Disclamer: Todos los personajes y parte de la trama pertenecen a Thomas Astruc y Jeremy Zag, yo solo escribo para divertirme y sin ánimo de lucro.
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Nota: He decidido participar en el reto #MarichatMay porque el marichat es uno de mis shipps favoritos y como el año pasado me quedé sin tiempo, pues espero resarcirme este. Trataré de llegar lo más lejos posible y no retrasarme demasiado a la hora de subir los relatos. ¡Espero que os gusten!
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Maullidos a la Luz de la Luna
(Reto Marichat para el mes de Mayo)
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Día 23: Videojuegos
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—Starting…—
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Claude los convocó en la calle donde vivía a última hora de la tarde.
Por lo general, un domingo a esa hora aún debía haber gente por las calles pero, después de días de sol y temperaturas altas, casi veraniegas, una borrasca había cruzado el cerco del país y el frío había regresado. El sol permanecía oculto, disfrazado de plata tras las nubes grises que enlosaban el cielo, las corrientes de aire frío habían ahuyentado a los viandantes y las sombras se alargaban, con más ganas, para tomar las calles.
Chat Noir observó que algunas farolas ya se habían encendido a pesar de que era pronto. La gente había dado las luces de sus hogares, y podía ver las sombras de sus siluetas cruzar a través de las ventanas.
Aterrizaron en la cornisa del edifico de en frente y, a pesar de ser inútil, achicó los ojos intentando ver algo a través del ventanal del piso de los Bonnet. Se imaginó a Claude sentado al otro lado, puede que sonriendo al imaginar su futura victoria sobre él.
Entonces, miró de reojo a Marinette, parada a su lado. No habían intercambiado casi palabras en su camino hacia allí, pero le alivió verla tranquila. Por el contrario, a él le daba muy mala espina lo que estaba pasando.
No paraba de rozar su anillo con los dedos de la otra mano, temiéndose lo peor.
—¿Crees que hice bien aceptando este desafío? —le preguntó.
—No pudiste hacer otra cosa —respondió ella—. Acceder a esto era la única forma de recuperar la foto de un modo tranquilo, sin llamar la atención.
Pero…
Tan cercano el momento de actuar, sentía la ansiedad estrangulándole.
—No puedo entregar mi prodigio… —murmuró intranquilo.
—Por supuesto que no —convino ella, muy seria. Entonces dio un respingo y disimuló, mostrándole una sonrisa—. Quiero decir que… ¡Claro que no!
. Eso no pasará porque vas a ganar.
—No sé… —En su mente se repetía una y otra vez la voz segura y clara de Claude proponiendo una competición de videojuegos, y también esa sonrisa ladina y torcida cuando miró su prodigio—. ¿No te parece que hay gato encerrado?
Intentó hacer una broma pero le salió vacía y hueca, no obstante Marinette le sonrió agarrando su mano.
—No te preocupes —Le guiñó un ojo—. Todo irá bien.
El chico frunció las cejas y apretó los labios antes de decir algo más.
¿Tienes algún plan genial de los tuyos, mi Lady?
Había determinación en la mirada azul de la chica cuando saltaron para cruzar la calle y cayeron en la acera, justo frente al portal.
Por lo general Chat Noir nunca tenía dudas, mucho menos aprensión, antes de un enfrentamiento. Se esforzaba al máximo en lo que mejor sabía hacer y contaba con la seguridad inquebrantable de que por mal que se pusieran las cosas, Ladybug y él lo resolverían todo.
Pero esta vez era distinto. Aun teniendo a su compañera al lado, el peso de la responsabilidad estaba sobre sus hombros más cargante que nunca. Y es que Claude Bonnet tenía algo que le perturbaba mucho.
No solo le había hecho sentir culpable por su inconsciencia y su torpeza, sino que había rozado algunas de las inseguridades más profundas del héroe, como si hubiera descubierto las inquietudes de su alma para usarlas contra él.
Y es que podía entender que odiara al héroe por su desafortunado encuentro en la fiesta, y por su relación con Marinette pero… ¿por qué parecía odiar también a Adrien? Le resultaba extraño que los hubiera comparado a ambos, haciéndoles partícipes por igual de su odio… casi como si pudiera adivinar que eran el mismo chico.
Cuando estuvieron ante la puerta de la casa, Chat volvió a mirar de soslayo a Marinette. Todavía tranquila, pero con una ligera tirantez en su rostro, y una sombra de seriedad en su mirada que le puso más nervioso.
No quiero decepcionarla de nuevo se dijo, notando que sus pulsaciones se disparaban ante esa posibilidad.
—Marinette… —La llamó y ella le miró—. Quiero que sepas que he borrado la copia de la foto de la carpeta de internet.
—¿Qué?
—Ahora solo existe la copia impresa —Le aseguró. Su mirada se perdió—. Siento mucho todo lo que está pasando.
