-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una ligera adaptación del dorama coreano "Empress Ki" protagonizado por Ha Ji Won (Emperatriz Ki Nyang), Ji Chang Wook (Emperador Huizong) y Ju Jin Mo como (Rey Wang Yoo). Los personajes pertenecen completamente a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utlización es de mi entera responsabilidad para la dramatización de la historia.
Capítulo 10
El tiempo era una medida realmente extraña a considerar, ya fuera que se estuviera de acuerdo con ello o no; era el elemento inmaterial que dominaba la realidad y la existencia, el tiempo pasaba para los seres terrenos, envejeciendo lo que rodeaba a todos los habitante del Palacio y acrecentando su presencia por sobre cada persona. Se había confirmado definitivamente; la Emperatriz se encontraba embarazada y esta vez el Palacio entero oraba porque el embarazo llegase a buen término, claro que todos-excepto el séquito de la Emperatriz-confiaban o garantizaban que el padre del o la bebé en camino no era otro que el Emperador Neji, más esto solo se sabría certeramente con el tiempo. Desde que se había confirmado el embrazo de la Emperatriz habían transcurrido poco más de siete meses y aun cuando u estado de gestación fuera avanzado, nadie le quitaba los ojos de encima, acompañándola para evitar cualquier posible peligro.
Del Rey de Konoha no se sabía absolutamente nada, pero no es como si alguien realmente preguntara por el más allá de lo debido, al fin y al cabo tenía que gobernar su propio reino, no era una cuestión continua el encontrarse en el Palacio Imperial y en presencia de la Emperatriz, pero conociendo muy bien a la joven gobernante oprimida por el regente, para Yamato y su sobrino Sai resultaba evidente el sentimiento de profunda introspección y unió que conectaba a la Emperatriz con el Rey de Konoha, pero era una relación imposible en tanto Danzo continuara en el poder, y de hecho el embarazado de la Emperatriz y la ausencia de la Emperatriz Viuda en el Palacio no habían traído más beneficios sino que dificultades porque el Regente aprovechaba la ocasión para usurpar abiertamente sus funciones y gobernar a libre albedrio en conjunto con sus tres hijos; el Emperador Neji, al igual que Lord Pein y Lord Nagato. Entre los nombramientos que el regente Imperial había efectuado, destacaba el hecho al Baghatur Yamato, a quien había nombrado gobernador de una de las mayores provincias del Imperio Haruno; Sunagakure, cuyo anterior legislador había muerto recientemente.
-He conseguido una posición oficial que no me esperaba, pero no he conseguido lo que quería- admitió Yamato, con honesto pesar.
-¿No estás satisfecho con ese puesto?- cuestiono Sai al no entender el porqué de su tristeza.
Ambos, tío y sobrino, recorrían el jardín Imperial en busca de sosiego tras el muy reciente nombramiento, claro que ser gobernador era un elogio inmenso y presentaba una oportunidad para ambos; para Yamato como experiencia de gobierno, y para Sai-que habría de acompañarlo, desde luego-la oportunidad de conocer más de su rol como futuro sucesor de su cargo. El actual Baghatur y nuevo gobernador de Sunagakure había contraído matrimonio por amor hacía poco más de dos décadas, pero tanto su esposa como su hijo habían muerto en el alumbramiento, y cargado de pesar Yamato se había mostrado totalmente renuente a volver a intentar contraer matrimonio con tal de asegurar la sucesión de su linaje, en lugar de ello había tomado bajo su tutela a su sobrino Sai que había quedado huérfano de madre al nacer y su padre-hermano menor de Yamato-había muerto en una de las muchas campañas militares del reinado del Emperador Kizashi, que si bien se había ganado como tantas otras, no había escatimado en cobrar vidas. No era un secreto que el muchacho, de ya casi dieciocho año, era quien algún día habría de heredar sus logros, fortuna y títulos, por lo cual su educación y crianza no habría de ser dictada a la providencia únicamente.
-La razón por la que quiero poder es porque quiero mejorar el país- señalo Yamato por si es que su sobrino no entendía el punto de la situación, -como el gobernador de una provincia, ¿lo puedo cambiar?- dudo, negando para sí mismo al intentar encontrarle sentido.
-Puedes usar tu propio método para ganar el poder, tío, solo necesitamos cambiar nuestro enfoque- sugirió Sai sin perder su positividad a la hora de analizar las cosas.
Como aliado devoto de la Emperatriz según lo dictado por la línea de sucesión, a Sai tampoco le hacía gracia tener que partir a Sunagakure, porque ahora que su embarazo la obligaba a retirarse de la vida pública; la Emperatriz se encontraba más vulnerable y necesitaba de apoyo, pero-y se debía admitir-Danzo realmente estaba haciendo un magnífico trabajo al aislarla tan velozmente y con semejante eficiencia, sin encontrar oposición a sus propósitos. La tristeza indudablemente se había apropiado del semblante de la joven Emperatriz en cuanto se había encontrado personalmente sola; sin su madre la Emperatriz Viuda y sin el Rey de Konoha que había supuesto una amistad muy valorada por ella, más no importaba si ella era feliz o no, lo único que le importaba al Regente era hacerla a un lado y casualmente su condición lo permitía en esta ocasión y Danzo no había dudado en tomar la oportunidad en tanto había estado a su alcance.
-El embarazo de la Emperatriz ha hecho que el regente no haga más que vanagloriarse con mayor facilidad- mascullo Yamato con muy bien disimulado odio hacia el Regente.
-Afortunadamente aún tenemos tiempo, aun falta para que se cumpla la fecha del parto, tenemos suerte- animo Sai, esperando que esto fuera un consuelo, más esto era igual de inseguro.
