Ms. Malfoy
Capítulo 4
La mansión Nott estaba ubicada en una remota zona de Inglaterra, Hertfordshire. Era casi tan grande como la Mansión Malfoy, pero completamente distinta en lo que respecta al estilo; mientras los Malfoy habían decorado de manera lóbrega y oscura, los Nott se enfocaron en destacar los tonos claros y brillantes que hicieran ver a su hogar mejor iluminado. Claro, la misma había sido estilizada por la misma Daphne Greengrass luego de casarse con Theodore, quien no se había preocupado mucho por la casa luego de que su padre fuera encarcelado.
Cuando uno llegaba por Red Flu, lo primero que veía al estar de pie en la chimenea era una extensa sala de estar con paredes blancas impolutas, suelos de madera brillante, un gran sofá también blanco, una pequeña mesa del té frente a este, y diversos trabajos artísticos de colección guindando de las paredes.
Cada vez que Scorpius visitaba, un sentimiento de intranquilidad se apoderaba de su pecho. Tanta limpieza y perfección lo abrumaba, estaba demasiado acostumbrado a la oscuridad de su hogar. Además, siempre le había dado la impresión de que la Mansión Nott era más una ilusión que un hogar. Era como las casas que mostraban los agentes de bienes raíces: Espacios perfectamente acomodados para impresionar a alguien, pero no lugares en los que la gente de verdad hacía vida.
Aquel día no fue la excepción.
El joven mago fue de nuevo recibido con el shock inicial que tanto blanco le causaba. Tuvo que tomarse unos segundos para acostumbrarse a la vista y luego simplemente suspiró, intentando calmarse y prepararse para lo que vendría a continuación.
Había sido honesto cuando le dijo a Lily que era mejor si no los acompañaba. Su tía Daphne podía ser agradable la mayoría del tiempo, pero cuando estaba pasando por momentos difíciles, se convertía en toda una pesadilla. Era impulsiva y desconsiderada, se olvidaba de cualquier filtro en las palabras que salían de su boca e insultaba a cualquiera que se cruzara en su camino.
Además, Scorpius también sabía que su abuela, Cynthia, estaría en la mansión. Eso hacía las cosas un poco más delicadas, pues la señora no era exactamente fanática de Lily. Era lo contrario, de hecho. La mujer, con un intricado sistema de creencias tradicionalista, pensaba que su prometida era una muchacha irrespetuosa y sin ninguna educación en modales o etiqueta ("Como todos los Weasley", en palabras de la señora). Ella pensaba que no era lo que un hombre como Scorpius necesitaba, y menos aún cuando uno tomaba en consideración la fortuna de los Malfoy y en cómo las cosas se manejaban en aquella mansión.
Lily, claro, no tenía mucha idea de todo eso. Scorpius había decidido escondérselo y en cambio hacerle creer que su abuela simplemente era una mujer reservada y amargada desde la muerte de su abuelo, Nicholas. El joven Malfoy, demasiado asustado en ese momento, pensaba que su abuela lograría espantar a Lily y por ello había preferido simplemente mantenerlas algo alejadas la una de la otra.
Este era uno de esos momentos en los que sabía que la distancia sería lo mejor.
Devuelta en la sala, Lyra, quien había llegado segundos antes de Scorpius, estaba de pie completamente quieta, al igual que él. Y no se debía ser muy inteligente para saber que su hermana estaba ganando algo de tiempo antes de tener que enfrentar a su familia.
—¿Dónde crees que estén esperando? — Cuestionó la muchacha, volteando a verlo con los labios fruncidos.
—Quizás estén en el come…
—¡Una mísera carta! — Las palabras de Scorpius quedaron en el aire cuando fue interrumpido por una clara exclamación.
La voz de su tía retumbó por la sala mientras ella los veía desde un balcón interior en el segundo piso. Scorpius y Lyra alzaron la mirada inmediatamente, siendo recibidos por una versión de Daphne Greengrass que solo habían visto, quizás, devuelta cuando su abuelo había muerto. La mujer, que acostumbraba a tener su cabello perfectamente arreglado y brillante, con ondas voluminosas, hoy lo portaba en una simple cola de cabello baja, con visibles nudos ocultándose entre sus capas. No vestía uno de sus elegantes trajes caros, sino una bata de seda gris que cubría un simple pijama. Podían adivinar las ojeras que cubrían el espacio bajo sus ojos y la veían más pálida que de costumbre. Además, también tenía un inconfundible ceño fruncido y toda su aura desprendía molestia.
Tragando en seco, sus sobrinos la vieron descender por las escaleras y acercarse hacia ellos con los brazos cruzados sobre su pecho.
—Una mísera carta es lo único que merezco recibir para enterarme que mi hermana menor y su esposo han muerto. Una estúpida carta de cinco líneas es lo único que mis sobrinos, a quienes he cuidado y amado desde que nacieron, les he cumplido todo capricho e incluso aceptado a sus parejas, se dignan a enviarme cuando quedan huérfanos. ¡Me quedo horas esperando a que vengan, para llorar a sus padres en familia y darnos apoyo mutuo! ¡Mando carta tras carta a su mansión, esperándolos! ¡¿Y qué descubro cuando decido por fin ir yo misma a buscarlos?! ¡Que pasaron la noche en casa de esos Potter! ¡Que una vez más los han escogido en vez de a su familia, de a su sangre!
