Ms. Malfoy

Capítulo 5

El regreso a la Mansión Malfoy fue en silencio. Primero pasaron Lyra y Lily por la chimenea, luego Albus y, por último, Scorpius. El rubio se tomó su tiempo al dar un largo vistazo a la impoluta sala, suspirando, intentando dejar ahí todo su dolor, aunque sabiendo que le sería difícil. Luego de aquella horrible realización en el gazebo de los Nott, Scorpius no había podido dejar de sentir un nudo en la garganta, que solo se apretaba más conforme pasaba el tiempo. El desayuno de aquel día no había hecho más que empeorarlo, y agregar una extrema tensión a todo su cuerpo; sus hombros se sentían apretados y su cabeza no dejaba de palpitar. Lo único que deseaba era tirarse en su cama y no levantarse nunca.

Luego de tirar los polvos Flu y viajar hasta la Mansión, Scorpius fue recibido por su hermana, Lily y Albus. Los tres estaban sentados en los sofás de la sala. Albus junto a Lyra, ambos tan inmersos en una conversación silenciosa que ni siquiera alzaron la vista cuando un golpe seco anunció la llegada de Scorpius. Lily también parecía distraída, perdida en sus pensamientos, con la mirada fija en el suelo.

Scorpius se acercó hasta ella tentativamente. Sabía que aquel desayuno no había sido la mejor situación para la pelirroja. No le habían pasado desapercibidas las dagas que su abuela tiraba a escondidas. Por esa misma razón era que había intentado mantener a la pelirroja alejada de la Mansión Nott, pero debió recordar la terquedad de Lily, y debió saber que la abuela Molly insistiría en que fuera.

Suspirando, el mayor de los Malfoy tomó asiento en el sofá que ocupaba su pelirroja, y dio una pequeña caricia a su brazo, intentando llamar su atención. Lily dio un pequeño salto antes de alzar la mirada hacia él. Intentó componer una sonrisa, pero no lo logró. El hombre tuvo que reprimir las ganas de soltar otro suspiro.

—¿Todo bien? —Cuestionó, a pesar de que podía anticipar la respuesta.

Lily asintió, pero no dijo nada. Se mantuvieron sentados así, en puro silencio y cada uno en sus pensamientos. Scorpius aún sentía todo su cuerpo en tensión y a la defensiva, y se permitió recostarse bien del espaldar y cerrar los ojos por unos segundos. El problema era que, por mucho que intentara descansar su mente, los pensamientos intrusivos nunca dejaban de atacarlo. Su hilo pensativo revoloteaba alrededor de Lily, los comentarios de su abuela, la sonrisa de Caroline, la pesadilla sobre sus padres, la idea de que aún debía pasar por el funeral….

Era demasiado.

Se rindió, y volvió a abrir los ojos. A su lado, Lily seguía dándole vueltas a algún pensamiento. Frente a ellos, Albus tenía sus brazos cerrados alrededor de Lyra protectoramente, la rubia sin dejar de mostrar una expresión triste mientras descansaba contra el pecho de su marido. Le habría gustado saber qué pensaba su hermana en el momento, a pesar de que ya sabía que sería sobre sus padres. Solo le gustaría saber qué de tanto.

Scorpius no pudo evitar pensar en todas las tardes que habían transcurrido ahí, en la sala de la Mansión. Aquel era el sitio de reunión familiar por excelencia: su madre acostumbraba a escribir sus cartas en la pequeña mesa acomodada al lado de la ventana que daba hacia el extenso jardín, su padre -cuando no estaba trabajando- solía poner música en el viejo tocadiscos y se sentaba en el sofá que justo estaba frente a la chimenea. Él y Lyra, por su parte, no acostumbraban a pasar tantas tardes ahí. Cuando lo hacían, sin embargo, siempre tomaban posesión de los sofás en los que estaban en aquel momento. A veces solo se podrían a hablar con sus padres, otras cada quien bajaría consigo un libro, pero siempre los llenaría una sensación de calma estar allí los cuatro juntos.

La sala era, también, el lugar donde él y sus amigos solían pasar el tiempo cuando los invitaba a la mansión. Usualmente solo serían él, Albus e Ethan Brooks. Antes, Lysander Scamander solía unírseles también, pero luego de un altercado con Albus, y luego de que Scamander envolviera a Lily en una relación más tóxica que una hoja de acónito, el muchacho había dejado de pertenecer al pequeño grupo de Slytherins.

