-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una ligera adaptación del dorama coreano "Empress Ki" protagonizado por Ha Ji Won (Emperatriz Ki Nyang), Ji Chang Wook (Emperador Huizong) y Ju Jin Mo como (Rey Wang Yoo). Los personajes pertenecen completamente a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utlización es de mi entera responsabilidad para la dramatización de la historia.


Capítulo 9

Llorar no sirve de nada; pese a no poder acceder a la lectura y escritura como tanto deseaba, Sakura había sido afanosamente educada en base al protocolo de la corte y su moral, se sabía las normas de memoria y las dominaba sin problema alguno, eran el mayor recuerdo que tenía de sus padres, el difunto Emperador Kizashi y la Emperatriz Mebuki…por ellos es que Sakura se resignó a no sufrir por saberse odiada por Sasuke a quien amaba sinceramente, al fin y al cabo el amor no tenía lugar en la vida de un soberano y eso ya debía tenerlo muy claro.

Tan solo había transcurrido un día de ese doloroso enfrentamiento, pero fuera del modo que fuera es que Sakura se observó una última vez ante el espejo de su tocador, acomodando el camisón de seda blanca sobre su figura, anudado en el escote por tres listones de seda crema, jugando distraídamente con las mangas, provocando que sus largos cabello rosado—cual cascada de seda—cayeran con facilidad sobre sus hombros.

Era tarde y estaba extenuada luego de tantas jornadas a cumplir como Emperatriz. Lo único que deseaba hacer era dormir, pero el repentino eco de golpes contra su puerta le hizo saber que aun debía de hacer algo más. Suspirando para sí misma, la Emperatriz levanto de la silla, acercándose al pequeño velador junto a su cama de donde tomo la campanilla, agitándola escasamente como un permiso para que los guardias abrieran las puertas, dejando así que Ino ingresar respetuosamente con la mirada baja.

-Majestad- reverencio la Yamanaka.

-¿Qué sucede Ino?- inquirió Sakura con curiosidad.

-Hay disturbios en la villa de Konoha- informo Ino, levantando la mirada con confianza hacia su amiga y Emperatriz.

-¿A esta hora?- cuestiono Sakura, confundida.

Los inmigrantes de villas y provincias cercana habitaban la capital, y un caso diferente no eran los habitantes de Konoha que aprovechaba la provechosa ocasión de residir en la capital Imperial, abriendo sus negocios y formando parte del halagador comercio; pero evidentemente ellos se veían limitados por causa del gobierno instaurado por Danzo Shimura, y Sakura confiaba en que esas personas tuvieran una razón para manifestarse ya que usualmente eran muy armoniosos y tranquilos, no causaban ninguna clase de problema.

-Me atrevo a decir que son muy subversivos, alarmantes, de hecho- comento personalmente la Yamanaka.

-¿Y por qué?- no comprendió la Haruno

-El regente ha prohibido que se les dé de comer comida normal, y en lugar de eso…- la meticulosa voz de Ino descendió inexplicablemente, no sabiendo que decir para que la información en cuestión no resultara abrumadora para la Emperatriz.

-¿Qué?- cuestiono, Sakura sin recibir más respuesta que la mirada baja de su amiga, -Ino, responde- ordeno la Emperatriz.

-Se les ha dado comida podrida- soltó Ino finalmente, cerrando los ojos de inmediato, temiendo la que pudiera ser la reacción de la Emperatriz.

La mirada de la hermosa Emperatriz no fue sino de indignación total, y con razón ya que ni siquiera los animales o sirvientes del Palacio vivían bajo condiciones tan miserables e insoportables; no le extrañaba que esas personas actuaran así, estaban obrando con razón y no desde la rebeldía.

-Por eso actúan así- dedujo Sakura tristemente, apretando los puños a causa de la frustración. -Ino, tráeme ropa- ordeno la Emperatriz de forma irrefutable, regresando a su tocador, viendo asentir a Ino que abrió las puertas del armario de ipso facto.

Más que un "armario", el lugar como tal era una especie de habitación continua exclusivamente conectada con los aposentos de la Emperatriz, abastecido por decenas de kimono de todos los colores y fabricados en la seda más fina que pudiera llegar a concebirse, no solo perteneciente a Japón, sino que también a China. Con sumo cuidado es que la Yamanaka hubo tomado el Kimono que le hubo pareció más apropiado, asegurándose de no generar arruga alguna en la tela mientras regresaba ante la excelentísima presencia de la Emperatriz que se volteó a verla, aun sentada sobre su tocador. La hermosa gobernante término de peinar su largo cabello de tal manera que—parcialmente recogido en una coleta—cayera impecablemente tras su espalda, excepto por un mechón en el costado derecho de su rostro. Evidentemente no pensaba usar corona alguna o se habría peinado de otro modo.

