Ms. Malfoy

Capítulo 3

La mañana siguiente Scorpius despertó temprano, incapaz de seguir durmiendo más. Se sentía cansado y como si de repente le hubieran caído veinte años encima. Lily dormía tranquilamente a su lado, con los mechones de cabello rojo cubriendo su pálida piel y su rostro libre de cualquier estrés. Scorpius se puso de pie suavemente, intentando no despertarla; después de la crisis de la noche anterior, sentía que tenía que permitirle dormir aunque fuese una hora más.

Vio el pequeño reloj que la muchacha siempre mantenía en su mesa de noche; apenas eran las ocho de la mañana, y en un domingo.

Con dolor por tener que empezar su día tan temprano y sabiendo que sería igual de traumático que el anterior. Scorpius se quitó el pijama que Albus le había prestado —que, por cierto, le quedaba ridículamente pequeño— y se apresuró a colocarse el desgastado vaquero y la simple camisa gris que había usado el día anterior. Mientras se colocaba los zapatos, su vista retornó a Lily y su pensamiento se desvió al comentario que había hecho ayer, justo antes de dormirse.

No era un hombre que pensara mucho en el futuro. Su lema de vida siempre fue mirar hacia el presente y concentrarse en él, resolviendo los problemas como fueran viniendo. Sin embargo, desde que estaba estable con Lily, cada vez se encontraba pensando una y otra vez en el tema de su familia y los hijos que quería tener con ella. Desde que su abuela había muerto, siempre supo que de tener una hija le gustaría llamarla Narcissa. Y también sabía que Lily quería un niño llamado Orion, estando obsesionada con la historia de Artemisa y el cazador desde la primera vez que la escuchó. Scorpius no podía dejar de imaginarse a pequeños niños rubios correteando por los jardines de la Mansión Malfoy intentando atrapar a los famosos pavos reales de Lucius, y a una pequeña niña pelirroja siendo arrullada por Lily en la hamaca junto a Scorpius, ambos juntos viendo a sus pequeños jugar.

Ayer luego del sueño y de recordar la felicidad que traía a su madre pensar en sus nietos, Scorpius había decidido que quizás llamar Astoria a su hija era la mejor decisión; aún amaba a su abuela y todo, pero nombrarla así era una forma de mantener a su madre viva y permitirle conocer todos los nietos que tendría. Al menos, así es como pensaba Scorpius. Claro que debía consultarlo con Lily de nuevo, asegurarse de que ambos estaban de acuerdo. Y obviamente, primero tenían que tener hijos, cosa que Scorpius no pensaba que iba a suceder pronto. No antes de la boda, y menos tan reciente a la pérdida de sus padres.

Momento.

La boda.

Oh, por Merlín, pensó Scorpius a la par que terminaba de atar sus agujetas. Conteniendo unas ganas de soltar un grito de frustración, se apresuró a salir de la habitación directo al baño que técnicamente era de Lily, aunque apartado de su cuarto. Una vez dentro, dejó escapar el aire que estaba conteniendo y puso ambas manos en el lavamanos, sus ojos completamente enfocados en el blanco lavabo.

Se suponía que Lily y él celebrarían su boda en un mes, el 29 de Octubre. Ya todos los arreglos habían sido hechos para aclimatar el jardín de la Mansión, el servicio de catering, las flores. Ya se habían enviado las invitaciones: todos los familiares y amigos asistirían. ¡Ya incluso había escrito sus votos!

Pero con el reciente cambio que sus vidas habían dado, tendrían que aplazar la boda. Le dolía en el alma, pero el luto estaba instalado en su pecho y no creía sensato casarse con Lily, porque no sería capaz de disfrutar si todos los invitados dándole sus condolencias y mirándolo con lástima. Su boda debía ser un día en el que toda su atención estuviera plenamente en su novia y la vida que tenían por delante, y Scorpius sabía que pasaría mucho tiempo antes de que pudiera concentrarse por completo en algo que no fuera los cadáveres de sus padres en una camilla de la morgue.

Además, tenía miedo de que si se casaba con Lily con el dolor tan vivo aún, las cosas saldrían mal.

Abriendo el grifo, suspiró, pensando en cómo tendría que decirle todo eso a su novia. Se echó un poco de agua en el rostro, esperando que ello le ayudara a despertarse y sentirse un poco más dispuesto a empezar el día. Seguidamente, se cepilló los dientes y atendió otras necesidades fisiológicas, antes de, finalmente, intentar arreglarse un poco el cabello y bajar las escaleras.