Así, la sala ciertamente calificaba como una de las estancias favoritas de Scorpius, pero el denso aire que la empañaba en ese momento no le resultaba agradable en lo absoluto. El silencio de la habitación, que en otra ocasión habría encontrado reconfortante, estaba incomodando todo su cuerpo.

Resignado, se paró de un golpe. Pensando en todas las veces que su padre había realizado aquel mismo recorrido, Scorpius se dirigió hacia el minibar en la esquina de la habitación. Hasta donde sabía Scorpius, había estado ahí desde tiempos de su abuelo. Con parsimonia, tomó un vaso y sirvió Whisky de fuego.

—¿Alguien quiere un trago? —Preguntó, dándose la vuelta y viendo hacia los demás ocupantes. Cuando nadie contestó, acercó el cristal hacia sus labios y dio un largo trago. Sintiendo el líquido avanzar por su garganta como si le estuviera quemando, el muchacho regresó a los asientos.

Sin embargo, antes de que pudiera terminar de llegar, Lily se dio la vuelta aún sentada, encarándolo perfectamente. Al ser su primer movimiento desde que él había llegado, Scorpius se detuvo. Lily tenía el ceño y sus labios fruncidos. Scorpius supo que aquello no era una buena señal.

—Alexander y Melissa no están casados— Anunció la pelirroja. Scorpius notó que los ojos almendrados de Lily no dejaban de inspeccionar su rostro.

—Es cierto, no lo están— Él mismo había fruncido su propio cejo. Retomó sus pasos, yendo directo a tomar asiento junto a la inquisitiva mujer, que -sintió- no dejaba de verlo.

—Ni siquiera están comprometidos— Esta vez, desvió su mirada hacia Albus, quien seguía la conversación con ojos cautos. Scorpius parpadeó, confundido.

—Lily, ¿qué…? —Empezó, pero ella lo interrumpió.

—Ustedes dos— Y la pelirroja vio de su hermano a su prometido con fijeza—, me dijeron que no había sido invitada al desayuno porque aún no estamos casados. Y sin embargo, Alexander se aparece con Melissa— Dejó pasar unos segundos antes de agregar: — Y Caroline. Cuando lo hace, nadie se sorprende, ni hace comentarios sobre un invitado sorpresa extra.

Scorpius, finalmente entendiendo lo que estaba molestando a Lily, no pudo evitar tragar en seco. Sabía que la culpa estaba enteramente en él. Había sido él quien no había invitado a Lily, quien le había rogado a Albus que no dijera nada. Quizás si la hubiera invitado, si le hubiese avisado a su abuela y tía, las cosas no habrían ido de manera tan incómoda. Y quizás así, no estaría sufriendo las consecuencias ahora.

—Yo…— Se quedó callado otra vez. Ni siquiera sabía qué decir. Esto a Lily pareció venirle como anillo al dedo, pues de inmediato retomó la palabra.

—De verdad no quiero ser esa persona que pelea y causa dramas en momentos como este, así que no lo haré— Ahora veía solo a Scorpius, directo a sus ojos grises, con rastros de clara tristeza en los propios avellana—. Pero debes saber que me lástima saber que intentaste mantenerme alejada de esto, de tu familia, de tu dolor. Yo… Vamos a ser marido y mujer, Scorpius. No deberías hacer este tipo de cosas. Y si de verdad querías que no fuera, si querías el tiempo solo, entonces quizás… quizás debiste decírmelo.

Lo vio unos segundos más, antes de suspirar y ponerse de pie, lentamente.

—Voy a pasar la noche con Alice— Informó, como si no fuera gran cosa. Después de todo, ella no vivía oficialmente en la Mansión—. Así tienes el tiempo que querías solo. Volveré mañana, luego del desayuno, ¿sí?

Se mantuvo quieta unos segundos, como si estuviera esperando que Scorpius dijera algo. Pero él solo la veía en silencio, con el vaso de whisky aún en su mano. Los hombros de Lily cayeron, y Scorpius aún no hizo nada. Ella terminó por inclinarse y dejar un corto, frío beso en la mejilla del rubio, y luego dio la espalda a la sala. Con finalidad, ingresó a la chimenea y soltó la dirección de su pequeño apartamento.

En segundos, las llamas la consumieron y Lily estuvo fuera de la mansión.

La sala siguió en silencio por segundos, hasta que Scorpius se volteó hacia Albus. Lyra seguía en sus brazos, viendo a Scorpius fijamente.