Ella le mostró una sonrisa amable.
—Siento que hayas tenido que borrarla, sé lo importante que era…
—Así es mejor —Se encogió de hombros y rectificó—. Más seguro.
Ahora más que nunca lo sabía y podía decirlo con sinceridad, aunque había sido doloroso borrarla y ver como ese momento especial se desvanecía ante sus ojos. La chica le tomó de la mano y después llamó.
Oyeron un pitido y la puerta se abrió sin que nadie les dirigiera la palabra. Comenzaron el penoso ascenso hasta el cuarto piso. Chat Noir caminaba rígido, rebuscando en su interior pensamientos de ánimo, sintiendo la fortaleza de la mano de Marinette que sujetaba la suya, un par de escalones por delante de él.
Tengo que ganar se repitió varias veces. Tengo que conseguirlo por ella.
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—No Game No Life—
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Llegaron hasta una nueva puerta de madera, algo agrietada y con un hondo desconchón en el centro. Golpearon su superficie y casi al instante, Claude apareció en el umbral. En lugar de invitarles a entrar se apoyó en el dintel, de brazos cruzados, con esa sonrisa torcida en la que asomaban sus paletos a pesar de que apretaba los labios.
Se dedicó a repasarles con la mirada.
—Hola —saludó, por fin—. No sabía si ibais en serio pero… Aquí estáis —Asintió con la cabeza y se hizo a un lado—. Podéis entrar.
. Mis padres trabajan hasta tarde así que no nos molestarán.
Chat Noir entró a la casa y, a pesar de los nervios, observó con cierta perplejidad el reducido tamaño de la entrada; un oscuro y angosto corredor cuyas paredes, de un color también apagado, parecían caerse sobre él porque estaban repletas de cuadros y adornos.
Tragó saliva al sentirse atrapado. Su viejo miedo a los espacios pequeños amenazó con aparecer.
—¿Qué? —preguntó Claude cuando observó su expresión. Chasqueó la lengua—. ¿Te sorprende que no sea una gran mansión?
—¿Eh? ¡No, yo no…!
—Apuesto que tú vives en una casa enorme y lujosa —Le espetó. Chistó y añadió—. Tienes esa pinta.
Calló, pues era verdad y durante un segundo se sintió mal sin saber la razón. Por suerte Marinette le apretó la mano haciéndole volver en sí.
Seguía siendo inquietante que cada comentario que ese chico hacía sobre su vida resultara tan acertado.
—Claude —dijo la chica. Su voz resonó en el pequeño espacio con más fuerza para después ser absorbida por esas paredes tan juntas entre sí—. Aún estás a tiempo de recapacitar y darnos esa foto —Soltó la mano del héroe y se giró hacia el otro chico, en actitud conciliadora—. Te has dejado llevar por tu enfado pero lo importante es rectificar a tiempo.
. Piensa si lo que estás haciendo es lo correcto o no.
—¿Es más correcto que el prodigio esté en manos de este chico? —replicó Claude con altanería, como si lo tuviera ensayado—. Porque yo no creo que se esté comportando como un verdadero héroe; estableciendo una relación con una chica normal, exponiéndola en lugares públicos, perdiendo pruebas de esa relación…
. ¿Seguro que él es la mejor opción para ser Chat Noir?
Un enorme agujero se le abrió en el abdomen ante ese razonamiento. Desvió la mirada, queriendo no hacer caso pero no podía negar que todo lo que Claude decía, pese a la maldad con que hablaba y a sus perversas intenciones, era cierto.
¡Él había cometido todos esos errores!
Todo es por culpa mía.
—Esa decisión pertenece a Ladybug —declaró Marinette—. Ella elige a los portadores de los prodigios.
—¿Ella eligió a este Chat Noir? —El chico alzó la mirada, sorprendido y Claude se burló de él—. Me parece que eso es un no…
—Estás actuando igual que Lepidóctero, Claude. Intentando hacerte con él por la fuerza.
—¡Eso no es cierto! —exclamó el chico—. Yo no voy a robaros el prodigio, lo voy a ganar.
. Y cuando lo haya ganado, será mío por derecho propio.
Con un gesto seco y rápido les indicó que le siguieran hacia la siguiente habitación. Solo cuando el chico salió del pasillo, Chat Noir volvió a sentir que sus pulmones se llenaban del todo de aire, pero al exhalar notó un pinchazo en el costado e hizo una mueca.
—¿Estás bien, gatito? —le preguntó Marinette.
—Sí, bien… —Pero acabó meneando la cabeza y frunciendo las cejas—. ¿Cómo he podido meter tanto la pata?
La chica le miró y le rozó el rostro con suavidad.
—Lo resolveremos —Le animó y le besó en la mejilla para después sonreír—. Ten confianza.
. En un rato estaremos en nuestro café secreto y todo esto habrá pasado.
