-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una ligera adaptación del dorama coreano "Empress Ki" protagonizado por Ha Ji Won (Emperatriz Ki Nyang), Ji Chang Wook (Emperador Huizong) y Ju Jin Mo como (Rey Wang Yoo). Los personajes pertenecen completamente a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utlización es de mi entera responsabilidad para la dramatización de la historia.
Capítulo 2
Enemistarse con un miembro de la casa real era un error profunda y positivamente peligroso para cualquiera, pero aparentemente Neji no sopesaba tal teoría pues, y pese a llevar su debido tiempo en el Palacio…no le había presentado sus respetos a la Emperatriz Viuda Tsunade, despreciando toda orden dictada por ella y creyéndose superior, aludiendo al hecho de que—como futuro Emperador—el mismo podría cambiar las reglas de la corte a su antojo. A ojos de Tsunade, el pelicastaño no dejaba de ser un mocoso malcriado con demasiados aires de grandeza y eso no era necesario en ningún Emperador tan joven y renuente de las responsabilidades de la corte.
-Ya no debemos tolerar el mal comportamiento de Neji—sugirió Shizune, incapaz de aceptar la osadía de aquel joven aspirante.
Amenamente serena en sus aposentos, Tsunade agradeció el té servido por su lela doncella Shizune que parecía más que ofendida ante la negativa del hijo menor del regente por darle el respecto que ella, como Emperatriz Viuda, merecía y debía recibir de parte de todos en el Palacio, ese niño estaba actuando de la forma más indebida posible solo por mero orgullo y arrogancia.
-Lady Kurenai Yuhi
El anuncio de parte del exterior hizo a Tsunade evadir la conversación de manos de su amiga, tomando la campanilla de oro a su lado y haciéndola resonar como respuesta, levantando su mirada hacia las puertas de oro que no tardaron en abrirse de par en par, permitiendo el ingreso de lady Kurenai que traía una pequeño cofre de mármol incrustado en oro entre sus manos. Shizune observo confundida a la Emperatriz Viuda y a aquella caja la cual abrió y olfateo ligeramente, sonriendo ante el aroma que provenía desde el interior e indicándole que se retirara, acción que la pelinegra no tardo en ejecutar sin darle la espalda a la Emperatriz Viuda.
-¿Qué clase de lugar es la familia Imperial?—se aventuró a preguntar Tsunade ante la confundida expresión de parte de Shizune que no había visto el contenido de aquel pequeño cofre, -aunque él llegue a ser Emperador—supuso la Emperatriz Viuda, aludiendo a Neji desde luego, -si no puede procrear una heredera, no podrá sobrevivir aquí.
Shizune entreabrió los labios para debatir las palabras de la Emperatriz Viuda, pero la sonrisa confiada en el rostro de la Emperatriz Viuda Tsunade le hizo saber cuál era el plan de ella; si Neji no podía procrear una heredera que la Emperatriz Sakura llevara en su vientre…entonces debería hacerlo un consorte cualquiera del Palacio, destinado para ello, y eso humillaría profundamente a Danzo Shimura y a toda su prole, privándolos de toda la soberbia autoridad y poder del que presumían tanto.
Eso acabaría por ser su ruina.
Pese a su permanente aspecto distante y arisco, Sasuke observo con disimulada atención el interior de aquel Palacio, más hermoso que cualquier estructura que hubiera contemplado a su edad, más calmado luego de haber podido bañarse, permitiendo que el agua limpiara todos sus malos recuerdos y pensamientos más negativos, pero no aquellos más importantes. ¿Cómo permanecer en el Palacio? Aún más importante, ¿Cómo acercarse a la Emperatriz?
A él y al resto de los hombres que formaban parte de la caravana, luego de permitirles bañarse adecuadamente, —brindándoles ropa limpia y cómoda—los habían reunido en lo que parecía ser una sala, pero no para permanecer, eso estaba claro para Sasuke. Las puertas se abrieron de forma repentina permitiendo el ingreso de un hombre desconocido para el Uchiha, de cabello gris y aspecto un tanto mayor que él, quizá diez o casi veinte años mayor, acompañado por una mujer de orbes rubí y cabello oscuro seguida por dos doncellas que cargaban bandejas de oro con lazos de color sobre esta. Solo contemplar la llegada de ellos hizo que Sasuke supiera que su destino se decidía en ese momento.