En la sociedad del Imperio, además del obvio conocimiento europeo y occidental; tener una mujer fértil y más una que pudiera sobrevivir al alumbramiento era un milagro cuando menos, cada vez menos recurrente en la élite nobiliaria, pero increíblemente común-generalizando, obviamente-en la plebe, por causa de lo mismo el término de este embarazo era crucial para el Regente Imperial así como para el Emperador Neji, el primer embarazo había sido secretamente interrumpido porque el padre-Itachi, el anterior y asesinado consorte de la Emperatriz-no era catalogado como adecuado por la clase o familia dirigente en el poder, pero ahora que era certero-desde cierto punto de vista, al menos-que el padre no fuera ningún otro que el Emperador, era crucial y vital que el bebé que naciera fuera niña, y aun cuando fuese niño que naciera sano y fuerte. La supervivencia de la Emperatriz desde la perspectiva de Danzo, le era indiferente, ya que u posible nieto o nieta podría ser declarada Emperatriz o Emperador con él y su hijo Neji como Regentes, garantizando un control mayor al que ya de por si habían tenido. En cierto modo la Emperatriz era solo una pieza más que mover en el tablero de ajedrez.
-Yo no llamaría a eso suerte- corrigió Yamato, discrepando de la visión de su sobrino, -la Emperatriz Viuda no esta y ahora nosotros somos alejados de Konoha…temo por la Emperatriz- murmuro apesadumbrado.
-Lo sé, están aislándola- evidencio el pelinegro con sincera lastima.
Lo que estaba sucediendo era indiscutiblemente injusto, pero no había nada que se pudiera hacer realmente, por ahora tanto Yamato como Sai estaban de brazos cruzado, totalmente e imposibilitados de hacer algo para proteger a la Emperatriz, pero…quizá pudieran presentarse la ocasión de hacer algo, según las ordenes de Danza debía de viajar a su provincia dentro de dos semanas, obteniendo previamente toda la información correspondiente a su nuevo rango, cosa que ni el Baghatur ni su sobrino pretendían desperdiciar, no se irían de brazos cruzados, debían de poder hacer algo y lo harían.
-Kakashi Hatake cuida muy bien de él y la señorita Izumi- garantizo Ino, esperando satisfacer la curiosidad de la Emperatriz y así poder hacerla feliz, -¿desea verlo?- consulto, dispuesta a preparar un encuentro apropiado y clandestino si la Emperatriz así se lo pedía.
-No es necesario- desestimo Sakura prontamente, agradecida pero imposibilitada para hacer eso por más que lo deseara, -además el Emperador ha comprado a muchos sirvientes hasta hacerlos leales a él, temo que si veo a Sasuke pueda ponerlo en peligro- confeso, suspirando para sí misma con pesar.
De píe frente al enorme espejo junto a su cama, la Emperatriz se dejó vestir por Temari e Ino, siendo informada de todo los detalles que tenían lugar en la corte y el Imperio, por muy indispuesta que se encontrara producto del avanzando estado de su embarazo y los problemas que extrañamente le estaba generando, —por esporádicos calambres que tenían lugar en momentos inesperados del día y que le impedían aparecer en público todo el día, relegada a sus aposentos, más luciendo igual de impecable de lo que se esperaba de ella—seguía siendo la Emperatriz del Imperio, la única soberana elegida por Kami y su labor era velar por el bienestar de sus compatriotas y súbditos, así como por el orden y la justicia. Naruto había partido de regreso a Konoha meses atrás, sin que ella pudiera decirle sobre el embarazo y no sabía si decirle ya que dudaba de la paternidad del bebé que estaba esperando, aunque, —y si lo calculaba bien—las probabilidades y fecha apuntaba con enorme certeza a que el padre no era otro que el rey de Konoha. Luego de haberse despedido de Naruto y también desde antes…no había vuelto a ver a Sasuke, bueno, estando permanentemente en sus aposentos esto era casi imposible, y de todas formas el Uchiha rehuía de su presencia, así que jugar a ciega a algo que deseaba pero no podía tener era ridículo, dejaría a Sasuke tranquilo, al fin y al cabo no podía hacer nada para ser merecedora de u perdón por haber permitirlo algo que no recordaba haber aprobado en lo absoluto, pero si él lo afirmaba como real, pro algo debía de ser.
Tanto Ino como Temari se alejaron un par de pasos de la Emperatriz, permitiéndole a Sakura observarse con plena libertad frente al espejo.
Por mucho que su embarazo la estuviera obligando a permanecer en cama o dentro de los metros cuadrados que conformaban sus aposentos….indiscutiblemente no se veía mal, de hecho se sentía hermosa cada vez que se veía al espejo, estaba adquiriendo confianza consigo misma por el brillo que a maternidad provocaba en su ser, ya no veía a una adolescente insulsa cuando se veía al espejo; veía a su mujer—con solo meses que contar para cumplir los dieciocho—que podía hacer cuando deseara, solo valiéndose de su inteligencia y buen corazón, y esperaba ser capaz de lograr aquello que su padre hubiera deseado que hiciera. Un sencillo kimono malva-celeste cubría su figura, de escote bajo y hombros caídos, con una gruesa franja rosa a la altura de las muñecas a juego con la mangas interinas del kimono, y emulando un patrón en forma de mariposas y flores de cerezo en el borde de las mangas, por obre le kimono se hallaba una capa superior violeta brillante, de escote cuadro y alto, anudado bajo el busto para resaltar el embarazo, y abierta en los costados de la falda para exponer tanto como fuera posible el kimono bajo esta, constando además de una capa que se creaba por obra de las mangas—a la altura de los codos, con un dobladillo rosa—como las flores de cerezo—co dicho bordado creando un escote o cuello en V muy halagador. Su largo cabello rosado, desprovisto de tocado alguno al carecer de la admiración publica, estaba recogido en una trenza mariposa que dejaba caer sus hebras rosas cual cascada de seda, sobre su hombro derecho, enmarcando un par de pequeños pendientes de plata y diamante en forma de flor de cerezo, el emblema de su familia y del Imperio como tal. Podía no hacer acto de presencia en la corte por ahora, pero seguía siendo la Emperatriz y propietaria de aquel Imperio.
-Se ve radiante como la misma luna, Majestad- elogio Temari, maravillada con el semblante de la soberana con motivo de su avanzado embarazo que solo parecía ensalzar su belleza.