Pensar en esa posibilidad le animó y le relajó. Era lo que solía hacer cuando tenía por delante una aburrida sesión de fotos que parecía interminable o alguna de las actividades a las que su padre le mandaba en contra de su voluntad. Siempre se decía que lo haría lo mejor posible e imaginaba alguna actividad agradable que haría después.
Respiró hondo y se imaginó a Marinette y a él acurrucados en su hamaca, balanceándose al son de la música del piano, con el dulce olor del té flotando mientras ellos hablaban en voz baja. Solos. Sin nada ni nadie que pudiera molestarles ni amenazar la calma que los rodeaba en su lugar especial.
Su corazón se templó y durante unos instantes se sintió de nuevo él mismo.
Al otro de las puertas había un comedor de tamaño medio, pero de aspecto algo más acogedor. Tenía una terraza que permitía que los olores frescos del exterior invadieran el cuarto dándole amplitud. Y un tono crema, relajante y fresco, sobre las paredes.
Había cuadros, espejos que reflejaban la luz de un lado a otro y un mueble de madera en tonos claros donde se encajaba la televisión; a los pies de este había otro chico. Uno más joven que ellos, aunque era alto y desgarbado. Tenía un cabello largo, aceitoso y la misma prominencia dental que Claude.
—Este es mi hermano pequeño, Maurice —presentó. El chico apenas les hizo un gesto con la cabeza, estaba muy ocupado colocando los cables de la consola.
Marinette se estiró, colocando las manos en sus caderas.
—¡¿Se lo has contado todo a tu hermano?! —exclamó, molesta—. Eso no formaba parte del trato.
—No hablamos de nada de eso…
—¡Pero estaba claro que debías guardar el secreto hasta que todo se resolviera! —Le espetó Chat Noir, enfadado, sintiendo que perdían el poco control que tenían de la situación.
—Resulta que yo tampoco soy bueno guardando secretos —replicó Claude, con sarcasmo. Intercambió una mirada con su hermano y este se sonrió—. Pero sí que hay algo que no os he contado… —Su mirada, estrecha y brillante, se dirigió a la pared contraria.
Chat Noir y Marinette la siguieron y se encontraron una estantería con algo que provocó nuevos y peores retorcijones en el agujero del estómago del héroe.
Claude avanzó, frotándose la nariz con el pulgar.
—Creo que ayer no mencioné que llevo participando en competiciones de videojuegos desde los 9 años —anunció, lanzando una mirada de orgullo a la extensa vitrina de trofeos que se exponía en la pared—. Y nunca he perdido una.
Chat Noir apretó los dientes y trató de disimular el absoluto desasosiego que lo invadió al contemplar el resplandor de aquellos trofeos.
—Sí… debiste olvidar mencionarlo —comentó.
Por supuesto, un golpe maestro pensó.
Claude miró a uno y a otro con clara superioridad, con la petulancia del ganador sin siquiera haber competido se estiró sobre sus tobillos, metiendo los pulgares en los bolsillos de sus vaqueros e hizo una pausa para tensar más la atmosfera.
—Yo también os doy la oportunidad de recapacitar —Les dijo, aunque sus ojos pardos se clavaron en el héroe—. A ti —Señaló—. ¿De verdad quieres arriesgarte a perder tu prodigio? —Su sonrisa se amplió con maldad—. Porque no es necesario. Solo tienes que renunciar a Marinette y yo te daré la fotografía, sin trampas.
La idea de aceptar esa oferta estuvo presente en su cerebro. Sería la manera más sencilla de acabar con el problema. Él diría que sí, cogería la foto y después… ¿Cómo iba a saber Claude si cumplía o no con el acuerdo? De todos modos, ellos ya tenían que ocultarse de todo el mundo.
Se seguirían viendo en su café secreto como siempre, y ese chico odioso jamás lo sabría. Pero… Miró a la chica, quedó prendado de la claridad de su mirada y suspiró.
No puedo renunciar a ella ni siquiera de mentira.
Algo dentro él se moriría si lo hacía.
Chat Noir le sostuvo la mirada.
—Ya oíste lo que ella te dijo ayer, Claude —Le recordó—. Yo no soy quien para decidir por Marinette.
El otro se encogió de hombros.
—Tú lo has querido —Y entonces, agarró al héroe del brazo y se acercó más a él para susurrare al oído—. Me voy a quedar con tu prodigio, minino. Estoy seguro de que debajo de ese traje no hay más que un chico mediocre, enclenque y que no es capaz de hacer nada sin la ayuda de la magia; y se lo voy a enseñar a Marinette.
—Ella me quiere por quien soy de verdad —replicó Chat Noir, pero Claude entornó los ojos, divertido.
—Cree estar enamorada del héroe, no sabe nada del chico que se esconde, asustado, tras la máscara —rebatió y antes de seguir hablando, se humedeció los labios como si se relamiera—. Te voy a vencer. Me convertiré en el compañero de Ladybug y usaré esos poderes para asegurarme de que no vuelves a acercarte a Marinette.
