Hora 5: Asesorías para el acercamiento.
— Oye... no crees que vas muy rápido.
— No.
— No, espera, eso es muy rápido.
— Déjame hacerlo a mí.
— Hazlo más lento.
— Déjame en paz.
— Es que... no, espera vas a hacer que se chorree.
— Que no.
— Más suave, deja de ser tan brusco.
— Creo que puedo hacerlo por mí mismo.
— Oye... no, te digo que así no es... espera.
— Déjame esto a mí, se lo que estoy haciendo.
— No, se... mira se está chorreando, te digo que lo hagas más lento.
— No me toques.
— Deja de ser tan necio y hazlo despacio, no hay ninguna prisa.
— Déjame terminar, solo eso.
Hago una mueca.
— ¡Hey! eso duele.
— Perdón, no fue mi intención.
Pongo los ojos en blanco y dejo salir un bufido.
— Mira, eres un idiota al completo, te estoy diciendo que seas más delicado.
— Déjame terminar.
— Deja de hacer eso, duele.
— No lo hago con intención. Si te hicieras a un lado…
— Voy a lanzarte del tercer piso del edificio A sin intención. — detengo su muñeca de golpe. — ¿Qué haces? Eso lo va a empeorar.
— Trato de arreglarlo.
— Déjame a mí, se mas de esto que tú.
—¿Ahora tú eres el experto en estas cosas?
— Al menos más que tú, si se.
— Deja de decir tonterías, dame eso.
— No... espera. — entonces todo se salpica. — IDIOTA. — grito molesto.
— Lo siento, fue un accidente.
— Tú fuiste un accidente. — susurro entre dientes.
—¿Qué? — dice él un poco molesto.
— Nada. — contesto rápidamente. — Arggg, mira lo que hiciste, me manchaste hasta la
cara... mira, incluso mis pantalones. — suspiro irritado. — Voy a lavarme.
—¿Saldrás así?
— Pues esto no se va a limpiar solo, ahorita vengo.
— Suerte. — dice él, agitando la muñeca.
Bajo a hasta los baños y con un pedacito de pañuelo remojado me quito las manchas blancas de la cara, genial hasta la frente me atino, mojo el pañuelo en el lavabo y me restriego antes de que se seque, hago lo mismo con la mezclilla de los pantalones pero eso necesita un lavado más a fondo, no solo un pañuelo mojado.
Suspiro rendido y vuelvo al aula.
— Volví. — anuncio y veo al tipo en cuestión tratando de limpiar rápidamente algo.
—¿Ahora qué?
— Nada. — dice él rápidamente.
Entonces volteo a ver la pared donde está el pizarrón.
— Manchaste hasta la pared... — suspiro exasperado. — No puede ser, ¿qué va a decir la profesora?
Él hace una mueca de "No es como si eso me importara demasiado"
Voy directo hasta el armario de artículos y saco una botella de thiner, luego un trapo, lo remojo un poco y lo paso por las partes manchadas de blanco y rojo.
Suspiro de nuevo y me alejo hasta donde está la primera fila de sillas altas y mesas manchadas de pintura.
— Pues se ve bien. — digo con las manos en la cintura.
— Te lo dije. — murmura Levi a mi lado.
— Pero mira, las semejantes pinceladas que diste aquí se notan, te dije que lo hicieras con delicadeza, el papel no iba a soportarlo.
— Pero así terminaríamos más rápido.
Como la época menos querida para mí está por llegar, me refiero al Halloween, tengo un leve trauma con la fecha, la profesora Reiss está haciendo su tradicional tapizado de todos los edificios con láminas y cartulinas que tengan plasmado este maravilloso tema. Este año son las historias más populares de terror, el grupo de Levi y el mío están a cargo del piso de Arte y el de Idiomas del edificio D, por supuesto nos han puesto en binas y como por "pura casualidad" Levi está conmigo, ahora nos hemos puesto a hacer nuestra parte del proyecto y eso consiste en adornar las largas láminas de papel crack, algo parecido al cartón pero más delgado, se algo de dibujo, estos años me he dedicado a dibujar en cualquier hoja que me este permitida, al principio debo admitir que era un asco pero con el tiempo he aprendido a hacer buenos trazos con el lápiz y ahora con este mural debo admitir que me he lucido, me gusta, aunque...
— Bien. — suspiro. — Tengo clase de inglés, ¿Puedes recoger todo? Prometo hacerme cargo del desastre mañana.
