-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una ligera adaptación del dorama coreano "Empress Ki" protagonizado por Ha Ji Won (Emperatriz Ki Nyang), Ji Chang Wook (Emperador Huizong) y Ju Jin Mo como (Rey Wang Yoo). Los personajes pertenecen completamente a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utlización es de mi entera responsabilidad para la dramatización de la historia.
Capítulo 13
No estaba para nada de acuerdo con las creencias de su tío Yamato, es decir; si, el Uchiha era muy inteligente, más que la mayoría de las personas y eso matizado a su inderrotable voluntad era como la pólvora a punto de estallar, impredecible, temperamental, agreste. Para sus enemigos sería una condena única, pero ¿Para ellos? Hoy el Uchiha era un aliado, les debía eso, ¿Pero por cuanto tiempo lo seria? Como nobles de ese poderoso Imperio, ya deberían saber sobradamente que las lealtades podían comprarse con abismal facilidad, si la ocasión lo ameritaba y existían cargos políticos envidiables a los que aspirar. A esa hora de la noche lo único que quería hacer era tomar un libro de la biblioteca de aquel palacio propiedad de su tío y junto al cual residía, y alejar su ente de aquellas ideas tan turbulentas. Y solo una lectura calma y amena se lo permitiría. En esa área del Palacio no había guardias, no había necesidad alguna, por lo que abriendo las puertas por su cuenta, de inmediato Sai supuso que se encontraría a solas como de costumbre, pero no era así. Enormes estantes repletos de miles de libros, mapas y documentos ocupaban gran parte de la habitación, al igual que una larga mesa de caoba que en esta oportunidad estaba ocupada por pilas de libros prominentes, apilados ordenadamente entre sí, alrededor de Sasuke que sentado a la mesa, ni siquiera pareció darse cuenta de su aparición. Analizando superficialmente los libros con la mirada, Sai reparo en que todos abarcaban el contexto de la guerra y la estrategia en combate; por lo visto el Uchiha se estaba tomando su futuro papel como Consorte Imperial muy enserio.
-¿De qué te sirve esa clase de libros?- critico Sai sin dejarse impresionar, aparentemente.
-Cuando estuve en el Palacio Imperial, aprendí que las luchas políticas al interior de los muros no son tan diferentes de las luchas normales en un campo de batalla- obvio el Uchiha, alzando la vista de su lectura. -Teóricamente se ha de levantar un ejército teniendo al mismo tiempo espías, para utilizar la fuerza del enemigo y vencerlos- aquellas eran dos de las mejores estrategias a emplear militarmente, pero él seguía sin saber cuál le sería útil en el futuro, era algo incierto a decir verdad. -Ninguna de las dos posibilidades es mejor ni peor; entonces, ¿Cómo saber que hacer verdaderamente?- inquirió ya que él era quien carecía de experiencia después de todo.
-En el campo de batalla, levantar un ejército es mejor- reconoció Sai tanto para si como para el Uchiha, -pero eso requiere tanto tiempo como apoyo financiero- aclaro, podía se runa buena estrategia, ciertamente, más u buen estratega comprendía los errores y aprendía de ellos.
-Si sabes que tengo razón, ¿Por qué te opones?, ¿Es que el sobrino del gobernador haría todo mejor que yo?- indago Sasuke, cambiando de tema descaradamente. Tenía solo dos metas; ser Emperador a cualquier precio y ser el único en el corazón de la Emperatriz y desde luego que no quería competencia en ninguna de estas dos contiendas, nadie podía meterse en su camino. -Viví en ese Palacio por meses, sé que voy a un nido de víboras, no camino a tientas como otros quizás lo harían- no es como si quisiera vanagloriarse, pero se había herido las manos desde na ad temprana al aprender a usar una espada, algo que quizás ninguno de los otros candidatos hubieran hecho en sus acomodadas vidas.
Su difunto hermano Itachi le había enseñado a no ser tan arrogante, a aprender discernir lo importante de las nimiedades, porque de no hacerlo acabaría perdiendo la vida debido a complots. Sabía que enorgullecerse no tendría ningún propósito más que enaltecer su orgullo, más contrariamente a como había hecho antes, esta vez no claudicaría ni volvería a cometer los mismos errores que inconscientemente habían fraguado su caída hasta ese punto. La próxima vez que estuviera en el Palacio Imperial, con total seguridad recuperaría todo el tiempo perdido que inconscientemente había desperdiciado lejos de la Emperatriz. No era para nada afín al Uchiha, lo había declarado desde el primer momento, pero aun así es que Sai se detuvo unos instantes a meditar estas palabras. Su primo era audaz, valiente, y poseía el intelecto y la sagacidad que cualquier Emperador precisaba tener, podía ser implacable bajo su exterior de joven galante, y valeroso, de hecho Sai se aventuraba a decir que el único capaz de hacerle competencia en encanto era el propio Uchiha, pero por supuesto que no pensaba decirlo bajo ninguna circunstancia. Sasuke quizás tuviera una oportunidad sin precedentes para llegar lejos, él sabía cómo ganar el corazón de la Emperatriz y ciertamente contaba con determinados contactos en el Palacio, no iría a tientas como el resto, sobreviviría. Emitiendo un suspiro, Sai hubo de admitir, al menos mentalmente, que si bien no estaba del lado del Uchiha, era consciente de que este tenía las ideas correctas, merecía recibir algo de ayuda después de todo, y mejor aún si eso los ayudaba a ellos.
-Se necesitan aliados que conformen un ejército, pero estando en el Palacio Imperial yo puedo atacar desde adentro- recordó Sasuke con esa arrogancia tan característica remarcando sus palabras. No había mentido, les debía lealtad por haberlo salvado de un destino aún más incierto y planeaba ayudarlos y a sí mismo, no le importaba si Sai le creía o no, pero lo haría. No pido confianza, solo que no preste más objeciones, porque eso de nada me sirve. O ganamos o perdemos, es así de simple.
Guardando silencio sepulcral, Sai se marchó como si nunca hubieran sostenido conversación alguna, cerrando las puertas tras de sí. Si a Sasuke le resultó extraño o confuso, no lo manifestó siquiera e sus expresiones, volviendo a concentrarse en la lectura que había postergado. Fuera de la habitación, Sai medito mejor las palabras que acaba de oír: esos ojos…no podía ver las intenciones que el Uchiha guardaba, tenía el encanto de un ángel matizado con la oscuridad de un demonio.
¿Cuánto tiempo habría pasado? Una hora, tal vez más, tal vez menos, lo único que Sasuke supo es que las puertas de la biblioteca volvieron a abrirse, más igual que antes el Uchiha no levanto la vista de su lectura, o por lo menos no hasta que sintió movimiento próximo a él. Un libro acababa de ser puesto sobre la mesa, delante de él, que no reparo ni siquiera en el título, frunciendo el ceño con confusión, alzando la vista hacia Sai que-de pie junto a la mesa-se mostraba tan imperturbable como de costumbre. No entendía a que venía ese gesto de su parte, se suponía que se despreciaban en silencio como hacían la mayoría de las mujeres, y porque la situación así lo ameritaba. No cambiaba de opinión en lo más mínimo, a su entender Sasuke continuaba siendo tanto un aliado como un enemigo, no podía definir con exactitud hacia que extremo se inclinaba más puesto que su indiferencia impedía analizar con libertad sus creencias e ideales, pero si de algo estaba aseguro era que si lo iban a tener como aliado en el Palacio Imperial, debía prepararse adecuadamente para cumplir con su papel. Dejando el libro que estaba leyendo, sobre la mesa, el Uchiha tomo el que Sai acaba de entregarle, ¿la razón? No alcanzaba a entenderla y resulto más que obvio para Sai que disfruto de ese silencio. En el fondo y al igual que la Emperatriz, Sasuke no dejaba de ser un adolescente, ciertamente seria mayor de edad en cuestión de meses, pero la experiencia de aprender a sobrevivir lo habían hecho madurar aún más.
-Necesitas leer este libro, primero comprende la razón por la que te lo entrego- espeto Sai sin contemplaciones de por medio.
Dicho esto y como si nada, Sai hizo lo mismo que momentos atrás, retirándose y desconcertando todavía más al Uchiha que no comprendía su comportamiento ni quería hacerlo, en su lugar releyó el título del libro; Taiheiki, antes de abrirlo en la primera página y comenzar a leerlo.
El tiempo pareció volar a una enorme velocidad para Sai que la tarde del día siguiente se hubo encontrado en silencio, buscando entre los altos estantes de la biblioteca del Palacio, en sus brazos sostenía los libros que llamaban más su atención; tanto aquellos que no había leído como aquellos que eran sus favoritos…al igual que los que pensaba recomendarle al Uchiha. Un Emperador llegaba lejos, no solo por su atractivo físico—que por cierto debía ser obligado en estas circunstancias—sino también por su inteligencia. Quizás fuera cruel de afirmar pero el mundo estaba dirigido en la luz, por hombres, y las mujeres gobernaban en las sombras ya que sus sociedad no les daba el protagonismo que quizás merecían, porque pertenecían a un sistema tradicional que les imponía un modo de vivir. Hoy en día eso había cambiado en parte, la Emperatriz Sakura era la primera mujer en regir el Imperio y sus vastos territorios como nunca había sucedido antes, aquello cambiaba todo el paradigma en que ahora los hombres pasaban a ser—por más yermo que sonase—medios de entretenimiento conceptual, los encargados de procrear a la futura heredera o futuro heredero del Imperio y que habría de ser Emperatriz o Emperador. Era curioso el modo en que el mundo cambiaba en un lapsus tan corto de tiempo. Haciendo eco en sus pensamiento, Sai sintió las puertas de la biblioteca abrirse justo cuando se dirigía hacia la mesa, dejando los libros sobre esta y alzando la mirada al Uchiha que deteniéndose frente él, dejo el libro que le había entregado la noche anterior sobre la mesa.
-Lo terminaste- pregunto, entre líneas, el sobrino el Baghatur.
-Sí- afirmó el Uchiha.
-No es necesario que me expliques sus principios o tus puntos de vista, solo responde mi pregunta- aclaro Sai antes de formular cualquier cuestionamiento. -¿De qué trata este libro?
-Explica el método para enseñarnos a leer el corazón de las personas- obvio Sasuke con simplicidad.
Las razones para conspirar, los fundamentos de la ambición así como el valor de los incentivos, eso es lo que le había permitido comprender mejormente el libro, aunque no eran temas a los que fuera ajeno, haber pasado meses en el Palacio Imperial le había enseñado que cualquiera con poder era capaz de cometer traición, donde y cuando fuera, incluso él podía hacerlo llegadas las circunstancias propicias. No era su intención cometer algo así, jamás la había sido, pero no se podía permanecer inocente para siempre en un ambiente como ese. Inevitablemente llegaría el día en que sería capaz de cometer atrocidades inimaginables por sus padres y hermanos, al menos lo consolaba saber que no habían vivido para verlo, de otro modo se moriría de vergüenza. Decirse sorprendido era una nimiedad, habitualmente un libro como el que le había entregado a Sasuke era difícil de comprender, su contenido era pesado y sus enseñanzas se tergiversaban entre sí, razón por la que se necesitaba releerlo una vez más, o tomarlo con lentitud, pero en menos de veinticuatro horas era testigo de cómo el Uchiha superaba ampliamente a la mayoría de la gente. Su tío Yamato le había advertido que subestimar a un Uchiha era tal vez el mayor error que se podía cometer, no eran como la mayoría de la gente, una voluntad feroz ardía en ellos hasta el final de sus vidas, puede que incluso traspasando aquello y aunque Sai no estuviera dispuesto admitirlo…debía reconocer que estaba asombrado con Sasuke. Descendiendo la mirada hacia los libros que había dejado sobre la mesa, Sai le tendió el siguiente a leer.
-El siguiente será las Analectas de Confucio- dicho esto, Sai deposito el libro en las manos del Uchiha que emitió un vago asentimiento como única respuesta, procediendo a retirarse.
La cultura, la educación o algo tan simplista como saber leer o escribir eran aditamentos personales con los que no muchas personas contaban, siquiera hablar idiomas extranjeros eran características por demás privilegiadas aunque no loables en el Imperio cuya distancia de Europa y Occidente los hacia un mundo aparte, un territorio que nada tenía que imitar o envidiar al resto de los soberanos del mundo. Tal vez fuera esto último lo que había precisado que la tradiciones se sostuvieran, de ahí el hecho de que la manera de vestir significara el nivel jerárquico a ocupar. Él en lo personal había perdido la cuenta de cuantas piezas nuevas habían sido añadidas a su guardarropa, no es precisase tanto diariamente, más en palabras del Baghatur, era imprescindible que contase con cada aspecto visual conque posicionar su autoridad una vez estuviera en el Palacio, eso que por tradición en ocasiones tendría que cambiarse de ropa de dos a cuanto veces al día…al menos eso le había advertido el Baghatur. Los guardias fuera de la habitación del sobrino del Baghatur le permitieron pasar sin cuestionar en lo absoluto porque estaba allí. Como si hubiera predicho sus acciones, Sai se giró hacia las puertas que acababan de abrirse, nuevamente y en menos de veinticuatro horas es que el Uchiha acaba un libro que a la mayoría de las personas—incluido él—les tomaría de tres días a una semana con el fin de comprender su contenido exacto. Escuchando las puertas cerrarse tras de sí, Sai recibió de manos del Uchiha el libro como ya había recibido otro el día anterior.
-¿Cuál es la enseñanza?- volvió a preguntar Sai, igual de calmado.
-Un método para leer el corazón de las personas- respondió el Uchiha nuevamente, percibiendo el sutil gesto de sorpresa e las facciones del sobrino del Baghatur. -¿Estoy equivocado?- inquirió con fingida inocencia, sonriendo ladinamente.
Esbozando una sonrisa casi imperceptible, Sai respondió con silencio; se había equivocado al subestimar al Uchiha y creer que necesitaba un poco de ayuda, era más que obvio que se bastaba solo para lidiar con lo que fuera.
Mentir significaba muchas cosas, significaba no decir la verdad, también implicaba ocultar información, fuera cual fuera la causa, y del mismo modo las mentiras se clasificaban entre benignas y crueles; benignas eran aquellas que se decían por un bien mayor, por la salvación de otra persona o para evitar emociones que afectaría a alguien…las crueles por otro lado eran aquellas que se emitían con descaro, con el único fin de herir a otros, con el único fin de generar displicencia y desdén. Yamato no sabía cómo calificar lo que él había decidido hacer; Pein había venido a verlo hacia menos de una hora, si, y él no se lo había dicho a Sasuke por dos razones, la primera porque no quería que perdiera el autocontrol que sostenía ante la pasividad de su palacio, y la segunda porque si ambos se encontraban se desataría una tormenta inimaginable. Pein era la única persona que podía alterar a Sasuke y viceversa, su relación era tan caótica y estaba tan llena de odio que siquiera pensaren que se encontraran juntos bajo el mismo techo…Kami, era impensable imaginar aquello sin pensar en que alguno de los dos muriera en el proceso. Según Pein había dicho, estaría ausente de la capital hasta el día de la selección de Consortes Imperiales, designado por su padre el Regente Danzo Shimura como diplomático y embajador en la corte del rey de Konoha, garantizando que—temporalmente—se tomasen las decisiones pertinentes. Era mejor que Sasuke no supiera nada de eso, por ahora, así su triunfo sería más satisfactorio, porque Yamato estaba más que seguro que ganaría, era el único que estaba tan cerca del corazón de la Emperatriz como para lograrlo.
-Pein siempre ha querido matar a Sasuke, eso me dio a entender él- comento Yamato tras un prolongado silencio. -Él y Nagato fueron enviados diplomáticamente a Konoha por el Regente- aludió bebiendo tranquilamente de su té y recibiendo silencio como respuesta, -cuando Pein regrese Sasuke ya será consorte- afirmo, seguro de tal victoria.
-Estás muy seguro, tío- menciono Sai, finalizando su silencio y objetando como de costumbre con respecto al Uchiha.
-Tengo ojos, Sai- el Baghatur contuvo una sutil carcajada, al fin y al cabo era él quien gozaba de amplia experiencia de la cual apoyarse, Sai en parte seguía siendo un niño. -A Danzo no le hará gracia que él sea nuestro candidato- obvio únicamente, ya que si bien mantener la presencia de Sasuke como un secreto acabaría teniendo sus consecuencias, necesarias pero consecuencias.
-¿Has pensado en las consecuencias?- se mofo Sai con sarcasmo, sin poder evitarlo.
-Yo también cuento con mis propias armas, no hay necesidad de preocuparse- sosegó Yamato. Su sobrino la mayoría de las veces se comportaba como un adulto, había madurado a una edad temprana, pero por momentos insistía en llevarle la contraria porque su juventud le otorgaba arrogancia, más Yamato sabia sobradamente que en este caso estaba equivocado. -Sai, no hay nada en este mundo que pueda obtenerse fácilmente, entre más quieras obtener, mayor valentía debes tener y ha llegado el momento de armarnos de valentía- habían guardado silencio por demasiado tiempo, reservándose a velar por la vida de la Emperatriz, pero sin poder ayudarla realmente, ahora mediante la presencia de Sasuke en el Palacio, podrían hacerlo. -Si tenemos miedo no lograremos nada- recordó a modo de enseñanza.
-Sí, tío- acato Sai, aceptando sus palabras.
La Temeridad era una virtud importante para sobrevivir; no por tener miedo significaba que no fueran más audaces, de hecho era al contrario, aquellos que tenían miedo se fortalecían con mayor rapidez al dejar atrás sus temores, superándolos, se volvían más intocables. Sabían que la excesiva temeridad también era un error, después de todo eran humanos y erraban, y como tal sabía que alguna derrota o afrenta habrían de sufrir en el proceso de esta lucha, pero—y aceptándolo finalmente—tanto Sai como Yamato hubieron concordado en que apoyarían a Sasuke incondicionalmente, porque no había una sola persona dentro de ese Imperio, que hubiera resistido tanto y vivido para contarlo.
La flameante voluntad del Uchiha sería su escudo.
El tiempo había pasado con agotadora lentitud para ellas, había visto horas convertirse en días y días en semanas. No tenía mucho que hacer decir verdad, solo cuidar de su hija y estampar su sello en los documentos que el infame Regente le presentaba diariamente. Lo cierto es que estaba resignada, con Naruto en Konoha y Sasuke lejos para siempre…solo le quedaba compartir su vida con Neji, incluso había aprendido a ser cordial con él, pero no lo amaba ni lo amaría jamás, solo tenía una única razón por la que luchar y esperar la ocasión de oponerse a Danzo; su hija. En silencio e intentando no sofocar su mente, se observó frente al espejo, terminando de cerrar el fajín borgoña bordado en oro que cerraba el kimono a su cuerpo. Hoy habrían de reunirse todos los presuntos candidatos a Consortes Imperiales y los vería cuando le rindieran respeto, por lo que desde luego no podía deslucir en tamaña ocasión. Un sencillo kimono de chiffon y seda roja cubría su figura, de recatado aunque bajo escote cuadrado, con mangas campanadas y caída holgada bajo el vientre; por sobre este una capa superior hecha finamente de seda roja bordada en oro para replicar flores de cerezo y hojas, con alto cuello en V que se erraba a la mitad del busto, marcadas hombreas, mangas acampanadas con un margen borgoña en los extremos—así como en el dobladillo—y que hacían juego con el fajín. Su largo cabello rosado elegantemente peinado en alto, y adornado por un tocado de oro que exponía su largo cuello. Cerró los ojos por un instante, pidiendo paciencia en cuanto escucho las puertas abrirse; solo Danzo Shimura entraba sin pedir autorización.
-Regente- saludo Sakura, inclinando la cabeza con fingido respeto.
-Luce radiante, Majestad- elogio Danzo sinceramente.
-Me alegra que le parezca apropiado- sonrió la Haruno, apretándose fuertemente las manos bajo las mangas del kimono. -Como le prometí, dejare todo en manos de la Emperatriz Viuda y el Emperador- garantizo, reservándose a actuar como testigo, ella decidiría al final, pero eso era otra historia.
-Pero ha de manifestar su opinión- objeto el Regente, conociendo bien a la Emperatriz Viuda Tsunade y las intrigas que podría haber sembrado desde su regreso al Palacio.
-Solo si usted quiere que lo haga- consintió Sakura con una amigable sonrisa adornando su rostro.
Sabía muy bien que el regreso de su madre había generado muchos cotilleos y rumores, pero no le importaba, ¿Danzo quería que continuase fingiéndose sumisa, tonta y callada? Pues le daría el gusto, por ahora. Los consortes que habrían de ser seleccionados—no solo por ella sino también por su madre y Neji—obedecerían a fines políticos, todos tendrían ambición de compartir la cama con ella y obtener poder en el proceso…tenía la esperanza de conseguir encontrar a algún aliado, pero cuanto más lo pensaba más se decepcionaba. Era mejor que no creyese tanto en fantasías. Danzo debía reconocer que estaba conforme con estas respuestas, desde que la joven Emperatriz se había convertido en madre, había sentado cabeza como él tanto había deseado que hiciera, no se oponía a su voluntad, le consultaba todo antes de tomar cualquier decisión y relucía en la corte con su belleza. Eso era todo lo que necesitaba de ella y de cualquier futura Emperatriz o Emperador. Las cosas entre su hijo y la Emperatriz habían mejorado considerablemente, su trato en público y en privado era el de cualquier pareja Imperial; por fin y después de tanta espera obtenía los frutos que tanto había anhelado, el imperio entero y el poder con que tanto había fantaseado ahora era solo suyo. Como no había sucedido anteriormente, llamaron a las puertas con una educada serie de repiqueteos ante los que la Emperatriz se acercó a su mesa de noche, tomando la campanilla y agitándolo como respuesta, permitiéndole a Ino ingresar, cargando entre sus brazos a la pequeña princesita.
-Majestad- reverencio Ino, cabizbaja, tendiéndole la bebé a la Emperatriz.
-Naori, pequeña- cargando a su pequeña, Sakura la estrecho protectoramente en sus brazos.
-¿Crece fuerte y sana?- se interesó genuinamente el Regente, al fin y al cabo era su nieta.
-No sería de otra forma- contesto la Emperatriz con una luminosa sonrisa.
Acunando a su pequeña ne sus brazos y besándole la frente, Sakura se quedó absorta por un instante; esa niña era su mayor alegría en el mundo, tal vez no fuera su hija realmente, no había nacido de ella, pero la criaba con el mismo amor que cualquier madre sentiría por quien había surgido de su propia sangre, y como tal la protegería a cualquier costo. Con una sonrisa, Sakura le tendió su pequeña hija al Regente, era sabido por todos que tanto el Emperador como Danzo eran particularmente permisivos co esa pequeña, estaban dispuestos a darle el mundo entero, esta era tal vez la única idea en la que concordaban, pero por razones opuestas; Danzo sabía que obtendría más poder que nunca cuando su nieta fuera Emperatriz, mientras que Neji veía a su "hija" como su salvación para gobernar la corte. Ella, por otro lado, solo anhelaba poder protegerla de todo y todos. No tienes idea de cómo quiero verte retorcer de dolor, quiero arrancarte la cabeza con mis propias manos y hacer que el mudo olvide tu nombre, viendo a Danzo cargar en brazos a su pequeña hija, Sakura a punto estuvo de creer que tenía sentimientos, más sabia que no era así y que perfectamente podrí vender a sus propios hijos con tal de ganar más poder. Sigue creyendo que tienes ante ti a una niña inocente, porque cuando menos te lo esperes, te estrangulare. Disfrutaría cada segundo de la ruina de Danzo, de su cuenta corría que ese maldito pagara todo cuanto le había hecho; todo.
Los preparativos para recibir a los jóvenes aspirantes a Consortes Imperiales estaban terminados exitosamente, la Emperatriz Viuda Tsunade se había encargado de ello desde luego. Desde su regreso del templo Nakano, había cumplido perfectamente con su rol como administradora de la Corte y asidua Consejera de la Emperatriz, en un principio Neji había creído que eso daría lugar a nuevas desavenencias entre Sakura y él, pero afortunadamente no había sido así, lo cual lo tranquilizada. Casi dos años, ese es el tiempo que Sakura y él llevaban casados y tenían una sola hija; Naori, esa niña, su propia hija era la garantía de que ambos se mantuvieran unidos y que fueran felices, su propia supervivencia dependía de la vida de su hija y del amor duradero que existiera entre Sakura y él. Vistiendo unos elegantes atuendos de seda marrón y crema bordados en oro, el joven y orgulloso Emperador se desplazaba por el Jardín imperial rumbo al salón de recepción, acompañado por su leal sirviente Yahiko. Le molestaba la llegada de los provincianos, como los calificaba él, esos arribistas que pretendían ascender social y políticamente hasta derrocarlo. Como si no lo supiera, pensó Neji, apretando fuertemente las manos bajo las mangas de su traje. No le permitiría a nadie derrocarlo, se mancharía las manos con tanta sangre como fuera necesario, pero no perdería su titulo como Emperador, no cedería, no importaba sobre quien tuviera que pasar, era le hijo del Regente Imperial y no podía permitirse semejante cosa.
-Todos los candidatos han llegado, Emperador- informó Yahiko serenamente. -Todos excepto el candidato del gobernador de Sunagakure- puntualizo, haciendo que el joven Emperador frunciese el ceño.
-¿Y por qué es tan lento ese hombre?- cuestiono Neji con disgusto.
Yahiko, detrás de él y siguiendo sus pasos, solo pudo encogerse de hombros en sino que no tenía respuesta para tal hecho. La verdad le daba igual, incluso y de serle posible les daría veneno a todos ellos, de no ser que la hacerlo se mancharía su nombre y estatus con un crimen común, eso era lo único que lo detenía de ser tan cruel como deseaba serlo. Como siempre, habría de confiar en que su padre sabía muy bien porque había aceptado la decisión de permitir que Consortes cualquiera le restasen influencia, no importaba cuanto dialogasen de política con él, no quería ni entendería jamás que tuviera que sembrar el miedo teniéndolo por cautivos. Esos hombres eran despreciables a su juicio y nada ni nadie cambiaria está creencia. Pero vivir en un Palacio significaba sobrevivir de todas las formas posibles, por ahora tal vez no fuera necesario pero si la vida de su hija corría peligro, Sakura habrían de volver a intentar tener otra hija o hijo, de otro modo peligraría la sucesión, más ¿Podría? No es como si realmente creyera en lo que los infundados rumores habían dicho de él; que era incapaz de tener hijos, no era culpa suya ni tampoco de Sakura, ambos eran jóvenes solo eso…por eso precisamente no le gustaba pensar en eso, porque se preocupaba y llenaba su mente de pensamientos negativos. Pero sin la presencia de sus hermanos mayores, Pein y Nagato, se sentía desprotegido y falto de sus siempre sabios consejos.
-Debe ir a ver a los candidatos antes de que lo haga la Emperatriz Viuda- recordó Yahiko, ya que de no ser así, no podría hacerles entender a los aspirantes quien gobernaba ese Palacio.
-¿Esta lista la medicina?- inquirió el Emperador, sin parecer realmente interesado.
-Si, Majestad- concordó Yahiko, inclinando respetuosamente la cabeza.
Tener tanto poder como Emperador, el segundo hombre más poderoso después de su padre el Regente Imperial, significaba que todos siempre tenían que obedecer sus órdenes sin discusión alguna, salvo que su padre o Sakura tuvieran algo que objetar y esto último no sucedía si él era más veloz al momento de ejecutar una orden. Deteniendo repentinamente su andar, Neji no supo si sentirse mejor consigo mismo o aún más indignado; él era el hijo del Regente Imperial, procedía una estirpe de guerreros y cazadores que siempre habían pertenecido a la nobleza, tal vez los aspirantes a Consortes Imperiales también tuvieran antecedentes nobles en su sangre al ser sobrinos o hijos de los gobernadores más importantes del Imperio, pero no eran como él en lo absoluto y no lo serian ni aunque pasasen mil años y nacieran mil veces más en rangos presuntamente superiores. No había título más importante en el mundo, para un hombre, que el de Emperador, y ese título era única y enteramente suyo y solo lo perdería cuando estuviera muerto, con esa garantía contaba como esposo de la Emperatriz.
-Esos insignificantes provincianos…- mascullo Neji despectivamente.
Él, personalmente, les haría ver quien gobernaba la corte de ese Palacio.
-Dicen que el Emperador tiene muy mal carácter.
-¿En serio?
-Yo también lo he escuchado.
-También dicen que es un hombre muy cruel.
La Emperatriz Viuda Tsunade había ordenado que preparasen elegantemente el salón de recepciones donde ahora se encontraban todos o casi todos los jóvenes aspirantes a Consortes Imperiales, salvo por el candidato faltante de Sunagakure, sumaban en total catorce jóvenes entre diecisiete y diecinueve años, de aspecto galante y digno de retratar por el mejor de los artistas. Vestían atuendos de seda casi tan dignos como los de cualquier Emperador, provenían de las provincias más importantes del Imperio, en su mayoría dos de cada provincia. Sentados, divididos en dos filas paralelas, todos charlaban y cotilleaban amenamente entre sí. Sabían sobradamente que tanto la Emperatriz Viuda como el Emperador habrían de participar en la selección, y este último les provocaba temor, todos habían oído de los rumores que circulaba sobre lo celoso que era, lo arrogante y cruel. Si el imperio entero ya le temía al Regente, comenzaba a temerle poco a poco al joven Emperador. Además y aunque o lo manifestasen abiertamente todos querían conocer a la Emperatriz, deseaban saber si su gran belleza era tan grande como se decía que era. Algunos decían que tenía la belleza de una diosa y el porte de un ángel, además de ser alguien muy inteligente pese a compartir las prohibiciones que muchos de ellos también habían tenido que soportar; o poder hacer valer su opinión, ni tampoco leer o escribir…tener tanto en común con una mujer de belleza sublime hacia aún más tentador el futuro que se vislumbraba.
-¡Su Majestad el Emperador!
El repentino anuncio los hizo sobresaltarse y erguirse apresuradamente, bajando la cabeza en una silente reverencia en cuanto las puertas se abrieron y el Emperador, acompañado por su escolta y sirviente, junto a dos doncellas que se mantuvieron junto a las puertas. Contra la pared del salón se encontraban dos tronos de oro solido bañados en esmaltes, gallardo y elocuente el joven Emperador cruzo la distancia que lo separaba de su trono—a la izquierda—ante el que se mantuvo de pie, girándose y observando con curiosidad a los provincianos. Para cualquiera que viera al Emperador y se gravase su primera impresión de él, lo juzgarían como un hombre sumamente galante, guapo, educado y por el comportamiento correcto que se esperaba de él, así pensaban las doncellas que integraban la servidumbre, sin oírlo hablar ni verlo actuar no se podían creer todos los rumores que se decían de él, no parecía el hijo del Regente, pero en el fondo lo era. Yahiko, de pie tras el Emperador, a su diestra y tan confiado como siempre al ser su mano derecha, espero alguna reacción de parte de los presentes que tras alzarse mantuvieron la vita al frente pero sin poder encontrar sus miradas con las del Emperador Neji, como si le tuviesen miedo y era mejor que lo tuvieran si sabían lo que era bueno para ellos. La hasta entonces imperturbable faz del Emperador se vio humanizada por una amigable sonrisa que les hubo dirigido a los presentes.
-Viniendo de lugres tan lejanos, deben haber sufrido mucho- supuso Neji con falsa comprensión. -La selección de consortes iniciara a partir de mañana, pero no dejen que eso los preocupe- desestimo manteniendo un tono de voz uniformemente cordial. -Yahiko.
-Si, Emperador- acato el pelinaranja, realizando una reverencia en su lugar. -Tráiganlos- le ordeno a las doncellas que habían permanecido junto a las puertas.
Una de las doncellas cargaba una bandeja con—en total—quince cuencos de elaborada porcelana que albergaba un contenido de color miel anaranjado, mientras que su compañera se los iba entregando uno a uno, hasta que solo quedase en la bandeja el cuenco restante para el candidato de Sunagakure que aún no llegaba. Recibiendo esto cuencos, los jóvenes aspirantes se observaron entre sí por el rabillo del ojo, incapaces de tomar una decisión y viendo con sutil desconfianza el colorido contenido de los cuencos. No le importaba si estaban todos los candidatos o no, le daba igual a decir verdad, más los que estaban presentes figuraban el número suficiente como para poder actuar sin temer represalias, pero sabía que si iba a ser algo debía hacerlo y pronto ante de que su molesta suegra, la Emperatriz Viuda Tsunade hiciera acto de aparición y osase reprenderlo delante de quienes se suponía deberían admirarlo, temerle y reverenciarlo como a un dios. Sin desvanecer a amigable expresión de su rostro, los animo a beber el contenido dispuesto en los cuencos ya entregados y que él les ofrecía encarecidamente en un gesto de "buena voluntad", como si ellos fueran visitantes ilustres y no individuos insignificantes—a su entender—a los que por cierto consideraba sus enemigos; no, ellos no tenían por qué saber eso, ¿Cierto? Eran nimiedades obvias.
-Ahora, beban- ordeno el Emperador igualmente calmado. La respuesta que obtuvo fue el silencio y la aparente negativa de los jóvenes aspirantes que observaron con duda los cuencos que tenían en las manos. -Yahiko, ¿Acaso están sordos?- se aventuró a preguntar, algo burlón.
-Si no son sordos, entonces están faltando el respeto al Emperador- supuso el pelinaranja con disgusto.
-¿Qué esperan? Beban- demando Neji, ofendido ante la negativa de estos insulsos provincianos. -¿Qué creen?, ¿Temen que los envenene?- sin inmutarse siquiera, tomo el cueco restante en la bandeja ya ante la atónita vista de los presentes se bebió el contenido de un solo golpe, aventando el cuenco al suelo que afortunadamente no se rompió al chocar con la tersa alfombra. -Es un tónico que ordene preparar para sus nervios. ¿Pero ustedes se atreven a rechazar mis buenas intenciones?, ¿Con esa actitud creen que son lo suficientemente buenos para estar aquí?- acuso observándolos co desdén y repugnancia, más satisfecho al ratificar que eran fáciles de amedrentar, tal y como quería que fueran. -Todos, arrodíllense y sostengan el tazón sobre su cabeza- ordeno como castigo, más la tardanza de los provincianos que se observaron entre si no hizo más que exacerbar su cólera, -¡rápido!-espeto con impaciencia.
Sin más dilación y temiendo ofender aún más al impredecible y temible Emperador, todos los presentes hubieron caído de rodillas al suelo, sosteniendo con sus manos los cuencos por sobre la altura de sus cabezas, cabizbajos y temerosos a más no poder. Con una sonrisa de suficiencia, Neji observo a su leal sirviente, Yahiko, por el rabillo del ojo y que se encontraba tan triunfal como él; él era quien gobernaba ese Palacio, nadie más.
-Llegamos- anuncio Sai cuanto el carruaje se hubo detenido fuera de las enormes puertas del Palacio. -¿No te arrepentirás?- se aventuró a sugerir al ver que el Uchiha solo le respondía con silencio. -Tan pronto bajes del carruaje y entres al Palacio imperial, no habrá vuelta atrás- recordó, siendo comprensivo por primera vez desde que se conocían.
-No me arrepentiré- objeto Sasuke sin dar lugar a la duda.
Lo había dicho anteriormente, él no caminaría a tientas sino que con seguridad, sabía perfectamente a que se enfrentaba y estaba mejor preparado que antes, no solo en conocimientos y creencias teológicas, sino también en experiencias y vivencias, haber estado a punto de ser vendido como esclavo era una experiencia que jamás se le borraría de la mente. Tomándose un par de segundos para sí mismo, el Uchiha apretó las manos, intentando alejar los turbulentos pensamientos de su mente. Lucia y elegante aunque igualmente austero taje de color azul oscuro, de mangas ceñidas y caída prolija, con detalles en azul claro en el cuello alto, a la altura de las muñecas y en el dobladillo de la tela. Distraídamente, el Uchiha reviso el fajín azul claro que cerraba su traje, comprobando que perfectamente oculta, llevaba consigo la carta de sangre, solo la Emperatriz merecía leer su contenido como ya habían hecho el Baghatur y su sobrino por obvias razones. Prescindiendo de toda ayuda posible, el Uchiha abrió por su cuenta la puerta del carruaje, cabizbajo para evitar el contraste de la luz del sol que poco o nada había percibido en su viaje, apenas percibiendo el eco de la suela de sus botas contra el suelo, formando un suave eco. Sai, vestido de negro y purpura, con las manos cruzadas tras la espalda, volteo a verlo por el rabillo del ojo, sin parecer interesado en su opinión y en si iba aceptar realizar esta labor o no, más en el fondo, Sasuke sabia mejor que nadie que Sai estaba de su lado, aunque sostenía unas creencias un tanto diferentes que las del Baghatur, aunque aún era muy pronto para calificar esto como erróneo o no
-A partir de hoy libraras una larga batalla- advirtió Sai únicamente, sin capaz de hacerle saber más.
-Estoy preparado para eso y más- contesto Sasuke sin trastabillar ni por un segundo.
Ya había estado en ese Palacio tiempo atrás, había prendido el protocolo, las normal, que hacer para elogiar a quienes lo rodeaban y como sofocar las insurrecciones. Había errado, pero ahora no era el mismo adolescente subversivo que había buscado venganza, emocionalmente ya podía considerarse un adulto y pensaría como tal. Cerrando los ojos por una fracción de segundo y apretando fuertemente las manos bajo las mangas de sus ropas, el Uchiha tomo aire con libertad por última vez, en cuanto cruzase esas puertas habría de planificar hasta la más diminuta de sus acciones. Abriendo los ojos, Sasuke finalmente avanzo hacia las puertas que se abrieron a su paso, voltear y enfrentar a Sai sería un error, eso lo sabía bien, debía deshacerse del sentimentalismo o lo utilizarían en su contra. Escuchando las puertas cerrarse tras de sí, Sasuke se corrigió:
Solo un sentimentalismo podía prevalecer, su lealtad hacia la Emperatriz.
Había triunfado, por fin podía estar más tranquilo consigo mismo al ver co sus propios ojos que esos insulsos provincianos no tenían nada de lo que enorgullecerse, nada a lo cual asirse para ser mejores que él que en ningún caso hubiera bajado la cabeza y acatado ordenes, tal cosa no había estado jamás en su naturaleza, ni siquiera había hecho lo que su padre o sus hermanos mayores le habían ordenado bajo ningún concepto, siempre seguía su propio criterio, la única orden cumplida en toda su existencia era la de casarse con la Emperatriz y de aquello no se arrepentía. Acompañado por Yahiko, abandono el salón con suma discreción, como si jamás hubiera estado allí y tras ordenarles a las doncellas que se marchasen, aunque por cierto no tenía nada que ocultar, no había hecho nada malo. Los pasillos parecieron pasar a gran velocidad en su rango de visión…hasta que la Emperatriz Viuda hubo emergido en la esquina al final del pasillo que transitaba. Tan elegante como siempre, la hermosa Emperatriz Viuda Tsunade lucía un bellísimo kimono de seda purpura brillante de cuello alto y con un fajín dorado cerrando sus ropajes, bordado casi en su totalidad de encaje e hilo de oro, con su cabello recogido en alto y adornado por un tocado a juego con unos largos pendientes y una pronunciada guirnalda de oro alrededor de su cuello. Acompañada lealmente por Kakashi y Kurenai, la Emperatriz Viuda penaba dar la bienvenida a los jóvenes aspirantes a consortes y nobles delegados de los gobernadores, aunque le sorprendía haberse encontrado con el Emperador en su camino, ¿Qué hacia allí?
-¿Por qué se va tan deprisa, Emperador?- inquirió Tsunade con sincera curiosidad.
-Ya he hecho lo que vine a hacer- contesto Neji con simpleza, siguiendo con su camino, como si nada. -La próxima vez, Yahiko, asegúrate de añadir la medicina- recordó, pudiendo reírse mentalmente de lo sucedido a los consortes; le encantaba que le temieran.
-Si, Emperador- contesto el pelinaranja de inmediato. -La próxima vez lo beberán sin ninguna sospecha- sonrío aventurándose a la victoria y sabiendo que su Emperador pensaba igual y lo ratifico ante la sonrisa de autosuficiencia que le dirigió por el rabillo del ojo.
-Mi hija deberá ser la heredera de la Emperatriz, la única candidata al trono- puntualizo Neji en caso de que hasta entonces no hubiera sido lo bastante claro. -Ningún otro hombre puede tener descendencia- espeto como una orden indisoluble.
Naori era su supervivencia y la tolerancia de Sakura su seguro, pero por Kami que no podía verse desplazado como Emperador, jamás en su vida permitiría tamaña humillación, primero muerto a tolerar eso, y nada lo haría cambiar de parecer.
Nunca comprendería a Neji y sinceramente no quería hacerlo, ese niño era falto de escrúpulos y no seguía ninguna de las reglas del protocolo salvo aquellas con las que se sentía a gusto, desdeñaba las costumbres y creía que como Emperador podría cambiar las leyes y tradiciones a voluntad si dirigía la corte; pues no era tan fácil. Una sociedad como la japonesa se basaba en enseñanzas pasadas, se apoyaba en el pasado y sus recuerdos, siquiera el hecho de que una mujer gobernara el vasto Imperio era algo sin precedentes, cambiar el sistema casi por completo tomaría demasiado tiempo, no solo una generación sino decenas de ellas. Lo que Neji sugería no era cambio, era anarquía. Incluso Sakura pese a sus limitaciones no pensaría jamás en generar algo así. Neji como siempre, estaba afuera de control. Elevando la voz, Kakashi la anuncio poco antes de que las puertas se abrieran, más Tsunade no reparo en ello pues su incrédula mirada se centró de inmediato en los jóvenes consortes que de rodillas contra el suelo, sostenían en sus manos u cuenco cuyo contenido no podía ver desde donde estaba. Sujetándose sutilmente la falda para no tropezar, igual de desconcertada que su propio sequito, Tsunade intercaló su mirada ente los presentes, apenas percibiendo como las puertas se cerraban tras de sí y los candidatos presentes bajaban la cabeza únicamente debido a la situación en que estaban, presentando silentemente sus respetos a ella como Emperatriz Viuda.
-¿Qué están haciendo? Levántense de inmediato- ordeno Tsunade, personalmente consternada ante este espectáculo, viendo erguirse co dificultad a los jóvenes que Kami sabe por cuánto tiempo habían permanecido de rodillas contra el suelo. -¿El Emperador les ordeno hacer esto?- más bien afirmo, sin obtener respuesta, aunque las miradas de los jóvenes le decían que era así. -Todo está bien, no se asusten- al ser tan jóvenes, algunos de ellos aún eran prácticamente niños que estaban en un territorio hostil, era normal que sintieran miedo. Su mirada hubo reparado en el puesto vacío, el único a decir verdad. -¿Por qué falta un candidato?- pregunto en espera de una respuesta, escuchando como las puertas se abrían y cerraban tras ella.
-Por favor, disculpe mi tardanza- se excusó una voz familiar a su espalda.
