-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una ligera adaptación del dorama coreano "Empress Ki" protagonizado por Ha Ji Won (Emperatriz Ki Nyang), Ji Chang Wook (Emperador Huizong) y Ju Jin Mo como (Rey Wang Yoo). Los personajes pertenecen completamente a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utlización es de mi entera responsabilidad para la dramatización de la historia.
Capítulo 5
Era una tradición milenaria el que un nuevo soberano de las tierras Imperiales se presentara ante su Emperador o Emperatriz.
Las provincias de Sila, Mongolia, Konoha, Kirigakure, Otogakure, Kumogakure y demás estaban gobernadas o regidas por soberanos, reyes, gobernadores y diplomática y todo sujetos a la autoridad Imperial, por ello era imprescindible que cada soberano que ascendiera visitara la capital y tal suceso se efectuaba en ese preciso omento cuando los guarias Imperiales abrieron la puertas del Palacio y permitieron que el destacamento extranjero ingresar. En la entrada del jardín Imperial, -recelosas e interesadas—todas las doncellas y sirvientes posible se amotinaban entre sí para ver al que era el rey de Konoha. Los rumores decían que era un hombre increíblemente atractivo, correcto y moralmente inmaculado, incapaz de cometer error alguno.
Antes que el rey imperial, quien ingreso no fue otra que la hija mayor del Regente Imperial que había visitado la tierra de Konoha como emisaria oficial de su padre. Su nombre era Konan y resulto inevitable que atrapara la mirada de todos los guardias y sirvientes a causa de su espléndida belleza de largo cabello índigo claro recogido tras su nuca y adornado por una corona a juego con su kimono azul claro bordado en plata. A su lado se encontraban los emisarios de la Emperatriz y la Emperatriz Viuda; lord Yamato y su sobrino Sai. Finalmente y haciéndose esperar apareció el recientemente coronado rey de Konoha; Naruto Uzumaki. Vestía unos sencillos atuendos e seda negra bordada en oro para emular el característico emblema familiar de los Uzumaki, destacando su cabello rubio y sus brillantes ojos azules que hicieron suspirar y sonrojar a las sirvientas presentes, incrédulas del atractivo que veían en ese hombre escoltado por sus amigos y sirvientes, Kiba Inuzuka, Rock Lee y Shino Aburame.
A Naruto nunca le habían interesado los cuchicheos o los rumores, solo le interesaba concluir con aquella visita oficial a la capital Imperial para regresar a sus dominios y continuar su gobernanza. Su humor, últimamente, no era el mejor. Estaban planeando comprometerlo para que procrear un heredero a su reinado, pero eso no le interesaba en lo más mínimo, menos si debía comprometerse co alguien a quien jamás había visto y por quien no sentía nada. Había perdido parte de su libertad individual demasiado pronto como para perder su esencia libertad acatando a un matrimonio político. En su ausencia, su madre—la Reina Madre Kushina—regiría la corte, pero no quería dejarle todas esas obligaciones tan pesadas a ella.
Tenía que concluir esa visita lo más pronto posible para aminorar ese peso.
Siguiendo a lady Konan y a los Embajadores Yamato y Sai, Naruto y su sequito entro en el salón Imperial sin demasiado interés. En su interior lo esperaba el Regente Imperial Danzo Shimura y dos de sus hijos; Pein, -el mayor—y Nagato—el segundo-, el Emperador Neji,-su hijo menor—no se encontraba.
-Majestad—saludo Yamato con una reverencia a la par con su sobrino, -es un honor estar nuevamente en su presencia.
Levantando la mirada tras aquella reverencia, Naruto por primera vez contemplo a la mujer que era la Emperatriz del imperio, no pudiendo evitar que la respiración se le atorara en los pulmones con solo verla. Era bellísima. Debidamente arreglada para la ocasión—sentada sobre su trono—la Emperatriz lucía un kimono blanco de escote cuadrado bajo un kimono superior fucsia brillante bordado en plata y diamantes para emular flores de cerezo, cerrado a la altura el vientre por obra de un broche de plata, el cuello y los bordes de las mangas estaban decoradas por seda violeta claro a juego con la soberbia corona de plata y amatistas—a juego con un par de largos pendientes—sobre su largo cabello levemente recogió que caía tras su espalda y sobre sus hombros.