-Si son aceptados como consortes, recibirán una cinta roja—informo Kakashi dando, omniscientemente, las repuestas que Sasuke deseaba obtener, -azul si son aceptado como sirvientes…y amarilla si deben dejar el Palacio—explico el Hatake con voz serena y poco interesada, pero lo bastante instructiva como para que todos los entendieran.
Con la mirada baja, Sasuke se cuestiono en que consistiría exactamente esta aparente "selección", ¿Qué podía hacer para quedarse? Ser expulsado del Palacio ciertamente no sería mejor, ni siquiera contaba con dinero para subsistir, ¿Cómo enfrentarse solo al mundo nuevamente sin tener el respaldo de nadie que lo esperara en su hogar esta vez? Tenía que quedarse. Sasuke observo atentamente como el Hatake y Kurenai no tardaban en acercarse al primero de los hombres que componían la fila, pidiéndole que se quitara la camiseta y observándolo minuciosamente. Kurenai alabo la postura del joven, su color de cabello y ojos, pero Kakashi no encontró demasiado atractivo en él; por voto unánime lo designaron como sirviente.
¿Cómo quedarse?, ¿Qué tenía que lo hiciera diferente al resto de los hombres presentes? Tal vez el odio y rencor que sentía hacia la Emperatriz, pero nada más, no tenía forma de quedarse a menos que ellos lo decidieran y aprobar quizá fuera más difícil de lo que él hubiera podido imaginar. El siguiente, a su lado, fue seleccionado como consorte antes de que la atención de Kurnai y Kakashi se desviara a él. Con un escaso suspiro, Sasuke se quito la camiseta y dejo exainar por el Hatake que parecio más que complacido con lo que veía.
-Espalda ancha, complexión perfecta—alabo Kurenai, más que satisfecha con lo que veía hasta que sus ojos se estrecharon de forma repentina, posando su mano sobre el costado derecho del cuello del Uchiha, -una cicatriz—Sasuke bajo la mirada, recordando un viejo incidente del pasado por el cual tenía dicha cicatriz entre el cuello y el hombro, -no es aceptable—sentencio Kurenai, tomando una cinta amarilla de la bandeja.
-Espera—detuvo Kakashi, extrañado ante la cicatriz que veía.
El muchacho ante él no parecía la clase de hombre que peleaba a la menor provocación, sus ojos destilaban inteligencia y su postura era perfecta, singularmente atractivo y con un aire especial de arrogancia y orgullo innato, —lo esperable en un Emperador—ese chico no merecía dejar el Palacio sin oportunidad alguna pues…Kakashi, en cierto modo, sentía que se estaba viendo así mismo en el espejo, hacía muchos años atrás.
-¿Cómo te hiciste eso?—indago Kakashi.
Temiendo perder la oportunidad de quedarse en el Palacio, por nada más que un difuso recuerdo de su infancia ya muy lejana, Sasuke se vio salvado a medias por aquel hombre en frente suyo que cuestionaba el porqué de aquella herida, no tenía por qué mentir, solo diría la verdad ya que no tenía otra forma con la que zafarse de eso.
-Mi hermano me enseñó a cazar, desde niño—confeso Sasuke con la frente en alto, -eso solo es un recuerdo.
Itachi, siendo mayor, no había escatimado a la hora de prepararlo para el futuro, enseñándole a sostener una espada desde los siete años y subiéndolo sobre un caballo antes de cumplir diez, siempre advirtiéndole que era mejor aprender velozmente de todo cuanto se era desconocido y útil para no errar de forma crítica, y Sasuke nunca podría estar más agradecido con él que como ahora, esa herida era un recuerdo de todo cuanto su hermano le hubiera enseñado y que, tal vez, pudiera serle de utilidad de ahora en más.
Asintiendo ante aquella declaración, extrañamente conforme con la osada mirada del joven que no titubeaba al hablar ni abajaba a cabeza, Kakashi tomo una de las cintas sobre la bandeja y la depósito sobre la mano del Uchiha antes de continuar con la selección. Sasuke suspiro internamente, más tranquilo; azul.
Se quedaría en el Palacio y podría tener su oportunidad.