. Te las voy a quitar a las dos, Chat Noir.
Se apartó de él con brusquedad y se reunió con su hermano en la tarea de desenrollar cables y conectar los mandos para el juego.
Le dejó petrificado. Había tanta seguridad y confianza en la voz de ese chico que Chat creyó real esa posibilidad. Perder a ambas chicas… porque era verdad, perder su prodigio significaba perder la posibilidad de estar con ella en sus dos formas.
Si no era Chat Noir no podría luchar al lado de su Lady, pero tampoco podría reunirse con Marinette en el café… Su vida se quedaría tan vacía como lo estaba antes y eso ya no le parecía lo peor; su princesa también se quedaría sola con todos sus secretos y preocupaciones, teniendo que lidiar además con ese tipejo que haría cualquier locura con su prodigio.
¡Y con Plagg! Pensó de repente. También le perdería a él…
Las dudas estaban empezando a adueñarse de su pensamiento.
—¿Empezamos?
Chat Noir dio un respingo, tenso como un palo, asintió y caminó hasta el sofá sin atreverse a mirar a Marinette. Ella tomó asiento a su lado, sus hombros se rozaron un instante.
—Puedes hacerlo —le susurró ella. Y él asintió, casi sin oírla.
Claude le tendió su mando y cuando él fue a cogerlo, el chico lo esquivó con una tétrica risita.
—Pareces preocupado, gran héroe… —Chat apretó aún más la mandíbula, las manos le temblaron al cogerlo por fin y, Claude se rio al verlo.
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—Gamers—
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—¿Qué te pasa, tío? —Le siseó su hermano, pegado a él en el sofá—. ¡Ya casi lo tenías!
—¡Vale, vale…! —gruñó él.
Dejó el mando a un lado y resopló. Acababa de cometer un error estúpido que había salvado a su enemigo de la derrota definitiva.
—¡Bien, Chat Noir! —exclamó Marinette, junto al héroe que exhibía una sonrisa cansada.
—Concéntrate… ¡¿Qué te pasa?!
Claude fulminó a su hermano con la mirada hasta que este se calló y dejó de mirarle. Se pasó una mano por los ojos, empezaban a arderle a causa del esfuerzo.
¿Se había confiado?
Se removió sobre su asiento, sintiendo la humedad del sudor en sus axilas y el calor pegajoso del cuerpo de Maurice pegado al suyo, casi encima de él.
—¡Apártate! —Le gritó, al tiempo que le daba un buen empujón—. Déjame respirar…
Sentía calor y un leve principio de irritación.
Llevaban casi una hora jugando. No creyó que tardaría tanto en vencer a ese minino pulgoso, pero sentía que comenzaba a flojear.
¿Qué pasa? Metió el dedo por el borde del cuello de su camisa y lo movió para que el aire entrara y le refrescara el cuerpo. Trató de ordenar sus ideas… ¡No podía perder!
Claude Bonnet había competido tanto a lo largo de su vida que podía predecir el resultado final de una partida solo observando los primeros minutos de juego. Y ese instinto suyo especial le había dicho que hoy también sería el vencedor.
Chat Noir le sorprendió (admitió para sí), era un buen jugador y quizás en circunstancias normales podría haberle causado problemas, pero no ese día. El héroe estaba tan nervioso que cometía errores de novato una y otra vez. No tenía fe en sí mismo, y ese era un factor muy importante para ganar una competición.
Él siempre creía en que vencería, y por eso lo lograba.
Por supuesto esa ansiedad que distraía a su adversario y la inseguridad desmedida que leía en su rostro también eran obra suya. Al principio le sorprendió descubrir que un chico que se convertía en héroe, que era aclamado por toda la ciudad y que contaba con el cariño (porque para él seguía sin ser amor verdadero) de una chica como Marinette, siguiera albergando dudas e inseguridades hacia sí mismo.
Patético se repitió. Si es que no se merece nada de lo que tiene.
Él las había descubierto y se estaba aprovechando de ellas. Cuantos más comentarios mordaces hacía, más se desinflaba Chat Noir. Y Claude lo estaba disfrutando.
En realidad él no había querido el prodigio para nada. Conocía las ventajas de su poder y recordaba con cuanta desesperación lo quería Lepidóctero cuando lo akumatizó, pero más allá de eso, solo lo ansiaba para desenmascarar a ese pusilánime delante de Marinette. Cuando perdiera sus poderes, la chica se daría cuenta de que, en realidad, no sentía nada por el chico que quedaría al descubierto.
Su objetivo seguía siendo el mismo: salvar a su amiga de tan inadecuada relación.
Aunque ver su victoria tan segura, hizo que empezara a sentirse excitado ante la posibilidad de ser un héroe. Quizás fuera divertido, y por fin obtendría reconocimiento más allá del reducido mundo de los videojuegos.