Apenas estuvo en el piso de abajo, un increíble olor llegó a sus narices y Scorpius sonrió con alegría, apresurándose a ir directo a la cocina.

—Algo huele delicioso— Comentó a la par que empujaba la puerta.

Dentro, se encontró con un Harry sentado a la mesa, su cabello despeinado como siempre y aún en unos pijamas azul oscuras, una bata negra atada por encima. Unos pocos asientos más allá, un hombre un poco mayor a Scorpius pero considerablemente menor que Harry estaba vestido casi tan casual con él, con cabello castaño y una humeante taza de lo que parecía ser té acercándose a su rostro. Y justo en medio de los dos hombres, una niña pequeña con largo cabello rubio e intensos ojos azules dibujaba frenéticamente sobre una hoja de papel. Frente a ella había un descartado plato con algo que parecía restos de chocolate. Delante de la estufa, Ginny Weasley estaba de pie y moviendo su varita para cocinar.

— ¡Scorpius! Buenos días. No esperaba verte despierto tan temprano —Apenas lo escuchó entrar, la mujer pelirroja se había volteado—. Venga, siéntate. Estoy haciendo panqueques. Apenas salga la siguiente tanda te los paso. Hay café recién hecho por aquí.

Scorpius sonrió, dirigiéndose a la cafetera que Ginny había señalado y abriendo el cajón donde sabía que los Potter guardaban sus tazas. Sacó la que siempre usaba: una azul oscuro con diseños geométricos que Albus le había regalado una de sus primeras navidades como amigos. Le gustaba saber que Ginny había recordado ese pequeño detalle sobre él: si bien Scorpius era un británico orgulloso, en las mañanas lo que le acompañaba a despertarse era un buen café, no un té.

Scorpius se sentía a gusto en la casa. Desde el primer momento, los Potter lo habían acogido sin dudar y con mucho cariño, siendo siempre respetuosos y amables con él, sin juzgarlo por las acciones de su padre… Bueno, al menos Harry, Ginny y Albus lo habían hecho; Lily y James tardaron un poco más en acostumbrarse.

De hecho, Scorpius sentía a Harry y Ginny como unos segundos padres. Si bien no eran Astoria y Draco, ellos siempre habían estado al pendiente de él y preparados para acudir si los necesitaba en cualquier momento. Y sabía que era por eso que Ginny había invitado a él y a Lyra a quedarse esa noche: ella sabía que necesitaban estar rodeados de gente que les ayudaran a confrontar el dolor, y quería estar junto a ellos para ayudarlos.

Luego de servirse, Scorpius tomó asiento en la pequeña mesa, de frente a sus otros ocupantes.

—Buenos días, Harry, Teddy —Saludó, acostumbrado a llamarlos por su primer nombre. Ellos le saludaron devuelta, y Scorpius dirigió su atención a la pequeña rubia, que había olvidado su dibujo y ahora lo veía fijamente —. Buenos días para ti también, Anabelle… ¿Cuál era tu apellido? ¡No puedo recordarlo!

— ¡Lupin, tío Scorpius, soy Anabelle Lupin Weasley! —Respondió con su pequeña voz chillona, sonriendo ampliamente. Harry y Teddy rieron, acostumbrados al pequeño juego entre la niña y Scorpius.

— ¡No, no, no, es imposible! Anabelle es muy pequeña, y tú estás grande ¡Casi pareciera que fueras a ir a Hogwarts mañana!

— ¡Soy Anabelle tío Scorpius, lo juro, soy yo! — Repitió ella.

—Mmmm…. —El hombre la vio con fingida desconfianza—. Prueba que eres Anabelle. A ver, ¿cuál es tu helado favorito?

— ¡El de uva, tío Scorpius, el de uva es mi favorito!

— ¡No puede ser! ¡Anabelle, eres tú!

— ¡Lo soy, tío Scorpius, soy Anabelle! — Riendo, la niña saltó de su silla y rodeó la mesa directo a los brazos de Scorpius, quien la tomó sin dudar y la sentó sobre sus rodillas, abrazándola suavemente.

—Estás gigante, An. La última vez que te vi eras del tamaño de un maní.

— ¡He crecido mucho, tío Scorpius! Ya soy más alta que Thia. —Comentó, una sonrisa orgullosa apareciendo en su rostro. Scorpius ahogó una risa.