En efecto, la ropa anteriormente dada había sido solo para el examen físico, si se podía decir así. Ahora, usando una especie de traje o uniforme azul oscuro bordado en purpura, de cuello alto y cerrado, Sasuke entraba al lugar donde habría de residir como "sirviente". Para ser honesto, hubiera esperado que el Palacio fuera un lugar mucho más desagradable en cuanto a estética pudiera referirse, pero tampoco pretendía confiarse en lo absoluto, las apariencias eran engañosas y él no pensaba caer en una trampa bajo ninguna circunstancias.
El Uchiha se sentó sobre la que debería ser su cama junto a la del joven que lo había escoltado durante el camino, se llamaba Suigetsu y pese a ser particularmente irritante en su forma de hablar…era la primera persona que o había tratado con amabilidad desde su llegada, luego de Kakashi, claro.
Pero, e insistía en ello, no podía confiarse, sabía que era capaz de intimar con aquella apariencia arisca que se empeñaba en mostrar ante todos y debía mantenerse así o de lo contrario cualquiera sería capaz de pisotear su orgullo y hacer actuar como lo que ahora calificaba, un sirviente. No le daría el gusto a nadie.
No bajaría la cabeza ante nadie.
En menos de una semana, y con el minucioso y debido cuidado, la boda fue perfectamente preparada para ser todo cuanto pudiera esperarse de una Emperatriz y un Emperador, extravagante, llamativa, extraordinariamente bella y lujosa hasta el punto en que resulto tardado arreglar la sala del trono Imperial donde habría de encontrarse la Emperatriz, esperando al Emperador.
Pese a todos los tropiezos dados, la Emperatriz Viuda Tsunade era consciente de que no podía cambiar lo que sucedería, pero cuando menos podía buscar a un candidato más que adecuado para el papel de padre de la Heredera Imperial y tenía a alguien en mente. Un joven gallardo, incuestionablemente atractivo y cauto que tenía fama de ser responsable y respetuoso con todos…un joven que venía de una familia noble de Konoha, ya extinta pero con un pedigrí ciertamente notable desde lejos y que se encontraba entre los hombres más atractivos del Imperio. Solo restaba esperar y ver la conclusión del enlace que—la Emperatriz Sakura—no debía consumarse para garantizar la caída de la prole del Regente Imperial.
Sakura se levantó de mala gana, vistiéndose con ayuda de sus doncellas Ino y Temari que la enfundaron en un restrictivo pero favorecedor Kimono negro bordado en oro y plata para emular flores de cerezo y sus ramas, respectivamente, ceñido a su cuerpo por un cinturón a juego—por sobre un kimono inferior de escote cuadrado que apenas y era visible—bajo su busto y hasta su cadera. Su largo cabello rosado caía libremente tras su espalda y hombros como una clara alusión a su virginidad, adornado con broches de plata que parecían emular una tiara, complementando los largos pendientes y palta y diamante que apenas y se dejaban entrever tras su cabello.
Podía lucir como la novia Imperial más perfecta del mundo, pero no quería casarse. En cuestión de días había conocido lo suficiente que necesitaba saber sobre Neji, dando como consecuencia que todo atractivo de parte de él ahora no resultara sino molesto, era demasiado arrogante. Sin duda alguna desearía pasar los días lidiando con Danzo Shimura y con Neji por las noches, nótese el sarcasmo, pensó Sakura con pesar para sí misma mientras Temari colocaba un tocado de palta sobre su cabello antes de que la Emperatriz se levantara de su lugar y observara a sus doncellas –Ino y Temari—y guardias presentes—Shikamaru y Choji—que velaban por su seguridad.
-Majestad, sonría un poco—animo Ino con una sonrisa.
Nadie era ajeno, del personal, en cuanto al disgusto de la Emperatriz por casarse a la fuerza sin sentir amor u atracción por el hombre con el que hubiera de compartir la cama a partir de esa noche, pero esperaban que al menos ella fuera buena fingiendo armonía u amabilidad, pero eso no estaba entre sus prioridades, aparentemente. Con disgusto, Sakura cerró los ojos y enseño los dientes como si fuera un felino enfadado, apartar el rostro y haciendo un mohín infantil. Temari, tras la Emperatriz, se abstuvo enormemente de reír al igual que Choji y Shikamaru, pero no Ino que debía encargarse de que el protocolo fuera cumplido por la Emperatriz y que, por ende, no se ofendiera a nadie en el proceso. Y ofender al hijo menor del regente no era algo menos preocupante para nadie en el Palacio.
