Cherry Bomb

—Eres la peor persona del mundo —se quejaba Sakura mientras avanzaban por el bosque. Llevaba la cesta al frente, sosteniéndola con ambas manos, mientras que Ino se movía entre los setos, esquivando las ramas bajas, recogiendo las bayas que necesitaba.

—Yo te dije que no querías saber — replicó Ino apartándose el flequillo de la cara.

—Si me pides que le robe las programaciones mensuales a Shizune, no es que quiera, es que necesito saber.

—No te dije que las robaras, solo que les dieras una mirada. De querer robarlas, lo hubiera hecho yo.

Sakura resopló, extendiéndole la cesta para que dejara ahí su recolección.

—En todo caso —continuó desviando la mirada, ligeramente ruborizada —, a lo que me refería era a lo de… lo de…

—¿Neji?

—¡Es crueldad!

—¡¿De qué estás hablando?!

Ino se giró, con las manos en la cadera y la expresión de diva ofendida que se le daba tan bien.

—¡Solo lo quieres seducir por orgullo! —repuso Sakura —¡No porque realmente lo quieras!

—Por todos los cielos, Sakura ¡Neji no es un niño! — luego sonrió con picardía —. Doy fe de eso. Puedo contarte los detalles.

Sakura se escandalizó, aunque dado su carácter que se inclinaba más hacia lo violento, en lugar de ponerse roja o desvanecerse, levantó un puño, amenazándola.

—¡Yo no quiero saber nada de tus indecencias!

La rubia solo se encogió de hombros. Ya imaginaba que se pondría así, por eso no le quería decir específicamente qué buscaba con revisar los horarios, pero se había puesto pesada, acusándola de un montón de sinsentidos. Y dado que no quería quebrantar la ley colándose a escondidas y revisando por su cuenta lo que quería, el menor de los daños era contarle sobre su plan.

—Además —retomó Ino, ligeramente más seria, dando un salto para cruzar los matorrales —, sabes que lo que más quiero es una recomendación al departamento de inteligencia, y la seducción es un apartado obligado para las kunoichi.

La mirada furibunda de Sakura se clavó con intensidad en ella.

—Eres una…

No pudo decirlo. La palabra simplemente no salía de su boca, aunque se repetía en su mente con insistencia cada que la veía tratando de sacar partido de una situación apelando a su apariencia.

—Dilo —instó la otra, pero sin la connotación sardónica que implicaría que estaban teniendo alguna de sus discusiones absurdas.

Tampoco se le escuchaba molesta, o algo parecido a la reacción que una persona normalmente tendría estando a punto de ser insultada en palabras reales, y eso le crispaba más los nervios de Sakura, que apretó los labios, realmente no lo podía decir. Resopló para romper la tensión que se había acumulado entre ambas, llegando a su lado de un salto y adelantándose al camino.

—¿Y porqué venimos al bosque en lugar de al mercado? —preguntó. Necesitaba cambiar el tema.

—Porque las bayas silvestres son infinitamente mejores que las del mercado.

Avanzaron otro tramo, con los ánimos más calmados, sin embargo, no se sentía cómoda simplemente ignorando el plan que habían discutido por la mañana.

—Se lo dirás en algún momento ¿no?

Ino la miró con una ceja arqueada mientras metía en la cesta un puñado de moras azules que había elegido de un arbusto.

—¡Sorpresa! ¡Te elegí como parte de mi currículum!

—¡No seas tonta! Neji es un genio, o se da cuenta de tus intenciones o…

—¿Qué pasa contigo, frentesota? Si no lo voy a arrastrar al matrimonio para que ponga toda su fortuna mi nombre y luego divorciarme. Solo quiero que sea él, el que quiera estar conmigo, y que no sea porque está borracho.

Sakura hizo una mueca.

—No me lo imagino borracho, la verdad.