-Ino, pretendo detener una revuelta- menciono Sakura como si fuese obvio, -no esperas que use un kimono ¿o sí?- inquirió con una sonrisa adornando sus labios.

La Yamanaka no supo que decir, incapaz de pronunciar palabra alguna por el simple hecho de no comprender a su Emperatriz. Sonriendo para sí misma, Sakura se levantó de la silla, avanzando velozmente hasta su cama o más bien hacia la parte posterior de eta donde se hallaba un portentoso y enorme baúl dorado que abrió sin dilación alguna; en su interior de hallaban trajes que Ino recordaba haber visto, cosa que la hizo comprender que es lo que su Emperatriz tenía pensado hacer y cómo.


La villa de Konoha era un caos, pero la estructura gubernamental como tal ya había sido consciente de ello desde el primer momento en que la sublevación se había manifestado como una revuelta poco organizada, haciendo que el Regente Imperial tuviera que designar a sus hijos para encargarse del asunto, pero Pein y Nagato se mostraban ineficaces ya que—al igual que su padre—solo veían la violencia como único medio para acabar con cualquier posible revuelta. La gente había salido de sus hogares y se encontraban en la plaza de la villa en cuyo centro se encontraban los hijos del regente Imperial, acompañados por un notorio destacamento de soldados que esperaban el momento propicio para atacar, y lo consideraron aún más al ver que los habitantes de la villa se les acercaban con intención de alcanzar a los hijos del Regente Imperial.

Rompiendo con el estruendo que significaban los gritos de la muchedumbre es que una flecha apareció de la nada y se hubo estrellado contra una de las hojas de las espadas de los soldados que pretendían dar por terminada esa rebelión por medio de la violencia. Por esta acción es que todo se sumió en el silencio más absoluto, únicamente siendo roto por el eco de los casos de unos caballos que se detuvieron a espaldas de la muchedumbre que volteo en el acto para saber quién había evitado este hecho. Acompañada por sus escoltas Choji y Shikamaru es que la Emperatriz hubo bajado su arco, satisfecha por haber llegado a tiempo, claro que su escote había tenido que esforzarse por seguirle el paso sin importar que montara a caballo.

-Es la Emperatriz- reconoció Nagato, indudablemente sorprendido.

Pein solo pudo asentir únicamente, igual de contrariado y sorprendido por la llegada de la Emperatriz que no contaba con el beneplácito del regente para actuar de esa manera. Contraria a la habitual imagen que se esperaba de ella es que la Emperatriz portaba ropa de índole masculina; camisa de cuello en V y mangas ajustadas, y pantalones borgoña oscuro bajo un chaqueta azul cerrada a su cuerpo por obra de un fajín color negro, que combinaba a la perfección con sus botas. En su espalda se encontraba un carcaj y en sus manos un arco del cual acabada de disparar la flecha que había detenido a los soldados y que ahora-al reconocerla-hubieron soltado sus armas. Ciertamente y de no ser por obra de su brillante cabello rosado es que el pueblo no la hubiese reconocido, pero solo existía una mujer on el cabello de ese color en la capital y el Imperio; la hija del difunto Emperador Kizashi.

-¡Larga Vida a la Emperatriz!

En lugar de sentir agresividad por la llegada de la mujer, el ser a cargo del Imperio, en su totalidad, los habitantes de la villa se deshicieron en intensos vítores, aclamando a la Emperatriz que se mantuvo sobre su caballo, escoltada por sus dos leales guardias, situando su arco al interior de su carcaj. Sosteniendo las riendas y haciendo que su caballo se abriera paso entre la gente que se parto y la reverencio como si de una diosa se tratara ante la atónita mirada de los hijos del Regente que se observaron con incredulidad entre si.

-No han hecho padecer lo inimaginable- manifestó uno de los hombres que la hubieron reverenciado.

-Sí, no merecemos comer comida podrida- secundo otro hombre, con máxime respeto hacia la Emperatriz.

-¿Puedo?- solicito la Emperatriz, deteniendo su caballo, ante lo cual una de las mujeres le tendió una manzana que la Emperatriz recibió agradecida antes de darle una mordida, no tardando en escupir la mordida dada, devolviéndole la manzana a la muer. -Si, está podrida- corroboro la Haruno, limpiando los labios con el dorso de la mano. -Les prometo que esto se solucionara, no comeré mientras ustedes no, lo juro- se comprometió Sakura con absoluta sinceridad.

