Hora 4:
Asesorías para sociabilizar.
Me estiro y mis huesos truenas de manera escandalosa haciendo que Levi alce la vista del libro que le di a contestar.
—¿Qué carajo con tus huesos? —pregunta en tono de burla.
—Siempre truenan así… los tengo muy rígidos—respondo
— ¿No tomas leche? Tal vez necesites más calcio.
Lanzo una risa burlona.
— Creo que alguien más necesita la leche para crecer.
Si, Levi es algo más bajito que yo, es demasiado gracioso, teniendo en cuenta que es un tipo de lo más intimidante que, si bien podría, te mataría con una sola mirada.
— Que chistoso… "Rata de biblioteca".
Esta vez soy yo el que lo mira con cara de pocos amigos.
—Por cierto mi nombre es Eren, creo que te lo dije cuando nos conocimos, te agradecería que dejes de llamarme por apodos que tú te inventas.
—No me los invento yo, así te conoce media escuela.
_ Pues es muy cruel y molesto, yo no ando llamándote "Idiota Ackerman don popularidad total", aunque pensándolo bien, te queda bastante.
— No te va eso de poner apodos, si me pusieran uno seria "Señor genialidad"
—Ándale tú, pero no, creo que esta mejor eso de "Idiota popular Ackerman"
— Creo que no eres capaz de idear un apodo que no lleve Idiota de por medio.
—Creo que mejor te pones a estudiar aún nos falta una hora más que a completar.
Él chasquea los labios y se restriega los ojos.
— ¿Por qué no nos damos un descanso? —pregunta dejando el bolígrafo sobre el libro.
— Está bien, ¿Te parecen bien quince minutos?
—Preferiría toda la hora que viene pero está bien.
Me pongo de pie y me estiro.
—Voy a la cafetería por una botella de agua, ¿Quieres algo? —ofrezco antes de salir del aula.
—Una coca cola. —dice lanzándome el dinero en el aire. Debo agradecer tener buenos reflejos porque quizá eso ya estaría en el piso de no ser así.
—Vuelvo.
Él mueve las manos indicando que ya me vaya.
Creo que a diferencia de ayer, hoy las asesorías son más agradables, tanto para él como para mí, no quiero decir que ya nos hicimos amigos de toda la vida pero creo que nos estamos entendiendo un poco más
Bajo a saltitos las escaleras de concreto y cruzo casi toda la escuela para llegar a la cafetería escolar, no es más que un cubo grande donde los alumnos se abarrotan a gritonear para pedir algo de comer, beber o simples golosinas, solo hay dos mujeres atendiendo y a veces parece un total desastre con todos gritando, empujando y tratando de salir vivos de ese amontonadero de cuerpos humanos en busca de alimentos, como aun es algo temprano y es hora de clases casi no hay gente, un par de chicas conversando a la espera de una orden de comida y un chico que no sabe bien que pedir, así que no tardó mucho en salir con mis cosas, una botella de agua, una lata de coca cola y una bolsa de frituras, traigo comida pero algo de golosinas no me vendría para nada mal. Doy de nuevo todo mi tour para regresar al aula cuando me topo con Ymir, una recursadora de la clase de Sociología.
— Eren.
—Hola, Ymir.
—¿Te puedo pedir un favor?
—Si puedo ayudarte no hay problema.
—Necesito tu libreta de la clase, ayer falte y necesito el apunte.
Una cosa por la que soy el blanco de todos mis grupos: Tengo siempre mis cuadernos completos e impecables. Hay que tener en cuenta que soy un egresado de una secundaria privada, donde la pulcridad lo es todo, tener las hojas limpias, los apuntes completos y coloridos, los ejercicios resueltos y calificados con una nota mínima de ocho. Mi colegio era demasiado estricto con ese tipo de cosas diminutas, así que tengo fama de ser cumplido, puntual y listo, aunque lo último solo sea puro cuento, solo hay que ver mis notas en las materias de ciencias, toda una victoria que haya conseguido un seis de pura suerte. Pero es agradable saber que para cualquier cosa tus compañeros confían en que siempre vas a estar allí para ayudarlos, aunque no siempre sea una actividad recíproca.
—Por supuesto, pero mi mochila está en el edificio B, si quieres vamos por ella o te la doy en la primera hora.
