Hora libre 1: Descanso de labores.

Durante el resto del día gracias al destino, o lo que sea que se encargue de mantener en orden y movimiento este universo, me topo a cada rato con el joven Ackerman, pero cada vez que nuestras miradas se encuentran él rápidamente me evita, vuelve su mirada para otro lado y sin disimularlo ni un poco, muchas de esas veces al toparse conmigo simplemente da media vuelta y regresa por donde vino. ¿Qué rayos le pasa? Estoy seguro de que ahora no le he hecho nada, juro que soy inocente. A menos que se sienta culpable de que tenga tres piquetes en mis hombros, porque, oh si, fue culpa suya de que la doctora y enfermera de la enfermería me agarraran y amarraran a una silla para ponerme tres vacunas, que supuestamente, faltan en mi carnet, según no tendrían ningún efecto secundario, pero como duelen las desgraciadas.

Hace dos años, durante los benditos cuatro meses de vacaciones de verano, fui al pueblo de donde son mis abuelos maternos y para no pasarme las vacaciones echando la flojera entre como voluntario a aprendiz a un centro de salud, allí aprendí de todo, ah sí, esa vez casi mato a un paciente, pero esa es otra historia, allí fue donde inyecte a mi primer paciente, fue tan emocionante y genial, desde allí descubrí que en realidad si tengo la sangre de mis padres, esa pasión por la medicina, pero eso no significa que a mí me guste ser atravesado por agujas, pero supongo que al igual que yo, esas dos mujeres disfrutan inyectar gente bajo cualquier pretexto. Claro hoy se llevaron el premio gordo de darle tres piquetes a este estudiante amante de la literatura. Aun me duele. Juro por mi vida y la de mis libros que no voy a volver a pisar ese lugar, en serio. Nunca jamás, por el resto de vida que me quede pasar en esta escuela.

Como última hora tenemos Literatura y mientras mis compañeros llegan después de las dos horas libres después de Cálculo, la profesora aprovecha para mencionar la dichosa fiesta a la que estoy invitado.

— ¿Piensas ir? — pregunta después de escuchar la maravillosa historia de cómo fue que conseguí esa invitación.

— No lo sé, no quiero, en verdad no quiero, no sé qué voy a toparme allí, drogas, peleas o burlas hacia mi persona, no tengo ni idea, pero prefieren no arriesgarme.

Por otro lado está el hecho de que mi madre y prima quieren y anhelan que tenga algún amigo, están emocionadas de que por fin sea invitado a una fiesta real, ya sabe de esas donde no están incluidos los juegos inflables.

Ella parece divertida.

— Yo creo que igual deberías ir, te haría bien, conocer un poco ese tipo de ambiente ¿No crees? Digo eres tú el que dice que una persona culta conoce de todo.

— No lo digo yo, fue el profesor de Psicología quien lo dijo, yo solo repito sus palabras.

— Es casi lo mismo, creo que no te haría ningún daño ver de qué va esa fiesta, si no es de tu agrado pues simplemente das media vuelta y ya, pero podrías descubrir alguna que otra cosa interesante, todos los días aprendemos algo nuevo, Eren, eso lo sabes muy bien.

Suspiro.

— Ya lo sé.

— Además es una oportunidad para acercarte a Levi, hacerte su amigo.

— Yo no quiero un amigo como él, es demasiado... — hago movimientos de manos que no indican nada pero la profesora parece entenderme.

— Si lo haces, ayudas a alguien a salir de ese agujero obscuro en el que se encuentra y te ayudas a ti mismo, no es bueno que siempre estés solo, que esa experiencia por la que pasaste hace dos años no te arruine, no es necesario que te cierres a todos solo porque quien creías que era tu amigo te haya traicionado. Es cruel lo que te hizo pero no tienes por qué desconfiar de todos, no creo que todos sean iguales a él.

A parte de la mitad de mi grupo de hace dos años y la mitad del grupo de hace dos años de Armin, la profesora Reiss es la siguiente que sabe esa pequeña historia por la que sufrí, gracias a su interferencia todos esos rumores que se extendieron como dinamita llegaron a su fin, ella me apoyo, le estoy demasiado agradecido en ese aspecto.

La clase termina con un "Diviértanse este fin de semana", creo que es más un mensaje oculto para mí, que otra cosa pero finjo pasarlo por alto. En serio, en serio no quiero ir, pero de alguna forma creo que el sermón que me dio la profesora hizo algún tipo de efecto en mí.

Al llegar a casa me encuentro con la bella noticia de que Isabel pasara el fin de semana en nuestra casa, se supone que cada viernes después de la escuela ella vuelve con sus padres, pero ahora ese plan se ha ido a la basura, si planeaba no ir a la fiesta, la presencia de ella hace que ese deseo se vuela imposible.

