Hora 2: Asesoría para ser popular.
Mikasa y Levi Ackerman.
El famoso dúo Ackerman.
¿Quién demonios no conoce esos nombres?
Hasta los perros callejeros que se cuelan de vez en cuando dentro del plantel conocen esos nombres malditos.
No tengo nada en contra de los gemelos Ackerman, es decir, jamás he cruzado una sola palabra con ellos. La chica, Mikasa, estudio Teatro conmigo el primer año aun así jamás hemos compartido ni un solo saludo.
Una vez que llego a casa me dejo caer en el sillón y suspiro con pesadez, siento mi estomago subir y bajar mientras respiro. Tuve que aceptar ayudar a la profesora Reiss, no lo pude evitar, ella abogo por mí cuando tuve un serio problema con el profesor de Física el primer año, tenía que devolverle el favor y esta ha sido la forma más fácil, algo que ella necesitara de mí. Parecía alegre y daba por seguro que yo le ayudaría así que salto de su silla y me entrego un post-it con los horarios de las asesorías y el lugar donde se llevarían a cabo. Lo peor de todo esto no fue aceptar ser un tutor personal, lo peor fue que no solo le enseñare Literatura, también se incluyen Psicología, Geografía política y económica, Inglés, Alemán, Derecho, Higiene Mental y Sociología y si eso fuera poco también tengo que ayudarle en sus tareas y checar que sus apuntes estén al corriente, así que en pocas palabras me he convertido en la niñera de ese tipo, con el cual jamás he congeniado ni de lejos, pero sé que tanto él como yo jamás nos llevaríamos bien, hay razones de sobra para saber eso. Ellos, los Ackerman, son increíblemente populares, tanto en el turno matutino como en el vespertino, se regodean de una fama agobiante, como si fueran estrellas pop, las chicas anhelan ser la siguiente en la lista de Levi y envidian la belleza de Mikasa, lo mismo sucede con los chicos, desean poder cortejar a Mikasa y tener un poco del estilo de Levi. Por otro lado ellos parecen pasar por alto esa fama, caminan por los pasillos juntos recibiendo los elogios de los demás, llenándose de las envidias del resto de los alumnos, de los amores pobres que les llegan a ofrecer, miran a todos por debajo de ellos, como si no merecieran, ni siquiera respirar el mismo aire que ellos. Me molesta la gente como ellos, solo uno preparatorianos iguales a nosotros pero con caras de porcelana y ropa más costosa de lo que puede llegar a ser todo mi guardarropa. Pero al parecer hay algo que yo poseo y que ellos carecen… Cerebro e inteligencia.
Sonrió ante el pensamiento.
Si ellos están pagando por clases extras para salvar el último año entonces es algo de lo cual puedo burlarme y sentirme orgulloso. Después de todo el dinero y la belleza no significan nada, también es necesario algo de cerebro.
Al parecer el padre Ackerman ha pagado a la profesora Reiss por conseguirle un tutor personal que se encargue de su hijo rebelde, al mismo tiempo también me está pagando a mí para ser ese tutor personal, se supone que lo debía hacer como un favor especial pero la verdad algo de dinero extra no me caería mal. Necesito reabastecer mi librero de libros nuevos.
— ¿Qué tal la escuela?
Doy un pequeño salto en el lugar en donde estoy y abro los ojos, vaya, no esperaba que hubiera alguien en la casa.
— Igual que siempre, ¿Puede pasar algo nuevo en una preparatoria normal?
Isabel, mi prima, se acerca y me revuelve el cabello. Nos llevamos solo un año de diferencia. Se ha mudado con nosotros porque la universidad es más cercana desde mi casa que la de ella, así que mientras tanto ella vive aquí. Nos llevamos bien, más que familiares parecemos amigos, nos contamos todo, no existen secretos entre nosotros… muchos piensan que somos hermanos, porque compartimos el mismo color de ojos, azul marina y nuestro tono de piel aceitunado es parecido, aunque ella es pelirroja por parte de la familia de su padre y yo soy castaño, pero aun así tenemos el gen Jeager de tener el cabello despeinado y disparado en todas direcciones.
— Pues no lo sé, siempre hay cosas nuevas ¿No? —ella se encoje de hombros y se acerca a mí, toma mis piernas y se sienta en el sofá cargando mis piernas sobre las suyas.
