Disclamer: Todos los personajes y parte de la trama pertenecen a Thomas Astruc y Jeremy Zag, yo solo escribo para divertirme y sin ánimo de lucro.
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Nota: He decidido participar en el reto #MarichatMay porque el marichat es uno de mis shipps favoritos y como el año pasado me quedé sin tiempo, pues espero resarcirme este. Trataré de llegar lo más lejos posible y no retrasarme demasiado a la hora de subir los relatos. ¡Espero que os gusten!
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Maullidos a la Luz de la Luna
(Reto Marichat para el mes de Mayo)
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Día 24: Celos
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Capítulo 5
En el que Chat Noir se convierte en el héroe de la ciudad
—¡Ah!
Era la tercera vez que Marinette se pinchaba en el dedo con la aguja intentando arreglar las costuras de un vestido. Notaba los hombros cargados; se había vuelto a encoger mientras cosía sin darse cuenta.
Trató de relajarlos, estirándose sobre su taburete de madera.
La mesa estaba repleta de agujas, alfileres, carretes de hilo y trozos de tela descartados. La luz de la ventana que tenía justo delante rociaba de blanco la superficie y coloreaba los objetos desparramados. A su derecha, los pequeños cajones del mueble donde guardaba los adornos estaban todos abiertos creando una sensación de desorden que no le gustaba.
La espalda también le dolía por haber estado inclinada hacia delante y tenía la vista cansada. Tanto así que creyó perdía visión cuando todo se oscureció, pero solo fue el chorro de humo negro del tranvía que pasaba por debajo de la ventana y había cubierto los cristales por un momento.
Se llevó el dedo herido a la boca, distraída, para curar la herida y volvió a sentirlo. Tenía un malestar en su cuerpo que no se explicaba, pero que llevaba días molestándola. Mientras trabajaba y lograba concentrarse este se reducía pero en cuanto su mente quedaba libre, reaparecía.
Era un peso en su estómago que le quitaba el buen humor. Perdía las ganas de reír, se sentía irritada y al mismo tiempo triste, se desconcentraba y cometía más errores. Por eso iba retrasada con sus encargos a pesar de llevar días encerrada en su taller cosiendo sin parar. Incluso había abandonado a Tikki sola en la tienda, pero es que no se veía con fuerzas de disimular ante las entrometidas clientas.
No se sentía bien.
Resopló, inquieta y se puso en pie. Apartó las faldas del vestido que llevaba y se estiró, lanzando sus manos al techo de madera hasta que el cuerpo le crujió y se paseó de un lado a otro por el pequeño cuarto. Del mueble a la puerta, y de vuelta hasta él.
Después se detuvo a colocar los lazos que sobresalían de uno de los cajones, los botones que casi desbordaban de otro, las puntillas mal dobladas, las cremalleras… Los fue cerrando con cuidado, uno a uno, hasta llegar al último.
En ese se detuvo y miró su contenido con más atención. Ahí es donde había ido guardando las distintas cartas que el sobrino del rey le había estado enviando los últimos días.
Habían pasado ocho días desde que recibió la primera, con sorpresa y expectación. Las manos le habían temblado al abrirla…
Estimada Señorita Dupain-Cheng, deseo que a la llegada de esta carta usted…
Era breve y formal, pero hizo vibrar su corazón.
Se pasó el día entero releyéndola, admirando la cuidada caligrafía del chico que la había escrito, incluso olió el aroma que acompañaba al papel y dejó que su mente se perdiera en la suntuosidad y opulencia de Kingsbury y del Palacio real, lugares que nunca conocería pero que llenaban sus fantasías.
Marinette se sintió más feliz por recibirla de lo que, después, consideró normal. ¡Solo era una carta de respuesta a la suya dando las gracias! Apenas contenía cinco líneas con frases corrientes de diplomacia, sin ningún detalle que se saliera de la estricta gentileza de un caballero noble.
Sin embargo, la hizo muy feliz.
Tikki le repetía a menudo que el Caballero parecía sentir un interés especial por ella, pero nunca se atrevió a creerlo hasta ese día. Entonces sí empezó a albergar dudas porque… Debía existir alguna razón para alguien tan ocupado como el sobrino de un rey dedicara unos momentos de su valioso tiempo a escribirla a ella; una simple modista de Market Chipping.
Y cuando las cartas siguieron llegando, ella se permitió creer un poco más.