— Tengo un proyecto en la universidad. — dice ella después de que le pregunte el porqué de su estancia este fin de semana. Genial.

Esta noche tengo una pequeña pesadilla con los zombies. Se han vuelto todo un fenómeno mundial, pero para mí son una tortura, si me preguntan cuál es mi mayor miedo esa sería mi respuesta. Creo de cierta forma que soy extraño, le tengo miedo a cosas que no existen, hace como cuatro años en lugar de los zombies le temía a los dinosaurios, sonara de lo más tonto y gracioso pero créanme, esas pesadillas eran todo menos graciosas.

Me despierto a las ocho y media de la mañana, internamente maldigo a mi metabolismo, trato de volver a dormir pero el golpe de Isabel diciendo que baje a desayunar hace que me levante con cara de muerto viviente, a pesar de tenerles miedo son mis monstruos favoritos, me he leído libros con temática de "Apocalipsis zombie" como lo son "Guerra mundial Z" y "Apocalipsis Z" y también me leí, o medio leí porque aún no logro termínala gracias a las pesadillas que me provocan, fue la edición especial "Marvel Zombies" donde todos los superhéroes son infectados por este virus, que en esta historia es traído desde el espacio gracias al villano mutante Magneto, es algo muy interesante pero terrorífico a la vez. Eso sí, trato de mantenerme lo más alejado de las películas porque hay sí, hay una probabilidad de que no duerma por más de dos meses, una sola escena de "The Walking Dead" y no dormí por dos días completos, lo bueno fue que eran vacaciones.

— Te dejare en casa de los Ackerman y después me iré a la universidad. — dice Isabel mientras me pone un plato con huevos revueltos y tocino.

—¿Qué no hay otra cosa para comer? Odio los huevos.

— No, aguántate con eso, no pienso cocinar otra cosa.

Le hago caras de repulsión a mi desayuno pero al final el hambre de las mañanas me puede más y termino devorándome al señor tocino, es divertido pensar que tu comida tiene vida propia y pide piedad para seguir viviendo. Me pregunto si los zombies pensaran lo mismo cuando comen humanos.

— ¿Por qué piensas llevarme a la casa de los Ackerman? Puedo cuidarme solito.

— La fiesta comienza a las 2:00.

Pongo cara de sorpresa y ella me tiende el papel rojo y dorado. Ah claro, no termine de leer todo y si en efecto a lado de la dirección viene la hora de iniciación. Es raro, pensé que este tipo de festividades se llevan a cabo durante las noches.

El resto de la mañana me tiro en la cama para empezar a leer "Colmillo blanco" de Jack London, es un libro muy querido en esta casa, mi mamá prácticamente lo ama.

Cuando da la una de la tarde, Isabel interrumpe en mi habitación y busca algo decente en mi ropero, cosa bastante complicada porque mi ropa consiste básicamente en pants, pantalones de mezclilla, camisetas holgadas, playeras de colores y quizá, en algún rincón, un par de chalecos y un traje que llegue a utilizar en la boda de una de mis tías.

Sin convencerse del todo Isabel me obliga a ponerme unos bermudas, de los cuales no tenía ni idea de su existencia, una camiseta de manga larga color verde y una desabotonada a cuadros encima, junto con unos tenis sencillos que son solo de meter, con algo más que magia, gel, espuma y mil cosas más, mi prima logra hacer que el nido de pájaros que tengo por cabello parezca algo decente, debo admitir que hace un buen trabajo. Normalmente yo solo uso agua para aplacarlo un poco.

Cuando el reloj marca las 2:00 nos encaminamos a la casa de los Ackerman, trato de convencer a mi prima para dar media vuelta pero ella se niega a todas mis suplicas, después de un rato entramos a la bonita colonia en donde viven, un lugar bastante diferente al lugar donde vivo yo, este es un lugar salpicado de casas elegantes, grandes y, veas por donde lo veas, lujosas. Debo admitir que me quedo bastante sorprendido, cuando entramos en la calle que indica la dirección Isabel empieza su ardua labor de buscar el número 104 y solo busco la casa donde más ruido haya.

— Bingo. — dice ella dando saltitos felices.

La casa con el número 104 es bastante bonita, tiene un gran portón de metal prensado de color negro, del otro lado un gran jardín lleno de césped recién cortado y regado, hay arbolitos esparcidos y podados en diferentes formas bastante artísticas, en medio, un sendero de tabiques planos de color beige, la fachada principal de la casa es blanca y hay un juego bastante impresionante de diferentes tonalidades de grises.

Isabel titubea un poco y parece algo desconcertada, supongo que al igual que yo, pensaba que esto sería algo demasiado extravagante, pero no, todo luce demasiado tranquilo, al final decide tocar el timbre. Unos segundos después la puerta principal se abre y una mujer, muy fina y elegante, de cabello negro atado en un moño detrás de la cabeza, lentes sin marco y de forma ovalada, con ojos de un verde demasiado obscuro y vestida con un conjunto demasiado ligero como si estuviera en la playa y no en la ciudad.