—Bueno, me han convertido en el tutor privado de alguien.
Ella me mira con sorpresa.
—Así que no eres tan tonto como creíamos—le lanzó un cojín y ella se ríe. —Ya, solo era una broma, me alegro mucho, habla bien de un alumno para enseñar a otros, transmitir sus conocimientos es algo que no cualquiera puede hacer.
Suspiro.
—Ese es el problema que yo no sé enseñar.
—Entonces eres un cabeza hueca, todos, absolutamente todos, tenemos que llegar a pasar nuestros conocimientos a alguien en algún momento determinado de nuestras vidas.
—No estudiare pedagogía.
— No estoy hablado de que vas a ser profesor o no, sino de otras personas, por ejemplo tus hijos, ellos irán a la escuela y querrán que les enseñes algo que no pudieron comprender en clases.
—No voy a ser padre.
Ella rueda los ojos exasperada.
—Dices que quieres ser médico forense ¿No? — asiento. —Pues tendrás que llegar a enseñarle a alguien el porqué de una muerte, tendrás pupilos, novatos, que trabajaran contigo…
Suspiro con pesadez.
— Entonces será cuando sea grande.
—Eren, si no puedes hacer algo tan simple como enseñarle a alguien de tu misma edad ahora, no vas a ser capaz nunca de enseñarle a alguien después.
— Ya entiendo… mejor dime ¿Qué hay de comer? Muero de hambre.
Ella tuerce los labios pero no agrega nada más, simplemente se incorpora y se va a la cocina.
— Mamá dejo pollo primavera y sopa fría.
Hago una mueca, odio la carne.
Al final Isabel me obliga comer de todo, incluso me zampa un extra de la comida del día anterior y termino lleno y a punto de explotar, así que con todo y la panza llena subo a mi habitación a hacer mis deberes.
Soy hijo único, lo que es tanto una suerte como no tanto una suerte, estar solo, jugar solo, sin nadie con quien pelear es algo triste, a pesar de tener a Isabel, con quien casi me he criado, no es lo mismo, digo no podría agarrarme a golpes con ella por tomar el control de la consola de videojuegos, no es mi estilo y tampoco es lo correcto, aun así me hubiese gustado tener un hermano. Mis padres trabajan la mayor parte del tiempo, papá es doctor en un hospital privado en el área de neurología y mi madre es enfermera en el área de pediatría del mismo hospital, usualmente no llegan a dormir algunos días y otros se los pasan metidos en los casos más graves que tienen que atender. No me molesta, digo, gracias a ese dinero que ganan tengo todo lo que necesito e incluso cosas que no necesito, tengo mis tres comidas al día y no me falta nada, no puedo quejarme, pero no me caería mal que de vez en cuando volvamos a salir de paseo como antes, cuando era un niño. Es algo melancólico.
Dan casi las doce de la noche cuando termino la tarea de Cálculo, Isabel se ha quedado dormida en el escritorio, tuve que pedirle ayuda porque esto de las derivadas no se me da, de hecho nada de esto se me da. Tengo suerte de que no es una materia que tenga que enseñar. Supongo que terminaría peor que reprobado.
No espero a mis padres, sé que llegaran muy tarde o que no llegaran, despierto a Isabel y la ayudo a llegar a su habitación porque esta medio dormida y al ser medio despistada es posible que termine rodando por las escaleras. Una vez que ella está a salvo yo preparo todo para el día siguiente o bueno, las horas siguientes, meto en mi mochila posibles guías que me podrían ayudar a enseñarle a mi asesorado, supongo que primero debí preguntarle a la profesora Reiss como es que se enseña.
El despertador suena justo a las ocho de la mañana, tengo que obligarme a levantarme y no lanzar lejos al pobre reloj ya que no tiene la culpa de que tenga que madrugar. Hoy, precisamente hoy, empiezan las asesorías y hoy es uno de los pocos días en los que no tengo que levantarme temprano ya que no tengo pintura, maldigo por lo bajo y deseo dejar plantado al chico a asesorar, pero Isabel llega para atormentarme y obligarme a levantar. Tal vez no debí contarle sobre las asesorías.
Aun así, con sueño y pesar, me meto a bañar, busco algo decente dentro del ropero y desayuno.
Según el Post-it tenemos el aula A-001 durante toda la mañana para podernos extender a nuestras anchas sin que nos molesten y según esto la primera materia es Psicología.
