Hora 3: Asesorías para la primera herida.

—Hola, Eren.

Al instante en que escucho su voz un sentimiento de malestar y desagrado se expande desde mi pecho y recorre cada célula de mi cuerpo. Como un virus.

No le odio. Hace mucho que decidí eso. Pero no es alguien a quien deseo ver todo el tiempo. Creo que fue suficiente con que el año pasado compartiéramos grupo. Ahora agradezco estar en un área diferente porque no podría tolerar volver a verlo cada hora y escuchar su voz. Simplemente no podría. Soy débil en ese aspecto.

Aun así me esfuerzo por luchar contra esa sonrisa hipócrita que me dedica cada que me ve. Esa máscara de mentiras, fingiendo que aun somos amigos. La detesto. ¿Por qué? Aun soy incapaz de comprender el porqué de hacerme aquello, admito que me duele a veces pero no por el hecho que muchos pensarían, si no por haber destruido nuestra amistad de esa forma ¿Acaso me odiaba? O ¿Por qué lo hizo? Me lo he preguntado muchas veces. Con todo y eso, convierto mi cara en una máscara de amabilidad que cubre mi dolor y le sonrió como si nada pasara.

—Hola, Armin.

Nunca hablamos de eso.

Yo fui lo suficiente suertudo al ser poseedor de algo de tiempo para enfriar mi cabeza y no cometer una locura que me hiciera quedar mal, me avergonzara y me hiciera arrepentirme, mis padres me apoyaron, incluso el tío Hannes hablo conmigo y escucho mi versión de la historia; ahora de solo pensarlo creo que era demasiado infantil e ingenuo. Por otro lado él… jamás menciono nada, no pidió perdón, ni se presentó a mí con un simple "No pude evitarlo", tal vez eso me hubiese bastado para no echar a perder nuestra bonita amistad… algunas veces Isabel se cuestiona si lo que nosotros teníamos era en verdad una amistad. A veces me pregunto lo mismo.

Conozco a Armin desde el cuarto año de primaria, cuando cambie de instituto público a uno privado solo para hombres. No nos llevábamos bien, él era listo, inteligente, astuto y amistoso con todos, mientras que yo era simplemente un alumno normal, con notas normales y tímido para ser capaz de crear amigos nuevos en un lugar que no conocía. En ese entonces yo ya había cambiado demasiado mi personalidad, ya no era aquel niño malcriado y berrinchudo que se metía en problemas a cada rato, ahora solo era un niño tranquilo, calmado y avergonzado.

Durante los últimos años de la primaria, el chico listo del grupo me caía mal, me irritaba y no lo soportaba… solo por el hecho de que había criticado la forma en la que escribía diciendo "Que horrible letra tienes" supongo que me traumaba un poco que me criticaran, incluso ahora me molesta ¿Y a quién no? Cuando pasamos a la secundaria algo cambio y nos hicimos más cercanos y al final del segundo año éramos los mejores amigos, como uña y carne…

—¿En que área estas? —pregunta.

Alzo la mirada del libro que estoy leyendo.

—La dos.

—Así que te decidiste por esa, increíble, yo estoy en la uno, es la más difíciles de las cuatro.

Y allí esta. Echándome en cara su infinita inteligencia al escoger el área con las materias más complicadas de las cuatro.

—Que bien—susurro y vuelvo mi atención al libro.

—¿Qué piensas estudiar finalmente? —insiste.

—Medicina forense— no separo la vista del libro.

—Que tétrico y solitario, esa carrera no me atrae en lo más mínimo.

Su sola presencia me recuerda por qué llegue a odiar esta escuela.

Durante un rato guardamos silencio, hasta que le oigo suspirar y ruego porque se largue de una buena vez.

—Eren, anda, hay que salir— dice tomando mi mochila.

—No, oye… espera— suspiro irritado, salto para dejar el libro en el carrito y voy tras él, necesito mis cosas de vuelta.

Trato de arrebatarle mi mochila pero solo logro divertirlo con eso, al final no detenemos en las canchas de baloncesto.

—Hay que jugar, hace mucho que no lo hacemos—dice sacando un balón de su mochila

—No, hoy no, tengo cosas que hacer.

—Anda, solo un juego… ¿uno a uno? Como antes.

Me lanza el balón.