—Además, no creo que pase de un par de veces, es decir, sería complicado en todas las formas posibles ¿sabes? Los Hyūga se casan con Hyūga. Será él quien también decida cuándo dejar de verme, que será, supongo, cuando le informen con quién se va a casar. Ya tengo nuestra ruptura cubierta.

Sospechando que, en ese plan, también buscaría la manera de quedar como víctima, Sakura se arrodillo a su lado.

—¿Puedo preguntarte algo? —preguntó finalmente.

—¿Por qué no solo preguntas?

—Es que es en serio.

—Si veo que se sale de control, te prometo que le confieso todo.

—No es eso.

Ino la miró con una ceja arqueada, pero Sakura solo fingía estar escogiendo las bayas.

—¿Qué pasa?

—Tú… ¿estás comprometida?

La rubia quedó ligeramente desconcertada por la pregunta, porque principalmente no venía al caso, y tampoco le quedaba claro el porqué era importante en ese momento, a menos que en los parámetros morales que manejaba, considerara seducir a Neji como una infidelidad.

—La verdad, no sé.

—¡Ino! ¡Te dije que era en serio!

Ino suspiró, se sentó en la hierba extendiendo las piernas y recargándose en el tronco del árbol más cercano. Levantó la vista al cielo, mirando la luz que se colaba por entre las hojas de los árboles.

—Hay dos motivos por los que se arreglan matrimonios —dijo sin mirarla —, el primordial, es en caso de los Kekkei Genkai. El segundo, es buscar fortaleza o protección. Los Yamanaka no tenemos un kekkei genkai, es un hijutsu. No hay absolutamente nada especial en mí que sea indispensable para aprenderlo. Es más, te lo podría enseñar y estoy segura de que serías muy buena. Así que, si decido casarme con el hijo del molinero, mis hijos no tendrían ningún problema para realizarlos exitosamente. Por la parte de la fortaleza, tampoco hay mucho caso. Tenemos una alianza muy antigua, más que la fundación de Konoha, con los clanes Nara y Akimichi, así que no lo necesitamos.

—Entonces…

—Entonces, no creo que esté comprometida ¿Qué hay de ti?

—¿Yo? Los Haruno ni siquiera somos un clan. El estatuto de organización político-social de Konoha requiere que, en tres generaciones, al menos el 60% de la familia consanguínea pertenezca en algún grado al cuerpo militar.

—Con mayor razón. Tus padres podrían buscar integrarse con alguna otra familia que ya tenga el reconocimiento de clan.

—¡Pues que ni lo intenten! ¡Shannarō!

Ino se echó a reír.

—¡Hacía años que no te escuchaba decir eso!...Sin embargo, quizás debas considerarlo, la fortaleza siempre la da la unión.

—¡Claro que lo he considerado! ¡Yo me uniré al clan más poderoso de todos! ¡El Uchiha!

La rubia la miró con una expresión impasible. Sakura se había exaltado demasiado, casi como si tuviera doce años, totalmente convencida de que así sería, con todo y que Sasuke no daba indicios de querer volver.

—Sí como no —dijo poniéndose de pie —. A menos que Sasuke se impresione con tu frentesota, no creo que se interese demasiado en alguien como tú.

Sakura chilló, apretando los puños y lanzando golpes al aire.

—¡Ya verás que sí!

—Hay que volver a la aldea, dijiste que el regreso de Neji estaba programado para las cinco.

—Espera…

—¿Qué sucede?

—¡Cerezas!

Ino giró la vista hacia donde Sakura señalaba.

En efecto, había un árbol no muy lejos de ahí. Fueron hacia allá, y se estiró para cortar con cuidado una de las frutas que se llevó a la boca.

—Definitivamente nos las llevamos —dijo —. Solo córtalas sin lastimar la rama, o el próximo año no va a florear.

Sakura hizo lo que le pidió. El proceso fue más lento de lo que esperaban, tenían que cortarlas solo con los dedos, una por una, y dejando las que aun tenían un tono pálido.

—Creo que con esto basta para las dos —dijo Sakura sopesando la cesta —. Además, tenemos las moras y las zarzamoras.