Una cálida sonrisa adorno los labio de la Emperatriz que despidió con su mirada a Temari; usualmente solo dependía de la compañía de Ino para sentirse a gusto, su panorama diario era realmente solitario a decir verdad y todo porque Danzo se empeñaba en alejarla de todos aquellos que eran importantes en su vida; la Emperatriz Viuda, el Rey de Konoha, el Baghatur y su sobrino…la leal doncella de su madre, Shizune, que permanecía en el Palacio, era quizá la única persona—ajena a su sequito—que vivía enteramente pendiente de ella y acompañándola pese a interferir en la burocracia en silente nombre de ella y a Emperatriz Viuda, garantizando que su poder y voluntad aun existente no fuera olvidado por nadie. Temari agradeció el permiso de la Emperatriz, reverenciándola formal y debidamente, abriendo la puertas y abandonando la habitación, dejando que Choji y Shikamaru—montando leal guardia fuera de los aposentos—cerraran las puertas tras su partida. Sentándose sobre su cama, prácticamente relegada a su habitual labor de "verse bonita", la Emperatriz acomodo la tela de su kimono, teniendo como compañía a Ino que no soñaba con abandonar su presencia, haber crecido juntas en ese Palacio las haba hecho inmensamente cercanas entre sí, como si fueran las hermanas que ni una ni la otra podía haber tenido, Sakura sabía que podía confiar en Ino como no podría confiar en nadie más...pero era difícil confesar lo que ni ella alcanzaba a comprender, sopesando con bura su propia reputación y el hecho de que no pudiera saber si el hijo o hija que estaba esperando era hijo del rey de Konoha o de su esposo el Emperador, ¿Cómo entender eso pese a no lamentar lo sucedido para llegar al predicamento en que estaba?
-Ojala supiera quien es el padre- suspiro Sakura, acariciando distraídamente su vientre por sobre el kimono, -suena peor entre más lo repito- sonrió, entre divertida e indignada consigo misma a la vez.
-Según dijo la Emperatriz Viuda, el Emperador es estéril gracias a su plan, no puede engendrar hijos- recordó Ino, esperando servir de ayuda y no meter la pata.
No dudaba, en lo absoluto, de las medidas preventivas que su madre—la Emperatriz Viuda, ahora enclaustrada por ley en el templo Nakano—había tomado para evitar un peligro inminente, pero si bien su madre siempre sabía muy bien que hacía y porque; Sakura no podía evitar albergar sus duda al respecto por esta medida. La esterilidad o impotencia eran dos condiciones muy diferentes que predominaban en ciertas personas, y también en Neji solo que de manera opuesta. Quizá—ya que no podía garantizarlo—Neji si fuera estéril o no, pero sin duda alguna no era impotente, claro que no podía sentir amor por él porque era el hijo de Danzo y un hombre abominablemente ambicioso y frívolo, pero…sexualmente era u hombre como cualquier otro y que—pese a su propia negativa—sabía muy bien como complacer a una mujer. Neji quizá había sopesado la posibilidad de ser estéril, y quizá hubiera buscado alguna posible solución, y contando con el apoyo del Regente Imperial—su padre—no era absurdo de suponer que algo así pudiera suceder. Quizá fuera joven, tonta e inexperta en muchas cosas, quizá desconociera el mundo cultural por haber sido privada de leer, escribir o cualquier medio con el que respaldar sus ideales y creencias…pero si sabía que dar algo por sentado o seguro era lo más peligroso que podía hacer, era el peor error a cometer. Se mantendría tranquila y callada para no centrar en si mima la furia del Regente, pero no siempre seria así, estaba convencida de que algún día podría ser la Emperatriz que su padre había deseado que fuera aun cuando se le fuera la vida en ello.
-Si tan solo eso fuera viable- murmuro Sakura, sonriéndole como agradecimiento, -no me extrañaría que hubiera una excepción- apretó los dientes, casi segura en cuerpo y alma de que Danzo y su familia tenían un trato profano con algún demonio o solo Kami sabía que clase de aberración igual o más espantosa de pensar o imaginar.
-No debe pensar así, Majestad, por el bebé en camino debe tener únicamente pensamientos felices- recordó la Yamanaka, preocupada por las ideas negativas que pudieran rondar su mente.
Eso ra cierto, aun latía en su ente el embarazo anterior que se había malogrado desastrosamente y terminado en un aborto que ella no había conseguido evitar, no deseaba que al experiencia se repitiese est vez, deseaba tener la oportunidad de ser madre y ver crecer a la hija o hijo que tuviera, quería empatizar con el sentir que su difunta madre, la Emperatriz Mebuki, había tenido por su nacimiento y durante los cortos años que habían conseguido para juntas antes de su muerte. Aun cuando contara con aliados, no existiría nadie remotamente tan próximo a ella y que la fortaleciera más que un hijo suyo, claro, Neji habría de contribuir vitalmente en su educación y en hacerlo una persona de bien en base a todos los principios que exigía la corte y demás, pero ella seria quien lo alumbrara, quien lo cargara en sus brazo, alimentara y mimara, ella seria quien encontraría algo que la hiciera aferrarse a la vida de una forma singular e inigualable como no había sucedido hasta entonces. Su hija o hijo, el bebé en su vientre, solo la tenía a ella, no podía abandonarlo, aun cuando se sintiera absolutamente sola ene se Palacio no podía darse por vencida, no quería ser una cobarde y elegir el pero destino posible solo por su condición de mujer poderosa pero subyugada. Aun le quedaban meses de embarazo que sobrellevar, y mientras aún no se cumpliera la fecha estipulada…era conveniente que hiciera escuchar a su bebé cosas únicamente de su agrado, porque estaba convencida de que ella o él serian el ser más amado de todo el Imperio, tanto por ella como por sus aliados, enemigos y súbditos.
-Tienes razón, Ino- reconoció Sakura, asintiendo en on ante la disculpa efectuada a al Yamanaka que sonrió como gesto de amistad y buena voluntad, -tal vez no tolere a Neji, pero aun si tengo un hijo o hija y es de él, lo querré tanto como si fuera de Naruto o de alguien más- admitió, sonriendo mientras bajaba la mirada hacia su vientre.