No mentía, al menos ayunar voluntariamente servia algo que bien podría hacer sin que nadie la obligara, era su propia decisión, eso y hablar con Danzo para hacerle ver que no se trataba solo de poder el ayudar al pueblo, sino que también representaba la supervivencia de todos por igual, y eso era algo en lo que nadie podía distar. El pueblo, pasara lo que pasara, siempre vería al Emperador o Emperatriz reinante como si fuese una especie de ser divino, la perspectiva de la gente común no cambiaba sin importa lo que para, y así es como Sakura podía estar segura de que la amarían incansablemente mientras reinara, pero eso no significase que no fuera a preocuparse por su gente, lo hacía y de todo corazón.

-¡Larga vida a la Emperatriz!

-¡Viva la Emperatriz!

Una sonrisa se plasmó en los labios de la Emperatriz mientras su caballo se giraba y regresaba sobre sus pasos, volviendo a ser reverenciada a su paso, aclamada por los vítores de la gente. Sin importar la intervención de Danzo, ella era la Emperatriz ante el pueblo.

Eso era todo cuanto necesitaba saber.


Choji y Shikamaru seguían paralelamente a la Emperatriz, a su izquierda y derecha; respetivamente, guardando un silencio infranqueable como escoltas que eran. La Emperatriz por su parte, aun enfundada en ropas masculinas recorría los pasillo de su Palacio, de regreso a su habitación; satisfecha, pero igualmente exhausta, únicamente deseando tenderse sobre su cama y dormir como nunca lo había hecho. Los pensamientos se la Emperatriz se vieron repentinamente interrumpidos en cuanto—en el tremo del pasillo, se hubo percatado de la presencia de Sasuke que pareció paralizare al verla, incrédulo de que fuera la misma Emperatriz que siempre era todo cuanto se esperaba que fuese y que por una vez precia capaz de sostener una batalla contra quien fuera. In detener su andar es que Sakura se olvidó de sus sentimientos por el Uchiha, pasando a su lado sin dirigirle una mirada, reprendiéndose a sí misma por sentirse mal al no ser correspondida.

No iba mentir, deseaba voltear, pero pese a lo que pudiera sentir es que Sasuke se repitió una y otra vez a si mismo que eso no estaba bien, que sentir algo por la mujer que en parte era responsable de su desdicha era el peor error de su vida, y; repitiendo esta especie de mantra personal, es que el Uchiha se forzó a continuar con su camino, aceptando que tenía un enfoque en su vida y en que no podía ni debía desviarse de él por ningún motivo. Sakura agradeció el poder seguir su camino sin voltear ni una sola vez, estando segura de que Sasuke había hecho igual. No podría existir algo entre ambo, jamás, el propio Sasuke lo había dicho…entonces, ¿Por qué sufrir por intentar algo fútil? Era absurdo. Pero, como siempre, sus sentimientos habrían de esperar; o así lo creyó Sakura en tanto hubo llegado a las puertas de sus aposentos, encontrándose con la desagradable sorpresa de que el regente Imperial se hallaba esperándola, y por lo visto no se encontraba muy feliz.

-Majestad- saludo Danzo sin abandonar su tan conocida arrogancia, -escuche que detuvo la revuelta, espero que sepa lo que hace- aconsejo el Shimura, teniendo la "delicadeza" de hacer sonar sus palabras como si de una amenaza se trataran, y Sakura indudablemente lo noto.

-Lo sé, no me opongo a sus órdenes- tranquilizo Sakura con paciencia y aparente sumisión que causaron conformismo en el Regente, -pero si los disturbios sucedidos hubieran sido más graves, ni usted ni yo estaríamos hablando- menciono la Emperatriz, justiciando el porqué de su actuar que el Shimura bien podía categorizar como imprudente o sin razón, -se trata de nuestra supervivencia, no del poder que uno tenga sobre el otro- aclaro la Haruno antes de disponerse a rodearlo, -con permiso- se excusó Sakura.

Sin orden o indicación alguna es que Choji y Shikamaru se adelantaron a cualquier directriz que la Emperatriz pudiera hacer, abriendo las puertas y cerrándolas tras ella, cortando cualquier comunicación entre ella y el Regente Imperial.

Deseaba estar sola, deseaba ya no tener que responderle a nadie, ser ella misma y poder decidir qué hacer con el rumbo de su vida; pero todo cuanto Sakura deseaba hacer era sencillamente imposible, no era una mujer normal y jamás lo seria, siempre habría de anteponer otras cosas por encima de sus propios sentimientos, eso lo había aprendido de su difunto padre que había muerto como Emperador, como tanto otros antes de él. Ella no podía ser diferente sin importar cuanto lo deseara, ella no podía pensar en si misma antes que en los demás, si e mostraba débil; desaparecería, y por ningún modo quería dejarle el camino libre a Danzo. Le importaba bien poco si al final podía o no tener hijos de Neji, no odiaría a un Príncipe o Princesa que fuera a alumbrar por culpa de los nulos sentimientos que albergaba hacia el hijo de regente y el resto de su prole.

