para rozarle el rostro y le sonrió con todo su afecto. Él también intentó sonreír.

—No lo sé —contestó. Se le cerró la garganta por la emoción y tuvo que parpadear porque los ojos le picaban.

—Chat Noir…

—Pero pase lo que pase, para mí no cambia nada —continuó él—. Pase lo que pase, tú siempre serás mi… princesa.

Marinette le acarició la nuca y la rigidez de su cuello y hombros empezó a desaparecer. Entonces sí pudo reconocer un atisbo de culpa al fondo de las pupilas azules, la culpa aprisionada entre los secretos.

—No sé si me merezco tener tanta suerte… —musito ella, entristecida.

Pero no puedes evitar tener suerte, ¿verdad, bichito?

Sonrió ante su propio chiste y estrechó más a la chica contra él.

—¡Claro que sí! —exclamó él, más animado—. ¡Ah, pero yo tengo más suerte todavía!

. Porque yo además tengo un bizcocho…

La chica se rio un poco.

—¡Ah, es verdad! —Se apartó frotándose los ojos—. ¿Quieres probarlo ahora?

—¡Pues claro!

Aceptó el bizcocho, como aceptaría la situación tal y como era. Y la protegería, con todas sus fuerzas para que nada cambiara.

Sabía que algún día Marinette estaría lista para contarle toda la verdad.

La verdad pensó, saboreando el postre, es que no tengo ninguna prisa.

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¡Hola a todos y a todas!

Bueeeeeeno, jeje, ¿qué tal?

Ayssss.

Hoy ha sido un día raruno. Para empezar tenía que ir al médico a hacerme unos análisis y no sabía a qué hora volvería, ni si me daría tiempo a escribir todo lo que quería. Después esta palabra… "amigos", a estas alturas de la historia no tenía sentido que convirtiera a Chat y a Marinette otra vez en "solo amigos", así que… ¿qué hago con esta palabra?

¡Pues cambiarla por amigas!

No sé vosotros pero yo estoy deseando ver a Marinette y a Alya hablar de Ladybug en la serie ahora que ambas saben el secreto.

¿Qué os ha parecido el capítulo? O.O Cuando se me ocurrió esto para mí también fue una sorpresa, porque no me gusta meter en mis fics la revelación de identidades pero… no sé, como este fic es tan raro al ir improvisando, pues he pensado que podría ser interesante. Jajaja. Espero que os haya gustado, tengo que admitir que, no sé por qué, me ha entrado una congoja al escribir el final :'(

Muchas gracias por todos vuestros comentarios y opiniones geniales; Daikra (Creo que Chat solo pretendía asustarlo con el Cataclism, pero mejor que ni llegara a eso por lo que pudiera pasar, jajaja), Arianne Luna (te agradezco tus sugerencias, de verdad, pero tengo que guiarme por las palabras del reto y no creo que deba torturar al pobre Adrien con más pesadillas), Ranma84, génesis, Nhymc9, Lina Breen, Staterfe, Ialiceiamagodness, Mizuki0709, LightGiogia, Karen Agreste, y Gabriela Cordon. Muchas gracias por animarme cada día con vuestras palabras. Adoro leeros y saber vuestras opiniones sobre lo que os va pareciendo el fic. Espero que este nuevo capítulo os haya gustado.

Nos vemos mañana, aunque no sé cómo, porque la palabra que se viene me tiene la mente en blanco .

Nos vemos en el siguiente

¡Besos para todos y todas!

-Erolady-