— Vamos por ella. —dice rápidamente, claro desea hacer el apunte lo más rápido posible y no hacerlo a última hora.
Subimos las escaleras y conversamos un poco sobre lo que queremos del futuro, ella al parecer pinta para Bióloga aunque para mi sea más como militar, tiene ese porte de mandona y agresiva, no le iría mal, pero por alguna extraña razón ama la ecología y la naturaleza.
Al abrir la puerta nos detenemos como si fuéramos resortes. No deseamos interrumpir el momento íntimo.
Sobre Levi hay una chica de cabello corto de un castaño claro, es pequeña y menuda. Ambos están unidos en un apasionado beso ¿Francés? No sé bien sobre la nacionalidad de los besos pero por lo que he escuchado imagino que así ha de ser uno.
Es incomodo pero me veo obligado a cortar el momento carraspeando ruidosamente, como si fuera un prefecto, Ymir necesita mis apuntes y no puedo hacerla esperar hasta que estos dos deseen separarse.
La chica parece avergonzada, pero por su mirada parece que como si en lugar de cacharla besuqueándose le hubieran visto haciendo una obra buena y caritativa, supongo que es todo un título que te vean besarte con alguien como Levi.
— Lo siento. —dice entre risitas nerviosas. —Te veo después. —guiña un ojo y entre saltitos sale del aula, mientras el vestido sele ondea entre sus piernas, las zapatillas hacen demasiado ruido a cada paso que da.
Sin más voy en busca de mi libreta y se la entregó a mi compañera quien promete devolvérmela antes de que Sociología empiece, mira a Levi con cara de molestia, tanto a ella como a mí nos molesta el tipo de gente igual a mi asesorado, luego me mira a mí con cara de lastima y sale del aula agradeciéndome una vez más que le presté mi libreta.
El aula se ve envuelta en un silencio algo incómodo y tengo que ser yo el que lo rompa con un:
—Bueno hay que volver a las clases.
Le entrego el refresco a Levi y tomo asiento. Pensaba compartir de mis frituras al chico como muestra de agradecimiento por no arruinarme la mañana pero… se me acaban de quitar las ganas.
—No es mi novia, solo una chica que desea andar conmigo. —dice él después de un rato.
— ¿Ahh? No es como si me importara, me viene importando un bledo con quien te andes besando. —contesto llevándome una fritura a la boca
Él me mira con algo que no logro descifrar muy bien, intuyo que el algo como "Debería interesarte, soy popular"
— Además no te he pedido explicaciones, solo trata de no mezclar tus asesorías con tus romances.
—Tienes razón.
Así como si nada volvemos a lo nuestro, aunque noto que está molesto, no entiendo el porqué, tal vez porque he roto su momento, pero no es mi culpa, como iba a saber que en cuanto me fuera empezaría a besarse con la primer chica que le ofreciera sus labios.
:::::::::::::::::::::::::::
El reloj marca las 2:30 y ambos dejamos salir un suspiro de alivio, las letras, los libros y las dudas sobre las materias, nos han agotado demasiado, a pesar de haber tenido unos minutos de descanso tantas horas seguidas de estudio son bastante irritantes y desesperantes, definitivamente no estoy hecho para ser un educador.
— Entonces hasta mañana. —digo metiendo mis cuadernos de nuevo a la mochila.
— "Rata de biblioteca" —llama él, lo ignoro al instante, se supone que habíamos llegado al acuerdo tácito de no utilizar sobrenombres.
Me cuelgo la mochila a los hombros y camino hasta la puerta de salida.
—Hey, te estoy hablando. —grita él y corre para alcanzarme.
— ¿Qué necesitas? Las asesorías ya terminaron. Se amable y deja de llamarme por apodos, soy Eren, no "Rata de biblioteca"
— Ok, ya entendí. Eren no "Rata de biblioteca"
Suspiro irritado y estoy a punto de volver a reanudar mi camino al aula A-301 para la clase de Química.
— Solo bromeaba, ¿Qué no posees un poco de sentido de humor?
— El significado de sentido del humor que tenemos ambos es muy diferente por lo que veo. Habla rápido, tengo clases.
— Que aburrido, no entiendo que te ve Mikasa. —dice tan bajito que casi no le alcanzo a escuchar y finjo que no le escuchado. — Toma, mi hermana te lo manda. —me tiende un cuadro de papel popelina de color rojo y dorado, una invitación de cumpleaños.
