-No creo que debas sentarte conmigo- dijo harry y ante la confusión que vio en la cara de Matt añadió- a los Slytherin no les va a gustar.
-No me importa, se cuidarme- dijo sentándose.
El profesor Snape entró cómo solía hacer siempre a las clases de pociones, con su aire imponente y las túnicas ondulando bajo sus pies. La única diferencia que había era el brillo en sus ojos, el cual probablemente se debía a haber conseguido su ansiada plaza como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras después de tanto tiempo, aunque sin duda ese no era un aspecto que valoraran los Gryffindor. En cambio, los Slytherin radiaban felicidad o maldad según se mire, porque sus sonrisas eran bastante siniestras.
-Debido al año anterior soy consciente de que sois probablemente el curso con peor formación de toda la historia de Hogwarts. El retraso que lleváis me obliga a hacer un repaso del año pasado y de cuarto. No voy a aceptar incompetentes en esta clase, quien no consiga ponerse al día, será mejor que no venga.
Harry vio la cara pálida de Neville, el pobre había pensado que finalmente se había librado de Snape al no coger pociones pero se había encontrado con la sorpresa de que Snape era el nuevo profesor de D.C.A.O. Habían intentando tranqulizarle y hacer que confiara en sus habilidades pero no había servido para nada.
-Señor Potter, espero que esté a la altura de sus calificaciones y no sea una decepción como en pociones.
-Si resulto ser una decepción será porque sus métodos de enseñanza dejan que desear- dijo Harry entre dientes. No iba a tolerar que pensaran que le habían regalado la nota.
-10 punto menos para Gryffindor por su insolencia- siseó.
-Ya empezamos-murmuró por lo bajo con disgusto.
-Señor Longbottom, me sorprende verle aquí.
Las risas de Slytherin aumentaron pero fueron silenciadas con una sola mirada de Snape.
-Supongo que podríamos empezar con un repaso de las maldiciones imperdonables, ya que en cuarto año visteis algo, aunque dudo que lo suficiente.
-No hay forma de que me libre de ellas- refunfuñó Harry en voz baja.
-¿No te gustan? A mi me parecen muy interesantes- dijo con una sonrisa Matt.
-No, no me gustan, aunque parece que yo tengo imán para ellas- susurró Harry.
Voldemort deseaba soltar una carcajada estridente que probablemente revelaría más de lo que quisiera. Le encantaba ese sentimiento, porque sabía perfectamente a lo que se refería su compañero de escritorio.
-¿Tiene algo que añadir señor Potter? Quizá quiere dar la clase, ya que parece saber tanto sobre el tema y no presta atención.
-No, nada- dijo con los labios apretados en una fina línea.
-En realidad, las vimos bastante bien. No creo que a nadie se le olvidaran, hay otros contenidos más-
-Señorita Granger, no recuerdo haber pedido su opinión.
En la clase Harry consiguió perder 5 puntos más por hablar con Matt cuando no tocaba. Aunque más que hablar lo único que conseguía era decir una palabra antes de que le llamaran la atención. A la cuarta le habían quitado los puntos. Como siempre, mostraba una clara preferencia por los Slytherin, quienes claramente si estaban manteniendo conversaciones fluidas y no vieron reducidos sus puntos.
Harry ya había conseguido ganarse un par de miradas disconformes por haber pedido 15 puntos en menos de una clase. Incluso Ron le había pegado un pisotón cuando pensaba contestarle a Snape por quitarle esos cinco puntos. A Vodemort le divertía de sobremanera la situación, iba a tener que darle a su mortífago más crédito, no sabía a quien de los dos odiaba más el pequeño Potter: si a él o a su profesor.
Solo Merlín sabía lo que Voldemort se estaba conteniendo de no lanzar crucios en esa aula. Cada vez que Snape mencionaba sus efectos, su nombre o cualquier aspecto relacionado con la maldición tenía que soltar su varita y respirar hondo. Sin duda, esa noche iba a tener que lanzarle la maldición a sus seguidores y escuchar sus gritos, sino no iba a poder quitarse esa sensación de insatisfacción que tenía en el pecho.
