-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una ligera adaptación del dorama coreano "Empress Ki" protagonizado por Ha Ji Won (Emperatriz Ki Nyang), Ji Chang Wook (Emperador Huizong) y Ju Jin Mo como (Rey Wang Yoo). Los personajes pertenecen completamente a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utlización es de mi entera responsabilidad para la dramatización de la historia.
Capítulo 4
Siempre se esperaba que cualquier individuo perteneciente a la plebe y que se viera favorecido por un miembro de la casa real ascendiera en el estrato social, y por ello no fue, para nadie, una sorpresa que Itachi fuera nombrado Consorte Imperial, gozando de sus propios aposentos y un servicio propio que lo tratara como si fuera el Emperador, recibiendo habitualmente visitas de parte de la Emperatriz que velaba por su seguridad.
El Emperador Neji no había mostrado su rostro y por ello la Emperatriz temía que sucediera un incidente repentino, el silencio no era algo que caracterizara a su esposo y el Regente Imperial tampoco había emitido más protestas pese a saber del ahora embarazo de la Emperatriz. Sakura intuía que todo esto habría de culminar en una batalla horrible, solo esperaba que ni Itachi ni u hijo tuvieran que pagar el precio que eligiera el Shimura y su prole. Su madre, la Emperatriz Viuda Tsunade había mantenido el orden, velando de Itachi cuando ella no podía…pero pese a todo ello Sakura no podía estar segura de nada, temía que algo sucediera.
Estirándose ligeramente, Sakura aparto las sabanas de su cama, levantándose sin demora y caminando hacia su tocador de donde tomo su campanilla que agito ligeramente, para esa hora el personal que la atendía por las mañanas debía estar esperando y en efecto fue así pues apenas se sentó sobre la cama las puertas se abrieron de par en par permitiendo el ingreso de Ino, dos doncellas cualquieras y dos sirvientes, siendo uno quien llamó su atención. Luego de la anterior charla con su hermano hacía ya una semana, Sasuke había tomado la determinación de mantenerse inactivo, por ahora, actuar como se esperaba que hiciera y guardar silencio, pero no esperaba que su diligencia en el trabajo fuera tan alabada como para que lo transfirieran al sequito que habitualmente atendía a la Emperatriz. No le hacía en gracia tratar con semejante autoridad ni santidad por decir menos, pero aparentemente debería de soportarlo.
La Emperatriz, sentada sobre su cama con su largo cabello rosado cayendo tras su espalda como una cascada, lucía un simple kimono blanco de escote cuadrado y largas mangas turquesa claro que era cerrado por una delgada cinta fucsia unos centímetros bajo el escote.
Era una visión tan serena que hizo a Sasuke sentir que todo pensamiento negativo dirigido hacia ella no era sino un error, a la par por la Emperatriz que negó para sí misma, saliendo de aquel trance. Sin importar el tiempo que pasara, se sentía nerviosa en su presencia, pero no de forma negativa sino que positiva…le provocaba el mismo sentir que había leído en todas esas historias de amor, le hacía sentir que no tenía por qué sentir poca cosa.
Cualquier pensamiento latente en las mentes de ambos fue interrumpido ante el repentino y estrepitoso grito de parte de las dos doncellas presentes e Ino que, -por instinto—retrocedieron hacia las puertas. Sasuke parpadeo confundido antes de ver a la Emperatriz levantarse de la cama y avanzar hacia uno de los rincones de la habitación, no sabiendo si reírse o enfadarse, Sakura se sujetó la falda del kimono para arrodillare ligeramente sobre el luego y sostener cuidadosamente en la palma de su mano a un diminuto ratón que, levantándose, le enseño a las mujeres presentes que no hicieron sino sentir asco y nervios de solo ver al pequeño roedor.
Sasuke debía admitirlo, ella no era para nada lo que esperaba de una mujer o Emperatriz.
