Ms. Malfoy
Capítulo 1
Lily se sentó en una de las incómodas sillas de plástico, la chaqueta de Scorpius cubriendo sus hombros desnudos. Hacía unas cuantas horas, ese vestido la había hecho sentir poderosa e invencible, pero ahora solo se sentía desnuda y fuera de lugar.
Cuando el patronus había dejado de hablar, ambos se habían quedado en silencio por unos segundos, procesando lo que había dicho el búho. Lentamente, la pasión y calentura que habían sentido minutos antes había bajado, y ahora ninguno de los dos se atrevía a decir nada.
Le tomó unos minutos volver a sí mismo, pero cuando lo hizo, Scorpius de inmediato tomó a Lily de la mano y, sin mediar palabra, los desapareció a ambos del Callejón.
Aparecieron frente a la recepción de San Mugo, que estaba prácticamente desierta a esa hora de la noche. Lily sintió a Scorpius empezar a temblar mientras caminaban por los pasillos que llevaban a la morgue. No parecía recordar que Lily traía tacones, y el paso rápido que adoptó el Malfoy hizo que la pelirroja casi cayera unas cuatro veces, al no poder seguirle el paso. Tomando en cuenta todo lo implicado en el callejón, Lily no lo culpó; ella también estaría corriendo frente a esa situación.
Hasta ese momento, no había parecido internalizar ese pensamiento; había una gran posibilidad de que Astoria y Draco Malfoy estuvieran muertos. El solo pensarlo de esa forma hizo que Lily se quedara sin aire. Tropezando una vez más, le pidió a Merlín -con todas sus fuerzas- que aquello no fuera cierto, que fuera una equivocación.
Draco y Astoria no podían estar muertos. Eran los mejores suegros en todo el mundo y debían estar presentes para la boda de Lily y Scorpius, que sería en un mes. Esta no era la manera en la que debían terminar las cosas. Astoria tenía que estar ahí para bailar con Scorpius y llorar con Ginny, para aconsejar a Lily durante los primeros meses de matrimonio y luego enseñarle cómo criar a un pequeño Malfoy de la manera correcta. Debía estar ahí para ayudarla a sobrevivir en esa fría y oscura mansión que a veces, en las noches más frías, la ponía a temblar.
Y Draco tenía que estar con ellos para que Lily pudiese pelear con él durante las cenas, luego reírse juntos cuando estuvieran en la sala de estar y Scorpius confundiese las notas del piano. Debía estar ahí durante el baile en el que Ginny haría pareja con Scorpius y él con ella.
Ellos no podían simplemente saltarse todas esas etapas importantes.
La intranquilidad comenzó a atacarla cuando rodearon la primera esquina y terminaron de cruzar el segundo pasillo, llegando a la zona de identificación de cuerpos en el hospital mágico. Scorpius por fin se detuvo, y fue ahí cuando Lily pudo apreciar el terror que inundaba el rostro de su prometido.
Pensó entonces en todo lo que debía estar rondando la mente del muchacho. Seguro eran pensamientos similares a los suyos propios, aunque dirigidos a una infinitud de otros recuerdos, y no solo en futuro, sino también en el pasado. Después de todo, eran sus padres, las dos personas que lo habían acompañado durante sus veintitantos años de vida.
El jefe del área de emergencias se encontraba al otro lado de la sala, hablando en pequeños murmullos con su segundo al mando, el encargado de la morgue. Scorpius dio un respiro y soltó la mano de Lily, alejándose de ella y carraspeando para llamar la atención del hombre.
–Doctor Malfoy –Se apresuró a saludar el otro, haciéndole un gesto al subalterno para que desapareciera tras la puerta más cercana a ellos–. Nos alegra que haya podido venir tan rápido, nos preocupaba que…
– ¿Dijo que había unos cuerpos que identificar? ¿Y que podían ser los de mis padres? –Lo interrumpió Scorpius, impaciente y con ganas de acabar con la incertidumbre lo más rápido posible.