Suspiro irritado.

Durante la secundaria destaque demasiado por ser uno de los mejores jugadores del equipo del instituto, a pesar de que muchas veces era algo agresivo al hacer los pases o robar, pero era un buen jugador.

Hace un año que no toco un balón. A veces hay cosas que simplemente deseo dejar de lado por un tiempo hasta que me sienta listo de retomarlas de nuevo.

Trato de alejarme un par de veces pero Armin insiste y me obliga a regresar y retomar el juego con él. Al final, harto, le doy lo que quiere y le derroto con un 10-1, en ese aspecto, el deportivo, siempre fui mejor que él.

—Armin.

Antes de presenciar la escena que está por venir, voy por mis cosas.

—Annie.

Solo tardo un momento en guardar mis pertenencias en orden, pero ese tiempo él lo aprovecha lo suficiente para besarla y decirle cosas cursis.

—Adiós, Armin—digo sin dedicarle una mirada.

—Hasta luego.

Esta vez no me detiene. Supongo que eso es lo que buscaba, no es la primera vez que lo hace.

Llego a mi salón con diez minutos de adelanto, me dejo caer en mi silla y dejo escapar un largo suspiro… se supone que yo ya olvide todo ese asunto.

El día pasa demasiado rápido, tenemos laboratorio con la profesora Nanaba, en educación física me la paso saltando la cuerda durante bastante tiempo hasta que el profesor dice que es suficiente y el cálculo recibo un regaño por perder el tiempo rayoneando mi libreta… no entendía el tema.

Antes de que termine mi día, me encuentro a la profesora Reiss.

—¿Qué tal el primer día de las asesorías? —pregunta mientras toma asiento.

Hago una mueca de "No es lo mejor" y ella parece entenderlo.

—¿Sabes porque te nombre su tutor? —niego con la cabeza.

—Durante los últimos dos años, Ackerman, siempre fue el mejor de su clase, sus notas eran perfectas, pero tuvo algunas amistades que lo llevaron por el camino incorrecto y ahora sufre sus consecuencias, el año pasado casi se salvó de presentar exámenes finales, pero este año ha sido peor, supongo que ya has visto sus notas, bajaron demasiado. No quiero que le enseñes algo que supongo ya sabe, quiero que te acerques a él y lo conviertas en la persona que era antes. Es un desperdicio ver como chicos inteligentes se pierden en el camino por culpa de otras personas con malas intenciones.

—Profesora Reiss, no quiero ser mala onda, pero creo que escogió al alumno equivocado para esa misión, no creo poder tratar con alguien así, yo soy todo lo contrario a lo que es él, soy antipático, nada popular, un come libros que disfruta del arte de las letras y su maleabilidad, soy alguien sin una pizca de gracia ni amigos.

En respuesta ella se ríe.

—Ay Eren, eres un alumno muy valioso por eso mismo. Creo que puedes explotar la belleza de las cosas si te lo propones. Y espero que puedas volver a sacar lo mejor de ese chico. Confió en ti.

Suspiro.

—Está confiando en una papa.

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Así que después de todo ella me convirtió en la niñera de un completo torpe solo porque el niño ha querido ser malo y berrinchudo a su antojo, supongo que se ha peleado con su papi por no comprarle el ultimo Iphone y como se lo negó, por sus anchas decidió reprobar el último año para darle en la torre a su padre. Como si eso le afectara. Algo que he aprendido con el tiempo es que si vas a vengarte de tus padres o tus profesores no lo hagas mediante el estudio, al final el único afectado eres tú, terminas reprobado, recursando materias y recibiendo más regaños. Ay, que bonito ¿No?

Cuando llego a casa, se por el olor, que mis padres están aquí. No es por ofender la comida de Isabel pero cuando esta mamá huele mejor, más apetitoso.

—Eren— dice ella sorprendida.

—¿Qué no salías hoy a las diez?

—Nope, los lunes salgo a las diez por psicología, hoy salí a las ocho.

—Tu padre quería ir por ti a la escuela—dice ella haciendo una mueca adorable.

—Qué pena— sonrió y dejo mi mochila en uno de los sillones y me acerco a la cocina.

La cena es ligera, pasta, ensalada y un vaso de jugo de manzana natural, también cuando esta mamá, la comida siempre es más sana.