Pero el hilarante momento matutino no había podido durar para la Emperatriz que, forzosamente había recibido al Regente Imperial que necesitaba que ella marcara su sello en todos los edictos de carácter político.
La Emperatriz lucía un femenino kimono aguamarina bordado en oro para emular flores de cerezo, ajustado al cuerpo bajo su vientre por una cinta rosa suave, por sobre el kimono una capa celeste igualmente bordada en oro con el mismo patrón y holanes blancos, abierta para exponer el kimono, cubriendo sus brazos y casi sus manos. Su largo cabello rosado caía libremente tras su espalda perfectamente peinado para hacer lucir la corona sobre su cabeza a juego con un par de largos pendientes de oro. Sakura observo, expectante, a lord Danzo que—tras leer minuciosamente—le entrego el decreto ya aprobado por el en espera de que ella presionara el sello donde él le indico.
Sin titubeo y en silencio, Sakura acato la orden y espero a que la situación se repitiera. No podía hacer nada más, no tenía el dominio suficiente como para hacerlo, desearía poder leer los edictos y saber que estaba firmando pero tal posibilidad o libertad le estaba prohibida. El Regente, de pie a su lado, arrugo no de los edictos como señal inequívoca de que no todos estaban actuando o pidiendo cosas que el considerase oportunas. Sakura comprendía que muchos no aceptaban la autoridad de Danzo…pero nadie era lo bastante tonto como para oponerse ante cada una de sus órdenes.
-Los ministros de la corte creen que su Majestad se está distanciando del Emperador—menciono Danzo, tomando y abriendo otro de los edictos.
La pelirosa no necesito tener alguna habilidad telepática ni nada para saber lo que aludía el Regente; tenía que pasar una noche con Neji, tenía que cumplir su rol de mujer y esposa pero no se creía capaz de hacer tal cosa. Pero, cuando menos, debería de fingirlo para evitar conflictos innecesarios en el Palacio y en su propia vida. Sin esperar una respuesta de parte de la Emperatriz, Danzo dejo otro edicto ante la Emperatriz que estampo su sello sin demasiado interés.
Tendría que hacerlo.
La noche, ante tales asuntos a lidiar durante el día, no hubo tardado en llegar, y para Neji no fue una sorpresa que el heraldo fuera de su aposentos anunciara la llegada de la Emperatriz.
Por fin tendría su bien merecida noche de bodas tras más de un mes, por fin seria el esposo de la Emperatriz como merecía serlo, su padre había intercedido ante ella y eso estaba claro, ahora podía respirar tranquilo. Vistiendo unos rigurosos atuendos crema claro bordados en oro, Neji se levantó del diván donde se había encontrado, indicándoles con la mirada, a los sirvientes, que abrieran las puertas y que no tardaron en retirarse apenas permitieron la entrada de la Emperatriz.
Sakura no tomo, en lo absoluto, de forma positiva toda interacción que fuera a ocurrir entre Neji y ella por más que aparentase cordialidad debidamente. Encontrarse frente a Neji no le agrado pese al atractivo de él, no podía ni deseaba sentirse cómoda en su presencia y no pudo evitar estremecerse en cuanto lo sintió deshacer con lentitud el lazo de tela que cerraba al kimono a su cuerpo, apartando su mirada. Si iba a compartir la cama con él, cuando menos, no deseaba verlo a los ojos. Pero Neji se dio cuenta de su desprecio y descontento. Aun así, y a pesar de su disgusto, Sakura se dejó desvestir, no opuso resistencia en ningún momento ni al tumbarse sobre la cama, porque simplemente no podía hacer nada para cambiar esa situación, porque no podía oponerse, porque no era más que un juguete en el tablero del poder, un juguete que todos deseaban tener para acceder a la casa real, para ganar algo de su influencia, pero, –pese a su aparente frialdad—a cada momento transcurrido, no hacía sino sentirse más miserable, era incluso peor que si la hubieran forzado a intimar con un hombre, era como si le hubieran arrancado el corazón en ese preciso momento y con aquella fatídica entrega
Lo hice, si, admitió Sakura en mente una vez que todo se hubo consumado como el Regente Imperial y el Emperador así habían deseado, pero nunca sentí más asco de mi misma como en ese momento, fue la peor noche de toda mi vida..