— ¿En serio? ¡Wow! Antes de darnos cuenta vas a ser una gigante.

— ¡No! — Anabelle se cruzó de brazos— ¡Voy a quedarme de este tamaño! No pienso crecer más.

—Creo que le harías un favor grande a tu padre si no lo haces, Dora. —Intervino Harry, riendo suavemente.

—Dora, ¿por qué no vas a la sala a ver algo de televisión? Creo que ya es hora de tu programa— Comentó Teddy, viendo a su hija con cariño.

Anabelle le hizo caso y se fue, no sin antes murmurar algo sobre preguntar si podía ir a casa de Thia más tarde. Thia era un sobrenombre para Cynthia Nott, la pequeña hija de Molly Weasley II y Theodore Nott II, el primo de Scorpius. Tenía cinco años, al igual que Anabelle, y de manera similar a Victoire y Molly, ambas eran buenas amigas.

—An está más bella cada día, Teddy. — Comentó Scorpius a la par que Ginny ponía una torre de panqueques frente a él.

—Ni que lo digas. Pronto me estará sacando canas con todos los muchachos que andarán tras ella cuando esté en Hogwarts— Hizo una mueca, su cabello cambiando a un color grisáceo, como para marcar su punto. Harry rió. Ginny rodó los ojos con diversión.

Pasaron un buen rato en silencio, Harry y Teddy leyendo unas copias de El Profeta y Scorpius comiendo, aún pensando en cómo decirle a Lily que tendrían que cancelar la boda. El silencio fue roto, sin embargo, cuando una muy agitada Victoire Weasley entró a la cocina con un pequeño niño con cabello morado colgado en sus brazos.

—Bueno, ya está bañado, alimentado y cambiado y perfecto para pasar el día lejos de casa— Anunció al hacer su gran entrada, sonriendo a su segundo hijo. Su sonrisa cayó al ver a Scorpius— Scor… Hola, ¿Cómo estás? Lo siento tanto…

Él suspiró, dando un pequeño sorbo a su café e intentando confeccionar una pequeña sonrisa, que terminó siendo más como una mueca— Gracias, Vic. Estoy bien, tranquila… Asumo que ya todo el hospital se enteró, ¿no?

—Algo así…— Le dio una última mirada, y luego fue a sentarse a un lado de Teddy, el pequeño Remus aún en sus brazos.

Victoire, al igual que Jessica, trabajaba en San Mugo, aunque se dedicaba a las unidades de tratamiento anatómico y fisiológico, más que el de emergencias mágicas. Era una de las neurólogas cirujanas más reconocidas dentro del hospital, famosa por su agudeza y certeza ante los distintos casos que presentaban sus pacientes. Scorpius trabajaba en el mismo piso, sólo que en vez de neurólogo se dedicaba a ser un cardiólogo.

—Ya veo…—Murmuró una vez más, antes de volver a bajar la mirada hacia su desayuno. En su mente habían vuelto a aparecer las imágenes que había visto en sus sueños: sus padres, tirados sobre el asfalto, el carro volteado y su madre con aquella herida en su rostro… un escalofrío lo recurrió y rápidamente tiró el tenedor sobre la mesa— Lo lamento —Apresuró a decir, al notar que todos habían vuelto a la mirada hacia él. Y agradeció a todos los fundadores cuando Jessica atravesó la puerta de la cocina, cargando a una adormilada Sophie.

— ¡Buenos días! — Saludó con gran entusiasmo, y Scorpius disimuló una mueca. Los demás en la sala la saludaron silenciosamente—. Mira, Sophie, quién está aquí —Murmuró, yendo a sentarse a un lado de Vic, quien rápidamente acomodó a su hijo para que los dos niños se saludaran.

—Veo que tenemos casa llena hoy— Ahora era Albus quien entraba, seguido de Lyra, ambos aún en pijama.

—Todos mis pichones devuelta al nido— Scorpius sintió la sonrisa en los labios de Ginny y no pudo evitar replicarla en su rostro.

—Al menos por un rato— Corrigió Harry, y Scorpius y Albus le dieron una mirada confusa—. Teddy sólo nos está usando como niñera —Bromeó, y un "¡hey!" se escuchó del otro lado de la mesa, causando una risa.