-Bienvenido, Embajador—pronuncio la Emperatriz con su melodiosa voz.
Haciendo acopio a su autocontrol, Sakura evito sonrojarse al contemplar al hombre que era el rey de Konoha, la provincia de mayor importancia dentro del imperio, el único hombre que podía semejarse en poder a ella y que con su sola presencia había provocado el despertar de sus nervios, haciéndola agradecer el encontrarse sentada sobre el trono o hubiera caído de la impresión que provocaba en ella aquel hombre que tenía su mirada clavada en la de ella y viceversa.
-Alteza, es un honor su presencia y visita—saludo Sakura, ya más tranquila con la presencia de aquel atractivamente cautivador rey.
Se habían conocido hacía ya muchos años, -de niños—con apenas siete años, pero si alguien se los hubiera dicho nunca hubieran imaginado que iban a asentir aquella extraña y agradable electricidad con solo verse a los ojos, sintiéndose iguales entre sí, sintiendo que ese momento valía la pena sin importar las circunstancias.
-Agradezco estar ante usted, Emperatriz—confeso Naruto, igualmente ya más cómodo en presencia de aquella hermosa mujer.
La Emperatriz asintió, agradecida por aquellas palabras.
-He oído que ha gobnado con bien sus dominios hasta ahora—reconocio Skaura siendo que eso le habia sido comunicado de parte de lord Danzo.
-Su majestad no debe en escatimar premiar tal logro—acoto Danzo con toda seguridad y arrogancia sabiendo que la Emperatriz no se opondría ante su opinión.
-Desde luego- - aclaro Sakura.
Levantándose de su trono, la Emperatriz se sujetó la falda del kimono, avanzando con parsimoniosa lentitud hacia el rey de Konoha que sintió su propia reparación agitarse de solo poder contemplarla desde más cerca. El perfume despedido por su piel, el brillo d sus ojos, el natural sonrojo de sus mejillas…era aún más hermosa de lo que hubiera podido concebir. No parecía la misma niña que recordaba haber conocido hacía ya nueve años atrás.
-Como tributo ante su trabajo, le obsequio 1.000 doblones de oro y 10.000 doblones de plata—menciono Sakura para satisfacción de los presentes, excepto Naruto, que no hubieran esperado menos, -y pido que cumpla mi humilde petición de quedarse para disfrutar de nuestra hospitalidad.
Observando aquellos radiantes e inocentes orbes esmeralda que brillaban como verdaderas gemas, Naruto asintió incapaz de negarse ante aquella poderosa mujer que estaba rogando su aprobación, no demandándola como seguramente haría otra Emperatriz.
-Acepto, su majestad—corroboro Naruto.
Las palabras del Uzumaki, hicieron sonreír a la Emperatriz.
La Emperatriz había regresado a sus aposentos y, siendo asistida por Ino y Temari, Sasuke pudo darse un momento libre.
Escuchando los cuchicheos intermitentes de parte de las doncellas y sirvientes a su paso, Sasuke y su hermano Itachi recorrían el jardín Imperial siendo el mayor de los Uchiha quien parecía más divertido con la situación. Gracias a sus amigos entre el personal del Palacio, estaba informado de todo lo que había sucedido, aparentemente la Emperatriz había recibido muy amablemente al rey de Konoha, invitándolo a cenar con ella esa misma noche. Un cuchicheo aun mayor se desató provocando que ambos hermanos giraran su vista hacia el otro lado del jardín donde paseaba el rey de Konoha en compañía de su sequito. Sasuke lo observo de arriba abajo sin ser capaz de ver el porqué de tantas habladurías de parte el personal del Palacio.
-Así que él es el rey de Konoha—menciono Sasuke sin demasiado interés.