En el salón Imperial, donde muchas veces se reunían las comitivas que pedían audiencia al Emperador de turno, todo estaba perfectamente preparado para que resplandecieran los dos tronos de oro en cuyos brazos se formaban las cabezas de leones decorados con joyas, junto al trono del Emperador se encontraba la Emperatriz Viuda Tsunade vistiendo un elegante kimono de purpura de cuello y holanes negros, bordado en oro y ceñido a su figura con una corona de oro sobre su cabello perfectamente recogido para enseñar su cuello. Junto al trono de la Emperatriz, de pie y vestido en atuendos purpuras se encontraba el Regente Imperial Danzo Shimura que o pudo evitar girarse hacia la Emperatriz Viuda, la mayor enemiga que tenía en el Palacio Imperial por la forma en que interfería en sus asuntos y ambiciones, ella era la mayor rival que pudiera haber en el Imperio porque todo el mundo la amaba tanto como para permitirle quedarse en el Palacio y no partir hacia un convento como dictaba la tradicional y especifica etiqueta cortesana.
Cerca de las puertas que comunicaban con los pasillos menso importantes del recinto se encontraban los sirvientes que asistían el palacio, todos co la mirada baja y aparente humilde ante aquella celebración de la que poco entendían. Sasuke observo de sola sayo la puerta, pensando en cómo llevar a cabo la oportunidad que tanto necesitaba tener, bajo una de las mangas de su camisa se encontraba una daga impregnada con veneno…solo necesitaba que su objetivo se encontrara lo bastante cerca como para actuar sin reparar en nada, eso era lo único que necesitaba.
-¡Su Majestad la Emperatriz!
Las puertas, ante el anuncio del heraldo Imperial, se abrieron de forma inmediata permitiendo el ingreso de la Emperatriz que llego elegante y perfectamente ataviada para la ocasión, conduciéndose con el decoro y perfección que debía ser, aparentando la seriedad necesaria pero que para el Shimura no hizo sino parecer disgusto. Tanto la Emperatriz Viuda como el Regente Imperial se levantaron de sus lugares ante la llegada de la Emperatriz.
-¡Su Majestad el Emperador!
Sakura bufo sutilmente antes de que las puertas se abrieran y permitieran el ingreso de Neji, elegantemente ataviado en unos restrictivos atuendos marrón oscuro bordado en oro e hilo cobrizo para emular dragones, uno de los seres más apreciados por la cultura que reinaba en el Imperio. Su largo cabello castaño estaba escasamente recogido para formar una coleta baja, con una corona de oro sobre su cabeza, frente en alto y andar orgulloso que lo condujo hasta encontrarse frente a la Emperatriz Sakura que sonrió falsamente ante el reencuentro que tenía lugar luego de días sin verse, para su alegría, desde luego.
Sasuke observo sin demasiado interés la interacción entre el Emperador y la Emperatriz, sabiendo que tal es fuera el momento que había estado esperando, pero antes de intentar tomar la daga siquiera el tacto de una mano sobre su hombro lo sobresalto…conocía esa sensación, era la misma que había despertado en él en cuanto hubieron entrado a su hogar para realizar aquella matanza…como si fuera la misma persona. Con nerviosismo, que afortunadamente pudo ocultar, levanto la mirada encontrándose con el rostro del mismo hombre que había dictado la sentencia de muerte para su familia: Pein.
-Volvemos a vernos—menciono el pelinaranja con toda la intención de intimidar al mismo joven que había visto hacia un par de semanas atrás y que volvía a parecer un vil insecto ante un león. -¿Qué se siente ser un sirviente del Palacio?
El Uchiha aparto su mirada hacia donde se encontrarían el Emperador y la Emperatriz, dándose cuenta de que la aparición de Pein no había provocado sino que perdiera su tiempo ya que ahora la pareja Imperial se encontraba sobre sus tornos siendo jurados por los diplomáticos y gobernadores que tenían como obligación besar el dorso de la mano de la Emperatriz y el dobladillo del atuendo del Emperador. Ese hombre le fastidiaba la existencia por simplemente encontrarse vivo. Conforme con su intervención, lord Pein se retiró a su lugar junto a su padre y su hermano Nagato sin darse cuenta de la mirada de odio que le fue dirigida por el Uchiha. Había perdido su oportunidad por culpa de aquel hombre y no sabía cuándo volvería a tenerla, pero debía hacerlo.