Harry quien llevaba un tiempo tenso rememorando la noche del cementerio así como ese fatídico día en el ministerio empieza a notar un cosquilleo en su cicatriz que rápidamente se convierte en ardor. Un ardor abrasador que hace que tenga que morderse el labio para que no se escape un grito de dolor. En medio de clase, ocultó su cara con la mano apretando su cicatriz, cerró los ojos y esperó a que el dolor cesase pero al final se le escapó un gemido de dolor que no pasó inadvertido para nadie.
Snape lo mira fijamente, interrumpiendo su lección hasta que toma una decisión. Voldemort también lo estaba mirando, ridículamente divertido. Ni siquiera había pensado en transmitirle dolor a Potter pero no había tenido que hacer mucho, lo había hecho sin pretenderlo. Pero se había asegurado que su cara mostrase desconcierto.
-Señor Potter, vaya a la enfermería. Acompáñelo Dirled.
-Profesor Snape, Dirled todavía no está familiarizado con el colegio, deje que los acompañe- pidió Hermione.
-Bien- dijo entre dientes Snape.
-Y-yo creo que-
-Weasley, no me de un dolor de cabeza con sus patéticas escusas. Lárguese y dígale a Potter que tiene castigo conmigo mañana por interrumpir la clase de esta manera.
Todos salieron a trompicones del aula. Ron y Matt cargando a Harry quien no dejaba de tocarse la cicatriz con Hermione liderando la marcha y mirando a su amigo.
-No quiero ir a la enfermería- dijo Harry cuando el dolor empezó a disminuir.
-Pero Harry-
-Hermione, sabes tan bien como yo que este dolor no se quita con una poción.
-¿Era una visión?-preguntó Ron con voz temblorosa.
-No, solo el dolor habitual- dijo tranquilizando a sus amigos quienes soltaron un suspiro de alivio.
-¿Te duele la cicatriz?- preguntó con sorpresa fingida Matt.
-Si, no se muy bien porque pero parece que es cuando Voldemort se enfada o está molesto por algo.
-¡Harry!-reprendió Ron.
-Ron, como esperas que lo mate si ni siquiera soy capaz de decir su nombre-repuso Harry claramente molesto.
-¿Tienes que matarlo?- preguntó Matt con los ojos brillando.
-Matt esto es algo...
-Simplemente promete que no se lo contarás a nadie-dijo Harry.
-¿Cómo? ¿Con un juramento?
-No, claro que no. Tu palabra es suficiente- repuso Harry y Matt asintió.
No obstante, Hermione se había negado a hablar de eso en un lugar tan público, había hecho que se dirigieran a la sala de los menesteres, aprovechando que tenían la siguiente hora libre y nadie sería capaz de encontrarlos allí. Cuando entraron, los recibió una sala amplia con una pequeña mesa en el centro y un par de sofás a cada lado así como unos pequeños sillones al lado de una chimenea. Optaron por los sofás, sentándose Hermione y Harry en uno de ellos y justo en el de enfrente Ron y Matt.
Harry se aclaró la garganta antes de empezar a hablar.
-Hay una profecía.
Voldemort tuvo que contenerse para no meterse en ese mismo instante en la mente de Harry. No creía que pudiese tener tanta suerte. Había pasado mucho hacía menos de 1 año para conseguir esa profecía y ahora se la iba a desvelar el maldito crío sin más. Quizá esto pudiese salvar a sus seguidores esa noche.
-¿Y que dice?- preguntó ocultando toda emoción, dejando únicamente una pequeña curiosidad.
-El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca..., Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida..
-¿Y qué poder es ese?- preguntó ocultando su irritación. Aunque no demasiado bien porque Harry volvió a soltar un gemido de dolor.
-Ni idea. Si lo piensas bien es algo absurdo. No es como que tenga la habilidad para matarlo.
-Harry, eres muy bueno.
-Si, mi especialidad es Expelliarmus y Expectro Patronum. Creo que Voldemort amará tanto a mi ciervo que morirá de ternura- dijo irónicamente.
-Sabes que no es así-replicó Hermione- ya hemos hablado de esto muchas veces.
-Tienes razón. Ahora con Snape aprenderé un montón sobre... ah sí, cómo perder más puntos para la casa que nadie y... ganar el mayor número de castigos. Sin duda eso me ayudará- Matt no pudo evitarlo más y soltó una carcajada ante la atenta mirada de los presentes.
-No es gracioso-repuso Ron.