— ¿Y esto? —pregunto mirando por todos lados el cuadro de papel.
—Es una invitación, el sábado es cumpleaños de Mikasa y mío, estas totalmente invitado.
Lanzo una risita de burla.
—Sí, aja… ya tengo suficiente con tener que verte todas las mañanas durante el resto del año. —le tiendo de nuevo la invitación de regreso.
— Deja de actuar como un antisocial, además no te estoy invitando yo, sino mi hermana.
—Que chistoso, yo ni siquiera he hablado jamás con tu hermana.
Él se encoje de hombros.
—Bueno tengo que ir a clases yo también.
Antes de que pueda decir o agregar otra cosa sale disparado al edificio D.
Suspiro.
Hace mucho que no voy a una fiesta, de hecho hace mucho que dejaron de invitarme a eventos sociales que signifique estar entablando conversaciones con otras personas… dos años para ser exactos. No me gustan mucho este tipo de eventos, se me da muy mal empezar a hablar con otras personas, los temas no me salen con facilidad, me cuesta mantener el hilo de una conversación por más de veinte minutos, así que las personas suelen aburrirse e irse lejos de mí. Por otro lado, debo admitir que me sorprende que este tipo me invite a su fiesta de cumpleaños, ¿Qué harán? Supongo que ha de ser ese tipo de fiestas como en las películas. Alcohol, drogas, música estruendosa, piscina, chicas en bikini, frituras, cigarrillos y para cerrar con broche de oro una enorme patrulla de policías arrestando a unos adolescentes revoltosos. Levi parece ese tipo de persona que hace ese tipo de eventos, tirando la casa por la ventana. Después de todo supongo que celebrara sus dieciocho años, claro si no es un recursador de hace años, lo que dudo.
Camino hacia el edificio A mientras miro la invitación, es casi una obra de arte, las letras son demasiado elegantes en tonos dorados muy llamativos, tiene figuras geométricas que simulan ser una manchas de pintura y en la parte trasera, con letras grandes y cursivas, dice: Celebración de los dieciocho años de Levi y Mikasa Ackerman, más abajo en letras más pequeñas viene anotada la dirección de donde se llevara a cabo la dichosa fiesta. Me sorprende bastante descubrir que no es demasiado lejos de donde vivo yo. Es una colonia diferente pero caminando son solo unos diez minutos. Que gracioso.
Chasqueo la lengua.
La verdad no tengo pensado ir. ¿Para qué? Irá un montón de gente que no conozco y yo me sentiré muy incómodo, prefiero pasar la tarde del sábado en mi casa leyendo y jugando videojuegos.
Durante la clase de química ocurre una especie de accidente y la clase queda totalmente cancelada para después, la maestra parece estar al borde de los nervios, nadie le pregunta nada y mejor se dispersan en diferentes direcciones.
Como se suponía que tendríamos dos horas de esa clase ahora eso se ha reducido a dos horas libres, como el día pinta para ser demasiado bonito voy a la biblioteca a sacar un libro y llevármelo a leer a las áreas verdes frente a la cafetería, desde allí todo luce más adorable, los árboles le dan un efecto bastante ecológico al lugar, aunque el pasto pique y haya un montón de insectos molestos, es un lugar relajante.
Esta vez he decidido sacar un libro para lecturas ligeras. "Chicas de alambre" Un libro sobre el mundo del modelaje y todas sus desventajas dramáticas que terminan matando a las jóvenes modelos que tenían sueños de llegar a ser famosas en algún momento de su vida, por supuesto entre esas desventajas esta la anorexia, bulimia y las drogas, sin contar el hecho de las mil parejas por las que pasan y todo ese tipo de cosas dramáticas, es interesante de alguna forma. Es la segunda vez que lo leo, aun me sorprende muchas cosas que describe este libro, te ayuda a odiar el mundo detrás de las bellas modelos en las pasarelas de ropa interior o ropa extravagante.
—Hola.
Doy un pequeño respingo.
Otro defecto. Me pierdo rápidamente dentro del mundo de los libros, tanto que olvido donde estoy y en que época vivo.
Volteo a la izquierda que es de donde ha venido la voz y me topo con la chica Ackerman, Mikasa. Es una réplica exacta de su hermano pero en femenino, el cabello negro, la piel blanca, los labios rosados, su nariz pequeña y esos ojos con tintes grises y azules, aunque su rostro luce más amable y menos "Soy todo poderoso".