El menor de los Uchiha contemplo la partida del rey que no reparo en ningún momento en las sirvientas que lo observaban y hablaban desesperadamente de él, rogando silentemente porque les dirigiera la mirada siquiera. Sueños de mujeres enamoradas y desesperadas, nada más.
-Oí que lo premiaron con 1.000 doblones de oro y 10.000 doblones de plata—comunico Itachi siendo que ya estaba enterado de todo lo sucedido en aquella reunión entre el rey de Konoha y la Emperatriz, -lord Yamato fue nombrado Baghatur y recibió 10.000 doblones de oro y su sobrino Sai 5.000—Sasuke no pudo evitar sorprenderse ante esta información.
El Imperio estaba en el apogeo de su gloria, la fortuna que se poseía era exorbitante y gastar semejante despilfarro no era un pecado siendo que el pueblo vivía con ecuanimidad, nadie pasaba hambre o vivía en malas condiciones, celebrando la expansión que el Imperio estaba llevando a cabo con ayuda del clan Mongol de los Hyuga. A Sasuke le daba igual cuanto se gastara en celebraciones nimias, lo importante era tener dinero de obra en momento de necesidad, nada más y nada menos.
Con facilidad, la noche llego al Palacio Imperial donde—en sus aposentos—el rey de Konoha se arreglaba exhaustivamente ante el espejo en un intento por parecer lo más presentable posible vistiendo unos atuendos azul oscuro bordados en oro para emular el emblema de los Uzumaki. De pie tras él se encontraban sus amigos y sirvientes Kiba y Shino que se observaron ligeramente divertidos entre sí. Nunca habían visto a su amigo y rey más centrado en aparentar ante una mujer que parecía haberlo embobado por completo por obra de un solo encuentro y esa mujer en específico no era ninguna otra que la mismísima Emperatriz Sakura.
-Alteza—se atrevió a hablar Shino, fingiendo una seriedad embaucadora que preocupo a Naruto,-va a desgastar el espejo.
Sobrellevado al saberse descubierto y avergonzado a causa de sus propios impulsos, el Uzumaki carraspeo ligeramente, evitando demostrar más nerviosismo del que ya por si sentía, ansioso de solo pensar en volver a ver a la Emperatriz.
-No digan tonterías—espeto Naruto, girándose hacia la puerta, más titubeando interiormente, -salgan—ordeno.
Evitando reír y observándose entre sí, Shino y Kiba reverenciaron a su rey, caminando lentamente hacia las puertas y volteando a verlo de vez en vez hasta haber abandonado la habitación. Nuevamente a solas, Naruto volvió a observarse en el espejo, estaría ante la Emperatriz por ende no podía lucir menos que digno como el rey que era…esa mujer había hecho latir desesperadamente su corazón. Anticipaba una velada con ella en que intentaría sr lo más caballeroso posible, pero...¿Cómo agradar a la Emperatriz que poseía el mundo entero?
En sus aposentos, Sakura se dejó peinar por Temari mientras Ino la maquillaba lo más naturalmente posible. Esta vez no lucía una soberbia corona sino que solo su largo cabello rosado perfectamente recogido para exponer su cuello, usando como joyas únicamente unos sencillos y largos pendientes de oro con piedras de jade engarzadas. Habiendo terminado, ambas doncellas permitieron que la Emperatriz se levantara del asiento del tocador para, así, contemplarse completamente ante el espejo. Por inexperiencia y deber, Sakura dejo que Ino y Temari seleccionaran su ropa, que decidieran como debía lucir, vistiéndola con un kimono de seda rosa salmón, ajustado en las muñecas y de mangas holgadas, marcadas hombreras doradas decoradas por piedras de jade así como el bordado del pecho y las caderas. El escote era bajo y favorecedor y la tela de las piernas era escasamente transparente.
-No es demasiado, ¿o sí?—cuestiono Sakura, mordiéndose el labio inferior.