— No tengo de otra ¿O sí? — Levi se truena el cuello y pone los ojos en blanco.
— Limpia esas manchas, todo por tu culpa llenaste todo de pintura blanca.
— Ya dije que fue un accidente, deja de regañarme por una vez, Dios eres desesperante.
Claro, cuando intentaba hacer que pintara a los fantasmas hizo un mal movimiento con el bote de pintura y termino salpicando todo a su paso, solo espero que no vaya a echar a perder mis pantalones que también terminaron llenos de pintura gracias a su descuido.
Tomo mis cosas y salgo del aula a pasos rápidos porque la profesora de inglés es exageradamente puntual.
Desde la fiesta creo que algo cambio entre nosotros, no es que nos convirtiéramos en íntimos amigos pero creo que se ha creado cierta confianza entre nosotros o al menos ya no nos tratamos como completos extraños lo que es un gran paso, creo, en el plan de la profesora y de mi madre y prima. Cuando mi madre llego a la casa el domingo por la tarde yo creía que moriría, mi fiebre estaba sumamente alta y no paraba de estornudar y toser, tenía escalofríos, todo me dolía, solo quería dormir y la garganta me ardía demasiado. Como por arte de magia el lunes por la mañana ya estaba completamente curado, sin seña alguna de aquella enfermedad que me ataco durante mi preciado domingo, aun así mi mamá estaba preocupada y para verificar que no me desmayara a medio camino de la casa a la escuela fue a dejarme personalmente a la puerta principal, justo en ese momento también estaba entrando Levi junto a sus hermanos y, al ser una madre con un sexto sentido supe desarrollado, adivino que era mi asesorado, igual que Isabel se la paso atacando con preguntas al señor popularidad y de paso avergonzándome a mí también, les conto de mi enfermedad durante el domingo y sobre lo delicado que suelo ser en estas épocas donde el clima se altera ante cualquier excusa. A veces me pregunto si no nací en la familia equivocada.
Lo bueno de estos días es que casi no hay clases, todos están metidos dentro de la celebración, los preparativos para el concurso de disfraces y otro tipo de concursos iguales, también está el club del CUBO donde preparan el plantel para convertirlo en una casa enorme de terror, cuando el preciado día llega los concursos, el bazar, los bailes y todo ese tipo de cosas se vuelve un completo caos, chicos disfrazados bailando y exigiendo dulces como si estuvieran pequeños, estos dos últimos años no me paro por este lugar durante los dos días que dura el evento, no me gusta, le aborrezco, podre pasar por un maldito aburrido pero en serio odio esta época, me irrita y desespera, aparte de que en verdad le tengo miedo. Soy increíblemente miedoso. Cualquier cosa y podría morir por un paro cardiaco. Mi infancia no fue de lo más normal.
Lo único que puedo admirar en estas fechas es el cielo. Es hermoso, por alguna razón siempre durante las tardes se tiñe de un maravilloso naranja, tan suave y tan bello, el calor es de lo más amable con la piel y el aire de vez en cuando te refresca las mejillas y te agita el cabello. Amo cuando eso pasa. Solo por eso soy capaz de soportar esas fechas, si no hay una gran posibilidad de que me quede encerrado dentro del armario hasta que alguien me avise que ya es diciembre. Aun así, diciembre no es lo mejor, en lugar de juguetes he empezado a recibir calcetines... lo peor es que diferentes entre sí.
El buen profesor de geografía económica avisa que no dará clase, por lo que puedo darme el lujo de ir a la plaza a comprar algo para comer, salí a toda prisa de la casa que olvide mi comida, es mitad de semana por lo que puedo atiborrarme de golosinas. Son mis preciados miércoles de comida chatarra.
Mi mochila pesa menos el día de hoy y puedo bajar corriendo las escaleras sin temor a tropezarme, lo malo es que si con el temor de encontrarme con cierta persona.
—¿Tú otra vez? — no lo evito lanzo la pregunta con mi voz dando a notar que me molesta verlo a cada rato.
— Estudio en el mismo plantel que tú, imbécil. — dice él claramente molesto por mi forma de dirigirme a él.
— ¿Qué clase tienes? — pregunto
— Ninguna, tengo hora libre.
— Ohhh.
Algo me cosquillea el estómago y tuerzo los labios, tan solo de pensar que es lo que voy a hacer a continuación me pone algo nervioso, esto de hacer amigos no es lo mío, definitivamente estoy destinado a convertirme en alguien solitario de por vida.