–Oh, sí. Claro. Debe acompañarme por favor…–Hizo señas a la misma puerta donde segundos antes había desaparecido el jefe de la morgue y Scorpius empezó a caminar inmediatamente, seguido por Lily, a quien el hombre detuvo antes de que pudiera seguir avanzando –. Me temo, sin embargo, que ésta… señorita, no puede pasar, señor. —Lily se quedó en blanco, procesando la mueca de superioridad y el tono despectivo en las palabras del hombre. Luego, siguió la mirada del contrario a su vestido, que era, de muchas maneras, algo imprudente.
Scorpius, que ya estaba abriendo la puerta, se detuvo confundido un momento. Cuando volteó fue que pareció recordar la presencia de Lily en el recinto. Le tomó unos segundos, pero cuando su cerebro captó la situación, el rubio Malfoy se puso rojo de furia ante la forma en la que el jefe de emergencias se había dirigido a su prometida. Y Lily, dándose cuenta del pequeño cambio en la actitud de Scorpius, decidió que no le había molestado en lo absoluto el comentario. Había prioridades en ese momento. –Scorpius, no importa, yo te esperaré por aquí, solo…dame tu chaqueta. Por favor.
Su prometido la vio detenidamente por unos instantes, casi de la misma forma en que lo había hecho en el bar lo que parecían horas atrás, y después de entender lo que ella trataba de decirle con la mirada, se limitó a aceptar silenciosamente. Sin decir más nada, le pasó su chaqueta y luego de mirarla una última vez, con todos los vestigios de miedo que llenaban su ser, terminó de entrar por la puerta con el jefe de emergencias tras él.
Lily se quedó unos minutos viendo por donde había desparecido, con la chaqueta en sus manos y volviendo a rezar cortamente a Merlín y a sus abuelos, pidiendo, no, rogando porque la pareja en la morgue no fueran los Malfoy. Después, se dio la vuelta hacia las sillas plásticas en las que ahora estaba sentada.
El primer minuto pasó en completo silencio. En el siguiente, la pelirroja comenzó a hacer sonidos con su tacón, intentando pensar en otra cosa que no fuera los cadáveres que Scorpius debía estar viendo en aquel momento. Debían estar pálidos y sobre la mesa de examinación. Lily cerró los ojos y negó.
Para el tercer minuto, sus pensamientos estaban gritando más fuerte que el silencio.
Esa noche, Astoria y Draco habían asistido a una fiesta de unos viejos empresarios muggles que hacía poco habían cerrado un trato con Malfoy's, el negocio familiar. Como era una fiesta llena de no mágicos, la pareja debía irse con el viejo carro, el que tenían escondido en lo más recóndito de la cochera de la mansión. Lily y Scorpius los habían despedido antes de irse: Astoria les había dicho que estarían en casa para la una, y Draco le había enviado una mirada de alerta a Scorpius, junto a un comentario de que no quería nada incorrecto ocurriendo mientras no estaban ahí.
Si tan solo Draco supiera, pensó Lily, y no pudo evitar que una lágrima saliera. Y así fue como para el quinto minuto, todo el maquillaje de Lily se había corrido a causa de más lágrimas que ahora convertían su rostro en una catarata.
En el séptimo minuto, comenzó a escuchar ajetreo al otro lado. Ahí fue cuando supo que sus miedos habían sido confirmados. Comenzó a llorar aún más fuerte. De golpe, la puerta se abrió disparada y chocó con la pared. Scorpius salió de la habitación con actitud agitada, cabello desordenado, lágrimas alrededor de su rostro y una expresión de terror. Los ojos grises de Malfoy y los castaños de Potter se encontraron, y cada uno entendió lo que el otro le quiso decir.
No hubo necesidad de palabras cuando Lily se levantó y fue a abrazar a su novio fuertemente, dejando que él se derrumbara en sus brazos y sosteniéndolo con fuerza, mientras él hacía lo mismo por ella.
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Lily y Scorpius llegaron a la mansión Malfoy a las ocho de la mañana del veintidós de Septiembre, después de una larga madrugada en el hospital mientras llenaban todos los papeles necesarios y avisaban a los seres queridos de la familia. Lyra, la hermana de Scorpius, ya venía en camino desde Rumania con el hermano de Lily, Albus, quien era su esposo.
La joven pareja tenía los ojos hinchados y las apariencias cansadas, por ello apenas pusieron un pie dentro de la sala, Scorpius se volteó hacia Lily.