Sabía que debía ser paciente, porque cuando su hija o hija naciera se olvidaría de todo y comenzaría de nuevo, la haría fuerte y la haría aferrarse a la vida, solo se tenían el uno al otro, ella a su bebé y el a ella. Cuidar el alma que llevaba en su vientre era su mayor responsabilidad y no le fallaría, no se rendiría…
El templo Nakano era un lugar de recogimiento y aparente paz, habitualmente catalogado como la mejor y más digna opción de retiro para las Emperatrices o concubinas de los anteriores Emperadores ya fallecidos, y que por al menos medio siglo había albergado a mujeres legendarias y de renombre entre sus muros hasta el ocaso de su vidas, y la presencia de la actual Emperatriz Viuda Tsunade no era un honor meno relevante. No se sentía mal estando allí de hecho estar relegada de la corte era un sincero alivio puesto que no debía temer por su vida como había hecho durante años y no tenía por qué cuidarse de las intrigas a su alrededor que en este caso-al menos-eran inexistentes, más Tsunade hubiera preferido dormir con un ojo abierto y una bajo la almohada y firmemente aferrada a su mano con tal de hallarse cerca de su hija, la Emperatriz Sakura, a quien añoraba desesperadamente. Sabia de su embarazo, su leal doncella Shizune que era sus ojos y oídos en el Palacio la visitaba cada semana para informarla de los suceso que tenían lugar en el Palacio, más ni aun así Tsunade podía sentirse tranquila; deseaba volver al Palacio y acompañar a su hija, pero tristemente su sentencia aun no llegaba u fin, o al menos no mientras no consiguiese la cantidad adecuada de adeptos que votaran o protestaran-mejor dicho—por sacarla de su enclaustramiento devolverla al Palacio Imperial de donde estaba convencida jamás debió de salir.
Pero Shizune no solo tenía la importante labor de informarla y velar por la joven Emperatriz, sino también de entrevistarse secretamente con los gobernadores de las provincias del Imperio y hacer que la causa de liberación de la Emperatriz Viuda ganara más adeptos para permitirle volver al Palacio, y se dedicaba en corazón y alma, aún más al ver—en ese momento, sentada frente a ella—a la Emperatriz Viuda que vestía un riguroso e irreprochable kimono dorado apagado, de cuello alto y cerrado, fajado a su cuerpo bajo el busto y con su cabeza cubierta por un grueso velo de igual material que se sujetaba mediante un rosario de cuentas color negro alrededor de su cuello y que se conectaba con el velo que curia su cabeza ya rapada…como dictaba la tradición. Era una visión triste de contemplar pero que pese a su soledad no dejaba de ser la madre de la Emperatriz, una mujer de indudable belleza y juventud que no debía estar ahí sino que dirigiendo la corte Imperial, pero todos confiaban en que su enclaustramiento llegaría a su fin, debía de ser así. Sosteniendo en sus manos los informes y cartas de los gobernadores y reyes de los reinos y provincias vecinas, Tsunade no podía sentirse tranquila, deseaba abandonar el enclaustramiento ya mismo, más de igual forma era consciente de que la premura no le servía de mucho, debía ser paciente y entender que las cosas tardarían en suceder pese a que sus propios deseos no fueran otros que salir y regresar al Palacio ene e preciso instante y correr a abrazar a su hija.
-¿Has investigado a todos los ministros de Edo?- consulto la Emperatriz Viuda, doblando los documentos y las cartas ya leídos en su totalidad.
-Si, Emperatriz Viuda, la mayoría de ellos están relacionados con Danzo- contesto Shizune, plenamente servicial.
Si bien los gobernadores y soberanos de las provincias y reinos vecinos cobraban significativa importancia para permitir abandonar su condición de "prisionera", no se debía olvidar que las personas más cercanas a la jerarquía Imperial no eran otros que los ministros que representaban tanto la voluntad del pueblo como las normas y tradiciones a seguir, en si eran la mayor limitación con que contaba Danzo, así que comprar su influencia y representatividad no era algo que sorprendiera o extrañase a Tsunade, de hecho lo había esperado y mucho porque eso probaba el porqué de su indiscutible poder y autoridad por sobre todo y todos. Así que la única medida ejercer para subyugar a los aliados de Danzo—sobornados, desde luego—por el momento era convencer a los dirigentes de las distintas subcategorías en que se dividía el Imperio, debían de obtener los suficientes recursos y aliados pronto porque Tsunade estaba convencida—por una corazonada que llevaba ya tiempo sintiendo—de que se avecinaba un golpe inminente para su hija y deseaba estar junto a ella antes de que esto sucediera. Sakura ya había perdido muchas cosas en su vida hasta la fecha, y esta vez se encontraba alejada del rey de Konoha que era de indiscutible importancia—y eso Tsunade lo sabía bien—para ella, y no merecía ni tenia porque perder algo más. Merecía obtener algo de felicidad, más al amor, la dicha y felicidad no era algo que correspondiera o uniera a las personas adineradas o considerablemente poderosas, pero no debía ser admisible que por causa de aquello se instalara el odio, pero esto último era sustituido por la enemistad que resultaba una cizaña igual de peligrosa con que lidiar.
-No me extraña- mascullo Tsunade, apartando la mirada y sonriendo sardónica, -solo mediante sobornos y financiamientos se podría servir a Danzo- enfatizo, apretando disimuladamente parte de la tela de su kimono con una de sus manos.
-Pero, no lo entiendo, ¿Cuál es su plan, Emperatriz Viuda?- pregunto Shizune que si bien había seguido incuestionablemente sus ordenes no había reparado en el por qué tras estas.
Si bien los gobernadores y soberanos de las provincias y reinos vecinos cobraban significativa importancia para permitir abandonar su condición de "prisionera", no se debía olvidar que las personas más cercanas a la jerarquía Imperial no eran otros que los ministros que representaban tanto la voluntad del pueblo como las normas y tradiciones a seguir, en si eran la mayor limitación con que contaba Danzo, así que comprar su influencia y representatividad no era algo que sorprendiera o extrañase a Tsunade, de hecho lo había esperado y mucho porque eso probaba el porqué de su indiscutible poder y autoridad por sobre todo y todos. Así que la única medida ejercer para subyugar a los aliados de Danzo—sobornados, desde luego—por el momento era convencer a los dirigentes de las distintas subcategorías en que se dividía el Imperio, debían de obtener los suficientes recursos y aliados pronto porque Tsunade estaba convencida—por una corazonada que llevaba ya tiempo sintiendo—de que se avecinaba un golpe inminente para su hija y deseaba estar junto a ella antes de que esto sucediera. Sakura ya había perdido muchas cosas en su vida hasta la fecha, y esta vez se encontraba alejada del rey de Konoha que era de indiscutible importancia—y eso Tsunade lo sabía bien—para ella, y no merecía ni tenia porque perder algo más. Merecía obtener algo de felicidad, más al amor, la dicha y felicidad no era algo que correspondiera o uniera a las personas adineradas o considerablemente poderosas, pero no debía ser admisible que por causa de aquello se instalara el odio, pero esto último era sustituido por la enemistad que resultaba una cizaña igual de peligrosa con que lidiar.
