-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una ligera adaptación del dorama coreano "Empress Ki" protagonizado por Ha Ji Won (Emperatriz Ki Nyang), Ji Chang Wook (Emperador Huizong) y Ju Jin Mo como (Rey Wang Yoo). Los personajes pertenecen completamente a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utlización es de mi entera responsabilidad para la dramatización de la historia.
Capítulo 6
Era de noche y por ende se suponía que nadie molestaba a nadie a esa hora de la noche, motivo suficiente para que Sakura cuestionara exhaustiva y mentalmente el por qué el Regente Imperial—Danzo Shimura—había pedido—u ordenado—verla en el salón real de forma inmediata.
Acompañada por su habitual sequito—conformado por Ino, Temari, Shikamaru y Choji—y Sasuke como su escolta, la Emperatriz cruzaba los pasillos con aspecto ligeramente serio, preocupada, como siempre, de estar en presencia del Regente. Vestía un sencillo kimono rosa suave bordado en diamante, por sobre un kimono blanco de escote cuadrado, cerrado a la altura del vientre por un broche de oro. Su cabello lucia peinado gracias a un broche en forma de mariposa hecho de plata y cristales rosas a juego con un par de largos pendientes. Ya que era un asunto más bien informal y sin relativa importancia, no tenía porque esmerare tanto en su apariencia. Sasuke, caminando tras ella, cuestiono de sola sayo el silencio reinante en los pasillos, la aparente calma y el extraño comportamiento del Shimura al pedir verla a esa hora en específico, no tenía sentido.
Los guardias abrieron las puertas permitiendo a la Emperatriz y un sequito entrar al Salón Real encontrándose con una imagen más que humillante dirigida hacia la Emperatriz. Sentado sobre el trono que representaba—ya fuera Emperador o Emperatriz—a la figura de mayor poder en el Imperio y el mundo se encontraba Danzo Shimura contemplando con arrogancia a la que era la Emperatriz. A Sakura le hubiera encantado pelear, protestar y gritar que ella era la Emperatriz y que no podían tratarla así, pero…no podía, no cuando Danzo podía ordenar su muerte de un momento a otro. Sasuke volteo escasamente a ver al resto de quienes servían a la Emperatriz, pero ninguno levanto la mirada en respuesta. El temor que tenían por la autoridad de Danzo era todavía mayor al innegable respeto y lealtad que le guardaban a la Emperatriz.
-Acércate un poco más—ordeno por fin el Regente.
Sin dudarlo, y sujetándose la falda para no tropezar, Sakura avanzo a pasos lentos y casi temblorosos hasta situarse a tres pasos de distancia del Regente que, con la mirada, ordeno a los guardias presentes que abrieran las puertas. En efecto y de manera inmediata las puerta se abrieron permitiendo la entrada de sus hijos Pein y Nagato acompañados de una larga comitiva de soldados que apuntaron sus espadas tanto hacia la Emperatriz como a su sequito. Haciendo todo lo posible para no parecer asustada o nerviosa, Sakura mantuvo su mirada sobre el Regente, en espera de sus órdenes.
-He oído que el padre de su Majestad dejo una carta de sangre—Sakura trago saliva de manera inaudible, ocultando eficientemente sus pensamientos. -Alguien podría usar esa carta para provocar mi caída.
Sasuke, de la forma más disimulada posible, coloco su mano sobre el empuñadura de su espada, iba a pelear, no iba a quedarse quieto in hacer absolutamente nada por culpa de Danzo. La mano de Ino sobre su hombro lo detuvo abruptamente.
-No, si lo haces la vida de la Emperatriz correrá peligro—le recordó la Yamanaka.
Bufando por lo bajo, Sasuke asintió, únicamente teniendo que conformarse con ser espectadora de semejante amenaza llevada a cabo contra un mujer a la que ya de por si estaba privando de la gobernanza de su propio Imperio y de los conocimientos primordiales que como Emperatriz debía poseer.
-Ahora dígame, su Majestad no está ciega ni sorda, así que, ¿Qué ha oído al respecto?—pregunto Danzo en espera de una inmediata respuesta.
La mirada de los hijos del Regente sobre su persona, la presencia de los soldados y el propio Regente…Sakura estaba segura de que, perfectamente, podría desmayarse de un momento a otro a causa de la tensión, más se las arregló para mantenerse serena y negar ante la teoría o suposición de parte del Shimura.