—Hola. —contesto a su saludo.
— ¿Puedo sentarme contigo? —pregunta un tanto indecisa
—Claro, adelante. —como si el espacio en el que me encuentro fuera reducido me hago a un lado dedicándole más espacio.
— ¿Te llego mi invitación? —pregunta una vez que se ha acomodado junto a mí.
— Ahhh, eso… sí. —dudo un poco.
Ella suspira aliviada.
—Creí que mi hermano no te la daría, así que he venido a confirmarlo.
— ¿Entonces es verdad? Creí que era una broma de Levi.
Mikasa frunce los labios y mira al pasto, luego enreda sus dedos de forma ansiosa.
—Bueno, desde hace algún tiempo quería acercarme a hablarte, pero no encontraba la forma, ahora que eres el asesor de Levi, creo que fue un golpe de suerte, pues decidí invitarte a mi fiesta de cumpleaños, en serio me gustaría que fueras.
La miro sorprendido. Después de todo no era una broma.
—Gracias… supongo, aunque…
—Así que aquí estabas.
Ambos alzamos la vista y allí esta, el rey de Roma. Exactamente en la persona que pensaba. Debe ser un demonio como para aparecer luego de que alguien piense en él. Que miedo.
—Levi…—la chica parece molesta.
— ¿Qué haces aquí? Te dije que le di la invitación, pero no creo que lo suyo sean las fiestas. —me dedica una mirada de reto.
—No, no lo son. —Mikasa me mira alarmada. — Además primero tendría que…
— ¿Pedirle permiso a tus padres? — Levi parece divertirse con este asunto.
La verdad eso del permiso a mis padres… debo admitir que si les menciono que me han invitado a una fiesta, un par de compañeros de la prepa, supongo que ellos serían los primeros en llevarme directamente a la fiesta y asegurarse de en qué realidad es una festividad y no un engaño para meterme en la biblioteca pública. A comparación de otros padres que les exigen a sus hijos leer y les castigan las salidas a eventos sociales, los míos prefieren que ande de fiesta en fiesta y no pasarme la tarde metido en libros, desean que fuera un poco más rebelde. Así que ellos estarían felices de saber que he recibido una invitación. Lo que quería decir es que primero tengo que pedirme permiso a mí mismo, odio las fiestas, así que tengo que pensar en ir o no ir. Dilemas.
— Aja. —digo a tono de burla. Miro el trozo de papel. —No lo sé… lo mío no son las fiestas.
— En serio me gustaría que fueras. —insiste Mikasa.
Suspiro.
— Voy a pensarlo.
—¿En serio? —la chica parece iluminarse
— ¿Sabes dónde es? —pregunta Levi.— ¿O necesitas que pase por ti? — esta vez no parece burlarse.
— Creo que puedo llegar solo, gracias.
—Como sea, Mikasa, Jean te está buscando.
La chica resopla molesta y se pone de pie sacudiéndose la tierra y pasto de los pantalones.
—Te espero el sábado, Eren.
Le sonrió y ella se aleja a pasos ligeros.
— No es necesario que vayas. —dice Levi una vez que su hermana ha desaparecido de nuestra visibilidad, luego se deja caer a mi lado.
— Ella me ha invitado, tengo que pensarlo. — lo miro a mi lado, esta recargado sobre el árbol y tiene cerrados los ojos
Suspiro y vuelvo mi atención al libro.
— ¿No te cansas de leer?
— No lo hago corriendo. —contesto sin despegar la vista de las letras impresas. — Además… ¿No deberías volver a los edificios?
—No, tengo clase hasta las 4:10.
—¿No tienes chicas a las que conquistar?
—¿Celoso?
—Ya quisieras, solo te estoy advirtiendo… no vaya a ser que te cachen con un inadaptado como yo.
—Así que por fin admites que eres un inadaptado.
Él se sienta y me observa por un instante.
— No, pero así me ven, tú y tu sequito de modelos cabeza hueca.
Después suspira y se vuelve a recargar sobre el tronco del árbol.
— No entiendo porque lees tanto. ¿Qué tiene de interesante?
No contesto rápidamente. Me lo pienso un poco.
¿Leer?