Cada día, junto a un nuevo paquete con regalos más bellos para su tienda, recibía una nueva carta. Un poco más larga, un tanto más íntima cada vez…
Querida Señorita Dupain-Cheng, le agradezco que respondiera a mi carta…
Querida señorita, sus noticias me llenan de dicha…
Querida Marinette, no sabe usted cuánto me alegra saber que todo le va bien…
Extrajo del sobre la que había recibido ese día rozando el borde con la punta de los dedos. La desplegó con cuidado y un miedo intenso a que pudiera romperse, sintiendo que volvía a ruborizarse y sus ojos, ansiosos, devoraron las primeras líneas con el corazón oprimiéndole el pecho
Mi muy querida Marinette, guardo tus cartas para leerlas al despertar porque estas me alegran el corazón y me ayudan a encarar el día con más fuerzas y una nueva felicidad en el alma…
Sonrió, apretando los párpados.
Las dulces palabras del sobrino del rey le provocaban un cosquilleo en el estómago y despertaban calidez y ternura en su pecho. Su corazón había empezado a desarrollar sentimientos hacia su nuevo amigo en la distancia, aunque no le conocía y tan si quiera le había visto el rostro, ella sentía que algo los conectaba.
Quizás Tikki llevaba razón y no había sido casualidad que le cediera la tienda para hacer realidad su sueño. Aquellas cartas, expresadas en términos tan amables y gentiles, dotadas con una intimidad cada vez más evidente, parecían darle la razón a su amiga.
Aunque Marinette seguía sin entender qué interés podía ella haber despertado en un joven al que jamás había visto.
Tikki parecía tenerlo mucho más claro.
—Todo el mundo sabe que el Rey quiere casar a su sobrino lo antes posible —Le repetía sin cesar—. Quiere un heredero para Ingary que pueda asegurar el linaje de su familia.
—¿Y eso que tiene que ver con las cartas?
—Quizás el Caballero está enamorado de ti —sugería la otra entre guiños cómplices y risitas ahogadas de emoción—. ¡Es posible que en una de esas cartas te pida matrimonio!
Matrimonio pensó ella, apesadumbrada. Esa palabra le provocaba escalofríos por varias razones.
Guardó la carta en su lugar, junto a las otras, y cerró el cajón para después suspirar y regresar a su sitio en la mesa de trabajo. Observó la tela arrugada, hecha un bulto de alfileres y la apartó haciendo un mohín. Apoyó el codo en la madera y después la barbilla en su mano.
Se quedó mirando el cielo azul al otro lado de la ventana, limpio de nubes, con los rayos fulminantes del sol cayendo, inclementes, sobre las casas de piedra y los tejados de pizarra. Los sonidos de la ciudad que tanto amaba eran una nana de sobra conocida para ella y quiso dejar que esta la arrullara hasta templar su ánimo, pero el malestar resistía.
No tenía que ver con el sobrino del rey, sino con otro chico.
El chico que ocupaba la otra mitad de sus pensamientos y al que no había visto desde hacía unos días.
Desde el día del incidente se dijo ella y gruñó, fastidiada. Ahora que estaba a solas no tenía que fingir alegría, ni admiración como hacía toda la ciudad. El día en que Chat Noir se convirtió en el héroe de Market Chipping.
Gimió apretando los labios contra la palma de su mano. ¡Cómo detestaba recordarlo!
¿Por qué ya no vienes? Se preguntó, frunciendo el ceño. ¿A caso ahora… todo ha cambiado tanto?
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Parecía un día como cualquier otro aquel en el que todo cambió.
Marinette estaba en el mostrador de la tienda, revisando el cuaderno donde apuntaban los encargos para organizarse con las fechas de entrega. Tikki limpiaba los cristales del escaparate mientras canturreaba en voz baja. Estaba siendo una mañana tranquila; dos personas se habían acercado a encargar unos vestidos para alguna de las muchas bodas que se estaban realizando ese mes, y una familia había acudido a hacer la última prueba de sus trajes por la misma razón.
Era lo normal.
El volumen de trabajo no había aumentado mucho desde la apertura de la tienda, aunque tampoco disminuía, así que Marinette estaba satisfecha con cómo iban las cosas.