Sociabilizar no está dentro de mis apretados estándares anti socialistas.
Enredo los dedos en mi bufanda y miro a otro lado como si algo llamase mi atención. Abro la boca un par de veces y al final inflo las mejillas como si estuviera enojado.
— ¿Qué tratas de hacer? — pregunta él con cara de burla, vaya espectáculo.
Otro de mis bellos defectos: Tiendo a hacer muchos tipos de caras cuando las emociones me invaden.
— ¿Quieres ir conmigo por un panini? — digo casi en un susurro.
—¿Qué es eso?
— Es un sándwich italiano o eso es lo que dice la tienda.
El pasea sus ojos por el lugar como sospesando en responderme o no
— ¿Puedo preguntar el porqué de tu repentina invitación?
—¿Quieres ir o no? Solo trato de ser amable— digo empezando a desesperarme.
— Está bien, voy.
Bufó, soy una persona de lo más impaciente por lo tanto para mí el tiempo si es oro, en lugar de haber tenido este pequeña discusión quizá ya estaríamos de camino a la plaza de al lado del plantel pero no.
Hacemos el recorrido que dura casi unos quince minutos a paso de tortuga, hablamos sobre el mural y sobre qué historia es la más conveniente, propongo algo de Edgar Allan Poe, uno de mis escritores favoritos, su cuento que más amo: "El gato negro" es tan lleno de suspenso y tan genial, la primera vez que lo leí no dormí durante una noche, a la espera de que un gato negro me atacara, no me paso nada al fin y al cabo, pero he leído el cuento un centenar de veces que casi puedo decir que me lo he memorizado. También hay otro par de cuentos que podrían ir de acuerdo a lo que buscamos.
—¿Y bien? ¿De qué quieres tu sándwich italiano? — digo con algo de emoción en la voz, amo estas cosas, la primera vez que los probé me supieron a gloria, no tengo ni idea de porqué pero eran deliciosas.
Levi parece pensárselo bastante mientras mira el menú de plástico que una de las meseras le tiende, noto como lo mira, de arriba abajo, examinándolo, supongo que para él no es raro que las chicas lo miren de ese modo. Mentalmente me encojo de hombros y pido. Mi favorito, champiñones con queso y jamón. Amo los champiñones. A pesar de saber de dónde vienen. Después de un rato Levi se decide por uno vegetariano, continuamos con nuestra charla sobre el mural hasta que sale el bendito tema del festival de Halloween que dura dos días.
— ¿Piensas ir? — me pregunta mientras sorbe de su refresco.
— No. — digo tajante.
— Es nuestro último año, no crees que deberías al menos disfrutar todo lo que la prepa te ofrece, después de todo en la universidad todo va a ser diferente.
—¿Y? No me gusta este tipo de festejos, aparte de que es en parejas, no conozco muchas chicas a las cuales invitar, no soy cierta persona que tengo enfrente.
— ¿Por qué no vienes conmigo?
El refresco se me atora en la garganta y tengo que golpearme el pecho para no morir asfixiado.
—¿Que? No inventes, ¿Cómo dices eso?
—¿Por qué no? Sería divertido ir a la casa del terror del plantel #3 con mi asesor.
Me rio un poco pero no puedo evitar pensar como sería ir con alguien que no sea tu sombra a un evento de ese tamaño.
Los sándwiches de nacionalidad italiana llegan y para a completar, porque estoy de buenas de un momento a otro pido un refresco de 1 litro y papas a la francesa.
Tardan unos veinte minutos más. Antes de que Levi pueda adelantárseme a pagar, saco mi tarjeta con mi ahorro de mis becas y pago, el me mira sorprendido y yo solo le dedico una sonrisa amistosa, él pone los ojos en blanco, toma las mochilas y yo nuestros pedidos.
— Ten. — dice tendiéndome el dinero de su sándwich.
— Oh, no, yo invito esta vez.
Me dedica una mirada de sorpresa pero trato de hacer como si no lo notara.
No hablamos de regreso al plantel, no sé qué piense él, pero yo tengo un pequeño plan para cuando pisemos el instituto.
Saco mi cartera para mostrar mi vergonzosa credencial, es tan vergonzosa, la fotógrafa capto el mero instante en el que parpadee y se negó rotundamente a volver a hacerme otra fotografía, he intentado perder este pedazo de plástico para volver a sacarme otra pero por alguna razón la muy ingrata siempre aparece entre mis pertenencias. Maldita.