-Yo…no sé nada de esto—afirmo mintiendo tan bien como le era posible, engañando incluso a Sasuke que celebro su inteligencia mentalmente, podía no tener todos los conocimientos que tantos se desearían en ella, pero si algo era seguro es que la Emperatriz no era una mujer tonta. -Créame, Regente, realmente no sé nada—prometió Sakura.
La mirada de Danzo hacia ella, sin embargo, no cambio en ningún momento, observándola como lo que seguía siendo a sus ojos, una niña sin experiencia, tonta e ilusa con aspiraciones poco realistas y que, sencillamente, estorbaba en su camino pero a quien debía mantener con vida si quería seguir en el poder de manera indefinida.
-Lo que su Majestad, sepa o no, para mí no vale nada—declaro para satisfacción de sus hijos que marcaron aún más su temple arrogante. -Lo importante es que los sinvergüenzas intentarán utilizar a su Majestad—advirtió con falsa preocupación con respecto a ella. -La gente ya habla de que serví y guie a un Emperador y coloque a una Emperatriz en el trono, ¿Cree que no podría hacerlo co alguien más?—se jacto de sus logros, amenazándola a su vez.
Sasuke apretó los puños, impotente al sentir retumbando en su cabeza el intenso y vertiginoso latir del corazón de la Emperatriz que luchaba por mantenerse tranquila. Si, intentaba evitarla y no unirse a ella en ninguna clase de vínculo, pero—en ese momento—solo deseo abrazarla y tranquilizarla. Nadie, ni siquiera un hombre, se merecía una amenaza así no habiendo hecho nada para merecerla.
-¿Qué debo hacer?—pregunto Sakura, rendida a fingir para mantener su vida y poder pelear otro día más cuando menos. -Dígame lo que usted quiere, Regente, y yo lo haré—prometió con aquella mirada de niña para apela a días pasados en que el Regente había confiado ciegamente en que podía utilizarla. -Hasta hoy, ¿No he hecho acaso todo lo que usted me ha ordenado?
Danzo debía admitir que esa sumisión de parte de la pelirosa era perfecta para sus planes, por fin nadie se opondría y le permitiría a él ganar tiempo de—no solo—encontrar la carta, sino también de deshacerse de todos sus enemigos para mantener su poder y fortalecerlo todavía más.
-Quédese como una persona muerta—sentencio Danzo para tristeza de la pelirosa e incredulidad del sequito de la Emperatriz, -no importa lo que diga la gente, simplemente quédese como una persona muerta. ¿Entiende?—exigió saber Danzo.
La Emperatriz asintió, levantando su mirada hacia el Regente.
-Si eso es lo que usted quiere, lo haré—prometió.
Dando por zanjado el tema, Sakura le dio la espalda al Regente, retirándose de manera lenta con la mirada baja en todo momento, apenas y con fuerza tras aquella vergonzosa humillación.
Había dejado atrás a su sequito, les había ordenado que la dejaran sola y afortunadamente nadie había emitido protesta alguna esta vez.
Sakura, abrazándose a sí misma, recorrió el jardín Imperial, no sentía frio a causa del aire nocturno, quería llorar pero algo le impedía hacerlo. Pero, no estaba totalmente sola, no había posibilidad de que su orden fuera completamente cumplid, no cuando Sasuke se había determinado a seguirla, incluso contra sus propias ordenes, caminando tras ella, siguiendo sus paso y manteniéndose atento a cada una de sus reacciones. La pelirosa detuvo su andar, mordiéndose el labio inferior. Quería gritar a pleno pulmón y llorar, pero por su estatus y poder no podía solo hacerlo simplemente y ya, había distancias que cruzar.
-Búrlate de mí, adelante, no me importa—hablo Sakura, sabiendo a Sasuke de pie detrás de ella. -Lo merezco—reconoció, volteando a verlo, molesta por su propia debilidad y lo que no podía hacer. -¿Qué clase de Emperatriz soy?—pregunto con la voz quebrada por las lágrimas que deseaba liberar. -Ni siquiera puedo ordenar nada.