La noche anterior, Chat Noir había acudido a verla como solía hacer y le había llevado un ramillete de camelias que ella había colocado en un jarrón sobre el mostrador. Tenían un olor delicioso que le cosquilleaba la nariz y que le hizo pensar en él sin remedio, lo cual a su vez, disparó los latidos de su corazón. Aunque intentaba mantener al chico en su lugar y evitar que este se propasara, tenía que admitir que poco a poco estaba cayendo en sus gestos románticos.
Ya no se sentía tan inclinada a rechazar sus acercamientos, incluso había noches en las que Marinette sentía su corazón especialmente anhelante de afecto cuando él aparecía y le permitía que la besara y acariciara el rostro.
Meneó la cabeza, censurándose a sí misma en silencio. ¡Sabía que no era adecuado! Pero no siempre podía resistirse. El infatigable amor del joven estaba destruyendo sus férreas defensas.
Tikki abrió la puerta de la calle para sacar lustre también el pomo y la aldaba de fuera. Pero entonces, unos gritos rompieron la calma de la mañana y las dos chicas dejaron lo que estaban haciendo para escuchar.
Junto a los gritos, oyeron sonidos de pasos a la carrera que iban y venían a lo largo de la avenida.
—¡Es Chat Noir! —Aullaban las voces, asustadas, de la gente—. ¡Está aquí! ¡Está en Market Chipping!
Más gritos, más golpes, un barullo de ruidos entremezclados y palabras inconexas.
—¡Avisen a la Guardia Real! ¡Chat Noir está aquí!
—¡Ha secuestrado a una chica!
Marinette se tensó tras el mostrador, lívida de pánico. Tikki volvió la cabeza hacia ella al instante.
—Marinette…—Rodeó el mueble y fue directa hacia la puerta para salir, pero su amiga se lo impidió—. ¡No, Marinette! —Se interpuso entre ella y la salida y la sujetó por los hombros—. ¡Es muy peligroso!
—¡Está en peligro! ¡Me necesita!
—¡Si alguien te ve ayudando a un criminal como él será el fin!
Pero no quiso escuchar. El corazón le martilleaba en el pecho con violencia según los gritos se hacían más abundantes y sonoros, el sonido ensordecedor de los cascos de caballo de los guardias…
¡Chat Noir! Pensó asustada.
Logró soltarse de Tikki y salir a la calle. Se sintió desorientada al mirar a su alrededor pues la habitual paz que recorría la avenida comercial de Market Chipping se había transformado en un hervidero de voces y nervios. Había personas que solo se atrevían a asomar un poco la cabeza por el dintel de su puerta para no perderse lo que estaba ocurriendo, mientras que otras se ocultaban, encogidas en el suelo, tras los edificios queriendo desaparecer de ese escenario. Una buena parte de ellas, no obstante, corría despavorida en una única dirección.
De modo que Marinette echó a correr hacia el lado opuesto.
—¡Marinette! —Le chilló Tikki. Escuchó que la pequeña corría siguiéndola—. ¡Espera!
Pero ella se cogió los bajos de la falda y aumentó la velocidad, acusando el esfuerzo a los pocos segundos. En su mente se estaba recreando la temida imagen de Chat Noir acorralado por la guardia del Caballero, amenazando con llevarle a la fuerza hasta Kingsbury para encerrarle. Sin duda su amigo, que tanto valoraba su libertad, haría todo lo posible para escapar.
Usará su poder terrible.
Y volvió a oír el crujido de la tierra abriéndose, la roca partiéndose por la mitad con estrepito y los gritos de los guardias cayendo hacia el centro, quedando atrapados para siempre. Marinette sintió pánico, tanto que no supo sí lo que retumbaba en sus oídos era el golpeteo furioso de sus botas sobre el empedrado o la sangre fluyendo a toda velocidad. En tal momento de confusión, sin embargo, le llegó una idea muy clara y firme.
Que lo haga pensó su mente, aterrorizada. Si debe hacerlo para escapar, que use su poder. Era algo horrible pero no pudo evitarlo. ¡Pero que no deje que lo atrapen!
Sin respiración, llegó al lugar donde estaba pasando todo; una pequeña plazoleta que lo parecía más todavía porque estaba llena de gente. Los soldados del Caballero, con sus espadas en la mano, miraban en todas direcciones mientras los curiosos no dejaban de vigilar lo que ocurría desde las calles transversales.
¿Dónde está? Se preguntó, histérica mirando hacia arriba. El pecho le dolía por la carrera y el miedo. Y la vista se le nublaba cada pocos segundos.