Pero algo se estaba torciendo…
—Lo estás haciendo genial —oyó la vocecilla soñadora de Marinette y su cuello rechinó al girarse para mirarlos. La chica sonreía al héroe, mientras le pasaba la mano por la espalda y los hombros en un gesto reconfortante. Ese idiota había cometido mil fallos y sin embargo, ella lo miraba como si fuera el mejor—. Ya falta poco.
¡Maldita sea! Refunfuñó.
La presencia de Marinette le estaba distrayendo.
Más bien, esa actitud tan solícita y de implacable fe que mostraba hacia el chico. ¡Claro! Aunque él machacara la seguridad de Chat Noir, Marinette la reanimaba con sus palabras, con sus gestos y por eso él seguía peleando, sin rendirse, aun cuando no le quedaran esperanzas, no decaía por ella.
En cambio, Claude se crispaba cada vez más al contemplar las atenciones de la chica hacia su rival.
Y estaba perdiendo el control. Nervioso, miró a su hermano pequeño que seguía en el suelo, allí donde había caído a causa de su empujón anterior y le lanzó una mirada de auxilio. El pequeño se rascó la cabeza, con aire distraído, pero en sus pupilas de color barro desvaídas apareció un chispazo.
—La siguiente ronda del juego será por parejas —anunció.
—¿Cómo por parejas?
Claude estrechó los ojos, pero Maurice le sonrió.
—Mi hermano y yo contra vosotros dos —Lanzó una mirada de guasa a la chica y, por fin, el mayor entendió.
—Sí, buena idea —le apoyó—. Un cambio nunca viene mal.
A veces su hermano tenía buenas ideas.
¿Qué chica juega bien a los videojuegos? En las competiciones a las que iba apenas se las veía… Si iban en parejas, Marinette sería un lastre para el héroe y eso le hundiría de vuelta en el desánimo.
No obstante…
—Me parece perfecto —anunció Chat Noir, estirándose sobre el sillón con una peculiar sonrisa. Miró a la chica que sonreía también de manera amplia y chispeante—. ¿Qué te parece, princesa?
. ¿Serás mi compañera?
Ella se rio, agarrando el mando al vuelo en cuanto se lo ofrecieron.
—Por supuesto, gatito, será un honor.
Claude los observó, confuso, con una sospecha de peligro cuando el héroe volvió el rostro hacia él. Un rostro sonriente, que había recuperado el color y las energías.
—¿Empezamos?
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—Game Over—
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Marinette se divirtió de lo lindo machacando a ese par de hermanos listillos.
Había visto en su mirada la burla cuando le ofrecieron participar, sabía lo que pensaban: las chicas no juegan a videojuegos. Y habían querido usarla para frenar a Chat Noir que, por fin, estaba ganando terreno a Claude.
Pero no podían haberse equivocado más.
¡Ella adoraba los videojuegos! Y aunque los había dejado un poco de lado a causa de todas sus responsabilidades, era algo parecido a montar en bicicleta; nunca se olvida cómo ganar a un par de tontos.
Entre ella y Chat Noir habían llevado contra las cuerdas a ese dúo de vanidosos, y lo mejor había sido ver cómo iban cambiando sus expresiones; de la más absoluta seguridad de que ganarían, hasta la perplejidad y después a la furia.
¡Parecían tan molestos como si ella les hubiera engañado a propósito!
Eso os pasa por subestimar a una chica.
Además Chat Noir estaba mucho más animado.
En cuanto ella cogió el mando, el chico se hizo a un lado y se puso a sus órdenes, exactamente igual que hacía cuando peleaban contra los villanos. Sabía que el pobre estaba agotado, aunque había hecho un gran trabajo manteniendo a Claude a raya pese a lo nervioso que estaba.
Necesitaba un descansando y ella se lo daría.
Jugaron durante casi media hora en la que superaron a los hermanos Bonnet no solo en puntos, sino en habilidad y cuando estaban ya en la última ronda y Marinette iba a derrotarles, Claude se puso en pie y paró el juego.
—¡Basta! —exclamó—. Esto no cuenta.
—¡¿Cómo que no cuenta?! —replicó Marinette.
—Mi pelea no es contigo, sino con él —recalcó el chico—. Y lo estás haciendo tú todo.
—Pareces preocupado, gran campeón —Se burló el héroe—. ¿No creías que una chica y un gato te darían una paliza?
—Esto es entre tú y yo, minino —le recordó con una mueca grotesca—. Tú has provocado esto. Todo ha sido culpa tuya, ¿no?
. ¿Vas a pelear tú o dejarás que sea ella quien lo arregle?
—¡Estoy harta de esto! —gritó Marinette, con el rostro rojo—. ¿Cuándo va a acabar de una vez?
—Muerte súbita —anunció Claude—. El que gane esta ronda, gana la competición.