Empecé ese hábito desde los once o doce. Para ser sinceros antes de eso yo odiaba los libros, se me hacían tediosos y me daba flojera tomar uno, el colegio de donde soy egresado te exigía un reporte de lectura cada mes, leer diez libros al año. Todo un martirio. Durante el primer año mis padres me ayudaron con esa labor, pero al siguiente me obligaron a tomar los libros y al menos hacer un esfuerzo. Supongo que ahora se arrepienten de esa decisión ya que desde entonces no me he separado de los libros, son mundos tan diferentes, llenos de fantasía y te ayudan a alejarte por un momento de las desgracias del mundo real, no es una salida pero al menos puede ayudarte a relajarte, muchos te enseñan un montón de cosas, otros te hacen pasar un buen rato, te hacen llorar, reír, supongo que los libros han sacado lo peor de mí, ya que he llegado a odiar personajes a muerte y otros a los que amo demasiado que podría jurar que me he casado con ellos un millar de veces.
— ¿Qué tiene de interesante tener tantos amigos hipócritas? —regreso la pregunta de forma calmada y sin alejar la vista de la lectura.
Siento su mirada en mí, tal vez le he ofendido, no me importa siempre y cuando se desaparezca de aquí.
—Hipócritas…—dice con demasiada calma la palabra, casi saboreándola. —Supongo que nada.
:::::::::::::::::::::::::::::::
Me toco el vientre y me quejo, hago una mueca de dolor y continúo mi camino a la salida. El profesor de deportes tuvo la genial idea de jugar a los quemados, sobreviví durante bastante tiempo pero después cuando fui el único sobreviviente de mi equipo los balones me atacaron cual meteoritos. Se sobrepasaron demasiado. Todos me pidieron disculpas después, diciendo que no creían que me atinarían, Marco se ofreció a comprarme un refresco como disculpa, pero eso no desaparecía los dolores que tengo ahora, no me enoje con ellos, fue divertido… y doloroso.
Cuando salgo por la entrada principal, Isabel está esperándome con las manos metidas en su chamarra de mezclilla favorita, le sonrió y me acerco a ella a pasos lentos.
— ¿Qué te paso? Parece que te arrollaron un montón de vacas.
—Algo así. —me quejo.
— Anda, te ayudo. —dice y me quita la mochila de los hombros.
Con el movimiento se cae una hoja y aterriza junto a los pies de mi prima, ella se agacha a recogerla y la examina durante unos segundos. La invitación de los Ackerman.
— ¿Te invitaron? —pregunta sorprendida.
—Aunque no lo creas. —respondo estirando la espalda.
— ¿Quiénes son?
Casi por arte de magia, ellos aparecen por la puerta principal, aunque no solo son Mikasa y Levi, hay otras dos personas con ellos, el chico del primer día, Farlan, si no me equivoco y la chica de cabello castaño con lentes de montadura cuadrada.
— Ellos. —contesto señalándolos con la mirada.
— Uhhh.
Sin avisar, Isabel se separa de mí y va directo a ellos. ¿Qué rayos piensa hacer?, con una mueca, titubeo entre ir e impedir que mi prima me arruine la vida o esperar a que me la arruine más. Es obvio lo que hago.
— Hola. —saluda ella con esa sonrisa tan característica de ella.
El cuarteto se detiene y la miran un poco, después Mikasa es la primera en devolverle el saludo con una sonrisa amistosa, después hace lo mismo la chica castaña.
— Hola.
—Soy Isabel, hermana de Eren, un gusto.
Obvio es mentira, pero nos gusta presentarnos ante los demás como si fuéramos hermanos.
—Mucho gusto, soy Mikasa, ellos son mis hermanos, Levi y Farlan y…
— Soy Hanji Zöe, una amiga. —se adelanta la chica castaña y le estrecha la mano a mi prima con energía.
— Vaya, ¿Así que tú eres el asesorado de Eren? — Isabel lo examina como si tuviera rayos X y ya se lo que está pensando. — Mucho gusto.
—Mucho gusto. — Levi parece algo incómodo pero sus modales no le permiten ignorar el saludo de Isabel.
— Bueno, solo me he acercado a verificar lo de la invitación de cumpleaños.
—Isabel. —la reprendo.
Levi y Farlan parecen divertidos pero lo disimulan bien.
— Claro, yo lo he invitado. —contesta Mikasa. — Me gustaría que estuviera presente y claro, si gustas, tú también puedes ir.