Aguardando en silencio es que Sakura escucho con total claridad cómo es que los pasos de Danzo Shimura se alejaban permitiéndole—al menos por el momento—respirar más tranquila, casi como se le hubieran arrancado un peso invisible de los hombros y que pareció hacerse notorio mientras se dirigía por fin a su cama, sentándose sobre el colchón antes de dejarse desplomar por completo, incapaz siguiera de proferir palabra alguna. Pero más que cansancio, lo que pareció adueñarse de ella en ese momento, con la vista fija en el techo, fue la reflexión más absoluta; por un lados sus sentimientos que, —ahora—estaba, segura merecían existir por Naruto, que le correspondía y, por otro lado, la revuelta; Danzo no se permitiría quedar en evidencia y evidentemente no tardaría en inculpar a alguien para ocultar sus fechorías, y Sakura sabía que esa persona seria la Emperatriz Viuda Tsunade, que era como su madre...y en ese caso, por más quisiera, no podría protegerla.

-Majestad, el rey de Konoha pide verla- anuncio Ino desde el exterior.

Así como una parte de ella deseaba dormir y olvidarse del mundo, es que otra parte de su corazón salto infinitamente feliz al escuchar las palabras de la Yamanaka, sintiendo como si su alma regresara a su cuerpo por aquella formal declaración únicamente, pero que para ella significo más; mucho más. Naruto había regresado…se había ausentado temporalmente ante de que el aborto hubiera tenido lugar, relegado a atender lo asuntos de su propio reino, cosa que Sakura había sentido personalmente porque él era su amigo y apoyo incondicional, y el hombre más sincero que hubiera conocido, aquel que no temía gritar a los cuatro vientos lo mucho que la amaba. Sentándose velozmente sobre la cama, la Emperatriz se acomodó el cabello y la ropa lo mejor que pudo antes de tomar la campanilla del velador, agitándola cuanto era necesario para que las puertas fueron abiertas, permitiendo la entrada del soberano de Konoha.

-Majestad- reverencio el Uzumaki, aguardando a que las puertas se cerraran. En tanto esto hubo sucedido, el rubio se apresuró a sentarse sobre la cama, junto a la Emperatriz, sosteniendo las manos de ella entre las suyas. -Intente venir antes, pero no sabía que hacer o decir para ayudarte- aludió Naruto con respecto a cierto tema del cual era ajeno, -en verdad lo siento- declaro el Uzumaki.

-No tienes porque, no fue tu culpa- tranquilizo Sakura, agradecida por su presencia, incomparable a la de cualquier otra persona, -además bien pudo ser algo que hubiera acabado sucediendo de todas formas- menciono la Haruno, bajando tristemente la mirada por un mínimo segundo.

-Pero no lo hace más fácil- añadió Naruto, haciendo que ambos se sonrieran, tanto por dicha propia al volver a encontrarse juntos como por la extraña tensión que se formaba entre ambos y que los hacía acercarse como tanto ansiaban, -Sakura, nos conocemos desde niños- menciono el Uzumaki para así iniciar un dialogo más cómodo para ambos, -y aunque me cuesta ver a esa niña tan impulsiva en esta Emperatriz tan hermosa, debes saber que siempre me tendrás cerca- garantizo Naruto con indeleble sinceridad, -puede que sea el rey de Konoha, pero mi corazón siempre estará contigo- reitero el Uzumaki como si de un juramento se tratase.

Ambos e comprendían por obvias, razones; sus roles en la vida los habían hecho conocerse durante su infancia, cuando sus padres eran quienes dirigían Konoha y el Imperio japonés respetivamente, pero jamas habían llegado a concebir ocupar el lugar de sus padres como hacían actualmente. Pero era ahí donde radicaba lo que los hacia acercarse, el peso de la gobernanza sostenido desde la cuna y que solo ambos podían comprender al llevar minuto a minuto, hora tras hora, día tras día de sus vidas aquel peso invisible pero inigualablemente frustrante.

-Desearía poder volver a esos días- confeso Sakura con una triste sonrisa adornando sus labios, -cuando todo era más fácil, cuando podía abrir mi corazón a quien y a lo que fuera, ya no es así- comparo la Emperatriz, negando para sí misma, abatida por recuerdos tristes y perdidas que no hacían más que aglutinarse para conformar su desdichada existencia.

-¿Significa que yo no estoy en tu corazón?- inquirió Naruto, con contenida preocupación ante la posible respuesta que ella fuese a dar.

