Think twice
—¿Quería verme, señor? —preguntó Neji, luego de anunciarse en la entrada del ala privada del jefe del clan.
El apartado era más que un despacho; primero estaba un salón prolijamente vacío en el que, de rodillas, frente a frente, Hiashi recibía a quien solicitaba audiencia formal y se establecía la naturaleza del encuentro. Al fondo había un pequeño jardín con un estanque y una fuente de bambú que golpeaba una roca cada que el cuenco se llenaba, antes de vaciar el agua.
Hacia la derecha, sabía, se encontraba una biblioteca, y a la izquierda, el archivo familiar, donde se guardaban toda clase de documentos que concernían al clan.
Él había estado ahí antes, el día en que fue ascendido a jōnin, antes del nombramiento oficial en la oficina de la quinta maestra Hokage, y el propósito no era otro sino ampliar su rango de tareas concernientes a la rama secundaria.
Pensó en las mil razones por las que podría ser requerido, por las que el silencio era abismal y aterrador.
Cerró los ojos pensando en lo peor: la persona al otro lado de la puerta.
—Ven —indicó su tío finalmente.
En esa ocasión, el salón no estaba completamente vacío. Había una mesa baja e instrumentos de caligrafía; su tío escribía con el pincel, deslizándolo suavemente en el papel impoluto. Se detuvo solo un instante para verlo a los ojos, Neji se sintió paralizado al instante, pero se controló lo mejor que podía, pues si le quedaba algo de decencia, tenía que demostrarlo en ese momento.
—Es duro ver crecer a los niños.
El joven se arrodilló frente a él, principalmente porque no se creía capaz de mantenerse de pie sin comprometer algún temblor, puso las manos al frente e inclinó levemente la cabeza.
—Es tan extraño —continuó el hombre, volviendo la atención a su trabajo —. Cualquiera podría pensar que en un clan con tan larga tradición ninja, los niños simplemente no existen. Sobre todo, por la forma en la que los he tratado, a los tres.
Hiashi se detuvo nuevamente, mirando su trabajo.
—¿Señor? —preguntó, temiendo que continuara.
—Eres un hombre, Neji.
No quería escuchar eso, no quería hablar con él de ese tema. Ni siquiera quería mirarlo a la cara.
—Disculpa esta inadecuada conversación, pero Tsunade-sama te ha requerido para hacer una prueba de ingreso en ANBU.
En ese preciso momento, Neji sintió que volvía a respirar, que el mundo volvía a fluir con naturalidad, a velocidad normal y no con lentitud exasperante.
—Puedes negarte, es un privilegio instaurado desde tiempos del tercer maestro Hokage. Y un privilegio de nuestro clan, es un compilado de crónicas de los antiguos miembros, hablando a los futuros aspirantes.
Hiashi se movió levemente, tomó un grueso libro que descansaba a su costado, y se lo entregó con suma ceremonia. Neji extendió los brazos para tomarlo sin tocar la tinta aún fresca del pliego de su tío, y en cuanto lo tuvo, este se puso de pie.
—Por favor, lee cuidadosamente las palabras de los miembros sobre los que se ha forjado este clan. Tsunade-sama espera tu respuesta mañana a primera hora.
Le dejó a solas, y solo cuando escuchó la puerta cerrarse, fue que dejó caer los hombros, soltando un suspiro e imaginándose que probablemente estaba completamente rojo, se sentía acalorado, avergonzado. Hacía horas que no se imaginaba siendo capaz de mirar a alguien a la cara porque no logró concentrarse lo suficiente como para definir el chakra de esa persona al otro lado de la puerta, así que solo sabía que alguien lo había visto, o mínimamente escuchado, con Ino en uno de los salones de meditación.
Sacudió la cabeza tratando de alejar esos pensamientos, concentrarse en lo que tenía que hacer en ese momento que era importante para su carrera profesional, y como miembro del clan.
Movió los hombros y el cuello, realmente no estaba tenso, pese a que creyó que moriría cuando una de las sirvientas le comunicó que su tío le esperaba en su despacho, aún se sentía como algo parecido a un flan, aún podía oler el perfume de Ino y sentir entre sus dedos las hebras de su cabello, el tacto de su piel…
¿Cómo podía una kunoichi no tener una sola cicatriz?
¿Nunca se las hizo siquiera en entrenamientos?
Él mismo tenía varias. Uno de los adiestramientos habituales, involucraba de dos a tres asistentes lanzando shurikens y kunais desde todos lados para entrenar la visión periférica, y claramente, cuando niño, no las evadía todas. Con el tiempo, y el trabajo de campo se hizo otras, por eso se ponía las mangas largas, porque se sentía extraño con las cicatrices expuestas, porque todo mundo las miraba y se preguntaban por qué el genio Hyūga las tenía.
¿Qué se les figuraba? ¿Qué nació con rango genin?
Pero Ino no tenía una sola, las había buscado, había revisado cada parte de su cuerpo y lo único que encontró fue la marca temporal que dejaban las redes que usaba en los antebrazos.
¿Les enseñaban a las kunoichi tratarse las heridas de forma diferente a como lo hacían los varones?
Tenten no tenía ningún procedimiento especial, como cualquiera, se enfocaba en limpiar, controlar el sangrado y monitorear para garantizar que no se infectara.
Quizás porque Ino no era kunoichi de asalto.
Pero todas tenían el entrenamiento mínimo, porque aún las especialistas en seducción, tenían que salvarse en caso de que las cosas fueran mal.
Especialistas en seducción…
¿Ino estaba en ese grupo?
Tenía que estarlo, no concebía a nadie mejor en el manejo tan perfecto de ademanes y movimientos sutiles para obligar a la gente a mirarla sin usar su chakra, lo que era particularmente importante cuando el objetivo era otro ninja; cuando se sacudía el pelo, cuando se retocaba el labial, cuando ponía los brazos en jarras inclinándose levemente al frente, cuando se recargaba en Shikamaru para convencerlo de cualquier cosa.
Naruto se solía burlar de eso, de la forma en la que el vago Nara iba allá a donde soplara el viento que indicaba su compañera, pero solo podía explicar esa falta de entendimiento con la obsesión que tenía con Sasuke, o como Tenten la llamaba; la relación gay no consumada.
Era definitivo, tenía que pertenecer a la élite pues, además, provenía de una buena familia cuyas técnicas completaban un perfil adecuado y perfecto, no en vano su padre estaba en ANBU…
Parpadeó al darse cuenta de que no estaba en su habitación privada, sino en el despacho de su tío y ya estaba entrada la noche.
Miró con desconcierto el libro en sus piernas y aterrizando vertiginosamente en la realidad, encendió la luz y lo recargó en la mesa, aunque primero se aseguró de que la tinta del trabajo de su tío se hubiese secado ya.
Sin proponérselo, leyó las breves líneas trazadas con perfecta caligrafía, entonces, tuvo una revelación.
Dejó el libro al lado, apartó cuidadosamente el papel usado y preparó un poco de tinta. Sin embargo, tardó poco más en decidirse en hacer el primer trazado.
Arruinó dos pliegos, pero para el tercero, el resultado fue plenamente satisfactorio, lo miró con orgullo, incapaz de controlar una sonrisa de medio lado.
De ese modo, mientras la tinta secaba, se dedicó a leer el libro a toda prisa, después de todo, ya eran casi las cinco de la mañana, y tendría que dar una respuesta a las ocho, que empezaba el horario regular de oficina de la Hokage.
Comentarios y aclaraciones:
¿Alguien quería una perspectiva de Neji?
¡Gracias por leer!