Dudosa, nerviosa y desconforme al mismo tiempo, Sakura sostuvo la tela entre sus manos antes de voltear ver Ino y Temari en espera de una opinión. No sabía si lucia tan digna como se esperaba de una Emperatriz, no sabía si lucia tan atractiva como debía de hacerlo como mujer o si entraba en el promedio, ¿Cómo saberlo de manera objetiva? Bueno, para eso tenía a Ino y Temari, ¿o no?
-En lo absoluto, Majestad—sentencio Ino, encantada con el trabajo que ella y Temari habían hecho.
-Luce radiante—adulo Temari.
Volviendo a contemplarse, Sakura asintió ya satisfecha. Estaría ante un viejo conocido, no tenía por qué esforzarse tanto, y si creía eso…¿Por qué su corazón latía tan desesperadamente con solo imaginar volver a verlo? No lo sabía, pero lo cierto es que, por primera vez, quería deslumbrar ante un hombre, quería que la consideraran hermosa para cautivar al espectador que tuviera el placer de verla, por una vez en su vida se sentía ansiosa por ver a un hombre.
Sonreía de solo imaginar un nuevo encuentro, ¿Qué era ese sentimiento tan agradable?
En los aposentos del Regente Imperial, Danzo Shimura notificada a sus hijos Pein y Nagato—así como a su recién llegada hija Konan—de una idea que llevaba ya tiempo resonando contra su cabeza, meses sin poder dar con el objeto de su absoluta codicia porque, de no ser así, resultaría ser su ruina y la de toda su familia.
-¿El Emperador Kizashi escribió una carta con sangre?—cuestión Pein, incrédulo ante lo dicho por su padre.
A Danzo no le resultaba difícil recordar que el Emperador había escrito algo entre todos sus decretos el mismo día en que el había comenzado a suministrarle veneno, pero en cuanto había intentado encontrar la carta escrita por la sangre del Emperador…esta había desaparecido antes de que el pensara siquiera en investigar a alguien. Luego el Emperador había enfermado a causa de su veneno y agonizado lenta y dolorosamente por menos tiempo del que Danzo hubiera considerado oportuno pero que le había servido para solidificar su poder. Si esa carta aparecía, seria expuesto como un traidor a su nación, él y sus cuatro hijos morirían como criminales y todo su poder se volvería nada…no, eso no podía suceder.
-Antes de que yo lo envenenara, previno un atentado y escribió allí su testamento…con su propia sangre—menciono el Regente, recordando aquel momento.
Como presintiendo que eso pasara, el Emperador solo había pedido como última voluntad que su hija,-la antes Princesa—Sakura, llegara al trono Imperial y fuera coronada como Emperatriz.
-Pero…¿Dónde está esa carta?—inquirió Konan.
-Hay rumores—aclaro el regente Imperial ante el interés central de su hija, -nadie la ha visto jamás, pero…- guardo silencio con auténtica ironía ya que estaba persiguiendo a sus propios enemigos para poseer esa carta, -además de mí, hay otros que la buscan.
La simple alusión de esto confundido a los hijos del regente que, de forma inmediata, se observaron entre sí. ¿Quién—además de su padre, desde luego—podía saber de la existencia de esa "carta de sangre"?, ¿Quién podía estar a la asecho, siguiendo sus pasos para no caer en la ruina?
-¿Quién?—pregunto Nagato.
Danzo no se atrevía a confirmado por ser una incongruencia simplemente. Cuando se había enterado de la existencia de esa carta había ordenado la ejecución de todo el personal que asistía al Emperador; sirvientes, doncellas, eunucos…pero una persona había escapado; Inoichi, el sirviente y amigo Principal del difunto Emperador. Nadie sabía dónde estaba y él era la única persona que podía tener en su posesión esa carta.
Debían dar con su paradero.
La escena que reinaba en los aposentos de la Emperatriz no podía ser sino comparada con la de una taberna o cantina cualquiera, dos amigos bebiendo animadamente y riendo, dándole uno que otro bocado a su plato mientras se observaban y reían a causa del efecto que el Sake estaba provocando en ellos luego de haberse pasado de copas desde hacía ya bastante tiempo, sin importarles nada, únicamente centrados en él otro y así disfrutar su noche.