—De acuerdo —dijo Chat Noir.
—Bien —Marinette miró a uno y a otro y dio un respingo—. Necesito ir al baño antes.
Claude le indicó el camino y la chica se encerró en el pequeño cuartito. Esperó unos segundos y al instante, Tikki apareció a su lado.
—¡Tikki, menos mal! —dijo, aliviada, al verla—. ¿Qué tal ido?
—He revisado toda la casa y no he encontrado más copias de la foto por ningún lado…
—Entonces, solo está la que hizo Chat —Se rozó la barbilla, pensativa—. Y si no la has encontrado es porque Claude la llevará encima —Eso era algo que ya había previsto, y no podía hacer nada por el momento. Rebuscó en su bolso y le pasó al espíritu un diminuto USB—. Mete esto en el ordenador de Claude (en el de su hermano también por si acaso) y actívalo tal y como te he enseñé en casa.
—¿Y qué pasará?
—Que borraremos todo su disco duro —le explicó, abriendo el grifo y dejando que el agua corriera bien fuerte—. Así se borrarán todas las copias que haya en él.
Tikki asintió.
—¿Qué tal le va a Chat Noir?
—Lo está haciendo muy bien y eso que Claude no se lo está poniendo nada fácil.
Ella misma había tenido que soportar cada uno de los dardos envenenados que ese chico había lanzado al héroe, destapando con acierto sus temores para después alimentarlos con el fin de hundirle. Pero estaba orgullosa de cómo su gatito había soportado los embistes sin rendirse.
En verdad, Chat era muy bueno en los videojuegos, pero hoy no estaba en sus condiciones óptimas.
—Habrá una rueda final, y no sé si Chat Noir ganará —le reveló. Ojala que sí, pero no podía arriesgarse. Marinette no había ido a esa casa con la intención real de jugarse el prodigio de Chat a una partida; su plan era hacer tiempo, encontrar las demás copias y destruirlas—. ¿Recuerdas la señal? —Tikki asintió—. Pues estate atenta.
El espíritu asintió y despareció.
Marinette cerró el grifo, tiró de la cadena para disimular y regresó al comedor.
Los chicos estaban listos para comenzar la batalla. El ambiente estaba cargado en esa sala, a pesar de que el ventanal seguía abierto.
Claude parecía mucho más crispado que al inició; tenía los ojos inyectados en sangre y no hacía sino rechinar sus enormes dientes. Chat Noir, por su parte, parecía agotado pero mucho más sereno.
Tal vez podría ganar meditó ella.
Se sentó de nuevo a su lado y le besó en la mejilla.
—Suerte, gatito —le dijo.
—Tú eres mi amuleto encantado —le respondió y ella parpadeó, sorprendida—. Estoy seguro de que lo conseguiré.
La chica le sonrió, sintiéndose un poco mal.
Lo siento, pero no tendrás la oportunidad…
Empezaron a jugar, esta vez de un modo mucho más feroz y despiadado que antes, como correspondía a la última ronda. Marinette permaneció con los ojos fijos en la pantalla, casi sin pestañear, hasta que por el rabillo del ojo captó un destello rojizo. Con cierto disimulo, volvió la cabeza y se encontró con Tikki que levantó la manita y asintió con la cabeza.
Bien pensó la chica. Regresó a la pantalla y dejó pasar unos cuantos minutos.
Claude y Chat Noir estaban inmersos en una dura batalla que estuvo muy igualada casi todo el tiempo. Los marcadores de uno y otro subían y bajaban casi a la par; un segundo ganaba uno, al siguiente el otro y mientras tanto, el reloj corría de un modo vertiginoso.
De pronto, el marcador de Chat Noir se disparó y Marinette dio un bote a su lado.
—¡Bien, Chat Noir! ¡Le superas en 50 puntos! —exclamó al tiempo que se frotaba la nariz con el puño.
—¡Eso no es nada! —rugió Claude a punto de lanzar su ataque final. Pero antes de que lo lograra, la consola se apagó de golpe. Las imágenes de la televisión se borraron y el silencio llenó la habitación—. ¿Qué…? —Apretó con fuerza los botones del mando pero no ocurrió nada—. ¡¿Qué… demonios?! —Empujó a su hermano con el pie para que se acercara a la consola y este la examinó a toda prisa—. ¡¿Qué ocurre?!
—No sé —respondió el otro—. Se ha apagado sin más… —Apretó el botón de inicio y el juego se reinició—. Qué raro…
—Bueno… pues ya está —anunció Marinette, poniéndose en pie—. La partida se ha perdido, pero como Chat Noir tenía más puntuación cuando se apagó… ¡Él ha ganado!
—¡Ah, no, de ninguna manera! —negó Claude levantándose también—. Habrá que empezar de nuevo.
—¿Empezar de nuevo? —Se quejó el héroe.