Uno podría haber pensado por el estado de la mujer que estaría desmoronándose y que se encontraba débil, pero la fuerza en su voz demostraba lo contrario. Daphne parecía un vociferador andante y los hermanos Malfoy no podían evitar dar un paso hacia atrás cada vez que la mujer daba uno hacia adelante, ambos demasiado conmocionados para atreverse a enfrentarla.
Quizás porque sabían que ella tenía razón, que se habían olvidado completamente de su familia sanguínea e ignorado que, de hecho, tenían otras personas a parte de los Potter que se preocupaban por ellos. Y que estaban teniendo un tiempo más duro, un tiempo similar al de ellos.
Ambos se mantuvieron en silencio por unos minutos, inseguros sobre qué decir, mientras su tía simplemente los veía expectante y con la molestia aún notoria.
—Tía…— Lyra empezó, dando un paso al frente. Luego se detuvo y suspiró. Ni siquiera sabía por dónde comenzar. Daphne la vio fijo.
—Somos su familia— Esta vez, su tía ya no estaba gritando; en cambio, les hablaba con dolor impregnando su voz. Scorpius no sabría decir qué era peor—. Se supone que debemos permanecer unidos en tiempos como estos, no separados. Debieron haber sabido que aquí los estábamos esperando, que los necesitábamos…—Su voz se cortó y antes de que pudieran saberlo, Lyra y Scorpius también empezaban a sentir el nudo subiendo por su garganta,
Sin siquiera ponerse de acuerdo, ambos hermanos se acercaron hasta la mujer y la abrazaron fuertemente. Daphne, que ya había empezado a llorar a rienda suelta, los abrazó devuelta y los atrajo contra sí, rodeándolos con sus brazos como solo una tía sabía hacer.
Estuvieron así por varios minutos, los tres llorando -Lyra y Scorpius no solo por sus padres, sino también por la culpa que sentían al haber dejado a su tía sola- y dándose confort los unos a los otros.
—Son lo único que me queda de ella— Daphne fue la primera en volver a hablar. Al hacerlo, ya se había calmado más y fue capaz de decir todas las palabras sin cortarse. También se apartó ligeramente, viendo a cada uno de sus sobrinos por unos segundos. A Lyra le acarició la mejilla suavemente. A Scorpius le peinó el cabello con ligereza. Luego, suspiró—. Vamos, su abuela está en el jardín. Será mejor hablar con ella, también.
El jardín de la Mansión Nott también era uno de sus atractivos. Se extendía por hectáreas de tierra y siempre estaba perfectamente arreglado. Scorpius sabía que su tía, algo obsesiva, mandaba a cortar la grama todos los meses y a la misma medida, para lograr que se viera casi tan pulcro y estilizado como los jardines del Palacio de Buckingham. Cuando uno salía de la casa hacia el jardín había una terraza de madera en donde la familia a veces pasaba sus tardes de verano y tomaba el desayuno en los días soleados.
Cynthia Greengrass, sin embargo, no estaba en la terraza. En cambio, estaba sentada en el gran gazebo que Daphne había puesto en la zona más floreada de los terrenos. A la construcción la rodeaban arbustos de cualquier tipo de rosas rojas y blancas, orquídeas, margaritas, hibiscos y hortensias.
Mientras se acercaban, Scorpius notó que su abuela no estaba sola. A su lado, Elizabeth Nott -la hija de su tía-, estaba sentada y parecía estar tan silenciosa como la vieja mujer. Aquello era raro, pues Beth era normalmente muy activa y habladora, pero Scorpius supuso que su prima sabía que aquel no era el momento para intentar hablarle a su abuela y distraerla.
—Maman— Daphne llamó cuando ya estaban lo suficientemente cerca para ser escuchados.
La mujer volteó a verlos de inmediato. Su rostro se veía más demacrado que de costumbre, sus pocas arrugas habiéndose acentuado y sus ojos compartiendo una mirada triste. Scorpius tuvo que reprimir un suspiro al ver a su abuela tan… vulnerable.
Estaba acostumbrado a vislumbrar a una mujer fuerte y decidida cada vez que la veía. Cynthia era originalmente de Francia, pero sus padres se habían mudado a Inglaterra cuando ella había cumplido los once años, pues habían cerrado un acuerdo recientemente con la familia Greengrass y solo en la tierra inglesa lograrían optimizar las operaciones de la compañía familiar. Además, estar ahí les garantizaría un acceso a la vida social de las familias sangre puras y sería más fácil concertar un matrimonio entre su hija y el joven Greengrass.
Así que la joven había iniciado en Hogwarts y poco a poco se había acostumbrado más a la vida lejos de su hogar. Sin embargo, nunca se había permitido olvidar sus orígenes e incluso cuando tuvo sus hijas, se aseguró de inculcar en ellas el amor y respeto a Francia, enseñándoles el idioma y llevándolas de visita cada verano.
—Mes chéris— Sollozó la mayor, parándose en cuanto vio a sus pequeños nietos acercarse. Ella, en cambio de verse molesta, parecía más consumida por la tristeza.