— Ohh, que amable. — Isabel disfruta hacerme la vida imposible.
— Isabel, ya tenemos que irnos. —digo con los dientes apretados.
—Espera, ¿Dime exactamente dónde es?
—Isabel. —casi grito suplicante.
Todo un show para los hermanos Ackerman.
Mikasa con demasiada paciencia le explica la dirección e Isabel llega al mismo descubrimiento que yo.
—Ohh, es cerca de donde vivimos nosotros, mira, exactamente a pocas calles de allí esta nuestra casa. —con eso parece haber captado la atención de Mikasa y Levi. Y yo que quería mantenerme de incógnita.
Pasan casi varios minutos hablando sobre mí, sobre mi afición a los libros, mi rechazo a las fiestas, cosas vergonzosas de mi niñez y al final Isabel promete llevarme personalmente a la fiesta y asegurarse que asista y no escape.
— Tenemos que irnos, Isabel, ya es muy tarde. —prácticamente tengo que tirar de su chamarra y arrastrarla lejos de los que posiblemente, mañana, se burlaran de mí, gracias a la información de la chismosa de mi prima.
De camino a la casa no hablamos pero por su expresión sé que ha disfrutado como nunca el momento vergonzoso que me acaba de hacer pasar, pienso en no dirigirle la palabra durante el resto de su vida.
Al llegar a casa lo primero que pasa es la noticia magnifica de que he sido invitado a una fiesta normal, con chicos de mi edad, mamá parece emocionada e Isabel no se caya ningún detalle de su pequeña charla y describe con demasiada precisión a los Ackerman, lo amable que fue la chica y lo apuestos que son sus hermanos. Al no soportarlo ni un segundo más me largo a mi habitación.
Ahora no tengo salida, he de asistir a esa fiesta, así me cueste la vida. Esas dos mujeres se van a asegurar de que así sea.
::::::::::::::::::::::::::
Me despierto demasiado temprano y me quedo mirando mi reloj a la espera de que marque las ocho de la mañana, no quiero ir a la escuela, sé que van a burlarse de mí, se van a poner a bailar encima del poco orgullo que tengo. Soy demasiado débil ante las burlas, tanto que aunque este enojado y lleno de ira, puedo ponerme a llorar y eso sería peor.
Pero aun así… tengo que asistir.
Tengo una pequeña esperanza de que se les haya olvidado todo. Aunque sea solo un engaño.
Tardo demasiado bañándome dejo que el agua se lleve mis preocupaciones. Tal vez no les importa nada todo lo que ha dicho Isabel, es decir hay chicos peores a los que molestar.
Con ese pensamiento me encamino a la escuela.
Al final, cuando por fin llego, no pasa nada.
Viernes (C-101)
10:20-11:10 Alemán
11:10-12:00 Ingles
12.00-12:50 Sociología
12:50-1:10 Literatura
1:10-2.30 Geografía política
Como siempre el aula está vacía, es un alivio de cierta forma.
—¿Piensas quedarte parado todo el día en el marco de la puerta?
Grito y salto hacia adelante, me ha asustado, siento como si mi corazón se fuera a salir de su lugar, tropiezo entre el montón de sillas de la entrada del aula y aterrizo en el piso torciéndome el tobillo.
—Auch. —me quejo y mantengo los ojos cerrados mientras el dolor pasa.
— En verdad eres fácil de asustar, ¿Eh?
Y allí esta. Levi Ackerman. Mi pesadilla.
Tuerzo los labios e intento ponerme de pie de nuevo, pero al parecer el tobillo se ha llevado un buen golpe, porque duele demasiado.
— Genial, lo que quería para hoy, un tobillo lastimado. —me quejo
— ¿Te lastimaste? ¿En serio? Pero si solo fue un susto pequeño.
Lo miro con cara de pocos amigos.
— Deja de burlarte y has una buena obra de caridad por mí, ayúdame a levantarme.
Le tiendo mi mano para que me ayude, él deja caer su mochila en una de las sillas y da un tirón demasiado fuerte a mi brazo, tan fuerte que termino cara a cara de él, aprieto su mano para no perder el equilibrio, su cara esa demasiado cerca de la mía, o bueno casi, hay que tener en cuenta que es más bajito que yo. Sin poder evitarlo inhalo y logro captar un leve y suave aroma dulce. Su perfume realmente huele bien. No lo había notado.