— Ven. — le digo tomándolo de la muñeca.
— Espera... oye...
No le dejo hablar y lo arrastro conmigo hasta el lugar donde está el asta escolar, donde por cierto debería haber una bandera pero no hay señas de ninguna así que solo es un asta vacía y solitaria que adorna el patio principal de mi escuela. Obligo a mi asesorado a sentarse sobre la plataforma color azul obscuro y a mirar los edificios mientras comemos tranquilamente.
— Este es uno de mis lugares favoritos, los viernes cuando tengo problemas vengo aquí, y miro tranquilamente el atardecer y el constante y lento vaivén de alumnos, prefectos y profesores, por alguna extraña pero emocionante razón los colores naranjas, rojos y amarillos del atardecer lucen mejor desde este lado de la escuela.— digo mientras le doy una mordida al pan.
Levi me mira algo impresionado y por primera vez puedo sentirme orgulloso de mi vida solitaria como alumno amante de la literatura.
— Así que aquí vienes cuando tienes problemas... ¿en viernes? ¿Por qué?
Tuerzo los labios y miro mis dedos manchados de cátsup y grasa.
— Los viernes para mí no son los mejores días, los viernes para mi tienen un significado diferente a "Fin de semana"
— ¿Por qué?
— Las peores cosas que me sucedieron dentro de esta escuela pasaron un viernes... también las mejores pero las malas siempre prevalecen más, han dejado una marca dentro de mi mente y no creo que se pueda borrar por mucho tiempo, podría morir mil veces y jamás lo olvidare.
—¿Por qué? — repite como si de verdad le interesara saber mi pasado.
— Porque así lo he decidido. Son cosas que me han hecho madurar a lo largo de este tiempo. Te sorprendería saber que no soy el mismo niño que llego hace dos años a este plantel a la ceremonia de bienvenida.
— ¿Crees que algún día pueda conocerlo?
— No, él está muerto y enterrado a tres metros y medio bajo tierra, en esta vida no existe la resurrección por lo que no puedes conocerlo jamás.
—¿Tan malo fue lo que te sucedió?
Lanzo una risita nerviosa y muerdo una papa bañada en queso, que mancha de amarillo mis dedos y uñas.
— No, pero me ayudo a ver muchas cosas.
—¿En serio?
Esta vez muerdo mis labios y le dedico una mirada.
— Sí, pero no es algo que te importe, digo... no soy más que un adolescente junto al resto aquí, todos tienen problemas, todos tienen distintas formas de aprender, unos cayendo, raspándose las rodillas y aun así jamás aprenderían, otros solo necesitan un leve empujón para saber qué es lo que realmente pasa. Yo soy de los de en medio.
—¿Por qué te cierras demasiado? Cada vez que quiero saber algo de ti, giras el tema de una forma demasiado extraña.
Un calor que no existía antes se entierra en mi pecho y hace que respire agitadamente.
— Porque no hay nada que saber de mí. No soy interesante.
— Eres una persona extraña.
— Tal vez.
El atardecer llega poco a poquito, como si temiera asustar al brillante día, el cielo se pinta de otros colores más cálidos que pronto se convertirán en fríos, el atardecer dura tan poco, solo un par de horas, mientras que el pleno día dura bastante, con sus brillantes colores amarillos que te cegan rápidamente y la noche con sus tonos azules obscuros y morados que hacen que te dan paz de una forma más somnolienta, depende de cómo te lo tomes.
—¿Crees que la vida es cruel? — pregunta después de un rato.
— No, solo te da golpes para que abras los ojos y dejes de hacer estupideces.
Él se ríe de mi respuesta.
— No era un chiste. — digo lo más serio que soy capaz.
— Claro. — luego suspira, — Entonces... ¿Iras conmigo al festival de Halloween?
Ruedo los ojos como si la pregunta me hartara.
—¿No puedes conformarte con que te haya invitado un sándwich de una nacionalidad europea?
— Es un sándwich que bien podría hacer en mi casa pero gracias y las papas eran congeladas, solo era necesario comprar unas en el supermercado y hacerlas en una sartén. Pero ese no es el punto.
Suspiro. En serio es hartante.
— No entiendo por qué quieres que vaya contigo a una festividad que ni siquiera me agrada.
Él se encoje de hombros.
—¿Paso por ti a las siete?
Gracias por leer.
Parlev.