–Ve a dormir, yo reuniré a los elfos y les daré la noticia. –Lily se quedó callada un momento, frunciendo el ceño. Cuando habló, fue una negativa.
–No pienses que te dejaré solo con esto, Scorpius. Te mereces dormir tanto o más que yo. Solo iré a la cama cuando tú también lo hagas.
Notó que el muchacho estaba a punto de objetar y por eso se apresuró a darle la espalda. Scorpius sabía que eso significaba que la discusión había acabado. Luego de unos segundos, Lily volteó a verlo una vez más.
–Les diremos juntos, ¿está bien? Llámalos. –Mientras le dejaba a Scorpius la tarea de reunir al personal para dar la triste noticia, Lily se permitió acercarse con lentitud al mini bar y, discretamente, se sirvió un trago de whisky de fuego.
Cuando el vaso estaba a centímetros de su boca, la invadió el recuerdo de Draco haciendo lo mismo la primera vez que ella fue a la mansión. Sin poder detenerse, un pequeño sonido atrapado entre un chillido y un sollozo escapó de sus labios. Tuvo que abandonar el trago de nuevo en el minibar, incapaz de beberlo. Scorpius, quien había estado hablando entre susurros con el elfo encargado de todo el personal, se volteó inmediatamente y con una delicada seña ordenó a la criatura cumplir con lo pedido.
–Lily, cariño…–Con suavidad se acercó a ella y la envolvió en sus brazos, mientras él no podía evitar soltar unas lágrimas también, entendiendo completamente el dolor que su novia sentía.
–Soy la peor novia –Balbuceó Lily después de unos segundos de silencio sepulcral, en el que lo único que se movía en la sala eran las partículas de polvo en el ambiente.
– ¿Qué?, Claro que no –Confundido, Scorpius se separó de ella y la vio con el ceño fruncido–. ¿Por qué pensarías algo como eso?
Ella lo miró con sus ojos cristalizados. En el momento, Scorpius pensó que Lily se parecía a un bebé al que sus padres habían dejado sola en la guardería. – Yo debería estar consolándote a ti, no tu a mí. Tú eres el que siente más dolor ahorita… Eran tus padres –La palabra salió como un susurro doloroso. Era la primera vez que lo decían en voz alta. Otra tormenta de lágrimas se desató en Lily.
–No, no, no, no. Lils…Lily, no quiero que pienses así, ¿okay? Sí, eran mis padres. Y sí, estoy muriendo por dentro, pero no soy egocéntrico. No pienso que mi dolor está por encima del tuyo, e incluso puedo aceptar la idea de que sientas más dolor que yo, después de todo disfruté veintiséis años con ellos en mi vida, y tu tan solo unos siete años conociéndolos de verdad –La pelirroja seguía viéndolo con esos ojos de bebés. Al verla, Scorpius no podía evitar sentir una insistente urgencia de protegerla y no dejar que nada más en la vida causara que esos ojos volvieran a verse así–. Cuando te propuse matrimonio, prometí estar contigo en los momentos difíciles y ayudarte a sobrepasarlos. Ambos lo hicimos. Estamos juntos en esto, somos un equipo, ¿recuerdas? Ahorita, tú necesitas de mi apoyo, pero estoy completamente seguro de que cuando yo me despierte a las tres de la mañana gritando porque esto es horrible y una desgracia, tú estarás ahí para abrazarme igual que yo estoy haciendo ahorita. –El joven Malfoy la vio con seguridad y angustia unos segundos más, hasta que una triste sonrisa irrumpió en su rostro y volvió a hablar: –Además, me gusta saber que los amabas tanto como yo.
–Eran los mejores suegros que cualquier mujer puede tener –Le aseguró la pelirroja, con más lágrimas saliendo de sus ojos.
–Ven acá…–Scorpius la acercó más a sí, volviendo a abrazarla con toda la fuerza que tenía en el momento, tratando de transmitirle la seguridad que a ella le estaba faltando.
— ¿Señor? —Una voz gruesa pero baja, claramente de uno de los elfos de servicio, interrumpió tímidamente el momento. Scorpius mantuvo su brazo alrededor de la cintura de Lily, para luego voltearse hacia el elfo que lo había llamado y otros diez que estaban de pie tras él. Todos eran elfos libres que habían escogido quedarse a trabajar para la familia Malfoy. Scorpius suspiró.