-No puedo creer que me permitas tutearte—rio Naruto, agradeciendo con la mirada en cuanto ella le sirvió un poco más de sake. -Eres la Emperatriz—recordó a punto de reír.
Sakura solo se encogió de hombros ate la incredulidad de parte del Uzumaki.
-Eso solo te hace a ti más vulnerable si me haces enojar—recordó Sakura frunciendo el ceño con falsedad, apuntándolo con el dedo antes de reír. -Nos conocemos desde niños—aludió como si nada, estirando los brazos y chocado su espalda contra el respaldo de la silla, -¿Por qué guardar formalismos?
Observándola atentamente, Naruto no pudo evitar sonreír sin explicación aparente, cosa que confundido a la Emperatriz. Que ella hubiera notado, no había hecho o dicho algo que resultara gracioso par provocar su sonrisa, a menos que estuviera sonriendo de forma espontánea a causa de su ebriedad.
-¿Ocurre algo?, ¿Acaso dije algo malo?—se aventuró a conjeturar la Emperatriz.
Ante aquella reacción completamente errónea, Naruto no hizo sino negar de manera vehemente.
-En lo absoluto—protesto Naruto entre risas, cosa que pareció ofenderla, -es solo que…- guardo silencio, provocando que Sakura entrecerrara su mirada sobre él, -en el pasado te considere una criatura insignificante, y ahora me siendo perdido al contemplar la representación de la belleza misma—no sabiendo si creer en esas palabras o no, Sakura apoyo su rostro sobre la palma de sus manos, recargando sus codos sobre la mesa, escuchándolo, -con esos ojos radiantes, esos labios perfectos, ese rostro sereno, la luna palidece de brillo ante la más hermosa de las mujeres—pronuncio el Uzumaki, cual poeta.
La Emperatriz no pudo evitar sentirse abrumada ante aquellas palabras, románticas, confusas, apasionadas y pronunciadas de tal forma para erizar cada poro de su piel y hacerla sentir como jamás hubiera imaginado. Él despertaba emociones y sensaciones que ella nunca hubiera considerado posibles, dignas de aludir o comparar por lo que se mencionaba en las fantasías contadas a los niños.
-Tienes mucha habilidad con las mujeres—adulo Sakura, sonriendo divertida, -¿cuántas han oído eso?—indago la pelirosa.
La sonrisa en el rostro de aquella insólitamente hermosa mujer y Emperatriz no hicieron sino cautivar aún más a Naruto que intercalo su mirada de los labios a los ojos de ella que esperaba una respuesta. No iba a mentirle, no tenía por qué hacerlo ya que el Sake estaba sacando a flote sus sentimientos y lo que había despertado en él desde la primera vez en que la había visto.
-Solo la Emperatriz—corroboro Naruto.
Sakura entreabrió los labios a causa de la sorpresa, empeñándose en no demostrarla mientras tomaba su copa y bebía para ignorar la intensa mirada del Uzumaki sobre su persona…
Con un excelente animo ante el regreso de sus mayores aliados y embajadores, —que habían regresado con noticias magnificas—la Emperatriz Viuda Tsunade cenaba en compañía de lord Yamato y su sobrino Sai, únicamente teniendo omo ayuda de cámara a su fiel doncella y amiga Shizune.
-Dicen que el rey de Konoha es un hombre sumamente atractivo—menciono Shizune sirviendo un poco de té para la Emperatriz y sus embajadores, que le agradecieron silentemente, -tiene muchos talentos pero lo mejor es su personalidad perseverante.
Sai bebió amenamente de su copa, más cómodo co ese ambiente Imperial y su habitual estadía en el Palacio. Haber estado semanas lejos de su hogar, estando en Konoha, no había sido lo mejor de su vida pero era parte de su labor como diplomático y embajador, además de un castigo por parte del Regente Imperial.
-Todas las doncellas y sirvientes no paran de hablar de él—secundo Sai, no habiendo podido evitar escuchar los rumores que pronunciaban toda las sirvientas y doncellas del Palacio.