A la mañana siguiente, Neji se vistió con ayuda de sus sirvientes.
El cuerpo de una persona debe tener sentimientos, raciono Neji, observándose frente al espejo y recordando lo sucedido la noche anterior, su primera noche oficial como esposo de la Emperatriz. Pero la mujer que estuvo conmigo a noche no era sino una cascara vacía, recordó con disgusto y celos del Uchiha.
Era una mujer hermosa, pero nunca sintió nada por él, Neji lo había sentido, lo había evadido en todo momento, había pasado la noche a su lado por obligación y no por deseo, y Neji no podía haberse sentido pero sabiéndose rechazado, sabiendo que la atracción que él sentí por la Emperatriz no era correspondida. Encima de todo ella llevaba en el vientre a la hija o hijo de ese Consorte Imperial, de Itachi. Había preferido a un insulso plebeyo y esclavo antes que a él, ¿Qué tenía ese hombre que no tuviera él?, ¿Qué tiene él que no tenga yo? Eso se preguntaba Neji una y otra vez, ¿Por qué se había entregado placenteramente a Itachi y lo había despreciado a él? Tenía que ser una broma, era imposible que esa mujer no sintiera nada por él.
¡Tenía que sentir algo!
Tsunade observo con tristeza a su hija la Emperatriz, encontrándola observar la nada por el balcón de la terraza Imperial.
Estaba radiante con ese kimono blanco bordado en hilo cobrizo y plagado de bordados en naranja claro, cuello alto y con un fino hilo bordado en el cuello, ajustado a su cuerpo con un fajín naranja bordado en oro con una capa superior de igual diseño que el kimono, su largo cabello rosado caía libremente tras su espalda, decorado por una corona de oro a juego con un par de broches y largos pendientes. Pero pese a su belleza, Tsunade nunca recordaba haberla visto tan triste. Parecía como si una parte de ella ya no existiera y los culpables de eso eran Danzo y Neji.
-Exactamente, ¿Quién soy?—pido saber, Sakura.
La Emperatriz no necesito voltear a ver a su madrastra que pareció sorprendida ante su pregunta. Llevaba haciéndose la misma pregunta desde que había regresado a sus aposentos, mientras se bañaba, mientras se dejaba vestir y arreglar como lo que se suponía que debía lucir…pero se sentía una basura, menos que un objeto, menos que un miserable insecto. Al menos los animales podían decidir qué hacer, pero ella ni siquiera podía hacer eso. ¿Qué clase de vida era la que tenía?, ¿Nadie creía que quería tener un hijo por voluntad propia?, ¿Nadie pensaba que deseaba enamorarse? Le estaban arrancando el corazón minuto a minuto, día tras día, ¿Por qué no le tenían compasión?, ¿Qué había hecho para merecer todo eso?
-¿Qué hago en este palacio?—volvió a preguntar Sakura, reformulando su pregunta y girando su rostro para observar a su madrastra, -¿Por qué como, bebo y respiro aquí?, ¿Por qué estoy viva?, ¿Por qué?—exigió saber, haciendo todo lo posible para que su voz no se quebrara.
Para Tsunade fue desgarrador y sumamente doloroso escuchar aquellas preguntas, Sakura era muy importante para ella. La-antes—Princesa había perdido a su madre—la Emperatriz Mebuki—con apenas cinco años y Tsunade había tomado la responsabilidad de criarla como nueva favorita del Emperador, no pudiendo tener hijos, había considerado a Sakura como su propia hija con cada fibra de su ser y el dolor de ella era propio. Deseaba que su hija pudiera ser la Emperatriz poderosa que todos creían que era, deseaba que pudiera ser libre de actuar y pensar…pero esto, desgraciadamente, no podría suceder hasta que Danzo no muriera y hasta que ella no tuviera una heredera.