Miércoles (A-001)
10:20-11:10: Psicología
11:10- 12:00: Derecho
12:00-12:50: Literatura
12:50- 1:40: Alemán
1:40- 2:00: Higiene Mental
Dejo caer mis hombros y voy en busca del aula. El A-001 es uno de los salones más grandes de la planta baja del edificio A, no sé porque necesitaríamos un aula tan grande, si solo vamos a ser dos personas.
El salón está cerrado, jalo la manija y esta se abre de golpe haciendo que me tambalee hacia atrás y me tropiece sobre a la banqueta, un par de chicos que me ven sueltan un par de risitas, suspiro, si esto va así, no va a ser un buen día.
El lugar huele a limpio, claro aún no llegan los de la tarde a destrozar todo y dejar basura a su paso, miro mi reloj y este marca justo las 10:20 am, supongo que el chico Ackerman no tardará mucho en llegar, dejo caer mi mochila en la mesa del profesor y tomo asiento, sonrió, supongo que algunos tienen razón, esta silla, a pesar de ser casi igual a las demás, te da algo de sentimiento de superioridad y poder, la silla sagrada de los profesores. Me rio un poco de mi chiste y me imagino ser yo el que imparte la clase a un grupo de casi sesenta alumnos, camino de un lado a otro con las manos a la espalda y finjo exponer un tema de literatura, trato de actuar igual a la profesora Reiss, contando anécdotas graciosas de alguno de mis viajes por el mundo y contar historias sobre mis vivencias de cuando era un niño.
—Sal del aula. —dice una voz a mis espaldas.
Me sonrojo, ay, si me ha visto payasear, que pena.
— Lo siento pero ya tengo el aula apartada. —digo mientras doy media vuelta y me topo con esa persona a la que tengo que ayudar: Levi Ackerman._ Oh, hola.
— ¿Disculpa? Necesito que te largues, voy a ocupar este salón. —ice en tono altanero pasando por alto mi cordial saludo.
—Ah, claro… perdón… Soy Eren Jeager. —tiendo mi mano en forma de saludo al cual nuevamente no responde.
— No pregunte tu nombre, te dije que salgas de aquí.
Suspiro y trato de no perder los estribos.
— Yo soy quien va a darte las asesorías, supongo que tú eres Levi Ackerman.
— ¿Tú? Creí que iba a ser la profesora Frieda Reiss, mi padre la contrato a ella, no a un mocoso como tú.
¿Mocoso? ¿Me acaba de llamar mocoso? Tenemos casi la misma edad, no tiene derecho a llamarme mocoso.
—Sí, yo voy a darte las asesorías, me lo ha pedido la misma profesora Reiss.
Él me examina como si fuera una carne de res, un par de escalofríos me recorren la espalda, luego alza una ceja haciendo un gesto de "Pues ya que, peor es nada", me ofende, y pensar que tengo que tratar con él el resto del año.
— Bueno toma asiento, según el horario tenemos que empezar con psicología.
Me giro para tomar mis cosas y sacar los libros que he traído de casa, cuando me vuelvo, pego un brinco hacia atrás, porque está a menos de un par de centímetros de mi cara.
—Te conozco, sé que te he visto en algún lugar. —dice interrumpiendo mi espacio personal.
— Supongo, estudiamos en la misma escuela, y por si no lo sabias un metro de distancia es lo mínimo para marcar el espacio personal. —digo tratando de quitármelo de encima.
— ¿Un metro? —dice con burla. — Anda ve y díselo al transporte público, así cada quien tendría su propio vagón en el tren, o su propio autobús… deja de decir tonterías. — luego se aleja y se deja caer en la mesa frente a la mía.
Esto va a ser difícil. Muy difícil.
Como no sé cómo comenzar una asesoría le he pedido a Levi que me enseñe sus apuntes de psicología para ver qué es lo que ha visto y poder apoyarme un poco, también veo sus exámenes… un caso completamente perdido, su profesor hace dos exámenes para cada periodo de evaluaciones, el primero lo saco con 4.2 y el segundo con 2.7, lamentable, y son cosas demasiado básicas, supongo que tratare con un torpe de primera.
Mientras checo que es lo más trágico en todo el examen escucho como truena los dedos, alzo la vista para ver que está haciendo.