Por más que sus palabras se esforzaran en trasmitir una tristeza que no podía alejar de si, las acciones de Sakura contradecían notoriamente sus aparentes sentimientos; no solo sus acciones, sino también las de Naruto. Las manos del Rey de Konoha en la cintura y caderas de la Emperatriz que, por su parte, mantenía sus brazos alrededor del cuello de Uzumaki, provocando que la distancia hasta ahora existente entre ambos se tornara más y más efímera a cada segundo que pasaba y que conformaba un irrompible silencio, como si dieran por hecho lo importantes que eran el uno para el otro, sin necesidad de evocar ninguna palabra, ningún sentimiento mediantes otro gesto que no fueran sus simples y sinceras miradas.

-Claro que lo estas- aclaro Sakura, consciente de lo que representaba la efímera distancia física para ambos, y a ninguno le molestaba acortarla.

-Y tú en el mío- prometió Naruto antes de unir sus labios con los de ella.

Por primera vez desde que era Emperatriz es que Sakura se dejó llevar por lo que sentía, por los sentimientos que tenía por Naruto y que la hicieron sumisa en sus brazos, recostándose sobre la cama; debajo de él, sin romper el beso en ningún momento, únicamente sintiendo las manos de él pidiéndole permiso para desnudarla con libertad, todo por causa de los sentimientos que ambos se profesaban el uno por el otro. El beso se rompió con una infinitésima fracción de segundo, instante en el que ambos se observaron antes de sonreírse y continuar sin dilación alguna, siguiendo sus propios sentimientos y olvidándose de absolutamente todo el mundo…


Los miembros del Imperio Haruno eran individuo poderosos, alejados del pueblo por su rango social y el pedigrí con que contaban, más eso no significaba que fueran invulnerables y eso Tsunade lo tuvo claro mientras sus doncellas la ayudaban a quitarse el ceremonial y habitual kimono de Emperatriz Viuda, únicamente quedando vestida por un sencillo kimono blanco de escote cuadrado y sin adorno alguno a la par de su largo cabello rubio que caía tras su espalda como una cascada. Despojada de sus joyas, así se encontraba la Emperatriz Viuda y todo por obra del Regente Imperial. Ella había llegado al Palacio Imperial en calidad de esclava, una concubina cualquiera que había sido la favorita del entonces viudo Emperador Kizashi Haruno; y si bien no había podido ocupar el lugar que había dejado la memoria de la Emperatriz Mebuki, Tsunade se había conformado con ser una madre para Sakura, ayudarla en todo, ser su protectora y estaba dispuesta a serlo hasta el final: moriría cuando Sakura muriera no antes ni después.

¿La razón tras su humillación? Danzo había conseguido reunir pruebas falsas e inculparla para que pareciera que los disturbios de la villa de Konoha habían sido provocados por obra suya; nada más lejos de la realidad, pero importaba poco si era culpable o no, porque sin importar que Danzo intentara asesinarla, Tsunade tenía pensado incluso regresar de la muerte para seguir protegiendo a Sakura, no se rendiría sin importar que su sentencia de castigo no fuese otra que retirarse al templo Nakano como hacia cada favorita y Emperatriz Viuda de los fallecidos Emperadores del Imperio. Las puertas de sus aposentos se abrieron de forma repentina, más Tsunade sabía de quien se trataba, y lo corroboro en cuanto vislumbro a la Emperatriz ingresar en la habitación. Sin animo en su ser es que Sakura vestía un sencillo kimono rosa magenta bordado en oro, si tocado alguno, únicamente portando un par de largos pendientes de oro que complementaban los bordados de la tela y el fajín que lo ceñía a su figura, con su largo cabello rosado prolijamente recogido tras su nuca. Su ausencia de ornamentos era la prueba de que le entristecía despedirse de quien era como su madre pero desgraciadamente Sakura no podía oponerse a Danzo, no aun; tal vez en el futuro, pero para que ese día llegara…aún faltaba tiempo.

-Emperatriz Viuda- saludo Sakura, con la mirada baja.

-Los enemigos y ataques serán mayores, verán mi ausencia como una oportunidad que tú no debes darles- advirtió Tsunade, tuteando a Sakura, no sabiendo cuando volverían a verse. -A pesar de que y no esté aquí, debes protegerte- indico la Emperatriz Viuda, como una regla primordial a seguir.

-Sí, lo haré- prometió Sakura solemnemente.

No estaba en su ánimo—ni un ápice—tolerar lo que Danzo había decidido, pero de cualquier modo es que Sakura sabía que no duraría el sembrar su propia represión; debía ser más inteligente, saber guardar silencio y tomar decisiones que si bien habrían de ser dolorosas para sí misma, le permitirían proteger el legado de su padre. No pensaba darse por vencida, claro que continuaría buscando desesperadamente la carta de sangre para poder destruir a Danzo, pero hasta que no pudiera destruirlo es que debería guardar silencio y fingirse sumisa y tonta, tendría que hacer todo cuanto el Shimura quisiera y, ante la menor oportunidad, tomar las riendas del poder en sus manos y no dejarse corromper por él.