-Usted vive en espera del momento crucial—se atrevió a contestar Tsunade, no conociendo otra respuesta, -por eso debe tener coraje—pidió siendo que era lo único que Sakura podía hacer.
Sakura tenía grandes libertades. Su difunto pare, el Emperador Kizashi, le había dado a las mujeres la oportunidad de ser iguales que un hombre, de no ser así…Sakura no hubiera llegado a trono y el Imperio entero se hubiera sumida en una sangrienta y cruenta guerra civil, eso no podía olvidarse. Sakura tal vez fuera desdichada e infeliz, pero gracias a su sacrifico el pueblo y la gente que representaba el Imperio podía tener. Tsunade rogaba porque las misiones diplomáticas en Konoha y Mongolia terminaran lo antes posible para que así Sai y Yamato regresaran pronto, necesitaba a sus mayores aliados en ese momento, necesitaba reforzar el poder de su hija como única Emperatriz.
Sakura aparto la mirada, resignada ante ese discurso que siempre debía recordar, lo único que la anclaba a la vida.
Sasuke, entre el personal de sirvientes presentes, escucho y observo la interacción entre la Emperatriz y la Emperatriz Viuda, intrigado. Puede que su hermano Itachi tuviera razón, debía aprender, puede que la Emperatriz no fuera totalmente responsable de la masacre ocurrida a su familia, quizá el Regente Imperial tuviera más carga de conciencia…pero de alguna u otra forma ella era responsable, ella debía haber permitido que se cumpliera la sentencia. No quería odiarla, ya no sentía ese odio por ella mientras escuchaba la nimia libertad que tenía. Pero tampoco podía sentir nada por ella.
No le estaba permitido.
Así, y con tales incógnitas reinando en el aire, la noche no tardó en llegar al Palacio y al entorno de todos.
Pese a ello la Emperatriz no pudo evitar merodear por los jardines aquella noche. Había dejado atrás a su escolta diaria, quería estar sola y pensar con claridad. Una noticia, una información había llegado a alegrarle el día, por fin podía darle nombre a aquel hombre que la hacía sentirse una mujer como cualquier otra con solo verla, no una Emperatriz ni un juguete como la veía el resto del mundo: Sasuke, Sasuke Uchiha para ser más precisos, ningún otro que el hermano del hombre que era su Consorte Imperial. Con solo cerrar los ojos, por mero instinto, el rostro de aquel hombre apareció en su mente y le transfirió una calma que Sakura no hubiera podido conseguir sola. Por una vez en su vida sentía algo por un hombre, pero dejar libre este sentimiento y exigir que le fuera correspondido no era posible, ya no quería arriesgar a nadie por temor a que Danzo o Neji hicieran algo.
Suspirando sonoramente, Sakura se dirigió hacia el pasillo que la llevaría a sus aposentos, al menos pensando en Sasuke, tenía como palear las ideas negativa, pensando en él podía encontrar paz.
Otro día iniciaba en el palacio y con él una jornada un tanto diferente.
Sasuke recorrió libremente los pasillos del Palacio en compañía de su hermano mayor, ya había servido a la Emperatriz en la madrugada y ahora podía descansar. Trabajar únicamente en los asuntos referentes a servir a al Emperatriz era, en cierto modo, gratificante, menos trabajo y mejor paga, trabajos más dignos y no tan extenuantes y la posibilidad de hablar con su hermano cuando lo quisiera.
-No deberíamos sorprendernos tanto—respondió Itachi una vez que su hermano le hubiera contado de la conversación que había presenciado entre la Emperatriz y la Emperatriz Viuda, Itachi parecía preocupado, desde luego, pero no sorprendido, -el que sea la Emperatriz solo la hace más vulnerable que el resto de nosotros—explico.