—Buenos días, chicos. Lamento informarles que…—Scorpius se quedó unos segundos sin hablar, en blanco. Lily dio un pequeño apretón a la mano de Scorpius que no estaba en su cintura, y él volteó a verla. Parecía imposible creer que la muchacha había estado llorando desconsolada un minuto antes, pues ahora la determinación y seguridad llenaban su mirada, buscando transmitírsela a él. No se le hizo difícil a Scorpius recordar las razones por las que había sido sorteada a Gryffindor—. Como saben, mis padres salieron la noche pasada a una fiesta. Ellos… esto… hubo un accidente y mis padres... ellos…—Volvió a interrumpirse. Soltó a Lily y con sus manos libres se restregó un poco el rostro. Si bien había enfrentado lo ocurrido, era una cosa distinta saber lo que pasó a decirlo—. Mis padres… lastimosamente ellos… pues… ellos… murieron— Sintió que volvía a respirar luego de haberse aguantado un tiempo. Aceptar la muerte y decirlo sin más mostraba ser, de alguna extraña manera, un método catártico.
Obviamente, Scorpius estaba destrozado en el momento. Sin embargo, estaba reaccionando de una manera más calmada a la que siempre pensó que reaccionaría ante la muerte de sus padres. Años antes, habría jurado que golpearía todas las paredes en su camino y se aislaría del mundo, sin querer interactuar con nadie más y solamente pensando en sí mismo y su dolor. Pero ahí estaba, ante la situación desenvolviéndose justo frente a él, logrando actuar como un pilar para Lily y los elfos, quienes ante su declaración dejaron escapar sonidos de shock, sorpresa y dolor. Algunos incluso comenzaron a llorar.
Luego de unos minutos, los elfos comenzaron a calmarse, pero expresiones de dolor aún predominaban en sus rostros, lo que era de esperarse; después de todo, Astoria y Draco Malfoy habían sido los mejores amos que los elfos pudieron pedir. La elfina jefe de cocina, Weng, se acercó lenta y tímidamente a Scorpius y Lily. Scorpius se preparó para escucharla y responder. La elfina, sin embargo, se dirigió exclusivamente a Lily y la vio fijamente con sus grandes ojos.
— ¿Qué debemos preparar para el funeral, Señorita Potter?
La pregunta obviamente tomó a Lily desprevenida, y la chica no se molestó en ocultar su sorpresa. Instintivamente, vio a Scorpius, pero él se veía casi o más perdido que ella. — Yo… ehm… No lo sé, la verdad. ¿Por qué… por qué debería saber eso? —Su mirada viajó a todos los elfos en la sala, pues había notado que Weng no era la única que parecía esperar sus órdenes.
—Pues… Usted se casará con el amo Scorpius, ¿No? —Preguntó Gobbler, el elfo más antiguo de la casa, y quien se encargaba de organizar y liderar a los demás. Lily asintió —. Eso significa que será la próxima señora Malfoy. A través de toda la historia familiar, siempre es la esposa del primogénito Malfoy quien se encarga de controlar la casa, organizar cualquier evento y velar por la vida familiar. —Explicó.
Lily no se esperaba eso. Siempre supo que Narcissa y Astoria Malfoy cumplían todas esas tareas, pero ella simplemente asumió que lo hacían porque les nacía, no por deber. Nunca supo que ella misma tendría que cumplir ese papel, tampoco. Nadie le había mencionado ese pequeño detalle.
Y no era que le molestara, ni que le importara, sino que le causaba cierto conflicto. Por lo que ella había visto con su suegra y la abuela de su prometido, y por lo que el elfo le había dicho, al casarse con Scorpius, Lily se vería reducida a una simple ama de casa. Y ella no podía tolerar eso. Amaba demasiado su trabajo de aurora como para dejarlo por una simple obligación tradicional familiar… pero, también sabía que ya era lo suficientemente raro ser una Potter y querer casarse con un Malfoy. Quizás Lily no debía molestar más a los antepasados de su prometido, y simplemente aceptar que debía cumplir los requisitos de la "señora Malfoy". Además, la situación ya era lo suficientemente dolorosa para Scorpius como para agregarle más preocupaciones, por lo que Lily simplemente decidió olvidar las implicaciones y cumplir con ciertas tareas. No debía ser tan difícil trabajar y organizar celebraciones, ¿no?