— Hola. — saluda y al escucharla no puedo evitar pensar que tiene una voz demasiado encantadora. — Tú debes ser Eren, ¿Cierto? Estábamos esperándote. — lo admito, estoy sorprendido.

— Hola, mucho gusto. — digo con algo de timidez.

La mujer abre el portón y nos dedica una bella sonrisa rosa pálido.

— Adelante. — se hace a un lado para dejarnos espacio libre.

— Bueno, yo solo vengo a dejarlo... — Isabel por primera vez se queda sin palabras.

Un milagro.

— Oh, tú eres la hermana de Eren ¿Me equivoco?...Emm Isabel.

Eso es aún más sorprendente.

— Sí, mucho gusto.

—¿Por qué no te quedas un rato? — insiste la mujer.

— Ehh, bueno lo que pasa es que tengo que ir a hacer un proyecto en la universidad, así que tal vez más tarde.

La mujer hace una mueca de lamentarlo, pero después vuelve a sonreír.

— Está bien, te esperamos más tarde.

— Por supuesto... bueno, te veo al rato, Eren.

Con algo de indecisión Isabel se aleja y me quedo a solas con la mujer.

— Bueno, pasa.

Algo dentro de mi mente, susurra. "Aún es tiempo de correr" por alguna razón, no lohago y me interno en la gran casa.

— He escuchado que tú eres el asesor de Levi, dime ¿cómo va?

— Bien. — estoy a punto de decir que es demasiado holgazán pero sé que no sería muy educado por mi parte.

— Eso es un alivio, últimamente solo da problemas, me preocupa demasiado, es un chico inestable y se ha vuelto demasiado rebelde estos últimos meses.

No sé qué contestar.

— Pues supongo que en algún momento los adolescentes lo son, señora Ackerman.

Ella me dedica una sonrisa.

— Por cierto, antes de que entres en más dudas, yo no soy la madre de Levi, soy su tía, Dennis

— Oh, lo siento.

— No te preocupes, es normal que te confundas.

Cruzamos toda la casa, si por fuera es elegante y bella por dentro lo es aún más, los muebles son de color negro haciendo contraste con las paredes y pisos blancos y brillantes, hay figuras de porcelana adornando los estantes, hay flores que aromatizan el lugar de manera deliciosa, no se ve muy abarrotado de cosas, de hecho la falta de demasiados objetos hace que el lugar se vea demasiado espacioso, las sandalias de la señora Dennis mandan eco por todo el lugar y hace que todo suene demasiado vacío y, aunque no desee pensarlo, también escalofriante .

Después llegamos a otra puerta corrediza de cristal que da vista a un patio trasero bastante grande, incluso antes de que la abra puedo ver una carpa color blanco cubriendo un par de mesas redondas y sillas donde conversan un grupo de personas, todas mayores, no ancianos, me refiero a adultos desde los veinte años hasta los ¿Qué? ¿Cincuenta? Supongo.

La puerta deja de obstruirnos el paso y todos los presentes voltean a vernos.

A un lado de la carpa hay una piscina donde chapotean y dan clavados pequeños un montón de niños, ríen y gritan salpicando el césped, hay una mesa con un mantel de plástico floreado donde descansan unos tazones con frituras y vasos con refrescantes bebidas a punto de acabarse.

— Hola... tú eres el asesor de Levi ¿Cierto?— dice un hombre de cabello casi rubio.

— Ehh, si... soy Eren. — su mano atrapa la mía y la agita de manera energética.

— Entonces... debes ser la rata de biblioteca. — dice la mujer, que supongo debe ser su abuela, lleva un vestido floreado y su cabello es completamente cano, luce bien pero esos anteojos enormes le quitan algo de belleza.

Trato de mantener el chiste pero me siento algo incómodo con el comentario.

— Abuela Doris. — la reprende la señora Dennis

—¿Qué? Así lo presento Levi. — se excusa la mujer lanzando una carcajada sonora.

— No le hagas mucho caso, Eren, ella es así_ Yo asiento y me dejo guiar hasta la mesa donde está el resto de la familia.

Todos parecen agradables, algunos me hacen preguntas con respecto a la escuela y qué tipo de relación llevo con Levi, trato de responder a todo pero conforme la confianza se abre, empiezan a bombardearme con preguntas de todo tipo.

Después suspiro de alivio cuando Mikasa llega a interrumpir para saludarme y ofrecerme un helado flotante a lo que digo que sí, parece realmente feliz de que haya venido a su fiesta, aunque no sea lo que yo pensaba.