Tenía que efectuar su venganza.
La noche no había tardado en llegar mientras los sirvientes del Emperador preparar la habitación nupcial cuya cama de sabanas blancas estaba decorada con pétalos rojos. Por costumbre, la Emperatriz era quien debía acudir a los aposentos del Emperador y no de otra forma. En la mesa que estaba predispuesta se encontraba sake, agua y toda clase de alimentos cuanto fueran necesarios para crear la interacción perfecta que diera lugar a la intimidad requerida.
Neji se colocó una bata por sobre la ropa de dormir, observándose de sola sayo ante el espejo que estaba empotrado contra la pared, ¿Qué tenía que hacer salvo ser el mismo? Era más consciente de que era atractivo, eso era suficiente más allá del que supiera lo que pasara esa noche o lo que tendría que hacer, todo dependía de la voluntad de la Emperatriz pero, ¿Por qué ella se negaría? Ahora era su esposa y lo que tendría lugar era una obligación tanto como una cuestión natural. El pelicastaño solo sabía que todo saldría bien, no había forma alguna en que eso no sucediera.
Las puertas se abrieron sin orden o anuncio alguno ante la llegada de la Emperatriz que, únicamente usando un kimono blanco de hombros caídos bajo una bata de seda blanca, con su largo cabello cayendo sobre sus hombros, sin adorno alguno-parecía neural ante cualquier acontecimiento que fuera a tener lugar. Ve con él, pero no le permitas embarazarte. Las palabras de la Emperatriz Viuda Tsunade, a quien consideraba como su madre, aun resonaban en su cabeza. Tenía que hacer que el Regente y su prole no tuvieran importancia y el único método era no engendrando ningún hijo que fuera de Neji en espera de las indicaciones de su madre que estaba preparando a un consorte adecuado para ella…era preferible aquello a seguir siendo juguete del Shimura y quienes lo rodeaban, era el momento de hacer su voluntad aunque fuera por una vez. Sakura sonrío falsamente a Neji que parecía más que confiado ante lo que fuera que tuviera lugar…pero Sakura no planeaba doblegarse en lo absoluto. Danzo Shimura era viejo y con el par del tiempo vendrían momentos propicios para matarlo sin que parecía un asesinato
Su único deber era ganar tiempo.
-Dime, ¿Por qué llevas una daga?—exigió saber Kakashi.
Sasuke comprendía que las cosas no tardaban en ser descubiertas en el Palacio, de hecho, mantener un secreto por largo tiempo era un milagro…pero no esperaba que fuerana sacarlo de la cama durante la noche solo por haber llevado una daga entre la ropa, tenía que mentir y salir de allí sin verse demasiado implicado en nada. Kakashi lo observo más que molesto esta vez, ya no veía a aquel muchacho como alguien capaz de progresar en la sociedad cortesana, ahora parecía una amenaza. ¿Por qué motivo portaría un arma? Claro, la vida para todos en el palacio era un reto, una batalla continua y sin cuartel…pero no como para que se tuviera tanta preocupación y temor de cargar un arma.
-Por protección—confeso Sasuke sin dar demasiado detalles, pero la mirada de Kakashi le dio a entender que eso no era suficiente, -desde que llegue lord Pein no ha dejado de intimidarme—añadió siendo que eso solo había tenido lugar recientemente, -antes que bajar la cabeza ante el prefiero morir—espeto esto último sin titubeo alguno.
No era una mentira, la protección de su vida y de la de cualquier ser inocente que fuera a pagar algo que no debían, dependía de que el realizara su venganza, dependía de que él tomar la vida de la Emperatriz…pero ciertamente no muchos verían las cosas desde su punto de vista. Pero ahora todo tomaba otro rumbo saber que Pein estaba bajo el mismo techo que él le daba razone más que suficientes para atarlo, razones para proteger su vida que seguramente el pelinaranja comenzaría a ver omo una amenaza sin importar que él no hiciera nada. Eso había sucedido con sus padres, ¿o no? Ellos eran inocentes de toda conspiración y sin embargo los habían inculpado para posteriormente asesinarlos frente a sus ojos. ¿Cómo olvidar eso?, ¿Cómo rendirse ante la vida sin pelear? Tenía que hacerlo, esa era la única forma que tenia de poder encontrar la paz y vivir tranquilo.