—Claro —Fue lo único que pudo decir, a pesar de que los argumentos y conclusiones flotaban alrededor de su mente. Cuando al fin logró enfocar los rostros expectantes de los elfos, ella supuso que seguían esperando órdenes—. Pues… esto… aún no he planeado nada. Pero me pondré a hacerlo ahora mismo y apenas termine, se los haré saber, ¿Está bien?
Algunos la miraron extrañados y otros fruncieron el ceño, pero todos asintieron y luego Scorpius les pidió que volvieran a sus actividades. Indicó a dos elfos que preparan la habitación de Lyra y la acondicionaran para que Albus estuviese cómodo ahí también. Una vez quedaron solos otra vez, Scorpius se volteó a ver a Lily.
—Lo lamento. —Comentó, manos en cada una de sus caderas y viéndola con preocupación.
Ella le aguantó la mirada un momento, su rostro en blanco, y luego simplemente le sonrió y negó con la cabeza, después darle la espalda y empezar a dirigirse al recibidor, donde estaban las escaleras— No hay nada que lamentar, Scor. Es un placer poder hacer esto para ellos —Empezó, segura de que él estaba siguiéndola—. Solo necesito algo de café y me pondré manos a la obra.
Efectivamente, Scorpius solo iba unos escalones más atrás que ella:— Vamos Lils, lo que en verdad necesitas es dormir. Ambos lo necesitamos.
—Scor, ya escuchaste a Weng, tengo que hacer esto. Tradicionalmente, el funeral debería ser pasado mañana o a más tardar dentro de cuatro días, necesito todo el tiempo posible para planearlo.
—No en la familia Malfoy. Siempre hay espacio de una semana entre la muerte y el funeral —Explicó el hombre, viéndola con el cansancio impreso en el rostro, pero con signos de alivio al encontrar la forma en que la mujer aceptara descansar.
Lily se detuvo en lo alto de la escalera y le vio con incertidumbre por largos segundos, hasta que dejó soltar un largo y profundo suspiro:— Está bien, vamos a dormir.
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Tomó unas tres horas lograr que Scorpius aceptara tomar una poción para dormir, luego de que estuviera todo el tiempo anterior dando vueltas en la cama, intranquilo. Lily le había prometido que ella también tomaría una, pero la verdad era otra. Y si bien se sentía mal por mentirle al hombre que amaba, sabía que era por el bien de ambos.
La mujer necesitaba un momento para poner sus pensamientos en orden y encontraba difícil hacerlo estando acostada en la cama, sintiéndose asfixiada por las almohadas y sábanas. Por ello, apenas estuvo segura de que él estaba sumido en un largo y pasivo sueño, Lily se puso en pie y fue directo a darse una ducha en el baño privado de la habitación.
Una vez de pie y con el agua cayendo sobre su piel, Lily comenzó a llorar de nuevo. En su mente se reproducían los recuerdos que tenía con Draco y Astoria, e incluso su historia con Scorpius, y trataba de encontrar consuelo en todas esas experiencias vividas a lo largo de los años.
Al principio, ella había odiado a Scorpius. No podía hacer más que pensar en que era una infeliz serpiente, demasiado arrogante, traicionero y astuto para su propio bien. Había olvidado cuántas veces se habían insultado en el curso de los años, e incluso embrujado en los Club de Duelos y los pasillos, o cuántas veces uno había dejado al otro en ridículo durante partidos de Quidditch o comidas en el Gran Comedor. Para Scorpius y Lily, el planeta no era lo suficientemente grande como para haber dos de ellos. Eso, hasta que Scorpius prácticamente la salvó durante un ataque en la boda de Molly Weasley y Theodore Nott -ambos segundos en su nombre-, liderado por mortifagos ardidos que no toleraban la idea de una familia traidora uniéndose a la línea de los aristócratas Nott. Desde entonces, los dos magos habían dejado de verse con odio y empezaron a dejar ir su pequeña rivalidad, hasta forjar una amistad que posteriormente floreció en algo más grande.