El menor de los Uchiha asintió únicamente, Danzo era el eje de todo, eso lo sabía muy bien, pero desafortunadamente aun no tenia del todo claro cuál era su auténtico poder y la influencia que tenía. Muchos lo obedecían sin discutir sus órdenes, eso era lo único que Sasuke tenía claro por ahora, eso y que él era el mayor de los responsables de la muerte de su familia, bueno, él y Pein. Si verdaderamente quería cobrar venganza por la muerte de su familia, la Emperatriz Sakura no era quien debía morir sino ellos, ella era solo una persona ajena a los complots, inocente pero culpable a la vez solo que en un grado que no merecía sentencia de muerte o castigo a su entender. Solo debía guardar distancias con ella y todo estaría bien, entonces dejaría de sentirse abrumado cada vez que la veía.
-¿Qué autoridad tiene Danzo en el Palacio exactamente?—inquirió Sasuke.
Deseaba entender con claridad las jerarquías del Imperio más allá de lo básico que conocía: Primero estaba la Emperatriz Sakura, luego la Emperatriz Viuda Tsunade con un autoridad a la par o levemente superior que la del Emperador Neji, pero entre ambas jerarquías o por sobre la Emperatriz parecía encontrarse Danzo como Regente Imperial. Sasuke deseaba entender cada estrato posible para así derrocar al Shimura y traer la justicia que tanto exigía su alma y la de su hermano que pese a su frialdad tenía la misma meta que él.
-Toda autoridad—respondió Itachi para satisfacción de su hermano que veía ya bastante tiempo sopesando aquella idea, era imposible que Danzo no tuviera semejante poder ante la arrogancia que destilaba tan eficientemente. -La Emperatriz estaba privada de leer o escribir siquiera, volverla ajena a la política es su ventaja—explico para sorpresa de su Sasuke que no tenía conocimiento de eso. -Por ello intento ayudarla en tanto me es posible.
Claramente la Emperatriz se encontraba en una poderosa desventaja táctica, si supiera de política entonces todo sería diferente, podría incluso orquestar rebeliones para acabar con Danzo, firmando y escribiendo decretos voluntad…pero la tenían privada de esa posibilidad. Sasuke e Itachi habían crecido en una familia política, algunos rumores decían que su padre—Fugaku Uchiha—había sido consejero del anterior Emperador durante su juventud, pero luego había dimitido para formar su propia familia, siendo recompensado con una enorme finca en Konoha y un poderío territorial y económico simplemente incalculable. De una u otra forma Sasuke sabía de política y ahora empezaba a manejar las intrigas, si no lo hacía no habría otro modo de sobrevivir.
-Intentare hacer también—confeso Sasuke para sorpresa de su hermano. Aparentemente Sasuke ya estaba tomándole el peso a las circunstancia a su alrededor, aprendido de la lealtad y de a quien debía atacar. -Me evitaste cometer un crimen innecesario—recordó Sasuke para hacerle entender a su hermano el porqué de su distinto parecer, -si queremos que se haga justicia, primero debemos deshacernos de Danzo—admitió con la misma entereza con que, anteriormente, había planeado matar a la Emperatriz. -Te dejare a ti las negociaciones difíciles, tu solo déjame encargarme de Pein, quiero tener el placer de arrancarle la cabeza—aclaro Sasuke, determinado a tener su parte de la victoria.
Itachi asintió únicamente antes de que ver a su hermano marcharse in emitir palabra alguna. Ciertamente estaba muy cambiado, distaba mucho del hermano inocente y ajeno a las intrigas que recordaba, ya no tenía ese sino de esperanza en su actuar, solo determinación, perseverancia, seguridad y puede que crueldad incluso, pero sus intenciones iban dirigidas hacia su aun latente familia, a él y a quien sea que perteneciera a Konoha y que estuviera en el Palacio, sabiendo esto, Itachi no pudo evitar sonreír al ver que las cosas no eran tan diferentes si lo pensaba.