-Es el hermano mayor del Emperador—recordó Kakashi acercándose peligrosamente al Uchiha que no bajo la mirada en ningún momento, -¿Quién te crees que eres para considerarte su igual? Llévenselo.
Tras el Hatake, en todo momento, se habían encontrado dos guardias en espera de las órdenes del Hatake ante las cuales se acercaron a él, sujetándolo de ambos brazos y llevándolo forzosamente hacia las puertas. Tenía que evitar eso, tenía que quedarse ahí…pero, ¿Cómo? Solo siendo sincero tal vez fuera su única salida o decía la verdad o mentía y en ese momento no conseguía pensar en una mentira lo bastante creíble con la cual zafarse de aquella situación.
-Él…- inicio Sasuke provocando que Kakashi le indicara a los guardias que se detuvieran, -el asesino a mi familia, ¿Qué clase de persona seria si me inclinara ante él?—cuestiono el Uchiha sin ser capaz de oculta la ira que se matizó en su voz, -si es un crimen pensar así, entonces máteme ya—sentencio Sasuke sin miedo ante esa posibilidad.
Kakashi e indico a los guardias que lo soltaran antes de indicarles el retirarse. Sasuke observo al Hatake que se acercó de forma taciturna hacia él, conservándolo atentamente en un intento por descifrar sus pensamientos, pero los ojos de aquel muchacho eran como espejos que no enseñaba lo que se encontraba en el exterior sino que se mantenían imperturbablemente tranquilos ante lo que sea que estuviera a su paso, únicamente reflejando un destello inconfundible de ira y rencor, algo que, sin embargo, no inquieto a Kakashi en lo absoluto.
-¿Sabes cuantas personas mueren aquí cada año?—pregunto Kakashi, sin esperar respuesta, desde luego, -si dices una palabra equivocada; mueres, si hay un cabello en la comida; mueres, si eres demasiado amigable con alguien; mueres, si no eres lo bastante precavido; mueres—explico Kakashi aludiendo omniscientemente a todas las personas que había visto y conocido para aprender de las normas y el protocolo, -hasta lo que no tiene sentido hace peligrar una vida, cientos de cosas firman una sentencia de muerte—el Hatake no reparo en la expresión del Uchiha que ciertamente ya no parecía tan seguro ante sus anteriores declaraciones, -una vida más, una vida menos; no importa, pero nadie aquí muere solo, si se es testigo también mueres, tu familia y todos quienes estén relacionados contigo- Kakashi suspiro tras haberse alterado ligeramente ante alguien tan impertinente, -por ello nuestra disciplina es tan estricta.
Sasuke bajo la cabeza, quizá su venganza no fuera tan fácil de efectuar como pensaba.
Una boda debía de consumarse, ese era el plan idóneo de todo matrimonio, pero Neji no podía estar más decepcionado.
Luego de haber bebido amenamente se habían tumbado sobre la cama en espera de que el momento surgiera propiciamente, Neji había adulado su belleza para luego reparar en que ella se hubiera quedado dormida ante sus halagos, ebria y completamente tranquila. Sakura se detuvo ante las puertas de los aposentos de la Emperatriz Viuda mientras recordaba completamente satisfecha su noche de bodas. Su plan y el de su madre había salido a la perfección, solo debía continuar repitiéndolo hasta que hiciera falta, Neji nunca podría procrear u hijo, el incienso que la Emperatriz Viuda Tsunade le había obsequiado liberaba la mezcla de ciertas hierbas que acabarían por significar un problema irreparable. Su madre ya debía estar enterada y divulgando sutilmente aquel rumor para que pasara como un cotilleo cualquiera.
Al menos ese día podría respirar tranquila.