—Se fue— Dijo Scorpius únicamente, pasmado.

—Y tú no la seguiste— Lyra rodó los ojos hacia su hermano, y se enterró más contra Albus.

—Ella… estoy seguro de que no quiere que la siga. Si quisiera estar conmigo ahorita, no se habría ido, ¿no creen? —Scorpius los vio con confusión. Albus tuvo que contener las ganas de darle un golpe a su amigo.

—Quiere que la sigas— Repitió Lyra.

—No la conoces, Lyra. Ella solo quiere espacio ahorita.

Lyra vio a su hermano por varios segundos, como intentando descifrar algo. Luego, se puso de pie tal como Lily lo había hecho minutos antes. Le hizo una seña a Albus para que la imitara. Regresó su mirada hacia Scorpius.

—Está bien, haz lo que quieras.

Arrastró a Albus fuera de la habitación, dejando a Scorpius solo, confundido, y con el trago en la mano. El rubio vio de la chimenea hacia la puerta por la que habían salido los otros. Bufó.

—Ella no quiere que la sigan— Se repitió, volviendo a dar un sorbo de su Whisky.

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—Ya me voy, Lils. ¿Estarás bien? — Alice la vio desde la puerta de su habitación. Llevaba un bolso colgado al hombro y una expresión preocupada vestía su rostro. Lily, tirada en su cama, arropada hasta el cuello y abrazando la almohada, asintió y le dio una pequeña sonrisa triste.

—Vete tranquila, Alice. Yo estaré bien— Le aseguró, a pesar de que el peso de su voz decía exactamente lo contrario.

Su amiga la vio una vez más, claramente sin creerle, pero asintió; no podía hacer más nada. La muchacha tenía que cubrir un turno nocturno en El Profeta, lo que le impedía quedarse a hacerle compañía a la pelirroja, por mucho que le hubiese gustado. Con un suspiro más, Alice dio un paso hacia atrás y cerró la puerta del cuarto.

Lily la escuchó cerrar desaparecer por la chimenea unos segundos más tarde, y sintió el nudo en su garganta renacer.

Había esperado toda la tarde al menos una señal de Scorpius. Había estado revisando el celular muggle cada diez minutos, esperando que quizás le hubiese enviado un mensaje, pero nunca llegó nada.

Se había ido de la Mansión esperando que él desmintiera sus sospechas, que le dijera para que se quedara, que le rogara que no se fuera. Cuando él no dijo nada en el instante, pensó que quizás iría a buscarla minutos después. Así, se había sentado en el sofá frente a la chimenea por más de una hora, esperando que él se apareciera, pero Scorpius nunca asistió.

A medida que el sol se había ido ocultando, las esperanzas de Lily se habían ido disipando. Se había retirado a su habitación y tomado posesión de su mullida y pequeña cama, encontrándola reconfortante y segura. Ahí, se había permitido reflexionar más sobre los eventos de la mañana y extrañar a Draco y Astoria. No se movía desde, aproximadamente, las cinco de la tarde, y a pesar del pequeño dolor que aparecía en su espalda baja de vez en cuando, no encontraba ninguna razón lo suficientemente buena para levantarse.

Hacía una media hora, Alice le había servido un plato de avena caliente y se lo había llevado hasta la habitación, por lo que la pelirroja había estado agradecida. Comió, pero muy poco: su apetito brillaba por su ausencia. Así, el plato descansaba en la mesita de noche a su lado, ya demasiado frío como para ser reconfortante.

Suspiró hacia el silencio.

Sabía que quizás estaba siendo algo injusta con Scorpius. Él acababa de perder a sus padres, ¿y ella era la que se iba de su hogar, dolida? Se sentía ridícula y quizás demasiado demandante. Debió haberlo entendido. Debió, además, haberle hecho caso y no presentarse para el desayuno de los Nott. Y ciertamente, no debió haber armado un drama cuando sabía que lo único en la mente de Scorpius eran sus padres.

Quizás debería ir a disculparse, pensó. Mostrarle que ella podía entenderlo, y que no lo culpaba por querer tener tiempo solo. Él, más que nadie, estaba de duelo, y tenía derecho a querer alejarse de todo.