Seguía siendo su hermano a pesar de todo, con eso podía respirar tranquilo.
Frontera de Mongolia/Fortaleza de la familia Hyuga
El Imperio Haruno pasaba por momentos de extrema gloria, el que su nueva soberana fuera una mujer hacia más fácil discutir y efectuar negociaciones con el recientemente conquistado estado Mongol, anteriormente dirigido por Hiashi Hyuga. Pero no era una coincidencia, en lo absoluto, que tras la muerte de él no fuera otra que su hija menor—Hanabi—quien lo sucediera en la materia de la gobernanza mientras que su primogénita—Hinata-se hacía cargo de las negociaciones diplomáticas y las estrategias militares.
Con su largo cabello azulado recogido en una trenza, vistiendo ropas de carácter masculino color negro, con un abrigo de piel cubriendo su figura y ocultando sus atributos femeninos y una capa purpura sobre sus hombros, con su espada enfundada en la cadera, Hinata bebía amenamente en compañía del emisario Imperial Yamato. Sabía que el sobrino de este, Sai, se encontraba ratificando los viejos cuerdos de paz con el reino de Konoha, algo que la preocupaba. El rey Minato acababa de fallecer hacia una semana y el hijo de este, Naruto Uzumaki, acababa de ascender al trono. Las relaciones entre la familia de Mongolia y el reino de Konoha eran muy tensas, y Hinata no podía evitar estar más atenta que nunca a las labores diplomáticas, no necesitaban de una guerra en un momento así, necesitaban de paz y entre ella, la Emperatriz Sakura y el recién coronado Rey Naruto, debían de encargarse de que eso se mantuviera como había sucedido hasta ahora.
-Felicitaciones, Princesa—admitió Yamato.
Aquella joven de dieciséis años, tras toda su cordialidad y aparente actitud carente de un carácter masculino no era sino una mujer cauta e inteligente que había dirigido con eficacia los avances Mongoles en otros territorios, gracias a ella el poderío militar del Imperio Haruno aumentaba considerablemente gracias a su aguda mente de estratega. Hinata no pudo evitar ruborizarse ante el alago, desde que lord Yamato se encontraba en sus dominios todo iba mejor que nunca, sus conocimientos militares como veterano de guerra eran, sin lugar a dudas, de gran ayuda.
-Todo se debe a su brillante estrategia—aclaro Hinata, agradecida por la presencia del emisario Imperial.
Hinata realmente estaba intrigada, esperaba que tanto esfuerzos y luchas pudieran llegar a algo positivo, ya no quería más derramamientos de sangre de parte de nadie. La negativa de los conquistados no hacía más fácil el triunfo, pero si conseguía enaltecer la moral de los soldados que no habían librado contiendas tan apasionantes desde los días de sus abuelos y bisabuelos, era un enfrentamiento nuevo pero que—esperaban—llegara a buen fin.
La alianza con la Emperatriz seria duradera.
El portentoso y soberbio salón Imperial, donde los ministros podían hablar con el Emperador o Emperatriz reinante se encontraba vacío pese a la presencia de la Emperatriz sobre el magnífico trono Imperial.
Sobre su largo cabello rosado, perfectamente peinado y cayendo libremente tras su espalda se encontraba una corona de oro a juego con un par de largos pendiente a juego de lo que colgaban tres zafiros en forma de lagrima. Usaba un sencillo kimono blanco de escote cuadrado y sobre este, uno superior verde claro bordado en plata y oro para formar flore de cerezo, ribeteado en piel color blanco en los bordes de las mangas, cuello y falda, cerrado a su figura por un broche de oro. Pero la soledad de la Emperatriz se vio interrumpida por quien llevaba esperando, el Regente Imperial Danzo Shimura que avanzo hasta colocar un decreto sobre el escritorio frente a la Emperatriz, claramente esperando que ella lo aprobara, no, ordenando que lo aprobara. Sakura levanto ligeramente la mirada, pidiendo saber de qué se trataba ese documento.