—¡Eso no es justo! —dijo la chica.
—Es lo que hay…
—Pero, Claude, ya no da tiempo —intervino Maurice—. Nuestros padres llegarán pronto y…
—¡Pues lo dejamos para otro día!
—De eso nada —Chat Noir también se puso en pie—. Ya hemos jugado durante horas.
. Hemos hecho lo que tú querías, así que cumple con tu parte y entréganos la foto.
—¿O es que no tienes palabra? —inquirió Marinette.
Claude les miró, temblando de ira pero soltó todo el aire y sacó la fotografía de su bolsillo y se la mostró. Chat alargó la mano para cogerla pero entonces el chico la rompió por la mitad y dejó caer los pedazos al suelo.
Marinette se sintió horrorizada al observar la expresión ufana del chico ante tal gesto de crueldad gratuita. Chat Noir se quedó callado, mirando los pedazos en el suelo, con pesar.
Ahora la foto había desaparecido para siempre.
¿Cómo puede haber alguien tan cruel? Se preguntó la chica mientras recogía los pedazos. Se dio la vuelta, dispuesta a decir que se marcharan ya cuando la despreciable voz de Claude volvió a irse.
—Nunca volveréis a estar tranquilos —La furia se había replegado del jugador dando paso a una ira fría, inquietante—. ¿Creéis que os habéis salido con la vuestra?
. En realidad no sabéis si tengo más copias, o si algún día las sacaré a la luz. A partir de ahora, cada vez que estéis juntos pensaréis en ello y también en mí.
En toda akumatización había un punto en el que Marinette se recordaba a sí misma que la persona afectada era, en realidad, alguien inocente. Una persona normal que estaba pasando por un mal momento y que había sucumbido a la pena, la tristeza, la ira, el miedo… Por eso, a veces trataba de razonar con ellos antes de luchar.
Ese bien podía ser el momento de mostrarse empática, de intentar ponerse en la piel de Claude y hacerle entender que con esa actitud solo se hacía daño a sí mismo.
Pero fue incapaz.
Era fácil con los villanos que atacaban a desconocidos al azar. Pero ese chico no era un villano, nadie le controlaba y había tratado (y conseguido) dañar al chico del que estaba enamorada.
Puede que Ladybug tuviera la suficiente calma como para actuar con lógica en momentos así, pero Marinette no. Se giró, lista para decirle todo lo que se le ocurriera, pero entonces la mano de Chat en su hombro la detuvo. Y fue él quien dio un paso adelante.
—Claude, te pido disculpas —Anunció, cogiendo por sorpresa a todo el mundo—. No debí hablarte tan mal como lo hice en la fiesta, no estuvo bien y lo reconozco.
. Además tienes razón; fue idea mía llevar a Marinette al lugar donde un niño pequeño nos hizo la foto, y fui yo quien la imprimió y después quien la perdió. Has acertado… Todo ha sido por mi culpa.
. No podemos saber si tienes más copias guardadas. Pero si es así, te aconsejo que pienses bien lo que harás con ellas. Si las sacas a la luz, es verdad, Marinette y yo tendremos que separarnos.
. Pero recuerda también que la estarás poniendo a ella en grave peligro. Y si de verdad te importa, no querrás hacerle eso.
—¡No estaría en peligro si tú te alejaras de ella!
—Es verdad —admitió Chat Noir muy calmado—. Pero no puedo alejarme. La quiero mucho.
Marinette apretó los labios, con el pecho inflado por la emoción. Parpadeó rápido para contener el picor que le estaba arrasando los ojos.
—¡Es un idiota! —insistió Claude, mirándola a ella—. ¡¿No te das cuenta?! ¡Después de todo lo que ha hecho y todavía insiste en que no puede alejarse de ti, ni para protegerte!
—¡No es ningún idiota! —exclamó ella y la voz le tembló, para su desgracia—. No hizo ninguna de esas cosas porque sea insensato o inconsciente, sino porque es noble, bueno y romántico… —Las lágrimas la cegaron un instante y una bola ardiente se le quebró en la garganta—; solo quería esa foto para recordar un momento bonito de los dos.
. Porque le importa… porque yo le importo.
Se pasó la mano por los ojos, intentando tomar aire y olvidándose del resto, se acercó a Chat Noir y le echó los brazos al cuello. La emoción la hacía temblar y balbucear como cuando estaba nerviosa, pero no le importó.
—Te quiero —Le susurró—. Y nos haremos más fotos como esa, porque estaremos juntos mucho tiempo.
Chat Noir la rodeó con sus brazos, estrechándola con fuerza.
—Yo también te quiero.
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—Bonus Extra—
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Horas más tarde volvieron a reunirse en la azotea del café secreto.
Chat Noir estaba de mejor humor, aunque le dolía la cabeza por los nervios y sabía que necesitaría unos cuantos días hasta que la amenaza de Claude se le olvidara y volviera a estar tranquilo.