Una sonrisa de autosuficiencia apareció en los labios de la Emperatriz Viuda.
-Sería una magnifica adquisición—aludió Tsunade.
Yamato y Sai se observaron de sola sayo entre si ante la divertida mirada de la Emperatriz Viuda y su doncella que se sonrieron de forma cómplice, completamente seguras de lo que habría de suceder en el futuro y de cuán lejos llegarían con solo proponérselo. Todo estaba en su sitio gracias a los planes de la Emperatriz Viuda Tsunade.
-Perdóneme Emperatriz Viuda pero…- titubeo lord Yamato, el ahora Baghatur Imperial, -no la comprendo—admitió.
Tsunade esbozo una sonrisa arrogante ante aquellas palabras, ella se había encargado a pulso de eliminar la posibilidad de que la estirpe del Regente Imperial continuara. Sus hijos mayores—Pein y Nagato—no mostraban interés en formar familias siquiera, punto para ella, Konan no hacía sino ayudar a su padre y por ende la sentencia de Neji –ahora estéril—había sellado su plan para resguardar la seguridad de la Emperatriz. Todo era en pro de su beneficio.
-Sin importar el tiempo que pase, el Emperador no será capaz de procrear una heredera o heredero para el Imperio—cito la Emperatriz Viuda Tsunade, confiada en la situación porque, en efecto, Neji ya no significaba una amenaza en su vida ni en la de la Emperatriz, -una vez que nos hayamos desecho de él…habrá que buscar quien lo reemplace eficientemente—menciono causando la sonrisa que de autosuficiencia que apareció en el rostro del Baghatur, -y Naruto Uzumaki proviene de una familia con sangre rea—recordó dejando su taza de té sobre la mesa, -resultaría un candidato idóneo. ¿Quién más sino?—cuestiono claramente sabiéndose triunfal con aquella idea.
-Nadie, Emperatriz Viuda—corroboro el Baghatur, pero no consiguió evitar pensar en otro de sus sobrinos quien estaba igualmente capacitado para ser Emperador tras Neji, joven, inteligente y leal al Imperio Haruno, el también debía ser valorado como sobrino del Baghatur y embajador Imperial. -Aunque, si me lo permite—menciono viendo asentir a la Emperatriz Viuda, -me gustaría sugerir a uno de mis sobrinos como Consorte de la Emperatriz, cuando la ocasión lo amerite, claro—aludió esto por temor a que su familia pereciera a manos de Danzo Shimura.
-Lo tendré en cuenta, lord Yamato—prometió la Emperatriz Viuda Tsunade. -En momentos así necesitamos tener toda la ayuda posible—admitió para sí misma.
Si iban a proteger a la Emperatriz debían hacer todo lo posible y para alcanzar el triunfo absoluto todos los medios eran buenos. Lo verdaderamente importante en ese campo era ganar la batalla decisiva, eso era todo y para ello el paso crucial a dar era exterminar a Danzo Shimura y a toda su estirpe sin importar el cómo y lo más pronto posible.
La Emperatriz se encontraba cenando junto al rey de Konoha y Sasuke, libre de obligaciones, acompaño a su hermano y a Izumi de regreso a sus aposentos.
Aún era temprano y no tenía interés alguno por irse a dormir aun. De hecho, y en cuanto hubiera dejado a su hermano e Izumi a solas, pretendía pasear por el jardín para despejar su mente ante de irse a dormir. Ya que las obligaciones eran menores, era más difícil agotarse por dormir al final del día. Estuvieron a punto de llegar a las puertas, donde se encontraba dos guardias Imperiales, cuando apareció repentinamente una mujer mayor que abrazo a Itachi que no pudo evitar parecer divertido. Izumi se cubrió los labios para no reír, causando el desconcierto de Sasuke que no había visto a esa mujer en todo el tiempo que llevaba en el palacio.
-¿Dónde había estado, Majestad?—pronuncio la mujer con voz desesperada. -He esperado mucho por volver a verlo.