Las familias no se habían llevado un gran shock al conocer la noticia; después de todo, llevaban años reuniéndose en la oficina de Minerva McGonagall cada vez que esos dos causaban un nuevo problema, y los viejos dichos de "aquellos que pelean se aman" habían probado ser verdaderos en casos pasados. Y como ya la amistad de Albus y Scorpius había formado enmiendas en la antigua relación entre Harry y Draco, no hubo mucho drama que agregar a la nueva dinámica familiar. Excepto claro, la reacción de Medea Flint, hija de unos viejos amigos de la familia y quien siempre aspiró a casarse con Scorpius Malfoy. La muchacha estaba loca e incluso había conseguido embrujar a Lily una vez que ella bajó la guardia. El pequeño asunto fue luego solucionado con sujetos mayores, y no habían vuelto a saber de la bruja en mucho tiempo.
Así pues, la relación de Lily y Scorpius fluyó calmada y felizmente por años, aunque siendo una montaña rusa para ambos. Los dos habían desarrollado sus carreras —Scorpius como medimago y Lily como aurora— y formado sus vidas y demás relaciones, hasta que el pasado Marzo se habían comprometido durante el cumpleaños número veinticuatro de Lily. Desde entonces, Scorpius se había mudado de nuevo a la Mansión Malfoy y Lily pasaba unas cuantas noches a la semana ahí. Cuando no, vivía en el pequeño apartamento sobre Sortilegios Weasley, con Hugo —su primo— y Alice Longbottom —su mejor amiga—.
Su relación con los padres de su novio siempre había sido formal, pero mientras más tiempo estaba en la casa, más afectiva se volvía. Con Astoria era con quien tenía más afinidad, y ambas solían bromear que era por su género. Pasaban los días charlando sin descanso, haciendo jardinería juntas e incluso visitando a viejas amigas de la mujer. Por otro lado, Draco siempre fue algo firme con ella; si bien el hombre aceptaba la relación de su hija con la hija de 'san Potter', no lograba concebir la idea de que la muchacha pasara tanto tiempo en la mansión. Después de todo, aún no eran marido y mujer. Sin embargo, Lily no era la típica niña bien criada sangre pura: no había sido criada para ser correcta o huirle a las imprudencias. Era a veces irrespetuosa y soltaba sus opiniones con tranquilidad, sin dejarse controlar por los demás. Resultaba ser una completa Astoria y reunía todas las características que habían hecho a Draco caer por la menor de las Greengrass en un principio. Así fue como poco a poco, Lily logró amansar al hombre hasta lograr convertirse en su aliada y la perfecta nuera.
Lily no lograba aceptar el hecho de que esas dos figuras ya no estarían a su lado ni la acompañarían en el largo camino que estaba delante de Scorpius y ella. Sentía como si un vacío se estuviese abriendo en el medio de su pecho, uno que Lily no lograba cerrar tal como quería. Lo que más le dolía, era saber que no había ninguna forma en la que podía solucionar el asunto, así como tampoco encontraba una forma de hacer sentir mejor a Scorpius.
Con un suspiro —el que se sentía como el ochentavo en ese día—, cerró el grifo y salió rápidamente de la ducha, tomando su toalla y haciendo lo propio para secarse y cambiarse. En su mente comenzaba a formar una lista de todo lo que debía hacer: preparar el funeral, revisar que las habitaciones estuviesen listas, chequear una vez más que los familiares y amigos ya supieran las noticias, pedir un permiso a Teddy para faltar unos días al trabajo, avisar a sus padres…. Oh, por Merlín, sus padres. Tenía que visitarlos, y darles el abrazo más largo de su vida. Quizás ellos tuvieran solución a su consuelo.
Terminó de colocarse unos sencillos vaqueros y una camisa vieja de las Arpías de Hollyhead, ató su cabello en una cola baja y se puso unos zapatos deportivos, tratando de mantener su mente en blanco. Salió con cuidado de no despertar a Scorpius, y tuvo que acercarse lenta y sigilosamente hacia el pequeño vestidor, donde tanteó la superficie para tomar su varita. Luego, se dispuso a dejar la habitación, mirando de soslayo a Scorpius una última vez antes de cerrar la puerta.
Cuando estuvo en el comedor, suspiró de nuevo, haciendo un movimiento de varita con el que invocó algo de pergamino y una pluma. Tomando asiento en la larga mesa de más de diez puestos, Lily cerró los ojos un momento.