—Ahora sí, vámonos. Tiene que ir a mi casa para devolver mi bolsa.

—Si no es que ya se la dejó a tu papá y se fue.

Ino la miró torciendo la boca, Sakura se encogió de hombros. Esa era una posibilidad muy real, sobre todo si era como ella decía: un borracho arrepentido de lo que pasó esa noche.

Llegaron a la florería y pasaron a la trastienda para separar el botín que habían conseguido.

—Sé que vendrá. Así que, Sakura, actúa natural.

—Yo soy natural —reprochó en cuanto la vio lavándose la cara, los brazos y el cuello, acomodándose el pelo, e incluso se roció con un atomizador de cristal dejando un peculiar olor dulzón.

—¿En serio? ¿Qué clase de idiota se va a creer que esto es casualidad?

—¡No fastidies!

—¡Ino-chan! ¡Te buscan! —llamó Inoichi desde el frente.

—¡Un momento!

Ino le dedicó una mirada a Sakura, dándole a entender un "te lo dije", y esta solo rodó los ojos dejando que la jalara por la muñeca para darle el encuentro al visitante, que bien podría ser cualquiera, aunque su fastidio fue a mayor cuando vieron a Neji entrar, siguiendo las indicaciones del señor Yamanaka.

La rubia levantó la mano a modo de saludo, recargando la cesta sobre su cadera, para lo que tuvo que recargarse en una sola pierna, asegurándose de que el faldón se abría justo lo necesario.

—¡Que sorpresa! —exclamó —. Me empezaba a preguntar cuándo volverías ¿Todo bien?

—Sí, claro… fue una misión tranquila.

Sakura entrecerró los ojos. Lo que estaba sucediendo era más de lo que podía soportar.

—Me voy a casa, voy a hacer mermeladas —dijo, tomando su cesta sin ningún tipo de ademán raro, con Ino era suficiente —. Nos vemos, Neji.

—Hasta luego, Sakura-san.

"Cuánta formalidad", pensó Sakura adelantándose, pero antes de salir, se giró hacia la rubia para luego hacerle una seña de que la estaría vigilando, aunque la otra no le dio mayor importancia.

—Pasa —le dijo girándose para volver a la trastienda, aunque ella planeaba llevarlo a la cocina de la casa.

Trató de controlar su sonrisa de triunfo al darse cuenta de que con toda obediencia, iba detrás, así que decidió pasar a la siguiente etapa, miró la cesta. Sakura había elevado la perfección del plan al encontrar las cerezas. Ella se habría conformado con las moras azules, las zarzamoras como bono extra, pero las cerezas…

Poetas, pintores, músicos, incluso pervertidos del montón, sabían que, sin margen de error, las mujeres y las cerezas se ataban en las mismas oraciones cuando de sensualidad se hablaba.

Tomó una, poniéndosela entre los labios, apretándola suavemente, lo suficiente como para no soltarla ni tampoco hacerla estallar, como si la estuviera besando, giró el rostro levemente, dejando la punta del dedo índice apenas tocando la fruta. No la dejó en esa posición demasiado tiempo, solo el suficiente como para que la viera morder.

Ella tomó otra cereza, sosteniéndola entre el dedo índice y medio, se acercó a él, ofreciéndosela directamente en la boca. Neji entreabrió los labios, sin embargo, Ino se detuvo en esa posición, dejando que apenas sintiera la punta de sus dedos rozándolo. Estaba tan cerca que fue consciente de su respiración, convertida en un jadeo. Y tuvo que usar la lengua para tomar la fruta.

Sintió que se la tragó completa.

—Ino…

—¿Sí? —preguntó con su voz más suave y baja.

—¿De dónde sacaste cerezas en octubre?

Ino arqueó una ceja.

No estaba funcionando.


Comentarios y aclaraciones:

¡Gracias por leer!

(Gracias Juvia, y a todos los anónimos, fantasmas y los que la agregaron a favoritos y alertas)