Disclaimer: Naruto no me pertenece.

/¡\Advertencia/!\: Este es un fic semi-AU y contiene contenido explícito. Si usted es sensible a este tipo de contenidos hágala corta y no lea.


Capítulo dos:

Doloroso


El solo hecho de existir, en aquel momento, le suponía un esfuerzo enorme e inhumano. Incluso pensaba que de no ser porque no estaba dormida sino inconsciente se habría despertado del dolor. La cabeza le pesaba enormemente, sentía fuertes punzadas en la que coronilla y le costaba mantener los ojos abiertos; de hecho, ni siquiera podía enfocar la vista.

Intentó moverse, pero tenía el cuerpo entumecido, y frío, al punto de casi no sentir sus extremidades. Tenía unos grilletes en ambos pies y alguien le había vendado el brazo derecho, pero, ¡oh, vaya sorpresa! No podía moverlo. Definitivamente había perdido el brazo.

Mentiría si no dijera que no le angustiaba perder un miembro tan importante, pero suponía que la situación no le permitiría llorar por más que quisiera. No sabía dónde estaba, ni siquiera recordaba qué había pasado, estaba encadenada y dudaba que no le hubieran metido algo para mantenerla inmóvil durante quién sabe cuánto tiempo.

Además, estaba todo tan oscuro al punto de que no distinguía el si tenía los ojos abiertos o cerrados.

De pronto el sonido de una puerta abriéndose la sobresaltó por completo y la luz que entró con ella la cegó brevemente. Los pasos de alguien se escucharon claramente en el lugar (que, dicho sea de paso, Hinata lo suponía completamente vacío). Pero este visitante no venía solo.

—Ya despertó —dijo una voz grave y evidentemente masculina que no pudo identificar.

—Te dije que no duraría demasiado. Es una droga para civiles —respondió la segunda, más chillona y femenina.

—Como sea —lo oyó chasquear la lengua—, no creo que pueda hacer mucho.

Volvió a escuchar pasos acercándose, cada vez más, y de pronto sintió un fuerte tirón, lo que causó un leve quejido de parte de la morena.

—¿Eh? ¿A quién se le ocurrió la grandiosa idea de encadenar a una convaleciente? ¡Inhumano! —Se horrorizó falsamente, casi mofándose, la voz masculina.

—Ya cállate, pescado de riachuelo, y llevemosla al laboratorio.

Fue llevaba cual un saco de papas en los hombros del "pescado de riachuelo" hasta un recinto más amplio, más brillante, el cual Hinata no pudo apreciar adecuadamente al no poder, siquiera, levantar la cabeza. Sin ningún tipo de delicadeza el "pescado de riachuelo" sobre una superficie dura y fría, metálica, sin duda alguna.

—Así que esta es… el espécimen elegido, ¿eh? —Una voz gangosa, áspera y escalofriante se escuchó muy cerca de ella. Con mucha fuerza de voluntad Hinata trató de enfocar la vista a quien hablaba, pero deseó no hacerlo: ojos fríos y crueles, sonrisa macabra y piel pálida era el aspecto básico de su anfitrión.

—O… Orochimaru… —musitó con voz débil.

—Oh, al parecer ya está conciente. Prosigamos.

Sin perder ni un segundo el "pescado de riachuelo" y la mujer que lo acompañaba la desnudaron por completo, incluso sacándole venda del brazo. Hinata, ante tal invasión a su privacidad y en un intento de resguardar su pudor se removió nerviosamente, queriendo evitarlo, pero sus movimientos eran toscos, lentos y torpes, por lo que nada pudo hacer.

De repente la invadió un miedo atroz, abrumante, que nació del hecho de ser consciente de que estaba desnuda, inmóvil y a entera merced de un hombre que era bien conocido por sus actos inhumanos contra todo ser vivo y su evidente sadismo. Su corazón comenzó a latir más rápido y su respiración igual.

—No es de mi incumbencia comunicarte nada, Hyuuga, sin embargo, no serás mi objeto de estudio… No enteramente.

A continuación, la víbora humana prosiguió a examinarla exhaustivamente. Revisó cada parte de su cuerpo, incluyendo sus genitales, donde introdujo los dedos en su vagina, comprobando así lo suponible: Hinata era virgen. La morena se tensó al sentir tal intromisión y en ese momento las lágrimas se le hicieron incontenibles.

Todo ante la atenta mirada de los presentes.

Todo ante el llanto silencioso de la humillada Hinata.

—Estrechez vaginal. Será un poco costoso pero no será problema a la hora de concebir y gestar —decía Orochimaru sacando los dedos de su vagina—. No noté verrugas ni vi manchas, por lo que las probabilidades de tener alguna enfermedad por el momento es nula. Kabuto, ve por una jeringa, le haremos un análisis de sangre para descartar cualquier otro problema. —Ordenó con voz fría a su subordinado quien asintió y rápidamente le alcanzó el material necesario, pero Orochimaru decidió ocuparse de revisar el brazo, dejándole la tarea a Kabuto—. Por lo pronto, verás, el pronóstico no es muy alentador: deberé amputártelo —dictaminó sin mucho entusiasmo.