-El Emperador ha llegado- anuncio Kurenai desde el exterior.

Este anuncio fue todo cuanto Sakura pudiera necesitar para que Sakura recibiera la aprobación de la Emperatriz Viuda, permitiéndole retirarse—aunque no necesitaba de su permiso—en tanto las puertas se abrieron, permitiendo la entrada del Emperador, pero; y de forma casi inmediata es que Sakura se hubo retirado sin esperar reacción alguna de nadie. Neji siguió disimuladamente con su mirada la partida de la Emperatriz, habiéndola reverenciado debidamente antes de redirigir su mirada hacia la Emperatriz Viuda que habría de partir al exilio según lo dictaba su castigo.

-Disfruto del poder, ¿No?- indago Neji con burla, disfrutando la oportunidad de ser ahora el individuo más poderoso de la corte después de su padre y la Emperatriz, quien administraría la corte.

-Ahora sus responsabilidades serán mayores, pero confió en que pueda administrar debidamente la corte, Emperador- declaró Tsunade sarcásticamente, ignorando las palabras del joven y absurdo Emperador.

-Esa actitud- recrimino Neji con el veneno apropiándose totalmente de su voz, -¿Aun cree que es la Emperatriz Viuda?- ironizo el Emperador, negando para sí mismo ante la risa que le provocaba la situación. -Le advertí muchas veces que no se metiera en mi camino- recordó el pelicastaño, cruzando sus manos tras la espalda. -Envejezca y muera en medio del Incienso del templo Nakano- sentencio Neji, ansiando la partida de la Emperatriz Viuda.

-Gracias, Emperador- sonrió Tsunade, falsamente, ignorando las venenosas palabras dirigidas hacia su persona, -yo rezare porque usted pueda procrear la Princesa que el Imperio necesita, si no puede hacer que la Emperatriz conciba con eso, imagine que es un castigo de los cielos por los pecados de su padre- relaciono la Emperatriz Viuda con inequívoca dignidad.

-¿Qué dijo?- Neji no fue capaz de creer la osadía de esa mujer al pronunciar esas palabras.

Enemigos, en ese Palacio, existían muchos, y la manera en que se presentaban era igualmente diferente, pero Neji jamás espero que alguien le declarara o ratificara su animadversión de aquella forma. Aludir a la providencia como medio de condena era algo muy serio, más aun cuando se trataba de un miembro tan importante de su propia familia como era su padre en el caso de Neji, quien no pensaba permitir macula alguna sobre el nombre de su familia. Podría procrear una hija, una Princesa que sucediera a la Emperatriz ene l trono en el futuro, podría; era el hijo del Regente Danzo Shimura…suponer lo contrario ya de por si era traición.

-Afortunadamente ese hombre, Itachi, ya está muerto- menciono Neji tanto para sí mismo como para su escolta, -pero hay una larga lista de consortes esperando para tomar mi lugar- contradijo el Emperador, sintiendo disgusto hacia estos individuo y las oportunidades que muchos verían en ellos para destruir su autoridad. -Y ese escolta…no confió en él, entre más pronto desaparezca, mejor para mí- sentencio Neji, deseando la muerte de Sasuke.

-No importan los obstáculos, usted siempre vencerá, Emperador- garantizo Yahiko con absoluta calma, confiando en que el hijo menor del regente habría de triunfar ante la ausencia de la Emperatriz Viuda. -Ahora usted es la autoridad más importante en la corte, usted la administra- recordó el pelinaranja con orgullo.

¿Qué importaba ese insignificante escolta? Él era el Emperador, el esposo de la Emperatriz, y en cuanto tuvieran una hija, -porque lo haría- él sería invencible.

-Eso es verdad, Yahiko, ahora todos deberán temerme- sonrió Neji.


En soledad, única y temporalmente apoyada por Naruto es que Sakura vio pasar los días tristemente, pero gracias al Uzumaki se volvieron tolerables e incluso felices pese a la ausencia de la Emperatriz Viuda, que ahora residía en el templo Nakano. Después de esa primera noche tan única entre ambos habían sucedido otras más, días enteros iluso y de los cuales solo sus sirvientes eran oyentes únicamente, Naruto era todo cuanto necesitaba para estar tranquila y soportar todas las imposiciones de Danzo. Sentada frente a su tocador es que la Emperatriz termino de arreglarse minuciosamente ante la atenta mirada de Naruto, y tras la partida de Ino que hubo visto cumplida su labor. Danzo la esperaba con el fin de obtener su sello en los decretos que él consideraba pertinentes; pero como siempre ella no podría hacer más, pero eso no significaba que eso fuera el único problema existente, claro que no…