-Hay cinco grandes provincias que componen Edo, y una serie de provincias menores, así como el reino de Konoha, al igual que la vecina y aliada nación Mongolia- señalo la Emperatriz Viuda en su asidua sabiduría. -Sunagakure y Konoha están de nuestro lado gracias al Baghatur y al rey Naruto, y Mongolia gracias a lady Hinata y lady Hanabi Hyuga, pero necesitamos ganar adeptos a nuestra causa en las demás provincias restantes, solo necesitamos tener más de la mitad de ellas de nuestro lado…- una sonrisa ligeramente divertida se plasmó en el rostro de la bella Emperatriz Viuda que no se dejaba gobernar por la apatía, -en cuyo caso, ni aun Danzo podría luchar contra una insurrección así- vaticino magnamente segura.
-Hare todo lo que pueda para ayudar, Emperatriz Viuda- prometió Shizune con indisoluble lealtad.
Una revolución tomaría tiempo y necesitaría de recursos, pero esto último era algo de lo que Tsunade gozaba en exceso y los había dispuesto para recolectar adeptos y material, todo cuanto fuera necesario para garantizar su regreso al Palacio, más ni aun con todo el dinero o fortuna del mundo podría apresurar el cauce de las cosas y el modo en que Danzo despotricaba y creaba subterfugios con que manipular a aquellos que se decían leales al Imperio y que fácilmente podían ser comprados, o sobornados tanto por su éxito personal como por salvar sus vid en el más drástico de los casos. Pero las conspiraciones clandestinas o decisiones a tomar eran algo nimio cuando la auténtica preocupación de Tsunade no era otra que la condición de su hija, había escuchado que debía de relegarse la vida pública por malestares generados por el embrazo para cuyo término aún faltaba tiempo, esperaba que no se tratar de algo serio más eso nunca podía saberse con certeza hasta el alumbramiento. La joven Emperatriz era vivaz, alegre, divertida y muy inquieta, claro que se comportaba con la dignidad correspondiente a su rango y que le había sido instruida desde su nacimiento, prácticamente, pero la ausencia de estos comentarios tan halagadores y a la vez controvertidos sobre su persona hacían que Tsunade se sintiera inquieta e incapaz de saber que esperar con respecto a esta joven niña, mujer, que estaba sobrellevando sola la difícil labor que era ser madre, sin nadie que pudiera ayudarla verdaderamente o que se preocupara por ella pudiendo intervenir para acudir en su ayuda.
-¿Cómo está la Emperatriz?- pregunto Tsunade finalmente.
-Callada y tranquila, se ha dedicado por completo a su embarazo- contesto Shizune, ligeramente feliz por ello más no sabiendo si calificarlo como un buena o mala señal.
-Se siente sola- admitió la Emperatriz Viuda, negando con tristeza ante esta información, -si al menos el rey de Konoha estuviera con ella…- murmuro con decepción.
-Prometió regresar, Emperatriz Viuda- aludió la doncella, intentando sostener la positividad del ambiente, autoimpuesto por la Emperatriz Viuda.
Sakura claramente se había resignado, conociendo perfectamente bien a la joven soberana; Tsunade intuía que Sakura debía de haber llorado mucho y en silencio desde hacía tiempo, sintiendo miedo y temiendo que algo indescriptible pudiera suceder, pero…actualmente parecía haber olvidado todo eso, era una fase de resignación en que lo único que estaba haciendo o tratando de hacer era sobrevivir y si para ello debía de dejarse usar como un juguete por todos a su alrededor quizá estuviera dispuesta a permitirlo. Era horrible la clase de existencia por la que estaba pasando. Habían rumores muy vagos—que quizá ni siquiera hubieran llegado al Palacio Imperial, al no tener fundamento, por ahora—sobre que el rey de Konoha estaba comprometido y próximo a casarse, simples rumores, desde luego, nada probado, pero de igual modo Tsunade no podía confiar en que el Uzumaki regresara. No tenía porque. Era rey en su propio territorio, además de joven y soltero, además de un magnifico partido, ¿Qué lo restringiría a no formar su propia vida? Necesitaba descendencia que heredara su rango social y gubernamental si el moría, era un asunto de estado y ante ello no había peor reparo que el fracaso, pero…si Sakura se enteraba o si es que esto resultaba ser cierto en el peor de casos, se le rompería el corazón, sentiría como si el mundo se le estuviera viniendo encima porque estaba enamorada de forma sincera y Tsunade lo había visto en sus ojos. Sabía lo que era enamorarse, había sentido amor por el Emperador Kizashi, pero tristemente él nunca le había correspondido por el recuerdo de su difunta esposa; la Emperatriz Mebuki, y enfrentar la realidad tal cual era…no había nada más doloroso que eso, por más que fuera algo necesario.
-Las promesas de un hombre, van y vienen- desdeño Tsunade por experiencia, orando silenciosamente porque Kami le tuviera reservado un buen destino a su hija, -solo espero que no le rompa el corazón- murmuro, comenzando a dejar atrás su desdén al haber reparado en algo importante, -¿Y aquel escolta?- pregunto, sinceramente curiosa al respecto.
-No lo ha visto desde antes del embarazo- negó Shizune, personalmente desconcertada por esto.