Un gemido angustiado se escuchó de pronto. Hinata tardó en reconocerlo como propio.

Amputar. Amputación. Cuando se debe separar una cosa de otra por alguna razón. En lo seres vivos se da, generalmente y en el mejor de los casos, por motivos médicos, porque la extremidad puede poner en peligro la vida de la persona o porque quedó tan lastimada que ya es inútil.

Eso es, Uchiha Sasuke le había amputado el brazo con su amaterasu. Indirectamente, claro.

Una ola de calor recorrió repentinamente su cuerpo, no era miedo, no, mucho más que eso. Hinata se sintió ajena a sí misma, pero no podía evitarlo, es más, se permitió que este nuevo sentimiento se alojara cómodamente en su pecho: ira, una ira incontenible. ¿Cómo no? No solo la había secuestrado, no solo la había metido en esa cueva del demonio con una serpiente venenosa, su raro subordinado, un pescado de riachuelo y la otra loca, sino que ahora su brazo derecho le era completamente inútil.

Se removió inquieta, sintiendo odio por todos y todo, por Uchiha Sasuke, por Orochimaru, por ella misma y su incapacidad de siquiera salir viva de una batalla.

¿Instinto de supervivencia? ¿Qué es eso? La tonta Hyuuga no lo conoce.

Pegó un alarido de lo más agudo cuando sintió el pinchazo en su brazo izquierdo. A Kabuto poco y nada le importó la revolución de sentimientos que estaba viviendo, él solo clavó la aguja y extrajo la sangre sin siquiera mirarla.

Con esto Hinata volvió un poco en sí, pensando que era una completa estupidez gastar sus energías en odiar a alguien como Uchiha Sasuke, el enemigo, el cual ya vino podrido de la raíz.

Otro pinchazo. En medio de diversas instrucciones de Orochimaru hacia sus subordinados sobre qué traer y qué hacer fue perdiendo la conciencia.


Cuando volvió en sí se sintió indudablemente mejor que la primera vez, al menos no le dolía la cabeza, pero todavía estaba débil.

También se sentía como más ligera, y no tardó mucho en adivinar por qué. Con parcionomía, casi temerosa de comprobar lo inevitable, llevó su mano izquierda hacia al brazo derecho… O donde se supone que debería estar.

Tras un jadeo de sorpresa intentó tocar su hombro, pero antes de llegar se topó con un muñón vendado.

La incredulidad se le dibujó en la cara, pero enseguida recordó su cita con Orochimaru, quien sin ningún escrúpulo le comunicó lo que habría de hacerle pronto. Supuso que el segundo pinchazo pertenecía al de un anestésico, como para que no se ande moviendo ni chillando como cerdo al matadero. Qué amable de su parte.

Oyó algo moverse e intentó levantarse, sin éxito alguno. Intentó distinguir lo que sea que hubiera en aquella habitación (que era nueva, dicho sea de paso, porque esta tenía una pequeña ventana, a través de la cual podía ver la luna), hasta que lo vió.

—Uchiha… Sa-Sasuke… —tartamudeó con voz queda. No tenía miedo, aunque sentía que tal vez debería estar temblando al verlo ahí, parado justo frente a ella, sin decirle nada.

Como un lobo al acecho de su presa…

Uchiha dio dos pasos al frente y Hinata como pudo retrocedió, pero era casi imposible porque sus piernas… Sus piernas no estaban.

Orochimaru no solo le amputó el brazo, sino que también aprovechó la ocasión y le cortó las piernas.

Ahogó un grito de terror y miró con una mezcla de desespero y odio a su enemigo, el cual seguía acercándosele hasta que fue inevitable y la tomó por el cuello, alzándola en el aire para luego azotarla contra el frío suelo. Hinata gritó e intento activar el byakugan, pero una fuerte punzada de dolor en la cabeza la obligó a dejar aquella idea atrás, pero cuando menos se dio cuenta, ya tenía a Uchiha Sasuke encima suyo, por inercia intentó removerse, patalear y escabullirse de su presencia… pero luego recordó su situación.

—Tengo una misión que cumplir, Hyuga —susurró a su oído, su cuerpo haciendo presión sobre el suyo, sin dejarle respirar—. Y tú vas a ayudarme con eso.

Tomó su única mano y la dejó detrás de su cabeza, luego con la otra apretó con fuerza su cuello, al abrir los ojos, con lo primero que Hinata se encontró fue con el aterrador sharingan y luego, más abajo… El miembro de Sasuke a punto de entrar en su cuerpo, intentó gritar, que alguien la oyera y socorriera, que alguien se compadeciera de ella aun sabiendo en donde se encontraba… La más mínima esperanza… Un salvador, alguien que la ayude… Naruto…

Sasuke reprimió esta acción cerrando su mano alrededor de su garganta, impidiendo que emitiera sonido alguno a la vez que se introducía en su interior sin importarle que le doliera.