Por sobre el habitual kimono inferior—de escote cuadrado y mangas de gasa trasparente—es que portaba un muy halagador kimono de seda granate, cerrado a su figura por un fajín de igual color, creando un escote en V que se abriera nuevamente bajo el fajín, y sobre cuya tela estaban plasmados una serie de bordados de flores de cerezo en lugares inespecíficos de la tela. Su largo cabello rosado estaba impecablemente recogido tras su nuca, exponiendo su cuello con facilidad, permitiendo que los largos pendientes de plata que usaba resultaran más visibles, así como el tocado de plata sobre su cabello, decorado en diamantes. Además había algo extraño sobre ella, desde esa primera noche pasada con el rey de Konoha, un brillo particular en ella que muchos habían notado cuando se había encontrado embarazada, pero eso no era posible…

-¿Qué?- Naruto le pidió que se explicase mejor al no entender sus palabras.

-Si, el Regente exige que pase más de un anoche al mes con Neji- repitió Sakura sin problema alguno, bufando para sí misma pero ya resignada ante esta orden, -por lo visto los asuntos de estado ya no son lo único que le interesa- dedujo la Emperatriz evidentemente.

-Muchos lo hacen, a decir verdad- acoto Naruto, saliendo de su sorpresa.

Evidentemente Danzo se había percatado que no bastaba con que su hijo; Neji, y la Emperatriz interactuaran una vez al mes para que pudiesen procrear una Princesa, y actualmente comenzaba a demandar más participación y animo por parte de ambos, aunque fuera como fuera es que Sakura no pensaba volver a Neji su foco d atención…claro que no, pero ya que no podía oponerse a Danzo de ninguna forma es que solo le quedaba guardar silencio y acatar todo lo que el Shimura considerara correcto, tal y como aprobaba los decretos con su sello bajo la juiciosa mirada de él. Pero, en ese momento, no tenía por qué pensar en eso, estaba más preocupaba por Naruto que nuevamente habría de regresar a Konoha, y a ella ya le pareció que llevaban días sin verse, ¿Cómo aguantar estar separados? Parecía imposible.

-¿En verdad tienes que irte? No quiero estar sola- manifestó Sakura con un tono infantil, así como u ligero puchero que enterneció al Uzumaki.

-Solo será por unos meses, prometo volver- juro Naruto de forma inquebrantable, -¿Acaso no cumplo mis promesas?- inquirí el rey de Konoha, ofendido por la aparente duda que veía en los hermosos orbes esmeralda de ella.

-¿En serio quieres que te conteste?- bromeo la Emperatriz.

-Sé que no está bien que te lo pida, pero tú misma dices que Neji caerá en desgracia en algún momento y ya no será una amenaza- menciono Naruto de forma repentina, cambiando parcialmente el tema de la conversación, ante lo cual Sakura asintió un tanto confundida, viéndolo tomar aire, como si se estuviera preparando para algo. -¿Te casarías conmigo?- declaro el Uzumaki repentinamente.

Inicialmente Sakura creyó haber oído mal, creyó que su mente le estaba jugando una especie de treta sin sentido, pero cuanto más lo considero es que acabo creyendo la verdad simplemente, que Naruto si había pronunciado esas palabras y que la hicieron sentirse tan nerviosa como si fuera la misma niña que lo había visto por primera vez y que se había hecho su amiga desde la primera palabra que había salido de su boca.

-¿Puede una mujer decir no, sin importar que sea la Emperatriz?- cuestiono Sakura, conteniéndose de forma diplomática, causando que Naruto se inquietara ante su reacción, cosa que la hizo reír. -Sí, claro que sí- garantizo la Haruno, abrazándolo con todas sus fuerzas, enterrando su rostro en su pecho, siendo igualmente abrazada por él, -pero…eres el rey de Konoha, te propondrán a alguien para que te cases- murmuro Sakura antes de romper el abrazo, clavando sus orbes esmeralda en los profundos zafiros de él. -No sería justo que hicieras promesas siendo que debes tener una esposa en tu reino- alego la Emperatriz, bajando la mirada.

La realeza misma estaba sujeta a una labor incomprensible, pero siempre acababan contrayendo matrimonio por conveniencia, no por felicidad; un caso muy claro era el suyo con Neji, casados pero sin sentir amor el uno por el otro sin importar que parecieran poseer todo cuanto pudieran desear, forzados a convivir por causa de aquellos que se veían mejor parados por su enlace matrimonial y del cual seguía sin haber fruto alguno más que la lejana consumación que parecía un hecho sin importancia. Y de igual modo sabía que Naruto tendría que casarse tarde o temprano, sus delegados en su reino comenzarían a proponerle candidatas, y presionarlo para que tuviera descendencia, era algo inevitable. El Uzumaki, cuidadosamente, la tomo del mentón, haciéndola levantar la mirada, entrelazando su mirada con la de ella, tranquilizándola con su siempre sincera sonrisa.