-Es una petición de los Ministros—aclaro el Regente siendo que, cuando menos, debía darle a entender a la Emperatriz de que se trataba lo que aprobaba, -estampe su sello—ordeno Danzo.
Dudosa, como en cada ocasión en que debía de hacer algo de lo que no estaba segura, Sakura tomo el decreto entre sus manos, analizándolo con la mirada. Puede que no entendiera lo que allí estaba escrito, tal vez no pudiera leer lo que allí yacía plasmado, pero casi podía intuir que algo no estaba del todo bien.
-¿Por qué los ministros, de pronto, envían esto?—cuestiono Sakura, confundida.
-Estampe su sello, luego hablaremos—determino Danzo, tajantemente.
No le servía tener a un Emperatriz inteligente en el cargo, si esa joven tuviera acceso a leer y escribir; sería su ruina, ella no era tonta en lo absoluto pese a que se viera alejada o privada de muchas cosas, era inclusive más inteligente y cauta de lo que había sido el difunto Emperador Kizashi y ahí es donde estaba el problema. No necesitaba a una mujer inteligente sino tonta e insulsa.
Con un suspiro, Sakura dejo el documento sobre el escritorio, apoyando sus manos en este y titubeando enormemente, por un vez deseaba poder entender lo que pasaba a su alrededor y sabe el por qué hacía algo, quería aprender y entender lo que pasaba a su alrededor, no quería que le prohibieran esa libertad. Pero, para su temor y sorpresa, el Regente Imperial estampo sonoramente su mano contra el escritorio, sobresaltándola. Claramente no esperaba ni quería que ella se negara ante sus órdenes, solo quería que acatara lo dicho por él y guardara total silencio.
-Regente…- no pudo evitar titubea Sakura, ya no tan segura como antes pero igual de renuente, -no puedo—aclaro sin observar al Shimura a los ojos.
Como respuesta, y con aquella mirada intimidante, el Regente Imperial tomo el sello Imperial del escritorio y se lo tendió silentemente a la Emperatriz que observo todo con claro temor. Danzo no aceptaría una negativa, bajo ninguna circunstancia, y resistirse solo volvería peores las cosas.
-Mi paciencia se está acabando—aclaro el Regente, con voz cautelosa.
Sabiendo que, -de una u otra forma-, no podría hacer nada, Sakura acepto el sello antes de, infinitamente lento, colocarlo sobre el lugar determinado de aquel documento, estampando el emblema Imperial. No lo hacía por voluntad propia, eso jamás, siempre por obligación u órdenes, jamás por sí misma, eso era absurdo de considerar siquiera.
-No me decepcione nuevamente—advirtió Danzo, no como una amenaza vacía, sino como una absoluta exigencia.
Kakashi Hatake era el absoluto encargado del personal y servidumbre de índole masculina, toda circunstancia, orden u demanda tenía que pasar por él antes que por la Emperatriz Viuda que era responsable de toda actividad sucedida.
Como cada semana, Kakashi hacia una autocrítica al personal que servía en el Palacio, sirvientes del Emperador, guardias y sirvientes de la Emperatriz, el sequito de vigilancia de la Emperatriz Viuda y demás. Esta autocritica era una espada de doble filo; aquellos que cumplían bien su labor eran recompensados y alabados en demasía, aquellos que no, debían mejorar o serían expulsados, todo se hacia abajo un estrecha vigilancia y según su propio juego. El Hatake, que tenía a todos reunidos en filas laterales, se detuvo ante Suigetsu, claramente complacido en base al trabajo que el Hosuki realizaba diariamente y con justa razón, pese a su personalidad excéntrica, nunca se quejaba o protestaba por nada.