El chico no había dicho más, pero vio algo en su expresión antes de que se marcharan que le decía que Claude no volvería a darles problemas.
Al menos eso espero se dijo, apretando los párpados.
—Para ti.
Abrió los ojos y Marinette le tendió algo. Un paquete envuelto en el mismo papel craft con el que envolvió su querida manta.
—¿Qué es esto?
—Tu trofeo por haber ganado la competición de videojuegos —Chat Noir lo cogió, pero se resistió a abrirlo.
—Yo no gané… —le recordó—. Por pura suerte la consola se apagó.
Y por suerte, el intuía la participación de una pequeña criatura roja y encantadora.
—¡Tenías la mayor puntuación! Habrías sido el ganador —insistió ella, sonriente.
Pero él sacudió la cabeza, disconforme.
—Todo ha sido culpa mía, desde el principio. No merezco ningún premio…
Marinette suspiró, y se sentó a su lado en el borde de la hamaca, hundiéndose y rebotando hacia el cuerpo del chico.
—Todos nos equivocamos, Chat, incluso yo —le dijo. Se paró unos segundos y con una mueca de incomodidad, siguió—. Yo le he contado todo esto a Alya… —Bajó la mirada, frotándose las manos sobre el regazo—; me asusté cuando pasó lo de la foto y le pedí ayuda, así que le tuve que hablar de todo aunque prometí que no lo haría…
—Pero no es lo mismo —Le interrumpió él—. Alya es tu amiga. Sabes que guardará el secreto.
—La única forma de que un secreto lo siga siendo es no contárselo a nadie —murmuró en una conocida retahíla—. Equivocarse no importa tanto, mientras te esfuerces por arreglarlo.
. Y tú hoy has hecho todo lo que has podido, gatito.
Empujó hacia él el regalo y por fin el chico lo abrió. El corazón se le saltó al verlo porque no se lo esperaba. Se trataba de un marco decorado con un uno brillante en la parte de arriba y la palabra: campeón en mayúsculas, abajo. Pero dentro estaba lo más importante: la fotografía que Claude había roto.
Marinette la había recompuesto el rato que pasó por su casa y se la había llevado de vuelta. La miró, sonriente y sorprendido, y ella se encogió de hombros.
—Tenías razón, algunos recuerdos deben conservarse —admitió—. ¡No porque vaya a pasar nada malo!
. Solo porque… son bonitos.
—Gracias —dijo él observando la imagen embelesado—. Quizás… aquí estaría más segura.
—Es buena idea —convino ella. Acurrucándose a su lado y apoyando la cabeza en el hombro del chico—. Así podremos verla todas las noches.
Todas las noches pensó él, como si fuera una promesa. Quiero estar para siempre contigo, Marinette.
.
.
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¡Hola a todos y a todas!
¡Qué locura! O.O
No sé ni cómo lo he conseguido… cuanto más me cuesta, más largos me salen los capítulos, supongo que porque no tengo igual de claro lo que quiero decir y me lio más, jajaja. Pero es que no sabéis cómo estoy.
Primero, ayer me quedé hasta tarde viendo el festival de Erovisión, no sé si lo conoceréis, es un festival de música de Europa y soy súper fan, a pesar de que a España nunca la votan y quedamos de los últimos T.T ¡Pero es genial verlo! Así que trasnoché una barbaridad porque con los nervios no me podía dormir.
Y hoy cuando me levanto y me pongo a escribir sobre videojuegos (de los que no sé nada) empiezo a ver imágenes del nuevo episodio de miraculous y…. O.O No diré nada, por si no lo habéis visto. El caso es que no me podía concentrar en el fic de ningún modo, así que no sé qué tal habrá salido este capítulo.
¿Os ha gustado?
Esta es la única forma en que se me ocurrió cerrar el tema de la foto y del petardo de Claude ¬¬ Creo que es el capítulo más largo hasta el momento, pero tenía mucho que contar. En fin, espero que os haya gustado de corazón.
¡Mañana toca nuevo capítulo del AU! ^^
¡Muchas gracias por todos vuestros comentarios y opiniones geniales! Ranma84, Rixa-chan, génesis, Nhymc9, Daikra, Arianne Luna, Mizuki0709, Lina Breen, Ialiceiamagodness, Karen Agreste, y Gabriela Cordor. Muchas gracias un día más por bendecirme con vuestro apoyo y tantas palabras bonitas, sé que sin ellas este fic no habría llegado a ser algo tan grande como lo que está siendo. Cada día pienso en vosotros al sentarme a escribir y me siento más motivada e inspirada para hacer el mejor trabajo posible. ¡Sois los mejores lectores del mundo!
Nos vemos en el siguiente
¡Besos para todos y todas!
Pd: Y me voy corriendo a buscar el nuevo capítulo para verlo *_*
-Erolady-