Itachi no presto objeción alguna al abrazo, únicamente absteniéndose de reír al igual que Izumi. Sasuke negó para sí mismo, incrédulo de la escena. De forma repentina se escucharon los gritos de alguien a lo lejos ante lo cual la mujer soltó a Itachi y se marchó a toda prisa. Antes de que Sasuke pudiera preguntar siquiera, uno de los sirvientes del Palacio—conocido como Maito Gai—siguió el mismo camino que la mujer, claramente hiendo tras ella.
-¿Quién es ella?—cuestiono Sasuke ya más recuperado de aquella sorpresa e incredulidad inicial.
Había visto a muchas mujeres vestidas como Dama de la Corte en el Palacio, entre ellas a las mujeres que servían a la Emperatriz Viuda Tsunade y, en ocasiones, a la Emperatriz, pero no a aquella insólita e impetuosa mujer.
-Lady Chiyo—aclaro Izumi, ya más tranquila ante el sobresfuerzo que había hecho para no reír a carcajadas por aquella escena. -Fue una de las primeras concubinas del Emperador cuando era un Príncipe—explico paso a paso para que Sasuke entendiera el rango de aquella mujer en el Palacio que, como mínimo, vestía como una Dama de la Corte. -Perdió la razón en cuanto se enteró de la muerte del Emperador—menciono la pelicastaña con sincera tristeza.
La confusión de Sasuke no desapareció ante aquello, no tenía explicación que una mujer casi loca o demente estuviera en el Palacio si no cumplía una función como el resto del personal que trabajaba asiduamente día a día para ganar su paga o ascender políticamente y dejar su vida atrás.
-Si eso es cierto, ¿Por qué sigue en el Palacio?—inquirió Sasuke, confundido.
Claro, habiendo sido concubina del anterior Emperador era más que usual que tuviera un rango social elevado, pero la tradición Imperial dictaba que toda Emperatriz, Consorte o concubina de un Emperador se retirara a un monasterio, cortando su cabello. ¿Cómo es que esa mujer estaba en el Palacio? Era comprensible que ese fuera el caso de la Emperatriz Viuda, ¿Pero esa mujer?
-La Emperatriz tuvo compasión de ella y le permitió quedarse bajo la vigilancia de los sirvientes—explico Itachi, acomodándose la ropa que se había arrugado ligeramente ante el efusivo abrazo de la mujer, -es como una Emperatriz solo que sin título y poder, pero teniendo toda la atención posible—aclaro el Uchiha.
Sasuke sintió ante esas palaras, observando el pasillo por el que había desaparecido la mujer conocida como lady Chiyo. Había muchas formas de sobrevivir en ese Palacio, incluyendo la demencia o locura.
El sol había aparecido en el horizonte desde hacía ya unos momentos y pese a ello Sakura no había despertado como lo hacía usualmente.
La mesa usada la noche anterior solo sostenía lo platos, jarra y copas vacías como prueba de lo consumido la noche anterior. Sobre la cama y entreabriendo los ojos ante su habitual horario para despertar, Sakura contemplo el rostro de Naruto, casi pegado al suyo. Luego de haberse embriagado hasta casi perder la cordura…ni siquiera podía recordar cómo habían llegado a la cama hasta quedarse dormidos uno al lado del otro, pero no podía importarle menos. No se sentía como la Emperatriz del Imperio Haruno sino como una mujer cualquiera, una mujer que había pasado una noche en compañía de un viejo conocido y amigo que la había escuchado y viceversa, ambos ligados entre si ante los sinsabores de gobernar.
Sakura, sin sentir temor o incomodidad alguna contemplo el tardío despertar del Uzumaki a su lado quien, parpadeando, no taro en sonreírle en cuanto vinieron a su mente los recuerdos de la noche que había tenido lugar, de lo que habían dicho y de como un lazo inexistente en su infancia había conseguido forjarse en aquel momento tan familiar y compenetrado al que parecían haber estado destinados, era como si hubieran sido amigos y cercanos desde siempre, únicamente reencontrándose por azares del destino pero disfrutamos de la compañía del otro.