— ¿Weng?— Llamó en voz alta. Cuando escuchó que el aire de la habitación se cortó, los abrió.
— ¿Sí, señorita Potter?— Preguntó la elfina viéndola con sus curiosos ojos azules.
— ¿Puedes traerme una taza de café, por favor?— Weng asintió y cuando se dispuso a desaparecer una vez más, Lily la detuvo con un gesto. Se acomodó en su silla—. También… Scorpius me dice que hay una tradición en los Malfoys, que siempre hay un espacio de una semana entre la… la muerte y el funeral, ¿eso es cierto?
—Sí, señorita —Aseguró la criatura. Lily tomó aire; había estado convencida de que ello era solo un invento de Scorpius para enviarla a la cama. Lily le sonrió a la elfina y asintió, indicándole que ya podía volver a su trabajo. Sin embargo, Weng se quedó unos momentos más —… ¿Señorita Potter? —Lily volteó hacia ella. Weng pareció dudar unos segundos, pero luego habló con claridad:—, lamento mucho su pérdida.
Lily le sonrió una vez más, esta vez suavemente— Gracias, Weng. Yo también lamento tu pérdida.
Luego del pequeño intercambio, Weng desapareció y estuvo devuelta minutos después con una gran taza de café, un plato de tostadas y un pequeño platillo con mermelada de frutillas. Lily agradeció el gesto enormemente y casi se le salen unas lágrimas, conmovida. Sin embargo, no pudo probar bocado. Su apetito había desaparecido en lo absoluto, por lo que solo tomo del café y comió las migajas que lograba sacar del pan. Mientras, realizaba la interminable tarea de redactar cartas: a los familiares y amigos más lejanos, al ministerio, a los socios de Malfoy's e incluso a San Mugo, para arreglar los traslados del cuerpo y demás. Lily se sentía una ajena en su propio cuerpo; nunca había realizado tareas como esta, y sin embargo ahí se encontraba, como si no hubiera hecho más que eso desde su nacimiento.
Una hora y media después, cuando ya se disponía a empezar a planear los arreglos para el funeral, el sonido la chimenea siendo activada tomó su atención, y pronto se encontró dejando el comedor para ir a la sala. Al llegar, no se sorprendió de encontrar la larga cabellera rubia de Lyra y el cabello negro de Albus saliendo de las flamas verdes, cada uno con un gran bolso.
— ¡Chicos! — Exclamó Lily, el tono de alivio impregnando su voz.
Lyra fue la primera en reaccionar, se había volteado apenas escuchó la voz de quien era una de sus mejores amigas. Al conectar miradas ambas se quebraron. Lily se acercó como pudo a través del laberinto de muebles, y una vez estuvieron lo suficientemente cerca, se fundieron en un abrazo con lágrimas compartidas. Después de todo lo que habían vivido juntas durante sus años de Hogwarts, esta experiencia era necesaria vivirla juntas.
Estuvieron así un buen rato, cada una dejando que la otra buscase consuelo en la contraria, dejando que sus corazones se abrieran un rato. Cuando finalmente no les quedó más lágrimas que soltar, soltaron el aire que ni sabían estaban conteniendo y se separaron. Se compartieron miradas y sonrisas tristes y se abrazaron rápidamente una vez más. Luego, Lily fue jalada a otro abrazo por su hermano mayor. El agarre de Albus fue distinto al de su amiga; este no buscaba compartir dolor, sino inspirar protección. Como siempre, Albus trataba de que Lily se sintiera segura y mejor a su lado, buscaba asegurarle que habría mejores días y que él siempre estaría con ella para apoyarla. Cuando se soltaron, Lyra ya estaba sentada en uno de los sillones, secando su rostro inútilmente con la manga de su blusa. Albus fue inmediato a sentarse a su lado y rodearla con sus brazos. Lily se dejó caer en el sofá contrario.
— ¿Cómo fue el viaje? ¿Lograron conseguir un traslador fácilmente? —Cuestionó la pelirroja. Albus y Lyra se habían mudado a Rumania en Abril, días después de su matrimonio, en donde Albus trabajaba con dragones en el campamento de Charlie Weasley y Lyra cumplía funciones políticas de parte del ministerio británico.