Duermo algo inquieto. Me despierto a cada rato y al final en la mañana tengo una enorme cara de zombie con mucha antiguedad. Mis ojeras son enormes y tengo la cara llena de saliva. Si, salivo demasiado cuando duermo. Qué asco.

Hoy tengo pintura una hora antes de las asesorías, así que me he levantado más temprano, ay y con lo que me cuesta despegarme de las sabanas que tanto me aman. Si tengo aspecto de zombie, mi actuar es igual al de uno. La verdad no dormir bien me afecta demasiado durante el resto del día, flojeo y no paro de bostezar como si fuera una vaca. Bueno no sé si las vacas bostecen pero ha sido el mejor ejemplo que tenía a la mano.

Una vez terminada pintura, voy al bolsillo delantero de mi mochila para ver el horario.

Jueves (B-101) 10:20-11:10

Geografía Económica 11:10- 12:00

Alemán 12:00-12:50

Literatura 12:50-1:40

Inglés 1:40-2:30

Cuando entro al aula, que es igual de grande que la de ayer, la veo pacíficamente solitaria, no sé porque no me sorprende, aun así tomo asiento en la silla suprema de los profesores y me limito a esperar, como no he traído libros conmigo empiezo a sentir el efecto del sueño y de no hacer nada. Creo que el chico problemas va a tardar un rato, así que no abra problema con que duerma un poco ¿Cierto?

Disfruto dormir bastante, siento el cuerpo más relajado y mi mente más suelta como si estuviera hecho de plumas y algodón.

—Oye… Idiota—escucho mucho a lo lejos. Me remuevo para que no me molesten, no quiero que interrumpan mi momento, un momento tan pacífico y tan relajante. —Rata de biblioteca.

Abro un poco los parpados y me topo con dos luces grises con tonos azules, son tan bonitos, no sé de quién sean esos ojos, pero son lo más bonito que he visto, sus tintes mezclados entre diferentes tonalidades del gris y el azul naval, a pesar de que para mí sean colores deprimentes en estos orbes lucen tan bien, porque a pesar de no transmitir nada en especial, brillan y te hipnotizan un poco atrayéndote a un agujero negro, caes y caes pero no te importa si sigues mirando esos ojos.

Sonrió un poco y vuelo a cerrar mis ojos.

—Que lindos—susurro aun dentro de la bruma de los sueños y el cansancio.

—Anda, idiota despierta que tenemos cosas que hacer.

Siento como me agitan por los hombros y despierto de golpe.

—¿QUÉ? —grito saliendo de golpe de mi relajante sueño.

—Te quedaste dormido—dice la voz frente a mí.

—Perdón, ¿Qué? ¿Dónde estoy?

Uno de mis defectos. Me desoriento con facilidad.

—En la escuela pedazo de torpe.

—¿Qué paso? Yo… auch

Me sobo el hombro cuando siento el golpe que me han dado hace solo un momento y recuerdo que no estoy en casa ni en ningún lugar confortable, estoy en la escuela y tengo que darle asesorías al tipo frente a mí.

—¿Ya volviste? o ¿Aun sigues del otro lado?

—Ya… lo siento no dormí bien anoche.

—¿Sufres de pesadillas o algo por el estilo?

—Algo así… pero bueno—Miro mi reloj… MADRE SANTA LAS 12:00—¿Por qué no me despertaste antes? Ya es tarde.

Me apresuro y saco mis cosas.

—Creo que debí dejarte dormido, luces mejor y no andas gritoneándome, además ¿Por qué te despertaría? Tenía una vista muy linda.

Me detengo de golpe y lo volteo a mirar, esta recargado en la silla soplándole a un cuadrito de papel higiénico para ver que tanto vuela.

—Solo apresúrate y saca tus cosas.

—Como ordenes.

Al menos hoy viene de un humor más soportable que el de ayer. Y las horas que restan de las asesorías son mejores, pone atención y no me interrumpe, pregunta algunas cosas que creo que no entiende y trato de explicárselas lo mejor que puedo. La profesora Reiss tiene razón, no es un completo idiota bueno para nada, es listo, bastante inteligente, solo le falta interés. Sigo sosteniendo mi imagen de niño berrinchudo. Pero mientras no se meta conmigo supongo que estaré bien.

Gracias por leer.

Parlev.