Uchiha sonrió para sí. En efecto, Orochimaru podía ser una víbora, pero al menos decía la verdad.

Empezó a moverse, mancillando el virginal cuerpo de la Hyuga.

No podía gritar, tampoco moverse, solo llorar. Lágrimas amargas comenzaron a recorrer su rostro, una pequeña demostración de la humillación que estaba sufriendo.

Cada movimiento que Uchiha Sasuke daba penetraba un poco más que el anterior, aún el dolor seguía siendo incontenible.

Hinata, aún sin poder gritar, aún sin poder moverse, no dejó de llorar en ningún momento, sabiendo que si se dejaba hacer perdería toda la poca humanidad que todavía conservaba y con ello la esperanza.

No dejó de llorar aún cuando todo se volvió oscuro.


Una voz chillona, masculina, se oía a lo lejos:

—Vaya, está despertando. —Silencio—. ¿No crees que fuiste demasiado duro? Está gritando como loca. —Oh, ¿de verdad lo hacía?—. No respondas por él, zanahoria, no es un niño.

El mundo a su alrededor comenzó a tomar forma y una luz brillante, de color amarillento, la cegó. Cuando pudo enfocar la vista no solo se encontró con el "chico agua" y la "zanahoria", también estaba aquel tipo grandote, Orochimaru, Kabuto y por supuesto, Uchiha Sasuke.

Hinata pensó en que quizás debía sorprenderse, aterrarse o algo, pero… nada. Absolutamente nada. Quizás lo que más temía ya había pasado, quizás había perdido la poca humanidad que le quedaba…

Hasta que el recuerdo más reciente, se hizo presente en su mente… Sasuke profanando su cuerpo… Sus piernas… Su brazo...

—Pareciera que el genjutsu fue demasiado para ella.

La voz de la serpiente la sacó de sus pensamientos. ¿Qué dijo? ¿Genjutsu? Jadeó de improvisto y como pudo dirigió su mirada hacia sus piernas… y allí estaban, intactas, sin embargo su brazo sí se había ido.

Entonces suponía que la violación tampoco fue real… Por ahora.

—Tengo una misión que cumplir, Hyuga, y tú me ayudarás —repitió oscuramente las mismas palabras que en el genjutsu.

No tenía idea de a qué se refería con aquello… Y no estaba segura de querer averiguarlo.

—Se trata de una combinación entre tu kekkei genkai y el mío —explicó con simpleza—. He investigado lo suficiente como para saber que si nace una criatura con una mezcla de tu sangre y la mía puede llegar a tener un poder desmesurado.

—De hecho, la posibilidad es nueve sobre diez —acotó Kabuto—. Nueve y medio…

Los labios de Hinata se tensaron en una fina línea, comprendiendo la situación.

—De ninguna manera —susurró con voz inusualmente firme, como si todo el miedo que había sentido hasta ahora se hubieran esfumado con esa revelación.

—¡¿Cómo te atreves?! —estalló la pelirroja, que hasta entonces se había mantenido en silencio junto con los demás, pero fue detenida rápidamente por Sasuke.

—Bien, si no vas a cooperar...

Entonces ante la mirada interrogante de Hinata el Uchiha se acercó a la puerta y la abrió, sin embargo, se alejó de ella.

—Ahí tienes la puerta, vete —ofreció el usuario del sharingan, pero Hinata no supo distinguir si lo decía en serio o si solo le estaba tomando el pelo—. Si no vas a aceptar, te vas.

Comprendió que sus palabras eran verdaderas y un rayo de esperanza la iluminó por un momento. Con dificultad se puso de pie, pues le dolía todo el cuerpo. Estaba mareada y no podía apoyarse del todo en sus brazos dado que uno no servía y el otro estaba herido.

No obstante, apenas pudo mantener el equilibrio huyó entre traspiés y tumbos y lo mejor de todo fue que absolutamente nadie movió un dedo para detenerla.

A fuerza de voluntad, Hinata logró escabullirse en la extraña guarida en donde la tenían encerrada.

—Eres cruel, Sasuke. —Orochimaru habló con gracia, casi riéndose—. Te aprovechaste de la desesperación de la señorita para probar tu supremacía.

—Konoha obligó a Itachi a asesinar a todo el clan para salvaguardar su falsa fortaleza y nadie nunca dijo nada —contestó fríamente mientras que se sentaba en una silla ante la atenta mirada de todos los presentes.


Han pasado 84 años, ¿eh? Okey, no hay otra excusa que la de siempre: tiempo, pero ahí voy, remándola.

En fin, qué les ha parecido el capítulo? ¡Háganmelo saber a través de un lindo review!

Atte:

Jeffy Iha