—Vic debe trabajar, y yo le prometí a An un día solo para ella. Ya sabes, desde que Remmie nació no hemos tenido mucho tiempo exclusivo y se está empezando a poner celosa así que…—Puso los ojos en blanco, aunque se veía claramente feliz de poder estar con su hija un rato.

—Aw, los problemas de adultos con hijos son tan divertidos— Bromeó Albus, y chocó los cinco con Lyra, quien acababa de dejar una taza de té frente a él.

—Ya me reiré yo cuando te pase a ti, Severus— Victoire rodó los ojos con diversión.

—Creo que debo ir a despertar a Lily. Se molestará si sabe que hubo panqueques y no la desperté— Scorpius se excusó, poniéndose en pie y yendo a dejar el plato vacío en el fregadero, donde un hechizo conjurado por Ginny estaba lavando todo. Se acercó a la susodicha—. Gracias por todo, Ginny. Estaba tan delicioso como siempre

Ella sonrió y dejó lo que estaba haciendo por un momento, volteándose y dándole un fuerte abrazo que, Scorpius sabía, significaba muchas cosas al mismo tiempo. Estuvieron así unos segundos, hasta que ella lo dejó ir y le dedicó una última sonrisa triste antes de volver su atención a los panqueques. Scorpius se mantuvo de pie unos segundos en el medio de la cocina, como habiendo olvidado qué iba a hacer, hasta que fue despertado de su ensoñación por el sonido de Sophie golpeando la mesa y su madre regañándola. Parpadeó varias veces, y se apresuró a salir. No había terminado de subir el primer escalón cuando escuchó a su hermana tras él

—Scorpius.

—Lyra— Él se volteó hacia ella. Y viéndola ahí, con expresión impasible pero ojos débiles, no pudo evitar darle el fuerte abrazo. Ella lo respondió al instante.

Pasaron al menos medio minuto así, hasta que ella, con voz ahogada, habló: — ¿Estás bien? Anoche te escuché gritar. Quería ir a ver pero… supuse que Lily haría un mejor trabajo que yo —Lyra acarició suavemente los mechones de cabello que llegaban hasta la nuca de su hermano.

—Tuve una pesadilla. Nada que valga la pena revivir. Pero… sí, estoy bien. Al menos dentro de lo que cabe— Suspiró.

—Está bien, yo… ¿Debería sentirme culpable por no estar tan… destrozada? —Se habían separado lo suficiente para poder verse a los ojos, y ahí fue donde Scorpius lo vio escrito en su mirada: el mismo miedo que él había confesado antes, la misma incertidumbre de no entender por qué no se la pasaba todo el día llorando.

—Creo que sí. Creo que está bien… digo, significa que no tenemos arrepentimientos, ¿no? Vivimos al máximo con papá y mamá. Duele saber que no están pero… pero sabemos que nos amaban y nosotros los amábamos a ellos. — Mintió; la verdad es que él aún se sentía extraño al no llorar todos los días.

Pero en veinticuatro años, Scorpius había aprendido que, a veces, estaba bien mentirles a tus hermanos menores con el propósito de hacerlos sentir mejor.

—Cuando estaba viajando hacia acá… No pude dejar de escuchar una y otra vez la voz de mamá en mi cabeza. Pidiéndome que viniera a visitar, que no pasara tanto tiempo en Rumania… La última vez que la vi fue en Agosto, en el baile anual. Me arrepiento de eso, pero aún así estoy calmada.

Scorpius la atrajo a sí otra vez, volviendo a abrazarla fuertemente— Quizás es solo que aún no hemos asimilado la pérdida del todo, Ly —Utilizó el mote que le había encontrado a Lyra durante su infancia.

Lyra no dijo nada, simplemente lo abrazó devuelta. Cuando se separaron, Scorpius notó que Lyra limpió una lágrima de su mejilla, pero repuso la calma rápidamente— Bueno, deberías seguir tu camino —Sentenció. Y Scorpius la obedeció, pero justo antes que ella abriera la puerta de la cocina, la tomó del brazo.

—Ly, ¿has pensado qué nombres quieres ponerle a tus hijos? —Lyra abrió mucho los ojos.

—Creo… creo que no, Scor. Merlín, ni siquiera he pensado en tener hijos… ¿Tú sí?

—Ayer…—Scorpius pensó en contarle de su pesadilla, pero luego pensó mejor—. Quiero usar el nombre de mamá. Ponérselo a una hija, si tengo una. Tú... ¿Me dejarías? ¿O te gustaría usarlo tú?

