No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Gregory Maguire. Yo solo me divierto un poco.

.

.

.

Cuando empezó el segundo semestre y aún cargaba con Isabella como compañera de habitación, Tanynya fue a protestarle brevemente a la señora Esme. Pero la directora no permitía ningún cambio ni reorganización.

—Sería un trastorno excesivo para las otras chicas —dijo—, a menos que quiera trasladarse al Dormitorio Rosa. He observado con atención a su Ama Coppe y veo que parece recuperada de las dolencias que me describió en nuestra primera conversación. Puede que ya esté en condiciones de ocuparse de quince chicas.

—No, no —replicó Tanynya con presteza—. Tiene recaídas de vez en cuando, pero nunca las menciono. No quiero importunar.

—¡Qué considerada! —señaló la señora Esme—. Se lo agradezco, querida. Ahora, si no le importa, ya que ha venido a hablar conmigo, me pregunto si podríamos dedicar un momento a analizar sus planes académicos para el próximo otoño. Como ya sabe, en el segundo año, las chicas eligen su especialidad. ¿Ha pensado algo al respecto?

—Muy poco —respondió Tanynya—. Sinceramente, había pensado que mi talento se manifestaría y me indicaría si debía estudiar ciencias naturales, artes, magia o quizá incluso historia. No me veo dotada para el trabajo ministerial.

—No me sorprende que alguien como usted tenga dudas —dijo la señora Esme, en un tono no demasiado alentador para Tanynya—, pero si me permite, le sugiero la magia. Podría ser muy buena. Me enorgullezco de tener vista para ese tipo de cosas.

—Lo pensaré —contestó Tanynya, aunque su primitiva apetencia por la magia se había desvanecido cuando le contaron lo mucho que costaba aprenderse los hechizos y, peor aún, entenderlos.

—Si se decidiera por la magia, puede que haya una posibilidad, sólo una posibilidad, de encontrarle otra compañera de habitación —dijo la señora Esme—, puesto que la señorita Isabella ya me ha indicado su interés por las ciencias naturales.

—Oh, en ese caso, lo pensaré detenidamente —respondió Tanynya, luchando con innominados conflictos internos.

La señora Esme, pese a su refinada dicción y a su fabuloso guardarropa, parecía un tanto… peligrosa, como si la amplia sonrisa de la cara que mostraba al público estuviera hecha de la luz reflejada por lanzas y cuchillos, como si su voz grave disimulara el estruendo de distantes explosiones.

Tanynya siempre tenía la sensación de que se le ocultaba el panorama completo. Era desconcertante y, en honor a Tanynya, hay que decir que por lo menos sintió en su interior el desgarro de algún valioso entramado (¿sería quizá la integridad?), cuando se sentó en la salita de la señora Esme para beber su té perfecto.

—Me han dicho que dentro de un tiempo también vendrá la hermana a Shiz —dijo la señora Esme minutos más tarde, como si no hubiesen intervenido el silencio y varios sabrosos bollitos —, porque no hay nada que yo pueda hacer para evitarlo. Y eso, por lo que tengo entendido, será espantoso. A usted no le gustaría. Estando la hermana como está, seguramente tendrá que pasar mucho tiempo en la habitación de la señorita Isabella, recibiendo cuidados.

La directora esbozó una sonrisa cansada. Una ráfaga de polvoriento aroma brotó de un costado de su cuello, casi como si fuera capaz de dispensar a voluntad un agradable olor personal.

—Estando la hermana como está… —prosiguió la señora Esme, meneando la cabeza y chasqueando la lengua—. Triste, muy triste. Pero supongo que todas debemos colaborar para salir adelante. Al fin y al cabo, así debemos portarnos entre hermanas.

La directora recogió su chal y apoyó suavemente una mano sobre el hombro de Tanynya. Ésta se estremeció y estuvo segura de que la señora Esme lo había notado, pero la directora no dio la menor señal de haberse percatado.

—Pero entonces —continuó—, cuando hablo de hermanas… ¡Qué ironía! ¡Cuánto ingenio! Claro que, con suficiente tiempo y un amplio margen de acción, no hay nada que pueda hacerse o decirse que al final no sea irónico.

Apretó el hombro de Tanynya, como si fuera el manillar de una bicicleta, con una fuerza casi impropia de una mujer.

—¡Sólo podemos confiar en que la hermana traiga consigo unos cuantos velos, ja, ja, ja! Pero todavía falta un año. Mientras tanto, tenemos tiempo. Piense en la magia, ¿de acuerdo? Hágalo. Y ahora, buenas noches, querida. Dulces sueños.

Tanynya volvió lentamente a su habitación, pensando en cómo sería la hermana de Isabella para suscitar comentarios tan maliciosos sobre velos.

Hubiese querido preguntárselo a Isabella, pero no se le ocurría cómo hacerlo.

No tenía valor.

.

.

.

Ok, ok. Sé que es muuuy temprano jajaja pero no estaré en todo el día y de verdad quería publicar hoy.

¡No olviden dejar su comentario!