-Disculpa, solo pensé que ganar la copa de casas sería fácil con Snape- dijo mirando a Harry quien se veía cabizbajo y ganando su completa atención por lo decaído que estaba, era la primera vez que lo veía así. Siempre había sido todo un Gryffindor impertinente y cabezota delante suya, pero ahora parecía un chiquillo más.
-Piénsalo de ésta forma, si hubiera elegido a Neville ya estaría muerto.
-¡Ron! Como puedes decir algo así- replicó Hermione.
-Eso me anima, gracias Ron- dijo Harry poniendo los ojos en blanco.
-Harry, sabes que si en algún momento quieres huir, yo estaré contigo independientemente de lo que decidas, ¿verdad? - Harry asintió- Ya sabes que no creo en la adivinación y menos en Trelawney, de hecho se que vosotros dos tampoco, así que puedes simplemente ignorarla. Lo que va a hacer que se cumpla o no, son las elecciones que hagáis.
Harry no quería huir, lo único que quería era estar tranquilo los dos últimos años de Hogwarts y luego ser auror o lo que fuera, pasar con Remus sus veranos, estar alejado de los Dursley y ser un niño normal por una vez. No ser el elegido, el niño que vivió ni Harry Potter, solo quería ser uno más, simplemente Harry. Y en caso de que alguna vez huyese, no se lo iba a decir a nadie, porque no quería perder a nadie más, estaba cansado de perder a sus seres queridos.
-Buen discurso, pero te olvidas que Quien-Tu-Sabes ya ha decidido matarlo. Aunque no quiera matarlo no le quedan muchas opciones-repuso Ron.
-¿No estás seguro de matarlo?-preguntó Matt.
-No, prefería no matar a nadie. Estoy cansado de eso. Probablemente estés confundido porque no has estado aquí estos años atrás pero créeme cuando te digo que han sido una completa locura.
La verdad es que Harry no quería matarlo a pesar de todo lo que había pasado. No quería ser un asesino y por muy Gryffindor que fuera, ¿quien iba a querer enfrentarse en un duelo a muerte a un psicópata que tenía aterrorizada a la comunidad mágica desde antes incluso de que él hubiese nacido? Tendría que estar loco si aceptase ese destino.
Voldemort no intentó ocultar su sorpresa ante ese hecho. El chico era demasiado ingenuo, estaban en guerra, matar a los demás era parte de eso para sobrevivir. Pero también sabía que el espíritu del chico no iba a dejar que se rindiera por lo que no lo tendría tan fácil y tendrían que batirse en duelo, pero esa idea no le desagradaba tampoco, quería hacerle sufrir antes de matarlo. Potter lo había desafiado demasiadas veces sin contar las faltas de respeto y su osadía como para darle una muerte rápida. También tenía que doblarlo a su voluntad para que todo el mundo fuera testigo de quien era el mago más poderoso de todos. Probablemente matarlo delante de sus seguidores y del resto del colegio en el Gran Comedor fuera un buen escenario, pero para eso iba a tener que dejar fuera de batalla a Dumbledore. Draco tendría que hacer bien su trabajo y aunque sabía que no tenía lo necesario iba a empujarlo y ver dónde llegaban las cosas.
-Maldita sea-murmuró Harry por lo bajo tocándose la cicatriz.
Harry llevaba maldiciendo a Voldemort toda la mañana. Estaba seguro que iba a tener un dolor de cabeza permanente como siguiera así todo el día. Era como si pudiera percibir el aura de voldemort más cerca que nunca, palpitando en su cicatriz con clara molestia e irritación.
-Deberíamos contárselo a Dumbledore, ya te ha pasado tres veces- dijo Hermione.
-No, no se lo vamos a decir a nadie. No voy a caer en eso otra vez- dijo harry apretando los dientes- Simplemente recuerdame porque es la guerra otra vez.
Y tras un suspiro Hermione comenzó a contar el destino que le esperaría a todos los mestizos, muggles y nacidos de muggles como ella, si Voldemort se hacía con el poder.
-¿Y por qué no se metió a la política como todo el mundo?- refunfuñó Ron.
-Porque perdería la gracia-repuso Matt.
Harry sonrió ante aquella afirmación.
Por suerte para Voldemort, el resto pensó que estaba bromeando. Por alguna razón, tenían la imagen de que la mayoría de cosas que decía eran broma por lo absurdo que sonaba y eso a él le venía muy bien.