El hermano menor del difunto Itachi Uchiha, Sasuke, había sido o era escolta de la Emperatriz si Tsunade no recordaba mal, y siempre lo había visto como alguien muy próximo al corazón de la joven soberana, formando parte de su séquito más leal, esperaba que alguien tan joven, gallardo y atractivos—con un innato temple de Emperador, además—no perdiera la oportunidad que estaba ante él, la oportunidad de obtener poder y prestigio con solo tener la oportunidad de estar una noche en la cama de la Emperatriz…pero pese a la cantidad de tiempo que había transcurrido, Tsunade no estaba enterada de nada con respecto a este joven. Pero al parecer el joven Uchiha no había aprovechado la oportunidad, Shizune incluso estaba enterada de que había sido relegado de sus funciones y designado al cuidado de la concubina de su difunto hermano; Izumi, que aparentemente había dado a luz hacía poco menos de un mes, pero no se sabía nada más de él, se mantenía alejado de la vista de cualquiera y nadie sabría nada de él de no ser por el Jefe de sirvientes Kakashi Hatake que—bajo las ordenes de la Emperatriz—se preocupaba de que no le faltase nada ni a él ni a Izumi o lady Chiyo que permanecía junto a ellos. Era triste y absurdo que alguien tan joven y que tenía en sus manos la posibilidad de obtener algo más no estuviera dispuesto a sostener ambiciones o cumplirlas si es que el joven escolta ya las albergaba. Pero, en ocasiones simplemente no podía cambiarse la naturaleza de las personas, había que solo…aceptarlo.
-Es una pena- murmuro Tsunade únicamente, bajando la mirada.
Sakura se encontraba sola y nadie movía ni un dedo para ayudarla; se habían decidido a abandonarla.
Había permanecido callada, había guardado silencio de la mayor forma que le había sido posible, porque deseaba que los conflicto no tuvieran lugar en el Palacio, muchos menos por su causa, pero en ocasiones—y más siendo la Emperatriz—era necesario que interviniera, porque al fin y al cabo sobre ella recaía el poder y la responsabilidad como Emperatriz pee a que no pudiera ejercer tales funciones propia y solitariamente como requería su propia independencia, pero esto era culpa de Danzo y debía resignarse sencillamente por el momento. Su deber era vivir y ser lo bastante paciente para aguardar el instante en que pudiera cumplir los sueños que su padre había tenido sobre ella, en que pudiera ser la Emperatriz que se necesitaba que fuera. No se consideraba a sí misma como una persona fuerte, pero si esto era preciso estaba más que dispuesta a arriesgarlo todo y fingirse estúpida de ser necesario…solo esperaba que no a sobrevinieran nuevos golpes que no pudiera ser capaz de soportar, pero ni siquiera esto último era seguro. Nadie tomaría sus problemas ni la liberaría de ellos, así que en lugar de sentirse y relegarse por completo era mejor que se dispusiera a hacer lo poco y nada que le estaba permitido. Según había escuchado, por obra de la información que Ino le trasmitía; Danzo había organizado una junta en el salón de trono con los principales miembros de la élite burocrática, lo cual significaba la presencia tanto de gobernadores como ministros, no planeaba intervenir porque tal potestad le estaba negada pese a haber nacido con ella, pero estar presente era algo que deseaba hacer cuando menos.
-¿Está segura de querer asistir a la junta que organizo el Regente?- consulto Ino, preocupada por su decisión.
Terminando de vestirse con ayuda de Temari, Sakura se mordió el labio inferior para no reír. Ya había estado alejada por el tiempo suficiente, era su deber reintegrarse a la vida pública y ya que los calambres y malestares le habían dado tregua, entonces podría finalmente hacer acto de presencia como le correspondía tanto. Por su condición no podía lucir sus más glorioso ajuares ni tocados, pero pese a su sencillez y observándose frente al espejo, Sakura estuvo totalmente conforme con su apariencia; portaba un sencillo kimono mantequilla claro de escote cuadrado , mangas acampanadas que pasaban desapercibidas ya que por sobre este kimono predominante se halla un junihitoe violeta brillante, —el color que más le agradaba portar por su embarazo—fajado a su cuerpo bajo el busto por un obi rosa violáceo brillante con u bordado dorado que emulaba flores de cerezo a juego con los bordes de las mangas el dobladillo de la tela. Su largo cabello rosado, recogido por un elegante broche de tipo peine que emulaba flores de cerezo caía sobre su hombro derecho, ligeramente recogido haciendo resaltar un par de pequeños pendientes de perla en forma de lagrima. Esta vez no se encontraba su madre, el Baghatur lord Yamato y Sai no tardarían en partir dentro de una semana hacia Sunagakure, la provincia de la cual ahora era gobernador, si no defendía su autoridad aunque fuera en solitario estaría absolutamente perdida, se estaría amarrando la soga al cuello a sí misma y ese sería un error fatal e imperdonable.
-Soy la Emperatriz, Ino- contesto Sakura, ligeramente divertida. -Aunque sea poco a poco debo recuperar mi poder, o mantenerlo, mejor dicho- sonrió, intentando animarse a sí misma, observándose una última vez frente al espejo antes de voltear a ver a su amiga y leal doncella. -Además, creo que ya he estado ausente por bastante tiempo- añadió, bajando la mirada y reprochándole indirectamente a su hija o hijo el haberla obligado a guardar reposo.
-Si, Emperatriz- sonrió la Yamanaka, infinitamente feliz con su buen humor.
Claro que vivir en perpetua complacencia y descanso, aún más estrictamente por su embrazo que se recomendaba fuera tranquilo, pero no se podían ignorar ni olvidar lo deberes, compromisos y responsabilidades; todos tenían un rol que cumplir en la vida, desde el más humilde campesino hasta el más poderoso de los reyes o emperadores ya fuera que se tratara del género femenino o masculino, y Sakura no pensaba ignorar su deber como Emperatriz. Otorgándose una última mirada, de pie frente al espejo, Sakura se aliso la falda del kimono y se acomodó distraídamente el cabello, sonriendo ante su propio reflejo en tanto su vista descendió a su vientre. Totalmente arreglada como correspondía, la Emperatriz volteo ver a su séquito entre cuyos presentes le sonrieron especialmente y de forma cariñosa Ino y Temari, como una especie de aliento para hacer su voluntad, lo que le permitió dar dos pasos en dirección hacia las puertas…pero estos fueron los únicos pasos que pudo dar antes de que un calambre muy agudo y sorpresivo la asolara y le impidiera moverse, sacándole un jadeo de dolor. Escucho la voces de Ino y Temari preguntándole si se sentía bien, más no pudo responder, no estaba segura de lo que significaba el calambre, o al menos no hasta sentirse que un líquido se desliaba entre sus piernas. Pudiendo moverse muy escasamente, Sakura sujeto ligeramente parte de la tela de su kimono, alzándolo lo suficiente para ver lo que sea que se había desliado bajo él…no era sangre como había supuesto, era otra cosa, y lo comprobó en tanto un repentina contracción le hubo quitado el liento asustando más a Ino y Temari que no sabían que hacer.