—Es todo tuyo— Lyra sonrió, enternecida ante el gesto de su hermano. De los dos, él fue quien siempre estuvo más apegado a su madre y con la cual compartía más características, mientras que Lyra se parecía más a Draco.

— ¿Segura? —Scorpius sonrió ampliamente.

—Estoy segura, Scor. No creo que siga la tradición de los nombres de ese estilo cuando tenga hijos así que… todo tuyo.

—Gracias, Ly… Espera, ¿de qué estilo?

—Ya sabes, Astoria es un poco… antiguo. —Scorpius frunció el ceño, pero luego de unos segundos simplemente se encogió de hombros. Le revolvió el pelo un poco, tal como hacía cuando aún iban a Hogwarts, y se volteó para reanudar su travesía por las escaleras.

—Sí tú lo dices…

Cuando entró en la habitación, Lily ya estaba despierta y de pie, terminando de abrocharse una blusa que, Scorpius supuso, había dejado en casa al mudarse. Sonrió, recostándose de una de las paredes, viéndola terminar. Ella le sonrió devuelta a través del espejo, pero Scorpius notó que no era sincera del todo; había algo más en su expresión que le hacía dudar. Dolor, melancolía, resignación… Algo había ahí.

— ¿Lily? —Murmuró, acerándose lentamente y deslizando sus brazos alrededor de ella, que permaneció en silencio mientras terminaba de abotonarse la blusa. — ¿Está todo bien?

—Tenemos que hablar…—Ella susurró devuelta, acariciando suavemente sus brazos.

Si había algo que Scorpius sabía, era que esas palabras nunca traían nada bueno. El miedo comenzó a formar un nudo en su garganta y, a regañadientes, se dejó guiar por ella a la esquina de la cama, donde ambos se sentaron. Scorpius no se atrevía a verla a los ojos y en su mente corrían miles de ideas de lo que Lily le diría. ¿Y si rompía el compromiso y se fugaba con su ex, Lysander Scamander? ¿O qué tal si le confesaba algún oscuro secreto?

Pensara lo que pensara, sin embargo, siempre volvía a la misma conclusión: Lily no haría algo tan estúpido como romper su corazón cuando sabía que estaba tan débil. A menos que estuviera asustada… ¡Rayos! Ginny le había mencionado ayer que Lily tenía miedo de la situación. Pero él los había aplacado… ¿no?

Cuando volvió a alzar la mirada, Lily estaba viendo al suelo y parecía pensar las palabras exactas qué decir. Scorpius tuvo que esperar unos dos minutos en completo silencio hasta que ella por fin abrió su boca.

—Estuve pensando y yo… creo… Debemos cancelar la boda— Scorpius abrió la boca en una perfecta "o", pero ningún sonido salió. Lily le miró con nerviosismo—. No es que no quiera casarme. Merlín sabe que es lo que más quiero. Pero creo que no sería lo correcto hacerlo en menos de un mes, con toda ésta situación aún tan… reciente.

Scorpius seguía en silencio, viéndola fijamente y con una expresión de incredulidad en su rostro. En su mente, pensaba, una y otra vez, ¿cómo es que ambos pensaron igual? Si le hubiesen dicho eso a su yo de dieciséis años, hubiera clamado que él y Potter no tenían ni una neurona en común. Y sin embargo, ahí estaba, diez años después.

Le conmovía que Lily hubiera hecho esa decisión, pensando en él, su familia y en qué era lo mejor para todos. Estaba seguro de que no todas las mujeres con las que había salido en su vida eran tan abnegadas y consideradas como la que tenía en frente… Bueno, quizás estaba Rose, pero con ella había salido poco antes de descubrir que estaban bien como amigos.

— ¿Scorpius? ¿Estás bien? ¿Qué… qué piensas? —Ella lo veía ahora de manera inquisitiva, la preocupación aún presente en sus facciones.

Y él lo único que pudo hacer fue besarla.

Besarla porque la amaba. Besarla porque era lo único real que tenía en el momento. Besarla porque había renunciado a su sueño de una boda de otoño solo porque comprendía su dolor. Besarla porque hace mucho tiempo él había decidido que ella era la mujer de su vida, y ahora estaba seguro de que tenía razón.

Lily, confundida como estaba, tardó unos segundos en corresponder el beso. Cuando lo hizo, se encargó de que fuera suave, seguro y que lograra transmitir tantas sensaciones de apoyo y amor como las que sentía que él le estaba enviando.

