Something Fishy
La risa de Sakura bien podría escucharse hasta Suna.
A juicio de Ino, estaba sobreactuando, sujetándose el estómago, con una pequeña lágrima en el borde de los ojos, y empezando a respirar con dificultad. Incluso parecía tener una contracción en la pierna.
—Ya no te voy a contar nada —se quejó haciendo un mohín.
—¿Por qué? Estabas muy ansiosa de decirme lo que pasó esa noche, pero esto fue infinitamente mejor.
La rubia resopló girando el rostro para no mirarla.
—¡Cerezas en octubre! —repitió Sakura antes de volver a reír a carcajadas.
—Vaya, alguien amaneció de buen humor —dijo Shizune entrando a la pequeña oficina.
Sakura se puso rápidamente de pie y fue hacia el perchero en donde había dejado su bolsa, sacando un frasco de cristal cuya tapa estaba cubierta por una tela a cuadros anudada con un cordel.
—Shizune-san, hice esto ayer, espero te guste —dijo entregándoselo.
—¡Gracias!
Ino, que no había cambiado el mohín de su boca, las miró con intriga. Si Sakura trataba siquiera de contarle algo de cómo es que acabó haciendo una mermelada, nada más para acompañarla en su búsqueda de material de seducción, la golpearía con uno de los pisapapeles de granito.
Tenía la cabeza dura. Sobreviviría.
Sin embargo, las dos acabaron charlando sobre si las tartas eran mejor con jalea, mermelada o fruta fresca.
Miró de reojo la hora. Su turno había acabado hacía veinte minutos. Normalmente no le molestaba quedarse un rato más a hacerle compañía a Sakura, que tenía la jornada completa. Sin embargo, tenía otras cosas que hacer, y no se relacionaban directamente con la necesidad de alejarse para que dejara de reírse de la segunda humillación a la que la sometía Neji Hyūga en su vida.
Despidiéndose de ambas, salió de la oficina y fue directo a la florería.
Su padre la recibió con un beso, dándose un momento para descasar. Había pasado toda la mañana limpiando rosas, y como no le gustaba hacerlo con el limpia tallos, y menos aún con una navaja, lo que normalmente tomaría una hora, se volvía una tarea de todo el día, sobre todo con la cantidad ingente de arreglos florales que tenía que preparar para una boda ese mismo fin de semana.
Poniéndose un delantal y los guantes más gruesos, se arrodilló frente a su padre para seguir con la tarea.
—¿Desde cuándo estás saliendo con Neji Hyūga?
La pregunta la tomó desprevenida, y si antes había acusado a Sakura de sobreactuar, ella estaba en un nivel totalmente diferente, con las flores dispersas y el balde de agua rodando, dejando en el piso un reguero de hojas y espinas.
—¡Papá! —chilló horrorizada.
Inoichi arqueó una ceja.
—Te pregunté solo desde cuándo salen, no cuándo se casan —dijo.
Ino volvió a hacer un movimiento extraño, como si su cuerpo se hubiese convertido en una manga de viento.
—Ya entiendo —dijo el hombre volviendo a lo suyo, quitando cuidadosamente y una por una solo las espinas de las rosas, dejando las hojas intactas, salvo aquellas que estaban maltrechas —, están en esa etapa en que no saben si se seguirán viendo o es cosa de una vez.
Era demasiado para que la rubia lo soportara, sentía la sangre agolpándose en su cabeza, dándole una sensación de mareo más vergonzosa aún.
—No digas esas cosas —respondió controlándose lo mejor que podía, tomando una franela para limpiar el piso, exprimiendo el agua de vuelta en el balde—, se supone que, como mi padre, tienes que defender la idea de que soy pura y casta.
—¡Pero si no estoy diciendo lo contrario! Es solo que…
El semblante serio del hombre la preocupó.
—… sabes cuál es su condición dentro del clan ¿verdad?
Ino frunció el ceño.
—¿Insinúas que un miembro de la rama secundaria es poca cosa? Porque si es eso, te diré una sola palabra…
—Ino —la interrumpió, levantando levemente la voz, haciéndola callar —. Desconozco muchos detalles de cómo los Hyūga organizan sus asuntos como clan, pero estoy seguro de que hay cosas que lo van a atar, y que aun cuando él lo quiera, nunca te podrá dar todo de sí mismo. Está condenado a tener una vida compartida, más allá de cualquier entendimiento. Si quieres estar con él, necesitarás más paciencia que con nadie.
Ino bajó la vista, pasando de nuevo la franela por la loseta, fingiendo que quitaba una mancha verdosa que ya sabía que no saldría, porque no lo había hecho en las últimas semanas.