Las puertas e abrieron tras el anuncio del heraldo y el tintinar de la campana que tenía su madre, permitiéndole entrar con toda libertad. La Emperatriz Viuda, como siempre, vestía un perfecto kimono rojo bordado en oro y ceñido a su figura, con su largo cabello recogido tras su nuca y decorado por una corona de oro a juego con un par de largos pendientes. Tsunade observo completamente complacida a su hija que, con su largo cabello recogido ladinamente para caer obre su hombro, lucía un Kimono esmeralda bordada en oro para emular flores de cerezo con un prominente collar de oro y jade alrededor de su cuello a juego con un par de pendientes que complementaban la corona sobre su cabeza.
-Bienvenida, Majestad—sonrió Tsunade ante la llegad de su hija que sonrió de igual modo, la estrategia de ambas había iniciado con buen pie y eso merecía ser celebrado pues era uno de los pasos más cruciales a efectuar, -saludar a la Emperatriz Viuda al día siguiente de la boda es una tradición—recordó Tsunade con toda la intención de burlarse de Neji, -¿Me pregunto porque no ha venido el Emperador?—ironizo la Emperatriz Viuda.
Sakura solo se encogió de hombro, haciendo el máxime esfuerzo por no reír, todo estaba saliendo perfectamente de acuerdo al plan.
Neji se levantó de mala gana del diván done se había encontrado, molesto e indignado por culpa de su noche de bodas. ¿Cómo había pasado eso?, ¿Cómo es que nada había tenido lugar? No era su culpa y eso es de lo único que podía estar seguro.
Ataviado en un digno atuendo granate oscuro bordado en oro, el Emperador observo con aparente alegría la llegada de la Emperatriz Viuda a quien, con toda la intención, no le había brindado sus respetos como dictaban las tradiciones de la Corte Imperial. Forzado a actuar como dictaba el protocolo, Neji inclino la cabeza hacia la Emperatriz que sonrió discretamente a modo de saludo in ser capaz de engañar a Neji que noto su falsedad, lo que menos deseaba en ese momento era tener una discusión con ella para aumentar su mal humor, solo quería estar solo y en espera de hacer su voluntad en sus propios aposentos, nada más.
-He oído que no sucedió nada entre la Emperatriz y usted…anoche—aludió Tsunade, fingiendo preocupación por la situación del pelicastaño que no pudo evitar bajar la mirada, ¿Es que todos en el Palacio sabían de su fracaso? No se sentía capaz de salir de sus aposentos por temor a esa idea…y ahora corroboraba que era así, -es la primera vez que algo como esto sucede en el Palacio—recordó la Emperatriz Viuda en un intento por humillarlo y hacerlo sentir peor, -¿no desea saber cómo ganar el favor de la Emperatriz?
Neji levanto la mirada sin demasiado interés ante aquella propuesta, claro, era idóneo para el saber que aun había arreglo para aquella decepcionante primera noche que había culminado en nada. ¿Pero estaba bien escuchar a la Emperatriz Viuda? Ella no estaba del lado de sus intereses, en lo absoluto, sentía que no podía confiar en ella y no porque tuviera motivos sino porque ella trasmitía ese sentimiento de enemistad cada vez que estaba en presencia de ella y solo sucedía para con él.
-Tengo curiosidad—inicio Neji alejando su mente de la propuesta de la Emperatriz Viuda y centrándose en lo que dictaba el protocolo. Había una forma de ofenderla, -cuando un Emperador gobernante muere su Emperatriz y concubinas deben rasurarse la cabeza y entrar a un convento de por vida—recordó el pelicastaño, conociendo perfectamente las leyes y estatutos del Imperio.
La Emperatriz Viuda no se dejó intimidar ante aquel insulto disfrazado como recordatorio, sonriendo escasamente ante las palabras del hijo del Regente Imperial que, sin duda alguna, era igual de venenoso, molesto e intrigante que su padre.
-¿Esperas que deje el Palacio Imperial?—infirió la Emperatriz Viuda como afirmación más que como pregunta.
El pelicastaño solo se encogió de hombros.
-La Emperatriz Viuda es quien recalca cuanto se deben respetar las tradiciones—justifico Neji sin negar la duda de la Emperatriz Viuda Tsunade que no parecía ofendida por sus palabras en lo absoluto. -¿De qué sirven las traiciones si no se respetan?—cuestiono el Emperador, sinceramente divertido.