Duraron así al menos medio minuto, hasta que él se separó. Apoyó su frente sobre la contraria, con cuidado de no hacerle daño, y la vio fijamente, explorando sus ojos. Para mucha gente, el café era un color aburrido y que no se comparaba al gris o el azul; para Scorpius, era lo contrario. Los ojos café de Lily eran la galaxia más fascinante en el universo, con los matices oscuros y cálidos escribiendo su historia poco a poco, su iris capaz de construirte o desarmarte, y un complejo juego de formas que hacían su alma transparente para aquellos que vieran con cuidado.

Merlín, podía quedarse viéndola una eternidad completa.

Sin embargo, sabía que debían bajar pronto si quería que Lily comiera el desayuno de Ginny. Además, sabía cuánto amaba a Anabelle y Remus, y que de seguro querría verlos antes de que An se fuera con Teddy. Por ello, Scorpius tomó todo el control que tenía sobre sí y se alejó de ella poco a poco.

—Cuando desperté pensé lo mismo. Sé cuánto querías una boda de otoño pero… Creo que el día de nuestra boda debería ser exclusivamente el día de nuestra boda, y eso no será posible con todo esto…

Ella le sonrió tristemente, asintiendo, de acuerdo con sus palabras. Scorpius soltó un pesado suspiro, y tuvo que restregarse los ojos con ligereza antes de volver a hablar.

—Ven, hay que bajar. Tú madre hizo panqueques, y los Lupin están aquí.

Aquello pareció revitalizar a Lily momentáneamente, y no dudó en demostrar su entusiasmo al formar nuevamente una sonrisa y ponerse en pie, caminando directo a la puerta. Scorpius se permitió rezagarse por unos segundos, mientras la admiraba y recorría cada milímetro de su ser, reconociendo que conocía casi a la perfección cada pieza que conformaba a su amada. Y cuando ella carraspeó y lo volvió a la realidad, se siento nuevamente afortunado de tenerla a su lado.

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— ¿Qué rayos le hiciste a mi niña, Malfoy? ¿Desde cuándo tomas café, Lilian? —James, que estaba en pijama, con el cabello más desordenado que de costumbre y con una ridículamente alta torre de panqueques frente a él, vio cómo Lily servía directamente de la cafetera a su taza favorita.

—Hey, yo no tuve nada que ver— Se apresuró a contradecir Scorpius, aunque James igual le dirigió una mirada sucia. Sophie, sentada junto a su padre, rió.

—Puedes agradecerle a tú querido Teddy. Desde que encargó a Winny de las compras para la oficina, el té ha desaparecido— Lily rodó los ojos y sin apuro se sentó a un lado de Jessica, que intentaba dar a Isabelle unas frutas.

El susodicho, que justo iba entrando en la estancia luego de dejar a Remus con Albus y Lyra, soltó una carcajada— ¡Ya creí que me lo estaba imaginando yo solito!

—Lo peor— Continuó ella, viéndolo con fingido enojo— es que él tiene té en su cajón. Pero no le da a nadie. ¡Ni siquiera a mí!

—A ver, tampoco me vas a decir que no te acostumbraste al café. Es rico y todo.

Lily solo rodó los ojos y se limitó a comer los panqueques frente a ella.

—Bueno, An y yo nos vamos ya— Anunció Lupin, dando palmadas en los hombros a James y Lily, pero viendo directo a Ginny, que ahora se había unido a sus hijos para comer—. De verdad gracias por hacer esto, Gin. Sé que has tenido las manos llenas con las gemelas, y no quisiera molestarte pero…

— ¡Ni hables, Teddy! — Ginny le reprimió—. Sabes que para mí es un placer cuidar a los pequeños. Es como volver a cuando todos ustedes nos necesitaban para hacer de todo —Sonrió nostálgicamente. Scorpius bajó la mirada, la punzada en su pecho volviendo a atacar.

Teddy se despidió de todos rápidamente y urgió a Anabelle para que hiciera lo mismo. Ginny le acompañó a la sala para despedirlo en la chimenea, y la cocina volvió a quedar en silencio.

— ¿Tienes que trabajar hoy? —Preguntó Lily a Jessica, cuando la vio ponerse en pie.

—No, gracias a Merlín. Me tomé el día libre para pasar un rato con James y las niñas.