Ahora se sentía avergonzada. Lily volvió a suspirar, removiéndose en su cama con incomodidad. La irritante voz en su interior la estaba haciéndose sentir peor que antes, y supo que debía ir a la Mansión y pedirle perdón a Scorpius. Resignada, Lily apartó las sabanas que la habían estado cubriendo las últimas tres horas e intentó pararse, lentamente. Todas sus articulaciones crujieron de inmediato, oxidadas. Ni siquiera se molestó en cambiarse, sabiendo que podía llegar a la Mansión en pijama y a nadie le importaría. De todas maneras, allá tenía ropa que podía ponerse al día siguiente, por lo que tampoco se preocupó mucho en empacar nada.

Tomó el plato de avena antes de salir de la habitación. El apartamento que ella y Alice compartían era pequeño, pero cómodo. Tenía dos habitaciones, un baño, la sala y la cocina. Estaba ubicado en el Callejón Diagon, arriba de la tienda de sus tíos, Sortilegios Weasley. Hugo también vivía ahí, ya que él y Alice eran pareja desde hacía unos dos años. Lily solo tenía que caminar pocos pasos para llegar a la sala-cocina, que era una habitación abierta. Una vez allí, metió el plato en el refrigerador y rebuscó por un envase de plástico donde había guardado un trozo de tarta de melaza que su abuela le había dado el día anterior. Era la favorita de Scorpius, y la perfecta ofrenda de paz.

La encontró en la última repisa del aparato muggle y con éxito la sacó. Una vez tuvo eso en su mano, guardó su varita en el bolsillo de su pijama y se colocó unos zapatos deportivos. Cuando estaba aproximándose hacia la chimenea, unas llamaradas verdes la hicieron dar un paso hacia atrás.

Cuando el fuego se desvaneció y tuvo un vistazo de la cabellera rubia de Scorpius, Lily casi dejó caer el envase con la tarta.

—¡Scorpius! — Exclamó, sorprendida. No le dio oportunidad al otro para reaccionar, sino que de inmediato se tiró a sus brazos, aliviada. El rubio le correspondió de inmediato y, aunque Lily no lo notó entonces, él también sintió un peso menos sobre sus hombros.

—Lily— Murmuró segundos después, su mano hundiéndose en la abundancia de su melena pelirroja, dándole pequeñas caricias, a la vez que la acercaba más hacia sí.

Ninguno contó cuántos minutos pasaron así, juntos, abrazándose, pero para ambos aquel fue el mejor momento de esos últimos días. Se permitieron apoyarse él uno en el otro, y servir como refugio entre sí, silenciosamente. Cuando se separaron, no lo hicieron del todo: Lily mantuvo su brazo envolvente sobre la cintura de Scorpius, y él tenía el suyo propio sobre los hombros de la mujer. Así, ambos orquestaron sus movimientos de forma que caminaran juntos a través del pasillo y directo hacia la habitación de Lily.

—¿Alice y Hugo? ¿Salieron? —Cuestionó Scorpius cuando notó las luces apagadas y el silencio que reinaba sobre el apartamento. Lo único que se escuchaba eran sus pasos.

—Alice tenía turno en el diario, y Hugo está cenando en casa de mis tíos— Explicó ella, empujando la puerta de su habitación e ingresando. Luego de encender la luz, fue directo a la cama, tomando asiento con su espalda apoyada en la pared. Scorpius se dejó caer a su lado.

Por minutos, ambos se quedaron en silencio. Su vista estaba dirigida a la pared contrario, donde una ventana mostraba la calle principal del Callejón Diagon. A esa hora, eran pocos los transeúntes, y solo se veían farolas encendidas y la luz de algunos de los apartamentos arriba del resto de las tiendas. Igual, era una noche estrellada, y el cielo estaba inundado de pequeños puntos titilantes en la distancia. Lily mantuvo su atención en esos, aunque sus pensamientos no dejaban de explorar las formas en las que podía dejar salir la disculpa atascada en su garganta. A su vez, Scorpius no apartaba la vista de la calle vacía. Él también tenía mucho que decir, pero pocas ganas de dejarlo salir.

Lily fue la primera que se atrevió a hablar, dejando ver un atisbo de la asertividad que la había hecho entrar a Gryffindor.

—Lamento haberme ido de la mansión como lo hice— Dijo inicialmente, aún sin verlo—. No debí haber montado una escena como esa… Estuve fuera de lugar. No debí cuestionarte, ni culparte, por querer pasar tiempo solo en estos momentos. Debí ser más comprensiva.

Poco a poco, la pelirroja sintió que la culpa se disipaba poco a poco. Scorpius, por su parte, frunció el ceño.

—No, no— Se apresuró a negar. Él sí volvió la mirada hacia ella, angustiado—. Yo fui quien no debió haberte mentido sobre casa de mi abuela —Lily lo miró—. La verdad es que nunca hubo ningún impedimento o condición para que no fueras, es solo que… A mi abuela no le agradas exactamente.

—No me digas— Lily lo interrumpió, algo de sarcasmo en su voz. Scorpius igual pudo vislumbrar un deje de dolor en su mirada.

—No quería que estuvieras incomoda, ni que ella te insultara… Como hizo— Scorpius suspiró—. Debí haberte dicho la verdad desde el principio, pero no quería que eso te alejara… ahora comprendo que igual terminé logrando eso.

—Scor…— Fue turno de Lily para suspirar. Apartando su espalda de la pared, y arreglándose en la cama justo para mirarlo de frente, estiró su mano y la posa con suavidad en la mejilla de Scorpius. Él cerró los ojos unos segundos—. Pocas cosas en este mundo podrían separarme de ti, pero que no le caiga bien a uno de tus familiares no lo hará, ¿sí? No te preocupes más por eso. Sí estuvo algo mal que no me lo dijeras desde un principio, pero no te culpo. Tú… ¿puedes perdonarme por ser todo menos comprensiva con tus sentimientos esta mañana, por haber hecho esa escena?

—En mi opinión, no hay nada que perdonar— El rubio Malfoy la vio con una pequeña sonrisa en sus labios—. No hiciste nada malo, Lily… pero si de verdad quieres un perdón, ya lo tienes. Siempre lo tendrás, ¿está bien?

Ella lo vio fijamente. Los ojos grises de Scorpius eran sinceros y dulces, aunque algo cansados. Lily notó sus ojeras, y una punzada de preocupación se asentó en su pecho. Sabía que él no debía estar durmiendo bien, y por minutos se odió por haber pretendido dejarlo solo aquella noche. Delicadamente, lo abrazó, y le indicó con movimientos que se acostara a su lado en la pequeña cama individual. Él le hizo caso de inmediato. Poca era la distancia que los separaba, y ahora solo seguían viéndose con sus cabezas apoyadas en la almohada, y sus ojos siguiendo los contrarios.

—Te amo— Susurró Lily, dejando un pequeño, suave beso en sus labios.

Scorpius la apretó más contra sí.

—Yo a ti— Él besó su frente, y Lily cerró los ojos. Scorpius exploró su rostro. Las pequeñas pecas en sus mejillas y en su nariz respingona. Sus labios, pequeños y delicados, de un color bermellón que marcaba sus sueños. Habría ido a la guerra solo por esos labios, pensó.

—¿Cómo te sientes? —La voz de la pelirroja salió en su susurro. Aún tenía los ojos cerrados, y Scorpius se permitió apartar un mechón de su rostro.

—Estoy… Estoy bien. Todo está bien— Afirmó, aunque la duda se sentía fresca en su tono.

"Todo está bien", le aseguró a su subconsciente. Sus padres estaban muertos, se respondió a sí mismo, nada estaba bien. Nada debería estar bien. La culpa atacó su estómago, reconociendo la lógica del planteamiento que se presentaba a sí. Sus padres estaban muertos, ¿cómo podía decir que todo estaba bien? Su pecho comenzó a subir y bajar agitadamente. Sus labios temblaban, y él intentaba detenerlos al morderse el inferior. Sentía cómo un nudo subía poco a poco desde su estómago y se asentaba en su garganta. Sus pensamientos eran más altos que las palabras que Lily murmuraba en respuesta: sus papás estaban muertos, él no lloraba todo el día, era un mal hijo, el peor, no se había merecido a sus padres, por eso se habían ido, era su culpa…

De un momento a otro, comenzó a sentir la humedad hundir sus ojos. Sin saberlo, las lágrimas resbalaban por sus mejillas y era incapaz de respirar. Su cuerpo convulsionaba con temblores y saltos, su rostro se comprimía en muecas y el agua empañaba su mirada. Era incapaz de detenerse, y no podía acallar los sollozos que su garganta dejaba salir.

A su lado, Lily había abierto los ojos con asombro y se había incorporado ligeramente. Lo vio, en shock por varios segundos, antes de reaccionar y envolver sus brazos alrededor de los hombros de Scorpius, en un intento por acabar con los temblores violentos y de darle confort a través de la cercanía. Con fuerza, lo acunó contra su pecho, dando pequeñas caricias circulares en su espalda y murmurando palabras que -esperaba- fueran reconfortantes.

No había visto a Scorpius así desde la noche de la pesadilla, y el corazón de Lily se rompía al verlo pasar por tanto dolor. Sobretodo, le dolía saber que no había nada que pudiera hacer para mejorar la situación. Odiaba no poder agitar su varita con simpleza, y hacer aparecer a Draco y Astoria a su lado de nuevo. Odiaba que la pareja hubiera tenido un destino tan cruel, y que Scorpius tuviera que pasar por todo aquello.

—Shh…—Murmuró suavemente, aun dándole pequeñas caricias mientras lo sentía estremecerse contra ella. Lily cerró los ojos, sintiendo las lágrimas acumularse en los propios—. Déjalo salir amor… Está bien… Shhh.

No supo cuánto tiempo pasó antes de que Scorpius se durmiera. Primero, los temblores de su cuerpo habían ido cediendo. Luego, sintió su respiración calmarse e hipidos empezar a inundar de vez en vez la pequeña habitación. Cuando terminó de darse cuenta, Scorpius ya estaba completamente dormido. Sus ojos se veían hinchados y sus mejillas rojas, alteradas. La pelirroja suspiró. Si le hubieran preguntado, habría dicho que Scorpius lloró por horas. Sin embargo, luego de que lo hubo acomodado en la cama, con la cabeza sobre las almohadas y una manta cubriéndolos a ambos, lo que menos pensó Lily fue revisar la hora y calcular el tiempo. En cambio, se acurrucó a su lado, lista para seguirlo hacia el mundo de los sueños.

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Los días siguientes fueron más de lo mismo. Habría noches en las que Scorpius lloraría en los brazos de Lily hasta dormirse, otros en los que se quedaría despierto y pensando hasta altas horas de la madrugada, y algunos en los que se ayudaba con una poción para dormir.

Ella lo veía todo de cerca, mordiéndose el interior de su mejilla, con el ceño ligeramente fruncido y la mirada a rebosar de preocupación. Siempre lo apoyaba e intentaba estar allí para él, aunque su corazón se rompía un poco más cada vez que lo veía tomarse la poción, cada vez que lo sentía dar vueltas en la cama, y cada vez que abrazaba su cuerpo lloroso en la oscuridad de la habitación.

Lily estaba aliviada de haberse tomado una semana libre de la oficina. Al menos así, podía dedicar todo su día a Scorpius y ayudarlo a acostumbrarse a aquella nueva rutina que la vida les había impuesto. Además, el tiempo libre le permitía adelantar sus ideas para el funeral de los Malfoy, que tomaría lugar en tres días.

Si bien aún no había tenido la primera reunión con la tía Daphne, Lily se había tomado la libertad de hacer anotaciones y sugerencias para el menú y el servicio, luego de haber consultado con su abuela las costumbres en tales reuniones. Todo el asunto le resultaba tétrico y lóbrego, pero debía hacerse, y estaba agradecida de poder ayudar en eso, al menos. Quitarle una preocupación más a Scorpius.

No obstante, lo que ella no sabía era que su prometido lo único que hacía era preocuparse sobre ello, a pesar de todo. Y no por las razones que ella pensaba.

Scorpius sabía que su tía, más que frecuentemente, se dejaba actuar influenciada por Cynthia. El poder que Maman ejercía sobre Daphne era increíble, y a Scorpius le preocupaba que la mujer terminara por lastimar a Lily durante los arreglos.

Por eso, aquella tarde de septiembre en la que Daphne iría hasta la Mansión Malfoy para planificar el funeral con Lily, Scorpius tocó la puerta de la habitación de su hermana. La había visto subir directo después del almuerzo, mientras Albus y Lily seguían a la mesa platicando sobre los últimos avances en la liga de Quidditch. Así decidió que aquel era su momento, y por eso la había seguido.

Su hermana había sido una sorpresa para todos. Los Malfoy estaban acostumbrados a tener un heredero varón, no más, pero Astoria siempre había soñado con más de un bebé, y Draco vivía para complacer a su mujer. Por ello, no le había puesto peros ni le había importado arruinar la "tradición" familiar. Y menos mal, porque Lyra terminó siendo un regalo solo para él.

Para Scorpius nunca había sido una mentira que su hermana y su padre tenían una conexión especial. Así como él y su madre eran confidentes y los mejores amigos, Draco y Lyra vivían el uno para el otro.

—¿Sí? —Lyra había abierto la puerta y veía a Scorpius de manera expectante. El rubio había estado demasiado metido en sus pensamientos.

—Necesito pedirte un favor— Anunció, viéndola lo más suplicante que podía—. ¿Puedo pasar? —Cuestionó, señalando con la barbilla a la habitación que se abría tras su hermana. Ella asintió, haciéndose a un lado y permitiéndole pasar.

No había estado en aquella estancia desde hacía un rato, consideró. Sin embargo, seguía igual a como había estado durante sus tiempos en Hogwarts: una cama grande en el centro, un extenso armario a un lado, el tocador, grandes espejos, y una inmensa ventana que mostraba la extensión de los campos de la Mansión.

Scorpius tomó asiento en la orilla de la cama, mientras Lyra no se detenía mucho en él y organizaba algunas cosas sobre el tocador.

—Entonces, ¿qué necesitabas? — Lyra siempre había sido más directa que Scorpius. Al contrario del rubio, ella nunca se iba con rodeos en las conversaciones: las prefería cortas y precisas, odiaba que le hicieran perder el tiempo.

—Necesito que acompañes a Lily durante la cita que tiene con tía Daphne—Soltó él, jugando con un hilo que sobresalía del cobertor de la cama.

Lyra dejó lo que la ocupaba, y en cambio alzó la vista hacia Scorpius, con ambas cejas arqueadas y una expresión de confusión. Él solo la vio dubitativamente, mordiéndose con ligereza el labio inferior, esperando una respuesta por parte de su hermana.

Ella caminó hacia él con lentitud, sus ojos dejando ver que estaba sopesando la propuesta de su hermano.

—¿Exactamente qué me estás pidiendo, Scorpius? —Lo cuestionó a la par que se sentaba en la cama.

Él suspiró: —Necesito que apoyes a Lily frente a tía Daphne. No quiero que la haga sentir mal o ignore todas sus propuestas, nada de eso. Quiero que todo sea… tan amigable como puede ser.

—Sí sabes que estás pidiendo algo imposible, ¿no? Así tenga a mi tía enfrente, no puedo anticipar lo que diga o haga, y no puedo evitar sus comportamientos, tampoco— Lyra lo veía con el ceño fruncido.

—Pero puedes liderar la conversación, o usar tu tarjeta de hija, o… no sé. Pero no quiero que Lily esté sola— Scorpius dejó salir otro suspiro. Al ver a su hermano en tal estado de desesperación, Lyra se ablandó un poco. Acercándose a él, le dio unas pequeñas palmadas en la espalda y fue su turno de suspirar. Pensó por unos segundos.

—¿Y ya le preguntaste a Lily cómo se siente sobre estar a solas con tía Daphne?

—No— Confesó él—. No quiero ponerla más nerviosa de lo que ya debe estar.

—¿De verdad piensas que esté nerviosa? —Lyra ladeó el rostro, de nuevo dudando ante las palabras de su hermano, quien estaba comenzando a irritarse—. No es Gryffindor solo por capricho, ¿sabes?

—Creo que la conozco un poco mejor que tú, Lyra— Soltó él, poniéndose de pie. Tuvo que dar varias vueltas en círculos antes de disculparse—. Perdón, no debí hablarte así. Es solo que… no quiero que Lily sea tratada mal por mi culpa. No otra vez.

—Pero, Scor, ¿qué te hace pensar que tía Daphne será mala con ella? — Lyra también se puso de pie, yendo directo hacia él y tomándolo del brazo, haciéndolo detenerse—. La abuela es la que tiene problemas con Lily, tía Daphne no. Si los tuviera, ¿en serio piensas que hubiera aceptado la ayuda de Lily?

Ambos se vieron fijamente por unos segundos, hasta que Scorpius rompió el contacto y asintió con lentitud.

—Sí, es cierto. Tienes razón…—Admitió—…, pero igual quiero que la acompañes. Por favor. No pido más nada.

Lyra vio a su hermano unos segundos más, evaluando la situación. Al final, cedió; los ojos desesperados de Scorpius eran demasiado para ella. Eso, aunado al hecho de que sabía que, de las situaciones ser al revés, ella también le estaría pidiendo apoyo a su hermano.

—Está bien, lo haré. Pero tienes que acompañar a Albus a Gringotts. Íbamos a ir juntos, pero como ahora tengo planes…—Se encogió de hombros y lo vio, expectante.

Scorpius asintió enérgicamente: —Sí, claro. Lo haré. Ahora bajemos, antes de que mi tía llegue.

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—Te mandó a asegurarte de que todo vaya bien, ¿no? —Lily se dejó caer en el sofá de la sala una vez las llamas verdes se apagaron y solo quedaron ella y Lyra en la habitación. La rubia, que había sido su amiga desde hacía unos años, asintió con diversión.

—Aparentemente, aún no ha aprendido que es inútil hacer cosas a tus espaldas— Lyra rodó los ojos, sentándose al lado de Lily con un suspiro.

—No puedo decir que me sorprenda, la verdad. ¿Recuerdas esa vez que le pidió a todo el mundo que me ocultara su caída de la escoba? —Lyra soltó una carcajada, y Lily también rió—. Aún no me creo que él haya pensado que eso sería algo fácil de ocultar, sobretodo cuando toda la escuela hablaba de ello.

—Se preocupa demasiado— Suspiró la rubia Malfoy, recostándose más del sofá.

—A veces es tierno— Le confesó Lily, una mirada soñadora en su rostro. Lyra no pudo evitar sonreí ante eso. Segundos después, Lily la vio e hizo una mueca divertida: —A veces solo es un dolor en el trasero.

Lyra volvió a reírse enérgicamente.

Rieron hasta que la chimenea hizo un sonido, y ambas supieron que no estarían solas por mucho más tiempo. Se pusieron de pie, y Lily procuró enderezar su blusa y acomodar ligeramente su cabello, esperando estar en perfecto estado, presentable.

No tuvieron que esperar mucho para que las llamas verdes reaparecieran en la chimenea y la figura de Daphne apareciera ante ellas. La mujer esperó unos segundos y pasó una mano sobre su falda, como alisándola, a pesar de que no tenía ni una arruga. Luego, ajustó la chaqueta que vestía y fingió quitarse un inexistente hollín. Lyra y Lily la veían expectantes.

Cuando dio un paso hacia adelante, fue cuando finalmente las vio y su rostro se rompió en una sonrisa.

—¡Lyra! —Fue lo primero que dijo, claramente sorprendida y feliz de encontrarse a su sobrina, y no solo a Lily—. No sabía que nos estarías acompañando esta tarde.

—Fue algo de último momento, tía Daphne— Aclaró la rubia, dándole una pequeña sonrisa y asintiendo. Luego, agregó: —Deduje que esto era lo que mamá más habría querido, ¿no? Lily, tú y yo organizando juntas el servicio, como una familia.

Lily tuvo que ocultar su sonrisa nerviosa cuando sintió el énfasis que Lyra les colocaba a las palabras. Estaba segura de que todo aquello no pasaría desapercibido para Daphne. Así, decidió que sería tiempo de intervenir, antes de que Lyra hablara sin rodeos sobre toda la situación.

—Madame Nott— Saludó, dándole a la señora su mejor sonrisa—. Es un gusto verla de nuevo, y solo quería agradecerle nuevamente el que me dejara ayudar con todo esto.

—No es nada, Lilianne. Todo sea por la felicidad de mi sobrino, ¿no? —Daphne sonrió ladinamente, de esa forma que solo los Slytherins podían hacer. Aquello no le pasó desapercibido a Lily, quien asintió casi sin percatarse.

La mujer hacía aquello por Scorpius. La aceptaba solo por su sobrino, y honestamente, a Lily no le importaba saber que no era por ella misma. Le bastaba con saber que siempre y cuando Scorpius estuviera feliz, ella y Daphne no tendrían problemas. Comenzó a sentir una tensión menos en su espalda, y supo que las preocupaciones de su prometido -tal y como ella había decretado- eran innecesarias.

—Claro— Asintió la pelirroja, una sensación de tranquilidad tomando posesión de su pecho—. ¿Por qué no pasamos al comedor? Allí ya está todo preparado para que comencemos a planificar el servicio.

—Me parece perfecto— Convino Lyra antes de que Daphne pudiera decir cualquier cosa. De inmediato, la rubia inició el recorrido hacia la habitación señalada por Lily. Esta le siguió al pelo.

Daphne, que no tuvo más palabra en el asunto, caminó tras ellas, a la par que comenzaba a hablar.

—Estaba pensando que podemos empezar por el menú… Lilianne, ¿vas a pedir que los elfos nos sirvan un té? No quieres mantener a tu compañía sedienta.

—Justo estaba pensando en eso, Madame Nott… ¿Weng?