Ave enjaulada.
Las palabras acudieron a su mente y la imagen de la marca en su frente apareció bien definida.
¿Qué era un ave enjaulada?
Claramente un prisionero, alguien sin la opción a decidir, y que debía de sentirse afortunado de contar con una mano que gobernara lo necesario en su reducido mundo. Pensó entonces, que su forma de ser, la meticulosidad con la que atendía sus responsabilidades y sus intenciones de ascender de rango para liderar equipos, sin duda formaba parte de las medidas que tomaba para asegurar que tendría cierto control sobre al menos algunas cosas.
¿Pero, qué era el control sino una mera ilusión?
Quizás, Neji no era inmune a sus estratagemas, quizás sí la notaba, sí la miraba, sí era consciente de sus intenciones, pero se negaba a perder la noción de control que había formado en su entorno, esa apariencia impenetrable que le hacía parecer incluso inalcanzable.
Miró el agua turbia del balde que desprendía el olor característico de la vegetación recién cortada, el olor verde de la vida mezclándose con la esencia dulzona de las rosas.
—Papá —dijo, sin despegar la mirada de su reflejo oscurecido.
—Dime.
—¿Crees que valgo la pena?
Inoichi mantuvo la expresión serena de su rostro, pese a la consternación que le causaba la pregunta. Como padre, quería responder a gritos que sí, que, de hecho, nadie nunca sería suficiente y cualquier lucha contra la centenaria tradición de un clan era poca cosa comparado a lo que esperaba de un posible yerno, y si alguien opinaba lo contrario, le haría puré el cerebro. Sin embargo, se limitó a suspirar.
—¿Aunque sea solo para un rato?
Aún sin responder, Inoichi se quitó los guantes, se incorporó y caminó hasta el otro lado de la mesa de trabajo. Tomó el flequillo de su hija pasándolo por detrás de su oreja y detuvo la mano en su mejilla.
—Parece que fue ayer cuando te enseñé a tomar una rosa sin espinarte.
Ino lo miró con cierta inquietud, dudando sobre si estaba hablando literalmente de jardinería o alguna metáfora para los peligros del amor.
—Ayer que vino con tu bolsa en mano, se quedó parado al final de la calle casi cinco minutos antes de acercarse, y cuando preguntó por ti, ni siquiera estaba seguro de cómo llamarte, terminó por decir tu nombre completo. No se trata de si tú vales la pena, lo vales, pero no eres un premio. La pregunta es que si, aun siendo para un rato, quieres que valga la pena para ambos.
La rubia sintió que se sonrojaba hasta las orejas, y por primera vez desde que tomó la resolución de seducir a Neji, sintió una punzada en el corazón.
Inoichi pasó el pulgar por su mejilla, a lo que ella se apartó, cerrando los ojos.
Hacer que valiera la pena para ambos.
Tomó una rosa y empezó a quitarle las espinas mientras Inoichi iba por las cosas que necesitarían para armar los arreglos.
En solo dos minutos estaba replanteando incluso su existencia como el ser más vanidoso y egoísta del universo. Se había aprovechado de un borracho y se empecinaba en romper la burbuja de seguridad que había construido dadas las circunstancias de su nacimiento.
Levantó la flor, mirándola a contraluz. El sol formaba un halo a su alrededor haciendo que las gotas de agua resplandecieran.
—Corta más el tallo —dijo su padre, tratando de pasar página en el tema que él había empezado —. Las rosadas van en la pecera.
Ino dejó escapar un suspiro mientras dejaba tan solo unos centímetros del tallo, los suficientes como para que pudiera fijarse en la esponja.
Meter un arreglo de flores en una pecera era un arte, sobre todo para asegurar que quedara exactamente en su sitio. Acomodó el follaje y el aster que, como minúsculas margaritas, acompañarían a la solitaria rosa en su burbuja.
Miró nuevamente el resultado, buscando alguna mancha o huella que malograra el trabajo, pero frente a ella solo estaba un perfecto encapsulado que iría rodeado de una corona de rosas blancas.
A medida que armaba la guirnalda, sus pensamientos volvían una y otra vez sobre sí mismos, y las palabras de su padre cobraron cierto sentido que claramente él no había tenido la intención de darle.
No iba a desistir.
Neji Hyūga iba a ser suyo.
Y valdría la pena para ambos.
Comentarios y aclaraciones:
¿Se imaginan a Neji parado en la esquina?
¿Qué creen que estaba pensando? ¿Enfrentar o no a su "suegro"?
¡Gracias por leer!