—Llevaremos a las gemelas al zoo muggle— James sonrió ampliamente, claramente entusiasmado con la idea. Sus padres los habían llevado una vez, pero terminó en desastre con el primer brote de magia accidental de Albus.

—Scorpius, ¿cuántos días te vas a tomar? ¿Ya hablaste con la doctora Travers para ver si puede hacerse cargo de tus pacientes? — Inquirió Jessica luego de unos minutos en otro silencio.

—Yo…—Se quedó en silencio—. Aún no he hecho nada de eso. Lo había olvidado— Admitió, haciendo una mueca y rascándose la nuca—. Supongo que tomaré… ¿Una, dos semanas? —Comentó inseguro, volteando a ver a Lily.

—Lo normal serían dos semanas libres. Yo le pedí a Teddy una. —Lily se encogió de hombros, viendo a Scorpius y luego a su madre, como en busca de confirmación.

—Creo que deberías tomar dos, Scorpius, me atrevería a sugerir tres, pero no sé si el hospital lo permita, o si tienes casos muy urgentes…

El rubio se quedó en silencio un rato, viendo la mesa con el ceño fruncido y claramente sumido en sus pensamientos. Lily lo vio fijo también por unos minutos, pero luego hizo una mueca y volvió la atención a sus panqueques, aunque en su rostro seguía presente la preocupación.

La cocina se mantuvo en silencio varios segundos, hasta que la puerta se abrió y Lyra ingresó, Albus caminando tras ella con un sonriente Remus en brazos. Lyra llevaba en su mano un sobre y veía a Scorpius con una expresión nauseabunda.

—Scorpius— Llamó a su hermano—. Tía Daphne mandó una carta exigiendo que vayamos a la Mansón Nott inmediatamente.

—¿Tía Daphne? …. Oh, por Merlín. Será mejor que nos demos prisa— Sin esperar un segundo más, el muchacho se puso en pie y dejó de lado el poco desayuno que le quedaba. Se inclinó ligeramente para darle un rápido beso a su prometida, despedirse con un gesto del resto de los presentes y rodear la estancia para salir de la cocina.

Lily, que apenas había captado la apresurada secuencia de acciones que había protagonizado su prometido, tardó unos segundos en ponerse de pie y excusarse de la mesa para seguirlo a él, Lyra y Albus fuera de la estancia.

—¿Scor? —Llamó— ¿Quieres que vaya contigo?

La pelirroja daba grandes zancadas por los anchos pasillos del hogar, siguiendo la cabellera rubia de Scorpius. La muchacha sentía que debía ir con él. Después de todo, a eso se referían cuando hablaban de estar el uno al lado del otro en "las buenas y las malas", ¿no? Quería demostrarle que estaban juntos en todo esto y que podía contar con ella para ayudarle.

No se detuvieron hasta entrar en la sala donde estaba la chimenea. Albus tomó asiento en uno de los sofás crema, entreteniendo a Remus con uno de sus juguetes, mientras Lyra dejaba una carta -debía ser la de Tía Daphne- sobre la mesa de té, entre revistas y juguetes, y se volteaba para preparar los polvos flu. Scorpius, en cambio, encaró a Lily.

—No creo que sea necesario, rojita. Tía Daphne debe estar triste, indignada y furiosa, y eso no es una buena combinación. Prefiero que te ahorres las horas de regaños y crisis que están a punto de venir— Scorpius intentó darle una sonrisa, pero incluso él parecía aceptar que ya no había mucha gracia para sacarle a la situación. El hombre suspiró y dio unos pasos hacia ella, acortando la distancia. Trazó una caricia en su mejilla—. No te preocupes, en serio. Solo iremos, escucharemos a Tía Daphne y luego volveremos para acá. Yo solo voy porque es mi tía, pero, en serio, no es necesario.

Volvió a darle un beso, pero este resultó ser más suave y lento. No fue apresurado ni interrumpido como el otro de la cocina. Sin embargo, sí fue corto; a los segundos, Scorpius ya se estaba separando y dándole un último abrazo. Luego se dio la vuelta y marchó hacia la chimenea. Le dedicó una sonrisa a Lily antes de dejar caer los polvos Flu e irse por fin a la casa de su tía.

Ella suspiró y se dejó caer en el sofá junto a Albus y Remus.

—Supongo que solo queda esperar, ¿no? — Dijo al aire, aunque recibió un corto asentimiento de Albus como respuesta.