-Nadie- remarco Naruto con una seguridad inquebrantable que la hizo sentir segura, -lo prometo, jamás me casare con nadie que no seas tú- juro el Uzumaki de forma irrefutable.

Sin necesidad de cualquier clase de palabra, ambas se fundieron nuevamente en un abrazo que pareció ser capaz de manifestar la profundidad de sus sentimientos y lo mucho que habrían de pensar en el otro en tanto durara esa separación que—para ellos—parecería tornarse infinita. No iba a negare a si misma; claro que sus sentimientos por Sasuke seguían ahí, y sabía que siempre lo estarían…pero gracias a Naruto, su corazón y ser se habían tranquilizado, sentía que podía soportar la mayor tortura posible, sentía que podía ser paciente porque sabía que debía serlo, porque Naruto era igual a ella y comprendía el peso de su mundo.

-Hasta pronto- murmuro Sakura.

-Hasta pronto- susurro Naruto contra su cuello, de igual modo.

Con lentitud, temiendo el separarse es que ambos se observaron intensamente ante de romper todo contacto posible, bajando la mirada hacia sus manos que se separaron finalmente. Sakura sintió su corazón dar un vuelco y latir aceleradamente preocupado en cuanto Naruto le dio la espalda, dirigiéndose hacia las puertas. Basto conque el Uzumaki estampara sutilmente la palma de su mano contra las pesadas puertas para que estas se abrieran, permitiendo así su partida, no sin que antes volteara a verla una última vez, dirigiéndole una sonrisa que precio plasmarse en la memoria de Sakura que, al saberse sola, se sentó sobre su cama, llevándose una mano al centro del pecho, feliz y tranquila como pocas veces recordaba haberse sentido, eso y una extraña sensación que tenía en el estómago desde hace días. Antes de que las puertas fueran cerradas, —y como ya era costumbre—Ino ingreso en la habitación para asistir a la Emperatriz en todo cuanto fuera necesario, y pareció darse cuenta de que algo aquejaba a la Emperatriz en cuanto la vio.

-Ino, ¿podrías llamar al médico? Este malestar cada día es peor- pidió Sakura, abanicándose con su mano, entre abochornada y mareada.

-¿Aun siente nudos en el estómago?

-Sí, no puedo oler nada, todo me provoca nauseas, ve rápido, por favor.

-Si, Majestad- asintió Ino, a punto de reverenciar debidamente a la Emperatriz, y retirarse…hasta que una idea cruzo por mente, imposibilitándole marcharse. -Emperatriz, ¿podría ser…?- la Yamanaka no fue capaz de continuar la oración, causando el desconcierto de la Emperatriz

-¿Qué?- Sakura no comprendió que es lo que su amiga intentaba aludir.

-Han pasados dos meses desde el aborto- se explicó Ino, esperando ser lo bastante clara.

-¿Quieres decir que…?- Sakura guardo silencio, sopesando la posibilidad, descendiendo involuntariamente una de sus manos hasta situarla sobre su vientre, relacionando los síntomas que llevaba…desde hace casi dos semanas. -Ve por el médico, rápido- pidió la Emperatriz, recuperándose de su sorpresa inicial.

-Si, Emperatriz- reverencio Ino, marchándose sin más.

Repitiendo en su mente los síntomas que estaba segura de haber tenido como para inferir un embarazo, es que Sakura no presto atención a la partida de Ino, convenciéndose más a cada momento de que existía la posibilidad de que estuviera embarazada, pero una duda mayor apareció en su mente…¿Quién era el padre? Hace aproximadamente dos semanas había cumplido al pasar la noche con Neji…y desde su primera noche es que Naruto y ella no cesaban de encontrarse en sus aposentos…

¿Quién era el padre, Neji o Naruto?


PD: Lamento de todo corazón haber tardado tanto en actualizar, pero he tenido mucho trabajo, además les prometo que no dejare inconclusa ninguna de mis historias, solo les pido paciencia si tardo en escribir un nuevo cap :3 dedico este capítulo a todos aquellos que comentaron anteriormente; Adrit126 (a quien va dedicado el fic)y DULCECITO311 (cuyos comentarios adoro :3 prometiendo actualizar "El Siglo Magnifico: La Sultana Sakura" este fin de semana, y "La Bella & La Bestia" la próxima semana ya que estoy de cumpleaños :3)y a todos aquellos que leen, siguen y comentan la historia en todas sus formas :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima.