Ms. Malfoy

Capítulo 6

El treinta de septiembre al fin llegó, luego de largos y lentos días presentándose en forma de larga tortura. En opinión de Lily, era imposible que hubiese pasado solo una semana desde que Astoria y Draco habían muerto, pues para ella se había sentido como un año entero e interminable.

Así pues, el día en el que estaba previsto el funeral se presentó con un cielo gris oscuro y una brisa gélida que azotaba sin piedad a todo Wiltshire. Las nubes amenazaban con descargar sobre la Mansión una tormenta catastrófica, y Lily no podía dejar de pensar que era exactamente el sentimiento que la embargaba aquel día. Caminando de un lado a otro, indicándole a los elfos y magos que los ayudaban a arreglar la casa donde iba cada cosa, Lily se sentía como una nube a punto de explotar.

Nunca había puesto mucha atención a la organización u decoración de aquel tipo de servicios, pero unas simples charlas con Daphne Greengrass habían bastado para que tuviera claras las instrucciones sobre dónde debía ir cada cosa.

Fuera, en los jardines, unos magos se encargaban de asentar una larga carpa cerca del pequeño cementerio donde descansaban los restos de casi toda la familia Malfoy. La zona estaba resguardada por largos arbustos de rosas blancas, que formaban un rectángulo alrededor de un mar de lápidas de todos los tamaños, formas y períodos. En una de sus primeras visitas a aquellos jardines, Scorpius le había comentado que la más vieja databa del siglo 11. Sabía, también, que el espacio resguardado por las rosas se expandía al mismo ritmo en el que nacían los descendientes directos de la familia.

Desde su posición en la ventana, Lily ya podía ver a otros dos magos extrayendo la sección de tierra donde enterrarían los ataúdes de Draco y Astoria.

Aquella situación le parecía desconocida en todos los sentidos. Nunca en toda su vida había estado tan cerca de la muerte como en ese momento, y nunca había imaginado que a su corta edad ya estaría dirigiendo los preparativos de un servicio de aquella índole. Pero, más que todo, jamás había experimentado el vacío que la acosaba en ese momento. Al hacerlo, además, no podía evitar pensar en cómo el vacío de Scorpius debía ser mil veces peor.

Suspiró, apartándose de la ventana, y caminó lentamente por la habitación, fijándose en los arreglos florales que habían llevado a la casa aquella mañana. Daphne se había tomado el tiempo de explicarle a Lily y Lyra los distintos significados de cada flor que conformaba los arreglos. Ahora, al ver las rosas rojas y blancas, sabía que eran señales de reverencia y dolor. Los crisantemos, que Lily había usado como casas de Hadas cuando jugaba de niña, señalaban la muerte, y las sobresalientes orquídeas estaban como símbolo de amor eterno.

Pero, sobretodo, ahora veía con otros ojos los lirios que habían pedido específicamente para el arreglo de Astoria. Daphne, aparte de señalizarlas como una de las flores favoritas de Astoria y comentarles a las jóvenes brujas que estos habían hecho parte del ramo de bodas de la mujer, las había presentado como las representantes de "la restauración del alma". Al oírla, Lily había sentido un escalofrío recorrer todo su cuerpo.

Lily, que nunca había relacionado nada oscuro o triste con las flores que le daban su nombre, no podía evitar impresionarse ante aquel nuevo descubrimiento. Mientras estiraba su mano y acariciaba suavemente uno de los pétalos de su flor, con los ojos cerrados, no pudo evitar ver a Astoria vestida de blanco, con su cabello castaño arreglado en un simple recogido y con un ramo de lirios seguro en sus manos a medida que avanzaba al altar. Antes de dar el último paso, sin embargo, dentro de la imagen apareció un gran hueco de tierra dentro del cual Astoria caía; en la ceremonia, nadie parecía alarmarse. Solo Lily se asomó sobre el hueco, donde ahora Astoria estaba recostada, el tupido ramo descansando sobre su pecho.

Abrió los ojos de golpe, su estómago hundiéndose con más fuerza en su abdomen. Sentía la agitación en su respiración y le costaba tomar aire. Una pequeña lágrima comenzó a aparecer en el rabillo de su ojo, pero Lily se apresuró a apretar sus párpados con fuerza. No puedes llorar, se instruyó, hoy no. Su rol era cuidar que todos los detalles del funeral fueran perfectos y que el servicio transcurriera sin defectos. Su rol era estar calmada y pretender que todo estaba tan bien como se podía, no lo contrario.

A la par que se separaba del ramo y alzaba una de sus manos para borrar rastros de la vieja lágrima, escuchó sonar el timbre. Eso hizo que Astoria y el ramo se fueran de su mente por completo, y en cambio solo la confusión la inundara. ¿Quién podría ser? Los invitados no llegarían hasta dentro de unas horas, ya todos los arreglos que habían ordenado estaban en la mansión, y cualquiera que necesitara hablar con ellos urgentemente estaba capacitado para usar la Red Flu.

A pesar de saber que algún elfo ya estaba abriendo la puerta y haría pasar al visitante hacia la sala, Lily personalmente se acercó al vestíbulo, curiosa. Deteniéndose cerca del final de la escalera, vio con atención mientras Gobbler abría la inmensa puerta. Tras esta, un hombre regordete y bajito, con un bigote de ballena sobre la boca, veía el reloj en su muñeca con empeño. Al escuchar el chirrido de la puerta -Lily anotó mentalmente pedirle a Gobbler que arreglara eso antes del servicio-, el hombre alzó la mirada y sonrió, mostrando todos sus dientes.

—¡Buenos días! —La voz del hombre tenía un timbre tan bajo como su estatura, y Lily se sorprendió. Por los últimos días que había vivido, escuchar el entusiasmo que aquel hombre llevaba era algo extraño y desconcertante.

Gobbler, claramente, pensaba lo mismo que Lily, pues dio un pequeño salto en sorpresa a la actitud del hombre. Y a pesar de que Lily no podía ver su rostro, supo que el elfo debía estar alzando las sienes con disgusto.

—El amo no tiene ninguna cita programada para esta hora— Dijo simplemente la criatura, y se dispuso a cerrar la puerta. El hombre, al notar las intenciones de Gobbler, comenzó a mover las manos rápidamente.

—¡No, no, no! — Empezó, agitado—. ¡La acabo de concertar hace unos minutos por lechuza, con el Sr. Malfoy, pregúntele!

—El amo Scorpius me hubiera informado de inmediato si ese fuera el caso— Repuso Gobbler, y Lily pudo notar el fastidio en su voz. Decidió intervenir.

Saliendo de su escondite a las espaldas de todos, Lily se aproximó hacia la puerta con una educada sonrisa.

—Gobbler, gracias por recibir al Señor. Yo me encargaré del resto— Indicó muy amablemente. Su tía Hermione estaría encantada.

El elfo la vio casi con el mismo desdén con el que había estado viendo al señor, pero Lily no parpadeó. Pensó que Gobbler se llevaría muy bien con Kreacher, de ambos elfos conocerse.

—Sería mejor si el amo Malfoy se encargara— Dejó salir, los grandes ojos viendo a Lily. De tener cejas, las tendría fruncidas en desprecio.

—Bueno, puedes ir a llamarlo mientras yo atiendo al visitante. El señor…—Lily se volteó hacia el hombre, que había permanecido quieto durante todo el intercambio. La pelirroja arqueó su ceja, esperando que el otro contestara. El hombre vio de Gobbler a Lily varias veces, antes de dar un pequeño salto donde estaba y dirigirse nuevamente a Lily.

—¡Montpole! ¡Ignotus Montpole! —Dijo energéticamente, como si tuviera miedo de que, de no escucharlo, la diatriba nunca acabaría.

—Un placer— Murmuró Lily, viéndolo de refilón unos segundos más antes de volverse a Gobbler—. Entonces, Gobbler, si pudieras por favor avisarle a Scorpius que…

Pero no hubo necesidad de seguir hablando, pues unos pasos firmes y una voz gruesa se abrieron paso desde lo alto de la escalera.

—¿Por qué tanto revuelo aquí? —Scorpius bajaba en unos jeans desteñidos y una camisa algo arrugada, mientras usaba una toalla para secarse ligeramente el cabello. Lily sonrió inevitablemente al verlo bajar, y su gesto se ensanchó cuando Scorpius fue directamente hacia ella, pasando un brazo alrededor de su cintura protectoramente.

—El señor Montpole— Lily respondió antes que nadie, e hizo un movimiento de su cabeza hacia el hombre en el umbral—, dice que te envió una lechuza y que tiene una cita contigo.

—¡Oh! ¿En serio? Lo lamento, no la he visto… de haberlo hecho le habría avisado a Gobbler y…—Scorpius veía de un rostro a otro, y luego suspiró, cerrando los ojos momentáneamente—. Gobbler, ¿puedes servirnos un té quizás? En la sala, por favor. Y lamento que no hayas estado al tanto de todo esto— El elfo asintió dócilmente, sin decir más nada, y con un sonido sordo se desapareció. Luego, Scorpius se volteó hacia el señor Montpole y estiró su mano para estrecharla—. Perdón, Ignotus, por la confusión. Creo que recibí la lechuza pero no leí la carta porque estaba algo ocupado… Pasa, por favor.

El hombre, claramente aliviado de que todo se hubiera solucionado, asintió y avanzó unos cuantos pasos, antes de volverse, como si se le hubiera olvidado algo.

—¡Gamatheon! Ya podemos entrar— Anunció por encima de su hombro. Lily estiró el cuello, intentando ver qué podía estar ocultando el hombre tras de sí. Cuando Ignotus hubo dado unos pasos hacia adelante y hasta ellos, tras él apareció un viejo duende, encorvado y de aspecto irritado, que bajó la cabeza en saludo a Scorpius.

—Gamatheon, un gusto volver a verte— Repuso el hombre rubio, sonriéndole, aunque claramente intimidado. Pasó unos segundos en silencio, antes de voltear hacia Lily—. Ignotus, Gamatheon, esta es mi prometida. Lily Potter.

La pelirroja sonrió de inmediato, y sus mejillas adquirieron un ligero rubor. Estiró su mano hacia Ignotus, y este dejó un sonoro beso en su dorso.

—Un placer, señorita— Dijo cuando volvió a alzar la mirada—. Soy un gran seguidor de su padre, ¡mi familia y yo le estamos infinitamente agradecidos! Llevo años deseando convencerlo de que trabaje conmigo, pero, bueno, usted sabe como es él. Más fiel que un perro, ¡no abandona al Sr. Thomas por nada!

Ella asintió, diligentemente, sonriente, pero no dijo mucho más, pues honestamente no tenía mucha idea sobre lo que estaba hablando el hombre. Tenía muchas preguntas para Scorpius, pero sabía que tendría que esperar hasta después de aquella cita -y quizás hasta después del funeral- para encontrar sus respuestas.

Seguidamente, estiró su mano hacia Gamatheon, aunque no estaba muy segura sobre la correcta etiqueta a la hora de saludar duendes. Así, vio cómo Gamatheon ignoró su mano y simplemente le dio un asentimiento de cabeza, similar al que le había otorgado a Scorpius.

—También un placer, Señorita Potter— Sin decir más, se volteó hacia los dos hombres—. ¿Continuamos?

—Claro, claro— Lily notó el ligero tono rosado que adquiría Scorpius, mientras bajaba su cabeza y lideraba el camino hacia la sala, la mano de Lily fuertemente asegurada a la suya. A medio camino, Montpole volvió a hablar.

—¿Su hermana, Sr. Malfoy? Ella debe estar presente, también.

—Oh, sí— Scorpius volvió a asentir, dando los últimos pasos hacia la amplia estancia. Por segundos, se notó que no supo mucho cómo continuar. Luego, volvió la mirada a Lily, haciendo una pregunta silenciosa que ella entendió enseguida.

—Yo iré a buscarla— Confirmó, diligentemente, dejando que su mano se separara de la de Scorpius, quien le dirigió una sonrisa de agradecimiento.

Se alejó de la manera más elegante que pudo, intentando copiar la serenidad y el porte que caracterizaban a Astoria Malfoy cuando se movía por la habitación, aunque sabiendo que nunca podría ser como su suegra. Apenas estuvo fuera de la vista de los tres individuos, sin embargo, Lily echó a correr escaleras arriba.

La extensión de la Mansión Malfoy nunca dejaba de sorprenderla. Las habitaciones de la familia no estaban inmediatamente después de que uno subía, al contrario: cuando uno doblaba al ala derecha, lo primero que encontraba era el salón de dibujo, la puerta al segundo piso de la biblioteca y uno de los baños. Se tenía que caminar mucho más, a través de largos pasillos llenos de puertas cerradas y habitaciones para huéspedes, antes de llegar a una pequeña sala en donde se enfrentaban tres grandes puertas. Del lado más cercano al que Lily había estado caminando, estaba la entrada a las habitaciones de Scorpius y Lyra. Al otro lado, el cuarto principal, ocupado por Astoria y Draco por más de veinticinco años. Más allá, en el interior de uno de los pasillos que llevaba devuelta a las escaleras y por el lado que Lily no había recorrido, estaba el despacho de Draco.

Intentó ignorar el conocimiento de que pronto, más temprano que tarde, Scorpius y Lyra tendrían que abrir esas dos puertas e ingresar al mundo secreto de sus padres. Tendrían que organizar sus cosas y arreglar papeles. Sabía que ambos hermanos Malfoy estaban ignorando aquel deber, por lo que prefirió hacer lo mismo. Tragando en seco, se aproximó a la puerta más cercana a ella y tocó dos veces, luego solo esperó.

Lyra tardó no más de un minuto en abrirle, y había retazos de una sonrisa en su rostro. Lily no pudo evitar sonreír también, alegre de ver a la muchacha así frente a ella.

—¡Lily! ¿Qué ocurre? ¿Algún inconveniente con las entregas? —Ante el último pensamiento, la bruja frunció el ceño, preocupada.

—¡No, no! Todo va bien con eso, gracias a Merlín. Ya la carpa está casi lista y todos los arreglos están aguardando en la sala. Y la comida… bueno, los elfos saben lo que están haciendo— La expresión de Lyra se relajó y asintió, aliviada—. Solo pasaba porque Scorpius me pidió que te llamara. Hay un señor abajo, creo que está aquí para hablar con ustedes… ¿Un tal señor Montpole?

Una mirada de reconocimiento apareció en los ojos de Lyra apenas escuchó el apellido, y la bruja se apresuró a volver a asentir.

—Claro, claro… Ya me extrañaba que no se hubiese aparecido por aquí… Gracias, Lily— Se volvió hacia la habitación momentáneamente—. Ya vuelvo, Al. Intenta no incendiar tu túnica, ¿sí? La abuela no estará muy feliz si te presentas con otra ropa —Albus gritó algo que pareció ininteligible para Lily, pero Lyra, bajo el umbral, solo rió antes de cerrar la puerta tras ella y comenzar a caminar hacia las escaleras. Lily a su lado—. Ha estado intentando hacer hechizos de calor los últimos minutos para alisar la túnica, y puedo jurar que en uno de esos una pequeña llama salió de la varita. Lo amo, pero honestamente no sé cómo aprobó su EXTASIS en encantamientos.

Lily rio ante las palabras de su amiga, imaginando a Albus en aquellas acciones. Ciertamente, su hermano nunca había tenido un don muy especial para los hechizos domésticos, quizás en parte porque su abuela y su madre se habían encargado de que ninguno de ellos tuviera necesidad de usarlo.

—Hey, ¿y quién es este Señor Montpole? Vino con un duende… Gamatheon creo que se llama— Inquirió Lily, viendo a su amiga con curiosidad.

—Montpole se encargaba de los asuntos legales de papá. No es el mejor, pero su padre era quien se encargaba de los asuntos del abuelo Lucius, así que…—Lyra dejó la frase en el aire, sabiendo que Lily había entendido el final—. Y Gamatheon trabaja junto a Montpole en Gringotts. Supongo que están aquí para hablar del…—Se volvió a interrumpir, y Lily notó el rostro de Lyra completamente tensó, con su boca fruncida, como sin poder decir la palabra.

—Entiendo— Se apresuró a asentir Lily, haciéndole saber a la otra que no era necesario decirlo. Montpole y Gamatheon estaban ahí para conversar sobre el testamento de los Malfoy.

Caminaron unos segundos más en silencio, ya casi llegando a la escalera, cuando la pelirroja comentó: —Montpole no se ve como el tipo de hombre con el que tu padre trabajaría. Es un poco demasiado… ¿entusiasta? —Aquella personalidad contrastaba demasiado con aquella que había tenido Draco, una silenciosa y poco expresiva.

Lyra sonrió: —No dejes que te engañe. Montpole casi siempre se muestra alegre y dispuesto, pero por dentro es más serio que todos nosotros. Lo verás cuando hables más con él.

Lily bufó ligeramente, incapaz de creer lo que la otra señalaba, pero terminó por suponer que la muchacha debía tener razón. Después de todo, seguramente conocía a Montpole de toda la vida.

Ahora que sabía más sobre el hombre, se le hizo fácil entender las palabras que este le había dirigido al presentarse. Al decir que su padre era demasiado fiel, se había referido a Dean Thomas, gran amigo de Harry y quien había estado encargado de los asuntos legales de su familia desde antes de que tuviera memoria. Dean también era el padre de Anahí, otra de las mejores amigas de Lily, junto a Alice. Las tres habían sido amigas desde niñas, y habían compartido habitación en la torre de Gryffindor durante sus siete años de escuela.

No les tomó mucho más llegar hasta el rellano y luego devuelta hacia la sala, donde los tres hombres seguían conversando apaciblemente. Ante la llegada de Lily y Lyra, los ojos de Scorpius brillaron con alivio: aunque el hombre se sabía desenvolver fantásticamente en aquellos ambientes, no le dejaba de resultar incómodo y ambas lo sabían. Tuvieron que morderse los labios para no reírse ahí mismo.

—¡Srita. Malfoy, un gusto como siempre! —Montpole, en cuanto había sentido las pisadas que revelaban su llegada, se había puesto en pie, listo para recibir a Lyra con un estrechón de manos y un beso en cada mejilla.

—Lo mismo digo, Ignotus— Lyra sonrió afablemente, respondiendo a los saludos del hombre y luego dirigiéndose al duende.

—Bueno, ¿qué les parece si pasamos a la biblioteca? —Scorpius también se había puesto de pie—. Así podemos empezar de una vez y terminar antes del funeral, para evitar que mi abuela nos entierre también a nosotros —Intentó bromear.

—¡Fantástico, fantástico! Vayamos en seguida— Montpole, entusiasta siempre, tomó un pequeño maletín -que Lily habría confundido como vacío, de no saber que seguramente tenía un hechizo de expansión- y siguió a Scorpius.

Lily se apresuró a seguirlos también, pero fue interrumpida por unos golpes tímidos en la puerta de cristal que daba hacia el jardín. Al voltearse, uno de los brujos que había estado trabajando con la carpa la veía expectante.

—Disculpe, Sra. Malfoy, ¿podemos consultarle algo?

Lily tuvo que parpadear unos segundos al escucharlo. Aquella era la primera vez que alguien se dirigía a ella como 'Sra. Malfoy', y se sentía extraño. Toda su vida, ella había sido la 'Srita. Potter', y escuchar lo contrario la hacía detenerse en seco… Pero no sonaba mal, y no era como si le disgustara. Al contrario, el nombre la hacía sentir poderosa, imponente, importante… Podría acostumbrarse.

Sonriendo, asintió: —Claro, ¿qué ocurre? — Cambiando su ruta, terminó perdiéndose en los jardines.

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No hubo mucho tiempo entre el final de la reunión y el funeral. Lily, luego de resolver los inconvenientes con la carpa y las sillas, había decidido no entrar a la reunión con los abogados: aquel era un asunto entre Lyra y Scorpius, no era su lugar interrumpirlos. En cambio, se había paseado por la Mansión, concretando los últimos arreglos para el funeral. Luego, había subido casi corriendo hasta la habitación de Scorpius para poder bañarse y arreglarse correctamente antes de que los invitados llegaran.

En todo ese tiempo, no supo mucho sobre los hermanos Malfoy. Fue solo cuando estaba terminando de retocar su cabello y asegurarse de que su vestido negro era el adecuado, que Scorpius ingresó a la habitación. Se veía algo conflictuado y Lily de inmediato se preocupó.

—¿Todo bien? —Le preguntó, viéndolo a través del espejo.

Scorpius se limitó a asentir y darle una sonrisa débil.

—¿Mi túnica está lista, no? —Cuestionó, dando un vistazo alrededor de la habitación.

—Sí, está colgado en el closet— Indicó, aún viéndolo con cuidado mientras estiraba su brazo y tomaba un collar de perlas blancas.

—Sabía que ducharme desde temprano sería una buena idea— Intentó decirlo felizmente a la par que se cambiaba, pero fallaba en transmitir felicidad a su tono.

—Lo fue— Lily convino, terminando al fin de arreglarse y volteándose hacia él. Apoyó su espalda en el muro tras ella y lo vio batallar con su camisa de vestir. Las manos le temblaban.

Intentó ocultar su mueca al acercarse y posar sus manos suavemente sobre las contrarias. Scorpius se detuvo en segundos, alzando la mirada y encontrándose con los ojos marrones de Lily, listos para reconfortarlo. Sus hombros se destensaron ligeramente, a pesar de que un vacío seguía plagando su estómago.

Lily le mantuvo la vista unos segundos antes de bajarla hacia la camisa y ayudarlo a cerrar botón tras botón, lentamente, asegurándose de no arrugar la tela.

—No quiero bajar— Fue la oración con la que Scorpius rompió el silencio minutos después, cuando la pelirroja estiraba su brazo para coger la corbata negra que terminaría de sellar la vestimenta del rubio.

—Debemos hacerlo— Murmuró ella, contrariada. No le gustaba negarle las cosas a Scorpius, pero algo como eso… Simplemente no se podía. No había escapatoria.

—¿Por qué no huimos? Nos vamos a… No sé. ¿Y si vamos a Hogsmeade? Debe estar completamente vacío. Podemos ir a Las Tres Escobas, pasear por el pueblo, comprar dulces en Honeydukes… Fingir que seguimos en Hogwarts, que la vida de adulto no existe y que mis padres siguen vivos.

Se mordió el labio inferior, pasando la corbata alrededor de su cuello y comenzando a trabajar en el nudo. No había algo que más deseara que continuar con ese plan de Scorpius, pero su parte razonable le gritaba con fervor que aquello no podía ocurrir.

—Lo siento, amor. No podemos saltarnos esto. Piensa solo en lo que nos haría tu abuela— Intentó aligerar el tema, bromeando de la misma forma que él lo había hecho hacía minutos y horas atrás.

Tal como en esa ocasión, ninguno de los dos rió.

—Bajar significa aceptar que todo esto es real— Espetó, y Lily pudo escuchar el dolor en su voz. Su espíritu flaqueó.

—Scor…—Empezó, pero no supo qué más decir.

Suspiró y finalizó el trabajo con la corbata. Tomó un paso hacia atrás y lo analizó de abajo hacia arriba, él culminando su vestimenta al colocarse la túnica. En toda su imagen no había ni un solo error, solo aquella mirada perdida y rota que no dejaba al rubio solo, y que rompía el corazón de Lily.

—Debemos bajar, Scor. Acep…aceptarlo, ¿sí? Te prometo que se acabará antes de que te des cuenta— Su voz casi sonaba rogante mientras lo animaba a dar los pasos hacia la puerta de la habitación. En cualquier momento comenzarían a llegar los invitados, y ellos debían recibirlos.

—Odio todo esto— Murmuró el otro, finalmente haciéndole caso y poniéndose en marcha—. No sé por qué no pudimos hacer una ceremonia pequeña y familiar, en vez de montar todo este… todo este circo.

Lily caminaba tras él, escuchándolo y cerrando los ojos repetidamente, sintiendo todo su cuerpo en alerta. Cada palabra con dolor que soltaba Scorpius era como una daga para su ser, que vivía por verlo feliz.

—Tampoco sé cómo esperan que hable… ¿Quién tiene las fuerzas para hablar en estos servicios? Ninguna palabra saldrá de mi boca, ya lo verás.

El camino hacia la puerta que daba al jardín nunca se le había hecho más largo a Lily. El funeral ni siquiera había comenzado, pero ella ya sentía que toda su energía se había drenado. Scorpius era un zombie andante, y cuando llegó a la puerta al fin, notó que Lyra parecía estar igual. Compartió una mirada preocupada con Albus, pero ninguno dijo nada frente a los hermanos. En cambio, se pusieron en una fila, listos para dar la bienvenida a cada invitado cuando llegaran. Un elfo estaría en la puerta principal de la casa y guiaría a todos hacia el jardín, donde los dos Malfoy y sus parejas estarían esperando.

Los primeros en llegar, naturalmente, fueron los Greengrass. Cynthia, Daphne, Theodore I y Elizabeth se aproximaron a ellos con un porte elegante y solemne, Cynthia encabezando el desfile. Las tres mujeres vestían elegantes vestidos, todos apropiados para la celebración. Theodore, por su lado, tenía puesta una túnica similar a la de Scorpius.

Al llegar frente a ellos, se detuvieron.

—Scorpius, Lyra— Cynthia dio un asentimiento de cabeza a sus nietos, y luego una mirada de aceptación para Lily y Albus, que estaban de pie entre ellos.

—Grandmaman— Saludaron a su vez ambos Malfoy.

La mujer siguió adelante, hacia el jardín.

—Niños— Daphne saludó a sus dos sobrinos con un beso en cada mejilla, y estrechó las manos de sus parejas. Theodore, por su parte, estrechó la mano de todos y luego, junto a su esposa, siguieron a Cynthia hacia el jardín. Elizabeth, en cambio, se rezagó.

—¿Cómo están? —Preguntó, yendo directo a abrazar a Lyra, quien había sido su compañera de la infancia.

—¿Cómo crees? —Bufó Scorpius, visiblemente tensó. Lily, a su lado, mordió el interior de sus mejillas.

—Scor…—Lyra suspiró, y por un segundo Lily pensó que su cuñada diría algo, pero luego no dijo más nada y se volteó hacia Beth—. No son los mejores días, pero aquí vamos. ¿Ustedes qué tal? ¿Cómo va tía Daphne?

Beth suspiró. Claramente la actitud de Scorpius no le había afectado -Lily aún no determinaba exactamente qué lograba meterse dentro de la piel de la joven Nott-, pero ahora buscaba las palabras para describir el estado de su madre.

—Es horrible— Dijo minutos después, y Lily sintió a su lado el reproche silencioso de Scorpius—. Bueno, incómodo; esa es la palabra. Se pone a llorar a cada rato, con cualquier cosa que uno diga, es como andar en un campo minado y yo…—La rubia volvió a suspirar—. No sé qué más hacer para calmarla. Ni siquiera sé cómo acercarme a ella, sabes que consolar no es mi fuerte. Algo muy difícil cuando mi madre parece una actriz de drama.

Lyra sonrió con diversión ante eso, asintiendo.

—Alex es quien siempre logra calmarla, pero él apenas y se aparece en la casa. Con suerte y va a cenar, lo que hace que mi madre se moleste más y termine la cena con lágrimas en los ojos. Sabes que es su favorito, y no tenerlo alrededor está afectándola más de lo que debería.

—No creo que Alex sea el fav…—Lyra empezó.

—Merlín, Lyra…

—Claro que es el favorito.

Ambos, Elizabeth y Scorpius, hablaron al mismo tiempo. Al interrumpirse, se vieron con una pequeña sonrisa; las diferencias de hacía unos segundos, olvidadas. Lily respiró ligeramente, aliviada al ver a Scorpius destensarse… sin embargo, la felicidad le duró unos segundos. Nuevos pasos se escucharon, y Beth se retiró al jardín con apuro. Scorpius se enderezó y adquirió una expresión solemne, nuevamente.

Dos familias llegaban hasta ellos. Lily solo los reconoció por los jóvenes magos a sus lados, quienes ella había conocido en Hogwarts. Adelante, los Goyle. El padre de Stephen -que se había graduado el mismo año que Lily-, Gregory, lideraba el camino. Tras ellos, reconoció a los Brooks. Su hijo Ethan era uno de los mejores amigos de Scorpius y Albus, los tres habiendo compartido habitación durante sus siete años. Lily supuso que ambas familias iban juntas por el reciente compromiso entre Stephen y la hermana de Ethan, Mery.

Todos dieron sus pésames e hicieron la reglamentaria conversación corta, donde decían una que otra cosa sobre Draco y Astoria. La conversación, Lily notó, era solo con Scorpius, en su totalidad, y una que otra vez se dirigían a Albus. A veces, a la pelirroja le costaba recordar lo patriarcal que seguía siendo la comunidad de magos sangre pura.

Los Weasley y Potter venían tras ellos. No habían invitado a toda la familia completa, pues a Cynthia le habría dado un colapso, probablemente. Daphne indicó que habría que invitar solo a los más relevantes, que -en su opinión- refería a Molly y Arthur, a los Potter -claramente-, los Granger-Weasley y Percy con Audrey.

Molly y Arthur lideraban juntos a la fila de familiares, ambos caminando tomados de la mano. Lily sonrió ante eso; era refrescante ver a una pareja así, cuando las ultimas familias que llegaron se habían caracterizado por tener al hombre liderando solo. Cuando llegaron, ambos dieron fuertes abrazos a los cuatro jóvenes de pie, su abuela quedándose más tiempo con Scorpius y Lyra. Al separarse, Lily notó la mano de Scorpius yendo hacia uno de sus ojos, secándolo.

—Siempre cuentan con nosotros, ¿me oyen? —Fue lo último que dijo a los hermanos, antes de adentrarse a los jardines. Siguiéndolos, Percy y Audrey dieron sus respectivas condolencias, para después ir a saludar a los padres de su nuero.

Ron y Hermione habían llegado solos. Siendo Rose una de las buenas amigas de Scorpius, y siendo Hermione la Ministra de Magia, eran invitados clave en el servicio.

—Lamentamos mucho su perdida, muchachos— Indicó Hermione apenas se aproximó a ellos. Estrechó sus manos y los abrazó, aunque no con tanto ahínco como Molly. Ron, tras ella, se limitó a solo estrechar sus manos—. Y como dijo Molly, estamos aquí para lo que necesiten— Se detuvo justo frente a Scorpius—. Tu padre era un gran activo en el Ministerio… Haberlo perdido es un gran golpe.

El rubio asintió, silencioso. Lily veía el intercambio con atención.

—Sin embargo, escuché que quizás estarás trabajando con nosotros. Lástima que sea en estas circunstancias… pero estoy completamente segura de que traerás muchas victorias al Ministerio, Scorpius.

La pelirroja tuvo que evitar arquear las cejas en confusión. Scorpius nunca había mencionado nada de trabajar para el Ministerio… de hecho, hasta donde ella sabía, su prometido odiaba el trabajo administrativo, y siempre había dicho que lo evitaría a toda costa. Sabía que no era el momento, pero no pudo evitar su mirada en él con fijeza mientras su tía terminaba de pasar. Scorpius no volteó, manteniendo su vista al frente en todo momento.

—¡Niños! —Su madre fue la única capaz de hacerla voltear. Ginny se acercaba a ellos con una sonrisa triste. Abrazó a Lyra fuertemente, y siguió el ejemplo con Albus, quien reprimió su mueca al ser apretado tan fuertemente por la mujer que le dio la vida.

A Lily, Ginny le dio un beso en la mejilla y un abrazo algo más apurado; la mujer tenía un gran apuro en llegar hasta Scorpius. Como con su hermano y Lyra, Ginny cubrió a Scorpius con sus brazos protectoramente, y lo mantuvo así varios segundos.

—Lily— Su atención fue robada nuevamente, cuando su padre la saludó sonriendo levemente y rodeándola en un abrazo. El agarre de Harry era firme y cálido, y Lily no pudo evitar sentirse como una niña pequeña nuevamente. Tuvo que controlar las ganas de no dejarlo ir, y quedarse así con él por siempre.

Sin embargo, la fila seguía moviéndose y ahora Harry debía estrechar la mano de Scorpius, aprovechando que Ginny al fin lo había soltado. Tras sus padres, James y Jessica se acercaban a ellos.

—¿Sophie e Izzy? —Cuestionó Lyra mientras saludaba a Jessica.

—Fleur las está cuidando, junto a Remus y Dora. Pensamos que sería mejor no traerlas, sabes los desastres que son capaces de crear cuando están aburridas…—Contestó Jessica, siguiendo hacia Albus y Lily.

—No me gustaría estar en Shell Cottage ahorita. Debe ser como una pesadilla— Bromeó James tras Jessica.

—Aún no se cómo Maman aceptó a tantos niños bajo su cuidado. Se volverá loca— Victoire, quien había sido invitada junto a Teddy -que, al final del día, era primo de Draco-, caminaba elegantemente hacia la comitiva de bienvenida.

—Fleur ama a los niños, y tiene la suerte de saber imponer tanta disciplina como un militar muggle. Estarán bien— Teddy llevaba su cabello en un tono oscuro ese día, sabiendo que azul eléctrico no sería la mejor opción para un funeral. El castaño, sin embargo, le quedaba igual de bien.

—¡James! —Una voz gruesa hizo a todos voltear. James, que estaba en la mitad de su saludo a Scorpius, alzó la mirada en curiosidad ante la voz que reconocía. Cuando sus ojos se fijaron en el dueño de la misma, toda su cara se iluminó.

—¡Frank! —Exclamó devuelta, terminando sus asuntos con Scorpius y devolviéndose varios puestos en la fila, directo hasta donde Frank Longbottom lo veía entusiasmado—. Pensé que no volverías de Italia hasta la próxima semana.

A medida que sus familiares avanzaban, Frank y James también lo hacían.

—Volvimos enseguida en cuanto escuchamos las noticias— Le explicó, bajando el tono de su voz, mientras su esposa se infundía en un abrazo con Lyra.

—Oh, Emma— La heredera Malfoy se aferró a los brazos de Emma Zabini, su mejor amiga de la infancia. La bruja pelinegra le dijo algo al oído, y acarició con suavidad el cabello de su amiga, de una manera reconfortante.

—Longbottom, avanza. No estaré en esta fila por el resto de mi vida— Blaise, el padre de Emma, venía tras la pareja, claramente irritado a todo lo que estaba tardando, y echando la culpa a su desafortunado nuero, el cual nunca le había caído del todo bien… ni siquiera luego de dos años casado con su hija.

Frank, compartiendo una rodada de ojos para James, hizo caso a Blaise, caminando directo hacia Albus y Lily mientras Emma y Lyra seguían abrazadas.

—Frankie— Lily le sonrió, poniéndose de puntillas para dar un beso en la mejilla del muchacho. Se conocían de toda la vida, y era casi como otro hermano.

—Lily— Él le sonrió de vuelta, abrazándola. Luego, se volvió hacia Scorpius y estiró su mano, con un leve asentimiento de cabeza—. Scorpius. Lamento tu pérdida.

Scorpius asintió devuelta, casi mecánicamente, estrechando la mano de Frank, hasta que esté fue casi empujado por Blaise.

—Scorpius, hijo— El hombre lo abrazó cortamente, y estrechó su mano.

—Padrino— Murmuró Scorpius con un suspiro ahogado. Blaise y Draco habían sido amigos más tiempo del que se podía contar. Eran cercanos y no había semana en la que no se vieran. Scorpius sentía por él un gran cariño y respeto, y tenerlo ahí era algo reconfortante. Como tener un pedazo de su padre.

—¿Cómo estás? —Blaise posó ambas manos sobre sus hombros, viéndolo directamente a los ojos, preocupado. Scorpius intentó no escapar de su mirada.

—Estoy…—Estaba listo para mentir, como había estado haciendo los últimos días, pero decidió rendirse con un suspiro. Aquel era su padrino, después de todo—. No estoy perfectamente, pero ahí voy. Ha sido difícil.

Lily alzó su mirada, escuchando las palabras de su esposo. Sabía que era verdad; las noches sin dormir y las pesadillas que lo atacaban cuando lo hacía eran testigos. Sin embargo, escuchar a Scorpius admitirlo en voz alta era un cambio. El muchacho no lo había dicho directamente hasta el momento. De hecho, cada vez que ella intentaba conversar con él, Scorpius cambiaba la conversación o se quedaba en un silencio desesperante. Se cerraba sobre sí mismo, y parecía entrar en un trance extraño del que Lily estaba aterrada. El hombre empezaba a cerrarse sobre sí mismo, y a ella le dolía. Ver su miedo más grande hacerse realidad era difícil.

Blaise asintió, comprensivo.

—Está bien sentirse miserable… Solo necesitas tiempo, ¿sí? No mejorará, pero se hará más fácil— Soltó sus hombros y fue turno del hombre para suspirar—. Sabes que solo estoy a una chimenea de…

Su voz fue interrumpida por una silbante, como la de una serpiente. Una muchacha de lacios cabellos negros y piel tostada se acercó a ellos, deslizándose por la sala con facilidad y elegancia. Al lado de Scorpius, Lily se tensó casi tanto como el día en que Caroline apareció para el desayuno de los Greengrass. El problema frente a ella era similar, pero con otro nombre.

—No esperaste por mí, padre— Soltó la bruja con reproche, sin ver a Blaise. Toda su atención estaba puesta en Scorpius, quien la veía aún en shock.

—Te esperé media hora. Después de eso, se volvió irrespetuoso de tu parte hacernos esperar un minuto más— Blaise rodó los ojos ante el espectáculo que su hija estaba haciendo.

—Bueno, tenía que verme presentable. Esa es la mejor forma de honrar a Astoria, ¿no crees? — La muchacha parpadeó lentamente, ojos aún fijos en Scorpius—. ¿Scorp? —Inquirió, ladeando el rostro con diversión escondida en su mirada.

A Scorpius le tomó unos segundos más volver a adquirir su actitud compuesta y seria: —Corrina— Intentó saludar con indiferencia, pero era claro que su sorpresa no había pasado desapercibida.

Lily, a su lado, veía todo desenvolverse con el ceño ligeramente fruncido, su labio inferior temblando.

Corrina Zabini, al igual que Caroline Pratt, era una de las muchas mujeres que querían a Scorpius suyo. La diferencia radicaba en que Corrina había sido la única -exceptuando a Lily- que se había acercado lo suficiente para casi conseguir el anillo Malfoy. Aún después de años, el cuerpo de Lily rabiaba al ver a la muchacha y escuchar su irritante voz. Ella había sido su primer todo, y a pesar de saber que Scorpius no quería nada que ver con la bruja, le molestaba ver el poder que aún ejercía sobre ellos. Como en ese momento, cuando una llegada sorpresa luego de años en el exterior lo hacían quedarse sin palabras.

—Tenía que venir a verte— Indicó ella, fingiendo una mirada triste—. Cuando escuché lo que ocurrió… Supe que mi lugar era aquí, contigo, ayudándote —En un rápido movimiento, la muchacha rodeó a Scorpius con sus brazos, pegándose contra él más de lo necesario—. Todo lo que necesites… No dudes en pedírmelo, por favor. Sabes que estoy aquí para lo que quieras… Te ayudaré a sentirte bien de nuevo.

Sus palabras, habladas en susurros cercanos al oído de Scorpius, no hicieron más que alertar a Lily mucho. Y quiso decir algo, pero al mismo tiempo supo que no le convenía causar una escena. Sobretodo cuando nuevas familias sangre puras se aproximaban a ellos y terminaban en una larga fila.

Blaise soltó una carcajada silenciosa, negando con diversión ante las maneras de su hija, claramente heredadas de su abuela.

—Bueno, los veremos luego— Anunció el patriarca Zabini, dando un asentimiento de cabeza a Lyra y Scorpius—. Corrina, despégate, no queremos que los demás sigan esperando. Ahora vamos, vamos, quiero conseguir un buen puesto.

Scorpius rehuyó de la mirada de Lily, como lo había estado haciendo desde hacía unas horas, mientras la fila continuó avanzando y los sangre pura daban sus condolencias. Si antes había querido que aquel funeral acabase pronto, ahora eso era lo único en su mente.

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Una vez todos los invitados habían llegado, el oficio inició.

El Ministerio había enviado un oficial para que presidiera el servicio. Era un hombre alto y largo, con nariz ganchuda y labios pequeños. Su voz era gruesa y lenta, pero cautivante. Lily, que en sus años nunca se había caracterizado por quedarse quieta y escuchar en silencio por más de treinta minutos seguidos, se encontraba escuchando calmada todo lo que el oficial tenía para decir.

Quizás nunca los había conocido oficialmente, pero la forma en la que el hombre hablaba de Astoria y Draco habría sugerido lo contrario. Seguramente su trabajo era hablar igual de todos los fallecidos cuyo funeral oficiaba, pero a Lily no le importaba. Las lágrimas en sus mejillas habrían sido las mismas aun si el hombre se hubiese limitado a decir los nombres y ya.

No obstante, nada la hubiese preparado para el momento en que Scorpius se puso de pie para dar sus palabras como heredero.

El hombre se había mantenido a su lado en silencio, la vista perdida en los arbustos de rosas. Lily no lo había visto derramar ni una lágrima, pero sabía que las estaba guardando para la privacidad de la noche. Cuando el oficial anunció que ya era hora de las palabras, Scorpius no pareció escucharlo. Lily tuvo que apretar su mano ligeramente para hacerlo volver en sí e indicarle que debía ponerse de pie.

Para ella, ver a Scorpius así era extraño. Normalmente, su prometido era un hombre compuesto y controlado. Nunca dejaba que sus emociones lo superaran, que era probablemente la razón por la cual le tomó tanto tiempo besar a Lily y anunciar su amor por ella. Así, la pelirroja estaba acostumbrada a él siendo la voz de la razón y el ancla de ambos, mientras Lily era algo más inestable. No en todo el sentido de la palabra, claro. La cuestión radicaba en que Lily era un ser excepcionalmente pasional; sus emociones actuaban antes que su razón, terminando en ella metida en un sinfín de líos, y a veces perdiéndose a sí misma en las situaciones donde no tenía control del todo. Esa era la razón por la cual era una Gryffindor hecha y derecha.

Scorpius era todo lo contrario a ella. Era un Slytherin en todo su nombre: astuto y sereno, razonable. Sabía qué le convenía y qué debía hacer para conseguir lo que quería.

Pero en estos momentos, Scorpius solo era como un niño asustado que se subía por primera vez al expreso de Hogwarts. Lily reconocía la expresión de confusión en los ojos de su amor; ella misma la había portado repetidamente en su vida. Lo más duro era que, por esa misma razón, entendía que no había mucho que pudiera hacer por Scorpius para traerlo devuelta. Sin embargo, deseaba que él pudiera explicarle más a fondo qué ocurría; Su prometido no había estado tan afectado aquella mañana. Era obvio que algo en las horas antes del funeral lo había afectado más de la cuenta.

Los pasos de Scorpius hacia el podio fueron lentos y dubitativos, algo nuevo para el heredero Malfoy, que normalmente se movía con la confianza de quien sabía lo que hacía.

Cuando estuvo frente a la multitud, carraspeó levemente, su mirada fija en el piso por unos segundos. Segundos durante los cuales, Lily estuvo en el filo de su asiento, nerviosa, su pierna temblando incontrolablemente.

—Mis padres…— Scorpius susurró las primeras palabras, y Lily sintió a todo el mundo inclinarse hacia el muchacho. El rubio volvía a estar callado, inseguro sobre qué decir, y con cada respiración que tomaba Lily sentía el piso bajo sus zapatos desaparecer. Vamos, pensó, tú puedes… Scorpius carraspeó una vez más, como si pudiese haber escuchado los pensamientos de Lily—. Mis padres eran las dos personas más especiales de mi vida. Pedirme que hable sobre ellos es…. Complicado, pero creo que puedo intentarlo.

Se separó ligeramente del podio, sus manos -sin embargo- firmes en los bordes. Lily lo vio tomar una respiración antes de empezar de nuevo.

—Uno crece pensando que sus padres son invencibles, los mayores héroes del planeta y quien queremos ser cuando crezcamos… Yo lo hice. Y cuando llegué a Hogwarts, la ilusión infantil que había inventado, se destruyó. De repente estaba en un mundo donde mi padre era un villano, un cobarde— El aire dentro de la carpa pareció detenerse—. A donde fuera que veía, siempre había gente señalándome y murmurando sobre mí. Por un tiempo, no fui Scorpius. Era, simplemente, el hijo del mortifago —La mandíbula de Scorpius se tensó. A su lado, Lily sintió a Albus tomar la mano de Lyra entre las suyas—. Durante mi primer año, creí toda esta historia. Por un tiempo, no tuve el valor de ver a mi padre a los ojos. No tuve el valor de preguntar si todo lo que escuchaba era cierto. Y luego, uno de los primeros días en las vacaciones de verano, mi padre me hizo pasar a su despacho. Él también había notado mi distancia y mi duda… Era un hombre inteligente, mi padre. No había tomado mucho para que supiera qué me ocurría… Así que ese día, me contó toda la historia. No me ocultó nada, fue honesto. Y finalmente, me dio la libertad para pensar lo que yo quisiera. De decidir si quería verlo como un hombre o un villano.

Scorpius se quedó en silencio un momento. Su vista volvía a estar lejana en la distancia, quizás pensando en aquel día que parecía tan lejos de ellos.

—No fue difícil. Desde niño había visto a mi padre como un héroe, y a pesar de todo lo que ahora sabía, seguí viéndolo igual. Hay distintos tipos de héroes —Se explicó, apoyando uno de sus brazos en el podio, viéndose algo más cómodo ante la multitud—. Mi padre no era el mismo que Harry Potter, o Albus Dumbledore. No. Mi padre era de los héroes más escasos…. La razón por la que veo a mi padre como un héroe, es porque tuvo el valor de aceptar sus errores y enfrentarse a ellos. Supo reconstruir su vida y tomar control de sus decisiones y sus opiniones. Y tuvo el valor de contarme todo, incluso cuando se estaba arriesgando a perderme. Pero sobretodo, es un héroe porque tuvo la fuerza y la valentía para cambiar, incluso en un mundo que no lo creía capaz de hacerlo.

Hubo una pausa, en la que muchos a su alrededor asintieron con la cabeza, pensativos, recordando a Draco Malfoy en toda su gloria. Lily, por su parte, solo tenía ojos para Scorpius. Sus ojos estaban ligeramente empañados mientras registraba el ritmo agitado en la respiración de su prometido, y en cómo sus mejillas adquirían el tono rosado que las caracterizaban cuando estaba lleno de emoción.

—Mi madre…—Scorpius soltó una pequeña risita—. Bueno, mi madre era realmente algo especial. La forma en la que nos amaba… No había un día en el que no nos lo recordara, o en el que no nos hiciera sentir queridos. Ella fue capaz de ver a través de mi padre, entenderlo y reconfortarlo, reconstruirlo. A pesar de no haber estudiado para el cargo, mi madre era la mejor medimaga de esta Mansión.

Suspiró, volviendo a ver a su alrededor.

—Despedirlos… Ver partir a mis padres es, probablemente, una de las cosas más dolorosas en mi vida. No estoy listo para hacerlo. Pero…creo que nunca voy a estarlo. Son mis héroes, y saber que no los tendré a mí lado más nunca, al menos físicamente, me duele. Pero una vez, de niño, mi madre me dijo que nuestro lazo era más fuerte que la muerte, y que no había nada en este mundo que la haría separarse de mí o mi hermana. Mi padre corroboró esa afirmación. Así que, a pesar de que hoy me despido de sus cuerpos, estoy seguro de que jamás me despediré de sus almas, y que siguen aquí incluso si no los vemos.

Sin más, Scorpius se separó del podio y volvió hacia su asiento, aunque no se sentó. El oficial estaba dando la indicación para que los demás acompañaran a Scorpius incorporándose, por lo que lo hicieron. Mientras el oficial agitaba su varita hacia los ataúdes -que habían estado en el medio de la carpa, a la vista de todos-, la mano de Lily buscó la de Scorpius. Al encontrarla, la tomó con suavidad, dando una pequeña caricia a su dorso. Scorpius, con su mirada siguiendo a los ataúdes, le dio un pequeño apretón en respuesta.

De la varita del oficial salió un hilo blanco, que se desprendió en varias hebras. Cada una cubrió ambos ataúdes, reproduciéndose con rapidez hasta que ambas estructuras de piedra hicieron un sonido sordo, indicando que habían sido selladas. El oficial siguió hablando en lo que parecía ser un idioma antiguo, mientras los ataúdes, aun cubiertos por el lazo blanco, levitaban hacia el cementerio de los Malfoy.

Los invitados comenzaron a caminar, siguiendo al oficial, hacia el recubierto por rosas. Todos tenían cuidado con las lápidas mientras hacían su camino hacia los dos rectángulos de tierra que los magos habían abierto aquella mañana. El cielo seguía gris y la brisa era más violenta que antes, pero nadie se quejó mientras los ataúdes conteniendo los cuerpos de Draco y Astoria descendían lentamente al interior de la tierra. Frente a ambos rectángulos había una lápida de mármol pulido con los dos nombres, sus fechas de nacimiento y defunción y una sola frase:

Incluso luego de la muerte, por siempre.

Solo el suave sonido de la brisa los acompaña mientras flores caen de los ramos hacia el hueco en la tierra. Alrededor, uno que otro llanto se puede escuchar cuando los lirios caen uno por uno sobre el ataud de Astoria. En el caso de Draco, son las rosas blancas que le regaló a su esposa cuando se comprometieron las que caen dentro de su tumba.

Scorpius y Lily aún se toman de las manos, sintiendo cómo ambos están temblando ante la imagen desenvolviéndose frente a ellos. A pesar de haberse prometido que no lloraría como si aquello fuera una película dramática, las mejillas de Lily están cubiertas por un color rojo de exaltación, y mojadas por las gruesas lágrimas que caen de sus ojos. Su respiración es trabajosa mientras intenta reprimir el sollozo que quiere soltar. El agarre en la mano de Scorpius es lo único que la mantiene de pie y fuerte, pues sin él como un pilar a su lado, ella ya estaría en sus rodillas, llorando desconsolada. Él, por su parte, tiene ambos labios presionados en una fina línea. Ni una sola respiración sale de los labios de Scorpius. El pequeño temblor que sacude su cuerpo repetidamente es solo por la fría brisa, se repite, a pesar de que siente sus ojos empañarse a medida que cada ataúd desciende. Y se dice que tiene que parpadear, porque de lo contrario el ardor en su mirada continuará, pero no quiere hacerlo porque significa sentir la lágrima en sus mejillas y eso lo hará aceptar que es real.

Es real.

Cierra los ojos con fuerza, y se muerde el labio inferior de la misma forma hasta que un sabor metálico inunda su boca. Entonces, los abre. Las lágrimas siguen ahí, y ahora resbalan sobre sus mejillas, pero no le importa. No le importa porque sus padres están muertos y están siendo enterrados metros bajo tierra. Nunca más los tendrá frente a él, ni sentirá sus manos en sus hombros y mejillas. No podrá hablarles o mostrarles su vida, ni los tendrá para que lo guíen.

Y es ahí cuando todo el peso del mundo cae sobre sus hombros. Porque se siente como un niño y está solo, porque todo se siente muy real y él no quiere aceptar que todo lo que quería poco a poco se va de su alcance.

Pensó que tendría tiempo para poner todo en orden antes de ser forzado a tomar la decisión que ahora estaba frente a sus ojos, pero ahora ve que no.

Su pecho se siente apretado y sabe que es porque no estaba acostumbrado a la avalancha de emociones que sentía en ese momento. Su respiración se está tornando trabajosa y tiene ganas de gritar, pero sabe que no debe hacerlo. Su mano sobre la de Lily es lo único que lo mantiene fuerte, porque sabe que su relación con ella es lo único que no debe dejar ir. Lo único correcto en ese momento.

Los ataúdes tocan el fondo del hueco y él sabe que allí es cuando todo termina. Las últimas palabras y encantamientos son pronunciados por el oficial, y la tierra comienza a volver a llenar los huecos, ocultando las flores y ensuciando los cajones de piedra. ¿Por qué se molestaron en adquirir los más costosos, se preguntó, si igual iban a terminar metros bajo tierra, donde nadie podría admirarlos?

Y como si aquello fuera el mundo riéndose de él, las nubes escogen ese preciso momento para descargar sobre ellos toda la lluvia acumulada dentro de ellas desde las últimas horas. No toma mucho para que los magos a su alrededor comiencen a conjurar hechizos protectores alrededor de sí mismos, pero él no hace ningún ademán para coger su varita. Le gusta la lluvia, siempre lo ha hecho. De niño, su padre lo reprendía cada vez que él pedía bañarse bajo las nubes. Él y su madre tendrían que ir en secreto para poder disfrutar de aquel pequeño placer.

Así que no se cubre, porque no hay mejor forma de honrar a su madre que con un último baño bajo la lluvia, en su honor. En su mente, pide perdón a su padre y le promete que no volverá a ocurrir. A su lado, Lily tampoco los cubre.

Las gotas contra su piel hacen que sus lágrimas no resalten tanto en su rostro blanco. Así se siente más cómodo, piensa. No le gustaba que lo vieran llorar.

Su mirada sigue fija en los rectángulos de tierra, ya casi cerrados, frente a él. No es justo, se dice, no es justo que tuvieran que irse tan pronto. Y no es justo que le hubieran dado alas solo para quitárselas tan rápido.

En el fondo, siempre supo que este día llegaría, pero nunca lo quiso.

Un sollozo intenta abrirse paso entre sus labios cerrados ya cuando el dolor que siente es demasiado para él. Por segundos, está tentado a dejarlo escapar, pero entra en razón. Volviendo a cerrar los ojos, se lo traga.

Espera unos segundos más antes de sacar su varita y cubrirse a él y a Lily. Tras él, siente a todo el mundo comenzar a regresar hacia la mansión, donde transcurriría la pequeña tertulia que Lily y su tía Daphne habían preparado.

Decide que ellos también deben volver adentro y enfrentarse a la realidad, y le hace una seña a Lily para que comiencen a caminar.

Nunca se compararía con su padre, principalmente porque la guerra era un tema demasiado delicado y él nunca había tenido que vivir algo tan horrible y cruel como eso. Sin embargo, mientras camina devuelta a la mansión, empieza a comprender las acciones de su padre desde una nueva perspectiva. Simplemente era un niño obligado a crecer demasiado rápido y sin opción.

A/N:

¡Hola, hola! Sé que es un capítulo largo, pero es para compensar que no podré actualizar las próximas semanas, ya que comienzo un nuevo período de clases y no sé qué tanto tiempo tenga libre. Obviamente, intentaré publicar lo más pronto posible, pero no se extrañen si no es al menos dentro de tres semanas. ¡No abandonaré esta historia! Eso pueden tenerlo por seguro. Sé que no soy la mejor publicando constantemente, pero la terminaré.

Muchísimas gracias a todos los que han agregado esta historia a Favoritos y aquellos que la están Siguiendo. ¡Y también gracias por los Reviews! No se olviden de dejar alguno, así sé que les está gustando el ritmo de la historia y me motiva a seguir. También es el espacio en donde pueden dejar críticas (amablemente, por favor), que siempre son bien recibidas, para ayudarme a mejorar. Eeeso sería todo. De nuevo, ¡gracias!