-Buen trabajo, como siempre, Suigetsu—felicito Kakashi.
El Hosuki asintió de sola sayo, conforme con ver que se mantenía en el mismo lugar de siempre, tampoco era como si pudiera siquiera aspirar a llegar más lejos, estaba conforme con su posición. El Hatake se detuvo ante Sasuke que guardo silencio en todo momento, tenía una de las posición más aclamadas entre el personal de sirvientes, asistía a la Emperatriz y eso era un gran logro, esperaba no perder la oportunidad de supervivencia que la vida le estaba dando.
-Sasuke, prepara tus cosas—advirtió Kakashi. Sasuke parpadeo confundido, ¿Acaso había hecho algo mal e iban a expulsarlo del Palacio?, -y deberás comenzar a usar esto.
Kakashi se giró hacia l doncella que se encontraba tras él y que le tendió un uniforme nuevo que el Uchiha acepto, extrañado. El Hatake estaba más que conforme con el rendimiento del joven, su diligencia y lealtad era admirable, nunca protestaba, cumplía cada orden sin mostrar cansancio o disgusto, solo responsabilidad absoluta, el espíritu que todo sirviente del Palacio debía demostrar en todo momento; servidumbre y lealtad pura.
-A partir de hoy eres escolta de la Emperatriz—informo el Hatake.
Los aplausos y murmullos de los presentes no se hicieron esperar, algunos felices por su triunfo otros envidiosos incluso, pero Sasuke apenas y pudo pensar, ¿La Emperatriz tenía algo que ver? Algo le decía que sí, no iba a rechazar el titulo ni nada…pero el cargo solo significaba una cosa, tendría que verla cada vez más seguido y tratar con ella de una u otra forma, seguirla a todas partes como hacia el sequito de ella. No sabía si sentirle agradecido o molesto, podría aprender de muchas cosas al pasar tanto tiempo en presencia de ella, pero por otra parte tendría que mantenerse más cerca de ella de lo que deseaba hacer.
Tras haber recibido indicaciones de parte de Kakashi, Sasuke hubo llegado a sus nuevas dependencias que habría de ocupar, una habitación sumamente cómoda y únicamente para él, casi pegada a los aposentos de la Emperatriz para estar alerta en todo momento, para vigilarla.
El Uchiha debía admitir que este nuevo trabajo era mucho más agradable, la habitación casi le recordaba a su antigua vida, la comodidad era casi la misma que podía recordar en el pasado, era como si una parte de su vida le hubiera sido devuelta además de la continua presencia de su hermano. Tenía muy en claro que sería tío y no precisamente por el bebé que esperaba la Emperatriz, sino Izumi, la concubina de su hermano, debía admitir que era agradable pese a su efusivo carácter, cuando menos su hermano había conseguido alcanzar una mísera felicidad, Sasuke podía vivir tranquilo de solo saber eso. No solo tenía que velar por su hermano, que sabía defenderse solo, sino también por Izumi y su futuro sobrino o sobrina.
Entre tranquilo y pensante, Sasuke se sentó sobre la cama, sopesando en cómo debería actuar a partir de ahora, el ascenso social no significaba solo poder sino aún más responsabilidades e imagen que dar, pero eran pruebas nimias teniendo en cuenta todo lo que había tenido que enfrentar hasta entonces. Pein, Danzo y el Emperador Neji, toda la estirpe Shimura y sus aliados, ellos eran la amenaza por destruir, una vez que ellos desapareciera entonces, y solo entones podría retomar o iniciar una vida libre de toda macula o recuerdo doloroso.
Tenía que enfocarse en ello.
PD: lamento la demora pero quise actualizar decente mente (Adrit126) actualización dedicada, como siempre, a Adrit126 (responsable de la existencia de ete fic), a DULCECITO311 y cinlayj2 :3 gracia, mis queridos lectores, besos, abrazos y hasta la próxima.