Aquí solo está reunida su familia, tíos, primos, abuelos... no hay señas de esos amigos que siempre le rodean en la escuela, lo que hace que me pregunte mil cosas diferentes.

Mikasa vuelve con mi bebida y se une a la conversación que sostengo con su familia. Viste un vestido de tela delgada ocultando un traje de baño bastante bonito, no es extravagante ni mucho menos un bikini, es algo "normal". Supongo.

En un momento dado la conversación gira en torno a mí, me hacen preguntas sobre mi familia, sobre mi futuro, mis pasatiempos, mi pasado, la escuela y todo ese tipo de cosas, al final termino relatándoles toda mi vida privada. Por alguna extraña razón no me molesta, todos parecen ponerme atención y se interesan por cada palabra que digo. Hacen preguntas oportunas y agregan de vez en cuando algún tipo de comentario gracioso. Me siento incluido en su pequeño grupo, lo suficiente como para olvidar que es lo que realmente me trajo hasta aquí.

— Oh, Levi_ La señora Dennis casi salta de su lugar y todos dirigimos nuestras miradas hacia el lugar por donde viene caminando un Levi en traje de baño acompañado de la chica castaña. Hanji Zöe.

El chico detiene su plática con la chica y alza la vista hasta donde está su tía, chocando por accidente con la mía, es algo tan gracioso, porque primero se me queda mirando por unos segundos como si no comprendiera quien rayos soy, después rápidamente desvía su mirada como si estuviera asustado, aun no se la razón por la que me evita pero es gracioso ver al chico popular y señor de la absolutibilidad totalmente avergonzado.

—¿Qué pasa? — pregunta una vez que llega hasta donde estamos.

— Hola, Eren. — saluda Hanji, quien va vestida con un bonito vestido primaveral de color rosa pálido, tiene el cabello suelto que le cae en hondas sobre los hombros y un broche en forma de flor le adorna. Al igual que la abuela Doris, a ella no le vendría mal quitarse los anteojos por un tiempo.

— Hola. — le vuelvo el saludo con una sonrisa amable.

—¿Por qué no le prestas a Eren un traje de baño para que también nade? — pregunta la mujer apretándome los hombros.

Ambos negamos rápidamente, yo con un "Yo no sé nadar" y él con un "No creo que sepa nadar", después de una leve discusión, tanto Levi como yo nos vemos caminando en dirección a la casa.

Subimos las escaleras hasta llegar a la planta alta donde se aprecian tres puertas, cada una con el nombre de su habitante, "Mikasa", "Farlan" y "Levi" hasta el fondo, luego de que abra la puerta de su habitación empieza a rebuscar en uno de los cajones de su armario, su habitación es bastante simple, solo esta su cama con sabanas color blanco y una almohada color verde claro, un buró de madera pintada de blanco con una lámpara, su armario, una puerta que supongo lleva al baño, un escritorio lleno de hojas, lápices, pinceles, botes de pintura, libros, separadores regados de manera desordenada, una lámpara de escritorio negra y una enorme enciclopedia.

— Ten. — dice Levi tendiéndome un traje de baño similar al de él, solo que en color rojo. Es casi como un short, solo que de tela impermeable.

— Ehh, ¿Dónde queda el baño? — pregunto.

Levi señala la puerta a un lado del armario y yo asiento entrando rápidamente.

La verdad eso de que ande por estos alrededores en traje de baño me cohíbe bastante, hace mucho que no nado, desde cuarto de primaria para ser exactos cuando fuimos al retiro a una hacienda, fue divertido y casi me ahogo.

Me desvisto poco a poco, pensando en lo ridículo que voy a verme, hace un buen rato que no hago ejercicio y mi cuerpo ha vuelto a su estado natural de planes e infantiles, me avergüenza un poco debo admitirlo. Una vez que me pongo el traje de baño me quedo dentro del baño por un buen rato, no quiero salir, respiro varias veces. Sé que si mi madre estuviera aquí me sacaría a patadas.

— Hey, ¿Piensas quedarte allí toda la tarde? — Levi toca la puerta y me veo obligado a salir.

Doblo mi ropa y me la pego al pecho antes de abrir la puerta, me he sonrojado por instinto, no quiero que me vean así.

— Oye... — cierro la puerta poco a poco, mientras noto que Levi se ha quedado con la frase en el aire, tengo la mirada en otro lado, pero me basta un vistazo para saber que me está escaneando y mi rubor aumenta de manera demencial.

— No me mires, es molesto. — digo con los dientes apretados, aparentando estar molesto.

— Lo siento, es solo que...

El toquido de la puerta le impide terminar y se abre la puerta dándole paso a Mikasa.

—¿Todo bien? — pregunta con una sonrisa forzada.

— Claro, esto... ¿Dónde puedo dejar mi ropa? — pregunto.

— Sobre la cama. — me indica Levi.

Gracias por leer.

Parlev.