Tikki apareció poco después tras ella, también jadeando y con los carrillos rojos por haber corrido tan deprisa. Trató de decir su nombre pero apenas le salió un débil resuello.
Un nuevo grito hizo que ambas se giraran hacia el centro de la plazoleta. Los guardias corrieron hacia allí con ferocidad cuando algo parecido a una sombra cayó desde el cielo.
Marinette quiso correr también, pero sus piernas quedaron paralizadas.
Chat Noir aterrizó en el centro con un cuerpo en sus brazos. Por un instante de terror temió lo mismo que el resto de los presentes que lanzaron una exclamación de furia al verle; que el cuerpo que traía era la joven secuestrada y ahora yacía muerta.
Fue solo un instante, por suerte. En cuanto Chat Noir posó sus pies en la roca, la chica se removió y levantó la cabeza, viva. ¡Viva!
Marinette suspiró sonoramente, doblándose sobre sus rodillas sin fuerzas.
—¡Suéltala, Chat Noir! —gritó uno de los soldados—. ¡Quedas detenido por orden real!
—¿Detenido? —repitió él.
—¡No! —exclamó la joven en cuestión. Cayó al suelo de un salto y se colocó al lado del héroe. El rostro de esa chica le resultaba familiar—. ¡Este hombre me ha salvado!
—¡¿Cómo dice?! —exclamó una voz que no venía de los guardias, sino del gentío que se estaba formando alrededor de la calle. Más personas chillaban, ahora, acercándose en una horda que alimentaba de seguridad su propio deseo de venganza y violencia.
—¡Está trastornada! ¡No sabe lo que dice!
—¡Es un criminal!
—¡Encerrar a ese monstruo lejos de Market Chipping!
Marinette, furiosa, avanzó hacia la gente dispuesta a decir algo pero Tikki la agarró del brazo y la hizo retroceder.
—¡Silencio! —Pidió la chica. Miró al resto con el ceño fruncido—. ¡Os repito que este hombre me ha salvado la vida!
—Señorita Rossi, ¿qué está diciendo? —inquirió uno de los guardias.
¿Rossi? Se preguntó y por fin recordó a la chica. ¡Lila Rossi!
—Digo la verdad —insistió, echándose hacia atrás la larga melena castaña para dar énfasis a sus palabras—. Estaba en mi terraza tomando el aire, pues tengo una afección en mis pulmones como resultado de cuando salve a unos pobres huérfanos de un incendio antes de mudarme a Market Chipping.
. Repentinamente, sufrí un mareo y me precipité al vacío. Y entonces, Chat Noir apareció y me cogió, salvándome de una muerte segura.
—Como seguía inconsciente, pretendía llevarla a la casa del médico —explicó él a los guardias—. Creí que sufría un síncope o algo peor.
Las explicaciones silenciaron las protestas de la gente e hizo que los soldados se miraran entre ellos, confusos, y sin saber cómo debían actuar ahora. Quizás pensaban en si sería adecuado detener al chico frente a todos ahora que parecía haberse comportado en un héroe.
Marinette sonrió más tranquila.
No dudaba en que eso debía ser la pura verdad y ahora toda la ciudad conocía la naturaleza bondadosa y amable del chico. Dejarían de temerle, y ya no sería necesario que se vieran en secreto.
Lila Rossi, que parecía más encantada por ser el centro de atención que por haber sido salvada, lucía una sonrisa arrebatadora cuando se giró hacia su salvador y le hizo una suave inclinación de cabeza.
—Muchas gracias por salvarme, Chat Noir —Le dijo y él, sorprendido, parpadeó y también sonrió.
—Ha sido un placer —respondió.
Y sin más, Lila se estiró sobre sus pies, extendiendo sus brazos hacia el cuello del héroe y le soltó un sonoro beso en los labios que arrancó nuevas exclamaciones entre los que observaban.
Chat Noir se quedó paralizado, apenas cambió su gesto cuando ella se apartó y le miró, coqueta.
—Que sirva de pago por tu valiente gesto —Le dijo. Saludó al resto con un gracioso movimiento de mano y se marchó de la plazoleta agitando las caderas.
Más tarde, las gentes comentarían que Lila Rossi parecía del todo recuperada de su desmayo cuando abandonó el lugar haciendo alarde de una salud envidiable.
Marinette, no obstante, permaneció quieta. Con los ojos entrecerrados y un sabor amargo en la boca.