-Ino…- jadeo la Emperatriz.
-Rápido, traigan al médico y las parteras- ordeno la Yamanaka, dirigiéndose tanto hacia Temari como Shikamaru y Choji.
Era alarmante, casi psicótico pero era una verdad que Ino distinguía indiscutiblemente y que—sujetando el brazo de la Emperatriz—la hizo despedir a los restantes miembros del sequito que asintieron apresuradamente antes de retirarse. Había mucho que hacer, preparar todo, dar las noticias y preparar una medida de precaución en caso de que la vida de la Emperatriz corriera peligro y, sin descendencia, debía constituirse una regencia que se encargara de la gobernanza del Imperio y la búsqueda de un soberano apropiado entre quienes, seguramente, figurarían los hijos del Regente Danzo Shimura. Las puertas se cerraron sonoramente por obra de la partida de los tres leales sirvientes, dejando a asolas a Ino y la Emperatriz que se apoyó en el tocador junto a l cama en la cual se recostó con lentitud con ayuda de Ino que no le soltó la mano en ningún momento, sirviéndole de apoyo. Su primera experiencia cercana a la maternidad no era algo que deseara recordar puesto que el aborto sufrido solo la hacía sumirse e la incertidumbre, no sabiendo si el hijo o hija que tuviera podría sobrevivir o peor….pero algo e gritaba que tuviera esperanzas, por más insano que lo fuera, quería creer que, al final, todo saldría bien, pero era tan pronto para que el parto tuviera lugar que indudablemente se sentía presa del pánico más grande que hubiera podido llegar a sentir.
-Es muy pronto- murmuro Sakura, asustada, volteando a ver a Ino.
Deseaba decirle a la Emperatriz que solo se trataba de un simple susto, una posible falsa alarma, pero no era aquello, apenas estaba por cumplir los ocho meses, era demasiado pronto, pero no se podía ir contra la providencia y los designios de Kami, el parto tendría lugar ese día.
El tiempo había pasado para Izumi luego de aquellos tristes y desoladores meses tras la muerte de Itachi, y ya que la Emperatriz había garantizado su protección podía respirar tranquila, desconocía si era correcto que Sasuke no cumpliera sus deberes como escolta de la Emperatriz, pero ya que no parecían haber contradicciones a su comportamiento se había negado a pronunciar cualquier posible inquietud, disfrutando de la compañía de él que no la había dejado sola durante todo su embarazo, así como lady Chiyo que en realidad estaba más cuerda de lo que parecía. Hubiera deseado de todo corazón que su hermano siguiera vivo, no solo porque ahora se sintiera verdaderamente solo al no tener ningún miembro de su familia con que sentirse unido, sino porque Izumi tenía una hija preciosa que había nacido hacía poco más de un mes, una niña que mostraba claramente el parecer físico con sus dos padres y que Izumi había nombrado Risa, no sabía si su labor como tío era excelsa ni nada parecido, pero se tomaba muy a pecho la labor de ocupar—titular o afectivamente—el lugar que su hermano mayor debía de haber tenido, cuidado de su sobrina tanto como le fuera posible. Mentiría si dijera que sus sentimientos por la Emperatriz habían cambiado en el tiempo transcurrido, peor era algo imposible y eso lo sabía muy bien. Sentadas una frente a la otra ante la mesa de sus aposentos y siendo acompañadas por Sasuke que leía distraídamente, Izumi recibía de manos de lady Chiyo una pieza de ropa que había hecho para la pequeña Risa que se encontraba plenamente despierta y callada en su cuna, junto a su madre quien no se separaba de ella sin importar lo que pasara.
-¿Lo hizo usted?- pregunto Izumi, maravillada.
-Si, ¿te gusta?- sonrió lady Chiyo.
-Si, a Risa le encantara, ¿cierto?- asintió Izumi, bajando la mirada a su hija de penas un mes de edad y que, en su inocente infantilismo sonrió como solo una bebé podía hacerlo. -Creo que la consiento demasiado- admitió abochornada por todas las atenciones prodigadas a su ´pequeña.
-Eso no está mal- contesto Sasuke, tras ella.
-Quien más la consiente eres tú, Sasuke, comenzara a llamarte padre antes de que te des cuenta- rio Izumi, siendo secundada por lady Chiyo, ambas sumamente divertidas ante la posibilidad.
-Kami no lo permita- mascullo el Uchiha, esperando que las palabras de Izumi no se hicieran realidad.
No era como si fuera algo desagradable ser tío, pero no quería darle una imagen errónea a su sobrina, no quería que lo considerara su padre en el futuro, Itachi siempre tendría un lugar especial y estaba comprometido a otorgárselo, porque estaba seguro de que, de haber sobrevivido y un siendo Consorte Imperial; habría amado a Izumi, habría amado y cuidado de Risa, habría velado por la Emperatriz y habría luchado por el derrocamiento absoluto de Danzo y todos los miembros de su familia. Sasuke deseaba cumplir con todo esto, pero no era capaz de aceptar compartir los sentimientos de la Emperatriz, se sentía incapaz de compartir la misma cama con la mujer que, directa o indirectamente, era la responsable de la muerte de sus padres, deseaba corresponderle y amarla pero estaba prohibido, no porque fuera un escolta sino porque ceder en su odio y venganza por el amor era algo que no podía imaginar. La vida y los caminos del destino se habían esforzado en separarlos, y ante eso no había dispensa alguna. Irrumpiendo en sus pensamiento, las puertas se abrieron abruptamente sorprendiéndolo tato a él como a Izumi y lady Chiyo, pero poco y nada valieron sus dudas o preguntas por esta repentina intrusión antes de que una comitiva de al menos cuatro guardias ingresase, dos de ellos sujetando a Sasuke que opuso inmediata resistencia y los otro dos—por separado evidentemente, y con facilidad—a Izumi y lady Chiyo que resultaban presas más fáciles que subyugar que el Uchiha que no ceso se protestar en ningún momento.