Tal vez, antes, la hubiera odiado, hubiera dicho que ella era la única responsable del dolor con el que cargaba…pero ya no podía creer del todo en ella, no cuando la veía así de vulnerable, sabiendo que ella no era sino un juguete del destino que la empujaba a ser un títere ante otros. No quería que eso siguiera siendo así, ella merecía ser libre, merecía tener su propia oportunidad de decidir que hacer y actuar como desearía cualquiera.
-Majestad Imperial, si me lo permite—inicio Sasuke, no tratándola como si fuera su igual, sino como aquello que era, su Emperatriz, -tiene más coraje y valor que cualquiera de los hombres de este Palacio y puede que del Imperio—Sakura sonrió divertida por su broma, pero la expresión de Sasuke no atestiguaba que él estuviera mintiendo. -Nadie aguantaría lo que usted está haciendo.
No sabía si reírse o que, Sasuke le estaba hablando con respeto, más allá del hecho de que fuera la Emperatriz o del poder que—aparentemente—tuviera, la estaba tratando como alguien que merecía ser tratada dignamente. Sintiendo y uniendo su mirada a la de él, Sakura lo abrazo repentinamente en un impulso, sintiéndose segura en su presencia y en su voz, en sus palabras y en cómo, a pesar de su negativa anterior, intentaba tranquilizarla cuando nadie más lo hacia
-Sasuke, necesito que me ayudes…- rogó con su rostro enterrado en el pecho de él, -por favor—suplico.
¿Qué sentía por la Emperatriz? No, ¿Qué sentía por Sakura, exactamente? Lo desconocía, sabía que tenía que alejarse y no lo estaba haciendo ese era el maldito problema, se embriagaba y maravillaba con su presencia, con su bondad y su actitud. Sentía algo por ella y lo peor es que estaba prohibida tal cosa, él era un simple escolta y ella la Emperatriz, la masacre de su familia—independiente de que ella hubiera firmado la orden o la hubiera dado…-los separaba y empujaba a prohibir que algo existiera algo. Pero no pudiendo evitarlo, Sasuke respondió al abrazo, en parte sintiéndose responsable de evitar que llorara porque era el único que estaba ahí para ella.
Era tarde, lo sabía y sin Embargo Naruto no pudo evitar pasear por el jardín, solo con sus pensamientos y perdidos en sus desvaríos, rememorando aquella divertida mañana en compañía de la Emperatriz, agradeciendo el no ser descubiertos por el Emperador. Había sido una noche y mañana sencillamente perfecta. Naruto estaba más que convencido de que estaba absoluta y totalmente enamorado de ella hasta el fondo de su ser, pero decírselos…eso era otra historia.
-Es la Emperatriz…
La voz de Kiba a su espalda lo desconcertó, volteando a ver a su amigo—de pie junto a Shino y Rock Lee—quien señalo al otro lado del jardín con la mirada. Naruto contemplo dolido aquella escena que conformaban la Emperatriz abrazada de un simple escolta que le devolvía el abrazo sin reparar en nada.
¿Quién era él?
La noche había quedado atrás, luego de aquel breve momento compartido, Sasuke había acompañado a la Emperatriz de regreso a sus aposentos, despidiéndose escueta y correctamente de ella antes de retirarse a su propia habitación, rememorando el abrazo y lo que significaba para él.
Al momento de iniciar el día había evitado todo contacto visual con la Emperatriz que n pudo evitar dejar de verlo cada vez que le era posible. Agradeció el momento en que ella no hubiera requerido de su presencia, permitiéndole salir al jardín para despejar su mente, pero ni siquiera la brisa primaveral apartaba las ideas y los sentimientos de su mente y su corazón. ¿Qué creía que estaba haciendo? Toda pisca de confusión o buen humor siquiera se evaporo de su ser en cuanto contemplo la aparición de Pein en su camino. Sin siquiera reverenciarlo, Sasuke se dispuso a seguir con su mano cuando la mano de él sobre su brazo se lo impidió.
-Si la Emperatriz menciona algo sobre la carta de sangre, debes reportármelo—ordeno el hijo del Regente. -Tal vez te perdone la vida—esta alusión no pudo evitar hacer que Sasuke sonriera ladinamente, divertido. -¿Te burlas de mí?—cuestiono Pein.
Claro que era divertido porque nunca se aliaria con la familia del Shimura ni con nadie de su entorno, su único propósito par con ellos era verlos muertos, de sr posible decapitados o empalados como merecían por todos sus crímenes, cada uno de ellos y no descansaría hasta que fuera así. Primero bajaría al infierno antes que pensar siquiera en estar de acuerdo con esa asquerosa estirpe.
-Una vez que encuentre la carta, Danzo ser acusado de alta traición—espeto Sasuke, satisfecho al ver el ceño fruncido del pelinaranja. -¿Crees que he olvidado lo que me hiciste?—cuestiono Sasuke, aludiendo a la muerte de su familia, aquello que nunca en su existencia habría de olvidar bajo ninguna circunstancia. -Serás testigo de la caída de toda tu familia—sentencio.
Esa era su meta, su única razón para sobrevivir in importar lo que pasara, ¿Qué vida era una donde no pudiera hacerle pagar a sus verdugos lo que le habían arrebatado? Todo se trataba de sencillo sentido común, moralidad y justicia, pagar un golpe con otro golpe, la misma moneda.
-¿Quién te crees que eres para hablarme así?—debatió Pein sin esperar respuesta. -No eres más que un simple plebeyo.
Sasuke mantuvo su espalda erguida, aquella imagen de soberbia y orgullo innato que tanto lo caracterizaba, nunca reverenciaría a Pein, nunca bajaría su mirada, nunca cumpliría con el absurdo protocolo cortesano cuando se tratara de él, nunca le perdonaría todo lo que le había arrebatado.
-Hablo así porque puedo—se justificó Sasuke ante la iracunda mirada del primogénito el Regente Imperial, -no soy como los demás sirvientes de este Palacio que te reverencian, yo sé quién eres y lo que hiciste—advirtió el Uchiha dando dos pasos para encontrarse todavía más cerca de Pein que debió reconocer sentirse levemente intimidado, -no creas que me harás inclinarme ante ti, eso jamás.
Evadiéndolo, Sasuke pasó por su lado de regreso a donde debía estar; junto a la Emperatriz.
El Baghatur lord Yamato y su sobrino Sai entraron en el Salón Real tras haber recibido una citación secreta de parte de la Emperatriz.
En cuanto entraron al gran salón encontraron a la Emperatriz sobre el trono de oro, —de mayor autoridad—en una imagen gloriosa de poder y autoridad casi divina. Vestía un exquisito kimono jade con flores purpuras estampadas, sobre todo en la caída del cuello, holanes violeta claro en el borde de las mangas, bordados en palta, y borde de piel en el cuello del kimono y los dobladillos de la falda. Un broche de oro y diamantes cerraba el kimono a su figura, a la altura del vientre, apenas y enseñando el inferior kimono blanco de escote cuadrado. Sobre su largo cabello rosado, cual cascada tras su espalda, se encontraba una corona de plata y cristales a juego de un par de largos pendientes.
Ambos dignatarios, de forma inmediata, reverenciaron a la Emperatriz que no tardo en indicarles que se levantaran para lo que ella fuera a decir.
-A sus órdenes, Majestad—declaro lord Yamato, leal como siempre.
A ellos si podía ordenarles algo, a ellos podía confesarles sus miedos, a ellos podía decirle la verdad y solo por el hecho de ser absolutamente leales a ella, a la Emperatriz Viuda Tsunade y la casa Imperial como tal. Ellos eran de confianza como no lo eran el resto de quienes habitaban su Imperio.
-Hasta hoy no he podido ordenarles nada como Emperatriz—menciono Sakura, consciente de que eso era una realidad. No mucha gente dentro del Imperio sabía leer porque sencillamente no había acceso a ello o no era importante, pero ella si deseaba poder hacerlo en algún momento, -pero hoy les encomendare una Orden Imperial.
El Baghatur y su sobrino no pudieron evitar observare, desconcertado. Claro, acatarían toda oren dada por la Emperatriz, pero…¿Qué orden iban a recibir exactamente? Si iba a romper con las órdenes de Danzo Shimura, debía tratarse de algo sumamente importante e imperativo de realizar.
-Somos sus súbditos, Majestad—correspondió Sai en lugar de su tío.
Solo tenía una meta que alcanzar, derrocar a Danzo sin importar el precio, solo el cuándo y el cómo y la mayor incógnita, ¿Cómo?, estaba resuelta, la Carta de Sangre era la medida, la forma en que Danzo y todos aquellos ligados a él cayeran al abismo, que murieran y sucumbieran ante su propia maldición.
-Necesito que busquen la carta de sangre—determino Sakura.
Pese a creer en la existencia de aquel documento, creador por el Emperador Kizashi, tanto lord Yamato como Sai dudaron en si ejecutar tal orden. ¿Qué sucedía si la carta no era real? La simple búsqueda resultaría una absoluta decepción, resultaría triste darle tan respuesta a la Emperatriz.
-Majestad—inicio el Baghatur con palpable temor a ser demasiado directo con la legítima gobernante del Imperio, -lamento decirle que eso es solo un rumor.
-Yo creo en ella—debatió la Emperatriz con voz imbatible, -y aún más importante, el Regente Imperial cree en ella—remarco dándoles a entender a ambos hombres el asunto realmente importante y la estrategia que tenía en mente, -el solo encontrar la carta o falsificar una copia será devastador para él—no pudo evitar sonreír, solo había que herir a Danzo donde más le dolía, en su orgullo de Regente Imperial, en su poder. -Tenemos que evitar que él y sus hijos puedan hacer algo.
Primero caería Neji a quien ya no soportaba, luego sus otros hijos; Pein, Nagato y Konan y luego disfrutaría de deshacerse de la influencia y la vida de Danzo de una vez y para siempre.
Neji cerró el libro que tenía en las manos en cuanto escucho las puertas de sus aposentos abrirse.
A lo largo del día no había escuchado sino un repentino e incesante alboroto que surgía desde el exterior con un origen que él no entendía, pero el ruido y alboroto siquiera ya lo molestaba bastante. Aun podía recordar, en base al día anterior, cuando frustrado de había sentido de saber que alguien había pasado la noche con la Emperatriz, aún más viendo a ese sirviente como escolta de la Emperatriz. Todos los hombres del Palacio amenazaban su posición.
-¿Por qué tanto alboroto?—demando saber Neji a Yahiko él, ahora, encargado de todo sus sirvientes y escolta principal.
El pelinaranja no pudo evitar contemplar con clara confusión la pregunta del Emperador, para ese momento del día todo el personal del Palacio estaba al tanto de la festividad organizada por la Emperatriz, una festividad para alivianar el siempre tenso ambiente que reinaba en la vida social, cortesana y política.
-¿No ha oído las noticias?—cuestiono brevemente Yahiko antes de dar a conocer la información. -La Emperatriz ordeno que se celebre una obra de teatro con sombras esta noche—comunico.
El pelicastaño no pudo evitar dejarse abrumar por la sorpresa, eso era algo que no había esperado en lo absoluto. ¿Qué motivos tendría la Emperatriz para ordenar algo así? Sin poder evitarlo las suposiciones empezaron a correr por su mente, señalando rostro y nombres ya sea que los conociera o no, personas que conocía y desconocía a su vez.
-¿Obra de teatro con sombras?—repitió Neji, más como afirmación que como pregunta, un tanto confundido, no pudiendo evitar pensar en para quien estaba dedicada tal festividad, -tal vez sea para ese hombre llamado Itachi—soltó con veneno.
Yahiko no pudo evitar observar un tanto confundido al Emperrado, él—manejando las intrigas—sabía todo lo que sucedía en el Palacio y—hasta ahora—la Emperatriz no habia dado indicio alguno de realizar la festividad para alguien en específico, solo quería u medio de distracción, invitando además al Rey de Konoha que ocupara un lugar importante en la escena.
-La Emperatriz ya no requiere tanto su presencia como antes, Emperador—le recordó el pelinaranja.
Neji asintió, tranquilizándose así mismo. ¿Quién?, ¿Quién podía ser el motivo para que la Emperatriz rompiera con la política del Estado y organizara una festividad? Mentiría si dijera que no deseaba saber eso, necesitaba saberlo.
-Entonces…¿Para quién es?—cuestiono Neji.
-Debe ser para usted, Majestad—se aventuró a sugerir Yahiko.
Por aquella ocasión, Neji se hizo a la idea, era posible que la Emperatriz buscara una forma de reconciliarse con él luego de tanto tiempo y—de ser así—asistiría más que gustoso a la función para garantizar cuan agradecido estaba.
Todo estaba dispuesto, ante una mesa perfectamente abastecida con todo lo necesario se encontraban la Emperatriz Viuda Tsunade, el Rey de Konoha, la Emperatriz y el Emperador, de pie dos pasos entre la Emperatriz y el Emperador se encontraba Sasuke por órdenes expensas de la Emperatriz. Ino ya se lo había dicho y no sabía que decir aun…la festividad era para él.
-Majestad—inicio Neji captando la atención de la Emperatriz, -se lo agradezco pero, ¿Cómo sabía que me gusta el teatro de sombras?—pregunto un tanto intrigado.
Estaba maravillado con la atención de ella pero no entendía el porqué, al parecer no tenía que haber intentado nada para que ese algo urgiera entre ambos, tal vez ahora podían empezar desde cero. Sakura sonrió falsamente antes de volver su vista al frente. ¿Crees que lo habría hecho si te gustara?, pensó Sakura para sí misma. Nunca habría pensado siquiera en hacer algo así para él.
Las luces empezaron a bajar claramente de nivel hasta apagarse y permitir al telón luminar plenamente la estancia.
Sasuke intento concentrarse en la función simplemente, como hacia el Emperador Neji, fingir que no pasaba nada y que estar ahí le resultaba nimio, poco importante o más bien innecesario, pero le resultaba absolutamente imposible cuando se sentía abrumado por el gesto que la Emperatriz había tenido para con él. Sus pensamientos se vieron interrumpidos de manera estrepitosamente sorpresiva en cuanto sintió el suave tacto de alguien sobre su mano izquierda. El Uchiha bajo su mirada observando el rostro sonriente de la Emperatriz que calo su mirada sobre la suya antes de volver a centrar su mirada en el telón como si nada hubiera pasado. Tranquilizándose así mismo, Sasuke imito su acción intentando no pensar en quien le estaba sosteniendo la mano y porque él no quería romper ese contacto, ni siquiera entendía porque no le molestaba la presencia de ella en lo absoluto.
Todos estaban sumidos en su propia realidad, el Emperador Neji con su atención centrada en el telón al igual que la Emperatriz Viuda Tsunade que de vez en vez centraba su atención en la Emperatriz, el Rey de Konoha que pese a prestar atención parecía sumido en sus propios pensamientos, la Emperatriz que observaba de sola sayo a Uchiha que intentaba no dejarse embaucar o conquistar pese a lo que sentía y—extrañamente—no podía identificar.
La atención de Sakura sobre el telón y el disfrute de su gesto con Sasuke se vieron repentinamente interrumpidos en cuanto sintió que alguien la tomaba de la mano que tenía libre sobre su regazo en un tacto cálido y protector al mismo tiempo. La única persona que tenía la oportunidad de hacer eso, al encontrarse exactamente sentado a su lado era…Naruto. Sakura, lentamente, lo observo por el rabillo del ojo, viéndolo sonreírle al tener la oportunidad de volver a verla y tratarla con libertad como no habían podido desde esa mañana. Notando una repentina tensión que asolo a la pelirosa, Sasuke desvió su vista encontrándose con la misma escena de la que él y la Emperatriz eran participes, solo que de parte del Uzumaki que se encontraba sosteniendo la mano de la Emperatriz. En cuanto el Uzumaki levanto la mirada, encontrándose con la suya, Sasuke no entendió porque pero—por primera vez en su vida—sintió un repentino arrebato de celos a causa de la presencia del rubio en algo que él consideraba su territorio. Esa sí que era una situación incómoda, demasiado incómoda para ser exactos y nadie podía sentir más incómoda que Sakura, cual trofeo a discutir por ambos hombres
¿Cómo iban a salir de esa situación?
PD1: Lamento la demora pero-como siempre-intento escribir una actualización decente de leer a ojos de ustedes. Como siempre este fic esta dirigido hacia Adrit126que es el responsable de que exista. Este capitulo esta dedicado a DULCECITO311 cuyos comentarios adoro sinceramente y a Seia9175 que igualmente comento el capitulo anterior.
PD2: Ya había comentado que tengo pensado hacer otro fic pero me debato entre la serie "Titanic" de 2012 (conformada por cuatro capítulos) o la serie "the Beauty and the Beast" de 2012 a 2016 (de cuatro temporadas) siendo esta, por ahora, mi favorita. Si tienen otra temática en mente, comenten por favor ya que enserio significa mucho y quiero su aprobación :3 gracias por todo, mis queridos lectores, besos, abrazos y hasta la próxima.