¿La ha besado? Se preguntó de un modo bastante tonto, pues lo había visto perfectamente con sus ojos. Ella y todo el mundo, incluida Tikki que le cogió de la mano y la dio un apretón.
La chica volvió en sí y entonces, su mirada se cruzó con la de Chat Noir, al que también le estaba costando recuperar la conciencia tras lo ocurrido. Él hizo una mueca al verla y movió un brazo, como si pudiera alcanzarla a pesar de la distancia que los separaba.
La expresión de Marinette se crispó y apartó los ojos de él.
Tiró de la mano de Tikki y se alejó a toda prisa de la plazoleta, sin decir una palabra.
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El malestar se había originado, sin duda, en aquel momento.
En un segundo creyó que la guardia real le arrebataría a su amigo para siempre y al siguiente… en fin, huyó de él como si no pudiera sostener su mirada.
Resopló y observó el jarrón con las camelias marchitas. Lo quitó del mostrador de la tienda y lo llevó allí, desterrado en un rincón hasta que se secaron… Pero aún no se había atrevido a tirarlas.
Chat Noir no había regresado desde entonces.
Y Marinette se esforzaba mucho por no pensar que su ausencia tuviera algo que ver con ese… beso. La posibilidad de que así fuera la carcomía, más aún cuando salió a la luz que la familia Rossi no era como el resto de familias de Market Chipping, sino que tenían un título y pertenecían a la nobleza de Ingary.
—Baja nobleza —Le aclaró Tikki, sacudiendo su cabecita—. Pero nobles, al fin y al cabo.
. Dicen que el rey ha convocado a Chat Noir en Kingsbury para honrarle por salvar a Lila.
Quizás eso era cierto y por eso no había vuelto a su casa.
Fuera o no verdad la llamada del rey, Chat Noir se había convertido en una celebridad en Market Chipping de la noche a la mañana. Las gentes celebraban su hazaña y fue el tema de conversación recurrente durante los siguientes días.
Su popularidad entre las jóvenes de la ciudad también creció, claro.
Las que antes se juntaban en las esquinas o en las puertas de los comercios para cuchichear sobre el sobrino del rey, ahora lo hacían para el recién nombrado héroe de la ciudad.
Marinette no las soportaba.
¡Ellas le habían criticado duramente cuando pensaban que era malvado! Y ahora susurraban con adoración su nombre y ansiaban su regreso a la ciudad.
Era horrible. Todo el ambiente que circulaba por la ciudad, pese a tener un aire festivo y de tranquilidad para el resto de los habitantes, a ella le resultaba insoportable.
Y encima Chat Noir va y desaparece…
—¿Marinette?
La voz de Tikki la sacó de sus pensamientos. Asomaba su cabeza por le rendija de la puerta.
—¿Qué pasa, Tikki?
—Ah… Lila Rossi está aquí para la prueba de su vestido —Le comunicó—. Le he dicho que yo me encargaría, pero insiste en que lo haga la dueña.
Genial se dijo, frunciendo las cejas. Meneó la cabeza. Será mejor acabar cuanto antes.
Siguió a Tikki de vuelta a la tienda y con cierta rigidez, saludó a Lila. No recibió respuesta pues la chica había llevado a su nueva corte personal de admiradoras, la cual había surgido tras el incidente de su supuesto desmayo. Un grupo de inocentes chicas que la seguían allá donde fuera escuchando todas y cada una de sus historias.
Lila, ataviada con su vestido se había subido a la banqueta de terciopelo que se usaba para coser los bajos. Frente a ella había un espejo de cuerpo entero en el cual la joven se miraba sin descuidar la conversación que mantenía con sus amigas, sentadas en el suelo, a sus pies.
—Lo haremos entre las dos —Le indicó a Tikki, pasándole un metro—. Así acabaremos antes.
Cada una se hizo con un lado y en silencio, fueron repasando las medidas tomadas y comprobando las costuras. Había que meterlo un poco de cintura y arreglar el bajo de la falda pues arrastraba demasiado por el suelo.
Por desgracia Lila se negó a irse sin su vestido.
—Si es tan poca cosa, podéis arreglarlo ahora, ¿no? —Les sugirió.
No les quedó más remedio que hacerlo.
Marinette resopló y se arrodilló para comenzar a coser lo más rápido que le permitían sus manos. Los primeros minutos fue fácil ignorar las tonterías sobre fiestas de té y regalos pre nupciales sobre las que versó la conversación de sus clientas.