—El único disponible estaba en una ciudad muy alejada al campamento. E irónicamente, no había un traslador hasta allá —Respondió Lyra, su voz sonando algo ronca y cansada—. Pero logramos llegar a él viajando en escoba. Tomamos el traslador, pero aterrizó en medio de la nada, en Irlanda. Tuvimos que tomar un tren hasta acá, y luego usar las chimeneas de King Cross.
—Lo bueno es que llegamos. — Murmuró Albus, frotando ligeramente la rodilla de Lyra.
Lily suspiró, asintiendo pesadamente. Lyra vio a su alrededor un momento, antes de fruncir el ceño— ¿Dónde está Scorpius? —Preguntó, volteando automáticamente hacia su amiga pelirroja.
—Está arriba, durmiendo…
— ¿Logró dormirse? Yo intenté en el tren, pero me fue imposible. Seguía viendo sus rostros y la voz de mamá diciéndome una y otra vez que volviera a casa— Lyra tragó en seco, bajando el rostro mientras nuevas lágrimas aparecían.
—No, yo… Le di una poción para dormir. Llevaba despierto veinticuatro horas y necesitaba descansar.
— ¿Y tú no? Lily, los aurores inician operaciones a partir de las cinco, y esto ha sido traumático para todos. Debes estar muerta. —Albus frunció el ceño con preocupación, y Lyra alzó la mirada también, en busca de señales en su amiga. La forma en que su espalda estaba encorvada, las ojeras bajos sus ojos y las pequeñas arrugas que se formaban en su frente, a pesar de estar en la cumbre de la juventud, fueron más que suficiente.
—Suenas como Scorpius —Lily rió, pero no había nada de diversión en su tono—. Tuve que mentirle, y decirle que también me tomaría la poción pero yo… No podía. Gobbler dijo todo esto de las preparaciones del funeral y yo… Tenía que ponerme manos a la obra. Había que escribir y enviar al menos unas cincuenta cartas.
Albus y Lyra se vieron momentáneamente— Igual no deberías sobre esforzarte, Lils —Murmuró Lyra a la vez que se ponía en pie—. Yo puedo preparar el funeral, si quieres. Al final del día, yo soy la hija. Debería ser mi obligación… Tú solo deberías ir a dormir.
—No, Lyra, no puedo… Yo debo hacerlo, se supone que yo soy la próxima señora de la casa y tengo que acostumbrarme a esto, y... —Lily suspiró con cansancio, dejando caer su cabeza sobre el espaldar del sofá—. Debo hacerme cargo de esto.
—Veo que ya te dieron el discurso de la señora Malfoy— Lyra frunció el ceño, cruzándose de brazos y viendo a su amiga.
— ¿Sabes de ello? — Lily la miró fijamente.
—Pues claro que lo sé. La abuela Narcissa se pasó su vida entera diciéndole a Scorpius que debía encontrar la perfecta mujer para desempeñar el papel. Y mi madre se dejó esclavizar por ese estúpido título, también.
—Bueno, estúpido o no, es lo que se espera de mí. Y es lo que Scorpius necesita en este momento — Un último suspiro y Lily también se puso de pie, acercándose a Lyra y Albus—. Pero no se preocupen, yo estoy bien. —Les dio una fugaz sonrisa y otro rápido abrazo antes de comenzar a caminar hacia la chimenea. —Su habitación ya está lista, la tuya de siempre, Lyra. Sabes mejor que yo cómo funciona la casa y los elfos. Es tu casa, así que está demás pedir que te "sientas como en tu casa". Yo voy a salir un momento, si Scorpius despierta, díganle que volveré pronto.
Con otra sonrisa, Lily ingresó a la chimenea antes de que pudieran decirle una vez más que debía descansar. Soltó los polvos con fuerza y pronto las llamas verdes la cubrieron. En segundos, estaba en una sala de estar con una pared azul y tres blancas, al menos cuatro sofás color crema y una mesa de té en medio de la sala, con la superficie llena de revistas y juguetes. Llevaba pocos segundos fuera de la chimenea, cuando un hombre pelinegro y con gafas, que cargaba a una niña igual de pelinegra, se asomó en el salón.
— ¿Lily? — Preguntó con asombro.
—Necesito ayuda.