Sin responder y con una sonrisa, Tsunade se retiró sin necesitar explicarse. Tenía alguien a quien ver en ese momento.
De regreso en sus aposentos, Tsunade agradeció él te servido por Shizune en espera de la llegada de su visitante, aquel que habría de ser el primer Consorte Imperial de su hija, la Emperatriz. Neji nunca iría acorde con lo que ella decidiera y por ende era propicio que otro hombre fuera quien procreara a la heredera del Imperio, un hombre que provenía de Konoha con un pedigrí perfecto para la labor de ser un Consorte Imperial, excepcionalmente atractivo, cauto, inteligente y que no tenía ninguna macula sobre su nombre…excepto la de todo hombre en el Palacio; una concubina, pero eso era aceptable, la joven en cuestión se llamaba Izumi y tenía cinco meses de embarazo.
Pero el joven en cuestión era leal a ella que lo había educado desde su llegada
-¡El Jefe de Sirvientes, Kakashi Hatake!
El anuncio del heraldo, desde el exterior, fue suficiente para que Tsunade tomara la campanilla, agitándola ligeramente como respuesta. La puertas se abrieron pero no fue Kakashi quien entro sino Itachi, aquel joven traído de Konoha hacía ya años atrás y a quien ella había tomado bajo su tutela, inicialmente había dispuesto que fuera un sirviente cualquiera pero su atractivo e inteligencia lo hacían algo de cuidado, pero más que nada Tsunade había contemplado su lealtad y responsabilidad, era alguien que merecía ser un Consorte o incluso un Emperador. La familia Uchiha era una de las nobles familias más antiguas y leales al Imperio, por ende Itachi entraba perfectamente entre los posibles y mejores candidatos para ser quien procreara a la heredera Imperial.
Con veintiún años, orbes ónix, largo cabello azabache recogido en una coleta y presencia imponente pero agradable, Itachi era a quien Tsunade había elegido para pasar la noche con la Emperatriz Sakura, en espera de que su hija no fuera a negarse por culpa de su inexperiencia.
-Emperatriz Viuda—saludo el Uchiha, inclinando su cabeza ante quien dirigía la corte por completo.
-Bienvenido Itachi—saludo Tsunade con una sonrisa, indicándole que se sentara en el diván junto a ella, oferta que el Uchiha acepto de buena gana, dispuesto a obedecer todo cuanto ella considerar conveniente. -Supongo que sabes porque te llame—aludió la Emperatriz Viuda.
Itachi asintió ante su duda, en efecto, Kakashi y Kurenai se habían encargado de contarle todo cuanto fuera necesario. Le importaba poco el nuevo Emperador, pero sabía que tenía que velar por el bienestar de la Emperatriz, la había visto desde hacía años cuando no era más que una Princesa y ella no se merecía el no poder reinar, ella tenía que hacer su voluntad y no permitir que Danzo Shimura acabara por cometer desmanes aun peores de los que ya había cometido. Tal vez no consiguiera toda la influencia que un Emperador podría tener, pero Itachi sabía que podía ayudar a otros si accedía al poder y eso lo tranquilizaba.
-Si, majestad—afirmo el Uchiha, -pero no creí que me considerara para tal deber—admito humilde por el favoritismo que la Emperatriz Viuda tenia para con él.
Conforme con las palabras del Uchiha, Tsunade le indico que bebieran el té ya predispuesto por obra de Shizune, sonriendo al verlo obedecer cada cosa que ella dijera, él podría hacer todo lo que Neji no podría….eso y más.
-Sabes que pongo mi confianza en tus manos—confeso Tsunade ante las palabras del Uchiha que asintió, complacido. -Prepárate para esta noche—informo la Emperatriz Viuda.
Itachi pasaría la noche con la Emperatriz.
PD: lamento si tarde pero los exámenes y deberes me quitan el tiempo :3 Z dijo que mi escritura es pobre, por ello pido que si tiene una sugerencia para la historia la de, me serviría mucho :3 cap dedicado a; DULCECITO311 (adorando sus comentarios como siempre) y Adrit126 que es el responsable de que escriba esta historia :3 gracias a todos, si tienen alguna duda díganla y la responderé en el próximo capitulo (si me es posible) besos abrazos y cariños infinitos mis queridos lectores.