—Vas a cortarme la circulación de la mano. —dice demasiado bajito. Oh por Dios su voz. Algo se contrae dentro de mí y hace que me ponga nervioso.
Con saltitos pequeños me dejo caer en la silla más cercana y… ¿Desde cuándo hace tanto calor en octubre?, trato de recuperar la respiración y vuelvo mi atención al tobillo.
Alzo la tela de mi pantalón para dejar al descubierto mi tobillo, tuerzo los labios y me quito el tenis y la calceta para tener una mejor visibilidad y efectuar los daños, toco mi tobillo y respingo, duele.
— Tengo que ir a la enfermería. —digo con algo de lastima. Odio ir a ese lugar, la última vez que fui solo por un dolor de cabeza querían ponerme tres vacunas que supuestamente me hacían falta. Tres piquetes en un día. Ni loco.
—A ver, déjeme ver que tan mal esta. — Levi se arrodilla y toma mi pie.
Primero siento vergüenza y mi cara se ilumina de mil colores, preferiría que no estuviera aquí mirándome los pies, eso agregaría otra cosa a la cual burlarse de mí. Pero a él no parece importarle demasiado, sus manos son frías con el simple tacto de la yema de sus dedos contra la piel de mi tobillo hace que me den escalofríos.
El tiempo parece detenerse.
Siento sus dedos recorrer mi pie, mirándolo con atención, algo parece revolverse dentro de mí (solo espero que no sea el desayuno), lo observo con timidez, es demasiado extraño, trago saliva y trato de no empezar a divagar.
Me tenso, sus dedos rosan la planta de mi pie y siento cosquillas, aprieto los labios para no soltar risitas tontas de nervios, pero el parece notarlo y desliza su dedo una vez más, retuerzo mi pie y miro a otro lado tratando de no reír… pero su misión es hacerme quedar en ridículo porque cada vez que pasa sus dedos es con demasiada suavidad lo que hace que mis nervios se tensen y lancen alarmas a todo mi cuerpo.
— Detente. —digo tratando de sonar molesto.
— ¿Por qué? Es divertido.
—No, no lo es… —gimo quedito y cierro los ojos, siento las cosquillas recorrer mi espina dorsal. —Por favor, detente. —vuelvo a apretar los labios, creo que voy a ponerme a llorar por estar aguantando la risa, siento mi cara arder.
Él parece muy entretenido con la tortura de las cosquillas.
—P…por… favor… bas…ta—me retuerzo en la silla y me tapo la boca. No le voy a dar la satisfacción de verme sucumbir a este tipo.
Mi cuerpo tiembla… ¿Qué voy a hacer?
Aprieto los ojos y un par de lágrimas me recorren las mejillas, mi cara parece irradiar calor por sí misma, debo de tenerla demasiado roja, una vez más pasa su dedo por la planta de mi pie y vuelvo a retorcerme, aprieto las piernas y me tenso, me llevo la mano a la boca izquierda para reprimir las risas y con la derecha me aprieto el vientre.
— ¿Estas llorando? —pregunta burlón.
Abro los ojos, los siento brillantes a causa de las lágrimas, mi cara sigue roja y poco a poco destapo mi boca.
— Por favor, basta. —digo con voz débil me falta el aliento por estar tratando de controlar las risas.
Él abre demasiado los ojos, parece sorprendido, un rubor débil le cubre las mejillas, desvía la mirada de mí y veo como se ha puesto nervioso.
— Ve a la enfermería. —dice, toma sus cosas y sale del salón rápidamente. ¿Qué rayos…?
Me siento de nuevo en la silla, casi me he derrumbado en ella, miro la puerta… ¿Tanto me hizo sufrir para que al final me diga que tengo que ir a la enfermería? Tuerzo los labios.
Como puedo me vuelvo a poner la calceta y el tenis. Entre brinquitos y pasos lentos llego a la enfermería, donde… una vez más, me quieren vacunar a la fuerza. Odio las inyecciones.
Nota:
Lo que estoy haciendo es simplemente copiar y pegar los capítulos que pude conseguir, corregir errores ortográficos o gramaticales, no he cambiado nada, así que hay cosas que están un poco feas o raras y clichés, pero quiero mantener la esencia original del fic.
Gracias por leer.
Parlev.