-No, suéltenme- discutió Sasuke, intentando zafarse de agarre de aquellos soldados. -Izumi, lady Chiyo- protesto, irascible.
Sosegarse y aceptar las cosas solo porque no era algo que fuera acorde con él, ni con su difunto hermano según tenía entendido, por lo que Sasuke continuo insistiendo y resistiéndose ante sus captores. Se congelo en cuanto levanto la mirada hacia las puertas cuyo umbral fue atravesado por nadie más que Pein que lo observo con desagrado e indiferencia, como si estuviera contemplando al ser insignificante del mundo, o al menos así lo veía el hijo del Regente. Pein desvió la mirada hacia los soldados que sostenían a las dos mujeres y a quienes designo una orden con su sola mirada. Sasuke apenas y alcanzo—con temor—a voltear a ver a Izumi y lady Chiyo que fueron degolladas en el acto por las órdenes del hijo del Regente, haciéndolo bajar la mirada y cerrar fuertemente los ojos. Recordaba lo sentido al momento de ser testigo de cómo sus padre eran asesinados frente a él recordaba la desolación, la incertidumbre y la desgarradora tristeza ahora convertida en odio y que lo había consumido, pero ahora solo sentía la ira y el odio dominándolo e impulsándolo a matar a Pein, pero siendo retenido por sus captores que le impidieron moverse. La Emperatriz se encontraba en labores de parto, Pein estaba más que al tanto de eso, por ello estaba ahí, porque la hija del difunto Itachi era la única candidata a cumplir con las expectativas que se tenían en mente, vigorosamente sana, con la características físicas adecuadas, además de una niña como se requería que fuera, si la Emperatriz alumbraba un niño, se aceptaría en el mejor y peor de los casos, pero si nacía muerto…era mejor tener una garantía o seguro de que él poder de ellos no decaería, esa niña era el mayor tesoro con el que contaban y ya la amaban solo porque salvar sus pellejos, eso Pein lo creía firmemente.
-Tenemos lo que queríamos, pueden llevárselo- permito Pein, tomando a la bebé de su cuna y cargándola en sus brazos, siendo observando intensamente por ella que lo contemplo con incertidumbre.
-¿Crees que con esto se termina todo?- pregunto Sasuke, haciendo copio absoluto de su voluntad, manteniéndose inmóvil. -No descansare hasta destruirte a ti y a toda tu asquerosa familia- juro el sosteniendo sin temor alguno la mirada al hijo del Regente.
-Eso no me preocupa- desestimo Pein, lacónico, -ya que no fuiste consorte de la Emperatriz cuando tuviste la oportunidad…ahora te encontraremos nuevas responsabilidades- se expreso causando el inmediato desconcierto de Sasuke por sus palabras, -iras directamente al mercado de esclavos, estoy seguros de que encontraras un nuevo destino- detallo, sonriendo sarcásticamente y deseando que la peor de las suertes le estuviera reservada al Uchiha.
La Emperatriz debería guardar reposo tras el parto, concentrada en el cuidado y crianza del o la bebé, independiente de si sobrevivía y de ser lo contrario…pues, la conclusión era más que obvia. Y entre este complejo estratagema ideado por el Regente Imperial y sus hijos, el Uchiha no tenía cabida posible, su vida no era importante para nadie puesto que la propia existencia de la Emperatriz pendía de un hilo muy delgado por causa de la experiencia por la que estaba pasando, además al decidir expulsar al Uchiha del Palacio y venderlo al mercado de esclavos…se desharían de él con toda seguridad y con su carácter y volatilidad quizá corriera la desdichada suerte que se merecía por haberse declarado como él enemigo de la familia Shimura. Había esperado una sentencia de muerte, peor no algo así, evidentemente Pein quería condenarlo al sufrimiento continuo y al peor futuro posible con tal de extinguir su existencia que tanto para él como para Danzo, significaba una amenaza, pero no estaba dispuesto a admitirlo, por más descabellado que sonara estaba convencido de que regresaría a ese Palacio aunque no tenía idea de lo que le esperaba mientras los guardias—gracias a la repentina distracción de su parte—forcejeaban para sacarlo de la habitación, pero Sasuke no pensaba admitir tal cosa, no sin luchar.
-¡Te matare con mis propias manos!, ¿Me escuchas?- sentencio Sasuke, volteando a verlo en el umbral de las puertas, -¡No descansare hasta verte muerto!- juro de forma inquebrantable.
No moriría hasta destruir a Pein y a toda la familia del Regente, y cuando llegara el momento él sería tanto juez como verdugo, lo juraba por su alma y la de todos los miembros de su familia y amigos que había tenido…cumpliría su venganza.
PD: Perdón por la demora pero esta y la siguiente semana son pesadas por los trabajos a realizar en el Instituto o a presentar, así que intento dividir mi tiempo,pero solo deben esperar dos semanas más y estaré totalmente disponible y de vacaciones :3 dedico este capítulo a todos aquellos que comentaron anteriormente; Adrit126 (a quien va dedicado el fic y con quien me disculpo por la demora)y DULCECITO311 (cuyos comentarios adoro :3 prometiendo actualizar "El Siglo Magnifico: La Sultana Sakura" este fin de semana, y pidiéndole paciencia con respecto al fic "La Bella & La Bestia" :3)y a todos aquellos que leen, siguen y comentan la historia en todas sus formas :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima.
Fics proximos:
-Operación Valkiria (casting y resumen ya hecho)
-Sasuke: el Indomable (casting y resumen ya hecho, y la historia ya visualizada)
-Cazadores de Sombras (con el prologo y tres primeros capítulos ya hechos)
-El Siglo Magnifico: Indra y el Imperio Uchiha (sin casting pero con la historia ya visualizada)
-El Siglo Magnifico: Mito, Mei & Mikoto (casting ya hecho, sin resumen y con la historia ya visualizada)
-La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber (casting y resumen ya hechos, historia visualizada y diseñada en conjunto con el vestuario)