Para estar entrando ya en la vejez, Cynthia seguía manteniéndose tan activa como en sus mejores años. Los acercó a sí con tanta fuerza que Scorpius sintió como si sus huesos se rompieran en cuanto chocó con el pecho de su abuela. Había algo en su agarre, también, que lo hacía sentir como si estuviera devuelta en casa y justo en el lugar donde pertenecía. A su mente llegaron miles de recuerdos de su infancia cerca de aquella mujer y todo el amor y los años que les había dedicado a él y a Lyra.
Y junto a esos recuerdos, llegaron, indescriptiblemente, los que tenía con su madre. Porque había contados abrazos que lo hacían sentir tan bien como el de su abuela, y esos eran los de su madre y, solo recientemente, los de Lily.
Scorpius podía sentir en la familiaridad de su abuela, todo lo que había perdido en el accidente de auto. Pensó en todas las veces que había escuchado a su madre llamar a su tía en cuanto llegaban a la ridículamente blanca sala, o cuando peleaban al organizar las cenas de Navidad, cuando su padre se quejaba porque no quería visitar la mansión…
El recuerdo más urgente y doloroso era en aquel gazebo, y era de cuando Scorpius había confesado a su madre que amaba a Lily. Scorpius había estado a la defensiva toda la cena (a pesar de que aún nadie sabía) y de mal humor, hasta que había explotado luego de que su padre bromeara sobre algo que ya Scorpius ni siquiera recordaba, pero que en ese momento había sido el tope de sus conflictos internos. Él había salido corriendo del comedor y directo hasta el gazebo de su tía, donde se había sentado a intentar lidiar con sus sentimientos; para ese momento, Scorpius estaba en su sexto año en Hogwarts y no entendía por qué se había enamorado de la molesta Potter, que también resultaba ser la hermana de su mejor amigo. Su madre había ido a buscarlo y terminó por sentarse a su lado y escuchar todo lo que tenía que decir sobre el asunto.
Al recordar sus cariños y palabras, Scorpius no pudo evitar comenzar a llorar nuevamente al estar así con su abuela. Su pecho vibraba con cada sollozo que dejaba escapar y segundo a segundo se iba aferrando más al cuerpo de la mujer, como si ella fuera lo único que lo mantenía de pie en ese momento. Se sentía como un niño pequeño de nuevo, como el infante que llora cuando sus padres lo dejan solo al irse a trabajar o de viaje, solo que esta vez ellos nunca volverían. Y quizás era la primera vez que Scorpius entendía eso.
Nunca vería sus padres de nuevo.
No volvería escuchar la voz de su madre cuando lo reprendía, o el tono de su padre cuando lo saludaba en las mañanas distraídamente al mismo tiempo que leía el periódico. No estarían ahí para su boda ni para cuando tuviese hijos. No podrían aconsejarlo a través de las pruebas que la vida le pusiera y no verían todo lo que sería capaz de lograr. Nunca más sería abrazado por su madre, ni leería al lado de su padre en la biblioteca. No tendrían otra navidad juntos ni se irían de vacaciones de verano.
Ellos se habían ido y no regresarían. Lo habían dejado para siempre.
Su llanto se intensificó, ahora con más horror saliendo de sus sollozos. Porque hasta el momento no se había dado cuenta de la verdadera magnitud del evento. No había captado que sus padres de verdad estaban muertos y que aquello no era una simulación; era cierto.
Hasta el momento, estar en casa de los Potter lo había distraído y hecho sentir mejor. No estar en lugares que sus padres frecuentaban parecía haber sido un buen remedio, pero ahora que estaba rodeado de su familia y de lugares que guardaban un gran valor sentimental y que pocas veces había visitado sin sus padres, era que por fin veía lo impensable, lo horrible, lo trágico de la situación.
Había estado tan concentrado diciéndose que no había necesidad de derrumbarse y que debía mantenerse fuerte, preocupado en hacer sentir mejor a Lily y a cualquiera a su alrededor, que no había pensado en sí mismo y todo lo que esta situación significaba para él. Había decidido ignorar la pequeña voz en su cabeza que estaba sufriendo y en cambio había actuado como si todo estuviese bien, cuando en verdad no lo estaba.
En retrospectiva, esa era solo la tercera vez que lloraba -sin contar los pocos minutos con su tía. La primera vez había sido después de confirmar que eran los cuerpos de sus padres. Luego, cuando tuvo la pesadilla. Y ahora aquí, en la casa de su tía, abrazado a su abuela, descubriendo lo real de todo el acontecimiento.
Se sentía destrozado, y cuando por fin dejó de llorar, vacío. Sentía que no quedaba más nada para él y sin embargo también tenía una urgencia de seguir llorando, seguir liberándose de todo lo que tenía dentro de sí.
Cuando por fin se separó y alzó la vista para ver a su abuela, sintió que volvían a clavar un puñal en su corazón. Su abuela y su madre compartían los mismos ojos Greengrass, esos que él no volvería a ver en el dulce rostro de su progenitora. El nudo volvió a subir y su abuela sonrió con tristeza, sabiendo perfectamente lo que la expresión en sus ojos significaba.