Por desgracia no iba ni por la mitad de la falda cuando la charla tomó un nuevo rumbo.
—Oye Lila… ¿Qué pasa con Chat Noir? —preguntó una de las jóvenes de pronto. A Marinette se le resbaló la aguja, pero nadie salvo Tikki lo notó—. ¿Son ciertos los rumores?
Lila se carcajeo llevándose el dorso de la mano a los labios, moviendo la cabeza como si ese tema la avergonzara. Aunque no hizo falta que le insistieran mucho para que comenzara a hablar.
—No debería decirlo, se supone que es secreto —dijo en primer lugar—. Pero por ser vosotras lo diré —Les guiñó un ojo y sonrió con complacencia, fingiendo timidez sin mucho acierto debido a su mirada hambrienta de atención—. Todo lo que hayáis oído es cierto.
. Chat Noir y yo mantenemos una relación desde hace mucho tiempo.
Mentira pensó Marinette, apretando los labios. Siguió moviendo la aguja, sin atreverse a alzar los ojos. El peso de su estómago se revolcaba en sus entrañas ahora con saña.
—¿Desde hace cuánto?
—Desde mucho antes de que yo viniera a Market Chipping —respondió la otra—. Ya sabéis que el rey se lo pidió a mi padre como favor especial, para que revitalizara la economía de la ciudad y como mi padre tiene tan buen corazón, accedió.
. ¡Y eso que en Kingsbury teníamos una mansión el triple de grande, criados y unos hermosos jardines! Pero mi familia y yo no somos materialistas, somos felices con poca cosa.
Sí, seguro… Marinette estaba segura de que si eso fuera verdad, los Rossi se habrían traído piedra por piedra su querida mansión con tal de presumir.
Esta chica es una mentirosa.
—Entonces… ¿Chat Noir te siguió hasta aquí?
—¡Sí, así es!
No pudo evitar mirar hacia arriba y sentir nauseas ante la expresión soñadora y placentera que mostraba Lila en esos instantes.
¡¿Es que acaso se cree sus propias mentiras?!
—¡Debe estar muy enamorado de ti!
—¡Sí, lo está! —confirmó Lila con alegría—. De hecho… ¿me guardaréis el secreto?
—¡Sí, sí!
—Chat Noir me prometió que aprovecharía el llamado del rey para pedirle permiso para casarse conmigo —Reveló con deleite, logrando que su pequeña corte de admiradoras lanzaron chillidos de emoción.
—¡Es increíble!
—¡Tan romántico!
—Pero… Yo había oído que pensabas casarte con el Caballero.
Lila se puso rígida. Bajó la vista hacia Marinette que no había podido resistirse a hablar. Ella le devolvió la mirada simulando inocencia, sintiendo los ojos severos de Tikki clavados en ella.
—En realidad… —Lila se lo pensó un poco antes de sonreír—; ambos están interesados en mí. Yo no quería jugar con los sentimientos de nadie, pero el rey me animó a acercarme a su sobrino porque dijo que yo sería una reina maravillosa para Ingary.
Oh, por favor…
¿Podía ser más vanidosa?
—Pero finalmente el Caballero ha decidido no desposar a nadie después de que yo le rechazara —continuó contando—. Y me siento libre para aceptar la propuesta de Chat Noir.
—Entonces… ¿Ya se te ha declarado?
—¡Por supuesto que sí! El Día de las Flores me buscó y me entregó no una, sino un enorme ramo de…
—¡Eso es mentira! —Marinette no pudo más. Se puso en pie, temblando de furia y encaró a la chica que la miraba horrorizada—. ¡Es falso! ¡Todo eso es falso!
. ¡Chat Noir no estuvo contigo el Día de las Flores!
—¡¿Y por qué no?!
—¡Porque él…!
—¡Marinette! —La llamó Tikki. Su agudo tono de voz la detuvo en el momento justo. Cerró la boca, irritada, con un terrible dolor de estómago y la cabeza zumbándole.
Lila observó complacida su silencio y sonrió.
—¿Qué sabrás tú, modistilla? —Se carcajeó brevemente y añadió—. Tienes suerte de que esta sea la única tienda de modas de la ciudad o nos marcharíamos ahora mismo.
El resto de chicas asintieron al unísono y Marinette, todavía furiosa, prefirió retirarse antes de decir o hacer algo peor.