-Nos embriagamos—hablo Sakura ya que Naruto no daba indicio alguno de iniciar una conversación. El Uzumaki únicamente rio ante aquello, más que embriagarse se habían ahogado en sake hasta dormirse. No satisfecha con el silencio, la Emperatriz golpeo bruscamente el pecho del rey de Konoha que no pudo evitar quejarse, sin dejar de reír. -Estás loco—insulto Sakura.
El Uzumaki, sin titubeo o duda alguna, acerco más su rostro al de la Emperatriz que no presento protesta alguna.
-Igual que tú—justifico.
Una sonrisa se plasmó en los labios de la Emperatriz antes de desaparecer…esa cercanía ya de por si los hacía sentir la respiración del otro, acercándolos entre sí como imanes, más y más hasta que sus rostro prácticamente se encontraron pegados entre sí, un poco más y entonces…
-¡Su Majestad el Emperador!
Con solo escuchar el anuncio del otro lado de la puerta, Sakura se irguió sobre la cama con la misma expresión de preocupación y alarma en el rostro que Naruto quien compendia por completo la situación. Neji no era un hombre que tomara las cosas como pequeñeces y los veía juntos en la misma habitación no tardaría en comenzar a pensar en cualquier cosa, armando un alboroto de la nada y causando u problema que, seguramente, no tardaría en llegar a oídos del Regente Imperial desencadenando una catástrofe de enormes proporciones.
Sakura y Naruto solo pudieron atinar a observarse, ¿Qué harían?
-¿Acaso hay algo que no se?—cuestiono Neji del otro lado de la puerta. Pasaban los segundos y sin embargo la Emperatriz no daba indicio alguno de querer recibirlo, algo que por ley debía hacer porque era su esposo, una duda no pudo evitar aparecer en la mente de Neji con tan solo imaginarse lo peor, -¿Paso la noche con alguien?
Ino se sintió incapaz de responder ante el Emperador, ¿Cómo decirle que sí y no?, ¿Cómo decirle que el rey de Konoha seguía dentro de la habitación junto a la Emperatriz pero sin haber intimado en lo absoluto?
-Su Majestad…- titubeo Ino.
El Emperador bufo al no recibir respuesta, ¿Por qué era tan difícil decir sí o no simplemente? Neji aparto su mirada de las puertas encontrándose con un rostro familiar, claro, lo había golpeado hacía ya semana atrás habiendo creído que se trataba del amante de la Emperatriz, pero habiendo sido únicamente un mísero sirviente. El pelicastaño no tardo en reparar en los atuendos militares del Uchiha que, altaneramente, le sostuvo la mirada. Claramente había pasado de ser un sirviente a un escolta real…y Neji no pudo evitar pensar el porqué de ese ascenso. Sasuke sostuvo la mirada del Emperador como si fuera un apersona cualquiera a sus ojos y de hecho lo era, Neji no le importaba porque habría de desaparecer para que la venganza necesaria fuera cumplida, tal vez—a su muerte—Itachi pudiera ser Emperador al ser el padre de la heredera Imperial. Neji debía desaparecer para que todo lo que él ambicionaba pudiera suceder.
Aún más molesto por ese simple encuentro de sus miradas, Neji se marchó sin esperar que la Emperatriz permitiera su ingreso a sus aposentos. A cada paso se encontraba con mayores enemigos. Sasuke, por su lado, mantuvo su postura firme contra las puertas de los aposentos de la Emperatriz l igual que Ino y el resto de los sirvientes.
Tenía mejores cosas en que pensar que en las rabietas y los celos del Emperador.
PD: como prometí, actualice durante el fin de semana dedicando este capitulo (como siempre) a: DULCECITO311 (pidiendo tiempo para el problema de Sakura), Adrit126(a quien dedico el fic y habiendo hecho aparecer a Naruto) Si están interesados, mañana actualizare mi fic "El Siglo Magnifico: La Sultana Sakura" que estoy escribiendo en este momento, pidiendo paciencia :3 adiós mis queridos lectores, besos, abrazos y hasta la próxima :3