—Ven acá, chiquito— Fue lo único que dijo mientras lo volvía a abrazar contra sí y le guiaba hasta el gazebo para que se sentara a su lado.
.
.
.
.
—¿Vas a pasar la noche allá? — Lily repitió lo que Scorpius había dicho, intentando ocultar la sorpresa y duda en su tono.
Estaban hablando por el par de celulares muggles que habían comprado hacía un tiempo. El mundo mágico poco a poco comenzaba a actualizarse y también lo hacían los magos, especialmente las nuevas generaciones. No los usaban frecuentemente, pero definitivamente eran una forma de comunicación más efectiva que las cartas y los patronus.
Lily estaba en la Madriguera, junto al resto de su familia, visitando a su abuela y dejándole saber las trágicas noticias. Había dejado una nota en casa de sus padres, en caso de que Scorpius y Lyra regresaran y no los encontraran, pero después de una hora su prometido la había llamado, dejándole saber que estaría pasando el resto del día en la Mansión Nott.
—Eh, sí. Mi abuela decidió que lo mejor sería que todos nos mantengamos juntos y en familia, ya sabes… Así que usaré uno de los cuartos de invitados y alguno de los pijamas de Alexander.
—Oh, ya… ¿Crees que debería ir para dar mis respetos? — Cuestionó, frunciendo el ceño mientras caminaba de a un lado a otro en la vieja habitación de su madre. No sabía cómo actuar en aquellas situaciones, pero estaba segura de que la familia de Scorpius lo vería mal si ella no se involucraba.
—No creo que sea necesario, Lils. Me parece que Maman solo quiere un rato a solas con nosotros, quizás lo mejor sea dejarlo para dentro de unos días.
—Bueno, si tú lo dices…—Lily suspiró—. ¿Así que nos vemos mañana? Podemos tomar el desayuno juntos en la Mansión.
—¿Qué te parece mejor el almuerzo? Tía Daphne mencionó que quería desayunar con nosotros, también.
—Oh, está bien. Entonces el almuerzo— Lily no podía dejar de percibir una sensación de intranquilidad en todo su cuerpo. Por alguna razón, sentía que era su deber al menos visitar a la familia. No se sentía cómoda quedándose en su casa y haciendo nada por Scorpius.
—Es una cita— Scorpius intentó decirlo con un tono aliviado y divertido, pero ninguno de los dos rió—. Bueno, te hablo más tarde… ¿sí?
—Sí. Hablamos más tarde. Manda saludos de mi parte.
Con resignación, Lily colgó la llamada. Se sentía ansiosa y preocupada, necesitaba urgentemente hablar con alguien más o de lo contrario explotaría.
Dejando el celular sobre la cama, Lily salió de la habitación y comenzó a bajar las infinitas escaleras de la Madriguera directo hasta la cocina, donde sabía que encontraría a su madre y su abuela. Ambas mujeres ya estaban preparando meriendas para la tarde y el olor de una tarta cocinándose llegó a Lily, quien cerró los ojos momentáneamente, saboreando la esencia. Aquello ayudó un poco con sus nervios.
—¿Hablaste con Scorpius? — Preguntó Ginny apenas la vio entrar en la estancia.
—Sí— Afirmó la pelirroja, tomando asiento en uno de los bancos cerca de donde las otras mujeres estaban cocinando—. Dijo que pasará la noche en casa de su tía y que estará devuelta para el almuerzo— Informó, intentando robar una fresa del bol que estaba frente a ella.
—¿Y tú ya le diste tus condolencias a la familia? — Su abuela, Molly Weasley, la vio fijamente, preparada a reprenderla en caso de la respuesta ser negativa. Lily ocultó una mueca.
—Aún no he podido. Le sugerí a Scorpius pasarme por la casa mañana para hacerlo, pero dijo que no sería necesario…
—¡Sandeces! Una familia siempre espera condolencias de sus más allegados. Lo esperarán de ti, sobre todo, siendo la prometida de Scorpius. Lo correcto es que vayas y presentes tus respetos, Lilianne.
—Yo sé que es lo correcto, pero Scorpius dijo….
—¿Acaso tú haces todo lo que Scorpius dice, Lilianne? Además, quizás esté bien para él, pero no sabes cómo funciona ese lado de su familia. Sobre todo Cynthia. Créeme, ella va a estar esperando que los visites.
Lily se quedó en silencio unos segundos, pensativa, viendo fijamente el bol de fresas.
—¿Estás completamente segura?
—Más que segura.
—No conozco mucho a la señora… Scorpius siempre parece seguro de que ella me adora, pero la verdad es que apenas hemos hablado… y esa no fue mi mejor conversación, precisamente.
—Molly la conoce— Su abuela ahora había dejado de hacer lo que había estado haciendo hasta el momento y solo la veía con fijeza—. Dice que es una persona… difícil. Aún no la ha aceptado por completo, ¡y eso que ella y Theo llevan casi diez años casados!
Lily volvió a guardar silencio, ahora más insegura. Sí había escuchado a Molly decir que Cynthia Greengrass era difícil de manejar, pero la verdad era que Lily nunca se había preocupado mucho por eso. "Si pude manejar a Narcissa, puedo manejarla a ella", solía pensar cuando las dudas aparecían. Pero ahora todo adquiría cierta nueva perspectiva y Lily no podía dejar de sentirse aún más ansiosa que cuando ella y Scorpius terminaron de hablar.
—Quizás sí deba ir— Convino, mordiendo su labio inferior—. Hasta puedo llegar mañana con Theo y Molly, ¿no? Ellos irán al desayuno que Daphne preparará y será bueno no llegar completamente sola…
—Es una buena idea— Asintió Molly, retomando sus tareas—. Puedo preparar una tarta para que lleves, también. Así no llegan con las manos vacías.
—¡Es perfecto! Gracias, abue— Lily se puso de pie y dejó un corto beso en la mejilla de su abuela. Luego se apresuró a dejar la cocina mientras, por sobre su hombro, exclamaba: — ¡Iré a escribirle a Molly!
.
.
.
.
—Gracias por dejarme ir con ustedes— Repitió Lily por enésima vez, viendo a Theo con una sonrisa tímida.
—Por milésima vez, no es nada. Igual eres prácticamente familia, no entiendo por qué no deberías estar allí. En un mes todo será oficial…. Además, mis tíos querrían que estuvieses con nosotros— El semblante de Theo se mantuvo serio mientras hablaba, pero su tono de voz le transmitía a Lily una especie de familiaridad que la reconfortaba.
Aquello, sin embargo, no le sorprendía; conocía a Theodore Nott aproximadamente desde que tenía ocho años y él empezó a salir con Molly. Siempre había sido amable con los Weasley, se integraba en sus juegos y participaba activamente en las conversaciones. A pesar del pasado de su familia, aceptarlo les había resultado fácil. Sobretodo, y por muy prejuicioso que sonara, por su pertenencia a Hufflepuff. Ahora que era mayor, Lily sabía que eso había hecho que tío Ron y tío George lo aceptaran más rápidamente. Gracias a Merlín, ya no tuvieron razón para mantener sus prejuicios cuando la propia Dominique fue seleccionada para Slytherin, y desde entonces ambos adultos habían empezado a ser más asertivos.
—Mm, sobre eso. Cancelamos la boda— Lily hizo una pequeña mueca, bajando la mirada hacia la taza de té frente a ella, perdiéndose del pequeño asentimiento de Theodore.
—Ya veo.
Los envolvió un corto silencio, ambos sin saber qué más decir, pero no del todo incómodos. Theo daba otro sorbo a la taza que la abuela Molly le había servido al llegar, y Lily ahora jugueteaba resolviendo los pequeños laberintos que formaba el patrón del mantel en la mesa.
—¡Gracias de nuevo, abue! Te prometo que regresamos antes del medio día a buscarla— La voz alegre de Molly inundó la cocina a la par que la muchacha ingresaba a la pequeña habitación.
—Ni te preocupes por eso, querida. Sabes que no tengo problema cuidándola un par de horas más— La Molly Weasley original venía tras ella, caminando con la mano agarrada a la de una pequeña niña de cabellos castaños y ojos cafés almendrados.
—No hagas pasar mucho trabajo a la abuela, ¿sí pequeña? — Molly se colocó en cuclillas, dándole un pequeño abrazo a su hija de cinco años, Cynthia. La pequeña asintió.
—¿Y puedo mostrarle mi vestido? —La suave voz infantil hizo sonreír a los adultos en la habitación.
—Luego de que tomes la siesta—Sugirió su madre, dándole un último abrazo antes de ponerse de pie nuevamente.
Después de Molly, fue turno de Theo para despedirse de la pequeña, elevándola en sus brazos de una forma que la hizo reír y dándole un gran apretón antes de dejarla tocando el piso nuevamente, de nuevo con su bisabuela.
—Hasta luego, Thia— Lily alzó su palma a la altura de la niña, quien chocó los cincos con alegría—. Adiós, abue. Nos vemos más tarde— Le dio un fuerte abrazo a la vieja matriarca, sonriendo, pero con sus nervios fáciles de vislumbrar.
—Todo va a estar bien pequeña, no te preocupes— Molly susurró en su oreja, abrazando con cariño a su nieta, intentando infundirle el valor que le faltaba en aquel momento. Cuando se separaron, apretó sus hombros y la vio con una sonrisa—. No te olvides de llevar la tarta.
Lily asintió, dándole un pequeño beso en la mejilla antes de finalmente separarse. Luego fue turno de Molly y Theo despedirse. Cuando ya todos lo hubieron hecho, Lily tomó la tarta de moras que su abuela había preparado y desfiló hacia la sala junto a Theo y Molly.
—¿Conoces la dirección? — Cuestionó su prima al llegar frente a la chimenea. Lily asintió silenciosamente—. Venga, estará bien. Madame Greengrass apreciará que visites— Le intentó dar una sonrisa para tranquilizarla, pero no funcionó demasiado—. A ver, Theo, ve primero. Luego Lily y yo de último.
El hombre asintió, yendo hacia la chimenea y tomando un puñado de polvos Flu tan pronto como pudo. Lanzándolos, se dejó rodear por las llamas verdes y enunció la dirección de la Mansión. Pronto estuvo ido, y un par de minutos después, Lily le siguió.
Había estado antes en la casa de los Nott, pero siempre que visitaba se sorprendía como la primera vez. Nunca terminaba de comprender cómo una habitación podía ser tan blanca. Además, la extensa colección de arte dispuesta alrededor de la sala era exquisita e impresionante, y la hacía sentir casi insignificante. Cosa que no ayudaba a sus nervios. Con un suspiro, sacudió los rastros de hollín en su abrigo, asegurándose de que cayeran exactamente en la chimenea, sin ensuciar la pulcra habitación. Luego salió del hueco en la pared, yendo a un lado de Theo justo en el momento en que Molly llegaba.
—¿Theodore? —La voz de Daphne Greengrass se aproximó a ellos y, segundos después, la mismísima mujer asomó el rostro en la sala—. ¡Sabía que eras tú! Creí haber escuchado la chimenea, pero tu padre dijo…— La mujer se interrumpió a sí misma cuando vio que ahí no solo estaban su hijo y su esposa, sino también Lily. Solo años de entrenamiento manejándose en la élite mágica hicieron posible que no se notara expresamente su mueca—. Lilianne —Dijo, alargando su nombre un poco más de lo necesario—, es un placer recibirte en la casa. ¿Cómo estás?
La mujer se acercaba a ellos lentamente, y Theo aprovechó eso para tomar la mano de Molly y caminar hacia su madre. Lily apretó su agarre en la caja donde había guardado la tarta, y dio una pequeña respiración antes de también avanzar hacia la mujer.
—Todo tan bien como se puede estar en estos momentos, Sra. Nott— Intentó que su tono de voz no flaqueara—. Yo… quería darle mi más sentido pésame, lamento mucho su pérdida— Le dejó saber cuando estuvo de pie, justo frente a la dama de rubios bucles.
Daphne sonrió pesadamente, su coraza debilitándose ante el comentario y la sincera humildad que notaba en la muchacha. Daphne, a diferencia de su madre, nunca había peleado tanto la elección de sus sobrinos al emparejarse con los Potter. Después de todo, su propio hijo había terminado casándose con una Weasley. Claro, tenía una que otra reserva con Lily -en su opinión, la muchacha no parecía buen material para ser esposa de un Malfoy-, pero no condenaba su romance.
—Gracias, Lily. Es un buen gesto de tu parte— Aceptó la mano que la roja le tendía, y se dieron un corto apretón. Luego, se volteó hacia Molly y Theo—. Me alegra poder verlos a ambos…— Le dio un abrazo a cada uno, aunque el de Theo -obviamente- fue más fuerte y duradero—. Vengan, estamos sirviendo la comida apenas.
Sin más, la mujer se dio la vuelta y comenzó a liderar el camino hacia el comedor de la mansión, a través de los largos pasillos y en silencio. Al avanzar, Molly volteó a ver a su prima y le dio una pequeña sonrisa, como diciendo "¿Ves? Te dije que no estaría tan mal". La pelirroja quiso poder sonreírle devuelta y darle la razón, pero aún le quedaba enfrentarse a la abuela de Scorpius, la parte que -honestamente- más nerviosa la ponía.
Cuando finalmente llegaron a la sala, Lily no pudo evitar detenerse en seco.
Era un espacio amplio, también con paredes blancas y arte en los muros. Un gran candelabro colgaba de un techo alto, y en el centro había una larga mesa con casi veinte puestos. A la cabeza, estaba sentado Theodore Nott Sr., el padre de Theo. A su derecha e izquierda habían puestos libres, probablemente serían ocupados por Daphne y Theo. Más allá, había tres puestos que sí estaban ocupados. Lyra estaba sentada justo frente a Scorpius, y a su lado, estaba Albus, entablando conversación con la hermana menor de Theo, Beth.
Si bien era un alivio tener a su hermano en la sala, Lily no pudo evitar sentir una punzada. Scorpius no había mencionado que Albus iba a estar ahí, ni siquiera que estaba invitado. Eso quería decir, básicamente, que ella había sido la única no invitada… un mal sabor surgió en su boca.
—¿Lily? — La voz sorprendida de Scorpius la sacó de su trance, y como pudo le sonrió suavemente. El hombre se había puesto de pie y ahora caminaba hacia ella.
—Hola— Le susurró, cuando lo tuvo cerca y se puso de puntillas para abrazarlo—. Sé que dijiste que no era necesario venir, pero mi abuela dijo que sería de mala educación no hacerlo y…— Dejó la frase en el aire, suspirando.
—No importa— Él intentó sonreírle también. Una vez se separaron, colocó su mano en el pequeño hueco que se formaba en la espalda baja de la pelirroja y la guio hacia la silla a su lado, que justo estaba vacía.
Antes de sentarse, Lily se acercó hasta la cabecera de la mesa, donde estiró su mano hacia Theodore Nott Sr., a modo de saludo. El hombre la estrechó, sonriéndole suavemente. Él era, definitivamente, la persona favorita de Lily en aquella mansión. Una vez terminó con eso, se volteó hacia Daphne, que seguía en el fondo del salón, como esperando algo. Lily caminó hacia ella.
—Mi abuela preparó una tarta de moras para ustedes, ¿dónde podría…? —Fue interrumpida por la aparición de Cynthia Greengrass. Lily aguantó la respiración, viendo a la mujer ingresar a la habitación con pasos elegantes y ceremoniosos.
—Familia— Saludó, y luego volteó a ver directamente a Scorpius—. No comentaste que Lilianne se nos estaría uniendo hoy, querido— Y si bien portaba una sonrisa en su rostro, la involucrada no pudo evitar sentir que aquello era una indirecta. Necesitó de toda su valentía Gryffindor para dar un paso al frente y estirar la mano en su dirección.
—Buenos días, Madame. Yo… quise venir personalmente para darles mi más sentido pésame— Habló suavemente, lo más respetuoso que pudo—. Lamento muchísimo su perdida.
Cynthia la vio por unos segundos mientras estrechaba su mano y asentía cortamente, en silencio. Lily esperó unos segundos más a que dijera cualquier otra cosa, pero ello nunca pasó. Así que lentamente, volvió a dar un paso atrás y caminar hacia el asiento al lado de Scorpius. En el camino, Daphne la interrumpió silenciosamente para tomar la tarta de Lily. La pelirroja se la pasó, reprimiendo un suspiro al, finalmente, tomar asiento. Bajo la mesa, Scorpius buscó su mano y le dio un pequeño apretón.
Poco a poco, la sala se fue llenando de conversación. Cynthia preguntaba a Molly y Theo sobre su tocaya bisnieta, mientras Daphne y Theo Sr. escuchaban y soltaban algún que otro comentario sobre su nieta. Beth, Lyra, Albus y Scorpius estaban sumidos en otra conversación. Lily, en medio de todas, escuchaba pero no participaba, más incómoda que nada.
La aparición de la comida fue un alivio, pues al menos así tenía una excusa para no participar. Sin embargo, cuando Scorpius la llamó y ella sintió su mirada insistente, no le quedó más que alzar la vista, sorprendida.
—Disculpa, ¿qué decías? —Murmuró, tomando consciencia de que todas las personas en la sala tenían los ojos sobre ella.
—Le estaba comentando a mis tíos y a mi abuela que decidimos cancelar la boda— Aclaró Scorpius, viéndola con cuidado.
—Oh, sí— Lily asintió varias veces, recomponiéndose y volteando hacia los tres adultos en la punta de la mesa—. Pensamos que es mejor darnos un tiempo para llevar el duelo, y dejar la boda para cuando todo esto no… no sea tan reciente— Explicó, ante los tres pares de ojos.
—Es una buena decisión— Asintió Theo Sr. A su lado, Daphne concordó con él.
—¿Y seguirán viviendo juntos mientras tanto? — Fue en lo que se interesó Cynthia. Para nadie era un secreto que, si bien Lily vivía "oficialmente" con su primo y Alice, pasaba más tiempo y noches en la Mansión Malfoy, con Scorpius. Aún así, ante el comentario de la mayor sus mejillas adquirieron un ligero tono rosado.
—Sí— Scorpius contestó directamente, sorprendiéndola, viendo a su abuela sin inmutarse—. Somos adultos y estamos comprometidos el uno con el otro, no veo cual es el problema.
—No estoy diciendo que haya uno— Cynthia se encogió de hombros, dando un trago a su jugo de calabazas.
Lily notó que Scorpius estaba a punto de decir otra cosa, cuando el sonido de la chimenea avisó que alguien más había llegado.
—Ese debe ser Alexander— Anunció Daphne, aliviada con poder romper el ambiente tenso que se había formado poco a poco, y por la llegada de su hijo menor, mellizo de Beth. Pero antes de que pudiera ponerse en pie, Cynthia lo hizo.
—Yo iré a recibirlo— Indicó, caminando fuera de la habitación.
Por primera vez en lo que se sentía horas, Lily se permitió respirar. Aquello no pasó desapercibido por Scorpius, que también suspiró. Lily vio a su hermano fijamente por unos segundos, y aprovechó que Daphne y Theo estaban conversando con Molly, para interactuar con su hermano.
—No sabía que ibas a venir— Le dijo, sus cejas levemente arqueadas—. Pudiste haberme avisado, y no me habría quedado a dormir en La Madriguera para estar a tiempo cuando Molly y Theo fueran a dejar a Thia.
Albus miró de refilón a Scorpius antes de voltearse a su hermana nuevamente.
—No sabía que tú vendrías, tampoco. Pensé… bueno, Lyra y yo ya estamos casados. Pero ustedes… aún no— Lily tuvo que reprimir una rodada de ojos.
¿Qué tanto importaba si Scorpius y ella aún no eran marido y mujer? Hasta la semana pasada, habían estado a un mes de serlo. Eso tenía que contar, ¿no? Además, ¡ella había querido a Astoria y Draco! ¡Muchísimo! ¿Acaso eso no era suficiente para estar junto a su familia en un momento como aquel? Si ellos mismos la habían considerado parte de su hogar, ¿por qué los demás no podían hacerlo, también?
Todo eso, claro, no lo dijo en voz alta. Se negaba a hacer una escena en un momento como aquel, menos frente a toda la familia de Scorpius, y mucho menos cuando sabía todo lo que estaba sintiendo su prometido en ese momento. Para ella, era preferible simplemente permanecer callada y actuar como si todo lo que ocurría no le afectaba. Ser el pilar que Scorpius necesitaba en ese momento, y no exactamente lo contrario.
La risa de un grupo de personas llegó al comedor acompañado de Cynthia. En segundos, se llenó la sala con un muchacho alto, joven y con cabellos dorados, acompañado de dos mujeres. Una, con cabello cobrizo y ojos verdes, y la otra, alta, pelinegra, con una mirada que no dejaba de explorar la habitación. Lily reconoció a Alexander y su novia, Melissa Pucey. Y también la horrorizó reconocer a la pelinegra.
—¡Scorpius! — Por supuesto que debía ser a Scorpius el primero al que saludaba. Siempre había sido así. Y el rubio, quizás igual de sorprendido que Lily, también se puso de pie inmediatamente, respondiendo al abrazo que la otra ofrecía.
Caroline Pratt era, probablemente, la causante de más de una pesadilla de Lily. Era un demonio constante en su relación con Scorpius, uno que nunca dejaba de aparecer y siempre estaba rondándolos, incapaz de dejarlos solos.
—Buenos días a todos, familia— Alexander siempre había sido el más carismático de los Nott, con una sonrisa encantadora y una personalidad atractiva. A Lily siempre le había caído bien, incluso llegando a salir con él en una ocasión—. Albus, Lily— Les dio una sonrisa especial a ambos, antes de sentarse al lado de Lyra. Su novia, Melissa, yendo a saludar a los padres del muchacho y al resto de la familia más formalmente.
Caroline hizo lo mismo, siendo recibida con una sonrisa de parte de los Nott.
—¿Verdad que todos los años su belleza aumenta? — La engrandeció Cynthia, y Lily no pudo evitar una pequeña punzada a su ego. No ayudó, tampoco, que la muchacha escogiera sentarse justo en el asiento al otro lado de Scorpius.
—Lamentamos llegar tarde— Informó Melissa, volviendo la atención a los recién llegados una vez el desayuno retomó su curso.
—Sí, eso fue mi culpa. Cuando Melissa me habló de lo ocurrido, no pude evitar querer venir de inmediato— Caroline compuso una expresión de pena, viendo a cada familiar en la mesa, y luego posando con suavidad una mano sobre el hombro de Scorpius—. Lamento mucho esta pérdida, y quiero que sepan que estoy disponible para cualquier cosa que necesiten.
—Gracias, Caroline. Es muy lindo de tu parte haber venido hasta acá— Respondió Scorpius, dando un apretón a la mano sobre su hombro. La muchacha lo vio, sonriendo suavemente por unos segundos más, antes de voltearse hacia Cynthia y Daphne.
—Y lamento mucho no haber avisado que vendría, también. Espero no haber causado ningún inconveniente— Agregó.
—No te preocupes, en lo absoluto. Sabes que siempre eres bienvenida acá— Aseguró Daphne.
La pelirroja tuvo que reprimir otro suspiro y morder el interior de su mejilla.
—En fin, hay un tema que debemos tocar. Scorpius, Lyra— Los dos Malfoy alzaron la mirada diligentemente hacia su tía—. El funeral.
—Oh— Scorpius asintió, y luego volteó a ver a Lily—. Los elfos de la mansión nos dijeron que era tarea de Lily arreglarlo.
—Tradicionalmente, lo sería. Pero ustedes aún no están casados, así que ella -técnicamente- no es la Señora Malfoy— Explicó Cynthia, con un tono de voz autoritario—. Además, estoy segura de que Lilianne está ocupada con su trabajo, y quizás no tenga el tiempo necesario para encargarse de los arreglos.
El énfasis que la señora dio a la mención de la profesión de Lily, le recordó el desagrado de la mujer al hecho de que Lily era una mujer que no estaba dispuesta a quedarse en su casa.
—Por el contrario— A pesar de la clara intención de Cynthia, Lily decidió mostrar su disposición a planear el evento—. Pedí una semana libre del cuartel, para poder hacerlo y también acompañar a Scorpius estos días —Intercambió una pequeña mirada con el hombre—, así que estoy completamente libre para organizar todo. De hecho, ya empecé a pedir algunas cosas y contacté a un…
—Me gustaría que mi hija lo planeara. Ella tiene más experiencia en estas cosas— Cynthia la interrumpió, volteando a ver a Daphne—. ¿Puedes hacerlo? —Su hija de inmediato asintió.
—Sí, maman.
—Bueno… Me gustaría ayudarla, si eso está bien— Lily volteó a ver a la tía de Scorpius. No abandonaría esa pelea, debía demostrarles lo comprometida que estaba con la familia.
—Claro, Lilianne— Daphne asintió suavemente, consciente de la mirada que su madre le estaba dando, pero sin hacerle caso. Porque estaba mucho más consciente del grito de ayuda que Scorpius estaba transmitiendo con sus ojos en ese mismo momento.
Lily le sonrió devuelta, sintiendo que podía respirar un poco más fácil ahora que aquello estaba resuelto. Quizás, después de todo, había sido una buena decisión asistir a aquella cena.