—Ya te recordé, eres el tipo que se la pasa metido en la biblioteca, "La rata de biblioteca" —luego lanza una carcajada como si fuera lo más gracioso del mundo.
— Que chistoso. —digo sin una pizca de gracia y vuelvo a ver los exámenes. — Dime ¿Por qué se te complica tanto la psicología? Esto era muy fácil, digo son cosas de lo más elementales, nada del otro mundo.
— No me interesa nada saber sobre las personas con problemas mentales. —dice él mientras juguetea con un pedazo de hoja.
—Para eso está la psiquiatría, que no es este asunto, además la psicología no estudia a los ponis, como se te ocurrió poner eso.
—Estaba aburrido y el profesor no dejo que nadie entregara el examen en blanco.
Suspiró, definitivamente un cabeza hueca.
La mañana pasa de lo más lento, solo me dedico a revisar sus apuntes y exámenes del primer periodo solo para descubrir algo que ya me esperaba, a este tipo no le interesa el estudio en lo más mínimo, me pregunto cómo estará su hermana en ese aspecto. Si no puedo meterle las materias de la mejor manera entonces renunciaré, le pediré perdón a la profesora y dejare esto por la paz, no creo ser capaz de tolerar a un tipo que no le interesa en lo más mínimo nada y que solo hace que pierda mí preciado tiempo cuando podría estarlo perdiendo leyendo o dibujando.
—¡Hey!, Levi—alguien grita desde la puerta de la entrada y ambos nos volvemos.
Un niño, de primer año supongo, de cabello casi blanco y ojos azules con sonrisa burlona y enfundado en el uniforme de deportes.
— ¿Qué quieres, Farlan? Te dije que estaría ocupado. —contesta Levi con molestia.
—Me mandaron a buscarte, al parecer el profesor de deportes quiere hablar contigo.
Levi hace una mueca de fastidio y baja las piernas de la mesa, recoge sus cosas y camina hacia la salida.
— Oye, ¿Qué crees que haces? Aun no terminamos, faltan casi cuarenta minutos para que las asesorías terminen. —digo tratando de detenerlo.
—¿No escuchaste?, me llama un profesor, además no estamos haciendo nada importante.
Sin más abandona el aula dejándome solo con el montón de libretas enfrente de mí. Suspiro, quiero salir corriendo de aquí.
Los siguientes minutos continuo revisando sus apuntes o bueno lo que se supone deberían ser sus apuntes que no son más que rayones, dibujitos y cosas de ese tipo, quiero creer que volverá por sus cosas, pero cuando el reloj marca las 2:30 no tengo ni idea de que hacer, no puedo quedarme con sus libretas y exámenes, mi mochila ya está llena y no pasare de un lugar a otro con ellas, el día de hoy mis clases se dispersan en diferentes salones. Lo odio. Maldito desagradecido.
Como puedo saco me las arreglo para salir del aula con mis cosas y las de él, tendré que buscar a la profesora para que me diga que grupo es e ir a dejarle sus porquerías, en serio a esto no puede llamársele apuntes ni libretas, no tengo idea de cómo ha logrado llegar al último año de la preparatoria teniendo ese cerebro de chorlito. Tal vez sea como los vagos de algunos de mis compañeros, pasan todo en los exámenes finales o extraordinarios. Yo jamás podría con algo como eso, si no puedo con un solo examen de un solo periodo menos con uno de todo lo que vimos en el año, aun así envidio la capacidad de algunos para acertar las suficientes preguntas como para pasar con una calificación aceptable.
—Ehhh… oye. —grita alguien a mi espalda.
Me detengo y giro para ver a la persona, una chica en bata, cabello castaño y anteojos de montadura cuadrada.
— ¿Si?
—¿Tú eres el asesor de Levi? Ehhh… el chico de la biblioteca.
Ah, claro olvide que así fue como el idiota Ackerman me identifico.
—¿Que se te ofrece? — digo algo ofendido.
— Ah, solo he venido por las cosas de Levi, tenemos laboratorio con el profesor Keith.
—Perfecto, ya planeaba echar esto a la basura.
Con algo más que equilibrio y habilidad le entrego el montón de libretas a la chica castaña, me pregunto si será un tipo de esclava para Ackerman. Bueno no me importa en lo absoluto.
Gracias por leer.
Parlev.