Curiosa en lo más profundo al no saber o no recordar a quien pertenecía aquella voz tanto discreta como intensa y tanto pétrea como estoica, Tsunade se giró para enfrentar a quien debía ser el candidato faltante…más nada podría haberla preparado para lo que vio, tanto que inclusive los miembros de su sequito se hubieron quedado prácticamente sin aliento a causa de la impresión. Kakashi sintio como si la palabra muerte dejar de tener un significado, porque la última vez que la había oído se había referido a ese chico, a Sasuke Uchiha, el propio hijo primogénito del Regente Imperial; lord Pein, había dicho que Sasuke estaba muerto en el sentido literal de la frase, pero ahora estaba viendo por primera vez, tras meses, intacto, como si fuera la primer vez que llegaba a ese Palacio, solo que no en calidad de esclavo, sirviente o escolta sino en calidad de dignatario y representante del Baghatur y gobernador de Sunagakure. No había sido difícil saber a dónde ir, especialmente porque conocía casi todos los rincones del Palacio, más no creyó que tan pronto hubiera de encontrarse con un miembro de la familia real, aun así y sin dudarlo bajo la cabeza en una respetuosa reverencia ante la Emperatriz Viuda que intento camuflar lo más posible su notoria sorpresa al volver a verlo tras un año desde la muerte de Itachi. Eligio eludir voluntariamente su atención de la mirada de los otros candidatos presente, concentrándose en su lugar—tal y como había aprendido—en el papel que le tocaba interpretar.
-Vengo de la provincia de Sunagakure, mi nombre es Sasuke Uchiha- se presentó él, como si fuera la primera vez que entraba en aquel Palacio.
Silente y sin saber que decir, Tsunade solo pudo observar intrigada al Uchiha; puede que hubiera encontrado el mejor de los aliados posibles, precisamente en el momento más perfecto que hubiera podido imaginar.
En silencio y quietud, ya no sabiendo que más hacer para pasar el tiempo, Sakura jugo distraídamente con la tela de su kimono, suspirando de forma casi inaudible. Ahí y sentada en su divino trono en el salón homónimo, la hermosa Emperatriz aguardaba la llegada de su madre luego de haber memorizado cierta normal del protocolo a seguir en esta oportunidad; quienes recibieran la insignia con el emblema del Imperio Haruno se quedarían, quienes recibieran una bolsa con monedas de oro deberían marcharse. No debería llevar a cabo tal designación hasta que la selección de candidatos se hubiera llevado a cabo según lo planeado, más aun así lo repetía una y otra vez en su mente, intentando no olvidarlo y no deseando cometer ningún error, sin importar lo insignificante que pudiera parecer. Las puertas finalmente se hubieron abierto con un aleve chirrido, permitiendo el ingreso de su madre la Emperatriz Viuda, que con una ligera sonrisa no hubo tardado en ocupar el trono a su diestra. Observándose en silencio, ambas oraron mentalmente porque a Neji no se le ocurriese asistir, lo que menos necesitaban en esos momentos eran sus celos injustificados, querían algo de calma por más breve que fuera. Kakashi Hatake, que había ingresado como acompañante y escolta de su madre se acercó con respeto y sutileza a la joven Emperatriz, susurrándolo en el oído la noticia que había estado esperando ansiosa y nerviosamente.
-Emperatriz, los candidatos han llegado- informo Kakashi debidamente.
Recibiendo un certero asentimiento de parte de la joven Emperatriz como única respuesta, Kakashi alzo la mirada hacia los guardia que permanecían atestados flanqueando las enormes puertas que abrieron de forma sucesiva, danzo paso a los quince candidatos enviados por los gobernadores y que hubieron ingresado ligeramente cabizbajos, formados en tres filas de cinco integrantes cada una. Ni aunque pasaran mil años, jamás podría olvidar su rostro, especialmente porque era la primera y única persona que había provocado sentimientos que nadie más podría despertar; la última vez en que la había visto, le había parecido una niña, alguien bastante ingenua, pero ahora en aquellos radiantes usares de sea roja bordados en oro y con una expresión de entera solemnidad, veía a la misma niña que lo había cautivado, convertida en una mujer sin igual, la mujer más hermosa que había visto y vería jamás. Sakura los recorrió a todos con la mirada, uno por uno, como Emperatriz podía darse ese gusto, más aunque todos fueran enormemente atractivos y halagadores de contemplar por diversas razones, ninguno llamo su atención, o veía nada en ellos que pudiera transmitirle la seguridad que en tiempos pasado había sentido por un hombre que ya no vivía. En su último esfuerzo se dio cuenta de que alguien no había bajado la mirada o por lo menos no como los otros, alguien había clavado su mirada en ella, y cuando Sakura lo hubo notado, no pudo evitar soltar un ligero jadeo a causa de la sorpresa, podía haber pasado tiempo desde la última vez en que se había visto, pero…Kami, nunca podría olvidar su rostro.
-Sasuke…- murmuro la Haruno, casi sin aliento.
-Sakura- viendo aún a la distancia como los labios de la Emperatriz se movían para pronunciar su nombre, el Uchiha no pudo evitar hacer igual y sentir lo satisfactorio que le resultaba volver a verla.
Estaban sobre la misma página, la historia misma había comenzado a narrar su propia odisea.
PD: Hola a todos, mis queridos lectores, me disculpo por el tiempo que tarde en actualizar este fic pero estaba concluyendo otro, ante lo cual ahora puedo dedicarme de lelno a esta historia que ya tengo escrita-en bosquejos-hasta el final :3 Había prometido actualizar durante esta semana pero los trabajos y clases en el inssitut me agotaron demasiado, más espero que mi demora no les moleste. Este capitulo esta inspirado en mi personal deseo de que la princesa Aiko de Japón-hija del futuro Emperador Naruhito-sea nombrada heredera como primera Emperatriz gobernante de Japón, porque afrontemoslo, si un hombre puede gobernar, también una mujer, sin importar lo que digan las tradiciones, en mi opinión al menos :3 Además si pueden; reitero que se pasen por mi historia "El Siglo Magnifico: La Sultana Sakura" y comenten si quieren que continué la secuela titulada "El Siglo Magnifico: El Sultan & La Sultana", que estará levemente inspirada en la serie "Medcezir" :3 durante la próxima semana actualizare los fic "El Sentir de un Uchiha" y "La Bella y la Bestia":3 como siempre la actualización está dedicada a DULCECITO311(que siempre está cerca y a quien dedico y dedicare todas y cada una de mis historias:3)a Adrit126(disculpándome de todo corazón por haber tardado tanto en actualizar :3) y a todos aquellos que sigan cualquier otro de mis fics :3 También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron cuya secuela comenzó su rodaje, y cuyo guion-de la primera película-ya he terminado), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia") "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), por no hablar de las películas del universo de "el Conjuro" ("El Conjuro-Naruto Style 2: Enfield", "Sasori: La Marioneta" y "Sasori: La Creación") que prometo iniciar durante y a lo largo de este año. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación, y en la recreación de la "Tragedia de Antuco" cuyos 13 años se conmemoraron el 18 de mayo de este año en mi país :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