Mentirosa, mentirosa, mentirosa…
Atravesó la tienda y aún siguió con la retahíla al salir al patio. Se apoyó en la barandilla de madera e intensó calmarse, pero le resultaba imposible dejar ir esos sentimientos tan horribles.
Lila Rossi es la mayor mentirosa del reino se dijo, haciendo un mohín con los labios. Lo es… ¿verdad?
¿O quizás… había algo de verdad en todo lo que había dicho?
El malestar aumentó en su interior y soltó un gemido temible, ocultando la cara entre sus brazos.
—¿Qué me pasa?
—Son celos, Marinette.
Tikki apareció a su lado y le indicó que tanto Lila como su grupo se habían marchado. Amenazaron con no pagar el vestido, pero se desdijeron cuando la pelirroja les aseguró que entonces no podrían llevárselo.
—¿Celos? ¡Ja! Yo no estoy celosa —afirmó, obviando todo lo anterior porque no le interesaba lo más mínimo. Tikki resopló, aburrida.
—Estás celosa desde que Lila besó a Chat Noir…
—¡No son celos! —exclamó—. Es que… estoy preocupada porque ese tonto no viene y no sé si le ha pasado algo malo.
Su amiga no la rebatió, pero el silencio en el que se escudó o quizás la forma en que puso los ojos en blanco fue más clara, si cabe, que si hubiera usado palabras.
¿Celosa? ¡Imposible!
No lo estaba… Porque además sabía que Lila mentía en todo. Conocía a Chat Noir y no podía creer que la hubiera mentido desde el principio sobre sus sentimientos.
Sería terrible si se hubiese dejado engañar de esa manera.
—Creo que deberías aprovechar que Chat Noir no está y olvidarte de él, Marinette —opinó Tikki—. No te conviene, ni siquiera ahora que es un héroe…
—¿Por qué dices eso?
—Porque te sigue ocultando su rostro y su nombre —Le dijo, llevando razón en todo—. Debes centrarte en lo más importante.
—¿En la tienda?
—¡No! ¡En el Caballero! —Marinette dio un respingo, confusa y miró a su amiga—. ¡Él sí que te conviene! ¡Y te puede hacer reina!
Reina…
¿Por qué el Caballero si la convenía y Chat Noir no? Tampoco conocía su rostro, ni su nombre verdadero. En realidad, no había tanta diferencia entre uno y otro. Ahora se daba cuenta de cuán frágiles y superficiales eran las relaciones que mantenía con uno y otro.
Marinette se negaba a creer que estuviera celosa, pero sin duda algo la tenía muy inquieta y estaba harta de sentirse así. Todo había comenzado cuando Chat Noir apareció.
Quizás debería olvidarme de los dos pensó, arrugando la nariz. Y ocuparme de mí misma y de mi tienda de una vez por todas.
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¡Hola a todos y a todas!
Regresamos al AU, jeje. Creo que en esta semana habrá alguno más para terminar la historia ;-)
En este no ha habido mucha interacción entre los protagonistas, aparte de ese instante terrible tras el beso de Lila (que sepáis que me ha dolido escribirlo), pero al menos parece que ha ayudado a Marinette a percatarse de sus propios sentimientos, aunque ella siga en modo negación.
Sigue siendo un misterio dónde ha ido Chat Noir… Lo que sí parece ir mejor es la relación por carta de Marinette con el misterioso Caballero, jajaja, Tikki lo apoya a él.
¿Y vosotros?
¡Muchas gracias por todos vuestros comentarios y opiniones geniales! Ranma84, Staterfe, Manu, Nhymc9, Daikra, Ialiceiamagodness, Karen Agreste, y Gabriela Cordon (¿También te gusta Ranma? ^^ ¡Genial! Gracias por leer mi otro relato, me alegro que también te gustara). Muchas gracias a todos por seguirme en un nuevo capítulo. Espero que la continuación del AU os haya gustado, que os haya entretenido un ratito que es lo importante. Me empieza dar penilla porque quedan ya muy pocos días para que este mes maravilloso termine y no sé cómo será cuando no tenga este reto que ha sido tan divertido y especial, en parte gracias a todo vuestro apoyo y vuestros comentarios.
Pero es pronto para ponernos tristes, jeje.
Nos vemos en el siguiente
¡Besos para todos y todas!
-Erolady-
